La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Entradas etiquetadas como ‘Twist and Shout’

Ira, !queremos electricidad!

Miércoles, marzo 17th, 2010

Yo La Tengo
Sala Capitol, Santiago, 16-3-10

Cada cual tiene una imagen instantánea de un grupo, esa que en cuestión de segundos encierra la esencia de una banda. En cuanto escuchamos el nombre de Pixies pensamos en Frank Black desgallitándose en Debaser. Si son Los Planetas, pues elaborando el estribillo eufórico y ruidista de De viaje. Y Franz Ferdinand a la mínima los ubicamos trotando en los acordes post-punk de Take Me Out con una sonrisa. Todos ellos encierran algo más, en algunos casos mucho más. Pero el flash inicial nos lleva a ese punto-resumen. Quizá porque en el fondo ahí está lo que más nos gusta, lo que apreciamos de esas bandas, lo que convierte a uno en fan.

En el caso de Yo La Tengo muchos enloquecimos en los noventa debido a esa velvetiana manera suya de combinar lo frágil y lo agresivo con estallidos de electricidad. Buscamos instintivamente las orgías guitarreras de la banda cuando nos acercamos a ellos. Esto explica que cuando en la sala Capitol Ira Kaplan dejó la guitarra acústica y marcó el riff de Out Of The Window fue como volver a poner el cronómetro a cero y empezar de nuevo el concierto a lomos del espíritu de The Dream Syndicate. Lo de antes había sido un espléndido paseo por todo el catálogo estilístico que la banda ha ido recorriendo en todos estos años. Explorando las dobleces de su nuevo disco, Popular Songs, desde el pop aterciopelado de All Your Secrets a las inmersiones psicodélicas de una Here To Fall que ganó en directo. Y echándose atrás en el tiempo, desde las piezas más atmosféricas como la inaugural Decora a las revisiones de clásicos inmarchitables como Tom Courtenay en clave acústica. Sí, todo muy bonito, perfectamente ejecutado y en su sitio, pero ¿y la electricidad qué? ¿dónde estaba?

yo-la-tengo-santiago1
Llegó, lo dicho, con Out Of Window. Ya habían dado un pequeño aviso con Shaker, pero se quedó como un islote en medio de tanta contención. Había transcurrido una hora de directo sin terremotos ni sacudidas. E inconscientemente casi todos cruzamos los dedos para no retornar a los tecladitos, las acústicas y la voces tenues. Queríamos vatios, arrebato y erupciones de electricidad. Ver a Ira encogido en su guitarra extrayendo chispas, mientras sus compañeros lo llevan al infinito. Le siguió Nothing To Hide, esa pieza medio surfera de su nuevo disco, y, sin descanso, una oportuna recuperación de Little Honda fabulosamente bañada de ruido. Y, cuando, la cosa llegó a I Heard You Looking directamente se abrió un agujero gigante en el techo de la sala por el que muchos ascendieron a un estado nada terrenal. Diez minutos y pico de épica noise que bien valen una entrada, un viaje, unas ojeras al día siguiente en el trabajo y lo que sea.

De pronto en la platea del Capitol se pudo ver una sucesión de puños cerrados, manos haciendo air-guitar, gestos de placer, aplausos espontáneos, gritos, brazos en alto… Todo intentando dar forma física al placer aural que proporcionaba un grupo que sonaba a las mil maravillas, alargando la tensión de la pieza al infinito. Solo un pelín más de volumen la hubiera mejorado.

Luego llegaron unos bises desalabazados, en los que tocaron desde una suerte de Twist and Shout olvidable a una versión del You Are A Sunshine Of My Life de Stevie Wonder dedicada a su road manager que ayer cumplía años. Pese la simpatía y el buen rollito, sonaron totalmente intrascendentes teniendo en cuenta lo que les precedió. El problema fue que lo que les siguió tampoco fue para tirar cohetes y la noche se cerró, un tanto desangelada, con By The Time It Gets Dark, una pieza acústica que apagó a una audiencia que aceptó el fin del concierto sin pedir el tercer bis que merecía la ocasión: subiendo el volumen y dejándose caer por el tobogán abrupto media horita más. Porque, ojo, nadie pone en duda que haya sido una gran concierto, pero la sensación final es que, en diferentes proporciones, faltaron dos cosas: volumen y electricidad. ¿O no?

Foto: Sierjo

Springsteen desafía a la lógica de la edad

Martes, agosto 4th, 2009

Bruce Springsteen
Santiago, Auditorio del Monte do Gozo, 2-8-2009

Las imágenes que se pudieron ver hace unas semanas en TV2 del concierto de Bruce Springsteen en Glastonbury activaron la señal de alerta. Parecían dar la razón a aquellos que sostienen que el Boss enfila su cuesta abajo. La voz flojeaba por momentos, el cansancio se mostraba sin disfraz y las canciones, en ocasiones, se levantaban más con carisma que con esa energía que, de siempre, caracterizó los directos de Springsteen. Mientras la televisión escupía aquel The River a medio gas se podía pensar que la normalidad había llegado al mundo del Boss con varios años de retraso. Y es que no se pueden acariciar los 60, con la vena hinchada y la ética de dar siempre los conciertos como si fuera el último y que todo salga como cuando se tenían treinta. La época de atleta roquero desafiando la lógica de la edad parecía haber tocado fin.

Pues no. Quién sabe si una gripe pasajera puso aquel día en siete el baremo de un nivel que, normalmente, es diez, pero aquello definitivamente fue un día aislado. En su comparecencia en Santiago, cuando, tras un arranque entre las melodías más pop de Badlands, Out In The Street y Hungry Heart, apeló al rock apabullante y metálico de la dupla formada por Adam Raised To Cain y Murder Incorporated evaporó en un instante todas las dudas que pudieran flotar en el ambiente: el músculo Springsteen expandía su poder ante un Monte Do Gozo totalmente entregado a su discurso.

En ese momento no importaban las penurias sufridas en los accesos gracias a una (des)organización que no merece más calificativo que el de lamentable (vean al respecto, los comentarios recogidos en La Voz). No, el Boss y sus colegas de la E Street Band estaban ahí, con toda su iconografía en funcionamiento, multiplicada hasta el infinito por unas
pantallas de vídeo que mezclaban la sensación de un directo con la de estar viendo un dvd. Pero lo mejor es que el sonido, impecable en todo momento, transmitía a una banda apoteósica y en plenitud de facultades repasando un repertorio irreprochable.

bruce-santiago1Sobresalió, de un modo especial, el lado épico. El primer aviso lo dio Outlaw Pete, la polémica pieza de su último trabajo a la que se acusó de parecerse demasiado a un tema de Kiss. Engalanada de los paisajes desérticos propuestos por el gran telón de video dispuesto a las espaldas de la banda, se hizo enorme en directo. El segundo gran disparo lo dio la mentada Murder Incorporated, desafiante, tensa, probablemente el mejor momento de una noche rebosante en grandes momentos. Y, ya en la recta final, The Rising, que se revalidó como un himno incontestable.

Ahí, Springsteen instaba a la respiración contenida, al puño cerrado y al «la, la, la, la, la, la, la» coral, emocionante y a voz en grito. Pero hubo más, mucho más. La Invocación al rock n´roll de Johnny 99, al espíritu plácido de Waiting for a Sunny Day y al folk de American Land. También, un puñado de versiones solicitadas por su camarilla de fans de las primeras filas (que a su manera, se podría decir que formaron parte del propio espectáculo) como Born To Be Wild de Steppenwolf o el Rockin’ All Over The World de John Fogerty.

Pero, especialmente, sonaron esas canciones que ya forman parte de la cultura popular occidental del último cuarto de siglo. Sí, Born To Run, que cerró la primera tanda del concierto; Glory Days, que surgió inesperada; y Dancing in The Dark que puso el Monte do Gozo patas arriba. De cualquier modo, la gran sorpresa llegó tras un populista medley entre Twist and Shout y La Bamba. Ahí, cuando todo indicaba que la cosa se terminaba, surgió como un fantasma Born in the USA, su canción más emblemática. Nadie contaba con ella: no se había tocado ni una sola vez en toda la gira.
Imagen de previsualización de YouTube

Quizá por ello, veteranos de la causa opinaban que Bruce dio el domingo uno de sus mejores conciertos en España en años. Tres horas y pico que, sea como sea, tienen ya plaza obligada entre los grandes conciertos celebrados en Galicia. Lo triste es que para muchos ese recuerdo será sustituido por otro: el de la frustración de haber pagado una entrada de más de 70 euros y no poder acceder al recinto. Una imagen totalmente impresentable que, además de la lógica reparación a los perjudicados, no deberia repetirse nunca más.

Más sobre el caos y sus responsables aquí

Fotografía: Álvaro Ballesteros

ojd