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Archivo para abril, 2011

Indignáos, reacciona, …, ¡sé responsable!

Sábado, abril 30th, 2011

En los últimos meses encabeza la lista de los libros más vendidos el “alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica” escrito bajo el desafiante título “Indignáos” (Editorial Destino) (Indignez-vous, en su versión francesa original) por el nonagenario Stéphane HESSEL, un berlinés afincado en Paris, miembro de la Resistencia francesa en la Segunda Guerra mundial y diplomático, incansable defensor de diversas causas justas. Hoy que nadie admite un mandato imperativo, son pocos como HESSEL (un luchador nato) los que tienen autoridad moral para incitar a los jóvenes a una rebelión no violenta contra el actual estado de cosas, ante las injusticias que nos rodean y que abundan por doquier (en el Tercer mundo y en nuestras sociedades desarrolladas). En la enumeración de motivos que han de mover a la indignación no falta una referencia a los “derechos humanos y a la situación del Planeta” y a los “graves riesgos que nos amenazan” y que “pueden llevar a su término la aventura humana en un planeta que podría volverse inhabitable para el hombre”.

Más recientemente, en abril de 2011, se ha acaba de publicar una obra colectiva titulada “Reacciona” (de la serie de libros Aguilar de la Editorial Santillana) que, coordinada por la periodista y escritora Rosa María ARTAL y prologada por el mismo HESSEL, recoge las colaboraciones de diversos intelectuales como José Luis SAMPEDRO, Federico MAYOR ZARAGOZA, Baltasar GARZÓN, etc. Todos ellos, desde sus diferentes especialidades y dedicaciones profesionales, aportan “frente a los peligros que afrontan nuestras sociedades interdependientes (…) “respuestas, caminos para canalizar el descontento y desconcierto que la crisis de un sistema, a escala global y local, vierte sobre la sociedad. Capaz, por fin, de movilizarse” (Del Prólogo de HESSEL “es tiempo de acción”).

Son muchas las reflexiones que los diferentes autores vierten en torno al motivo central de este trabajo –que pretende ser un eco de la llamada suscitada por HESSEL-: los efectos de la crisis financiera, los desequilibrios ocasionados por la sociedad de mercado, las limitaciones del sistema democrático vigente, los defectos de la globalización, la consecuencias del terrorismo internacional, la mediocridad que impera en puestos vitales de la vida política, social y económica, la corrupción generalizada, la falta de libertad y transparencia informativa, las trabas a la participación democrática, el desencanto de la sociedad de consumo, etc. Y, por supuesto, en estas cavilaciones las referencias a la crisis ambiental son muy abundantes: “la peligrosa creencia en el desarrollo ilimitado” (SAMPEDRO), la abusiva explotación de los recursos naturales y el profundísimo deterioro del medio ambiente (MAYOR ZARAGOZA), la “explotación sin freno de la Naturaleza” (Lourdes LUCÍA), etc.

Y junto a los diagnósticos, las llamadas a la juventud: ha llegado el momento para la acción, ¡ha llegado el momento de “superar los límites de lo posible”!, “es el momento de que la sociedad civil actúe unida”, “se merecen que les digamos ¡basta! (a las autoridades y a los financieros), “¡No se deje engañar más y reaccione de una vez!”, “¡A la calle! Nos jugamos mucho”…

A mi juicio, los problemas que padecemos en nuestro medio ambiente no tienen un origen diferente al de los demás problemas financieros, políticos, culturales. Es de lo peor del corazón del hombre del que nacen los frutos amargos del productivismo a ultranza, el consumismo desaforado, la avaricia institucionalizada, la explotación de los hombres y de los recursos naturales y el individualismo egocéntrico. Y por tanto la llamada a la juventud –que promueven los libros que hemos comentado- me parece muy oportuna y necesaria. Como las dictaduras que intentar derrocar en el norte de África, los jóvenes, una vez que logremos que se desprendan de un pasotismo paralizante, lograrán –con su vital idealismo- acabar con muchas de las lacras que ahora nos agobian.

Pero para todo ello me parece fundamental, que junto a esta llamada a la “insurrección pacífica” hagamos una apelación a la responsabilidad. Federico MAYOR ZARAGOZA afirma en la obra antes citada que “la diferencia entre evolución y revolución es la “r” de responsabilidad” y que, por lo tanto, “ha llegado, pues, el momento de la acción (…) y de la responsabilidad”. Y justamente, es la responsabilidad la actitud más útil en el debate ecológico y que -según uno de mis autores preferidos (Hans JONAS)- se basa en la “ética del futuro”, una ética que –desde hoy- se preocupa del futuro y trata de protegerlo.  ¿Qué es la juventud en la que tantas esperanzas tenemos puestas sino el necesario eslabón que nos une con las generaciones venideras?

Nuestra “Madre Tierra”: ¿no hay más que una?

Viernes, abril 22nd, 2011

Celebramos el Día Mundial de la Tierra que coincide con el primer aniversario del nacimiento de “ambiental y cual”. Parece que hemos superado una barrera psicológica que condiciona en muchas ocasiones la defitiva continuidad de un blog, pero desde luego que no vamos a cantar victoria. ¡Qué es un año en la inmensidad del siglo! Confieso que lo he pasado estupendamente elaborando este blog y, en especial, intentando divulgar los temas ambientales de actualidad; otra cosa es que lo haya conseguido y logrado interesar a los lectores con los que tanto aprendo de sus comentarios y críticas.

Pero volviendo al día de hoy –el Día de la Tierra-, he topado en internet con un reciente documento titulado “Estudio sobre la necesidad de reconocer y respetar los derechos de la Madre Tierra” presentado ante el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas del Consejo Económico y Social de Naciones Unidas. El documento fue promovido por el Estado Plurinacional de Bolivia, a comienzos del año 2009, ante la Asamblea de Naciones Unidas, como un proyecto de resolución sobre “Armonía con la Madre Tierra”. Entre otras cosas se trataba de sustituir la denominación actual de la efemérides del 22 de abril por el “Día Internacional de la Madre Tierra” que, finalmente, no ha sido aceptado.

Reconozco que me gusta la denominación “Madre Tierra” (Pachamama en quechua, la lengua andina) que ya me sonaba de haberla leido en el Cántico de la Criaturas compuesto por San Francisco de Asis en 1225 (donde se refiere a “nuestra hermana la madre tierra”). Sin incurrir en un trasnochado panteismo, la sensibilidad de los pueblos indígenas hacia la fecundidad del Planeta, el respeto que merece el mantener sus equilibrios ecosistémicos y la necesidad de alcanzar una armonía entre la Tierra y los seres humanos, me parecen plenamente aprovechables. Más problemático es reconocer desde el punto de vista jurídico,  a la “Madre Tierra”, verdaderos derechos como los que se proponen en el citado documento (derecho a la vida, a la regeneración de su biocapacidad, a una vida limpia, y a la armonía y al equilibrio con todos y entre todos).

Todo esto me lleva a una reflexión más trivial, pero no menos importante, sobre las excepcionales condiciones que para la vida que tiene nuestro Planeta para que en su seno se prodigue una tan increible biodiversidad. Y aquí no puedo dejar de recomendar un libro maravilloso escrito por José Luis COMELLAS (Catedrático de Historia Moderna y Contemporánea) titulado “La Tierra. Un planeta diferente” (RIALP, Madrid, 2008). Este Profesor emérito de la Universidad de Sevilla describe con extraordinaria riqueza de datos todo lo referente a nuestro Planeta: su historia, su estructura, la hidrosfera, la atmósfera, las fuerzas internas y externas que explican su propio dinamismo; también se para en mostrar las características de “nuestros vecinos” planetas del sistema solar; incluso aborda la cuestión del cambio climático sobre la que concluye animando a poner en marcha los factores que pueden operar en sentido contrario: “cualquier cosa cabe a principios del siglo XXI, excepto no hacer nada, o perder las esperanzas”. Todo lo afirma con el rigor de un historiador pero, a su vez, con la pasión de un amante de la naturaleza que tras una larga y amena singladura por el Planeta y por las lejanías el Universo –que conoce muy bien ya que es además uno de los más reconocidos divulgadores de temas astronómicos en España- termina diciendo: “¡qué descubrimiento acabamos de hacer!: ¡al fin un Planeta como la Tierra! Es maravilloso. –No, no has descubierto nada. Ese Planeta no es como la Tierra. ¡Es la Tierra!… -¡Pero la Tierra es maravillosa!”.

La Tierra es asombrosamente distinta a otros Planetas que conocemos. Es nuestra “Madre Tierra” que, quizá no es la única que existe en el inmenso Cosmos, pero es la que generosamente nos permite vivir.

Los “otros”: una mirada a mis colegas blogueros ambientalistas

Sábado, abril 16th, 2011

A punto de cumplir un año de esta aventura “bloguera” no hace falta que diga que esta iniciativa ha sido precedida por muchos otros blogs disponibles –desde hace muchos años- en el “ciberespacio” y dedicados específicamente a cuestiones relacionadas con el medio ambiente y la sostenibilidad ambiental. De muchos de ellos he aprendido –y sigo aprendiendo- mucho aunque soy consciente de que todavía me falta mucho contentar a mis querid@s lector@s.

La variedad de los blogs sobre medio ambiente es inconmensurable: los hay llenos de poesía (género tan propicio para hablar de la naturaleza y de la biodiversidad), los hay escritos por verdaderos sabios –académicos o humildes contemplativos-, los hay pletóricos de pasión ecologísta y reivindicativos, los hay francamente pesimistas o catastrofistas y los –menos- confiados en una mejora del “status quo”, … Pero, en esta ocasión sólo me voy a referir a los que como yo nos acogemos a un medio de información (sea prensa, radio o televisión).

No sé quien fue el primero que alojó un blog ambiental en un medio de comunicación pero me consta que el Diario El Mundo comenzó a publicar –a partir de julio de 2008- Naturablog, vinculado a su suplemento mensual sobre medio ambiente. En esta iniciativa colaboraban varios reconocidos expertos: Joaquín Araújo (uno de los más renombrados naturalistas españoles; periodista, ensayista, director de cine, guionista… y un largo etcétera) que todavía sigue publicando (desde diciembre de 2008) su blog ambiental Tierra, una poética y profunda refelexión sobre las cuestiones más triviales de la naturaleza, que inexorablemente termina con su saludo “gracias y que la vida os atalante”. Antonio Ruiz Elvira, Catedrático de Física Aplicada de la Universidad de Alcalá de Henares, con su blog sobre el Clima, una atenta mirada sobre los efectos y riesgos del cambio climático en nuestras vidas, y uno de los más visitados a decir por los numerosos comentarios que suscita. Juantxo López de Uralde, durante muchos años Director Ejecutivo de Greenpeace, publicaba su blog Verde hasta que en julio de 2010 abandonó esa organización para emprender una nueva singladura con la dirección del nuevor grupo político Equo (ahora elabora su blog personal: Juantxo.org).

En el Diario El PaisJuan Carlos del Olmo, Secretario General de WWF España, alimenta, a partir de noviembre de 2009, el blog Planeta Vivo desde la atenta y crítica mirada del Oso Panda. Y también en este medio, Clemente Álvarez (periodista especializado en medio ambiente y temas científicos) redacta (desde febrero de 2010) su blog Eco-lab en el que se incluye interesantes comentarios sobre cuestiones energéticas, económicas y tecnológicas relacionadas con el medio ambiente.

Todos los más importantes diarios del mundo contienen blogs sobre medio ambiente. Algunos como los del New York Times, Green (energías renovables y ecodiseño) y Dot Earth (sobre cambio climático y medio ambiente), asesorados por un buen número de expertos. Dominan, no obstante, los redactados por periodistas especializados o expertos:  en Le Monde, Eco(lo) Chroniques pour une économíe sociale e durable (a cargo del periodista Audrey Garric, desde noviembre de 2009); en La Repubblica, Eco-logica, elaborado por Antonio Cianciullo (desde mediados de 2008); en Clarin, Ecología; en The Guardian, GeorgeMonbiot´blog; en O Globo, BlogVerde; y un larguísimo etc.

Por lo que se refiere al mundo televisivo sólo quiero destacar el blog escarabajoverde, gestionado –desde octubre de 2008- por ese magnífico grupo de profesionales que vienen desarrollando desde hace catorce temporadas uno de los más famosos programas de la Radiotelevisión Española: “El escarabajo verde”, que ningún amante de la naturaleza y del medio ambiente puede dejar de ver.

Volviendo la mirada hacia nuestra tierra de Galicia, resulta una excelente idea la puesta en marcha (desde febrero de 2011) de Ecoblog, elaborado por escolares y profesionales de la enseñanza de diversos centros docentes de Galicia y que se enmarca en esa otra magnífico programa de educación ambiental que es Voz Natura. Y directamente relacionado con lo anterior debe destacarse muy especialmente el trabajo desarrollado por el biólogo coruñés Oscar Francesch, responsable de Blognatura (blog maestro del programa Voz Natura) que desde enero de 2008 viene realizando una impresionante actividad de educación ambiental en toda Galicia.

También quiero fecilitar aquí el trabajo de Rebeca Fernández con su blog de El Correo Gallego, Pensa en verde, que desde junio de 2010, constituye una voz activa y crítica sobre todo aquello que pone en peligro nuestro medio ambiente (se autoproclama “sitio desnuclearizado”). Igualmente, desde mucho más tiempo (desde enero de 2009) José Luis Gallego –conocido naturalista y periodista ambiental- publica en la cadena de radio Onda Cero el blog Territorio Gallego que, pese al título, contiene diversas reflexiones sobre los temas ambientales aquí y en el resto del Planeta.

Como podéis comprobar: no estamos solos. Hay tantos y tantos blogs interesantes sobre medio ambiente que sólo espero que os haya permitido abrir nuevos horizontes, aún con el riesgo –soy consciente- de perder a algunos de mis lector@s. Y felices vacaciones de Semana Santa a l@s que puedan tomárselas y al resto…, por supuesto que también.

Guerras contra/por el medio ambiente

Sábado, abril 9th, 2011

El Golfo, Irak, Afganistán, Congo, Costa de Marfil, Libia…, son nombres tristemente asociados a las guerras y a los conflictos armados que llegan hasta nuestros días. ¿Qué otra cosa hay peor que una guerra para el medio ambiente?; y, por supuesto, para los seres humanos incluidos, que debemos considerarnos responsables y, a la vez, víctimas.

En la “Declaración sobre Medio Ambiente y Desarrollo” -aprobada por todos los representantes de los gobiernos en la famosa Cumbre mundial sobre el Desarrollo Sostenible, celebrada en Río de Janeiro a mediados de junio de 1992- se afirmaba, de una parte, que “La guerra es, por definición, enemiga del desarrollo sostenible. En consecuencia, los Estados deberán respetar el derecho internacional proporcionando protección al medio ambiente en épocas de conflicto armado, y cooperar para su ulterior mejoramiento, según sea necesario” (Principio 24); y a continuación se remarcaba que “La paz, el desarrollo y la protección del medio ambiente son interdependientes e inseparables” (Principio 25).

Pues bien, no hay duda que cualquier conflicto armado tiene nefastas consecuencias para el patrimonio natural y el cultural, máxime con el tremendo potencial destructivo que tienen no sólo las armas nucleares, químicas y biológicas sino las convencionales. Y no digamos nada del sarcasmo que supone hablar de una futura “guerra de neutrones” como aquella selectiva que sólo daña a los humanos, pero, ¡eso sí!, sin perjudicar al medio ambiente.

Traemos esto hoy a colación porque desde hace unos años se viene hablando de que en el siglo XXI los conflictos bélicos –hoy mayoritariamente originados por tensiones políticas internas y aspiraciones identitarias (como señala el autorizado informe “Alerta 2011” de la Escola de Cultura de Pau)- será provocados por problemas ambientales: los derivados de los efectos del calentamiento global,  de la escasez de recursos naturales, de la lucha por el agua, etc. Un reciente trabajo de Harald WELZER, titulado “Guerras climáticas. Por qué mataremos (y nos matarán) en el siglo XXI” (publicado en la editorial Katz), pone de manifiesto esta hipótesis e incluso llega a afirmar que el genocidio de Darfur (al oeste de Sudán) -en el que han fallecido más de 450.000 personas y unos dos millones han debido abandonar sus hogares-  es la primera “guerra climática”. La obra de este psicólogo social alemán se refiere en varias ocasiones a la extraordinaria obra de Jared DIAMOND: “Colapso. Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen”, una interesantísima investigación histórica sobre civilizaciones que no han perdurado (como los primitivos habitantes de la Isla de Pascua, o los indios anasazi en Norteamérica) por cuestiones de naturaleza ambiental.

Es claro que en los últimos tiempos se han dado importantes conflictos (algunos armados) motivados por la puesta en peligro de recursos naturales no renovables (el petróleo, en primerísimo lugar) y otros más frecuentes sobre los recursos hídricos (por ejemplo, entre Argentina, Uruguay y Paraguay por las papeleras del río Paraná; o las tensiones sociales por la construcción de la presa de las Tres Gargantas –la mayor del mundo- en el río Yangtsé). Pero no cabe desdeñar la hipótesis de “refugiados climáticos” de lo que ya viene considerándose como uno de los nuevos desafíos del futuro Derecho Internacional.

Resulta muy significativo que alguna de las grandes organizaciones defensivas como la “Organización del Tratado Atlántico Norte” (OTAN) incluya entre sus estrategías la referencia a la seguridad ambiental (environmental security) y, en definitiva, la forma de abordar los riesgos ambientales a la seguridad, así como aquellos que inciden directamente en actividades militares. Igualmente, nuestro Ministerio de Defensa se ha sumado a esta nueva orientación para la defensa del medio ambiente.

No sé si en el futuro las generaciones venideras serán más pacíficas y resolverán sus conflictos sin alterar el medio ambiente. Lo que para mi resulta indubitable es que la guerra, toda guerra, es lo más insostenible que puede acontecer y, desgraciadamente, acontece.

Eco-optimismo “versus” eco-pesimismo

Domingo, abril 3rd, 2011

Realmente no están los tiempos para muchas alegrías pero no podemos permitir que la crisis nos envuelva de tal manera que secuestre nuestra esperanza de alcanzar un mundo mejor. Y a todo esto, se apila en nuestro escritorio un nuevo ensayo de James LOVELOCK, este sabio científico británico, creador de la famosa “hipótesis Gaia” (la Tierra como ser vivo que se autorregula y cuenta con su propia fisiología), y autor –entre otros mucho títulos- de la “Venganza de la Tierra” su último trabajo que citamos aquí hace pocos meses. Esta vez se trata de su obra “La tierra se agota. El último aviso para salvar nuestro Planeta” (publicado en 2009 pero traducido en España y publicado ahora por la editorial Planeta).

El título es bien expresivo del pesimismo (eco-pesimismo) que encierran los fundamentados comentarios de este afamado nonagenario sobre la evolución del cambio climático y sus efectos catastróficos sobre la Tierra; y todo ello sin importarle criticar –por tibios- los pronósticos del mismísimo Panel Integubernamental del Cambio Climático (IPCC) y, por supuesto, a los gobiernos porque “están aceptando sin el menor sentido crítico la creencia de que el cambio climático es rentable y fácilmente reversible”; critica de la que no se escapan tampoco los “puritanos ecologistas”. Y poco a poco, con una extraordinaria clarividencia desgrana lo que va a ocurrir con nuestro Planeta en las próximas décadas, tras los 12.000 años de “paz climática” que hemos disfrutado. “Queda poco tiempo para actuar” y LOVELOCK defiende que la “adaptación” al clima cambiante es al menos tan importante como las tentativas políticas para reducir las emisiones, “tenemos que prepararnos para el fracaso mediante la adaptación”. Y sigue afirmando: “creo que es mejor que aceptemos y comprendamos cuán escasa es la posibilidad de nuestra supervivencia…”; y ¡de repente!, ante un panorama tan desolador, dice: “pero confiemos en el hecho de que nuestra especie es de una fortaleza excepcional, ha sobrevivido a siete grandes catástrofes climatológicas en el último millón de años, y no es probable que se extinga en la que se avecina”.

Como una débil luz en la oscuridad este pionero científico ecologista –pero defensor a ultranza de la energía nuclear- parece abrirnos una puerta a un moderado optimismo existencial, y que el fin de Gaia todavía se va a hacer esperar.

Poco después de la publicación de esta obra, salta al mercado editorial el ensayo de Matt RIDLEY: El optimismo racional. ¿Tiene límites de la capacidad de progreso de la especie humana? Este autor –periodista científico que se hizo famoso con la publicación de otros bestseller sobre la evolución de la naturaleza humana y el Genoma- expone a lo largo de más de 400 páginas la impresionante historia de los logros alcanzados por la “ilimitada capacidad de innovación del ser humano”; una verdadera apoteósis de los hitos de la prosperidad de la civilización, gracias a la ordenación y especialización del trabajo y al intercambio de ideas a lo largo de la historia. Ningún reto –según este trabajo- ha quedado ajeno a la conquista de la mente humana para superar los problemas de alimentación, de desarrollo energético, de rendimiento económico, etc. Me recuerda mucho esta obra a la del Profesor danés Bjørn LOMBORG: El ecologista escéptico, traducida al castellano (Espasa, 2003), que todo aficionado a los temas ambientales debería leer pese a su acérrima y demoledora crítica a ciertos planteamientos típicos del movimiento ecologista. Ambos trabajos son tachados de “mitología productivista” por los críticos pertenecientes al ecologismo más radical.

Comprendo que para suscitar el necesario cambio de pautas de conducta que nuestro modelo económico precisa, los ecologistas utilicen en ocasiones el catastrofismo, se pongan en el peor de los escenarios, e incurran sin quererlo en un negativo pesimismo. Pero a mi juicio, la realidad hay que analizarla despejada de cualquier apasionamiento que pueda errar en los diagnósticos que se concretan después en estrategias y aún en normas de obligado cumplimiento. Pero sin ser tan optimista como RIDLEY, suscribo cuando dice, reconociendo los problemas pendientes en nuestro planeta, “es precisamente el hecho de que aún hay mucho más sufrimiento y escasez en el mundo lo que hace que tanto yo como cualquier persona con corazón desee que el optimismo ambicioso sea moralmente obligatorio”.

ojd