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The Who frente al mito mod

Lunes, diciembre 5th, 2011

En 1973, Pete Townshend, el guitarrista de The Who, decidió ponerle banda sonora a una de sus temáticas favoritas: el trauma adolescente. No lo hizo mediante canciones sueltas con sensaciones contradictorias como había hecho hasta entonces (desde la euforia de My Generation, a las dudas de The Kids Are Allright o la vulnerabilidad de I Can’t Explain), sino con una historia completa. El compositor le puso introducción, nudo y desenlace a todo el maremagnum psicológico de ese convulso período. El resultado quedaría plasmado en Quadrophenia, un doble álbum enmarcado dentro de las llamadas óperas rock cuya lustrosa reedición ha vuelto a colocar en las cubetas de novedades en varios formatos.

Cabe hacer una precisión inicial. Quadrophenia no es un disco mod, sino un disco sobre lo mod. Erróneamente se ha interpretado así en muchas ocasiones debido a su icónica portada y, sobre todo, a la película homónima posterior de 1979 inspirada en él. Se trata de un álbum que, con lenguaje de rock setentero en las antípodas de lo que se puede escuchar en una fiesta mod, narra una historia enmarcada en la época de esplendor de ese movimiento juvenil que sacudió Inglaterra de mediados de los sesenta y del que The Who fueron, entonces, uno de sus máximos símbolos.

Ahí, en medio de esos días de acción anfetamínica, peleas en Brighton, parkas militares, música negra y scooters repletas de espejos vive Jimmy Cooper, un jovenzuelo londinense de clase trabajadora que persigue su identidad en el estilo de vida modernista. Acaricia la plenitud con la yema de los dedos pero, luego, cuando ve como todo se le escurre entre los dedos (la novia lo traiciona, los otrora mods se venden al sistema, él se abandona a las drogas…) se siente frustrado, engañado y terriblemente vacío. Es ahí cuando se embarca en un viaje introspectivo para reconciliar sus múltiples personalidades hasta alcanzar la madurez, muriendo y renaciendo en su verdadero yo.

Para trenzar toda esta peripecia vital, la banda optó por registrar en el entonces novedoso sonido cuadrafónico unas canciones que, como permiten ver las demos ahora incluidas en la reedición, se redimensionaron en el estudio. Aguerrido en su interpretación vocal, monumental en sus arreglos de viento y con la explosividad habitual de la banda, Quadrophenia exprime al máximo esa cópula de guitarras y sintetizadores que The Who había patentado ya en Who’s Next (1971). El resultado sería un álbum enorme, que, sin embargo, dejó un poso amargo en el grupo: la incapacidad de trasladarlo al directo. Habían ido demasiado lejos. Tanto, que nunca volvieron a tocar la grandeza

Un disco que gana con el paso del tiempo

El paso del tiempo le ha sentado estupendamente bien a Quadrophenia. Aún sin el punch individual de los grandes temas del grupo, el bloque sonoro no solo se mantiene sólido, sino que sus detalles de época (los sintes espaciales, las baterías expansivas, los vientos de corte épico), lejos de sonar acartonados, le dotan de un encanto especial. Lo cierto es que la travesía que arranca con The Real Me y llega a la monumental Love Reign O’er Me se presenta en el 2011 como una poderosa exhibición de rock que reclama sitio en toda discoteca que presuma de rigor.

Para quien ya conozca el álbum, esta reedición contiene un apéndice tremendamente revelador: las maquetas del disco. Diez cortes en la edición deluxe y 25 en la superdeluxe permiten acercarse a las versiones primitivas de los temas del disco, mucho más suaves y sintéticas de lo que finalmente se editarían. Sin la garra guitarrera con la que siempre las hemos conocido, presentan jugosos matices como, por ejemplo, ese semifunk The Real Me. Además, permiten la posibilidad al oyente de descubrir grandes inéditos, como es el caso de Punk o I’ve Had Enough.

Imagen de previsualización de YouTube “Love Reign O’er Me” con un montaje de muchas de las imagenes del libreto interior del disco

The Who “Maximum R&B Live” -DVD- (Universal, 2009)

Jueves, mayo 21st, 2009

the-who“Éramos mucho mejores en directo que la mayoría de los grupos el momento. No hacíamos discos tan buenos como los Beatles, pero los habríamos superado con creces sobre un escenario”. Lo dice John Entwistle, el bajista de The Who, un tipo apocado y nada dado al exhibicionismo casi enfermizo de sus compañeros. Esas palabras se incluyen dentro de las entrevistas que enlazan las diferentes actuaciones recopiladas en Maximum R&B Live, un extenso documental sobre el grupo que ahonda en su directo. Es decir, en el poderío de una banda que, para muchos, ha sido la mejor formación de rock en vivo de la historia.

Originalmente editado en los años noventa en VHS, esta oportuna revisión digital lo dota de brío y sirve para resumir en tres horas la evolución de un grupo que el propio Pete Townshed califica, en su conclusión final, como “unos feos, ruidosos, arrogantes, intimidantes y desconsiderados gilipollas” que tuvieron éxito porque el público era igual que ellos. Todo arranca en los sesenta, con las que quizá sean sus mejores canciones y la energía bruta emergiendo de su frustración urbana. En el documental se recoge una apoteósica Anyway, Anyhow, Anywhere pasada de vueltas en 1965 en el marco de un festival de blues y jazz, el So Sad About Us en el Marquee londinense en plena era mod y también su posterior desembarco en la pre psicodelia en el Festival de Monterey con A Quick One.

Sin embargo, el directo del grupo alcanzaría sus mayores vuelos ya en los setenta, la época mejor documentada. Ello queda potente de inicio a fin. El Young Man Blues que interpretaron en el festival de la Isla de Wight es sencillamente demoledor, de los que solo admite comparaciones con monstruos del tipo Led Zeppelin o el Bowie de la era Spiders From Mars. Pero el resto de su legado en esta época, demuestra que, pese a la difícil convivencia del grupo (como ellos admiten y comentan sin ningún reparo a lo largo del documental) ya eran una maquina perfectamente engrasada que fabricaba rock para estadios. A ese respeto resulta particularmente brillante el Baba O’ Riley grabado en Kilbur en 1977 (y no incluido en la antigua versión). Como en todas las piezas anteriores, deja patente que, además de una gran banda, los componentes de The Who a nivel individual eran unos músicos excepcionales.

El DVD rescata también abundante material filmado tras la muerte de Keith Moon en 1978. Sustituido inicialmente por Kenny Jones, en esas tomas, pese a lo que pudiera parecer, existen momentos muy destacados filmados entre 1979 y 1982. No se puede decir lo mismo, sin embargo, de su reunión de 1989 con motivo del aniversario de la ópera rock Tommy. Se supone que con solo señalar que Pete Townshed cede su eléctrica a un músico mercenario y se pone a hacer molinillos con la acústica no hará falta ahondar más en ello.

Como señalábamos antes, esta revisión digital añade varios extras al original que se extienden a un concierto íntegro dentro del programa alemán Rockpalast grabado en 1981 y que responde a la perfección a lo que Townshed denomina un concierto en tres fases: un set de bienvenida con temas concidos (Substitute, I Can´t Explain…), un bloque con lo último que estaban haciendo y el final con las canciones más explosivas que van desde My Generarion a See Me, Feel Me. Pese a no ser la mejor época de la banda suenan como una auténtica bomba.

The Who y la elegancia

Lunes, abril 13th, 2009
Imagen de previsualización de YouTube

(Conversación de una pareja en la Fnac de A Coruña viendo en un proyector de la zona de televisores esta actuación de The Who incluida en el dvd Maximum r&b Live que acaba de salir)

-Chica: ¿Pero estos no son los que les gustaban tanto a los mods?

-Chico: Sí.

-Chica: Pues no sé en dónde tienen la elegancia, ¡porque vaya pintas!

-Chico: Bueno, este video es de una actuación de los setenta. Ahí ya no eran un grupo mod.

-Chica: ¡Ay! ¡El jerseicito ese! –se refiere a Roger Daltrey, sin poder contener la risa- Pero, !por dios! ¿Cómo se puede salir así?

-Chico: Bueno, Roger Daltrey nunca fue un derroche de elegancia. La verdad es que no sé por qué se les tomó como un icono en ese sentido. Tú los coges en el 65, que hay actuaciones y videos de esa época, y los comparas con los Stones, los Yardbirds o los Small Faces y lo cierto es que no había por dónde pillarlos ya entonces.

-Chica: ¿Y a ese qué le pasa? –lo dice por Pete Townshend, el guitarrista- ¿No puede pasarse quieto? Con la pandereta esa parece el de la tuna.

-Chico: Lo del molinillo, los saltitos y todo eso la verdad es que también es de coña. Ya va siendo hora de que alguien diga que eran bastante horteras, je, je, je.

Revisando a los primeros U2: “Boy”

Lunes, agosto 11th, 2008

Continúa la revisión de la obra de U2. Si en las Navidades pasadas fue el clásico The Joshua Tree (1987) quien se benefició de las labores de restauración, ahora le toca el turno a los tres primeros álbumes de la banda irlandesa, Boy (1980), October (1981) y War (1983). Reeditados hasta en tres formatos diferentes (cedé sencillo, vinilo y doble cedé), la opción deluxe en doble disco compacto es en lo menramente musical la más interesante, ya que además del disco original restaurado, incluye un segundo cedé con caras b de la época y cortes inéditos (todos ellos comentados por The Edge en las notas interiores).

Adormecidos en el subconsciente musical colectivo, la escucha de estos trabajos en el 2008 es harto reveladora en general pero, de todos ellas, la de Boy es la que mayores sorpresas deparará. Sin duda. El debut de los irlandeses de 1980, surge hoy como una joya absoluta, totalmente revalorizada por el tiempo. En él se presenta una talentosa banda que emplea la chispa eléctrica como catarsis a sus estados de confusión. “Un chico intenta ser un hombre / si se detiene a pensar, comienza a llorar”, dice I Will Follow. “Crepúsculo, perdí mi camino, no puedo encontrarlo”, se puede escuchar en Twilight. “Tengo el sentimiento de que todo está fuera de control”, canta Bono en Out of Control. En todas ellas late la misma sensación: la angustia de quien sale del caparazón de la pubertad y observa, completamente desorientado, la llegada del mundo de verdad inmerso en adictiva mezcla de drama, sentimentalismo y excitación.

Ello ocurre en un marco musical realmente prodigioso. Ya entonces, The Edge se revela como un músico extraordinario capaz de extender su huella en cada segundo de la grabación. Su guitarra, que tira tanto de Television como de The Who, pincha con aparente sencillez pero, al tiempo, deja una profunda onda de eco allá donde lo hace. La apariencia es engañosamente simple, pero la escucha atenta no hace si no revelar constantes sutilezas, ampliadas por la estupenda producción de Steve Lillywhite. Tanto en las canciones más eléctricas (I Will Follow, Stories For Boys), como en los medios tiempos (An Cat Dubh, Shadows and Tall Trees) y los pasajes de corte ambiental que adelantan su futuro (The Ocean, Into the Heart) el sonido parece el hilo narrativo de una historia de claroscuros por los que desfila el verbo desnudo y aún inocente de un Bono en ciernes, lejano a el líder musico-político en el que se convertiría después.

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Videoclip de I Will Follow

El cedé extra de inéditos hace mucho más apetitosa la adquisición. Inaugurado con una estupenda segunda versión de I Will Follow (con una mezcla mucho más efectista), incluye muchas de las canciones que se hicieron clásicas en la época, pese a su condición de single o cara b. Es el caso de 11 O´Clock Tick Tock, una rareza compositiva que continuaba el pulso de temas como An Cat Dubh, y Touch, ambas editadas en single y barnizadas con el sonido típico sonido post-punk que Martin Hannett patentó para Joy Division. Esa influencia es devastadora en U2-3, el primer sencillo del grupo que recoge primerizas grabaciones de Out Of Control, Stories From Boys</em y la estupenda Boy/Girl; y el siguiente Another Day (que contiene la primitiva Twilight ). Junto a varios temas en directo de la época, que trasmiten la efervescencia de la banda sobre las tablas, y sobrantes

Más de uno de los que profesan animadversión a U2, harían bien en acercarse por estos pagos y sorprenderse con el hallazgo. A los fieles, poco más se les puede contar a estas alturas. Seguro que el remozado Boy ya descansa en sus estanterías.

Kiko Veneno, el silencio y lo sagrado

Lunes, agosto 4th, 2008

La semana pasada, a propósito de la actuación de Kiko Veneno en A Coruña con del Noroeste Pop-Rock, hemos publicado en La Voz una entrevista previa con él. Una de las preguntas iba referida al hecho de que el cantautor le molesta el hecho de que la gente hable en los conciertos mientras toca. Se trata de una actitud cada vez más usual, que en ciudades como A Coruña a veces llega a niveles insoportables, dándose ahora incluso en los conciertos en teatros. Esta es la respuesta íntegra:

“Hay que mirar eso dentro del contexto de la devaluación de la música, porque la música se devalúa. ¿Por qué? Pues porque son ciclos históricos. Yo lo que veo es que hace unos años, cuando yo empecé, los aficionados a la música éramos un 1%, pero todos teníamos en casa altavoces de alta fidelidad de madera y discos que los limpiábamos con su esponjita. Ahora, aficionados a la música hay un 90%, pero que tengan esa esponjita y esos altavoces de madera queda el mismo 1%.

Últimamente las multinacionales de la cultura, de los refrescos y de la alimentación, que vienen a ser lo mismo, venden la música dentro de esta campaña de devaluación de sus valores culturales. La venden como la panacea de la juventud: que si el pelotazo, que te liberas de los riesgos, que te tomas dos pastillas y te pones ciego y escuchas la música de tu generación. Muy bien, esto ya lo hacían los Who, pero me da la impresión de que los que seguían a The Who estaban anfetamínicos perdidos allí en la película de Quadrophenia, con aquel ataque de pastillas verdes y azules, pero estaban siguiendo a la música con devoción. Hoy no, hoy la gente está a su bola, borrachos perdidos, no se enteran de ná, no distinguen una letra de Shakira de una de Melendi y de una de Bob Dylan, están ciegos, se lo pasan bien, mola tela, me ven a mí ahí “!Ah, Kiko, ah!” y yo lo agradezco porque son abrazos y cariño que me da la gente, pero la actitud no es la misma. Porque la gente va a vaciarse, a pasarlo bien, pero el papel artístico que tú juegas en toda esta historia, es muy relativo. Yo soy un tío conocido, la gente me da palmadas en la espalda, me grita, me quiere, yo los quiero a ellos también, pero hombre…

El punto de referencia es el festival de Woodstock. El tercer día se ve a Jimi Hendrix tocando al amanecer. Había allí 300.000 personas y la gente mandaba callar. !A ver si encuentras a alguien hablando ahí! Y había un equipo de 20.000 watios. ¡Con ese equipo ninguna orquesta gallega tocaría hoy en ningún pueblo! Y ahí estaba la gente, bajando el tripi de pie y estaban flipando escuchando a Jimi Hendrix, que no querían perderse ni una nota de aquello. Esas notas yo las escuché en su día y todavía me alimentan, me dan fuerzas para vivir, me dan fuerzas para comprender a los demás, me dan fuerzas para sentir la fuerza de la música. Entonces, yo quiero eso tío, yo quiero cosas sagradas, cosas gordas, como las vacas indias. No quiero pamplinas que las escuchas por la radio y te entran por el mismo oído del que salen”.

Dos tópicos del rock con desigual salud: el concierto tributo y la feria del disco

Lunes, junio 23rd, 2008

Concierto tributo a Dylan con músicos gallegos en A Coruña, Pub Joana’s Place. Sábado. Lleno

“La versión del Blowin’ in the Wind del 75, esa así que mola”. Tipos con sombrero. Gafas de sol dentro del local. Sudor. “Un aplauso para Joana, por tener un local así, que faltan muchos en la ciudad. Necesitamos más blues y menos Melendi”. Dylan es reinterpretado en clave blues ¡con flauta travesera! por Javier Prado, el chico de los Moondogs Blues Party. También a trío acústico, con Zapa, Graham Summer y Luis Moro, que más bien parecían la versión encogida de Crosby, Still, Nash & Young. “¿Nos vemos en Vigo, no?”, era la pregunta. The Ballad of the Thin Man resuena con una interesante versión acústica. !Qué más da! Hacer una crítica de un concierto tributo así es como hacer una crítica de una fiesta de cumpleaños. Eso, fiesta. “!Falta solo una semana para ver a Dios!”. Saludos desde el escenario. Guiños. Desde el público se llama a los músicos por el nombre. Y es que no hay escenario, se toca a ras de suelo. Carlos Childe, camarero del local se une. Tocan She Belongs To Me con maneras de blues clásico. Móviles disparan fotos. Corre la cerveza. Se invoca incluso el Dylan maldito de los 80. Solo los muy metidos reconocen el tema. Suena luego Hurricane. El cantante y el bajista de los Highlights, el grupo tributo que cierra la noche, cantando por el mismo micro. Abajo, en los pies de ambos: zapatos blancos puntiagudos versus botas de rockero. Magín Blanco, más pop con su preciosa rickembacker, se suma a la fiesta para Knockin´on Heaven´s Door . “Espero que no la conozcáis por los Guns n´Roses”. Muchas calvas. Gente de treinta y de cuarenta, pero también chavalada. Una niña de unos 17 años gasta la memoria de su cámara disparando todo tipo de fotos. Es su primer concierto en una sala. “Me encantó” ,dice al terminar. “Y ahora Tello subirá a tocar las maracas”, suelta el bajista de los Highlights. Magín Blanco tras castellanizar a Dylan, termina con Lay Lady Lay. Lo dicho, el pop. A unos tres temas por barba entre actuación y actuación, el debate. Eruditos de Dylan comentan las diferentes veces que los han visto. Como es normal se exagera. Y, claro, se miente un poco.

Todo finaliza con Like a Rolling Stone, coreado entre todos. Gesto satisfactorio en la audiencia.

Feria del Disco. A Coruña. Hotel Hesperia. Domingo. Poca asistencia

Olor a vinilo viejo. Dani Puntas de Viuda Gómez en la puerta, con su sonrisa de eterno adolescente. Pestañas por estilos: Hard-rorck, Soul, San Francisco, Indie-punk-gótico, etcétera… Los grandes grupos tienen su compartimiento particular. Predomina de los 80 para atrás. El ambiente es desolador para la venta, pero muy cómodo para quien quiera pasarse unas horas rebuscando en las cubetas. Apenas seis puestos y 1,50 euros la entrada. Muy, muy poquita gente y toda de cierta edad. Si lo comparamos con la afluencia que este tipo de ferias allá por los noventa, no hay color. Eso sí, algunas cosas siguen igual: mayoría absoluta masculina entre el público, los Beatles como reyes absolutos del cotarro y las conversaciones míticas de a ver quién controla más hechas en voz alta. Estas, un clásico de las tiendas de discos, se hiperbolizan en este tipo de encuentros. “Mira la copia francesa del Exile, déjame ver a ser si tiene la galleta original”, le comenta un chico a su novia, cuando en realidad desea que los 5 o 6 que andan por allí perciban que controla. Saca el vinilo y lo examina, girándolo. Luego llega el compadreo con los vendedores. “Ya estuve el año pasado, ¿recuerdas?”. Se avista la joyita de rigor, la que no se compras, pero que se coge, se mira, porque nunca la tuviste en la mano en tamaño real. Se trata de la edición española censurada del Who´s Next de The Who con cubierta diferente a 100 euritos de nada. Luego se avistan cosas interesantes. Casi todos los elepés de The Triffids en vinilo por menos de 10 euros cada uno. Idem con los de The Jam. Y luego están esas reediciones tan molonas que salen ahora con grueso vinilo de 180 gramos, redactadas en checho e inglés y que muchos coleccionistas no toleran. Ya se sabe, la autenticidad.

Algunos de los discos que se venden llevan firma. Es una sensación muy triste. Ayer, por ejemplo, había una copia del primer álbum de Los Flechazos Viviendo en la era pop con “Un abrazo a…” su dueño original autografiado por los componentes del grupo. Ahora, pues se vende a 40 euros. Da la sensación de que se vende ahí una página de un diario de alguien, que da pena verla arrancar. Entran ganas de comprarlo y mandárselo en sobre certificado, por sorpresa, a quien se desprendió de él.

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