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Los mejores discos nacionales de 2015

Miércoles, Diciembre 23rd, 2015

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Cuatro personalidades capaces de haber construido un universo propio encabezan la lista de los mejores discos hechos este año. Cuatro maneras de entender la música popular en el 2015 en base a la emoción, la solidez del discurso y, a veces, incluso la sorpresa. Cuatro autores capaces de devolver el optimismo a aquel oyente desencantado con el tiempo musical que nos ha tocado vivir. Y junto a ellos, rabiosos mordiscos del presente, reminiscencias de la quietud noventera y un autor que nos visita desde su planeta musical lejos de todo. Descubran o (re)descubran. Y disfruten.

1. RAFAEL BERRIO “Paradoja” (Warner). Después de 1971 y Diarios, en los que se reveló como una bendita anomalía con aires de crooner y chanson, el músico vasco opta ahora por el rock. Sin muchos rodeos, mira claramente a Lou Reed. Con ese molde ha facturado un torrente expresivo, cuyas letras e interpretación se clavan como pequeñas agujas en el oyente. «Solo cambio y veleidades por un lado / y roña y decadencia en su contrario / quisiera ver y no lo veo otro escanario / otro argumento que el argumento que el argumento por excelencia», canta haciendo quizá la mejor fotografía del presente. Es solo uno de los latigazos de un disco cargado de versos eléctricos y tensión instrumental. Un extraño placer a contracorriente de todo que pide ser escuchado en un club.

2. XOEL LÓPEZ “Paramales” (Esmerarte). Uno de los mayores deslices de la historia de este blog ha sido relegar a Atlántico (2012) a 5º disco nacional del año 2012. No solo era del mejor de aquel año, sino posiblemente el mejor disco de pop en castellano de la década. No se cometerá el mismo error ahora. No resulta tan excelso como aquel, pero tampoco lo intenta. Paramales camina en otra dirección. En esta ocasión el músico coruñés ha jugado con la música, la ha moldeado a su antojo y ha dejado un excitante puzzle sonoro con temas magníficos. Unos emotivos, como Almas del norte. Otros contagiosamente melódicos, como Yo solo quería que me llevaras a bailar. Algunos de belleza deliciosa, como Caracoles. Y también poniendo la experimentación al límite, como A serea e o mariñeiro. Una maravilla

3. EL NIÑO DE ELCHE “Voces del extremo” (Telegrama cultural). Seguramente se trate del disco más atrevido del año en España. Igual que Enrique Morente o La Mala Rodríguez, El Niño de Elche sabe perfectamente de dónde viene, el cante flamenco, sin tener muy claro a dónde va. Prefiere guiarse por el instinto y la sorpresa para avanzar, obteniendo jugosos resultados. Así logra un híbrido de pop, flamenco, kraut rock, esencias arábicas y dub preñado de rabia, política y un algo indefinible que explota en piezas como Canción de corro de niño palestino. Se traduce en piel de gallina, gestos de asombro y reconocimiento ante un artista único.

4. PABLO UND DESTRUKTION “Vigorexia emocional” (Marxophone). Pablo García se casó y se divorció en un mismo año. Las emociones giraron 360 grados, convirtiendo su vida en una montaña rusa. De ahí surgió un tercer disco en el que autor asume, tema a tema, la rápida decadencia de un amor destinado al fracaso. Siempre con esa voz suya -limpia, poderosa, presente- y transitando momentos de zozobra, crepúsculo y desesperación, llega a una dolorosa conclusión: Dulce amor. «No puedo seguir así / quiero vivir solo y acorazado / quiero vivir solo y sin nuestro dulce amor», canta. Solo se puede escuchar en el disco. El artista la ha retirado de sus directos. Confiesa que es demasiado fuerte incluso para él

5. BALA “Human Flesh” (Matapadre). Lo dijimos ya hace meses: Bala molan y molan mucho. Pero desde que lo dijimos la primera vez hasta ahora, ya con su disco de debut en la calle, Anxela y Violeta han crecido mucho. Sus directos queman y arañan. Sus canciones poseen la extraña virtud de sonar familiares e impactantes a un tiempo. Y su fórmula semeja estar tocada por la varita mágica que hace que todo mole y que mole mucho. Este es un disco para escuchar con el volumen al máximo, mientras vuelvan los fantasmas de Black Sabbath y Nirvana en una fiesta guitarrera.

6. McENROE “Rugen las flores” (Subterfuge).
Merece la pena seguir cada paso de McEnroe como una opción segura. Ellos siguen haciendo poesía de las pequeñas cosas. Continúan tocando lento y sin prisas. Ahí, en ese compartimento en el que hay que ir a por ellos, guardan canciones preciosas sobre los claroscuros de la vida, con ecos de Red House Painters, evocaciones de los llorados Migala y muchos de cosas cosas que nos apasionaban en los noventa. Y que a algunos nos siguen apasionando hoy en día.

7 EMILIO JOSÉ “Agricultura livre” (Fohen). El retorno el músico ourensano tras Chorando apréndese es un triple cedé en el que da rienda suelta a su particular concepción del pop. Con trazos de bossa-nova, arrumacos al hip-hop, desvíos al synth-pop y una constante sensación de puzzle sonoro, Emilio José habla de un Ourense independiente y el rural olvidado, al tiempo que rinde tributo a Kim Kardashian y reparte bofetones a diestro y siniestro, sea el PP, sea Podemos («Non hai ningunha diferencia entre Rajoy, Pablo Iglesias e Beiras / son xefes, sempre mandan»). Todo a lo grande, en una suerte de empacho musical que necesita tiempo para ser digerido del todo.

8 SELVÁTICA “Un mundo extraño” (Discos de Kirliam).
Dos terceras partes de los viguesees Indómitos son Selvática. En cierto modo continúan la empresa. También practican un punk con gusto por melodías no muy obvias y los ambientes retorcidos. Pero ahora, Manu y Paula, le han dado una nueva luz pop que le sienta de maravilla. Quizá sean los efluvios brasileños (ahora viven en Brasil), pero aquí se pretende ir más allá de Parálisis Permanente y The Fall, serpenteando en psicodelia y haciéndole guiños a Blondie.

9. LADY LEÑO “Lady Leño” (Autoedición). Junto a Bala, la gran revelación del año en A Coruña. Enamorados de los Sonic Youth de Death Valley 69, devotos de Parálisis Permanente y contemporáneos a Savages, el ahora cuarteto destaca entre la producción del 2015. Gracias a su torrente de expresividad, su manera de concebir la música como purga y la sensación de vaciado que trasmiten en cada tema. Hace unas semanas los hemos podido ver en directo en Los conciertos de Retroalimentación. Y flipamos

10. GENTE JOVEN “Casa de socorro” (Acuarela)
. Entre los primeros Sr. Chinarro, The Cure, Silvania y Slowdive, Gente Joven se asoman a la superficie del pop español pidiendo: «Enséñame a calcular el algoritmo de la fascinación». En plena convulsión de un panorama indie cuestionado por su ensimismamiento, ellos parecen reivindicar precisamente eso: el mirarse hacia dentro, el hacer poesía de los sentimientos callados y el pinchar en el corazón del 0,1% de la población a poco que se acerque.

Fiesta de pop total para oídos agradecidos

Domingo, Diciembre 6th, 2015

xoel
Xoel López
A Coruña, Sala Finisterrae
4-12-2015

Tres cosas quedaron claras el pasado viernes. Una: Xoel es cada vez menos Deluxe y más Xoel López. Apenas rescató un par de temas de la anterior etapa, entregándose totalmente a la defensa de su (brillante) presente. Dos: las canciones de Atlántico (2012) suenan ya a clásico, certificando que se trata quizá del gran disco de pop en castellano de esta década. Cuando un tema como Tierra se corea con ese tono —el de sentirlo— se ha entrado ya en la eternidad. Y tres: Paramales (2015) posee el suficiente dinamismo y sentido de lo lúdico como para que en escena termine divirtiendo y sorprendiendo por igual.

Con las pinceladas antedichas resulta fácil adivinar que la sala Finisterrae acogió una gran fiesta. Pop total. Los que no aprobaron el renacer transoceánico del Xoel que fue a buscar las Américas, esta vez ya se quedaron en casa. Nada de lamentos porque no tocase Que no, ni nostalgias brit-poperas. Al contrario, todos secundaron al artista en un viaje que empezó solemne con Patagonia. Pero que se desmelenó a los pocos minutos con Hombre de ninguna parte.

Sí, a lomos de la bossa-nova imposible de el polvo plateado y el bienestar contagioso, Xoel López emprendió un estimulante camino -pie aquí pie allá- por los dos discos a su nombre
. Un recorrido con desvíos emotivos, como ese Almas del norte en clave synth-pop recordatorio de las noches interminables bailando nothern soul en la adolescencia mod. También con los sobresaltos de electricidad desbordada de Un año más con imprevisible final. O huyendo al Saturno musical, al que apela el autor cuando se refiere a A serea e o mariñeiro: creatividad máxima haciendo equilibrios en la cuerda floja.

Todo para marcarse con la armónica el himno gallego. Hacer las citadas visitas al cancionero de Deluxe (Reconstrucción y El amor no es lo que piensas) con el suspiro colectivo de fondo. Y enfilar la última parte con una serpenteante Asaltante de Estaciones, que obtuvo el contrapunto en La casa hace ruido. Interpretada a escasos milímetros de los labios de su mujer, Lola García, fundió a la sala en un deseo: el de un apasionado beso a lo Nick Cave y Pj Harvey. Quizá ahí se pueda encontrar la clave de por qué ha cambiado tanto Xoel en el último lustro, dejando dos álbumes soberbios y directos tan bonitos como este. ¡Que siga la racha!

Conciliando pasado y presente

Lunes, Febrero 3rd, 2014

Xoel López
Palacio de la Ópera, A Coruña
1-2-2014

El sábado se vieron dos artistas en el Palacio de la Ópera de A Coruña. Uno, el Xoel Deluxe, que trenza canciones a veces demasiado evidentes en el molde y que rara vez pasan de la corrección. El otro, Xoel López, creador en estado de gracia que con Atlántico (2012) ha marcado un hito dentro del pop nacional. Entre ambos media un abismo: el que va de escuchar la bola de épica de Réquiem (no fui yo), sin poder dejar de pensar en que eso ya lo han hecho antes (y mucho mejor) Arcade Fire, a toparse con La boca del volcán y sentir la belleza genuina en forma de canción ante tus ojos.

Ese es el dilema actual del músico coruñés. O -precisemos- más bien de algunos de sus seguidores, como el arriba firmante. Porque él ya se apresuró a resolverlo sobre las tablas. Antes de interpretar Pájaros negros, subiendo la electricidad al máximo, dejó claro que Deluxe iba a estar siempre ahí. Previamente, se había paseado con mucha más delicadeza por su nuevo repertorio: emocionando con un Buenos Aires que mejora al disco, enredando con un Hombre de ninguna parte, que suspiraba por algo más de nitidez, y arrancando gestos de satisfacción con la preciosa Por el viejo barrio. Las luces, magníficas y a destacar, de daban el envoltorio perfecto. Lola García, la multistrumentista y mujer de Xoel, una actitud hedonista que contagió al público.

Ahí se encuentran los pasos actuales de un autor imprescindible y, en muchos casos, a descubrir más allá de ideas preconcebidas. El otro Xoel luce buenos momentos como Reconstrucción (lo mejor de los rescates de Deluxe, sin duda) pero, en general, palidece frente a su deslumbrante presente. Y también su futuro. Las dos piezas nuevas presentaas -la locura experimental con deje afro de A serea e o mariñeiro con guiños ¡a Chimo Bayo! y San Juan, deliciosa letra inspirada en la gran fiesta coruñesa con madera de himno- auguran un próximo disco grande, muy grande. Ojo, que lo de Atlántico no ha sido un acierto aislado.

De todos modos, cabe reprochar al artista algún enfoque sonoro. No, por supuesto, el toque de drama de un Joven poeta crecida en el escenario, en una suerte de Tindersticks a la argentina. Pero sí, quizás, el traje que lució Tierra. Que su mejor canción ve evaporada su magia enredadora en favor de un tono pseubailable le hace un flaco favor. Tampoco convenció la interpretación atropellada de esa joyita titulada Desafinado amor, renqueante en vivo. Se compensó, al final, con El asaltante de estaciones, maravilloso tour psicodélico con guitarras ácidas y órganos que no hacen más que delatar el pasado mod de Xoel.

En el bis, De piedra y arena mojada se encargó de recordar en medio de la euforia que, a veces, a los auditorios les sobran las butacas. Todo el mundo en pie y fiesta total en el Palacio de la Ópera. Habrá ocasión de resarcirse: el próximo 21 de marzo, de pie, en la sala Capitol de Santiago. Y con una de esas cervezas que lo patrocinan en la mano, a poder ser.

Foto: Marcos Míguez

Xoel López se redescubre en vinilo

Martes, Enero 21st, 2014

Hoy sale a la venta la versión en vinilo de “Atlántico”, el disco que Xoel López editó en el 2012. Fue el primer álbum a su nombre y, lejos del pastiche de estilos que pueden sugerir las críticas, se mostró como un trabajo mestizo y fascinante, que recogió toda la aventura americana de su autor con inusitado acierto. Esta revisión sirve de excusa para recordar un disco francamente delicioso.

Hay escapadas que esconden bendiciones para un hombre y un creador. La que hizo Xoel López en el 2009 con rumbo incierto a Sudamérica, se reveló como tal. Vagando aquí y allá, la persona descubrió otra forma de ver la vida -pausada, anónima, siempre cambiante- y el artista se empapó de mil y una músicas -milonga, cumbia, bossanova- que poco o nada tenían que ver con el molde anglosajón por el que se había movido hasta entonces. Todo caló. Nada volvió a ser lo mismo. El músico se había criollizado definitivamente. Y, tres años después, legaría la confirmación. Atlántico(2012) se mostraba como una suerte álbum de fotos musical de ese periodo y una obra que cristalizó todo ese batiburrillo de sensaciones de una manera formidable. Sí, porque ese disco funde sentimiento y forma, pulsión y definición, como pocas veces ocurre.

Así lo dejaba entrever en el 2012 y así lo confirma, dos años después, en su merecido paso al formato noble del disco de vinilo. No hay extras. Tampoco libreto que glose su gestación. Quedan para el décimo aniversario. O el vigésimo. Lo habrá. Seguramente se valore más entonces que ahora. Porque este trabajo ha crecido -mucho, muchísimo- con el tiempo. Todo apunta a que crecerá todavía más. Derribando los prejuicios de los fans que le dieron la espalda por el giro estilístico. Sumando nuevos seguidores que jamás habían encontrado nada en el Xoel de otros proyectos. Aumentando la devoción de quienes sintieron el clic de magia original. Ahora todos pueden repetir e incrementarlo todo dejando caer la aguja en el surco del elepé.

Quien decida hacerlo se encontrará, de primeras, con Hombre de ninguna parte. Necesita solo 30 segundos, justo cuando surge ese verso de “la luna tiene un rostro diferente a este lado del mundo”, para atrapar. El vaivén de bossanova que mece la canción, poco a poco, va sumando capas y más capas. Contagia la fascinación del autor por su nuevo mundo lleno de estímulos y belleza virgen. Nada hay aquí de esa tristeza oscura de Deluxe. Tampoco aquellas letras que no terminaban de cuajar. Todo lo contrario. El lápiz de Xoel traza con precisión una poesía visual que se dibuja en la mente del oyente como realismo mágico (“sombras, el pasado se viste de sábana blanca / rayos, esparcen su polvo plateado sobre mi cabeza”). Cuando entran las cuerdas, los coros enredadores y las trompetas mariachis, la pieza despega y se eleva en una suerte de borrachera de puro bienestar. Felicidad. Si en ese momento le ofrecen al oyente coger un vuelo y cruzar el Atlántico lo haría sin rechistar.

Esa canción inaugural supuso, en su momento, el adelanto de un disco extrañamente plural dentro de su carácter unitario. Las sensaciones de esos años de vida nómada entre Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Venezuela o EE.UU son el hilo conductor. También el tono mayoritariamente electroacústico, el acento en unas percusiones riquísimas que se descubren en cada nueva escucha y, también, el constante recurso a unas segundas y terceras voces de un color inédito en un disco europeo. El resto, no es más que un suceder de tema en tema, de forma en forma y de sorpresa en sorpresa. Cuando se espera otro tema luminoso, llega la oscuridad. Cuando se aguarda por una miniatura folk, surge la psicodelia. Cuando se pide más acento americano, aparecen los ecos de A Coruña entre sus versos. Y, como en los grandes álbumes-puzzle, al final el artista demuestra que ha sido mucho mejor el camino propuesto por él que el que aguardaba el oyente.

Hay varias cimas en el disco. Pero una resulta clave. La canción que seguramente pasará a la historia es Tierra, una preciosa balada folkie a lo Simon & Gartfunkel con ribetes psicodélicos finales. Como si el artista hubiese interiorizado la pausa musical y la suavidad total de la bosanova sin tener que apelar a su molde, logra una pieza perfecta, sin aristas, ma-ra-vi-llo-sa. De nuevo, emerge la sensación de embriagarse con el momento (“no me da la gana de pensar que nada es para siempre / si esta canción se acaba, que acabe el mundo para todos”) y unas imágenes (“yo soñaba cada día poder alcanzar la playa”) que trasladan inevitablemente a aquella preciosa escena final de Los 400 golpes de Truffaut. Cuando se estrenó ese delicioso videoclip a lo Forest Gump, todo parecía indicar en un viaje a la inversa de aquella. No se debe olvidar las maravillosas y mareantes espirales que colorean la canción a su término. Algo así como las que emplea Damien Jurado. Es decir, de fábula.

También resulta particularmente bonita Por el viejo barrio, con deje de milonga, acertada estructura circular y una guitarra breve pero decidida marcándole el pulso. O esa evocación del idealismo de la infancia de un De piedra y arena mojada (¿no está pensando en el colegio Eusebio da Guarda con ese cuadro de “poemas indescifrables / monotonía tras los cristales”?) que se rinde ante el fraseo de Dylan y lo latiniza de un modo excepcional. Y, cómo no, La boca del volcán, deliciosa miniatura folkie sobre la necesidad de creer y las diferentes formas de hacerlo. Son las compañeras de reparto del luminoso estallido pop de un Descafeinado amor que se mueve con habilidad por las deslumbrantes metáforas del “esplendor dorado” y los coros pizpiretos que piden protagonismo; la rumbera con arrebatos de piano de Caballero; y la final El asaltante de estaciones, una orgía de psicodelia y tropicalismo a lomos de un riff hurtado a The Who.

Quedan Buenos Aires y Postal de Nueva York, quizá las más flojas, pero imprescindibles dentro del concepto que Atlántico pretende ser. La primera, con nada disimulado aire a Piano Man y alguna que otra línea atropellada, supone una declaración de amor a la capital argentina y una reafirmación de la apuesta que en su día llevó a cruzar el Atlántico a Xoel. La otra, una estampa melancólica de una tarde con el pintor coruñés Jorge Cabezas al lado el puente de Brooklyn. No llegan al nivel general del resto del disco que rellenan, sin duda, unos huecos que no podían quedar vacíos. Dicho de otro modo: mejor así, pese a la pendiente, que sin ellas.

Se dice que la vida de un disco hoy en día es corta. Es cierto. Dos meses, tres,… seis a lo sumo. Pensar en enero del 2014 un trabajo editado en el 2013 obliga a viajar en el tiempo como quien cambia de siglo. Muchas joyas se quedan en el camino, apenas mostrando una pequeña parte de su brillo. Son esos trabajos que nunca se acaban de escuchar del todo, porque cada escucha revela algo que justifica seguir con el oído pegado al altavoz. Más allá de su valentía o audacia, que la tiene, Atlántico pertenece a ese elenco de obras inagotables. Dos años después continúa diciendo cosas que resultan un poco diferentes a las que decía hace tres meses o hace un año. Por ello, el volcado al acetato no deja de ser una mera excusa para lo importante: (re)descubrirlo. Escoja usted si borra o no el paréntesis, según caso, y disfrútelo.

Xoel López: “Siempre seré un traidor para mi pasado musical”

Jueves, Agosto 1st, 2013

(El pasado 28 de junio incluimos una entrevista en el suplemento Fugas con Xoel López con motivo de su éxito en los premios UFI. Por motivos de espacio una buena parte de la charla, en la que repasaba una buena parte de su carrera, se quedó fuera. Esta es la versión ampliada de la entrevista)

Xoel López (A Coruña, 1977) dice que no se deben mezclar conceptos. «El ser valiente no significa que no tengas miedo», apunta. Él desafió a la inercia artística reinventándose en América con Atlántico, el primer álbum a su nombre. Se acababa Deluxe. Y sintió el vértigo de lo que iba a pasar. «No lo voy a negar. Al irme, temía cómo sería la vuelta», admite. Un año después de su edición, la Unión Fonográfica Independiente (UFI) lo ha nombrado artista del año. «Es como el reconocimiento oficial de Atlántico, señala satisfecho. «Me sorprendió que la gente que votase, porque no sabía que estaba en ese punto», explica.

—¿Hay en «Atlántico» una especie de crecimiento personal que llega a lo artístico?

—Sí. Mi generación creció tarde. Creo que somos más bien una generación infantil, en general. Y para mí hay un paso de crecimiento personal muy grande en estos años en los que viví en América. No todo fue color de rosa. Cuando vives fuera te pasan mil y una situaciones extrañas. Desde querer comprar algo y no saber dónde, decir una palabra y que no sea la correcta, que algo que haces de una manera se lo tomen a mal, esperar que ellos hagan algo que no hacen… Es impresionante como cambian los códigos de un país a otro. Pero es sano, porque te obliga a generar recursos vitales. Estar fuera de tu lugar cómodo te deja en bolas. Tienes que sobrevivir de alguna manera. Enriquece mucho y te obliga a crecer. En Sudamérica la vida no es fácil, hay mucha pobreza. Yo, además, venía de una España de la buena época, en la que la gente tenía de todo por cinco. De hecho, antes de irme para allá empezaba a sentir que aquí era todo demasiado superficial, a veces incluso me agobiaba En América encontré un lado más entrañable que echaba en falta. Allí la gente se juntaba más en las casas, conversaba más y de una manera más profunda.

—Eso se refleja en la música. «Atlántico» desprende mucho relax y armonía.

—Es que mi música es el reflejo de lo que me pasa a mí. Yo soy muy autobiográfico. Por mucho que me esconda tras la metáfora, casi siempre hablo de mí. No soy nada cerebral, no puedo evitar contar mis cosas.

—El disco, un año después de su edición, todavía tiene vida. ¿Le frustran las escuchas rápidas a las que está sometida la música hoy en día? 

—No tanto. La frustración la genera no estar contento con el resultado, que me ha pasado con canciones puntuales de otros discos. Lo otro no depende de mí. Yo no puedo ser tan soberbio como para pensar que el disco se tiene que escuchar porque sí. El disco lo tiene que escuchar quien lo quiera escuchar. Esta ahí para eso y, además, queda para toda la vida, como un legado que pueden disfrutar tus nietos y quien sea. Insisto en la idea de que no somos tan importantes. Todo depende del momento, de que la gente le apetezca acercarse a ti. Es más, yo venía con ese respeto de que la gente me podría decir: «¿Y a mí qué me interesan tus viajes y tus nuevas formas de entender la música?». Eso puede pasar.

—¿Se esforzó por evitar el pastiche en esa renovación? 

—Yo creo que si lo hubiese grabado mi primer año allí, seguramente sería más pastiche porque estaba en mi fase de fascinación. Como me tomé las cosas con calma, las cosas fueron fluyendo. Por ejemplo, yo escuchaba música brasileña con 15 años pero no es lo mismo tocarla con brasileños en Brasil, interiorizarla y sentir que, más allá de usar un instrumento determinado, hay algo más esencial, que tiene que ver con la vida  del brasileño. Eso cuando lo captas, llegas a la raíz. A veces hablamos de las influencias como algo estético y no es así. Tú puedes ver a alguien vestido de traje como si fuera de clase alta, pero no se lo mismo que ser de clase alta.

—En el disco sobresale una canción por encima de todas «Tierra». Puede que sea su mejor tema. ¿Fue consciente cuando la escribió?

—No. Cuando la hice sabía que era bonita, pero la enseñé y no llamó mucho la atención. La canción la grabé en Buenos Aires y la regrabé para el disco. Sin embargo, esa versión no nos molaba. Al final la volví a grabar en mi estudio de Buenos Aires y se la mandé a Juan de Dios para que la mezclase él. Y fue así. Grabé las guitarras en el pasillo de mi casa, canté y la mandé. Cuando mandamos el mastering, el primero que lo escuchó fue Kin, mi manager. Cristina de Esmerarte, mi agencia, propuso sacar una adelanto del disco. Opinamos Juande, Kin, Cristina y yo. Todos coincidimos en Tierra. Es decir, de las tres o cuatro que elegíamos, todos teníamos esa canción. Y, sí, gustó mucho. Luego cuando ves que el tema adquiere esa dimensión pues piensas. «Oye, pues sí, está bien» [risas]. A mí la verdad es que me gusta mucho.

—Es una canción redonda. Todo encaja en ella, incluso la manera de sucederse las sílabas. Eso también es algo muy brasileño, el jugar con la tonalidad y el fraseo. ¿No hay una influencia oculta ahí?

—Es muy sutil lo que dices. La influencia puede venir por eso, no porque haya ritmos brasileños ni nada, simplemente es una canción acústica en la que puedes hacer un fraseo suave, como el de Caetano. Puede ser. Me gusta pensar que es así como dices, que las influencias entran sin que lo sepas. Todo ello puede llegar incluso al margen de lo musical, sino por lo emocional. Si tu llevas una vida relajada, tu música va a ser más relajada y, a lo mejor, el fraseo funciona mejor. Es decir, que el fraseo puede ser consecuencia de una forma de vida.
 
—El disco lo transmite. ¿Existía antes existía en Deluxe un punto trágico?   

—Sí, antes me dejaba llevar por ese lado oscuro él y, a veces, incluso me regocijaba. Ahora siento la melancolía como parte de la vida, que puede ser bella.
 
—¿Ese cambio se produjo en América?

—Bueno, pasaron muchas cosas. Mi etapa en América coincidió con una fase bonita de mi vida en le que empecé a concluir. En el final de Deluxe había descendido a mi lado oscuro y eso se reflejó en alguna canción, para bien o para mal. Pero de ahí aprendí mucho también.
 
—¿Quizá a no volver más?   

—Sí, claro. Lo que pasa es que la vida es muy compleja. Te aparecen cosas que no sabes cómo resolver y vas a prendiendo poco a poco. Mi vida fue bastante ajetreada. Me pasaron cosas para las que no estaba preparado. El éxito, en ese sentido, puede ser tremendo. Estar expuesto es difícil.
 
—¿Le desbordó alguna vez?   

—No, pero sí que me empezó a incomodar que la gente me parase por la calle, que en vez de ser una persona de vez en cuando fuesen muchos. No me gusta nada la fama. En mi caso es necesaria para vivir de la música, pero si la puedes manejar y controlar mejor. En América, sin embargo, vi que nadie me hacía ni caso [risas]. Fue una gran cura de humildad. Yo lo recomiendo. A cualquier persona que tenga una situación cómoda o de poder le viene bien algo así.
 
—El lado negativo del disco viene con los fans desencantados.

—Eso es un clásico ya en mi carrera.

—¿No se acentuó más en este disco? Le vi en directo en el Festival do Norte y en el Noroeste Pop Rock. En los dos conciertos me dio la sensación de que se estaba produciendo un zigzag en el público. Como si hubiera uno que esperaba las canciones de Deluxe sin gustarle las nuevas.

—No puedes hacer nada. Todo depende de la gente. Imagínate que quisiera solucionarlo, es que no hay solución. Si tocas las de antes unos estarían descontentos y, si solo voy con las de ahora, lo mismo. Pero bueno, eso referido a ese público porque hay otro al que le da igual, que sigue mi evolución. Ese problema, por llamarlo de alguna manera, solo sucede cuando cambias y evolucionas. Es algo con lo que tienes que contar.

—Esto que le pasa a usted ahora le pasó a Los Planetas cuando empezaron con el flamenco o a Radio Futura cuando apelaron a lo latino. ¿Contaba con ello?

—Sí, te tienes que joder. Hay que asumir que, si quieres dar un paso adelante en lo artístico y que muchos te dirán “adelante” dándote una palmadita diciendote “chaval, eres muy valiente”, también vas a tener una parte negativa. Pues que tengas que renovar tu público, volver a tocar en un montón de sitios desde cero, que la gente te diga que ya no le molas, otros que te digan “yo pensé que no me molabas y ahora resultya que me gustas”, que también pasa. Pero claro, el que tiene un sonido muy claro de siempre, le gusta hacerlo siempre así y lleva tocándolo desde hace muchos años no tiene ese problema. Todo depende de cómo enfoques tu carrera.
 
—En el Noroeste Pop Rock hubo gente que abandonó su concierto. Yo escuché a un fan desencantado decir: «Parece Juan Luis Guerra». ¿Qué le parece?   

—Pues a mí me encanta Juan Luis Guerra, me lo pongo en casa y lo vi en directo. 

—Vaya, que a lo mejor pasa lo que ocurría con Carlos Berlanga en la época de Dinarama. Le decían que los temas de Dinarama se parecía a Pimpinela y él lo tomaba como un piropo. 

—Claro, es un poco lo mismo. Yo creo que la gente me está empezando a descubrir. Dicen «Parece Juan Luis Guerra». Sí, ¿y qué? «Ah, es que le mola». Se descolocan. Pero es que a mí me gusta lo popular, de siempre. 

—¿Cuáles son sus primeros recuerdos asociados a la música que tiene?   

—Sobre todo los cantautores, en el coche de mis padres. Eso es lo primero que le viene a la cabeza.

—¿No le fascinó Mecano?   

—Sí, yo era fan de Mecano pero de tener sus discos. También de Hombres G, El Último de la Fila, The Beatles… cosas que llegaban a casa por casualidad. Siempre pop, siempre fui de canción, no se me dio por escuchar jazz. Yo escuchaba de todo. Con el vídeo Beta que había en casa grababa los programas de la música que había en la tele. Me daba igual que saliese Marta Sánchez que Julio Iglesias. Luego, en la adolescencia, empecé a tener prejuicios, con la cosa de identificarte con movimientos. Por suerte, al meterme en la movida mod tuve un espectro musical muy importante. Porque dentro de que es algo muy estructurado y cerrado, también es muy abierto. Dentro de sus fronteras reúne un montón de música. Para un chaval de 15 años eso chega dabondo. Soul, pop, modern-jazz, etc… Pero si voy al pasado pasado, creo que las primeras influencias vienen de mi viejo cantando y de mi abuelo, Florencio López Fernández. Cantaba mucho y es una referencia de folclore en Galicia. Luego está mi padre, que canta muy bien y cantó siempre música de todo tipo. En mi casa se escuchó siempre mucho folclore, de Latinoamérica y Galicia especialmente. La colección de discos de mis padres comprendía eso que se llama world music. Eso es lo que sonaba, aunque yo renegase durante un tiempo de ello [risas].
 
—Me llama la atención lo que dice de los prejuicios. Parece que como si todos los que estamos más o menos metidos en la música hubiésemos gastando muchas energías en una etapa de nuestra vida en pos de construir una especie de criterio musical. Y que ahora, sin embargo, nos demos cuenta de que ello que no sirve para nada.

—Estoy totalmente de acuerdo con eso.
 
—¿Está usted en esa fase de reivindicar la libertad total diciendo aquí, en una entrevista, que le gustan los Hombres G?

—Es que, de hecho, me gustan. ¿Qué pasa? ¿Soy culpable de algo por ello? Es curioso. Nunca lo había pensado tan esquemático como lo dices, pero es así. A una edad adquieres una serie de prejuicios para instalarte socialmente diciendo “Yo soy esto”, por una cuestión de identidad. Y luego, por lo menos en mi caso, te pasas toda tu vida quintando capas y quitando capas para volver a eso que decían los tropicalistas, la libertad infantil. Es curioso.

—¿Quiso ser siempre músico?
   
—Creo que sí. De niño, muy niño, no. Seguro que si me preguntabas diría que policía, detective privado, bombero o algo así. Pero luego, ya en el colegio, en el Eusebio da Guarda, aprendí a tocar la guitarra. A los tres días estaba haciendo canciones. Estaba claro que tenía esa necesidad. Me evadía, me hacía sentir bien. Pasaba horas y horas tocando en la habitación de una forma obsesiva. La verdad es que yo, si ahora veo a un niño así, le preguntaría: «¿Estás bien?» [risas]. 

—Vamos, que era el niño raro de la clase, ¿no?

—Sí, aunque mi hermano también es medio freak. Yo me pasaba horas tocando la guitarra española. Era como una especia de mantra. No sabía a qué respondía, pero había algo que pedía viajar, evadirse o comunicarse.

—¿Y cuándo vio que podía ser un músico profesional? 

—No lo veía. La verdad es que parecía un sueño imposible. Yo era un chaval de provincias, como dicen en Madrid. ¿Qué referentes podía tener? Como mucho Los Flechazos, de León. O Kozmic Muffin, que hacían alguna gira por Galicia y un concierto aislado en Barcelona, pero que eso no daba para vivir de la música. Esa idea era inalcanzable aunque a lo mejor, de manera inconsciente, yo seguía ahí poniendo fichas. Pero de entrada yo había renunciado a ello por completo.

—Eso en cierto modo era lógico en su periplo en bandas de orientación sixties. ¿Con Deluxe pensaba lo mismo?

— Cuando saqué Not What You Had Thought, el debut de Deluxe, lo hice con esa perspectiva: no había salida. Me habían ofrecido hacerlo y lo hice sin ninguna ambición en ese sentido. Pero lo empieza a poner Chema Rey en RNE-3 y empiezo a sentir una adrenalina tremenda. Estudiaba Turismo en Salamanca, dejé de ir a clase para escuchar la radio. Me empieza a entrar un subidón constante. Me preguntaba: ¿qué está pasando aquí? Luego me decían que iba a tocar en Benicassim y buff…

—¿Tocar en el FIB fue un punto de inflexión?

—Sí, yo creo que sí. La verdad es que hace tiempo que no recordaba aquellos días…

—¿Qué pasó con el primer disco de Deluxe que, en principio, lo tenía todo para no trascender del underground?

—Pues lo mismo que con Atlántico. No era un disco hecho para triunfar, pero ahora veo que estaba claro que en ese momento hacían falta cosas distintas en la música. Ese disco, a pesar de no tener nada de original, quizá aportada cosas en aquel contexto.

—Visto hoy en día no parece una ruptura muy grande, pero quizá en el 2001 sí que era romper con la música de revival que hacía con la Elephant Band.
 
 —Sí te sitúas en ese contexto sí que fue una ruptura. Hoy se puede ver como algo ridículo, pero entonces los fans de la Elephant no se lo tomaron bien.

—¿Todavía es el traidor de la causa mod? 

—Yo siempre seré un traidor para todo mi pasado musical. Sigo evolucionando. ¿Que ahora sueno a Juan Luis Guerra? Pues sí, lo siento, ¿qué voy a hacer? La gente dice que se debe a su público. Yo me debo solo al que quiera verme, no puedo hacer lo que la gente demanda.
 
—Entonces se hablaba mucho de Ocean Colour Scene, de The Smiths, de REM. Imagino que para usted era una música que estaba descubriendo con mucha excitación.

—Sí, yo venía de un rollo mucho más clásico y ahí tuve una época más ochentera y noventera. Todo el mundo tiene fases, lo que pasa es que a mí se me notaba mucho en la música.

—El disco gustó mucho. Había críticas entonces que decían cosas como «Morrissey mataría por una canción así». ¿Qué sentía ante esta exageraciones? 

—Mucha vergüenza, sinceramente. Eso es una faena. No puedes controlar lo que se escribe, pero luego es tu responsabilidad. La gente va a verte con la idea de “este que dicen que es la hostia” y luego ve que no es para tanto. se siente decepcionada, con razón.   

—¿Generó animadversión?

—Claro, pero es normal. Por eso hay que tener cuidado con lo que se escribe [se ríe señalando la libreta]. Porque si tú vas y dices «Es que a Morrissey ya le gustaría parecerse a este tipo». Luego va otro y dice «Esto es una mierda». Y no es que le parezca una mierda, sino que al lado de ese comentario no hay nada que hacer.

—En el segundo disco apareció «Que no» ¿Por qué cree que triunfó ese tema? 

—Por el estribillo y la letra. Yo creo que la gente necesitaba decir no, que es algo que en la vida normal cuesta mucho. Lo veía en la  gente en los conciertos. Le salía el «no» que no se atrevían a decir en su día a día. El que le tienes que decir a tu pareja, a un amigo, a tu jefe…
 
—Una vez estaba en una discoteca y sonó esa canción. De pronto llegó la policía y cortaron el tema de cuajo. La reacción de la gente fue ponerse a cantar a voz en grito. Era algo surrealista, la policía fuera pidiendo los papeles y dentro todo el mundo coreando su canción.

—¿Sí? ¿Venga ya? ¡Que guay!
 
—¿Vivió alguna vez algo así?

—No, pero ¡qué bonito! Una vez que haces la canción, el poder luego se lo da la gente. Tú la hiciste, pero luego la gente  genera ese tipo de situaciones y le da ese tipo de fuerza.

—El éxito tuvo una segunda parte. Pronto se le puso como un ejemplo de lo que no debería ser el «indie». ¿Cómo lo vivió?
 
—Yo solo sabía una cosa: como músico no podía ser elitista por una cuestión casi de pensamiento político. Yo no puedo pensar que mi música solo puede llegar a un sector del público. Son cosas que no me entran, aunque claro que me las planteaba y  tenía dudas sobre si debería hacer esto o lo otro. Es muy difícil, pero si de algo estoy satisfecho es de no haberle puesto trabas a la exposición de mi música. Otra cosa es cómo lo haya hecho, si me puse a hacer anuncios para Trinaranjus, que no los hice. Creo que el paso a ese otro público general era algo que estaba pasando en el país. Hoy en día, ¿quién tiene más gente Benicássim o el MTV Day? Creo que, en ese sentido, me tocó ser un poco la cabeza de turco. A mí y a algunos más.

 —En especial sobre el pop independiente español de la revista Rockdelux, Roberto Nicieza de Astro ponía en un extremo a usted y en el otro a Nacho Vegas. Daba a entender que él era el auténtico y usted el maleable comercialmente.

—Nacho Vegas vende más que yo y ahí está su trascendencia. De todos modos, yo creo que se le da mucha importancia a esas cosas y, de verdad, pienso que no la tienen.

—O se le daba. Todo el mundo ha crecido mucho: lo músicos, la gente que está en las revistas, el público,… todos.

—Sí, eso se nota mucho. El otro día en los premios UFI se notaba mucho. Canas, algunos ya calvas [risas]. Es como, bueno, ya no estamos con esas cosas. En ese momento era como una necesidad de identificarse con algo, de tener muy claro lo que era sí y lo que era no. Llegan un momento que dices “Venga, ya está, vamos a tomar una caña”. Eso trascendió, por suerte.
 
—Luego llegó los «Jóvenes mueren antes de tiempo», su peor álbum.

—Eso fue una bajada para mí.

—Sin embargo existía una gran expectación y fue muy promocionado, incluso saliendo en telediarios. En Mushroom Pillow, su sello de entonces, dicen hoy que no debería haber salido nunca. ¿Qué piensa? 

—Entiendo que puedan decirlo ahora, pero entonces sí que lo querían editar y le gustaba. Yo creo que fue un momento en el que yo estaba en una transición respecto al modo de entender la música y coincidió que lo hice de manera pública. Pienso que, salvo cuatro o cinco temas, no tiene la suficiente calidad. Pero también creo que, de alguna manera, lo hice a propósito. Sentía la sensación de «¡Vamos a triunfar!» pero no mía, sino de mi entorno. Recuerdo un comentario de El Diablo, que era la que coeditaba el disco: «Bueno qué, ¿doce Que nos?». Así tal cual te lo digo, en una fiesta.  Y eso te queda ahí y tú, por dentro, pensabas: «Pues a lo mejor no vamos a tener ni un puto Que no». Aparte que yo, en ese sentido, soy un poco rabudo. Por eso creo que hice un disco que no tuvo mucho éxito porque, en parte, era el momento de poner tierra por medio. En ese momento un disco como doce Que nos me hubiera llevado a tener un éxito que me hubiera hecho más infeliz. Y cuando digo éxito, lo digo en el sentido de lo que la sociedad actual entiende eso.

—En su día, al escucharlo, me dio la sensación de que pretendía decir algo grande en él, pero que no encontró de ningún modo la manera de decirlo.

—Yo estaba probando. Era mi primer disco en castellano y se me quedó un poco grande. No estaba preparado para enfrentarme a un disco de trece temas.

—Luego estaba ese título tan solemne.

—Algo épico ¿no? La verdad es que es mi disco que menos me gusta. Aprendí mucho. Me dieron mucha caña con él. Fue duro, pero a la vez sano porque también asumes que, cuando te expones, te van a caer de todos los colores.
 
—Hubo críticas durísimas ¿Le llegaron a afectar?   

—Buff, es que te vas acostumbrando. Si hacemos un repaso a mi carrera se ve que es algo que me ha pasado siempre. Si fuera de repente, que un día con 25 años hago un disco y me caen críticas, pues seguramente sería difícil. Pero, como ya desde pequeño había vivido el aplauso y la crítica, creo que lo fui encajando más o menos bien. Hoy en día las críticas ya no me afectan nada, pero en ese momento quizá sí que me importaban algo más. 

—¿Lee prensa musical?  

—No mucha, la verdad. 

—¿Cómo ve que en «Rockdelux» o «Ruta 66» usted prácticamente no exista y en «Rolling Stone» o «Mondo Sonoro» sea algo así como el gran genio del pop español? 
  
—Está todo muy segmentado. Yo, sinceramente, creo que ni tanto ni tan poco, que a lo mejor tengo más que aportar de lo que algunas revistas quieren pensar, al tiempo que no soy tan importante como me reflejan otras. Al margen de ello, creo que a las revistas no se les exige ese grado de autenticidad o coherencia que se le pide a los artistas. Muchas veces son muy corporativistas, se centran en un sector de mercado para ir a por determinada gente y no te meten porque no quedaría bien ahí. Creo que ni siquiera escuchan el disco y eso tiene algo de perverso. Es como en las discotecas en las que no puedes entrar con calcetines blancos. Tú le dices: «Oye, que tengo dinero, lo voy a gastar». Pero ellos te dicen que así son las normas. Pues entonces, que che dean voy a seguir llevando calcetines blancos. No sé hasta qué punto tienen la libertad que tenemos algunos. 

—Después de esto, termina en EMI. Entra con mala suerte porque al poco de ficharle despiden a un montón de personal, quedándose sin el apoyo que, en principio, iba a tener. ¿Cómo lo vivió?

—Yo necesitaba pasta para pagar mi carta de libertad, de la que no puedo hablar porque Mushroom Pillow lo pidió por contrato. Necesitaba bastante dinero. Me quedaba un disco y ni yo lo quería sacar con ellos ni ellos conmigo. Pero querían ganar dinero con mi salida. Era como un jugador de fútbol. ¿Quién podía pagarlo? Pues el menda lerenda la mitad y el resto EMI.
 
—Luego le pediría a ellos la misma carta de libertad.   

—Sí, contra la idea de algunos tienen del romanticismo de las compañías indie, en EMI me la regalaron cuando se la pedí hace tres años. Me quedaban dos discos y me la dieron.

—Esos discos que quedaban tenían que editarse a nombre de Deluxe. ¿Tuvo que ver eso con el cambio de nombre?

—No, eso fue por otras cosas. Yo me dirigí al sello y le plantee mi situación. Les dije que quería hacer las cosas a mi manera, trabajar por mi cuenta y ellos estaban en una situación mala. Salí de allí botando, en plan “Claro, es así como tienen que ser las cosas”. No había mal rollo, todo lo contrario: había un buen rollo que te cagas.

—¿Sintió ganas de dejarlo todo en esas situaciones? 

—Sí, te desencantas totalmente. Esa parte de los contratos es el lado más terrible. Todo fue con Los jóvenes mueren antes de tiempo, en el 2005. Aquel fue el peor año de mi carrera, pero al mismo tiempo fue un gran aprendizaje y me sirvió para fortalecerme. 

—Y que sigue recordando. En el Festival do Norte tocó «Los jóvenes mueren antes de tiempo», la canción. Alguno bueno salió de ahí para usted, ¿no?

—Sí, hay canciones que me siguen gustando y quizá estoy siendo un poco injusto. Tampoco fue para tanto.

—En honor a la verdad, cuando entrevisté a Marcos Collantes de Mushroom Pillow me dijo que, con el paso del tiempo, se vendió casi tanto como los anteriores.

—Hay gente a la que le gusta mucho. Y yo digo: «Lo siento, pero ahí no coincidimos» [risas]. A veces el propio autor no puede estar contento con algo que a la gente le gusta mucho. O al revés.

—En esa parte más industrial de la música, la gente que lo conoce desde el principio decía que usted destacaba por intentar siempre desechar el amateurismo y buscar el mayor grado de profesionalidad. ¿Se ve retratado?

—Es cierto. Siempre busqué músicos que tuvieran nivel, que el equipo fuera lo mejor posible, que el set que llevásemos preparado fuese muy pensado…

—También en la mentalidad empresarial. A mí me han contado que, de pequeño, llegó a dar conciertos en su casa cobrando entrada. ¿Es cierto?

—No, para nada. Eso es completamente falso. Sí que es cierto que una vez hicimos un concierto en casa. Mis padres no estaban y mi hermano hizo una fiesta. Yo toqué con mi banda en una habitación, con batería y todo. Pero sin entrada [risas].

—En la campaña electoral de las autonómicas gallegas del 2009 cedió su versión de “Quen puidera namorala” de Emilio Batallán al candidato del PSOE, Xosé Manuel Touriño. Dar estos pasos siempre resulta complicado en un país como España. ¿Qué le llevó a ello?

—En mi caso fue algo sutil, que no tuvo mucha trascedencia y casi mejor. Yo tengo una ideología que tiene que ver más con una idea de socialismo, pero es cierto que vincularse a un partido es muy complejo. A mí me pidieron eso como músico y lo hice, pero no haría eso de “vótenme a mí” o tal. Lo hice como un trabajo, no como un apoyo a un partido. Me lo pidieron y, en ese momento, yo comulgaba con una idea y me pareció interesante.

—Pues salió mal. Ganó el PP.

—Sí, salió fatal. No sé, es todo un tema aproximarse a un partido.

—En España resulta una apuesta suicida. Que le digan a Russian Red lo que es reconocer que es de derechas.

—Lo sé, mi cuñado es su manager. Aquello fue muy fuerte. Cada uno es libre de pensar lo que quiera, no creo que se deba hacer sangre con eso. Aunque sí que es verdad que cuando uno dice que es de izquierdas no pasa nada y luego va Russian Red, dice de derechas y se monta. Yo no soy de derechas, pero si lo fuese no vería nada malo en decirlo.

Fotos. Gustavo Rivas

Los 10 mejores discos nacionales del 2012

Jueves, Diciembre 27th, 2012

Por mucho que les pese, Los Punsetes son lo más parecido hoy en día a lo que fueron Los Planetas en los noventa. No por los parecidos musicales, sino por ese punto de banda indie generacional en la que un puñado de fans vuelcan muchas de sus emociones. Con su tercer álbum marcan un hito en su carrera, mostrando sólidamente sus múltiples caras en una grabación para el recuerdo. Cuando dentro de 20 o 30 años se apele a la música de este momento, Una montaña es una montaña tendrá que citarse obligatoriamente. Por todo ello, los madrileños ocupan el primer puesto de una lista con un agradable acento gallego. Sí, los sensacionales trabajos de Fantasmage, Xoel López, Franc3s, Srasrsra, Unicornibot y Telephones Rouges confirman lo que algunos venimos diciendo desde hace un lustro: que Galicia es uno de los más excitantes centros de producción musical a nivel nacional. Quizá el más importante. Otra cosa es que allá no lo puedan (o no lo quieran) ver.

1. LOS PUNSETES “Una montaña es una montaña” (Everlasting Records). Habría que ir hasta el De viaje de Los Planetas para encontrar una apertura tan efervescente en una disco de pop español como la que supone Alférez Provisional. En menos de 20 segundos el oyente, que se pregunta qué demonios le han hecho a la protagonista de la canción, está al servicio de la cima provisional de los madrileños. Con El Guincho a los mandos, el grupo saca punta a su desencanto urbano y treintañero para trenzar, uno tras otro, momentos tremendos. Con la misma soltura melódica de siempre, pero con una capacidad de impacto mucho mayor, los grandes temas y las mejores letras se suceden. Tráfico de órganos de Iglesia, Un corte limpio, Mis amigos y Los tecnócratas ya tienen sitio entre lo mejor de la música nacional de esta época. Versos como “He estado en situaciones inauditas / he visto mezclar cerveza con Licor 43”, hueco junto a “Perdón por la gente moderna /porque corro el peligro de verla y perder la razón”. Escucha el disco completo aquí.

2. FANTASMAGE “Fantasmage” (Discos Humeantes). En el 2009 un oscuro grupo vigués llamado Indómitos cosechó con su único elepé los elogios de unos pocos (2º disco del año para este blog) y la ignorancia de la gran mayoría. Ellos mismos tuvieron buena parte de la culpa: apenas hicieron nada por defenderlo en vivo. Disueltos, uno de sus integrantes, Daniel Nicolás, formó Fantasmage junto a Andrés Magán. Pasando de trío a dúo, entremezclaron punk-rock, garage de combate y letras con ecos de la serie b. Ello se plasmó en un fantástico debut que emite placenteras descargas guitarreras que, en directo, se convierten en verdadera locura. Por una vez el menos es más se revela como una verdad y no como la justificación de una limitación. Muchos lo pudieron comprobar en la fiesta del cuarto aniversario de este blog en una actuación memorable. La revista Rockdelux permite escuchar el disco en streaming aquí.

3. CUCHILLO “Encanto” (Limbo Starr). Aunque en el minielepé Duat(2010) los catalanes ya habían demostrado con éxito su tránsito al castellano, la primera aventura en formato grande de Cuchillo con su nuevo idioma se salda con nota. El trío ha sido vendido como una versión patria de Fleet Foxes, pero lo cierto es que suena como si Los Brincos se hubieran dado un baño de psicodelia-folk. Bonito hasta decir basta, Encanto es una de las joyas ocultas de este 2012. Un álbum que no pretende llamar la atención de nadie, pero que derrite el corazón de todo aquel que se acerque a él. Como el último sol de la tarde pegando en la cara en junio, Encanto resulta facilísimo de disfrutar pero complicadísimo de explicar ese mismo disfrute a quien no se haya acercado nunca a ellos. Escucha parte del disco aquí.

4. XOEL LÓPEZ “Atlántico” (Esmerarte). Primero fue el adelanto de Hombre de ninguna parte, una balsámica pieza que emitía contagiosas vibraciones positivas. Luego llegó Tierra. La ceja ya se arqueó totalmente. Si ahí no se encuentra la mejor canción escrita en castellano del año no le debe andar lejos (escúchala aquí). Y, más tarde, el álbum completo con varias maravillas. Por el viejo barrio, La boca del volcán o Desafinando amor son tres de ellas. Conclusión: el Xoel López que dejó atrás Deluxe poniendo un pie en América (y absorbiendo sus mil y una músicas) ha protagonizado la gran sorpresa del pop nacional de este 2012. Salvo alguna disfunción (Buenos Aires o Postal de Nueva York no llegan a cuajar del todo), Atlántico fluye precioso y preciso hasta llegar a El asaltante de estaciones. Un mano a mano entre The Who y Caetano Veloso, al que acuden también Os Mutantes y Carlos Santana, que dejan un final tremendo.

5. FRANC3S “Campanas de fuego rosa” (Limbo Starr). Para rizar el rizo de las comparaciones, el trío de Carballo se ha puesto a los mandos de Rodrigo Caamaño (Triángulo de Amor Bizarro) en un segundo disco que exprime al máximo su libro de estilo. La hipnosis, el ruido abrupto y las letras alucinadas se dan cita desde el primer momento, con el fabuloso single Apartamiento alquilado. Pero, además, en esta ocasión se vislumbran nuevos caminos, como los de esa placidez tan Yo La Tengo de Cables o el punto hasta bailable de Orden en la sala de profesoras. Para concluir, el grupo ha compuesto su Sister Ray particular. Trece minutos a piñón fijo bajo el título de Ritmo intestinal que prometen ser un cierre perfecto para sus directos. Entre ellos, el que darán en febrero dentro de Los conciertos de Retroalimentación. Escucha este disco aquí.

6. ARIES “La magia bruta” (B-Core). Otra delicia que ha pasado desapercibida. Ideal para poner justo a continuación del Encanto de Cuchillo, el proyecto de la ex Charades Isabel Fernández Reviriego apela a las soleadas piscodelias de Beach Boys, The Zombies u Os Mutantes. A partir de ahí logra un espléndido trabajo de pop con grandes melodías, imaginativos arreglos y unas deliciosos coros vaporosos que surgen de cuando en cuando. Todo ello servido en una portada preciosa que, en su versión en vinilo (con el disco transparente), resulta aún más bonita. Llamado a la intrascendencia en el país como España, La magia Bruta pide sin embargo oyentes cómplices. Y si todavía no lo conoces, tú puedes ser uno de ellos. Escucha el disco completo aquí.

7. HAVALINA “H” (Origami). Una trayectoria sin mucho estruendo y apoyada básicamente en el boca a boca como la de Havalina puede dejar al curioso boquiabierto en un contacto ocasional. Los conciertos de presentación de H, su trabajo del 2012, están siendo totalmente reveladores en ese sentido. El trío liderado por el excepcional guitarrista Manuel Cabezalí tiende un puente entre la oscuridad de The Cure y la garra stoner de Queens Of Stone Age y logra todo un rosario de puños cerrados, exhibiciones de air guitar de la audiencia y sudor, mucho sudor. Todo demuestra que existe un público que funciona al margen de los dictados de la prensa. El mismo que considera que en este álbum, que pide meterse dentro de sus meandros, descansan algunas de las mejores canciones del año.

8. SRRSRA “Puchao” (Discos Humeantes). Publicado in extremis, con el esperadísimo disco de debut del dúo coruñés llega el baño de frescor de la temporada. La historia ya es conocida: Zipo y Victor emiten pequeñas erupciones de punk-pop definidas como un cruce entre Lightning Bolt y Eskorbuto. Ninguna llega a los dos minutos y sus bolos apenas pasan los veinte. Pero entre fogonazos guitarreros y letras aparentemente banales pero efectivas logran que la locura se instale en la audiencia. Canciones como Comebolsas, Chica joven, Putos señora o Mojo desprenden algo que en Galicia no se recordaba desde los primeros días de Siniestro Total. Ahora toca el asalto a la Península. Escucha el disco completo aquí.

9. UNICORNIBOT “Dalle” (Matapadre). La banda de Pontevedra posee uno de los mejores directos que se pueden presenciar actualmente en España. Se pudo comprobar en su pase por Los conciertos de Retroalimentación que sirivió de presentación en A Coruña de este segundo disco que transita caminos similares a su primer paso. Totalmente instrumental se hace camino entre el post-hardcore y math rock, recoge ecos de Fugazi, Battles!, Shellac o Don Caballero y deja diez temas con títulos cachondos (Dalle que non mira, Julio Iglesias portero, Todos contra el fuego anal…) y energía a raudales. Pero, eso sí, todo ello no deja ser un complemento a lo que hacen en las tablas. Escucha el disco completo aquí.

10. TELEPHONES ROUGES “Disenso” (Matapadre / Mamma Vynila). El cuarteto de O Grove siempre tuvo un tono oscurete y ciertas reminiscencias del lado más sombrío de los ochenta en España. Todo ello se ha acentuado en un primer elepé cuyo acabado mate repelerá al curioso que, de entrada, no conecte con ello. Semeja que hubieran decido no gustarles a nadie más que a quienes tienen que gustar. Y punto. “É moi estranho ultimamente estou ailhado / máis non agardo que ninguén me faga caso” (“Es muy extraño últimamente estoy aislado / pero no espero que nadie me haga caso”) dicen en Eine Kugel, la abrupta pieza que cierra el disco como si de una declaración de principios se tratase. Llévenle la contraria y préstenle atención. El disco se lo merece. Escúchalo entero aquí.

¿Dónde estabas tú en la era grunge?

Sábado, Septiembre 24th, 2011

Nevermind, el segundo álbum de Nirvana y símbolo máximo de la era grunge, está de aniversario. Hoy hace 20 años que el mítico disco salió a la luz. Por ello ayer, en el suplemento Fugas de La Voz, le dedicamos dos páginas analizando qué supuso el disco, avanzando detalles de su inminente reedición y haciendo un somero repaso a lo que queda del grunge.

Aparte de ello se incluyeron las impresiones de varios músicos gallegos, que nos contaron a Rubén Ventureira y a mí cómo vivieron el fenómeno Nirvana y qué supuso en sus vidas. Por razones de espacio solo se han podía incluir unas líneas de cada uno. Analizando el bruto he creído conveniente hacer este post, abierto a ser completado con la experiencia personal del lector que desee contarnos sus recuerdos alrededor de Nevermind.

RODRIGO CAAMAÑO (Triángulo de Amor Bizarro): “Estaba cursando 1º o 2º de BUP tal, vez, y un amigo que solía pillar las novedades en cinta me hizo una copia ferro del Nevermind, y ese mismo día tiré el 90% de mis cintas, ya que cds no tenía. Para mÍ, como oyente casi profesional, creo que fue el momento más parecido a una revolución musical que viví en tiempo real. Todos oímos historias de lo que supusieron los Beatles, el rock and roll, el punk y demás, y Nirvana fue lo más parecido a eso para nuestra generación. De un día para otro, los Gun´s and Roses, Phil Collins, el AOR y el sleazy pasaron de ser lo más escuchado y  seguido del mundo a ser algo rancio y risible. Realmente fue de un día para otro. Recuerdo perfectamente la tarde en que escuché Nevermind, igual que recuerdo, un par de años más tarde, el día que por fin conseguí algo de My bloody Valentine. Lo que vino después, con el grunge y todo lo demás me parece explotación, pero Nirvana es sin duda el grupo que lo cambio todo, al menos para mÍ. No hacían nada espectacularmente nuevo, pero si reúnen en un solo grupo las cosas buenas de muchas bandas, y todo estaba en ese disco. Aún ahora, al contrario que muchos grupos de la época, me sigue sonando como el primer día, y aunque como disco prefiero el In Utero, lo que supuso el lanzamiento de Nevermind, toda esa ruidera al alcance de los adolescentes del mundo libre, no creo que pueda volver a ocurrir. Así que me siento afortunado de haberlo vivido en tiempo real”.

IVÁN FERREIRO (Los Piratas): “En su momento fue una maravilla, y sigue siéndolo. Es un disco histórico, y todo lo que había que decir sobre él ya se ha dicho, así que sonaría a topicazo que añadiese algo más. Pero yo en esa época, principios de los 90, estaba más pendiente de lo de aquí, enamorándome de la música española: Kiko Veneno y Échate un cantecito, Los Rodríguez, Antonio Vega, Los Planetas empezando… Me gustaba Nirvana, pero no era de los colgados de ellos. Como estos días se está hablando mucho de los 20 años de Nevermind te da como la sensación de que me perdí algo muy gordo, pero, ya te digo que yo, aunque los escuchaba, escuchaba más lo de aquí”.

ALBERTO MARTÍNEZ (Franc3s): “Antes de escuchar el Nevermind yo era un preadolescente carballés, que básicamente iba al colegio por la mañana y jugaba al fútbol por la tarde para poder relacionarme (aunque en realidad ni me gustaba mucho el fútbol ni tampoco relacionarme), y que probablemente seguiría haciéndolo mucho más tiempo si mi hermana no tuviera cinco años más que yo y no trajera un día a casa una cinta de noventa con el disco de Nirvana grabado a medias con uno de Rem, pocos días antes de salir el In Utero. Recuerdo que a ella no le gustó mucho, pero a mí, que hasta ese momento no había sentido nada por la música, me cambió completamente; dejé melena, me negué a ir a misa los domingos… y lo más importante: me descubrió un mundo oculto, del que ya nunca pude salir”.

XOEL LÓPEZ (Deluxe): “Recuerdo que tenía amigos que hablaban del grunge y me pasaban cosas, pero yo estaba muy metido entonces en la música negra de los sesenta y setenta. Digamos que viví esa tendencia desde fuera. En todo caso es un grupo que respeto”.

JULIÁN HERNÁNDEZ (Siniestro Total): “Para mí Nevermind es un buen disco, aunque me gusta más In Utero. Creo que lo de Nevermind fue una operación de marketing genial. Recuerdo que Madrid en su día estaba empapelado con el bebé flotando de marras. Al respecto de ello, Jello Biafra tiene una teoría de que lo de Nirvana fue una maniobra política. Sostiene que en EE.UU. no interesaba eso de que Public Enemy fuese una referencia para la juventud, porque era un grupo revolucionario, cargado de mensaje político, y era lo que atraía entonces (hasta el niño de Terminator 2 lleva una camiseta de Public Enemy). Sin embargo, el mensaje de Nirvana no era político: era estoy triste, me quedo en mi casa y, al final, me pego un tiro.”

GONZALO ABALO (Nadadora): “Eu tiña 16 anos e me debatía entre o descubremento de grupos como Pixies, MBV e Sonic Youth, que representaban algo extraño e fascinante, unha especie de segredo co que podías identificarte e sentirte distinto a o resto, e Nirvana, e en xeral a explosión do grunge (senón me equivoco o Ten de Pearl Jam tamén foi de ese ano), que facían alcanzable sons ata o momento inalcanzables sen sentirte raro, cousa que axudaba para acercarte ás tías. Algo realmente importante naquela época. Sendo adolescente, deixei de lado a Nirvana (recordo, por certo, que foi un dos primeiros CD´s que se comprou a miña irmá), pero un ano máis tarde descubrín o Siamese Dream, e aí sí que cambiaron algunhas cousas. Para empezar, montei a miña primeira banda “Bix-onic Expandora” a imaxe e semallanza de SP. Supoño que a difernza para min é que hoxe sigo escoitando a Pixies, SY e MBV, e sorrio cando escoito a Nirvana nalgún local, pero non me poño os seus discos. Tampouco os de Smashing Pumpkins”.

ELBA FERNÁNDEZ (Jane Joyd): “Nirvana para mí fue la razón por la cual empecé a tocar la guitarra, fue una de esas bandas que van marcando cada etapa vital. Curiosamente lo primero que escuché de Nirvana fue In Utero y luego Nevermind, en esas TDK que pasaban de unas manos a otras. Mi obsesión hizo el resto, interesándome por esas grabaciones inéditas o de directos…tenía que conformarme con eso, Kurt Cobain murió cuando yo tenía 12 años y fue dos años más tarde cuando descubrí su música”.

EDGAR NO (Combo Dinamo): “Me gustaban las canciones y sus singles, y recuerdo bailarlos en la discoteca a pogos. Pero tampoco era muy fan, simplemente me gustaban sin fliparme. Recuerdo que el bajo de Smells Like Teen Spirit me sonaba a los Pixies. Después ví que Kurt Cobain decía que le gustaban mogollón y tal, pero tampoco es que fuera yo un súper fan del tema. A mí me gustaba el rollo Led Zeppelin, MC5 y, como Nirvana eran cañeros, me molaban, porque veías que era un grupo de verdad, no algo de juja, pero tampoco no era algo que le flipara especialmente”.  

CHARLY DOMÍNGUEZ (Los Suaves): “En principio, cuando lo compré me llamó mucho la atención la portada. Hurgando en las tiendas de discos lo encontré y pedí ponerlo. Escuché, el primero, el tercero, el ultimo y tal y me encantó. Me lo llevé a casa y hoy en día lo tengo como un clásico en mi discoteca. Después me aburrí. Todo el mundo lo ponía, hasta casi terminan en el canal clásico de Radio 3. Todo Dios los conocía, a todos Dios le parecían una maravilla y fue todo un exceso. Lo tengo castigado hasta que lo ponga en el programa que tengo en la Radio Galega. Todos los últimos viernes de cada mes desgroso un disco clásico. Entonces volveré a recuperarlo cuando lo toque. Evidentemente no lo voy a hacer ahora, con el veinte aniversario, sino que esperaré”.

SILVIA SUPERSTAR (The Killer Babies): “Yo descubrí a Nirvana en La Iguana Club en Vigo. Pincharon la canción Smells Like Teen Spirit y fui corriendo a la cabina a preguntarle al pinchadiscos qué era aquello porque me sorprendió y me gustó mucho. Me dijo que eran Nirvana y pensé que era un nombre horrible para un grupo, lo recuerdo perfectamente. Luego ya, fue el bum, despuntaron mogollón y,claro, para la gente que les gustaba al principio decían que se había vuelto muy comercial. Eso a mí me parece absurdo, porque cuando un grupo hace algo así no busca la comercialidad y si realmente despunta tanto es porque hay un montón de gente a la que le gusta eso. Para mí fue un gran descubrimiento y, aunque no me influyeran en el tipo de música que yo hacía, sí que creo que hicieron una aportación muy importante en el mundo de la música”.

NACHO MORA (ex Meu): “Recuerdo perfectamente el día que me pasaron la cinta regrabada con el Nevermind de Nirvana (aún la coservo, of course) en una cafetería de la rúa Padre Feijoo donde los cubatas estaban a 300 pesetas, una ganga en el momento oiga! ahora hay una cervecería tope cool. Qué emoción la que compartíamos todos, con 16/17 años, hablando del grupo, del disco, del video… de las pintas, los pelos, la actitud…Por entonces mi top musical eran los Beatles, los Ramones, Elvis… y lo que me gustaba del momento era R.E.M o U2, pero el Achtung Baby! me pareció una mierda, y llegó Nevermind, escuchando una Radio3 que poco se parece a la actual, para rescatar a los jovenes de unos ya repudiados Guns´n´Roses. ¿Qué sonaba Smell like teen… en un garito? Pogo! Muchos rubios y con pelo entonces, a día de hoy podrían ruborizarse reconociendo que tuvieron su momento Cobain, servidor entre ellos. Menos mal que Nirvana se volvió masivo y llegó mi época mod, qué hubiera sido de mi?! Veinte años después lo escucho cómodamente en el Spotify, y sí, me sigo acordando hasta de las lineas de bajo…neno!”.

Más política pop (*)

Viernes, Febrero 20th, 2009

(*) al respecto véase este post

No deja de sorprender los vericuetos por los que puede llegar a transitar una canción. De pronto, una pieza pop se edita y, a partir de ahí, puede surgir en mil y un lugares inesperados que nada tiene que ver con la ubicación original que le da el fan.¿Alguien esperaba alguna vez escuchar Debaser de los Pixies en el hilo musical de la estación de autobuses? ¿Y el No Surprises de Radiohead en un anuncio de gas natural? ¿Y Disorder de Joy Division en Pull & Bear? ¿Y que me dicen deI’m The Resurection de los Stone Roses como canción de bienvenida a un banquete nupcial? Pues sí, estas opciones han sucedido, como seguramente conozcan ustedes casos igual de bizarros. Pero también hay otros destinos. Más inesperados, si cabe.

El pasado domingo los socialistas coruñeses vivieron su particular highlight de campaña en la carrera hacia las próximas elecciones gallegas del 1 de marzo. Jose Luis Rodríguez Zapatero acudía al Palacio de los Deportes de A Coruña en olor de multitudes. Su mitin constituía la atracción estrella. Y, como todos los mítines, no dejó de tener un punto entre kitch y pop. En este caso incluso más. Intentando trasladar el concepto de Barack Obama a España (un paralelismo que, subliminalmente, muchos medios realizan) el socialismo ha apostado definitivamente por los ganchos musicales para epatar con su audiencia más joven.

Ya quedó claro con la elección de la sintonía oficial de la campaña, una versión de Quen pudiera namorala a cargo de Xoel López (Deluxe). Se trata de una canción insólita dentro del pop hecho en Galicia grabada por el cantautor Emilio Batallán sobre la base de un poema de Alvaro Cunqueiro y que,incluso, ya contó hasta con una versión en clave de pop electrónico a cargo de Marta Sánchez. Esta recuperó su brillo con la afortunada lectura de un Xoel que, con este gesto, se ha ganado no pocas críticas. Mientras algunos ya lo han bautizado como el “Juan Pardo del PSOE” aludiendo a aquel Xuntos que amenizó al PP durante años, lo cierto es que su Quen pudiera namorala se ha convertido en un pequeño himno dentro de esos miembros de las juventudes socialistas que se sitúan con su entusiasmo tras los oradores en los mítines.

Estos merecen una mención especial, ya que, en ese aspecto, la política ha pegado un giro radical. Un poco al modo U2, se acabó eso de la tribuna separaba del público al modo clásico. Ahora se lleva la “integración del político en la masa”, con los seguidores más fieles y sus banderas como fondo. Como la hinchada futbolística, son los encargados de gritar las consignas (“!ista,ista ista, Coruña es socialista!) y arrancar los aplausos en medio de los discursos para que estos se contagien. Solo falta que un día Zapatero saque a una persona del público a que hable. Haría ya el símil definitivo con aquel Bono que siempre dejaba que una persona del público subiera al escenario a darse un bailecito con él.

Pero el uso de las claves del pop en los mítines del PSOE va mucho más allá. Tanto en los prolegómenos de la reunión del domingo, como durante las intervenciones de los líderes, desfilaron diferentes canciones que parecían sintonías publicitarias calculadas al milímetro. Antes de empezar, se pudo escuchar una pieza panchaguera y otra de dance de extrarradio, así como fragmentos de lo que vendría luego, con la llegada de los oradores. La primera fue el Quen pudiera namorada, que antecedió al alcalde coruñés, Javier Losada; luego llegó el Mercy de Duffy justo antes de empezar Mar Barcón, la secretaria de organización gallega; posteriormente el Alrightde Supergrass sucedió al presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño; y enlazando a este con Jose Luis Rodríguez Zapatero el Que el tiempo no te cambie de Tequila y –¡vaya!- Viva la Vida de Coldplay, para muchos el tema del año. Si se fijan, una canción habla de amor, otra de piedad, otra de juventud, otra de principios y, bueno, la de Coldplay, habiamos quedado en que se refería a Israel, ¿no?.

Zapatero y Touriño buscando la eterna juventud a golpe de Supergrass

Entremedias, un trío de gospel revisó en directo el mencionado Quen pudiera namorala de Deluxe y, bueno, al final a alguno se le iluminó algún que otro interrogante. ¿Sabrán Coldplay, Duffy o Supergrass el uso que están teniendo sus canciones en esta campaña? ¿Aprobarían que quedase en ellas para siempre el cuño socialista como pasará con Tequila o Deluxe? Ya rizando el rizo: ¿Y si a Coldplay le parece bien que usen el Viva la vida pero a Joey Satriani no?

Dos caras del pop en Galicia: lo underground y lo institucionalizado

Viernes, Enero 23rd, 2009

Dos noticias publicadas hoy en La Voz que bien podrían ser la cara y la cruz:

Cuatro ruidosos grupos gallegos se han colado entre los semifinalistas del concurso de maquetas del Festival de Benicasim.

-Xoel López (Deluxe) se abraza públicamente al PSOE.

(Al margen de ello, un par de noticias. Por un lado, Françoise Breut tocará en A Coruña en marzo. Por otra, la visita de Wilco a Santiago en junio, con entradas ya a la venta -y, ojo, que se van a agotar en un abrir y cerrar de ojos-. A todas ellas hay que sumar el Vangardas Sonoras que destapará su cartel a lo largo de esta semana)