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Ignacio Juliá: “Loquillo me pegó una hostia, ese día entendí el poder de la palabra” (entrevista 2ª parte)

Martes, marzo 4th, 2014

Foto: Ignacio Juliá con Lee Ranaldo de Sonic Youth

Tras desgranar el libro sobre Sonic Youth Estragos de una juventud sónica en la primera parte de la entrevista, la charla con Ignacio Juliá se desvía hacia su papel como crítico musical, su pasado en la profesión y, por supuesto, su presente. La cosa se alargó lo suficiente como para que, al final, dudase si le iba a dar tiempo a cerrar el número del Ruta 66 que estaba pendiente ese día.

-Existe la sensación de que la escena de rock alternativo que lideraba Sonic Youth se desinfló a mediados de los noventa y ya nunca volvió a producirse otra explosión de creatividad y trascendencia así. ¿Piensa usted que hoy existe algo que se pueda comparar a lo que eran Sonic Youth entonces?

-Pues la verdad es que no lo sé. Creo que deberías contestar tú a eso más que yo [risas], porque estás más cerca a nivel de edad. Yo me pongo los discos de Godspeed You! Black Emperor y estas cosas y la verdad es que no veo algo tan fuerte. Sonic Youth eran algo más que musical. Glenn Branca en el libro los compara con The Beatles y, un poco, eran un rollo icónico. Tenías a la chica, tenías el rockero, tenías al experimentador, tenías al batería personal, salían en The Simpsons…eran icónicos. Pixies también lo eran. ¿Qué tienes ahora? ¿Qué es lo que hay? Hay que tener en cuenta que, cuando Sonic Youth sacan Dirty y los descubre tu generación, llevaban diez años. ¿Qué grupo ahora puede estar diez años experimentando? No les dejan.

-Bueno, hay muchos grupos así, el problema es la trascendencia. Nombres totémicos del ambiente Primavera Sound como, por ejemplo, Animal Collective son presentados como el mejor grupo de pop del mundo. Y yo los veo a años luz de lo que pudieron ser Sonic Youth, Pavement, Yo La tengo…todo aquello. ¿Esas bandas tienen la entidad que entonces tenían Sonic Youth?

-Yo creo que no. Pero ha cambiado totalmente la percepción de la música. Tú ves en el 2000 a Sonic Youth tocando temas clásicos alternados con temas raros del NYC Ghost & Flowers y alucinas. Y tú escuchabas los discos y los casetes, cuando los conseguías. Hoy en día, las nuevas generaciones… es otra cosa. Tú vas al Primavera Sound y ves todo lo del año en tres noches. Pero no lo ves de verdad, lo ves de lejos y lo escuchas de lejos. Porque hoy puedes llegar a todo. ¿Qué quieres el nuevo single de Lana del Rey? Pues te vas a Internet y lo ves en Youtube. Todo se encamina a profundizar mucho menos. A mí me pasa. Me interesa un grupo, la discográfica me manda un mp3 y no es lo mismo. Antes tenías un disco que escuchabas en un buen equipo con los colegas, profundizabas en él. Es todo mucho más efímero, más rápido y todo ha cambiado. ¿Cómo podemos pretender que aparezcan grupos como Sonic Youth, como Pixies o como Yo La Tengo, que necesitaron sus años para despuntar? Por ejemplo, Yo La Tengo necesitaron 10 años para triunfar.

-No sé si un chico de 17 años tiene tiempo y capacidad de concentración suficiente para escuchar “Daydream Nation” entero.

-Yo creo que no. A mí me alucina, cuando voy al cine, ver que la gente se traga una película de dos horas y media. Pero, bueno, también voy el sábado por la tarde y veo que está lleno de gente mayor que yo [risas]. Yo tengo una hija de 23 años y se pasa el día con la redes sociales. Está al día, conoce grupos pero, claro, está en la dinámica de lo de hoy es lo de hoy y mañana ya es pasado. Si estás todo el rato con lo que dice este en Twitter, el What’s Up o el Instagram ¿cómo vas a tener tiempo para escucharte el Daydream Nation entero? ¿O cómo vas a tener tiempo para leerte un libro de principio a fin? El libro para las nuevas generaciones es un cachivache, un instrumento caduco. ¿Pasar páginas, qué es eso? ¿Si puedes pasar tweets para qué vas a pasar páginas?. Es muy complicado. Yo todo esto lo veo con entusiasmo. Estamos ante un momento de transformación e implantación.

-Más allá del tema tecnológico, se encuentra el problema de si el discurso del rock puede dar más de sí. Un amigo dice que hoy está en la situación en la que se encontró el jazz en los setenta. Es decir, más allá de mezclar elementos preexistentes, resulta imposible un salto evolutivo como el que se daba en los años sesenta de un año a otro. ¿Aún quedan cosas por inventar?

-Hay que tener en cuenta que en los años sesenta los Beatles y los Rolling Stones copiaban al blues, a la Motown y Carl Perkins. Hacían exactamente lo mismo, no inventaban nada. Aquel fue un momento en que hubo una conmoción histórica en la que todo empezó a girar de manera rápida, colorista y espectacular. Ahí se creo un fenómeno socio político en el que una generación antigua daba paso a una nueva. Esto ahora lo estamos viviendo, pero más en el tema de las nuevas tecnologías. La gente de ahora, de 15 a 25 años, sí que está viviendo una revolución tan importante como la de entonces. ¿Qué el rock sirve? Lo vemos todos los días. Hay grupos de rock.

-Ya pero en el Primavera Sound, por seguir con el ejemplo que ponía antes, los grandes del cartel son figuras que han dado lo mejor de sí hace 15 o 20 años.

-Sí, es así. Hace diez años veías la reunión de los Pixies, Sonic Youth tocando Daydream Nation, siempre hay un remanente. La gente quiere ver a músicos consagrados. De todos modos, en ese festival se han visto un montón de grupos nuevos. Lo que ocurre es que cuesta encontrar cosas que sean realmente trascendente. Artistas hay más que nunca. Tú lo tienes que ver.

-Claro, pero cuesta entusiasmarse con ellos.

-Evidentemente. A mí me ocurre lo mismo.

-¿Cómo afectan las redes sociales al crítico? Lo digo porque, hoy en día, puedes desde A Coruña poner a parir a un grupo de Cádiz y, en cuestión de horas, tener el propio grupo pidiendo explicaciones y a los fans enfurecidos bramando contra el escriba.

-Bueno, yo no he pasado del e-mail. No estoy tan expuesto. Hice mi primer blog porque me lo recomendaron para promocionar el libro, igual que el Facebook. El blog lo llevo yo, pero el Facebook lo llevan entre mi hija y un amigo. Además de no estar expuesto, no soy ahora un crítico que me dedique a comentar novedades rabiosas. He pasado a tomar un papel de escribir de cosas con más peso, con lo que no estoy ahí. Pero sí, antes te mandaban una carta o te llamaban por teléfono y se cagaban en tus muertos. Ahora es diferente. Pero, bueno, también creo que la existencia de tal abundancia de opinión hace que las mimas opiniones se maten unas a otras. Supongo que tú en tu blog tienes gente a favor y gente en contra ¿no?

-Claro. ¿Había muchas llamadas incendiarias a la redacción del Ruta 66?

-Trabajábamos en casa. Yo recuerdo una vez en los ochenta que me puse al teléfono y escuché una voz: “¿Eres Ignasi Juliá? ¿Sí? Pues eres un hijo de puta”. Y colgué. Digamos que la cosa no llegaba a más. Pero, además, yo siempre he tenido presente que, si estás opinando, vas a ser diana de ese tipo de comentarios positivos y negativos, y que no le debes de dar más importancia. Igual que una crítica no deja de ser la opinión de una persona. Y, como dijo Harry el sucio, opiniones todos tenemos una, como culo. Siempre he relativizado bastante. Soy consciente que tras 30 años escribiendo de música hay gente que te detesta y otra que considera que puedes ser una guía. No le puedes gustar a todo el mundo. Eso de los comentarios es una batalla perdida. Por ejemplo, veo que Diego A. Manrique tiene muchas respuestas virulentas en su blog, con gente que no le puede ni ver. Quizá es porque hace un buen trabajo, porque lo siguen, buscándole los tres pies al gato a todo.

-¿Ha estado alguna vez en una sala con un músico al que puso a parir antes?

-A mí una vez me pegó una hostia Loquillo. No me tuvieron que poner puntos de milagro. Ese día entendí el poder de la palabra y su potencia. Si consigues que te tumben de una hostia es muy revelador, es como caerse del caballo. Mucha gente, por ejemplo, me pregunta si Sonic Youth han leído el libro y qué piensan de él. Yo siempre digo que no entienden español. Lee Ranaldo me pidió el pdf para traducirlo con el Google. Ni hablar. Primero, porque la traducción de google es una ignominia. Y segundo, porque a los diez minutos va a estar liberado por ahí para quien quiera bajárselo. Cuando he tenido músicos españoles que han sido cercanos, si he escrito algo negativo sobre ellos siempre he pensado que, si existe una amistad, tienen que aguantarlo. También es un rasero para medir a esas personas. El que lo entiende y lo acepta, bien. El que no pues, lo siento mucho, pero es su problema. Aquí cada uno hace su trabajo.

-¿Sigue experimentando placer cuando encuentra la palabra exacta? Por ejemplo, en el libro hay párrafos en el capítulo dedicado a “Daydream Nation” definitivos.

-Sí, pero al tiempo es frustrante. Nunca es completo. Si yo cojo el libro ahora y lo vuelvo a leer, seguramente cambiaría todo. A mí me ocurre que solo me gusta un texto cuando lo retomo muchos años después y, al leerlo, siento como si fuera otra persona. Esto me ha pasado muchas veces. Yo creo que los que juntamos palabras experimentamos ese placer. Te vas a dormir pensando que lo que has escrito es una maravilla y, al día siguiente cuando lo abres, te das cuenta que no. Entonces reescribes y reescribes y reescribes… Más que escribir, yo reescribo. Siempre lo digo: si yo lanzase lo primero que escribo sería el tonto nacional. Además, yo soy editor y corrijo todos los textos del Ruta 66. Tengo ese callo. Cuando leo algo mío siempre voy con la actitud de “A ver qué dice este idiota”. Estoy buscándole al texto lo que una tercera persona podría pensar. Escribir sobre música es un placer inconcluso.

-En el libro se pone a parir a sí mismo.

-Sí, he rescatado cosas de la época de Sister para ver el cambio. Toda aquella hipérbole que usábamos en la época se debía a que intentábamos convencer a un país desértico que esto era cojonudo. Ahora todo ha cambiado. Ahora todo el mundo está de acuerdo en que es así y se llena el Primavera Sound. Entonces, no, había que repetir 80 veces que Sonic Youth eran buenísimos y darle un leguaje casi publicitario. Eso ha cambiado.

-¿A quién se ha cargado y con el tiempo se dio cuenta que se había equivocado?

-A muchos.

-¿Radiohead, por ejemplo?

-Totalmente. Recuerdo ver el videoclip de Paranoid Android que lo vendían como “esto es bestial”. Mi reacción fue: “¿No teníamos bastante con U2 que ahora vienen estos haciendo lo mismo?”. Después, me he dado cuenta de que no. Tengo todos sus discos y, aunque aún no haya hecho una inmersión grande en ellos, los aprecio. Tengo que escucharlos a fondo, porque no son trabajos fáciles.

-Ummm… recuerdo un gran artículo suyo en Ruta 66 sobre “Kid A” y “Amnesiac” en el que se destapaba como un fan, para sorpresa de muchos.

-Sí, esa época es muy buena. Pero hay muchos otros casos. Es una cuestión cíclica. Yo, por ejemplo, en el 77 con los Sex Pistols abominaba a Dylan y a The Beatles. Y ahora ya ves: los dos me parecen unas piezas culturales irrepetibles. Esas son las bases.

-¿Por qué, a excepción de uno de los primeros números, nunca han salido The Smiths en Ruta 66?

-Uy, eso pervive. Había una inquina con The Smiths, que yo tuve, y sigue. Yo no lograba entrar en el grupo, hasta que algo me hizo cambiar. Fue cuando conocí y entrevisté a Johnny Marr. Es una de las personas más agradables, normales y amantes de la música que yo he conocido. ¿No sabes esas entrevistas que no tienes ninguna gana que se termine y que podríamos haber seguido hablando durante días? En ese sentido, cambié mi actitud ante The Smiths y Morrissey, aunque bueno no los he escuchado a fondo. Pero sigue habiendo una inquina hacia The Smiths y, a lo mejor, tiene un punto de homofobia. No lo sé [risas].

-Bueno, creo que existe el mismo rechazo a los Stone Roses y no creo que tenga que ver con eso.

-Es cierto. Nunca entré en los Stone Roses. Tampoco en el Screamadelica de Primal Scream. Ni he conectado nunca con My Bloody Valentine. Son cosas que se me escapan totalmente.

-Vaya, pues yo conocí el “Loveless” por Ruta 66.

-¿Sí? pues a mí nunca me llegaron.

-Vivimos un bum de libros musicales. ¿Ha llegado el rock al punto de ser objeto de estudio universitario?

-Sí, pero las ventas son pequeñas. No superan los 1000 o 2000 libros en títulos importantes. ¿Que se considera ahora al rock como un elemento cultural? Sí, pero en España había un gran déficit. Se había escrito mucho libro malo. Cuando llegaron las traducciones se aumentó el nivel.

-Existe una cierta confusión sobre su situación en Ruta 66. ¿Qué papel tiene usted y Jaime Gonzalo, los fundadores de la revista, en la actualidad?

-El de socios minoritarios. Eso lo explica todo, ¿no? Yo continuo siendo jefe de edición, en el sentido de que trabajo los textos, la maqueta y dirijo todo ese aspecto. Pero no tengo capacidad de decisión editorial. Además, estoy retirado de ese papel, lo que me permite dedicarme a cosas como el libro.

-Hay quien decía que ambos eran unos excelentes periodistas pero unos pésimos gestores. ¿Se ven reflejados en esa afirmación?

-Sí, totalmente. Ruta 66 funcionó casi como un milagro. Hasta que entran los nuevos socios éramos, sí, unos pésimos gestores. Vivíamos al día pero, bueno, fue nuestro medio de vida durante todos esos años. Digamos que fuimos periodistas que nos vimos obligados a fundar nuestro medio de expresión. Hay otra gente que saben dirigir revistas y no tienen porque escribir cada mes.

-El primer artículo grande que escribí yo en Ruta 66 era sobre Los Planetas en el 2002: cinco páginas, el grupo en auge total y posiblemente el texto más extenso publicado en una revista hasta aquel momento. Era una portada clarísima. Sin embargo, se la dieron a un dossier de jam-bands, dejando la oportunidad de vender muchos más ejemplares. ¿Por qué este tipo de decisiones?

-Bueno, en el nucleo duro duro de Ruta 66 molan más las jam-bands que Los Planetas, eso tenlo claro. Yo fui un poco la rara avis allí. Estuve diez años en Barcelona Televisió haciendo programas de música, lo que me proporcionaba muchas entrevistas que se daban en exclusiva para la televisión. Elvis Costello, Beck, cosas así. Siempre que tenía un nombre de estos lo metía. Pero no nos engañemos: Ruta 66 es rock n’ roll clásico, garage, psicodelia, undeground, contracultura… y, bueno, Los Planetas estarían tan vetados como The Smiths si no fuera porque yo tenía una entrevista con ellos en su día y se publicó.

-Hablaba al principio de la entrevista de la necesidad de apasionarse escribiendo el libro. ¿La pasión va de serie o hay que esforzarse para mantenerla?

-Hay que esforzarse por mantenerla, sin llegar a lo patético o lo ridículo. Yo sigo viendo dos películas cada día. Escucho mucha música, leo libros y siento que he llegado a un nivel de veteranía en el que puedo explicar a la gente las cosas mejor que hace un tiempo. Ese es mi papel. No el de descubrir grupos nuevos. El mío es el de intentar dar un contexto, hacer buenas entrevistas, escribir columnas y, de vez en cuando, surge alguna exclusiva como cuando logré entrevistar a Peter Buck de REM tras la disolución. Esas cosas te ilusionan. Pero Peter Buck tiene mi misma edad, 57 años.Hay hay mucha gente de tu edad y más jóvenes que lo están haciendo muy bien. Yo siempre digo que en el Ruta 66 fuimos los tuertos reyes en el país de los ciegos. Ahora hubiera sido más difícil. Ahora hay más gente con conocimiento de causa y que escribe bien. También, mucha gente mala que escribe en blogs y prensa gratuita.
           

Ignacio Juliá: “Aún hay quien me dice que Sonic Youth son una mierda” (entrevista 1º parte)

Lunes, marzo 3rd, 2014

El periodista Ignacio Juliá (Barcelona, 1956) sintió con Sonic Youth lo que tantos otros que siguieron disco a disco la evolución de la banda de Nueva York: ahí estaba la Velvet Undeground de nuestro tiempo. Sin embargo, él lo llevó mucho más allá. No solo escuchó sus álbumes, acudió a sus conciertos e interrogó al grupo en cada ronda promocional. Además, estableció una conexión personal que lo ha llevado a ser el mayor experto en la banda en España. Toda esa sabiduría la ha volcado en Estragos de una juventud sónica, un volumen que repasa la trayectoria de la formación hoy disuelta y que se antoja de lectura obligatoria para cualquier fan.

Aprovechando la excusa, mantuve una extensa charla más allá de la reseña publicada en La Voz. El libro y Sonic Youth la guió de inicio, pero luego se ramificó en otras direcciones. Por su extensión, se ha dividido en dos partes. En esta primera, centrada en los neoyorkinos, Juliá arroja más luz aún sobre el grupo. En la segunda, tratará otros asuntos de la crítica musical en general.

-”Estragos de una juventud sónica” lo guía una primera persona que entremezcla el papel de fan y periodista. ¿Pretendía reflejar ese 50% de cada una de las dos facetas?

-Sí, porque no concibo el uno sin el otro. Creo que lo que me puede separar de otros periodistas es que he intentado mantener la pasión del fan en todo momento. Escribir un libro como el de Velvet Undeground o este de Sonic Youth es un trabajo que, si no te lo planteas desde el entusiasmo y la pasión del fan, resulta muy complicado hacerlo. En el ámbito anglosajón, en el que las editoriales te pueden dar una pasta de adelanto para que te pases dos años haciendo un libro, es diferente. Aquí eso resultaría imposible. En el caso de Velvet Underground, evidentemente creo que soy la única persona en España, y de las pocas en el mundo, que ha entrevistado a todos los miembros, incluida Nico. En el caso de Sonic Youth tenía una familiaridad de 25 años. De algún modo, ello me hace acumular un material de entrevistas y de vivencias que me hacen sentir una cierta responsabilidad de sacarlo. Y hacerlo en un libro en español, para al público de habla castellana. Para que el proceso de redacción fuese menos ortodoxo y pesado para mí, intenté darle ese perfil, como si fuera una autobiografía. El hecho de que el periodista esté incrustado en la historia creo que lo acerca al lector. Aquí no es alguien que está en un despacho documentándose en libros o Internet y contando la historia de un grupo que ha visto en el Primavera Sound tres veces. No, es la historia de una persona que ha manteniendo una relación con el grupo más allá, intercambiando discos con ellos, teniendo un montón de anécdotas y logrando una intimidad que no se da normalmente en las relaciones entre un músico y un periodista.

-Ponga un ejemplo.

-Hace unos años el hijo de Lee Ranaldo, Cody, estuvo en Barcelona con un amigo. Antes de venir, Lee me escribió para preguntarme si le podía recomendar una pensión o algo que estuviera bien. Yo le dije: ¿Cuántas noches vienen? “Un par de noches”. Pues que se vengan a casa. Eso crea una familiaridad muy grande. Luego, con Thurston Moore desde el principio nos hemos intercambiado grabaciones piratas, libros y revistas. Todo eso te da una visión del grupo privilegiada, en cierto modo. Es una mirada desde dentro, pero creo que no ha invalidado que luego yo sea crítico. Porque en el libro se ve que cuando una cosa me gusta mucho queda claro y cuando me gusta menos, también. De todos modos, se defiende siempre el concepto de que Sonic Youth son de esa clase de artistas cuyo control de calidad se pone, en cierto modo, en segundo plano. Ellos prefieren, en un momento de gran creatividad, editar muchas cosas para ver qué respuesta tienen del público, aunque esas cosas a lo mejor no entren dentro del canon oficial. Me refiero a la edición de los discos en su propio sello, más experimentales. Eso al fan de Sonic Youth que se enganchó por Dirty o Goo es probable que no le interese, pero sí a otro tipo de gente. En ese sentido, creo que Sonic Youth son mucho más que un grupo de rock, son una especie de colectivo artístico, casi como una academia de vanguardia que ha conectado el rock con esos otros ámbitos culturales que a mí me parecen muy interesantes.

-¿Qué es lo que se encuentra cuando conoce al grupo?

-Estaban a punto de editar Daydream Nation. Yo los conocía de un par de año antes. Había empezado por Evol, en 1986. A partir de ahí, me puse a buscar sus otros discos. Después viene Sister, el primero editado en España, en 1987. Entonces me interesé mucho por ellos. Me recordaban a The Velvet Undeground, en el sentido de ser un grupo de Nueva York que no temía al ruido y mantenía conexiones con el mundo del arte muy obvias. Busqué el modo de entrevistarlos y, en un viaje de vacaciones a Nueva York en verano del 88, di con ellos. ¿Qué me encuentro? Pues a una gente súper normal y súper asequible. Aquello fue en agosto. En octubre del mismo año venían por primera vez a España, presentando Daydream Nation cuando aún no había sido publicado. Seguramente, de las 50 o 60 personas que había en la sala, yo era el único que conocía las canciones porque me había traído una casete con el disco. A partir de ahí, ellos se hicieron muy receptivos a mantener contacto conmigo. Formaba parte de su modo de entender las cosas.

-¿A qué se refiere?

En EE.UU. Sonic Youth habían ayudado a crear un circuito alternativo con Swans, Minutemen, Meat Puppets, Husker Dü y REM. Todo ello se montó a base de ir ciudad por ciudad, contactando con el crítico musical local, el dueño del club de referencias y luego mantener ese tejido, con el que se construyó la escena alternativa que lleva a la explosión de Nirvana en los noventa. Yo me convertí en la persona en España en la que confían. Cuando nos vemos, yo les cuento mis entrevistas con Sterling Morrison. Ellos, que se han encontrado con John Cale en Nueva York. Es decir, tenemos conversaciones entre fans, como podemos tener tú y yo. Siguen siendo así. Conservan el interés por descubrir cosas del presente y rescatarlas del pasado, conociendo su contexto.

-Habla de cuando escuchó en un walkman la cinta de “Daydream Nation”. Al lector ahí se le pone la carne de gallina. ¿Fue consciente de que estaba ante algo histórico?

-Sí, claro. Yo me tiro en la cama del hotel, pongo a funcionar el casete y suena Teenage Riot. Evidentemente, veo un salto cualitativo respecto a Sister y Evol. Pero, claro, no podía saber que ese disco estaría hoy conservado en la Biblioteca del Congreso de los EE.UU., ni que lo tocarían en el Primavera Sound completo, ni que aparecería en todos los listados de discos esenciales de la historia del rock. Pero sí que se veía entonces que se trataba de un salto importantísimo. Integraban todo lo que habían hecho hasta el momento, lo reflejaban en un doble álbum y lo propulsaban a un nivel superior. Es el disco por el que las multinacionales les empiezan a hacer ofertas. Se trata de un momento histórico. De alguna forma, con ese disco se puede vislumbrar todo lo que vendrá después, cuando en el 90-91 se abren las puertas a Nirvana y el grunge. Ellos se quedan como los catalizadores de esa escena. Resulta muy importante ver como luego, cuando logran vender 300.000 discos y descubren que no van a ir más allá, de algún modo se echan atrás. Y siguen haciendo desde una multinacional discos muy intimistas y personales que no intentan competir con Soundgarden o los grupos que habían triunfado a raíz del éxito de Nirvana.

-Antes de llegar a “Daydream Nation” recupera una crítica suya de la época. Dice “Si quieres saber lo que es el sonido de 1987 escucha a Sonic Youth”. ¿En ese momento sentía eso que Simon Reynolds llama “embarcarse en el sonido del futuro”?

-Creo que sí. La llegada de los Sex Pistols y el punk me cogió con veintipocos años. Para mí verlos en el telediario una noche cualquiera del año 77 confirmaba que mis intereses musicales no estaban equivocados. Aunque mis compañeros de clase escuchasen a Jethro Tull, Beatles, Genesis o Pink Floyd, lo que a mí me gustaba que era el White Light/White Heat de The Velvet Undegropund o el Ziggy Stardust de David Bowie. Y ahí podría comprobar que, por fin, estaba entrando en el mainstream y se estaba reconociendo las cosas que me gustaban. Me sentí mucho menos raro. Cuando empecé a trabajar en Vibraciones y Rock Espezial, viví muy de cerca el post-punk. Joy Division me apasionaban. También grupos como Magazine o Gang Of Four. Pero después viene el tecno. De alguna forma, el punk fue asimilado por la new wave y el post-punk y el siniestrismo por el rollo Ultravox. De nuevo, nos encontrábamos con que todo lo que habían conseguido esos grupos volvía a ser música comercial, con Human League, Culture Club y ese tipo de cosas. Todo hasta que en EE.UU.el rock empieza a despertar. Primero con Dream Syndicate con The Days Of Wive and Roses. Más tarde, REM con Murmur. Y, en seguida, Sonic Youth. Yo, que era un apasionado de The Days of Wine and Roses porque veía ahí un nexo con el disco del plátano de la Velvet y el primero de los Modern Lovers, cuando escucho Evol y Sister me dí cuenta que ahí es a donde nos llevaba la historia. Podría haberme equivocado absolutamente. Podrían haber pasado desapercibidos, el tecno y Culture Club triunfar en EE.UU., cosa que no ocurrió. EE.UU. en los ochenta vuelve a poner sobre la mesa las guitarras eléctricas y se produce ese movimiento, que explota a finales de los ochenta y dura hasta mediados de los noventa.

-Se habla de las melodías de Sonic Youth. Parece que les ocurre como a Jimi Hendrix, que el sonido eclipsa a las propias canciones y su riqueza melódica. ¿Piensa que en algún momento Sonic Youth podrían ser un grupo pop?

-Bueno, eso lo dice Lee Ranaldo. Le preguntaba por qué ellos no tenían esa faceta de la balada melódica, poniéndoles como ejemplo el Pale Blue Eyes de The Velvet Undeground. Él contesta a la defensiva, indicando que oía mucha melodía en Sonic Youth. Y sí, la hay. Lo que pasa es que es una melodía que está incluida dentro de ese torrente de sonido. Pero tiene razón, hay grandes baladas como Little Trouble Girl en Washing Machine. También hay grandes medios tiempos. Lo que nunca tuvieron es una balada tradicional pop. Pero sí, Sonic Youth en ciertos momentos son absolutamente pop. Sobre todo en Goo y Dirty.

-En una entrevista Jesús Llorente, el director del sello Acuarela, decía que si una canción como “Schizophrenia” la pusieran 50 veces en la radio sería un hit como fue Nirvana.

-Sí, probablemente ya que tendría una tan tonada para ello. Sin embargo, le faltaba lo que tiene Smells Like Teen Spirit, que es el riff básico y la repetición. Las canciones de Nirvana son muy sencillas. Si las desmontas, lo ves. Le ocurre como a los Pixies, que hacen unas canciones muy circulares y simples. Sonic Youth eran más complejos: empezaban con tema, luego lo rompían y más tarde volvían a él. Eso les hacía menos asequibles a las radiofórmulas. Pero tuvieron su oportunidad. En Dirty, por ejemplo, tuvieron 100%, con sus videoclips que se vieron mucho. La gente los escuchaba del mismo modo que escuchaban a Pearl Jam o Nirvana. Pero, de todos modos, después de eso, toman un derrotero muy personal y huyen de ese tipo de convenciones.

-Da la sensación de que ellos se encargaron en 1994 de retorcerlo todo para, voluntariamente, no ir más allá.

-Yo creo que sí. Todos los grandes artistas siempre ponen por delante su instinto creativo. Las discográficas siempre te piden que estés en unos parámetros: que tengas un single en el álbum, que hagas las canciones de una forma determinada… Y ellos no. Hicieron Experimental Jet Set Trash And No Star, que no tiene nada de eso. La gente se esperaba la continuación de Dirty y se encontró con un disco que era mucho más intimista y personal. Ahí no respetaban las convenciones de los temas pop, como si las respetaban Nirvana, porque quizá no supieran más. En ese sentido, Nirvana son como Black Sabbath. Eran simples, lo que no quiere decir que sea negativo.

-Con “Experimental…” aparecieron las primeras voces críticas, al menos en España. Hasta entonces Sonic Youth eran una vaca sagrada intocable. Ahí da la sensación que se abre la veda. ¿No cree que ese fue un disco fantástico?

-Claro. Yo recuerdo cuando recibimos en Ruta 66 el casete de avance. Estábamos maravillados y sorprendidos. Los artistas como ellos tienen ese punto de romper la baraja y hacer lo que quieren. Hay otro disco que cuando salió me pareció muy antipático y que después me gustó mucho, que es el NYC Ghost & Flowers. Ese disco en su momento lo veía autocomplaciente, demasiado arty y demasiado pendiente de la Beat Generation.

-Si no recuerdo mal, hizo una crítica de él en Ruta 66 que terminaba diciendo “Uno ya no se puede fiar ni de Sonic Youth”.

-Exactamente. Pero, hace un par de Primavera Sounds conversando con Jose Luis Torrelavega, un colaborador de la revista, me dijo: “No, ese disco me gusta muchísimo. Vuelve a escucharlo por favor”. Y realmente tenía razón. Ahora, si me viene alguien que no conoce a Sonic Youth y lo tengo que introducir seguramente le pondría The Eternal o Daydream Nation de inicio. Pero, a lo mejor, también le pondría este disco. Creo que sería una buena entrada, es un disco muy abstracto y sin pop. Ahí están muchos de sus intereses: la poesía beat, el expresionismo abstracto de los cincuenta…las diferentes generaciones de artistas que han hecho lo que es el siglo XX de Nueva York. Lo que pueda parecer un disco en un primer momento es una cosa. Lo que realmente es, otra. Eso me ocurre cada vez más.

-Ese disco lo presentaron en Galicia en el Santi Rock. En su concierto hicieron un zigzag constante entre ese álbum y los clásicos: un tema nuevo, un tema conocido. Fue uno de los mejores conciertos de que rock que haya visto en mi vida.

-Pues ese concierto no estaba en el libro. Me había olvidado de él. Una de las dos personas que lo corrigió se dio cuenta que faltaba. Fue el único concierto de la gira en España. Habían estado con Yo La Tengo.

-Dedica un capítulo al conflicto entre indies y multinacionales a propósito del salto de Sonic Youth a Geffen en 1989. Lo contrapone a la postura radical de Steve Albini. Visto desde el 2014, ¿no cree que la crítica en general le ha dado mucha importancia a estas cosas que, al final, no sirven para mucho?

-Absolutamente. Steve Albini tiene un problema: el puritanismo. Se la coge con papel de fumar. Tiene una visión, para mí, admirable del negocio. Es el actuar por actuar, sin cobrar o cobrando lo mínimo. Corre la leyenda que vienen al Primavera Sound por el viaje y el hotel. Y lo hacen cada año. Eso es como lo de Angus MacLise, el percusionista inicial de The Velvet Undeground. Cuando le dijeron que tenían un primer bolo en un instituto de New Jersey, preguntó: ¿Vamos a cobrar y nos van a decir cuando vamos a empezar y cuando terminamos? Cuando le dicen que sí, contesta que no le interesa. Esa visión del arte es de una pureza brutal. Sonic Youth, como buenos americanos, son mucho más pragmáticos. Después de haber sido estafados por los sellos indies durante años, porque incluso terminaron en juicios, llega una multinacional que les asegura dinero para hacer los discos y buena distribución. Es normal que el pragmático diga que le interesa. Entonces, lo más importante no era ni el creador ni el público. Lo más importante era la distribución. Las bandas se hartaban a girar, metían 500 o 800 personas en un club, pero luego la gente no encontraba el disco en las tiendas. Con Geffen ellos lograron estar en todas partes.

-En “Goo” suavizaron un poco el sonido, se hicieron fotos muy atractivas y cambió la imagen del grupo hacia algo más accesible. ¿Ello generó conflicto entre ellos en algún momento?

-No, yo creo que estaban todo encantados de por fin vivir de la música. Se explica en el libro, antes cada uno tenía su labor extra musical: Lee Ranaldo llevaba las cuentas, Thurston Moore hacía de relaciones públicas, Steve Shelley el merchandising… Cuando de pronto están en Geffen ven que todo ese trabajo ya no lo tienen que hacer. Pueden dedicarse a la música. Dentro no hubo tensión, para nada. Otra cosa es que hubieran críticas fuera del grupo por parte de Steve Albini y, por parte de otra gente. Aún las hay. Yo me encuentro con que aún hoy hay gente que me dice que Sonic Youth son una mierda y que siempre lo han sido. O que son un vacío cultural.

-Sí que es cierto. Yo conozco a gente que sabe mucho de música que los detesta.

-En la crítica de mí libro publicada en Ruta 66 Eduardo Ranero lo expone claramente: “Yo llegué tarde a Sonic Youth por culpa de los prejuicios y ahora me doy cuenta de lo que me estaba perdiendo”. Es un hombre que le gusta el rock undeground, el garage, la psicodelia y tal … y lo lógico es que le gusten. Seguimos funcionando con unos parámetros un poco tristes de etiquetas. ¿Sonic Youth es un grupo indie? No, para mí es rock y ya está. ¿Yo La Tengo es un grupo indie? Pues no, es pop, rock y folk. Pero aquí se han creado todas estas separaciones entre Rockdelux y Ruta 66, lo que es indie y lo que es rock y resulta un poco inútil. Es una de las lecciones que yo he aprendido de Sonic Youth: su absoluta falta de prejuicios. Eso ocurre porque son norteamericanos. En Europa somos más quisquillosos en ese aspecto. Ellos nunca han tenido ningún problema en observar y asimilar cualquier fenómeno. No importa de lo que estés escribiendo, sino cómo lo ves y cómo lo escribes. En ese sentido, Sonic Youth son totales. Aún hoy me encuentro con gente que me hace una entrevista para un blog sobre el libro y me dice: ¿Oye, es verdad que les gustaba Madonna? [risas] Pues supongo que sí, porque ellos dicen que aquel es un momento en el que la radio comercial tiene cierto atractivo. Suenan Springsteen, Michael Jackson, Madonna… y eso les recuerda a cuando ellos tenían 13 o 14 años y la radio comercial estaba viva porque sonaban los Beatles, los Stones y los Kinks. ¿Qué problema existe con que les guste Madonna?

-Yo La Tengo sublima todo eso. Yo, por ejemplo, crecí musicalmente en el ambiente de A Coruña, muy ligado el revival 60´s y 70´s. Entonces resultaba muy difícil conciliar eso con escuchar a Yo La Tengo, tanto para los fans del revival como para los indies. Y tú ves ahora sus discos: todo converge e, incluso, aparece por ahí Booker T & Mg´s.

-Claro. Ese es un grupo que tiene canciones que son perfectamente pop de los sesenta. Otras que son folk rock de los setenta. Luego son, si quieren, van a Booker T & Mg´s, para más tarde saltar al rollo funky de los setenta y la discoteca. Ira Kaplan tiene mi edad y lo que hace es asimilar lo que hemos escuchando durante todos estos años. Son mucho más académicos que Sonic Youth.

-Lo hacen, además, sin ironía. En España y Europa esos puzzles muchas veces se realizan desde una supuesta modernidad, que busca sorprender mostrando una ausencia de perjuicios forzada y pirotécnica. Aquí aparece todo de modo mucho más natural.

-Totalmente. Sonic Youth te hablaban de un grupo o de un disco y tu decías: ¿Pero cómo me va a gustar eso? Ellos te contestaban: ¿Por qué no? Yo vengo de una generación en la que, al principio, o eras de Beatles o de Rolling Stones. Luego, eras de heavy o de rock sinfónico. De ahí pasamos al o eres de indie o eres rutero. Pero a ver, ¿a qué estamos? Si todo es mucho menos complejo. O a lo mejor es todo muy complejo, pero separando la música en compartimentos no ganamos nada. En ese sentido, el Primavera Sound, que es como el máximo fenómeno de la música indie, me ha posibilitado ver, por ejemplo, a Motörhead o Daft Punk el mismo día.

-Volviendo a Sonic Youth, usted se vino arriba con “The Eternal”. Recuerdo una crítica a página completa en el Ruta 66 que supuraba emoción. Que bajón que luego pasase lo que pasó, ¿no?

-Así es la vida. Lo mismo que les mantuvo unidos, fue lo que les hundió: el hecho de que la mitad del grupo fuese una pareja. Todas las cosas tienen su final. Mejor que se hayan ido con un gran disco. A mí ese disco y el anterior me parecen sensacionales.

-De todos modos, la sensación que deja “The Eternal” es la de un disco clásico, de estilo. Parece que el discurso del grupo ya no podía avanzar más.

-Sí, es como un testamento. No se sabía lo que iba a pasar, aunque Thurston sí debería saberlo, porque la historia con la otra llevaba tiempo. Ya hay canciones en The Eternal que ya van sobre la otra, según tengo entendido. Aquello era una bomba en la mano. Cuando se destapó, todo explotó. De todos modos, yo quiero pensar que volverán. Lo que no sé es si interesa o no interesa. Cosas más difíciles he visto. En cualquier caso, si vuelven dentro de tres o cuatro años, el tiempo que han pasado separados será importante para retornar con algo que no sea tan clásico como The Eternal. Eso es lo que mantiene Lee Ranaldo: que si tienen que volver que sea con algo nuevo, no para tocar Teenage Riot. Por otro lado, Steve Shelley ve que el tiempo se les escapa de las manos, porque Kim Gordon tiene ya 60 y pico años. Si no es en los próximos tres o cuatro años, quizá luego sea demasiado tarde.

La crítica musical en España (4)

Jueves, enero 27th, 2011

¿CREES QUE LA CRÍTICA ESPAÑOLA ES EN GENERAL AGRESIVA O, POR CONTRA ES BLANDA?

Ignacio Juliá: Hay de todo, claro. Personalmente, detesto a aquellos —son pocos, pero vistosos— que siempre están señalando la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio. Lo que sí observo es que, pese a que normalmente se compara a los nuevos cronistas con la vieja guardia, siempre en detrimento de los primeros y de las nuevas tecnologías, hay actualmente un mayor número de opinadores informados, algunos hasta con criterio, que en la época, finales de los setenta, en que yo empecé a ensuciar papel. Internet ha democratizado la crítica, pese a quien pese. Claro que una firma de prestigio siempre será una voz más fiable, y un medio impreso algo menos efímero que un blog.

Jesús Llorente: Creo que hemos sido, en general, agresivos con los débiles y blandos con los fuertes.

Víctor Lenore: Hay de todo. Más que la ferocidad o docilidad me preocupa la falta de sustancia. Los críticos españoles somos bastante ignorantes y poco dados a la reflexión. Aunque suene pedante, citaré a Oscar Wilde: “Para ser crítico hace falta mucha más cultura para que para ser artista”. Aquí en España sólo recuerdo dos o tres artículos reflexionando sobre nuestros trabajo. Tampoco hemos escrito muchos libros que no sean simples biografías (la mayoría, copiadas de otras de fuera). Por no tener, ni siquiera tenemos una lista de correo donde discutir el día a día de nuestra profesión. El grado de reflexión del gremio es pobre , pobre, pobre. Ya que sale esta palabra resulta obligado mencionar que otra de las causas del mal nivel de la crítica musical es que raramente se paga como un trabajo de verdad. A pesar de los pesares, hay grandes periodistas musicales como Luis Troquel, Nando Cruz, Luis Lles, Roger Roca, Roberto Herreros, César Estabiel, Jordi Oliveras (de www.nativa.es) y, al menos, otra media docena de los que me olvido. 

David S. Mordoh: Durante muchos años ha sido blanda porque el crítico dependía de alguna manera de las empresas discográficas. Si te cargabas un disco, ya no te mandaban más. El soporte digital ha desatado ciertas cadenas y permite mayor honestidad de opinión sin tapujos. Sin embargo, en el polo opuesto, la reseña agresiva muchas veces busca más encumbrar a quien la escribe que emitir una opinión meditada.

P Roberto J: Es muy agresiva en la barra de los bares y de los conciertos, y blandita cuando toca ponerlo negro sobre blanco. No es sólo un problema de la crítica musical española, ocurre en el mundo anglosajón también.

La crítica musical en España (3)

Miércoles, enero 26th, 2011


¿QUÉ LE PARECE LA POSTURA QUE DICE QUE LOS CRÍTICOS DEBEN HABLAR SOLO SOBRE LAS COSAS QUE LES GUSTAN Y EN POSITIVO, MIRANDO LO QUE EL GRUPO APORTA Y NO EN LO QUE FALLA?

Ignacio Juliá: Me parece que el crítico debe hablar de lo que sea y de lo que quiera. En periodismo hay una regla básica: no importa el tema, sino como se trata. Dicho esto, apuntar que siempre luce más una crítica negativa que una positiva; es algo que ha encumbrado a muchos críticos mediocres, el derribo sistemático, y que no comparto. Se ha de intentar ser ecuánime, llamar a las cosas por su nombre. Y, sobre todo, no tratar al lector como un imbécil.

Jesús Llorente: Una idea bastante simple, propia del indie español de mediados de los 90, pero luego proyectada hacia la actualidad. Si me gusta un grupo X y pienso que su último disco es flojo, me interesa poder explicar que ese disco no es el mejor modo de entrar en su universo o las razones por las que creo que no se encuentran en su mejor momento. Dicho esto, prefiero leer una crítica en la que el periodista se ensaña con un disco a otra en la que se le alaba sin argumentos.

VÍctor Lenore: Es un comentario clásico, sobre todo de las revistas “indies” (en los periódicos donde he trabajado o tengo amigos nunca lo he escuchado). Luis Calvo y Joako Ezpeleta lo soltaron varias veces en la difunta Spiral (aunque luego, con gesto de cansancio, nos dejasen publicar críticas feroces). Obviamente, quien no critica cosas nunca puede ser un crítico. 

David S. Mordoh: Yo creo en la crítica responsable, en la que argumenta la reseña. Es más fácil hablar de un disco que te ha gustado y en el cual crees. Y es más engorroso mostrarte negativo, sobre todo porque se trata de valorar el trabajo de una persona que ha perdido mucho tiempo en su proyecto. La manera más pragmática es decir que un disco no es satisfactorio a través de una reseña de talante constructivo.

P Roberto J: Horrible. El crítico debe arriesgarse a errar en sus planteamientos negativos tanto como en los positivos. Además, es mucho más fácil argumentar en positivo que en negativo. Y, por último, menudo aburrimiento tenernos a todos diciendo que qué bien todo.

La crítica musical en España (2)

Martes, enero 25th, 2011

¿SE DEBE PROYECTAR EL GUSTO PERSONAL DEL CRÍTICO EN SU TRABAJO?

Ignacio Juliá: Naturalmente que debe translucir su gusto personal. Sólo escribiendo para uno mismo se puede pretender ser de utilidad para otros lectores. Lo que no debe permitirse es que la soberbia de ese gusto personal avasalle al objeto o sujeto estudiados, ni que manipule al lector en un sentido u otro. Claridad y humildad son lo primero, elocuencia e inteligencia las siguen de cerca.

Jesús Llorente: Debe proyectarlo, en mi opinión, pero dejando claro desde el principio que esa es su intención.

Víctor Lenore: Para mí uno de los grandes problemas de la crítica actual es centrarse tanto en el gusto. Todo esto ha devenido en una especie de narcisismo. Dicho esto, creo que explicar al lector los efectos que la música tiene en ti es el mejor camino para transmitir los efectos que la música tiene en general (aunque no coincidan con lo que va sentir quien te lee). Eso no tiene que ver necesariamente con el gusto. Por otro lado, los críticos musicales españoles somos bastante incultos. Estoy de acuerdo, como dice Nando Cruz, en que habría que exigir una especie de examen de crítico similar al del carné de conducir. Para hacer este trabajo hay que tener unas mínimas nociones de la historia de la música popular, desde las condiciones sociológicas en las que se forma hasta haber escuchado unos cuantos discos clásicos de cada estilo importante. Sufrimos una anglofilia extrema que ningunea ramas tan importantes como la música de África y Latinoamérica, entre otras. 

David S. Mordoh: Nadie puede ser totalmente imparcial en cualquier acto de su vida, y redactar reseñas es un acto más. El gusto personal va implícito, lo cual crea tanto adeptos a una firma como detractores. Ahora bien, las fórmulas para conseguir definir el producto pueden variar (reseñas más personales o reseñas más técnicas y asépticas), incluso un mismo crítico puede optar por fórmulas distintas según el mensaje que desee emitir acerca del producto.

P. Roberto J: Sin gusto personal, no hay crítica posible. Sin una subjetividad absoluta, teñida y matizada por el bagaje/el conocimiento, un crítico no es un crítico: es la Wikipedia.

La crítica musical en España (1)

Lunes, enero 24th, 2011

Hace varios meses en los comentarios de esta entrada, se planteó el papel de la crítica rock en un país como España. Entre las opiniones que fueron surgiendo, se me ocurrió reunir a algunas de las mejores plumas que actualmente funcionan en España para que dieran su visión el asunto. Todo estaba planteado para un artículo con citas, pero la cosa se fue retrasando y retrasando hasta caer casi en el olvido. Al final, recuperando todo aquello en las pasadas Navidades y viendo lo recabado, comprobé como las respuestas hablaban por sí solas. Creo que, perfectamente, se pueden soltar en bruto y a bocajarro sin más adorno.

A la cita he llamado a Ignacio Juliá (codirector de la revista Ruta 66 durante años), Jesús Llorente ( Rockdelux, Spiral y otras), Víctor Lenore (Rockdelux, Ladinamo, La Razón) David S Mordoh (Rockdelux, blog Música en la Mochila), y P Roberto J (blog Hipersónica). Los cinco son críticos destacados y de referencia, bajo mi punto de vista, y representan un poco varias edades del sector en España: desde las revistas de los setenta a los blogs que revientan visitas en Internet. Les vamos a hacer cuatro preguntas sobre su oficio. Esta es la primera

PREGUNTA: ¿CUÁL ES EN TU OPINIÓN EL PAPEL DEL CRÍTICO MUSICAL?

Ignacio Juliá: Primero, el de informador de una realidad artística, a poder ser aportando todo el contexto posible sobre la misma. Segundo, el de opinador sobre la misma, intentando que esa opinión contagie al lector las ganas de pasar por la experiencia de esa canción, ese disco, grupo, escena, estilo… Tercero, el de agitador de conciencias y señalador de tópicos y medianías.

Jesús Llorente: Selección y contagio. Saber elegir entre el maremágnum de novedades musicales, explicar el porqué de esa elección e intentar contagiar su entusiasmo (en su caso) por el disco o el artista en concreto. El lector/oyente/aficionado bien sabrá, a su vez, elegir –mediante ensayo y error, en muchos casos- entre esos mismos críticos, y aprender a fiarse o no de uno en concreto (o de varios, claro está).-

Víctor Lenore: La justificación de este trabajo me parece sencilla. El mercado (discográficas, televisiones…) nos inundan con publicidad, que es algo así como información-basura sobre lo que significa la música. Cualquier esfuerzo que se haga por contrarrestar eso tiene su mérito. Santi Carrillo, el director del Rockdelux, dice que la crítica musical es un capricho de sociedades burguesas. No estoy muy de acuerdo: como explica Ian MacKaye (Fugazi, The Evens), la música ha estado presente en todas las culturas de la historia y es algo que precede al lenguaje. “Antes de decir la primera palabra ya habría alguien haciendo ritmos con palos y piedras”. Estoy seguro de que  en cualquier sociedad más igualitaria que la nuestra (que no es difícil) este trabajo existiría (de hecho, existe en Cuba). Por otro lado, como todos sabemos, la música es una importante farmacopea, con gran capacidad para cambiar nuestros estados de ánimo. Hoy el mundo es un sitio muy hostil y cualquier fuente fiable de información para descubrir pastillas que te sienten bien es algo valioso. 

David S. Mordoh: El crítico musical debe describir el producto de la manera más certera posible y después emitir una valoración que permita al cliente hacerse una idea de lo que va a encontrar.

P. Roberto J.: Su papel no es más que el que le otorgue el lector. Si éste le considera opinión autorizada y fiable para descubrir discos o grupos y para seleccionar qué escuchar, será justo eso. Si el lector lo considera un patán sin criterio, es probable que lo sea. Huelga decir que puede ser a la vez patán y crítico fiable; nadie lo sabe todo de todo. 

Muerto Jacko, ¿quién es el rey? (3)

Miércoles, julio 15th, 2009

IGNACIO JULIÁ (director de Ruta 66)

-¿Por qué piensa que son artistas globales? (pregunta referida a The Rolling Stones y Bruce Springsteen)?julia1
-No creo que Springsteen ni Stones sean artistas totalmente globales, quedan acotados al mundo occidental y algunos territorios bajo su influencia. Son parte de la predominancia de la cultura anglosajona a partir de los cincuenta. Globales lo han sido Bob Marley, Julio Iglesias, Michael Jackson, en el sentido de que sus canciones se han escuchado por igual en las capitales europeas que en los paises africanos o asiáticos. En todo el orbe, vamos.

-¿Qué papel piensa que representan en el cultura popular hoy en día? (pregunta referida a The Rolling Stones y Bruce Springsteen)

-El rol de Sprinsteen parece claramente definido: el superhéroe popular que mantiene el equilibrio entre la fama descomunal y el compromiso con su música y su mensaje. En cuanto a los Stones, son una gozosa reliquia de la era de plenitud del rock, mantenida con vida por la clarividencia para los negocios de Mick Jagger.

-Una opinión sobre Jackson y su proyección mundial.

-La proyección de Jackson siempre me pareció desmesurada. Thriller es uno de los más importantes, y redondos a nivel artístico y comercial, discos de la historia de la música grabada. Pero su figura llegó a las grandes masas por otras historias: su habilidad coreográfica, los primeros videos realmente creativos, el mito de Peter Pan y su enfoque hacia un público mental o físicamente adolescente, o una combinación de todas esas cosas. Como amante de la música, me parece vergonzoso que los medios le hayan dedicado a su muerte veinte veces más atención que a la de James Brown, uno de los norteamericanos más cruciales del siglo veinte, a todas luces un gigante cultural frente a Jacko.

-Teniendo en cuenta que todos son artistas que se pueden considerar globales empezaron 60, 70 u 80, ¿son posibles los artistas en la actualidad con la proyección de Michael Jackson?

-La globalidad se ha merendado lo global. Ahora que estamos todos conectados a la madre cibernética, se multiplican las opciones hasta el infinito y esto aborta la posibilidad de que un artista invada el centro de la escena y atraiga toda la atención en un mismo momento. Es lo que ocurrió la noche que pasaron el video de Thriller en TVE, que toda España y parte del extranjero lo vió. Esto hoy es obviamente imposible, dado el abanico de la oferta televisiva e internet. Y tampoco creo que sea necesaria la figura del Rey del Pop o el Dios del Rock; me parece más saludable que cada cual busque sus opciones musicales evitando lo gregario o lo impuesto.

Unos cuantos enlaces

Miércoles, octubre 29th, 2008

Un ramilletes de cositas cazadas al vuelo que podrían haber sido todas ellas objeto de un post independiente:

-Esta niña, que ya salió por aquí reseñada, dará que hablar

-Una de las grandes del pop de esta década llega a A Coruña dentro de un festival muy especial. Por su parte, la asociación Fase monta otro

-La mayor rock n´roll star del mundo del fútbol da su última pirueta

-Los analistas de mercado de Soraya, la chica de OT que hizo dos discos de música ochentera, le han sugerido que incremente el lado sexy

-Inenarrable documento en el blog de Triángulo de Amor Bizarro (especialmente el segundo de los videos)

-El autor del mejor disco del pop español de la década (sí, sí, el debut de Apeiron) tiene nuevas noticias

-La revista Ruta 66 ya tiene web

Pulp-Rock: lecciones maestras de periodismo musical

Miércoles, junio 11th, 2008

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Ruta 66 ha sido la mejor publicación de rock editada en España. Entre sus páginas muchos hemos descubierto a MC5, Galaxie 500 o Nick Drake y hemos leído los mejores textos en castellano de Led Zeppelin, The Supremes o Wilco. Pero, sobre todo, hemos aprendido a disfrutar de un algo muy especial que solo allí se daba y que ha sido (o debería ser) un modelo a seguir por los que hoy se dedican a escribir sobre música. Nos referimos a los análisis en profundidad de los artistas, elaborados con un tono literario, detallista y erudito, en los que el escriba se sumergía en la obra a tratar aprehendiendo sus entrañas, como si fuera el último estudio que se hiciera de él (es decir todo lo contrario a la mayoría de la prensa musical actual: superficial, de tendencia, olvidable). Esos textos siempre terminaban por ser la referencia “intelectual” a la que acudir sobre seguro, en esos tiempos en los que no existía Internet y la competencia (Rockdelux, Popular 1) no estaba a la altura y era de todo, menos fiable.

Gran parte de esta reverencia se debe a Ignacio Juliá, el co-director de la revista junto a Jaime Gonzalo, que en el verano de 2005 decidió publicar Pulp-Rock (Editorial Milenio), una imprescindible antología de algunos de los mejores artículos de la revista con su firma, junto alguna pieza de la fenecida Star. El recorrido es apabullante, toda una lección maestra de literatura rock en los que caben ensayos sobre todo tipo de artistas de Roy Orbison a Hank Williams, pasando por Giant Sand. Especialmente brillante resulta la disección del Dry de Pj Harvey (uno de esos textos que los lees y necesitas ir inmediatamente a la tienda de discos a hacerte con el disco), el trepidante relato de la obra de Lou Reed en la década de los setenta o la breve pero intensísima semblanza de Joy Division.

Aunque el grueso de los textos son rescates de artículos ya publicados con anterioridad, el volumen incluye hasta cuatro piezas inéditas sobre Fred Neil, Elvis Costello, Patti Smith y Phil Sector. Solo por la última, un excelente retrato psicológico y artístico del pequeño gran genio de la era pop que produjo Be My Baby, ya merece la adquisición. Por poner un ejemplo, así describe una producción de Spector: “Meteoros incandescentes cruzando el firmamento con fogosa urgencia, óperas pop de escasos minutos propulsadas por ciclópeas orquestaciones y arreglos masivos, música abusiva y rebosante de pasión que cambió el curso de la historia”.

El libro se completa con reflexiones del autor y una coda final de J de Los Planetas donde cuenta su idilio con el Ruta 66. Un broche final para una obra por la que no estaría mal que se pasasen todo aquellos escribas, que lamentablemente son cada vez más frecuentes, cuyas herramientas de trabajo son el google, la wikipedia, las escuchas apuradas en Myspace y el recorta y pega de textos ajenos, que a su vez copiaron previamente hojas promocionales.

Donde dije dije… digo Diego

Viernes, mayo 16th, 2008

Héctor G. Barnes lo clava en su crítica del Accelerate de REM en el Ruta 66 de este mes. Habla de un mecanismo que suele darse en las promociones discográficas y que, visto desde el otro lado, no resulta sino chocante:

“Las paradojas de la promoción: ahora resulta que, según la versión oficial de Michael Stipe y compañía, su último álbum Around the Sun era un trabajo mediocre y sobreproducido que no satisfizo ni a los fans ni a la propia banda. No seré yo quien niegue que aquella fue su sima (…), pero uno se pregunta si han tenido que pasar cuatro años para darse cuenta de que Around The Sun era, efectivamente, malo”

A escala más próxima este puede ser el esquema:

-Grupo dice que el disco que presenta es el mejor de la su carrera o que es muy bueno (en el caso de ser el primero)

-Periodista sostiene que el disco es malo, que es poco original o que carece de personalidad

-Grupo se enfada: o vacila al periodista ocultando el enfado… o se enfada de verdad.

-Periodista se incomoda con la reacción y finge que le da igual porque es su trabajo y ello va en el sueldo

(pasan dos años y el grupo edita nuevo disco)

-grupo dice que el disco anterior no era bueno, y detalla las cosas en las que fallaron (curiosamente las mismas que decía el periodista)

-periodista sonríe y salta la duda ¿De verdad que hace dos años no eran conscientes de los defecto?

(Borrón y cuenta nueva: periodista y grupo se terminan llevando bien… o en el peor de los casos, es decir que el grupo vuelva a sacar otro disco malo y el periodista lo diga, el rencor pervive… a veces, simplemente, pervive sin ninguna explicación lógica)