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Los mejores discos internacionales de 2015

lunes, diciembre 28th, 2015

2015-beach-house

Diez álbumes para perderse en ellos. Diez trabajos editados en el 2015 que acreditan que la buena música sigue ahí, entre la marabunta. Diez discos que han merecido la pena ser escuchados y que, ahora haciendo balance, reclaman su derecho a la reescucha. No se fíen de que Beach House no aparezca en casi ningún lado. Tampoco del ¿olvido? del otrora laureado Bill Fay. Y no piensen que traer aquí a Gwenno o Ryley Walker se queda en una simple una concesión a la diferencia sin dos grandes discos que sustenten la elección. Refrendemos el aplauso unánime de la crítica a Kendrick Lamar o Sufjan Stevens que se han salido del mapa. Recordemos (porque seguro que alguien lo había olvidado ya al ritmo que va todo) que Sleater Kinney y Blur abrieron el año recordando quien fueron y quien siguen siendo. Y que, vaya, Low y Dominique A continúan en su línea previsible de siempre: la de solo editar calidad. Esto es lo mejor del año para Retroalimentación

1. BEACH HOUSE “Depression Cherry” (Bella Union). Victoria Legrand y Alex Scally lo han vuelto a hacer. Han entregado otra maravilla de dream-pop especialmente diseñada para aquellos que en su día deliraron con Broadcast. Esparciendo un poco más las melodías, doblando el componente atmosférico y dejando canciones vaporosas como Beyond Love, Levitation, Space Song o 10.37, el dúo de Baltimore lo ha vuelto a hacer: poner la emoción del oyente en suspensión con un disco que incita a cerrar los ojos, volar y disfrutar con el viaje. No pocos se han sentido decepcionados con él. Les invito desde aquí a que lo intenten varias veces, mientras deslizan la yema de sus dedos por el terciopelo de su portada. Merece la pena

2. SUFJAN STEVENS “Carry & Lowel” (Asthmatic Kitty Records). La muerte de su madre en 2012 y todas las cosas que no funcionario en su relación con ella, sirvieron de argumento para el nuevo trabajo de Sufjan Stevens. Se trata de un disco acústico y cargado de sutilezas, que parece creer evocar una suerte de comunicación espiritual con todo su envoltorio ambiental de voces dobladas y ruidos de fondo. En él surgen recuerdos infantiles, sombras de esa caricia familiar que no llegó a sentir del todo y un deseo de retomar el diálogo ahora, justo ahora que ya imposible. Cantado con una fragilidad desarmante y tocado con una finura exquisita, consigue conmover y dejar con ganas de volverlo a escuchar mil y una vez.

3. SLEATER KINNEY “No Cities to Love” (Sub Pop). Hay retornos y hay retornos. El de Sleater Kinney, que volvieron diez años después de The Woods, es de los que invitan a pensar que el lapso de tiempo en realidad no existió. Con la misma fuerza, con el mismo poderío, Corin Tucker, Janet Weiss y Carrie Brownstein suman y siguen en una discografía ejemplar con canciones-emblema como A New Wave, interesantes desvíos a la síncopa post-punk como Fangless o mazazos a piñón fijo como Fade. Un gran trabajo, de esos que piden máximo volumen para ser escuchados en toda su intensidad

4. KENDRICK LAMAR “To Pimp a Butterfly” (Interscope). Para buena parte de la crítica este es el disco del año y, desde luego, en el ámbito de la música negra no admite rival. No parece una exageración. El tercer trabajo de Kendrik Lamar lo tiene todo: canciones de pegada inmediata (King Kunta, con otros arreglos, podría ser hasta un tema de Bruno Mars), temas de tercera y cuarta escucha, sabio reciclaje de del jazz, el funky y el rap, cuerpo de álbum mayúsculo que radiografía la situación de una comunidad negra abocada (aún) el racismo y solidez en todos sus cortes.

5. GWENNO “Y Dydd Olaf” (Heavenly). Sorpresa mayúscula. Gwenno Saunders, la rubia de The Pippetes, debutó este año en solitario con un disco maravilloso que poco o nada tiene que ver con el pop en techinicolor de aquel. Cantado en galés e inspirada en una novela ciencia ficción escrita en 1976 por Owain Owain, en ese álbum la artista se sumerge en el retrofuturismo, el kraut-rock y la psicodelia. El resultado ha enamorado a los fans de Stereolab y Broadcast, ha encantado a los curiosos que se han acercado a él y, más allá de filias estéticas, convence por la calidad de su contenido.

6. DOMINIQUE A “Eléor”(Cinq7-Wagram-Popstock!). Quizá por entregar gran disco tras gran disco en una trayectoria excelsa, los lanzamientos de Dominique A ya no provoquen tanto entusiasmo como en el pasado. Pero en cada uno de ellos existe verdadera magia. En ese sentido, Eléor suma y sigue en su vertiente más serena con los singles precisos de un mundo perfecto (Central Otago, Par le Canada), canciones diminutas que se hacen enormes orquestadas (Au revoir mon amour, L’Océan) y una maravilla escondida al final (la homónima Eléor y su frágil melodía) que certifica que seguir al francés años y años. No falla.

7. LOW “Ones and Sixes” (Sub Pop). Siempre están ahí. Cuando se lanza al lamento de que el rock actual es incapaz de ofrecer recambios de envergadura a lo que en su día fueron Pixies, Sonic Youth o My Bloody Valentine, aparece su nombre. Lo lleva haciendo ya dos décadas , con grandes discos servidos con saludable regularidad. Y en este 2015 llega otro más. Con cierta conexión sintética con Drums and Guns (2007) pero mucho más accesible que aquel, Ones and sixes revisa el libro de estilo del grupo -encogimiento, dulzura, pasajes rugosos, tubulencias, melodías saliendo a flote-, conformando otro capítulo para uno de los libros más importantes de la música contemporánea.

8. RYLEY WALKER “Primrose Green” (Dead Oceans). Sus conciertos en Galicia (él solo, sin banda) fueron de una intensidad tal, que resultaba obligatorio hacer visita a su discografía. Ahí aparecía este soberbio segundo disco, preñado de folk, jazz y psicodelia, armado con canciones impresionantes y dueño de una interpretación magistral. Andan por ahí los espíritus de Bert Jansch, Richard Thompson, Tim Buckley o Nick Drake, héroes de la música británica que han fascinado a este talentoso músico de Chicago que promete dar muchas más alegrías. Por ahora, un deseo: poderlo ver con banda en Galicia.

9. BILL FAY “Who is the Sender?” (Dead Oceans). Tras la resurrección de Life Is People (2013), tras 40 años en el olvido, Bill Fay ofrece la siguiente entrega de su segunda vida, rebajando el tono y ahondando en el verso. Él dice que se trata de otro modo de góspel. Y lo cierto es que entre su cantar cansado, ese piano que lo acompaña sin molestar y los arreglos orquestales de fondo surge una voz espiritual que que pregunta cuál es el camino correcto en medio de la desesperanza. Lo dice todo de un modo tan conmovedor que, en medio de la escucha, si alguien sugiere llevarlo a lo más alto de los discos del año difícilmente encuentre oposición.

10. BLUR “The Magic Whip” (Parlophone). Con su retorno a los escenarios Blur dejaron claro que un mundo con ellos era mejor que sin ellos. Quedaban dudas sobre su paso por el estudio, resueltas satisfactoriamente con este The Magic Whip. Siendo 100% Blur, pero descartando fingir que todavía estamos en los noventa, este disco navega entre los aromas de soul, toques afro, pinceladas electrónicas y pequeños arreglos orquestales. Todo muy de melómano de cuarentaytantos en el salón de casa. Poco de veinteañero desbocado en el pub. La juventud se esfumó. La nuestra y la suya. Pero, sorpresa, sienta bien.

Los diez mejores discos internacionales del 2013

viernes, diciembre 27th, 2013

Seguramente el 2013 no pasará a la historia como un año clave para la música. Nada ha tambaleado el mundo del pop y del rock de manera especial. Ningún disco ha roto esquemas, ni formales ni emocionales. No existe ese algo que agote suspiros y signos de admiración. Falta, en definitiva, ese punto de inflexión que en temporadas anteriores marcaron Pj Harvey, Animal Collective, Swans, Kayne West o Beach House. Y si tenemos en cuenta entregas que podían prometer (Primal Scream, Arcade Fire, The Strokes, MGMT,…) pero que finalmente decepcionaron, queda un regusto un tanto agridulce. De todos modos, existen buenos trabajos. He aquí una lista encabezada por unos Vampire Weekend que han firmado su mejor obra, erigiéndose en uno de los faros del pop contemporáneo. También se encuentran retornos históricos y varios debuts esperanzadores. Eso sí, ¿los recordaremos a todos ellos dentro de un par de décadas como hoy hacemos a las obras gloriosas de Public Enemy, Pixies, Portishead, Radiohead o Tortoise que encabezaron sus respectivos años? Ahí queda la pregunta para quien la quiera contestar.

1. VAMPIRE WEEKEND “Modern Vampires of the City” (XL Recordings). Sin el impacto inmediato de sus predecesores, el tercer disco de Vampire Weekend exige una digestión sin prisas. Se trata, precisamente, apreciar precisamente su lentitud. Quien lo haya hecho, encontrará un puñado de canciones que profundizan en su pop barroco y africanizado hasta modelar temas excepcionales. Lo abre, suave y sedoso, Obvious Bycicle y, al poco, rato, surgen los cuatro minutos más inspirados del año con una Step deliciosa que, además, llegó servida con un video-homenaje a Woody Allen precioso. La travesía continua por Don’t Lie, la maravillosa Hannah Hunt y otras tantas muestras de perfección de un sonido que puede permitirse el lujo de obviar las píldoras pop.

2. DAVID BOWIE “The Next Day” (Sony). Fue el (inesperado) regreso del año y todo un golpe de autoridad por parte de uno de los más grandes. Aunque, seguramente, no figure en un hipotético top-10 del artista, este trabajo llegó como un caramelo en el 2013. Totalmente autoreferencial desde la propia portada, en él Bowie viaja a su propio pasado para encontrar diferentes caminos por los que canalizar su figura en 2013. Igual por la vía melancólica del Where Are We Now?, que evoca el Berlín perdido, como con el brío guitarrero de The Stars (Are Out Tonight). Salvando un pequeño bajón en su tramo central, el resultado resulta excelso. Lo cierto es que ya quisiera Arcade Fire poder ofrecer un álbum así este año.

3. SIGUR RÓS “Kveikur” (XL Recordings). Valtari (2012) fue un disco apreciable, pero que había dejado a una buena parte de sus fans desencantados. Echaban en cara un exceso de atmósferas ligado a una falta de concreción. Pues como si tomasen nota los islandeses, reducidos a trío tras la marcha de Kjartan Sveinsson, giraron el timón de la nave y ofrecieron un disco mucho más contundente, infinitamente más crudo y con un impacto que hizo desvanecer aquella decepción. Imprescindibles en el pop actual, en esta ocasión optan por un ligero barniz industrial y plantean un fascinante cuerpo a cuerpo en el que, aún así, brotan las melodías oníricas marca de la casa.

4. LOW “The Invisible Way” (Sub Pop). La alianza con Jeff Tweddy (Wilco), que se encargó de la producción del disco, podría haber hecho pensar en un giro radical en su sonido. De eso hay poco. La primera nota es el carácter marcadamente acústico del álbum. La segunda, el agradecido protagonismo de Mimi a lo largo del cancionero. Más allá, todo planea un reencuentro con el universo habitual de Low: canciones crepusculares, rítmica que alterna la sequedad con las escobillas, líneas melódicas que parecen sacadas de un coro góspel y pequeños estallidos metálicos que obligan a apretar el puño. Puro placer.

5. MY BLOODY VALENTINE “m v b” (Autoedición) Al final llegó. 22 años después de cambiar el mundo del pop con Loveless (1991), My Bloody Valentine entregaron un álbum que perfectamente podría haber salido en 1993. Sí, recogiendo el testigo en donde lo dejaron, Kevin Shields y los suyos menearon el canon shoegazer que ellos mismos crearon en un ramillete de composiciones perezosas (Only Tomorrow, Who Sees You, She Found Now…). También se permitieron algún pequeño avance como Nothing Is o Wonder 2, que apuntan maneras de futuro. Evidente no es su predecesor (¿quién puede igualar algo así?), pero sí un gran trabajo.

6. TOY “Join The Dots” (Heavenly). Todos los que miramos a Toy con desconfianza en su debut, tuvimos que cambiar de opinión cuando la evidencia saltó con uno de los mejores directos que se pueden ver actualmente sobre un escenario. Ello obligó a volver la vista hacia su notable primer paso (la versión suave y empastada de aquello) y allanó al camino para este segundo capítulo fascinante. La receta es ya conocida: kraut-rock diluido en ruido shoegazer y psicodelia sesentera. El modo de llevarla a cabo, no tanto. Pocas bandas que se mueven por territorios similares ofrecen un resultado tan rematadamente bueno. Ojalá vuelvan a tocar en Galicia en el 2014.

7. SAVAGES “Silence Yourself” (Matador). Como si Sleater-Kinney se aproximase al mundo de Joy División, Savages ofrecen en su disco de debut una bola oscura pero a la vez inflamable de fuerza y tensión. Comparadas con Siouxie and The Banshees (y desprestigiadas por algunos por su supuesta falta de originalidad), lo cierto es que este cuarteto londinense han entregado un disco redondo. Con el cuchillo entre los dientes, su vocalista Jenny Beth comanda la nave con autoridad en un constante clímax-anticlímax que aturde. Y, al igual que Toy, con un directo demoledor.

8. BILL CALLAHAN “Dream River” (Drag City). Para algunas listas, como por ejemplo la de la revista Mojo, aquí descansa el disco del año. En él Bill Callahan se muestra tranquilo, enamorado y disfrutando de la vida. El tono continua siendo grave. Su voz, impertérrita en primer plano. Y el fondo musical, discreto. Pero en este aparecen ocasionales flautas de felicidad. De los labios del autor surgen frases tan definitorias como “Todo lo quiero es hacerte el amor / sin ninguna preocupación en mi mente”. Y el conjunto del álbum deja una sensación de bienestar y calma maravillosa.

9. VALERIE JUNE “Pushin’ Against A Stone” (Sunday Best). Una de las grandes sorpresas del año es el disco de debuto de esta superdotada cantante de Tennessee apadrinada por Dan Auerbach (The Black Keys). Totalmente clásica en sus fuentes, propone un viaje multidireccional hacia al góspel, el blues, el jazz y el pop del que saca un híbrido fascinante. Con una voz agudísima a lo Billie Holiday, va caminando por todos esos lenguajes con la autoridad de las grandes dejando un trabajo magnífico que obliga a anotar su nombre para el futuro.¿Alguien dijo no se qué de la Amy Winehouse americana?

10. YOUTH LAGOON “Wondrous Bughouse” (Fat Possum). El segundo trabajo del proyecto de Trevor Powers podría tomarse como el de unos Beach House subidos a un carrousel de psicodelia multicolor. Con los Animal Collective de Merriweather Post Pavilion como la principal influencia, en este caleidoscopio sonoro en el que también se dan cita los Mercury Rev de Boces o MGMT. Todo al servicio de un clima alucinado que se mantiene durante sus diez temas. Sí, la escucha no decae. Todo lo contrario, engulle como si de un agujero se tratase.

Los 10 mejores discos internacionales del 2011

jueves, diciembre 29th, 2011

Ha vuelto. Se llama Polly Jean Harvey, derrocha talento y convierte en oro casi todo lo que toca. Su Let England Shake es una nueva lección de cómo llevar una carrera hacía la excelencia, dejando a la crítica boquiabierta. De manera casi unánime, la prensa especializada ha considerado que es la autora del disco del año. Y aquí, en este blog devoto siempre de la británica, se piensa exactamente lo mismo. Ella encabeza una lista en la que se quedaron a las puertas grandes discos como los de Bon Iver, Fleet Foxes, Girls, Arctic Monkeys, Björk, Bill Callahan, Radiohead o Eilen Jewell.

1. PJ HARVEY “Let England Shake” (Island). Difícil lo tenía Pj Harvey para superar a White Chalk (2007), aquella joya de folk gótico y fantasmagórico con la que había reinventado su carrera. Pero lo hizo. Tirando de sus hallazgos formales mucho más allá y dando una vuelta de tuerca total en el contenido (de la radiografía emocional personal al retrato del carácter bélico de su país, ahí es nada), Polly ofreció un nuevo golpe de autoridad, exigiendo por enésima vez un sitio en la gloria rock. A estas alturas decir que estamos ante su figura más importante de las últimos 20 años no supone ninguna exageración.

2. THE VACCINES “What Did You Expect From The Vaccines?” (Sony). El debut pop del año. Directo, poderoso e infalible. Como los primeros álbumes de Oasis, The Arctic Monkeys o The Strokes este trallazo va al corazón del oyente a por todas, sin coartadas artísticas, afán de innovación ni nada parecido. No, lo que se incluyen aquí son 12 himnos de juventud para llevar a todo volumen en el Iphone, sintiéndose el protagonista de algo. Y eso, a veces, es lo más trascendente del mundo.

3. JOSH T. PEARSON “The Last Of The Country Gentelmen” (Mute). El subgénero de los discos de ruptura ya cuenta con un nuevo clásico. Diez años después de formar parte de Lift To Experience, Josh T. Pearson ofrece su primer álbum en solitario: una desgarradora sucesión de confesiones sobre el amor roto y la imposibilidad de rehacerlo. Adioses, aullidos, cuernos, adicciones, perdones, infiernos y lágrimas se suceden en un verdadero tour de force expresivo. Con la ayuda de una guitarra y ocasionales arreglos de cuerda, esta especie de Jeff Buckley cayendo en picado ha dejado una pequeña obra maestra.

4. LOW “C’mon” (Sub Pop). Aunque algún fan los acuse de no mirar hacia delante y de regodearse en logros pasados, lo cierto es que el nuevo disco de Low conmueve desde el minuto uno. Todo suena familiar, todo entra a la perfección, todo invita a dejarse arrastrar por su corriente. Primero, a modo de canción de cuna con Try To Sleep. Luego, sacando las uñas con Witches. Más tarde, pintando ambientes circulares con Especially Me. Y, ya casi al final, llegando a una extensa pieza de repetición y emoción a flor de piel con Nothing But Heart. Cuando Something’s Turning Over cierra el álbum, como si de R.E.M. se tratase, el enamoramiento resulta total. Otra vez más.

5. TOM WAITS “Bad As Me” (Anti). Llevaba sin grabar nada nuevo desde el 2004 y para su retorno no se ha complicado la vida. Nada de piruetas formales en pos de una nueva vía en su trayectoria. Vuelta a Nueva Orleáns y las canciones de blues sinuoso y arrastrado. En ese sentido Bad As Me es toda una lección de estilo, ese en el que su voz cavernosa comanda ambientes oscuros de guitarras espesas, vientos que sacuden las piernas y percusiones que ejemplifican a la perfección el misterio que el rock aún tiene. Despreciar esta joya porque “no aporta nada nuevo” es, como en el caso de Low, dejar a un lado un trabajo de muchísimos quilates.

6. ANNA CALVI “Rider To The Sea” (Domino). Hay que confiar en Anna Calvi. Ahora que Pj Harvey dejó a un lado las guitarras a fuego lento este debut se presenta como el recambio idoneo. Como PJ, Calvi camina por los claroscuros del rock, se entrega a la pasión y al drama sin mirar atrás y crea verdaderas bolas de ardiente emoción. Canciones como Desire, No More Words o Blackout son de lo mejorcito que se ha podido escuchar este año y auguran vida más allá de un afortunado primer paso. Por eso, aunque no estemos ante el nivel de PJ (¿alguien lo está?), hay que confiar.

7. JAMES BLAKE “James Blake” (Atlas). El disco electrónico del año junto al de Nicolas Jaar. Tras llamar a atención y reclamar foco con los epés previos la puerta de largo en formato elepé de James Blake se ha convertido en un acontecimiento. Tirando de los hallazgos del dubsteep lo que en realidad hace Blake es un disco de soul, suave e íntimo que funciona a la perfección con auriculares, luces apagadas y nada de prisa. Quien lo haya escuchado, ya sabrá de lo que hablamos. Quien no, se está perdiendo una experiencia única.

8. EMA “Ema” (Souterrain Transmissions). Otro debut espectacular. Comparada con Cat Power o la Liz Phair de Exile in Guyville, EMA ofrece en su saludo al mundo una ración de baja fidelidad en el que, bajo un manto de niebla espesa, surgen pequeñas miniaturas de folk-rock que acogen desde historias de góticos que juguetean con al suicido (Butterfly Knife) a confesiones sobre el otro lado de las drogas (Marked), pasando por exabruptos contra la ciudad odiada (California). Todo, arañando, incomodando, haciendo que, escucha a escucha, el disco revele nuevos matices.

9. THE HORRORS “Skying” (XL). Si con Primary Colours dejaron claro que eran muchísimo más que un look afortunado, en su tercer álbum confirman que su idilio con la inspiración tiene continuidad. Tirando ahora hacia la psicodelia densa, con ecos de los grupos afterpunk de los primeros ochenta (Echo & The Bunnymen o The Chamaleons, pero también Simple Minds) y del Manchester más espacial, ofrecen un trabajo sólido y compacto lleno de grandes momentos y con una recta final espectacular. La dupla de Moving Futher Away y Oceans Burning es toda una invitación al gozo auricular.

10. VERONICA FALLS “Veronica Falls” (Slumberland). Este cuarteto británico es la quitaesencia del indie-pop. Adoradores del sonido c-86, sirven en su álbum homónimo una colección de canciones entre las que se encuentran ecos de The Pastels, Heavenly, Lush o The Vaselines, perfectamente encajados en canciones maravillosas. Como ocurrió hace dos temporadas como The Pains Of a Being Pure At Heart abren el baúl de sonidos olvidados y se los presentan a las nuevas generaciones con singles tan perfectos como Bad Feeling o Beachy Head.

Una deuda pendiente en Galicia

viernes, noviembre 21st, 2008

Lo que era impensable en los noventa (la visita de los grandes nombres del pop independiente en Galicia), se ha convertido en realidad durante la década presente. Por aquí han pasado desde Tindersticks a Low, pasando por The Wedding Present o Lali Puna, entre muchísimos otros, elevando el nivel musical hasta límites inimaginables. Pero la nómina nunca esta completa. Siempre quedan espinas clavadas, deudas no resueltas que, poco a poco, se van saldadon.

No cabe la menor duda de que una de ellas tenía un nombre claro: Stereolab. Los británicos están considerados como una de las piezas indispensables del puzle del pop de los noventa. Paradigma máximo de la posmodernidad, su sonido juega con aleaciones de elementos aparentemente antagónicos que, en sus manos, logran fluir con armonía, tal y como demostrarán esta noche en Pontevedra dentro del recomendable ciclo Pecados que organizan los responsables de Sinsal.

La banda liderada por Laetitia Sadier y Tim Gane funde, por ejemplo, la rítmica obsesiva del kraut-rock en la calidez de la bossa-nova. También insertan la dicción marcial de Nico dentro la suntuosidad orquestal del lounge. Y son capaces de que el alma de Brian Wilson sobrevuele al de la Velvet Undergound. De ahí surge una alquimia sonora de la que brota pura magia.

Álbumes como Peng, Mars Audiac Quintet o, muy especialmente, Emperor Tomato Ketchup, son de los fijos en cualquier discoteca avispada que haya estado al tanto de lo mejor de los noventa. Y en esta década, aunque no hayan presentando grandes novedades, han seguido moldeando su estilo con obras tan logradas como el reciente Chemical Chords, que ahora presentan. Una cita absolutamente imprescindible.

Entrevista con Tim Gane en La Voz aquí


Video de Three Women, el single de su úlitmo álbum Chemical Chords