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Los diez mejores discos nacionales del 2014

lunes, diciembre 29th, 2014

Más allá de los nombres obligados que, en ocasiones, provocan grandes eclipses que impiden ver el todo, en buena parte el 2014 ha destacado en parte por los logros de los modestos. Sí, esos que desde su plataformas bandcamp y de sus ediciones limitadas, dejan a veces discos maravillosos. Dos de ellos, Aries y Chicharron, comparten un merecidísimo primer puesto en esta lista que los reivindica como hermosas y singulares flores en el jardín del pop nacional. Sobresalen en la producción de un año convulso en que la política semeja haberse ya instalado en muchos de los textos de los grupos (ahí está el caso de Nacho Vegas o Vetusta Morla) y donde siguen apareciendo plausibles reivindicaciones de las raíces tan logrados como el de María Rodés.

1. ARIES “Mermelada Dorada” (La Castanya) / CHICHARRÓN “Chicharrón” (Prenom). Vigo y Carballo respectivamente acogen las dos grandes joyas del pop nacional del 2014. La psicodelia almibarada de Aries, proyecto unipersonal de Isabel Fernández Reviriego (ex Charades, ex Electrobikinis), continúa la excelencia ya demostrada en Magia Bruta, su disco de debut. Infinito en matices y rico en influencias, lo dirige una monocorde voz de que habla de permanecer inmóvil y de irse, de la luz dorada que ilumina a ciertas personas y de las visiones del deseo. Por momentos, da la sensación de estar escuchando siempre la misma canción en un bucle infinito. Hasta que, después de dar la vuelta un par de veces, el oyente se sumerge bajo la capa uniforme. Ahí encuentra joyas como Moverme de aquí, En el sur o Migrañas, con melodías ondulantes, estribillos mágicos y chiribitas de belleza cayendo sobre ellas. Se trata de un disco y un estado de ánimo totalmente diferente al de Chicharrón, la banda carballesa formada por ex integrantes de Franc3s y Telephones Rouges. Dedicado en cuerpo y alma a la memoria del fallecido Alberto Gende (artista de Carballo, hermano de Diego Gende, guitarrista del grupo y hermano espiritual de Alberto Martínez, compositor y cantante) Chicharrón es un disco sobre los fantasmas de la pérdida y la necesidad de purgar el dolor que esta deja. Siempre con la sensibilidad a flor de piel. En él descansan los versos más conmovedores del año (“Siento que mi alma toca tu alma / Como el aliento helado de las estrellas / Como una mano toca otra mano / Antes de apretarla para siempre”) en un sonido acústico y espacioso, que se muestra frágil en sus formas pero termina llegando con un enorme poder.

2. VETUSTA MORLA “La Deriva” (Pequeño Salto Mortal). Después del monumental Mapas, los madrileños han optado por la confrontación en La deriva. Retrato certero del momento social actual, en él se reparten magníficas percusiones obsesivas, melodías intermitentes que podrían considerarse ya como marca de la casa y versos que hablan de rabia, desesperación, rostros enfurecidos y la necesidad de salir adelante. “Habrá que inventarse una salida / ya no hay timón en la deriva” , “Robaron las antenas, la miel de las colmenas/ no nos dejaron ni banderas que agitar” o “En la sala de espera desde otoño sin respiración / cada rostro es la cruz de un pastor sin rebaño” son algunos de las líneas que se reparten entre 12 piezas que derrochan talento y capacidad de sorpresa sonora permanente.

3. NACHO VEGAS “Resituación” (Marxophone). Seguramente Resituación sonará en la cabeza de muchos cuando, dentro de una década, se recuerde el 2014. En él Vegas se impregnó del espíritu del 15-M y trenzó un puñado de canciones que hablan sin muchos rodeos de víctimas de deshaucios que se tiran por la ventana, abusos policiales en manifestaciones y ciudadanos que se toman la justicia por su mano. Una en concreto, Runrún, se erigió no solo como un himno, sino como un punto y aparte en la carrera del asturiano que, al final, logra sacar algo de luz y esperanza en medio de este caos: «El miedo ha dejado de ser la actitud / suena en cada cabeza un hermoso run rún / nos quieren en soledad nos tendrán en común». Todo ello no debería tapar los valores musicales de un disco con grandes canciones como Luz de agosto en Gijón, Adolfo Suicide o Ciudad vampira que van más allá de su contexto.

4. PUMA PUMKU “Is It in You?” (Matapadre). La sorpresa del año llega desde Santiago. Allí funciona esta célula psicodélica que ha entregado un álbum de melodías maravillosas de aire sesentero vestidas con un traje totalmente perturbador. Desde Pink Floyd a Neu!, pasando por Tame Impala o The Beatles, este quinteto se ha aliado con Rodrigo Caamaño y Roberto Mallo (Triángulo de Amor Bizarro) a la producción logrando todo un caramelo para los oídos. Propone un viaje a lugares quizá ya explorados, pero que encanta volver a visitar de cuando en cuando. Ojalá los podamos ver en un directo que se antoja delicioso.

5. RUSSIAN RED “Agent Cooper” (Sony). Al margen de su decidida mirada a los años ochenta y su renovada imagen, lo bueno de Lourdes Fernandez es que compone canciones que siempre trascienden a su envoltorio. En esta ocasión entre neblina de superproducción, electricidad empastada y colores chillones nos deja una Jonh Michael que si no es el mejor tema del año no le debe andar lejos. También preciosas melodías que dibujan círculos en el agua (Xabier), momentos de pop metálico deslumbrantes (Anthony) o estribillos de esos que dan ganar de comérselos (Alex T).

6. PABLO UND DESTRUCKTION “Sangrín” (Discos Humeantes). Otro de los tapados de la escena nacional. Como ocurría con Rafael Berrio, el asturiano Pablo García logra que su uso del canon crooner espabile al oyente y le haga fijar toda su atención en unas letras y una interpretación sin parangón en España. Este es su segundo disco, una apuesta decidida por un rock oscuro y penetrante que ha recibido (justas) comparaciones con Nick Cave pero que va mucho más allá. Entre el retrato de la decadencia nacional (Pierde los dientes España), la furia de la clase trabajadora a lo El club de la lucha (Por cada rayo que cae) y la fantasía de trenzar un túnel desde Asturias a Moscú (Limonov, desde Asturias al Infierno). Estimulante.

7. JOANA SERRAT “Dear Great Canyon” (El Seguell). Trece segundos es lo que tarda esta catalana en tener al oyente comiendo de su mano. Es la primera vez que abre los labios en Dear Great Canyon, un segundo álbum sin fisuras que se mueve en ese territorio indeterminado llamado americana como pez en el agua y deja doce estampas deliciosas. Se podría citar a Lucinda Williams o a Lisa Hannigan, pero también a Neil Young o Bob Dylan. Sí, porque esta música suena a clasicismo y a búsqueda de la belleza eterna. Nada más y nada menos. Uno de esos discos que los pones en el coche y deseas tardar lo más posible en llegar a su destino.

8. MODELO DE RESPUESTA POLAR “El cariño” (Limbo Starr). No debería pasar desapercibido el segundo trabajo de estos valencianos que trenzan, a corazón abierto, toda una oda al desamor. Con frases como «A mí Madrid ya no me interesa / y tu te sientes tan realizada que me das asco / Te quiero» dejan en diez temas un paseo de pulsiones contradictorias y mareantes que sigue a una ruptura sentimental. Todo con un pop de trazo claro y sin estridencias en el que la voz de Borja Mompó se impone.

9. MARÍA RODÉS “María canta copla” (Chesapik). El interés de María Rodés por la copla se podría tomar por algo anecdótico dentro de la corriente de cierto pop nacional en ahondar en sus raíces. Pero lo cierto es que María canta copla engancha más allá de la rareza. Tomando un género tan apasionado y dramático como este desde su perspectiva desapasionada y serena se produce un sorprendente choque de sensibilidades, que deja un álbum para el que parece que se haya inventado la palabra bonito.

10. CUCHILLO DE FUEGO “Triple España” (Amawisca). Desde Pontevedra, este cuarteto es el último gran disparo surgido de ese undeground gallego crecido alrededor de centros sociales y colectivos culturales. Tirando de la energía de bandas como Melvins o Jesus Lizard hacen su particular retrato de las cosas entre alaridos, explosiones guitarreras y quiebros rítmicos. Por ahí sale la monarquía, los Alfa Romeo Jaime Peñafiel, Gallardón, Shellac y un tipo que dice desesperado «¿qué va a ser de mí?».

Nacho Vegas: “No quiero ser el bufón de la gente de derechas “

martes, julio 1st, 2014

Con Resituación Nacho Vegas ha querido explicitar de la manera más nítida posible su postura política. Totalmente influenciado por el 15-M, en sus canciones se pasean personas que pasan de la desesperación a la rabia, de ser desahuciados de su casa a formar parte del escrache contra un político. Ello ha producido una ruptura con parte de esa crítica que otrora lo adoraba y ahora lo acusa de planfletario. Con motivo de su visita a Santiago el pasado mes de junio lo entrevistamos para el suplemento Fugas con las limitaciones de espacio pertinentes. Ahora la recupero íntegra.

—Una persona cercana a usted se quejaba de que las críticas de “Resituación” hablaban mucho de política y poco de música. ¿Piensa lo mismo?

—Sí, pero creo que es algo natural. En otros disco se cargaban las tintas sobre algunos temas. No creo que este sea un disco exclusivamente político. En otros álbumes se decía que mis discos eran de drogas y tampoco todas las canciones se orientaban a eso.

—Hablar de drogas en el rock independiente era más común que hablar de política. ¿Existe una especie de salida del armario generacional respecto a la política en la música «indie» española?

—Puede ser, pero supongo que es algo natural también. Las cosas han cambiado. Desde hace unos años se ha producido una toma de conciencia generalizada ante una situación de hartazgo. Con el 15-M la política salió a las calles. Ahora ves en el autobús o en el supermercado a los chavales hablando de política. Cuando eso está tan presente es normal que se cuele en las canciones de la gente y que los grupos empiecen a hablar. Lo está haciendo un montón de gente. Hablar de política implica un posicionamiento. Incluso cuando se mira para otro lado, se estaba tomando partido. Cuando Fangoria cantan “No quiero dramas en mi vida” están haciendo política pura y dura.

—En otros géneros sí que se abrazaban a la política abiertamente, mientras que en el rock independiente estaba soterrado o, en el mejor de los casos, hecho de modo enrevesado. Se podía hablar con músicos de política, pero rara vez se veía eso trasladado a una canción. Ahora casos como el de su disco, el de León Benavente o el último de Ornamento y Delito parecen confirmar una especie de explosión.

—Bueno, había otras formas. El compromiso político del músico no tiene que ver solo con el mensaje y el contenido de las letras. Cosas como el Lady Fest o La Dinamo estaban relacionadas con el mundo indie pero eran política. Lo que pasa es que aquí lo importante era cómo se vehiculaba la música, no su mensaje. De todos modos, la generación indie fue algo conservadora y reaccionaria. El mensaje era «Como no sé qué hacer para que las cosas cambien, opto por no enfrentarme a ello».

—¿Podemos decir que fue una generación frívola?

—Sí, la frivolidad es un poco lo que tienes para agarrarte cuando quieres evitar hablar de temas espinosos. Existía una especie de cinismo endémico, con un cierto descreimiento hacia cualquier cosa que significase una toma de conciencia colectiva.

—En su disco llama la atención esas letras en unas formas musicales un tanto alegres.

—Lo buscaba, porque es algo de la música popular que me gusta mucho. La música tradicional en muchas ocasiones toca temas dolorosos pero no lo remarca con el sonido, sino todo lo contrario. Hay canciones de duelo con música muy alegre. Puede ser por esto, la verdad es que no era muy consciente del porqué. A veces, el no querer que la música redunde en lo que dice la letra le da un efecto más poderoso aún.

—Suicidios, desahucios, trabajadores estafados…. a priori eso pide uñas, garra y cabreo, no amabilidad.

—Sí, pero ahí está el truco de la música. Hay canciones de Hank Williams que, cuando yo las escuchaba sin saber qué decían, me parecían alegres. Eran las típicas canciones de country con acordes mayores y un violín saltarín, pero las letras luego eran lo más terrible del mundo. Tenía un punto negrísísimo.

—Destaca, por su solución sonora y lo bien encajado que está música y letra, “Runrún”. ¿Sintió que había logrado la plenitud al terminarla?

—No, especialmente. Esa canción me costó bastante terminarla. De hecho, la corregí muchísimo. Si ves la libreta de los temas, esa no hay quien la entienda: está toda llena de tachones. Sabía que era una canción importante en el disco. Quería que estuviera en el medio y articulara las dos mitades. Esa canción también es amable. Cuando la empecé y solo tenía la primer estrofa, era una especie de canción de cuna. Luego, empecé a desarrollar la letra con la frase de “nos quieren en soledad, nos tendrán en común” del comunicado del Patio Maravillas y todo se fue haciendo solo poco a poco. La verdad es que es una de las canciones más amables, pero en realidad está contando algo muy duro.

—En un ayuntamiento gallego que lo contrató hace unos años sentaron muy mal unas declaraciones suyas contra el PP que los relacionaba con el Franquismo. ¿Alguna vez le ha llegado alguna queja por manifestaciones así?

—No, pero aquí, por ejemplo, gobierna Foro. Cuando hubo un homenaje a Leonard Cohen en Oviedo dije cosas que no sentaron bien. Mientras que estén ellos no creo que me contraten [risas]. Parte de nuestra carrera se hace con dinero público, pero generalmente las giras las hacemos nosotros afortunadamente. Pero sí, supongo que los ayuntamientos luego eligen qué artistas les interesan y cuáles no y estas cosas pueden influir.

—Se ha mostrado molesto porque se le exija un plus de coherencia al haber dado un paso al frente. ¿No le pide usted a los «artistas políticos» que sean consecuentes o es algo que le da igual?

—La coherencia es un valor, pero también hay que ser relativo con ella. Generalmente, pienso que el que te exige esa coherencia es alguien que está un poco hablando más de sí mismo que de la persona a la que pide ese compromiso. No lo digo por mí. Lo digo, por ejemplo, cuando en los noventa con Manu Chao se decían cosas como que cobraba un montón de dinero o que iba a festivales patrocinados por Coca-Cola. Siempre me parecieron despreciables ese tipo de comentarios, de gente que está en su sillón sin hacer nada y que le da rabia que otra gente luche políticamente. Es eso de “Dice esto pero no me fío porque hace lo otro”. Quien dice eso está adoptando una postura reaccionaria. Me parece bien que se le exija a la gente compromiso, pero no hasta el punto de entrar a lo personal. A mí qué música hago, cómo la manejo y a los sitios a los que la llevo me preocupa mucho. Seguramente, entre en muchas contradicciones. Son dilemas, yo soy consciente de ello y creo que los llevo más o menos con dignidad.

—Le voy a plantear yo un dilema. ¿Cómo se sentiría si, por ejemplo, yo fuese un fan suyo y comprase sus discos, pero también fuese votante del PP?

—[risas] Pues no sé, no sé muy bien qué decirte. He conocido a gente de derechas que me seguía, pero no sé si seguirán ahí. Es algo que me pregunto muchas veces y, realmente, no estoy seguro si tiene mucho ver la ideología con el hecho de que te guste la música de alguien. Hay una cosa curiosa, que hace tiempo que hablaba con Cristina Rosenvinge. Es algo que ocurre entre los artistas progres del rollo izquierdoso. Joaquín Sabina, Miguel Bosé o Víctor y Ana le gustan mucho a la gente de derechas. Es como entre la gente de derechas necesitase una especie de bufón de izquierdas para decir: «Esta es la gente canalla de izquierdas». Eso ocurre. Yo conozco a padres de amigos míos que son de derechas, que les va mucho todo este artisteo progre. Es algo que a mí me preocupa, pero yo no quiero formar parte de eso. No quiero ser el bufón de la gente de derechas. Una vez, en una entrevista, a Albert Plá le decían que los Príncipies habían ido a un concierto de Serrat. Le preguntaba que qué le parecía si fuesen a uno suyo. Él decía que era imposible, pero le retaban a que lo imaginase y él terminaba como cabreado, diciendo “Puede que vayan a Serrat, pero a mí, ni de broma”. Él estaba muy convencido de que era imposible.

—Bueno, en los noventa estaban Negu Gorriak y había gente de derechas que, al margen del mensaje, los escuchaba y los valoraba. Yo conozco a algunos.

—Una cosa es no compartir el mensaje, pero no me imagino a nadie del PP escuchando a Negu Gorriak.

—Pues los hubo, se lo aseguro. Volviendo al disco, en algunos casos se ha criticado “Resituación” diciendo que era un disco hecho con prisas y que quedó, en lo musical, a medio hacer. ¿Es así o se trata de un álbum muy meditado?

—No, que va. Fue muy pensado. De hecho, creo que es un disco más completo que La zona sucia y El manifiesto desastre. Yo también he leído cosas así, pero no lo entiendo, la verdad.

—A lo mejor es por ese tono ligero y alegre de los temas.

—No sé, depende lo que entiendas por ligero. Antes hablabas del tono rumbero de La vida manca, pero bueno es una canción que relaciono con otro tipo de canciones mías, esas canciones río que van contando una historia y se van retorciendo a medida que la historia sucede. Pero quizá si haces la canción con otro tipo de tonalidades, más solemnes o más lúgubres, puede dar la sensación de que este más elaborada. Yo cuando hago canciones muchas veces estas remiten a otras. Por ejemplo en El manifiesto desastre hice Un desastre manifiesto, una canción que cuando la hacía me gustaba mucho y quería que fuese lo que fue Polvorado en este disco, una canción en plan himno, muy coral, para cantar de manera colectiva. Sin embargo, no me salió y surgió un tema muy oscuro. Las canciones te llevan a un sitio, pero no es cuestión de que estén más o menos elaborado.

—También se han discutido algunos versos. ¿Usted cambiaría alguno a día de hoy?

—[se queda pensando] No sé…

—Me refiero, obviamente, a los dirigidos a los policías cuando habla de ellos como torturadores.

—No, esos no.

—¿Y algún otro, ya que estamos?

—En directo siempre cambio cosas. Estaba pensado si lo estaba haciendo con canciones nuevas y no, por ahora, no lo hago. Pero, con el tiempo, aparecen versos que no te hacen sentir cómodo y los cambio. De esos versos, con referencias a la policía, me han caído algunas críticas, diciendo que se trata de un topicazo y tal. No sé muy bien lo que entiende la gente cuando dice que torturar a una persona es un topicazo. No sé si es porque es una realidad exagerada o algo que salga en muchas canciones. Tampoco lo entiendo. No hay más que ver en el telediario lo que pasa todas las semanas para ver que es algo que sucede. Yo hablo de la realidad y esta está plasmada tal cual. Luego, viene mi posicionamiento político que es un antagonismo radical contra la policía, pero nada más. Este disco habla de gente y esa gente tiene unos organismos institucionales que, en vez de defender a la gente, están en contra de ella. La sacan de sus casas y las apalizan porque están al servicio de los poderes financieros y económicos. Eso tiene que estar reflejado en las canciones.

—Quizá las quejas por los topicazos vengan precisamente porque se entiende. Volvemos al indie y al gusto por un lanzar mensajes más enrevesados o indirectos. ¿Tenía intención de hacerse entender de manera clara?

—No me lo plantee en plan premisa. Pero sí me di cuenta que tenía una necesidad de descodificar el mensaje y de pulir las letras, dejándolas en la esencia y huyendo de los mensajes crípticos. Para hablar de ciertas cosas hay que desnudar las letras y huir de ciertas metáforas que pueden ser un poco tramposas.

—Le voy a hacer un comentario que escucho muchas veces entre fans suyos: “Desde que Nacho Vegas no está metido en la heroína sus canciones no tienen la calidad de antes”. ¿Qué piensa?

—Que es una estupidez como un piano.

—¿Piensa que hay mucha gente que mitifica esa etapa más explícita en esos temas?

—Lo comparo con lo que veía antes con Antonio Luque de Sr. Chinarro. Con sus últimos discos, que a mí me parecen buenísimos, hay muchos fans que dicen: “Que vuelva el Luque de antes, que este no nos gusta”. Y no sé, quizá hay gente que quiere que hagas el mismo disco una y otra vez, pero es imposible porque a tu alrededor las cosas cambian, cambias tú y hacer canciones significa reapender a ver las cosas. De hecho, el título de Resituación hace referencia a eso. Ahora, en la gira, estoy poniendo en común las canciones nuevas con otras de discos antiguos. Creo que funcionan bien, pero desde luego no voy a hacer un disco como Cajas de música ahora. Lo siento la necesidad, no es el momento y no tendría ningún sentido.

—¿No hay algo perverso en los fans en ese querer que su artista lo pase mal o viva situaciones límite?

—Supongo que el patetismo del personaje les dará morbo a alguna gente, pero no es algo muy sólido. Pero lo cierto es que algunas de aquellas canciones, que ya no toco, hoy las veo naíf. Ahora canto de cosas mucho más duras. Ya me ocurría lo mismo en La zona sucia, que es uno de los discos más duros que hice a nivel de letras.

—Hablaba antes de la postura política de mirar a otro lado. Mucha gente habla, en ese sentido, de los posicionamientos por omisión de aquellos artistas que, al no explicitar su postura política, realmente están tomando otra. Se le suele acusar de ello, por ejemplo, a los grupos que solo hacen canciones de amor. ¿Cómo lo ve usted?

—No, un grupo puede hacer solamente canciones de amor y ser político. Hay algo ineludible: el compromiso con tu trabajo. Cuando tu haces música, tocas una parte muy popular de la cultura y estás llevando cosa a la gente. Hay que ser consciente que, pese a estar un poco dentro del mercado, la cultura tienen que funcionar en horizontal y hay que tener un compromiso con el mundo en el que vives y a donde quieres llevar tu música. Un grupo que solo habla del amor y no toca otro tipo de realidades puede tener un compromiso a otro nivel. Si un grupo saca canciones de amor, graba discos para una multinacional y es una especie de producto para conseguir dinero a corto plazo, se está posicionando políticamente. Ese no me interesa para nada, no tiene nada que ver con a lo que yo me dedico. Yo no lo exijo a los grupos que su música hable de política, pero sí que tenga un compromiso con su trabajo y con el mundo que le ha tocado vivir. Creo que cualquiera que se dedica a esto lo sabe.

—Hay quien afirma que, por ejemplo, un grupo como La Buena Vida es “de derechas”. A mí, personalmente, me cuesta entrar en ese tipo de pensamiento tan esquemático y polarizado y sacar conclusiones como esas.

—Ya. Toda la música dice mucho sobre el momento en el que fue creada. Y no es que La Buena Vida fuera un grupo de derechas, ni que ellos sean gente de derechas. Pero sí que La Buena Vida, Le Mans y todos esos grupos de Donosti son una gente de una clase social determinada, viviendo en una ciudad determinada. Eso se nota mucho. Hablan de lo lo que conocen. Antes te comentaba el ejemplo de Fangoria. Yo no los considero gente de derechas, pero sí que cuando dicen “yo no quiero dramas en mi vida” están hablando a una gente determinada y de un nivel socioeconómico, gente que no quiere mezclarse con temas problemáticos, ni tener dramas en su vida. Yo no quiero eso, no quiero hablarle solo a una gente de una determinada clase social. Y, aún así, eso es un dilema para mí. Por ejemplo, voy a hacer un concierto a Barcelona la semana pasada y la gente no puede gastar 25 euros para verme. En ese momento te preguntas ¿estoy haciendo música solo para gente que puede pagar 25 euros por una entrada? Luego lo intento compensar haciendo conciertos más baratos en centros sociales, pero me hago esas preguntas. Yo creo que se pueden leer todos los discos en clave política y los de La Buena Vida también, en ese sentido.

—Eso del precio de las entradas es interesante. Puede uno terminar como Bruce Springsteen, haciendo himnos de la clase trabajadora y cobrando 86 euros por un concierto.

—Es algo muy difícil de equilibrar. Ahora mismo a mí me preocupa mucho en esta gira. Esta parte la quiero hacer con toda la banda y todo el equipo y cuesta mucho. En Bilbao, por ejemplo, pusimos una entrada barata pero fue un desastre económico. En Madrid lo hicimos más caro, pero luego hicimos otros en el patio maravillas para compensar.

—Habla de que se dirige a un público. ¿Pretende remover sus pensamientos y sus ideas sobre el mundo?

—No es una finalidad. Las canciones mías recogen lo que ocurre alrededor. Siempre ha sido así. Hablo de mi vida, no solo de mis angustias y mis problemas, sino todo lo que pasa alrededor. Todo eso está ahí y la gente tiene que verlo, remover su conciencia, reflexionar. Mi música solo da testimonio del mundo en el que yo vivo. Ahora me hace mucha ilusión que viene gente muy joven hablándome de las canciones. Si a partir de ahí pueden reflexionar sobre algunas cosas, como a mí me pasaba con los discos de Billy Bragg, pues estaría guay. No es la intención.

—¿Y si alguno de esos chicos jóvenes le dice que “Runrún” es para ellos un himno?

—[risas] Pues me halagaría, pero no me lo tomaría mucho más allá. A esas cosas no hay que darles mucha importancia. Hay que distanciarse de ello, porque la canción es bidireccional: el oyente tiene que dar de sí en la música, sobre todo cuando eres muy joven. Hay que poner mucha energía propia para que una canción sea tuya.

El paso al frente de Nacho Vegas

viernes, mayo 9th, 2014

Que el rock toque la política, entendida esta como las directrices que rigen una sociedad, no es ni bueno ni malo. Simplemente es. Dependerá de cada caso para adjetivarla. Puede parecer una perogrullada, pero no. Aquí los prejuicios desbordan, nublan la mirada y provocan reacciones que muchas veces ni se piensan. Llegar con la mirada limpia a los músicos que deciden mezclar su música con esas líneas maestras cuesta. Unos oyentes porque consideran que el rock, por norma, debe dedicarse a otros menesteres. Otros porque ven siempre segundas intenciones nada nobles. Muchos porque solo lo toleran si se trata de SU ideología. Y otros tantos porque, aún así, les da grima verla reducida al estrofa-estribillo-estrofa.

Ese clima insano se acentúa en el llamado rock indie, lugar en el que se ha mimado con esmero a Nacho Vegas. Ahí, en el mundo de las profesiones arty, los adolescentes de treinta y tantos y el cinismo intermitente, la política era el demonio, el panfleto, cosa de  grupos kalimotxeros. Si tal, se colaba un sampler de un filme de los setenta que denunciaba el patriarcado (y que nadie se daba cuenta) o se cumplía la papeleta política haciendo un bolo sin publicidad o eliminando las melodías de una canción (tampoco nadie relacionaba una cosa con la otra). Todo hasta que la vida otrora despreocupada se ahoga. Y, con razón o no, se culpa a esa política. Entonces, versos como «Hace hoy un día precioso para explosionar» cantado muy juntito de «Nos quieren en soledad nos tendrán en común» no solo ponen la piel de gallina. También clavan con preciosa poesía un estado de ánimo: el de una generación enfurecida que muestra los dientes. Aunque sepan que es probable que se los rompan a porrazos.

Nacho Vegas ha tomado en Resituación el espíritu y el imaginario del 15-M sin ambages. Su posición aquí resulta meridiana. Habla de estraches como método de autodefensa social ante los abusos, introduce policías nacionales “con la boca llena de su democracia”, coloca en sus canciones víctimas inocentes de todo este tinglado y, en medio de todo, saca una suerte de esperanza colectiva que brota en forma de coros. Eso se condensa en canciones como Runrún, la portadora de los versos citados y todo un emocionante himno de este momento, visto desde el punto de vista de la indignación. Si no estamos ante una de las canciones definitivas de esta década, por favor, que alguien ponga una prueba (a ser posible en forma de canción) en contrario.

Perdiendo la vergüenza de usar el lenguaje sencillo y hasta tópico («¿Dónde está nuestro pan patrón? / ¿Dónde quedó todo ese dinero?») e imprimiéndole un aroma ocasionalmente ligero en las formas (desde rumba a semivalses, pasando por despreocupado country-rock), en esta nueva colección de Nacho Vegas se pasean personajes asustados («eres un gato observando el horror») pero con la fuerza suficiente como para tomarse la justicia por su mano («usted quizá reciba alguna visita»). Todo con el notable nivel compositivo habitual y con alguna que otra escapada al margen, como el delicioso juego de espejos nocturno de Luz de agosto en Gijón o el rock nervioso de Adolfo Suicide, dedicada al artista Adolfo P. Suárez con tributo a los Stones Incluido.

Son el oxígeno un disco bastante más valiente que oportunista y totalmente posicionado en un bando. Marcará —está marcando, véase su divorcio con la revista Rockdelux, hasta ahora defensora a muerte de su trayectoria—, un antes y un después en la trayectoria de un artista imprescindible. Se comparta o no su visión de las cosas.

Los 10 mejores discos nacionales del 2011

viernes, diciembre 30th, 2011

Cuando todo apuntaba a que el 2011 iba a finalizar sin trabajos excepcionales en el terreno nacional aparecieron Lisabö. Y nos dejaron sin habla. Los vascos llevan desde los primeros años de la década pasada ofreciendo algunos de los momentos más intensos del rock de por aquí. Pero no por ello Animalia Lotsatuen Putzua deja de impactar. Aislados de todo, demuestran que el talento y la autosuficiencia sirven para llevar una propuesta a donde sea. Desde Irún, en su caso, al mundo. Que se preparen para quedarse boquiabiertos en todos los rincones de este. Por cierto, los discos de Za!, Cooper, Nudozurdo, Christina Rosenvinge, Nacho Umbert, Josele Santiago, El Columpio Asesino, Sr. Chinarro o Fasenouva no entraron en la lista por los pelos.

1. LISABÖ “Animalia Lotsatuen Putzua” (Bidehuts). Cantar (gritar) como si fuese la última vez. Tocar (machacar) las guitarras como si estas se tratasen de una extensión de la rabia mimsma. Golpear (destrozar) la batería con ritmos que parecen un ataque bélico. Crear (prender) bolas incandescentes de sonido. Eso es algo de lo que acoge el cuarto álbum de Lisabö, una demostración de poderío sin parangón en el panorama nacional. Volcándose a su lado más crudo, expresivo e intenso han trenzado una obra de rock total que deja sin palabras. Muy probablemente, se podrá ver en Galicia cómo se portan en el escenario la próxima primavera.

2. FERNANDO ALFARO “La vida es extraña y rara” (Marxophone). Desde aquel Los diarios del petróleo de Chucho no estaba tan inspirado el músico que en los ochenta creó los Surfin’ Bichos. Su nuevo trabajo reúne muchas de sus claves de siempre -el surrealismo, la muerte, el amor-, busca un eficaz aliado en la producción en dos planos de Raül Fernández y termina por ofrecer canciones tan atinadas como Camisa hawaiana de fuerza, El último crooner santo o El caminante kamikaze. Estas, piezas de autor que revelan su origen en cuestión de segundos, han llegado a sus fans como agua de mayo.

3. LÜGER “Concrete Light” (Marxophone). Igual que en su primer álbum, los madrileños Lüger ofrecen un batiburrillo de kraut-rock y psicodelia realmente nutritivo. Sus bucles sonoros enredan y embaucan al oyente en viaje sonoro de altos vuelos. Sin lograr reflejar en los surcos la (apabullante) intensidad de esos directos que ganan adeptos día a día, ofrecen la visión más sintética y controlada de su sonido. Lo que en su día fueron Manta Ray o Schwarz se encuentra hoy en ellos.El disco se puede escuchar y descargar gratuitamente aquí.

4. MANOS DE TOPO “Escapar al anticiclón” (Strange Ones). Continúan siendo un grupo de amor u odio. Este tercer trabajo no servirá para cambiar las opiniones de aquellos que no soportan el tono grandilocuente de Miguel Blanca, un títere llorón en manos de unas mujeres que no puede dejar de adorar. Pero sí que encantará a los que fueron fans de su primer álbum y los habían apartado poco a poco, porque estos Manos de Topo presentan un nuevo brillo estético (más consistente, menos lo-fi), versos tan geniales como “solo destacas por tus zapatos / no por tu forma de andar” y temas como para seguir queriéndolos como el primer día.

5. FRANC3S “Franc3s” (Los Enanos Gigantes). Motivo de orgullo para este blog, ya que ellos fueron protagonistas de la fiesta de aniversario del 2010. El trío de Carballo (A Coruña) ha volcado en un elepé su propuesta esquelética y ruidosa con la que le quieren mostrar al oyente ese otro mundo en la que apelan sus canciones. Mucho más radicales en sus planteamientos que sus hermanos espirituales de Triángulo de Amor Bizarro, con los que se les ha comparado mil y una vez, Franc3s desechan las melodías y los estribillos y ofrecen un chorreo de imágenes apabullantes, ritmos minimalistas y ambientes enrarecidos. Ya preparan su segundo trabajo. Por cierto, sus compañeros de aquel concierto, Telephone Rouges, acaban de sacar también un excelente epé. A ver si Mano de Obra y Srasrsra (que tocaron en la fiesta del 2011) dan el salto en breve.

6. MANEL “10 Miles per veure una bona armadura” (Universal). Tanto análisis sociológico sobre el hecho de que un grupo que canta en catalán venda discos como churros y tanto afán de trazar paralelismos en las otras comunidades con lengua propia al margen del castellano, conlleva un grave riesgo para Manel: minimizar los logros de su disco maximizando la coyuntura. Y es que estos, al margen del idioma en el que se expresen, son el trenzar un personalísimo folk-pop con cuño personal, arreglarlo con un gusto exquisito y ponerlo al servicio de una colección de canciones realmente notable. Sus últimos conciertos en Galicia sirvieron para demostrarlo una vez más.

7. VV. AA. “Galician Bizarre” (Autoedición). El excelente estado de salud del rock actual que se hace en Galicia se puede testar en este revelador recopilatorio que recoge muchos de los ecos del underground de la tierra. Desde el vómito guitarrero de Telephone Rouges a la hipnosis punk de los ya disueltos Indómitos, pasando por el ruido envolvente de The el disco (disponible en vinilo en en descarga digital gratuita aquí) ofrece muchos y variados motivos para sentir que vivimos una época de esplendor.

8. RUSSIAN RED “Fuerteventura” (Sony). Lourdes Hernández ha entregado un buen disco de pop en su segundo paso. De hechuras clásicas, ocasional tono retro y sin más intención que el de acoger buenas canciones, cumple de sobra con su papel. Suena tremendamente bien (el hombre de confianza de Belle & Sebastian, Tony Doogan, estuvo a los mandos), acoge piezas deliciosas (The Sun The Trees, Tarantino, I Hate But I Love You…) y no contiene ningún patizado. ¿Debería entonces pedir perdón la autora por haber triunfado para que el ala indie la acepte de nuevo en su corral? ¿Son objetivamente superiores los discos patrios de pop que se loan día sí y día también en la prensa a este?

9. NACHO VEGAS “La zona sucia” (Marxophone). No es el mejor disco de Nacho Vegas, pero contiene bastante razones como para no dejarlo a un lado. La principal se llama La gran broma final, una de las diez mejores canciones de la historia del asturiano. Pero también la deliciosa Lo que comen las brujas, elevada a la categoría de himno con voces infantiles, la cabaretera Cosas que no hay que contar o esa oda al al ahogar las penas en alcohol de Taberneros son otras nada despreciables.

10. DISCO LAS PALMERAS! “Nihil Obstat”(Matapadre). Agradabilísima sorpresa la proporcionada por este trío de Lugo abonado al ruido, las voces somnolientas y las baterías explosivas. Prescindiendo del bajo, Disco Las Palmeras! se presentan como outsiders sociales que buscan reafirmarse en un clima hostil, unas veces enfrentándose de cara y otras veces escapándose lo más lejos posible. Gran primer paso.

Björk, Nacho Vegas, Pablo Gallo y el reactable

viernes, noviembre 27th, 2009

Hasta el domingo se puede ver (y tocar) en A Coruña el reactable, el insólito instrumento que usó Björk en su disco “Volta”

El coruñés Pablo Gallo ilustra la reedición de “Política de hechos consumados”, el primer libro de Nacho Vegas

“Nacho, esta vez lo has hecho muy bien”

domingo, abril 26th, 2009

Nacho Vegas
24-4-09, A Coruña, Teatro Colón

En el otoño del 2001 Nacho Vegas actuaba por primera vez en A Coruña. Llegaba en el marco de una gira conjunta con la cantautora Aroah, con quien acababa de editar Seis canciones desde el norte, un minicedé compartido entre ambos. Fue en la sala Mardi Gras ante algo más de medio centenar de personas. Un Vegas delgadísimo y algo inseguro subió a las tablas con unas ojeras kilométricas que delataban mala vida en las escalas anteriores de la gira. Acompañado de la banda que sería el germen de lo que luego se bautizó como Las Esferas Invisibles, libró una autentica batalla contra las circunstancias. Como si el repertorio fuera el arma, su rock sonó afilado, con gran esfuerzo, pero convincente. La imagen del rostro del músico sudoroso, mientras su voz se quebraba en El ángel Simón, viene a ser el recuerdo fotográfico de una noche en la que muchos sintieron un flechazo con el de Gijón que pervive hasta hoy.

Ocho años después de aquello apenas quedan El angel simón y Miss Carrusel en su repertorio. También continúa en nómina el (excelente) batería Manu Molina y, claro, el propio Nacho. Más seguro y bastante menos huesudo, el que pisó el escenario del Teatro Colón el pasado viernes ya es un cantautor que deja a un lado el filo rockero en pos de un sonido poderoso, que gana en amplitud gracias a los teclados de su nuevo aliado Abraham Boda. Vegas pisa firme y logra tener, sin apenas esfuerzo, a todo el teatro (lleno a rebosar) comiendo de su mano, confirmando la expectativas creadas. Fuentes de la productora aseguraban, sorprendidos, que en esta ocasión habían tenido más solicitudes de acreditaciones de prensa para este directo que, por ejemplo, el que organizaron el pasado año en Santiago con los mexicanos Maná. Y solo echar una mirada a la platea servía para comprobar -entre corbatas de traje, camisetas de Bumbury y cabelleras a lo rasta- que lo de Vegas ha trascendido ya completamente a lo indie.

El que en medio de Ocho y medio brote una salva de aplausos en cada giro de la canción, como si estuviéramos frente a Antonio Vega y El sitio de mi recreo, puede (y debe) dar una idea de en lo que se está convirtiendo el de Gijón. Sonó justo a mitad de concierto, en una suerte de interludio acústico que gozó de una sorpresa inesperada: a la segunda vuelta de la canción se unió la banda, dándole un acabado instrumental perfecto. Fue uno de los momentos más especiales de un directo que, probablemente, tuvo su mayor pico en la dupla formada por El tercer día y Perdimos el control. Ahí, con el guitarrista Xel Pereda abriendo el grifo para echar cortinas de electricidad a chorro, se podía sentir el lado más arrebatador de Vegas, algo que alcanzaría el delirio total de cumplir Mondúber con la atmósfera. Sin embargo, el mejor tema de El manifiesto desastre no logra en directo a funcionar como en el disco: faltan los coros de Christina Rosenvinge que dulcifican la canción con veneno, faltan los instrumentos de viento que la elevan y el plus de emoción de la puesta en vivo no llega a cuajar del todo. Lástima, porque formaría una tripleta de k.o total.

También gustaron (y mucho) las dianas seguras de Dry Marini S.A. y Detener el tiempo, beneficiarias de la amplitud de un sonido impecable en los medios tiempos. Y las dosis de piezas ya clásicas como Miss Carrusel -presentada como “una canción sobre el Apocalipsis y el miedo al compromiso”- o El hombre que casi conoció a Michi Panero –que cerró, en principio, el concierto- contribuyeron a prolongar el estado de felicidad de un público que exigió los bises con gritos, palmas y pataleos. Lo lograron. De menos a más. Primero, la oportuna relectura de Canción del extranjero de Leonard Cohen. Luego, la entrañable Nuevos planes, idénticas estrategias y, para rematar, una genial vuelta de tuerca a El angel Simón con el ritmo del Be My Baby de las Ronettes y un agradecido suplemento de tensión.

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“Morir o Matar” en el teatro Colón

Decíamos en una entrada anterior que Vegas buscaba resarcirse de su floja actuación precedente en la ciudad. Puede que él ni haya pensado en ello, pero si así fuera la misión ha sido cumplida con creces. Sigue todavía sin superar aquel prodigio de actuación suya en la época del Cajas de música difíciles de parar, pero demostró que no solo es uno de los nombres imprescindibles del rock español, sino que los 21 euros que costaba poderlo ver en directo los valió, uno a uno. Aunque suena a chiste fácil, la ocasión lo demanda: en donde dice “Nacho, has vuelto a hacerlo mal” en Dry Martini S.A., cambiémoslo por un “Nacho esta vez lo has hecho muy bien”. Y aplaudamos: plas-plas-plas.

Nacho Vegas busca resarcise de su última vez en A Coruña

jueves, abril 23rd, 2009

nacho-vegas-sentado1Pocas figuras resultan más atractivas en el rock nacional que Nacho Vegas. Prolífico e inquieto, con una personalidad indiscutible y un altísimo nivel de calidad (aunque eso, claro, se discute… y mucho), seguir sus andanzas supone uno de los ejercicios más estimulantes para aquellos que busquen un discurso roquero en castellano, sólido y narrativo que gira constantemente sobre unas mismas claves. Nos referimos a los claroscuros del miedo y el porqué de la culpa. También a esa parte de mentira que tiene la verdad y la eterna persecución de la paz, bien por vía física o química. Y, cómo no, lo efímero de la llama del amor, pero lo deslumbrante de esta cuando se prende. Todo ello siempre con las suficientes vueltas como para que no decaiga el interés en sus lanzamientos. Afortunadamente, su estatus de cantautor indie oficial permite que, prácticamente, acuda a los escenarios de las principales ciudades de España cada vez que toca presentar al público en vivo un nuevo trabajo.

Esta noche en Vigo y mañana en A Coruña toca la presentación de El manifiesto desastre, su último elepé. Pero toca además la necesidad de borrar la floja actuación que dio en la ciudad herculina en la gira conjunta con Christina Rosenvinge en marzo del 2008 dentro del festival Vangardas Sonoras, con diferencia la peor de las cuatro veces que se le pudo ver por aquí. En esta ocasión allegados al músico, críticos y fans coinciden en que Vegas atraviesa un espléndido momento en directo, con una banda que funciona a las mil maravillas. Motivos no faltan. A estas alturas le sobra repertorio como para armar un concierto sin fisuras. Solo falta eso, que todo fluya como aconteció, por ejemplo, en la presentación que aquí, en A Coruña, dio del Cajas de música difíciles de parar cuando todos los astros de alinearon para un recital para el recuerdo. Ah, y polémico: en él reinterpretó la narración de En la sed mortal introduciendo a Xoel López (Deluxe) como un espontáneo que salía debajo de la mesa en la que Nacho Vegas y Dodó (el personaje de la canción) cenaban. “¿Pero que haces tú ahí abajo si eres un cantautor sensible y vendes muchos más discos que yo?, preguntaba Vegas enfundado en una camiseta de Britney Spears. Era la época de Stanislavsky, en la que más exageraba su personaje.

Ahora un buen número de grandes canciones se suman al listado. El manifiesto desastre, pese a no llegar al nivel soberbio de Desaparezca aquí (que si no es el mejor disco de rock nacional de la década, no le anda lejos), es un gran disco repleto de grandes temas. Con un excepcional sonido -mate, denso y amplio- engulle desde que, tras unos segundos de piano, se inauguran con las guitarras de Dry Martini S.A.y versos como “Tomo notas para hacer de mi vida sin ti algo habitable” se encargan del resto. A partir de ahí, surgen luminosos arpegios y confesiones sobre el miedo, su aceptación y la posibilidad de enajenarlo en una canción como los de Detener el tiempo (que contiene una de las letras más bonitas y emotivas de su carrera) alternados con la tensa oscuridad de Junior Suite -un nuevo e inquietante descenso a las tinieblas del sexo clandestino- y la lúdica evocación de Elvis Presley vía T.Rex de Lole y Bolan, con un cachondo monólogo entre Vegas y Christina Rosenvinge (su actual pareja).

Son apenas las cuatro muescas iniciales de un disco que, pese a lo que pudiera parecer, guarda sus diamantes para el final. Nos referimos a joyitas como Mondúber, una excepcional muestra de rock cocido a fuego lento que estalla de un modo totalmente arrollador entre coros femeninos y vientos, o Morir o Matar un grandioso broche épico que se antoja perfecto para cerrar ambas noches. En los dos casos se espera el lleno. Si ello se produjera confirmaría la buena salud del rock, del calidad, del de verdadera calidad y no eso que se nos vende como tal día a día.

Si quieren ir haciendo boca, he aquí las impresiones que su concierto de Bilbao causó en el pintor coruñés Pablo Gallo hace apenas un mes. Y aquí la encendida crónica de un concierto suyo en Madrid por parte de otro ilustre gallego, el crítico David Saavedra.

A Coruña es como Nacho Vegas

lunes, mayo 19th, 2008

(Conversación real en la calle Juan Flórez de A Coruña el sábado pasado de un grupo de 6 personas caminando juntos)

-Chico 1: Onte foi o meu último día saindo na Coru como coruñés. Hoxe empezo a levarme cousas

-Chico 2: A ti te va más venir de turista a Coruña, que vivir en ella.

-Chico 1: Sí, sí. [se ríe] Logo xa voltarei, que por casas onde durmir non vai a ser.

-Chico 2: Es curioso lo que sucede con Coruña. Hay gente que viene a estudiar aquí, se enamora de la ciudad y ya no quiere regresar: se busca sus amigos, trabajo y no quieren volver ni en pintura. Otros sin embargo, no se adaptan ni a martillazos.

-Chico 1: Debe ser. Eu son do segundo grupo, claramente [se ríe]

-Chico 2: Si, aquí no hay término medio. O bien o te gusta mucho, mucho o la detestas profundamente

-Chico 3 (que permanecía fuera de la conversación): É como Nacho Vegas

-Chico 1: ¿Que? ¿Que pasa con Nacho Vegas? [se gira]

-Chico 3: Joder, que a Nacho Vegas ou o amas ou o odias, como A Coruña.

-Chico 1: Ah.

[todo el grupo se ríe]

Nota: Diculpas a los no hablantes de gallego, pero traducida la cosa pierde. Espero que se entienda

El mejor pop español sigue oculto

miércoles, abril 9th, 2008

En 1994 Los Planetas editaron un disco mítico donde los haya, Super 8, para algunos el mejor álbum de la historia del pop español. A excepción de los medios musicales especializados, el trabajo pasó prácticamente desapercibido. Sobra decir que a otros títulos más o menos coetáneos considerados hoy clásicos, como Hermanos Carnales de Surfin´Bichos, Entresemana de Le Mans, Manta Ray de Manta Ray o Un soplo en el corazón de Family, no se les hizo ni el menor caso.

Si se revisan las hemerotecas, el supuesto pop español de calidad de mediados de los noventa lo protagonizaban nombres como Manolo Tena, Presuntos Implicados, Cómplices o Los Piratas. ¿Alguien los tiene en cuenta hoy?

En 2008, recuperados ya de la escabechina de Operación Triunfo (ya saben, al parecer llegaron los triunfitos y esto se convirtió un infierno, ¡cómo si la situación anterior fuera mejor!), la plaza de pop “de calidad” la han ocupado M-Clan, Amaral, La Quinta Estación o Pereza. Ellos son los buenos, los que suenan a Dylan y a los Stones, los que usan guitarras, los que hacen música de verdad. Bisbal el malo, el pachanguero, el de la música de mentira.

En medio de esta dialéctica simplista e interesada, una vez más se queda fuera del foco mediático algunos de los artistas más emocionantes y arriesgados del momento. Gente como Nacho Vegas, Lisabö, Triángulo de Amor Bizarro o Manos de Topo siguen dando con su cabeza en el mismo tapón.

La historia, como pueden ver, se repite.