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Carlos Mariño: «Que un grupo te deje de gustar porque llegue a más gente es de gilipollas, no tiene otro nombre»

lunes, marzo 2nd, 2015

La agencia de contratación Spanish Bombs cumplió el mes pasado 20 años de vida. Tras ella se encuentra al arzuano Carlos Mariño, promotor de conciertos y mánager por el que han pasado algunos de los nombres clave del pop nacional de las tres últimas décadas. Los Enemigos, Kiko Veneno, Los Planetas, Dover o Lori Meyers han sido algunos de ellos. Pero también aquellas giras iniciáticas de los primeros noventa en Galicia con gente como Sex Museum, Los Flechazos, El Inquilino Comunista o mil más. Es decir, estamos ante un pionero de la contratación en Galicia dentro del rock independiente. Con motivo del cumpleaños (que celebró en Madrid y Barcelona presentando a sus tres nuevos fichajes: Anni B. Sweet, Deloran y Delacruz) le hice una entrevista para el suplemento YES de La Voz. Apenas se pudo reproducir en papel un 20% de la charla por motivos de espacio. La recupero ahora íntegra.

-¿Cómo un estudiante de Historia terminó siendo manager musical?

-Bueno, la carrera de Historia la terminé. Pero cuando iba a un examen de oposición a Coruña, me metí una hostia impresionante en Ordes. Terminé debajo de un camión y no me maté de milagro. Aquello fue una señal de que la docencia no era el camino[risas].  

-¿No había hecho ningún pinito antes?

-Sí, mi prima era la concejala de Cultura de Arzúa en el año 1986. Ella organizaba la Festa do Queixo. Hasta ese año siempre se programaba folk, que molaba mucho. Venían Milladoiro, Fuxan os Ventos, todos estos grupos míticos. Pero en los últimos años el festival empezaba a fallar. La gente se aburría porque los grupos eran siempre los mismos. Entonces, le comenté a mi prima que lo que había que hacer era traer a grupos de rock, como Siniestro Total u Os Resentidos. Ella me dijo: «¿Por qué no los llamas tú?». Miré los discos, venían los teléfonos y me puse a ello. Mi primera llamada fue a Siniestro Total. No sé con quien hablé, pero me dijo que cobraban mucho, pero me ofrecieron un grupo paralelo, que se llamaba Aerolíneas Federales, que molaba mucho. Ni siquiera habían sacado su primer disco. Cobraban 200.000 pesetas. Le pareció bien a mi prima y los trajimos.  

-¿Tuvo éxito?

-¡Qué va! No había nadie en la plaza, más que cuatro del pueblo y yo. Al año siguiente trajimos a Os Resentidos, que habían sacado ya el primer disco. De hecho, en la Festa do Queixo se estrenó Fai un sol de carallo. Lo recuerdo perfectamente porque yo ya era fan de Reixa. Me acerque a él en pan admirador y me dijo: «Fala ahí co meu mánager». Me quedé muy cortado. Luego, el manager empezó a decir que estaba todo mal, que era un desastre. Cuando Reixa se puso a cantar y decía ese verso de «moi mal organizado» yo pensaba que me lo estaba diciendo en plan indirecta.  

-En los primeros noventa llegaban ecos a toda Galicia de que en Arzúa había un festival de rock con bandas potentes alrededor de la fiesta gastronómica. Era una cosa totalmente insólita para la época.  

-No era consciente pero sí. Ni siquiera en el resto de la península se hacían cosas así. No era habitual que un pueblo tan pequeño organizase este tipo de conciertos. Después de Os Resentidos, trajimos a La Frontera, Malevaje y Los Coyotes. Y fue un éxito descomunal. Algo que no podías imaginarlo. Empiezan a llegar autobuses de Vigo, un montón de gente, la plaza del pueblo a reventar. Fue algo brutal. Paralelamente hacíamos la Festa dos Botes, ya con mis colegas. Tiraba para mi lado, trayendo a grupos más pequeños como BB Sin Sed, Brighton 64, Los Desperados, Raiser… un montón de cosas.  

-¿No se oponían en el pueblo a una cosa tan rara como esta?

-No, al contrario. Al principio estaban un poco reticentes, pero claro veían el éxito que era aquello, que venía un montón de gente de fuera, que se bebían todo lo que se podía beber y comían todo lo que se podía comer y les encantaba. Los supermercados se vaciaban. Todo el mundo estaba encantado. Una vez hubo problemas. Un año que no lo organicé yo vino La Polla Records. Yo, encantado porque me gustaban mucho. Pero buff, es que se montó un pollo de la hostia. Las amas de casa y la asociación de vecinos se mosquearon. Empezaron a decir que si quemaban un crucifijo en directo. Se lío un rollo felliniano muy potente. Antes y después del concierto se reunió todo el pueblo, con todos los personajes importantes diciendo: «Arzúa perdona, pero no olvida».  

-El rock ya no provoca ese tipo de reacciones. ¿Ya está asumido socialmente?

-Ahora es el rap el más complicado. En mis últimos años de la Festa do Queixo empecé a meter hip-hop. Traje a los Violadores del Verso, a los Ojos de Brujo, La Excepción. Tienen un público muy potente, pero empezaron a aparecer pintadas por el pueblo. Ahora que ya no lo organizo yo, por el enfrentamiento que tuve con un alcalde, pero me dicen que habían sugerido desde el Ayuntamiento no traer grupos de hip-hop por conflictivos.

-¿Qué enfrentamiento tuvo?

-Fue con el anterior alcalde. Yo hice la Festa do Queixo casi todos los años desde 1986 hasta el 2008. De pronto, tuve un enfrentamiento por varios motivos. Lo típico: estás en el pueblo, haces las cosas y muchos piensas que te estás forrando. En mi caso, no era por dinero. Yo ya estaba en Madrid y lo hacía porque me gustaba e intentaba a traer a lo mejor para el pueblo, tirando de mis contactos y adelantando yo el dinero. Y en el Ayuntamiento pagaban muy mal y muy tarde. Encima te decían: «Bah, te estas forrando». Rollos chungos. Un día le dije al alcalde: «Mira, me debes 60.000 pavos y aún me estás exigiendo cosas. Así que ahora quiero el dinero, en vez de adelantarlo yo». Él me dijo: «Pues si no quieres hacer la Festa no la hagas». Y ahí quedó. Lo dejé ahí y a tomar por culo. El alcalde ya no está pero a mí ya no me quedaron ganas de volver. Hubo muy mal rollo, con un enfrentamiento en el pueblo entre defensores y detractores míos… No quiero volver. Aunque tampoco me reclaman [risas].

-Aparte del tema Arzúa, usted empezó una actividad paralela con la productora Spanish Bombs. ¿Cómo arranca eso?

-Con Los Enemigos. En el año 88 o así. Entonces tenían como mánager a Lalo Cortés, que falleció años después en accidente de tráfico. Él en Arzúa me decía: «Tú vales para esto, yo tengo unos grupos que podemos hacer cosas juntos en invierno». Me apunté. Montamos una gira de cinco fechas de Los Enemigos en Galicia. Hicimos A Coruña en el Playa Club, Santiago en el Hipódromo, otro en Moaña, otro en Melide y otro en Lourenzá. Después de cinco días de carretera con estos, flipé. Al acabar la gira me dieron unas 100.000 pesetas. Y dije: «¡Joder, y me pagan!». Ya no hubo vuelta atrás. A partir de ahí empecé a hacer giras de Los Enemigos, Deltonos, Sex Museum, Los Flechazos, Cool Jerks, Australian Blonde, El Inquilino Comunista, de todo dios. En 1995 le puse nombre al invento y salió Spanish Bombs porque el London Calling de The Clash me encantaba.

-Estamos en los primeros noventa: el indie era nuevo y excitante, no había infraestructura y tampoco precedentes. ¿Había alguna guía a seguir?

-Bueno, eso fue antes, en Arzúa. En los noventa ya había en España diez o quince como yo. Unos estaban en Castellón, otros en Andalucía. En Galicia había más gente que yo. Estaba Xaime de Vigo, con el que estuve asociado un tiempo, también Bosco que llevaba a Los Deltonos. Antes del bum del indie, los grupos que funcionaban eran Sex Museum, Enemigos, Deltonos, Flechazos…

-¿Hacía la carretera con los grupos o era de los que solo gestionaba por teléfono?

-No, yo llegaba el fin de semana y me iba con los grupos por ahí. Un día en Vigo, otro en Santiago , otro en Lugo y al final en Ourense

-¿Y ese modo de vida engancha o quema?

-Eso molaba mucho. Era muy joven y para mí todo era nuevo. Cada vez que venía un grupo, me contaban su vida y me empapaba de su historia. Yo les enseñaba Galicia. Ese era mi gancho. Todos flipaban. Tenía una ruta hecha de restaurantes y hoteles negociados para que la visita fuese lo más agradable, placentera y rentable. La gente se iba muy contenta. Recuerdo una vez con Alex de Los Flechazos, que al terminar una gira, me dijo: «Si te fueras a Madrid, dejaríamos León y nos iríamos todos contigo». Y yo le dije: «¡Ni de coña me voy a Madrid, estoy de lujo aquí!». Y mira.

-Habla de Los Flechazos. Sus conciertos en el Playa Club eran legendarios.  

-Sí. Hubo uno en concreto en el que no dábamos crédito. Fue en el puente de diciembre del 94 o así. Se habían venido todas las entradas, 900. Ellos vendían sobre 400, que estaba muy bien. Pero aquel día se vendió todo. Se petó de una manera total. Fue muy especial. Recuerdo a Nonito Pereira padre, el jefe del Playa Club, haciendo las cuentas que nos decía con su voz en plan El Padrino: «Dile a Notario que tome nota». Notario era el manager de Los Flechazos. Entre Juancho, el road manager de Los Flechazos, y yo fue una frase que siempre quedó ahí. Aquello fue un éxito que no te esperabas.  

-Recuerdo llenazos con El Inquilino Comunista.

-Sí, que perdimos a uno de Sexy Sadie en Ourense [risas]. Miqui se quedó dormido. Venían de teloneros, sin un miembro y tocaron igual.

-Los de Los Enemigos era tremend. Aquello era una montaña rusa: capaces de lo mejor y lo peor. ¿Cómo era gestionar un grupo como ese?

-Buff, Los Enemigos eran muy grandes. Recuerdo un bolo en el que Chema se había fastidiado una pierna. Teníamos una gira montada. Me llamó el mánager que tenía un batería suplente. Al terminar el concierto, Josele lo vio tan mal que decidimos suspender toda la gira. Eso es de lo más normal, porque los conciertos de entonces no terminaban cuando acaba el concierto. Mi trabajo seguía toda la noche, hasta las siete u ocho de la mañana e íbamos al hotel de milagro. En A Coruña acabábamos siempre en la discoteca Punto 3, que me encantaba.

-Llega un momento en el que Dover aparece en su vida y esta cambia. ¿Cómo fue ese encuentro?

-En abril del 97 empecé a oír en Radio 3 a Dover. Mi intención era traerlos a Galicia y hacerles una gira. Llamé a Carlos Subterfuge y le dije: «Quiero hacer una gira con estos chicos, ¿con quién tengo que hablar?». Y va él y me dice que no tenían manager. Me quedé flipado. Me dieron el teléfono de Jesús, el batería. Lo llamé. Yo entonces ya era manager de Doctor Explosión y Sexy Sadie. Además de sus bolos en Galicia, vendía bolos para toda España de estos grupos. Pero no tenía ni puta idea. Ni conocía infraestructuras, ni conocía Madrid, ni nada. Pero hablé con Jesús, diciéndoles que estaría encantado. Esa misma tarde ya les cerré un bolo en un festival Jaén. En mayo tocaban en el Festimad. Quedamos de vernos allí. Cuando fui, me quedé impresionado. Era por la tarde, a eso de las seis. Pero aquello era una cosa espectacular. Recuerdo verlo y pensar: «Esto es imposible que me lo quede yo». Ver ahí 5.000 personas por la tarde botando como yo no he visto botar en mi vida… Ellos no eran conscientes de lo que estaba pasando, pero los que teníamos un poco de idea y veíamos eso, estábamos flipando.

-Y era solo el principio.

-Claro. Eso era nada. No había ni salido el disco.

-Cuando hicieron la gira del aniversario de «Devil Came To Me», Cristina dio una entrevista a La Voz. Nos decía que aquello fueron siete u ocho meses de vértigo en los que nadie daba crédito a lo que estaba pasando. ¿Fue así?

-Sí, claro. Yo te puedo decir que llegó un momento en el que yo estaba deseando que parase. Ahora, con la perspectiva del tiempo, me da mucha ternura, pero entonces lo pasaba fatal. Todo empezó con eso del Festimad. Luego me atreví a ir a saludarles, cuando estaban ya todos los periodistas detrás y todo el mundo agobiándolos. No era aquel día el mejor para hablar y quedamos en vernos otro día. Los daba por perdidos. Como yo los había visto más gente. Sabía que se los iban a quedar los grandes. Yo no era nadie. Pero, bueno, a la semana siguiente cogí un avión y quedé en un VIPS a comer. Ahí les enamoré. Yo ya estaba enamorado. Les dije que iba a matar por ellos, que iba a hacer todo lo que pudiese, que me daba igual el dinero y la liamos. Sabía que era algo muy gordo, pero la verdad es que jamás pensé en lo que iba a venir luego. Para mí muy gordo eran Los Planetas. Pensaba en un grupo de 10.000 copias.

-De hecho, en Subterfuge pensaban que se iban a mover en esas cifras en cuanto escucharon la grabación.

-Claro, es que era lo máximo y lo razonable. Pero luego llegó la campaña del Radical Fruit. Hay quien dice que fue por eso. Pero yo quiero creer que fue el boca a boca de lo que pasó en el Festimad y los conciertos siguientes. Empecé a trabajar con ellos. Nos fuimos a Canarias y se petó de locura en Las Palmas. La gente estaba loca. Todos flipábamos. Ellos no tanto. Porque no tenían un punto de comparación. Pero yo sabía que era algo diferente, no lo de siempre. Y era continuo. A la semana empezó la bola de nieve. Me llamaban de Subterfuge y me decían: «Hemos vendido hoy 3.000 discos». Luego eran 20.000. Luego eran 30.000. Más tarde hicimos 50.000. Cuando en verano celebramos el Disco del Oro flipamos. Pero, al llegar la Navidad, estábamos ya en 200.000. O 250.000. Porque había un caos total, ya que la distribuidora no conseguía asimilar aquello. Nadie estaba preparado para ese éxito.

-Y ahí pasó lo de siempre: un grupo de una compañía indie la lía y acaba vendiendo como Alejandro Sanz. El público inicial los empieza a cuestionar y se convierten en unos venidos. ¿Como se gestiona eso?  
                               
-Lo que pasó ahí no se ha vuelto a repetir. Ni siquiera hoy Vetusta Morla se puede aproximar a eso. Tú ahora hablas de Vetusta Morla, Lori Meyers, Love of Lesbian y tal y sí, llenan los festivales, ¿pero y sus discos? Mira Vetusta Morla, que son los primeros, y han vendido 40.000 discos. Lo que pasó con Dover no se repetirá más.

-Tampoco Vetusta Morla se han colado en la radiofórmula como ellos en su día.

-Claro. Cuando llevábamos 80.000 discos con Dover sin radiofórmula, llamaron a la puerta los de Los 40 Principales. Lo valoramos, porque sabíamos que no era lo nuestro. Pero nos planteamos que, si lo querían poner sin pedir nada a cambio, ¿por qué no? Así fue. Hicieron Serenade número uno en noviembre. Nos pidieron un concierto en Bilbao, que nos lo pagaron. No le dejamos poner la lona con su logotipo ni nada. En cuanto empezaron a ponernos en la radio, las ventas se multiplicaron instantáneamente. Pasó lo mismo con Estopa, por ejemplo. Habían vendido 200.00 disco sin sonar en Los 40 Principales, pero empezaron a sonar y despacharon un millón. Nosotros en Navidad ya teníamos 200.000. Pero luego hubo una ruptura con Subterfuge, las relaciones empezaron a ir mal y dejaron de invertir en el proyecto. Ya no hubo más vídeos. Si las relaciones hubieran seguido bien, a lo mejor en vez de los 500.000 que se vendieron se hubiera vendido un millón. ¿Qué pasó con todo eso? Que cuando empiezas a vender tanto y traspasas el circuito de los auténticos pues empiezan las críticas. Y muchos periodistas que alababan a Dover en junio, en enero los ponían a parir con el mismo disco.

-¿Y eso cómo se vive?

-Pues muy mal, claro. Dices: «Joder, este hijo de puta que me la chupaba en junio mira ahora lo que escribe, que si somos unos vendidos y tal». ¡Y con el mismo disco! Porque una cosa es que te critiquen en el siguiente, pero con el mismo te deja mosqueado. Ellos lo pasaban muy mal, pero yo pensaba: «Pues vaya, a mí me pasó lo mismo con Nirvana». A mí me flipaban cuando sacaron Nevermind, pero cuando vi que le empezaban a gustar a todo el mundo les di la espalda. Yo, Judas [risas]. Cuando vi que pasaba lo mismo con Dover me decía: «Joder, ahora entiendo por qué la gente es tan injusta y tan tonta». Que un grupo te deje de gustar porque llegue a más gente es de gilipollas, no tiene otro nombre.

-Cuando uno es joven y la música forma parte de tu identidad el hecho de que tu grupo le guste a los tíos que te caen mal de la clase te revienta.

-Sí, es así de gilipollas y de absurdo. No soportas que le guste tu grupo a tu hermana pequeña, por ejemplo. Eso pasa y seguirá pasando. Es muy difícil que des en el clavo: vender disco y que encima la crítica te respete. Tú ves las listas de lo mejor del año de las revisas más guays y, entre los 20 primeros, no han venido ni 10.000 discos.

-¿Se ha encontrado alguna vez con la situación de querer llevar al grupo más allá y que este lo rechace por esos prejuicios?

-No, no te creas. Forzar al grupo a hacer algo que no quiere no conduce a bien sitio.

-¿No le ha pasado con Los Planetas?

-Bueno, con ellos sí. Los he intentado en su día llevar a otros sitios. Básicamente es J. Los demás son más fáciles. J es complicado, se come muchísimo la cabeza. Alguna vez he guerreado con él por esas cosas. No eran cosas de radio, ni nada. Él, a veces no quería tocar en un determinado festival, porque decía que no era auténtico. Pero es que, según su teoría, solo podía tocar en el Primavera Sound. Ni siquiera Benicassim cumplía los requisitios que él quería. Yo le decía: «¿Qué hacemos entonces dos conciertos al año?». Los cogí sobre el 2002 y estuve hasta el 2009.

-¿Fue el grupo más difícil con el que ha trabajado?

-No, el más difícil fue Dover. Entonces yo no tenía mucha experiencia y el éxito fue mucho mayor. El problema con Los Planetas era J, con quien me une un gran respeto y una mayor amistad. Me llevó mucho mejor con él ahora que antes. Hubo un momento en el que le dije: «Hasta aquí, no aguanto más, no puedo amargarme todo el tiempo por esto».

-¿Saltan muchas chispas en esa relación?

-No, lo normal. Te enfadas a veces. En concreto con J fue en México, en una noche de jarana. Me dio la puta noche. Estábamos en casa de Julieta Venegas. Por la mañana me levanté, le puse el desayuno y le dije: «Mejor, cada uno por su lado. Ya hemos tocado techo. Has sacado lo mejor que yo tenía y mejor que busques por otro lado». Y ahí están, sacando discos cojonudos. Para mí es uno de los mejores grupos de la historia de la música en España.

-Le queda la experiencia de estar tras uno de los mejores discos de la historia del rock español: «La leyenda del espacio».

-Sí, totalmente. He tenido mucha suerte en ese sentido, de trabajar de gente como J en ese disco, o Dover con Devil Came To Me o cuando dieron el doble salto mortal con Follow The City Lights.

-Eso tuvo que ser tremendo.

-¡Eso fue la hostia!

-¿Cómo reaccionó el grupo con la nueva desbandada de seguidores?

-Ahí ya les importaba menos, porque había tanta gente a la que le gustaba la canción de Let Me Out que era distinto. Además yo ya estaba curtido. Luego está lo de trabajar con Kiko Veneno. A veces lo miro y pienso que estoy trabajando con Lorca o alguien así. Para mí está a ese nivel. Es súper especial. Es un artista de arriba a abajo y, además, un intelectual. Estás con él y te quedas con la boca abierta escuchándole. Aprendes un montón de cosas. Sabes que dentro de 50 años sabes que se va a seguir hablando de él.

-¿Actualmente su bandera es Lori Meyers?

-Son mis niños. Los cogí al principio. Me los puso J, los conocí, congeniamos y nos pusimos a trabajar juntos. Estaban grabando el Hostal Pimodan. Las cosas iban mal, nos fuimos de Houston Party, fichamos por Universal e hicimos un trabajo muy bueno. Miras atrás y te sientes orgulloso de a dónde has llegado. Ha sido muy fácil, porque ellos se dejan. Enseguida hubo entendimiento, pese a nuestra diferencia de edad. Hubo siempre química con ellos y una gran amistad.

-A mí me trasmiten una cosa muy fuerte: que si fuera otro momento en el pop español serían como Nacha Pop o algo así.

-Sí, es lo que ha ocurrido en los últimos años con el fenómeno del indie-mainstream. Empezó con Vetusta Morla, sigue con Love Of Lesbian y, luego, vamos nosotros. Esto va paralelo a una serie de festivales a los que la gente va a en masa. Un poco con eso, otro poco con Internet se produce esa explosión. En los ochenta fue de otra manera. Se produjo una explosión de contratación en los pueblos, Radio 3 y un montón de programas en televisión. Ahora ha ocurrido de otra manera, pero ha ocurrido.
 
-Menciona el indie-mainstream. Para una parte de la crítica y público eso es lo peor y ponerlo a parir el modo de reafirmarse en otras valoraciones. ¿Qué piensa?

-Estamos en lo mismo de antes: una parte de la crítica no perdona el éxito. Y, entonces, hay una serie de blogueros y de revistas que se quejan de que siempre son los mismos en los festivales, que siempre tocan los mismos y tal. Pues claro, es que es lo normal. España es mucho más pequeña ahora que hace años. A medida que las comunicaciones han mejorado, que hay trenes de alta velocidad y buenas autovías ya no puedes hacer las giras que se hacían en los ochenta de 90 bolos. Ahora no, como mucho puedes hacer 20 o 30 bolos. Y ya te ha visto toda España. Con que toques en el Low-Cost, en el S.O.S., el Sonorama, el Contemporanea, el Ebrovisión y unos pocos más ya te va visto todo el mundo.  

-¿No cree que son comprensibles las quejas de que siempre están los mismos?

-Ya pero es que son los grupos que venden los tiques. Y al final la gente reclama esos grupos. Los siguientes molan, pero la gente quiere a los gordos. Somos muy conscientes de eso y procuramos no repetirnos. Yo no voy dos años seguidos al mismo festival. A mí me llaman para Lori Meyers de todos los festivales y les estoy diciendo que no, porque ya llevamos dos años con el mismo disco y no queremos repetir. Quiero que el grupo descanse, que prepare nuevo disco y, bueno, me jode porque son conciertos muy golosos. Pero hay que saber decir que no.

-Maneja nombres muy exitosos, pero el medio está Emilio José que es un artista que se quedó por ahí perdido. ¿Qué pasó con él?

-Sigue ahí. Es de mis niños bonito, sin duda. Si hubo un disco que he escuchado mil veces en los últimos años es el de Chorando apréndese. Lo pongo y lo sigo poniendo, descubriendo siempre mil cosas. Lo que pasa es que Emilio es un personaje. Si no hay llegado más lejos es porque no ha querido. Este sí que es auténtico, aún más que J. J dice que no pero sí, pero este dice que no y es no. Ha desaparecido porque quiere desaparecer. Lo ha dejado todo. Yo hablo de vez en cuando con él y me dice: «A punto, estamos ahí». Lleva así dos años.

-Bueno, el segundo disco se Apeiron, su exbanda, se espera desde 2002.

-A mí ya me lo había advertido Marc, de Foehn, su sello. Yo no renuncio a convencerlo a que dé el paso. Estoy seguro que por fin lo acabe va a ser muy fácil. Hay mucha gente que no se ha olvidado de él. Es un genio, un tío muy especial. Su disco es para aquí y para el mundo. Flipan con él. Hace poco en Buenos Aires me preguntaban por él. Y en México igual. No hay nadie como él. De hecho, él no quiere escuchar música actual para no contaminarse. Me lo imagino metido en su casa, en Quins, grabando toda la noche.

Fotos: Benito Ordóñez

¿El mejor videoclip de Lori Meyers?

jueves, agosto 2nd, 2012
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(Un pequeño alto en el parón veraniego de este blog)

Este video lleva meses pululando por Internet, pero resulta imposible no dejarse contagiar por él. Ocurrió en una boda murciana cuando unos novios decidieron inaugurar su banquete nupcial con el “Mi realidad” de los Lori Meyers. Desprende tanto buen rollo que uno puede evitar compartirlo con quienes aún no lo vieron. La cosa tuvo tanto éxito en Internet que llegó incluso a ser una noticia local en Murcia.

(Que sigan pasando todos ustedes un feliz verano)

Lori Meyers deslumbran en el Festival do Norte

domingo, abril 29th, 2012

Este año solo he podido ir a la segunda jornada de un Festival do Norte que celebraba su 11ª edición. Pese a la ausencia de nombres internacionales, demostró una vez más su poder de convocatoria. Gran ambiente en un día en el que brilló, por encima de todo, el pop de Lori Meyers.

Festival do Norte (2º jornada)
Vilagarcía de Arousa, Fexdega 28-5-2012

Lori Meyers lo tienen. Tienen eso que hace que pasen de ser un simple grupo a escribir la BSO de la vida de cientos de personas. Sus canciones proporcionan bienestar en el corazón y calor en las mejillas. Se trata de pequeñas pildoritas musicales que versan sobre ese capricho llamado amor, transformadas desde su sencillez en himnos y elevadas a un estatus que pocos, poquísimos grupos en España han alcanzado. Si a finales de los ochenta fueron Los Flechazos los que nos hicieron sentir súper héroes mods y en los noventa Los Planetas nos convirtieron en protagonistas de una película llamada vida, en los dosmiles Lori Meyers se revelaron como los maestros del estrofa-estribillo-estrofa con efecto de eternidad. Cientos de álbumes de fotos digitales los tendrán a ellos sonando en el futuro, despertando la nostalgia de aquello que fue, que no volverá, pero que resulta maravilloso recordar.

Su actuación ayer en el Festival do Norte fue sencillamente memorable. No importó el sonido, algo apelotonado. Tampoco que se dejasen en el tintero maravillas como L.A. El grupo engatusó desde el primer acorde. Este correspondió a Nuevos tiempos. Abrió el tarro de la euforia, colocó las barbillas prominentes y guió a esas gargantas que escupían versos como “Ahora vienen nuevos tiempos, el amor está en el aire, es momento de escribirle y con más pasión que antes”. Sí, el pop desplegando todas sus armas: melodías irresistibles, letras-sencillas-pero-que-calan y electricidad llevándolo todo a un más allá de ceremonia, de comunión, de estamos-aquí-mejor-que-en-ninguna-parte.

Aunque los que vivieron en sus carnes a Los Flechazos o los primeros Planetas, sigan viendo a Lori Meyers como el talentoso hermano pequeño de un amigo, los granadinos demostraron en el escenario haber crecido muchísimo. Y poseer un repertorio de hits lo suficientemente amplio como para tener a la gente una hora y pico comiendo de su mano y haciendo del hecho de conocerse una fiesta multitudinaria. Cayeron joyas a pares. Algunas explotando en el público como granadas pop (Mi realidad, Alta fidelidad). Otras emergiendo como una pura caricia (Luciérnagas y mariposas, Sus zapatos). Pero todas dejaron a la chavalada embobada. Y afónica.

Se cantó mucho en la carpa grande el Festival do Norte. Y se botó, alzando los brazos al aire, conjurando una atmósfera embriagadora. En el lateral del escenario, miraba al público Carlos Mariño, el mánager gallego del grupo. Mientras, Noni, el cantante, se quedaba sin camisa (y casi sin pantalones) ante las fans enloquecidas, su gesto delataba la satisfacción de tener algo grande, muy grande, entre manos. Sonaba Luces de neón. Entre “parapapapá”, “tendría que reconocer que o llevo razón” y trallazos de batería aquello se venía abajo. Final. Y sí, ya está. La sonrisa, de oreja a oreja, petrificada. Al menos, hasta el día siguiente.

No fueron los únicos Lori Meyers, aunque sí los más importantes. Disco Las Palmeras abrieron la tarde, pero los problemas surgidos en la AP-9 hicieron que muchos de los que venían en coche del norte se quedasen sin su actuación. Apenas dio tiempo a ver algo de Los Pilotos, la nave dirigida por Banin y Florent de Los Planetas dedicada a explorar el rock electrónico espacial. Se acompañaron de un batería y sonaron graníticos, mejor que en disco, pero quizá a una hora demasiado temprana para su propuesta, y más en un escenario pequeño que aguardaba a las Nancys Rubias. Ver a varios fans de estos, bailando el kraut rock de Los Pilotos en plan nos-vamos-de-fiesta-a-Ibiza, reflejaba perfectamente el estado de ánimo.

Las Nancys dejaron en minúsculo el escenario pequeño. Cazando al vuelo alguna de sus letras, se escuchaban cosas del estilo “Somos las Nancys Rubias y hacemos playback” o “somos un derroche de actitud” que se correspondían perfectamente con lo que hacían en el escenario: el fraude expuesto con toda transparencia. Así que fingieron que tocaban esas canciones medio Ramones-medio Sigue Sigue Sputnik y encantaron a los cientos de personas que transmitían la sensación de ir al festival solo para ver en el escenario a los protagonistas del reality de la MTV. Horas después su esposa, Alaska, cerraba los conciertos repasando clásicos de los ochenta (y de décadas posteriores) dentro de un formato cabaretero lleno de vedettes, plumas y, !sorpresa!, la stripper Susana Reche.

Mucho antes, Pollock habían inaugurado los pases del escenario grande son su pop-requeteinfluenciado por Phoneix y, luego, El Columpio Asesino cumplían con solvencia su papel de discípulos del rock pixiano sección oscura. Como era de esperar, Toro se cantó como el himno que es y los más mayores del lugar certificaron que eso sigue siendo todo un milagro. Las carpas de baile acogieron a los dj’s Sandra Dinamita y Hangtheguille. La primera pinchó muchas piezas cincuenteras. El segundo, pop indie. Dicen que muy bien ambos. Un servidor llevaba ya entonces unas cuantas horas de sueño, borracho de pop y con una certeza: en el 2013 hay que repetir.

Esperando lo nuevo de Lori Meyers

miércoles, abril 21st, 2010

Seguramente Luciérnagas y mariposas sea la canción más lograda hasta la fecha de los granadinos Lori Meyers, una de las bandas fundamentales del pop nacional y autores del mejor disco nacional del año en el 2008, según este blog. Se trata de una pieza enredadora y tierna, que provoca en el oyente una indescriptible sensación de ligereza y de dejarse llevar por los encantos de la música pop. En el concierto de presentación del disco en A Coruña, cuando la tocaron en directo, unas 300 personas pudimos experimentar algo parecido a la felicidad y la plenitud total, así como un deseo latente de quedarse de por vida en sus círculos melódicos. ¿Y a que viene esto? Dos motivos sirven de excusa para traerla hoy a Retroalimentación.

Por un lado, la inminente salida de su ya cuarto trabajo, Cuando el destino nos alcance. El aterrizaje en las tiendas está previsto para el 4 de mayo y ya se puede escuchar un adelanto, Mi realidad. Se trata de su primer single, un enérgico trallazo de pop guitarrero, con tecladitos ochenteros y un ligero aroma post-punk. Pese a las novedades, encaja en el sonido del grupo perfectamente.

Pero además de la excusa promocional, existe otra. La semana pasada haciendo un reportaje sobre el grupo coruñés Stereotipos conocí a la actriz del videoclip de su single 200 buitres. Es Alicia Conde, una chica de A Coruña muy ligada con el mundo audiovisual y que tiene una conexión directa con la banda de Granada, ya que fue la directora y guionista del videoclip de la mentada Luciérnagas y mariposas. La pieza que hizo de la canción de los Lori Meyers pasó, en su día, bastante desapercibida. Lo cierto es que bien merece una recuperación, porque capta una deliciosa regresión a una idílica inocencia infantil que le va a la canción como anillo al dedo.

Y ahora, a hacer la cuenta atrás para ese cuarto disco. Se puede escuchar el adelanto o esta canción, esa maravillosa canción. Denle al play y prepársense para flotar en la irrealidad pop durante unos minutos.

Y aquí cómo se hizo

Amaral: “Muchas veces, cuando he llegado y me he visto en un hotel de cinco estrellas, me he sentido raro”

lunes, septiembre 14th, 2009

El próximo 17 de septiembre Amaral editan su primer disco en directo, La barrera del sonido, un punto y aparte con el que la banda de Eva Amaral y Juan Aguirre pretenden congelar el momento actual del grupo para la posteridad y afrontar una nueva etapa. Aprovechando la excusa, Juan Aguirre aceptó el reto y se enfrentó a un cuestionario hecho por alguien que no comulga con sus postulados. Al final, resultó ser una extensa charla de una hora y media de duración en la que el zaragozano se mostró como un músico transparente, apasionado y tremendamente fan. La versión editada se publicó en el suplemento Fugas de La Voz de Galicia. Aquí está casi toda la entrevista en bruto.

-Sacan “La barrera del sonido”, un álbum en vivo. Este tipo de disco siempre han tenido mala prensa, se suelen considerar innecesarios. ¿Cómo lo enfocaron ustedes?

-Nosotros somos muy poco partidarios de los discos en directo y los recopilatorios que tienen su fundamento en los departamentos de las discográficas. Nos propusieron un grandes éxitos hace bastante tiempo y siempre hemos dicho que no, que estábamos pensado en el siguiente disco de estudio. En este caso de pronto nos juntamos con una banda y yo creo que, tanto Eva como yo, nos sentimos bastante cerca de nuestro sonido ideal de directo, esa especie de muro sonoro con el que hemos soñado desde que empezábamos. Creímos que, tras cinco discos de estudio, estaba fundamentado un álbum así. Lo grabamos íntegramente en un concierto en el Palacio de los Deportes de Madrid. Nos parecía una manera de cerrar una etapa y de actualizar el sonido de los discos de estudio, tal y como han evolucionado al directo. Eva me decía que quería escuchar en un disco las guitarras igual que las escuchaban en los directo. Yo creo que ha quedado muy bien. Lo hemos mezclado con cuidado, tiene mucha más fuerza que los discos grabados, algunas canciones se han desnudado y otras han dado un giro, aunque en general las hemos respetado. Para nosotros es un disco que pone al día nuestro sonido y cierra una etapa.

-Pertenecen a una generación en la que el disco en directo muchas veces era el modo de acceso a un grupo. ¿Recuerda algún disco grabado en vivo que le haya marcado?

-A mí me marcó mucho una sesión de las que grababa John Peel de House Of Love. No es un grupo muy conocido, pero a mí de adolescente me marcó mucho. Los discos suyos me parecían alucinantes, no entendía cómo podían sonar así las guitarras. Luego, el tratamiento de la voz era como muy intrigante. Me resultó un shock escucharlo en directo en esa sesión, porque era mucho más crudo, los tempos se aceleraban y me voló la cabeza. Es el primero que me viene a la cabeza.

-Lo que sí es que el tema del disco en directo ahonda en la idea de grupo comercial que sigue el dictado y los ciclos de la industria. ¿Tienen que decir algo ante eso?

-Yo es que no creo que seamos un grupo comercial directamente y tampoco creo que sigamos ningún ciclo marcado por nadie ajeno a lo que es el grupo. Siempre hemos editado el disco cuando lo teníamos. Te pongo un ejemplo. Cuando editamos Pájaros en la cabeza, veníamos de un disco que estalló como Estrella de mar y la compañía nos lo pedía con muchos meses de antelación y nosotros lo editamos cuando lo tuvimos. Te voy a ser muy sincero: nuestro sello nunca nos impuso nada. Te lo digo absolutamente en serio y, sobre todo, para romper la idea de que una compañía grande te pueda marcar pautas artísticas o temporales sobre la edición de los discos. Nunca nadie nos ha dicho cuándo teníamos que editar un disco o cómo tenía que sonar. Este disco, de hecho, iba a salir antes del verano, pero nosotros estábamos embarcados en la gira y queríamos que la mezcla fuera muy fiel a lo que sonaba en el Palacio de los Deportes. Queríamos un sonido de guitarra potente, un sonido de batería potente y para eso no basta en soltar lo grabado, sino que hay que mezclarlo en un estudio analógico, no teníamos ninguno cerca en Madrid y bueno… Todo esto se puede resumir en que no, realmente no hemos seguido ninguna pauta temporal, salvo la que nosotros mismos nos hemos marcado y no pensamos que seamos más comerciales que cualquier banda a la que no se le tacha de ello. Somos comerciales desde el momento de que nuestros discos se venden y la gente paga por venir a vernos, pero ninguna de nuestras canciones ha nacido con esa idea. Pero no sé, a mí The Stone Roses me parece un grupo comercial, en el sentido de que hacen música popular y, desde luego, yo hubiera pagado por ir a verlos de haber podido y me he comprado todos sus discos, pero no los considero como unos artistas comerciales.

-De entrada, me contesta tajante diciendo que no son una banda comercial. Eso se reproduce en muchas entrevistas suyas. Da la sensación de que les preocupa esa imagen, que siempre están a la defensiva en ese tema diciendo “Eh, eh, que no somos comerciales”. ¿Consideran que necesariamente existe algo malo en ser comercial? ¿Qué le inspiran, por ejemplo, artistas como Kylie Minogue o Michael Jackson?

-Yo creo que, a veces, el término comercial se usa a veces de forma peyorativa; es como cuando se desprecia al pop, porque se asocia a una música de consumo rápido. Entonces yo digo, “no, no, para mí los Smiths son un grupo de pop”. Es un problema de terminología, creo. Cuando estábamos grabando en Inglaterra, me compré el single de I Can´t Get Out Of My Head de Kylie Minogue me lo compré en un HMV y me iba a correr por las mañanas con él. Me parecía una canción fantástica. En el caso de Michael Jackson, cuando estábamos tocando en el festival de aniversario de Mandela yo me puse a temblar delante de dos personas, uno era Jerry Dammers de The Specials y el otro era Quicy Jones. Para mí Thriller y Bad son obras maestras de artesanía pop. Han devenido en ser discos comerciales, pero si tú te olvidas de lo que han significado en la industria son obras maestras, igual que muchos discos de los Beatles o los Beach Boys. Nosotros no es que estemos a la defensiva, pero pensamos que en este país a veces se duda de un grupo por el hecho de salir en las listas de ventas y solamente por eso. Entonces sí que es cierto de que, a veces, podemos estar a la defensiva ante compañeros tuyos periodistas, como diciendo “vamos a ver, nosotros no somos un producto comercial premeditado”. Es obvio que hemos llegado a un público masivo y estamos encantados por ello, porque para nosotros todo esto era un sueño. Si nosotros fuéramos un grupo pretendidamente comercial habríamos hecho otro tipo de cosas, habríamos seguido las modas. Y nunca hemos sido un grupo que siguiera las tendencias del momento.

-Pese a sus explicaciones, cuesta creer que, cuando tuvieron terminadas canciones como “El mundo sobre mí” o “Toda la noche en la calle”, no se planteasen que podrían ser número uno en un país como España.

-En el caso de Toda la noche en la calle comenzó con una frase que decía “Es que este mundo no lo entiendo”. Era una frase que Eva cantaba con un riff de guitarra y no había letra, ese fue el principio. Fue una canción que surgió intentando comunicar un sentimiento y, luego, se convirtió en un himno de gran auditorio. En el caso de El universo sobre mí recuerdo que habíamos terminado la gira de Estrella de mar, en la que habíamos hecho 180 conciertos en dos años sin parar. Yo me había roto, tras mucho tiempo sin dormir en una época bastante loca, y tuve una lesión que me impedía tocar la guitarra. En esos dos años la percepción de la gente sobre nosotros había cambiado. Éramos dos tíos bastante anónimos de Zaragoza que, de pronto, salías en tu ciudad y era una especie de cosa desorbitada. Eva me mandó un arpegio de guitarra y, luego, yo lo toqué con el melotrón porque estaba lesionado. La única frase que estaba terminada es la que dice “necesito que comprendas que estoy sola en medio de un montón de gente” y yo le llamé porque flipé con su capacidad de síntesis. Pensé que ahí teníamos el germen de una gran canción. Pero pensábamos en la música que necesitábamos oír, no en los parámetros exteriores, sinceramente. En este momento que estamos planteando el futuro, es decir, el nuevo disco, lo entendemos más como el principio, como si fuera el primero. Nos imaginamos que Amaral empieza y lo que va a salir de ahí tiene que ser algo nuevo. Tenemos un latido en ese sentido. Nada de lo que hemos hecho antes nos sirve cuando estamos ante una hoja en blanco y una grabadora. No sé cómo ocurre en otros grupos, pero nosotros no somos de “Oh, hemos vendido tanto y hemos llenado tanto que tenemos que seguir en esa escena”. De hecho, con Gato Negro, Dragón Rojo nos equivocamos, porque pensamos que era un disco para tocar en aforos pequeños, pero no: ha sido la gira más larga y más multitudinaria que hemos hecho. No sé, Concorde no es una canción que esté hecha con la idea que tú me comentas.

-Habla de “Gato Negro, Dragón Rojo”. En ese disco el primer single fue “Kamikaze”. Han dicho que era un single arriesgado. Yo veo una canción de aires after-punk muy en la línea de los primeros U2, con un pianito a lo “New Years Day”. ¿Dónde está el supuesto riesgo?

-Yo creo que nos referíamos más al conjunto del disco más que a Kamikaze en particular. Desde luego, cuando hablábamos de eso nos referíamos a la temática, porque es una temática muy personal. En el fondo, hay algunas canciones nuestras que la gente las puede hacer suyas. En ese momento, cuando empezamos a trabajar en el disco, estábamos en un punto bastante introspectivo, sobre todo en el lado de Eva, que había viviendo una serie de cosas duras. Entonces, Kamikaze, más allá de las sonoridades que te puedan recordar a cierto tipo de rock inglés, para nosotros es como una auto declaración de principios tras el camino recorrido en cuatro discos. A nosotros el éxito nos afecta: nos permite que viajemos, nos permite comprar los instrumentos que queremos, pero también tiene un lado que te desestabiliza. Es cierto, y lo hemos reconocido muchas veces. Si no tuviese a mi lado un ser humano excepcional, me hubiera vuelto más loco. Cuando hablábamos de riesgo, nos referíamos a que el disco a mucha gente le podría resultar hermético en su conjunto o con mensajes demasiado crípticos y personales. Respecto a la sonoridad, es una música que hemos mamado. Joy Division, The Church, toda esa onda oscura que tiene un punto entre épico y melancólico nos ha marcado mucho. El sonido de bajo, de guitarras y el piano nos recordaba más a eso que a stadium-rock. Es la sensación que nosotros tenemos. Obviamente, cuando escuché la melodía de la parte más alta, cuando Eva dice “dime si estás conmigo o contra mí” se me puso la carne de gallina.

-Menciono a U2 no como algo despectivo, sino porque es la referencia más identificable.

-Sí, cuando se escuchan guitarras así la gente piensa en eso, pero cuando yo me interesé por guitarras que no tienen nada que ver con el blues o con los exhibicionismos gimnásticos fue cuando escuché a Tom Verlaine de Television. Recuerdo una noche estudiando que en una emisora de Zaragoza sonó Marquee Moon y me volví loco. Cuando llega la frase esta famosa, el riff, no sabía qué hacer, me quedé absolutamente petrificado. Cuando tocaron en el Azkena nosotros estábamos en la gira Estrella de Mar y me plantee suspender un concierto para ir a verlos. Pero, claro, pronto me di cuenta de que no estaba tocando en una banda de barrio y que detrás de nosotros estaba una infraestructura, unos técnicos y una gente. Ese día me di cuenta de que todo había cambiado. Cuando se lo dije a Eva me dijo “¿pero tú estás loco, en qué mundo vives?”. Y sí, me di cuenta de que estaba agilipoyado.

-Cita a Televisión. Para muchos de los seguidores de los sonidos independientes la primera noticia que tuvieron de “unos tales Amaral” fue con la letra de la canción Moriría por vos, la que decía “Será que suena Marquee Moon, pero está noche moriría por vos”. De pronto, un grupo estaba desde el número uno de los 40 principales hablando de Television. Muchos sintieron lo mismo que cuando La Oreja de Van Gogh citaron a La Buena Vida, que un grupo que no tenía nada que ver con lo que se considera buena música había usurpado una referencia sagrada.

-Me alegro de que me saques este tema porque no estábamos usurpando nada, porque es absolutamente nuestro. Television es absolutamente mío y de Eva. De hecho, no solo Television, sino todas las cosas que luego ha hecho Tom Verlaine y Richard Lloyd. Cuando tocaron en el Arena en Madrid, yo me llevé un montón de vinilos y de cosas así, y recuerdo cuando pasaron al lado no le puede decir nada. Yo le hubiera dicho a Verlaine “Mira tío en las pruebas de sonido toco cosas vuestras e intento hacer un solo en mis canciones que sea tan perfecto como los tuyos”. Me parece impresionante a nivel de sensibilidad, de economía de notas, de todo. Le hubiera dado tanto la chapa, que no le dije nada. Concretamente, esta canción surgió cuando se acabó una fiesta en Santiago en una habitación de un hotel. En aquella época, era un disco que poníamos siempre en las habitaciones de hotel, entero, vuelta y vuelta. Puede que el Marquee Moon sea para mí como para ti el de los Stone Roses. Hay cosas tuyas que si las firmase yo y sustituyera el primero de los Stone Roses por Marquee Moon las podría haber escrito yo. Pienso que se distorsiona todo. Todos mis amigos de Zaragoza saben que hemos dado el coñazo con eso y con Husker Dü y muchas cosas. amaral2Cuando pinchábamos en bares poníamos a Sugar. Es así, es nuestra música. Una vez un periodista en Barcelona, cuando nos dieron un premio de la MTV, nos dijo que poníamos cosas como cool en las canciones y yo le contesté “¿qué voy hacer si a mí lo que me gusta es Television y la Velvet?”. Puedes decir que mi música es una mierda, y lo respetaré porque las reglas del juego son así, pero no me pidas que hable de cosas que no me gustan. Esto es mi música. Yo creo que sí, que hemos estado un tiempo a la defensiva por todo esto. Hemos intentado respetar a toda la prensa, porque antes del estallido masivo éramos muy respetuosos y muy aficionados a la prensa musical, el Ruta 66, el Rockdelux, el Mojo, el Uncut,… lo devorábamos todo. En Zaragoza había un ambientillo en el que había bares en las que las podías leer, igual que cuando nos preguntaban por el P2P y nosotros recordábamos cuando nos grabábamos casetes en los bares. Es nuestra cultura, no estamos usurpando nada. Yo usurparía si ahora me pusiera a hacer funky y pretendiera sonar como Sly and The Family Stone, pero solo hacemos canciones pop, que a veces son más rock o más folk. Lo que nunca hemos hecho es rock AOR estándar. Eva siempre dice que le gusta la música muy suave o el punk. El folk lo introduje yo, que estaba más colgado de grupos como Pentangle. Ya hemos aprendido que todas las situaciones en la vida tienen su cara y su cruz. La cara es que tocamos en sitios grandes delante de mucha gente, y la cruz es que a veces la gente te pone contra una esquina y tú te tienes que defender. No entiendo mucho por qué, pero en este país sucede así. Tampoco me quejo, simplemente lo constato.

-Ha sacado su lado de fan, así que es el momento de preguntarle por el grupo con el que usted dijo eso de “yo quiero tener uno como el de esos”. ¿Cuál fue?

-The Beatles. A los once años.

-Tras escuchar su discografía, se desprende que uno de sus héroes musicales es Peter Buck que llegó incluso a colaborar en “Gato Negro Dragón Rojo”.

-Sí, es un héroe absoluto.

-Presiento que una de sus canciones favoritas es “The One I love”.

The One I Love me gusta mucho, pero no más que muchas de Neil Young en las que creo que está el espíritu de esa canción. De todos modos, la primera vez que escuché The One I Love y, sobre todo cuando vi el vídeo, tuve también una sensación de electricidad. Cuando le enviamos Doce palabras a Peter Buck fue una manera de pagar deudas. Yo creo que en la música hay que ser agradecido. Cuando la música que te dado tanto hay que serlo. En el caso de Omega quisimos pagar una deuda de fan y de agradecimiento. En este caso, lo mismo. A Peter Buck le enviamos la canción sin mucha fe, pero con esa intención.

-Usted tiene una predilección por el sonido Rickembacker. ¿No se plantea que es un sonido que le limita por lo característico?

-Sí, estoy completamente de acuerdo. Lo he pensado muchas veces, de hecho en este último disco he usado muy poco la Rick de 12 cuerdas y en el siguiente no la voy a usar nada. También me pasa con los amplificadores Vox AC-30. Creo que hay una especie de pequeño club, donde podría estar gente como The La´s, Peter Buck o The Church. Sí que es un sonido que tiene algo de folk. Johnny Marr sería como el súper maestro. Pero es un sonido que te limita.

-Retomemos las letras. Hablábamos antes de frases concretas de las canciones. Existen varias en su discográfica que los seguidores las usan como proclamas. ¿Después del tiempo que llevan, cuando están componiendo llega un momento en el que dicen “Este es el verso que va a cantar la gente a voz en grito”?

-Ni idea. Eso es algo que me gustaría saber. Hombre, en una estructura de canción pop tienes una intro, un verso, un cambio y un estribillo, eso es así. Pero, por ejemplo, cuando tocas en directo hay canciones que de pronto oyes una especie de aullido generalizado y te tienes que pegar a la batería, porque te cuesta seguir el ritmo. No sabes por qué la gente ha hecho eso con esa frase. No lo sé. No nos han preguntando nunca esto así, pero me recuerda a cuando nos preguntan por la clave de nuestro éxito. No lo sé.

-Me refiero a lograr que una frase se convierta en una proclama como decir “I´m the resurection” de los Stone Roses o el “Hoy no voy a ser yo” de Los Planetas. Independientemente de calidades y estilos, creo que Amaral ha logrado tener al menos cinco de esos aforismos que los fans los gritan como propios. Eso es muy complicado de lograr.

-Yo no creo que la gente que lo logra se lo plantee. Es una pena que no esté Eva, porque digamos que es la front-woman del grupo. Yo muchas veces la he visto, cuando jugamos en torno a un riff, que de pronto empieza a gritar algo porque le sale. Componemos de una forma muy impulsiva. Es decir, no nos paramos a pensar si es bueno o es malo. En ese momento ha salido así y lo dejamos; si nos sigue gustando con el paso de los días se queda. Yo recuerdo estar tocando y escuchar a la gente pidiéndonos a gritos canciones que eran la parte más introspectiva del disco.

-He pensado muchas veces en el porqué del éxito de Amaral y llegué a la conclusión de que, además de la música, viene porque transmiten unos mensajes muy sencillos, bastante asumibles por cualquiera. Me explico: eso de “Y dime si estás conmigo o contra mí” se puede convertir en un himno personal adaptable a todo tipo de situaciones. Además, tienen cierta carga de cotidianeidad, un poco hablando del día a día de la gente. A ese respecto, y un poco contradiciéndolo, Ignacio Juliá, uno de directores de la revista Ruta 66 reconoció la calidad del grupo en un articulo de opinión, pero también dijo que esas penurias cotidianas perdían su razón de ser sobre amplificadas a través de su exposición de las radios, televisiones, etcétera. Es decir, que se desnaturalizaban por el éxito que conllevaban. ¿Qué piensan de todo ello?

-Bueno, el comentario de Ignacio Julia te diré que para mí fue como 20 Grammys y 15 premios de la música todos juntos. Ese día no te voy a decir que fue el más feliz de mi vida, pero fue un impacto tremendo y un reconocimiento increíble. Me sentí como un niño. Yo recuerdo una vez en el pueblo de mis padres cuando tenía 17 años o así, un verano cogí en bici y bajé a Tudela a 18 kilómetros para comprar una revista porque me aburría. No conocía a nadie y solo tenía una guitarra. En la revista salía un artículo que se llamaba “Telepresión” y era Juliá hablando de Televisión. Cuando yo leí eso supe que tenía que oírlo. Me acordaré siempre de aquella firma. Yo no podía creer que, con el paso de los años, el tipo que escribió aquellas cosas de lo que para mí fue una especie de terremoto sonoro, estuviese escribiendo algo sobre mi grupo. Respondiendo más concretamente a tu pregunta, te diré que me he pegado tres años sin televisión y sin radio en mi casa. Cuando empezamos a sonar en la radio no soportaba escucharnos, porque no me gustaba cómo había quedado la masterización, los planos de las guitarras y no lo soportaba. Cuando en un bar ponían una canción nuestra mis amigos ya sabían que me piraba. No conseguía escucharme. Los escuchaba para recordar qué grabamos y para el directo. Para mí no pierden por eso. ¿Cuántas veces he escuchado yo I´m The Walrus? Para mí la letra no ha perdido sentido por ello. Yo creo que en este país cuando algo suena mucho se desconfía de ese algo. No sé de dónde viene, ni en qué momento se produjo esta especie de ruptura entre la música que le llega a la gente a un nivel bestia y la falta de realidad o de verdad sobre eso, pero es obvio que ocurre. Te puedo poner ejemplos. Yo la primera vez que vi a Russian Red lo que había escuchado de ella era que era una chica que robaba niños de las cunas y se los comía crudos, que era una cosa horrible. Y cuando la vi tocar, descubrí a una chica que cantaba muy bien, con algunas canciones muy buenas y un guitarrista fuera de lo común que es el de Havalina, que me encantó. Y ya vale, punto. ¿Que no te gusta? No la escuches. Pero no puedes machacar a una persona porque ha roto el techo de cristal de la sala Sirocco. En el caso de Vetusta Morla ocurre lo mismo. Yo los fui a ver y flipé. Era una banda que se notaba que no llevaban cinco meses currando. Y no les ha pasado nada que no nos haya pasado antes a nosotros. Te lo digo con un poco de tristeza, no de una forma rencorosa. Toda esta especie de humo se desvanecerá probablemente cuando Eva y yo no estemos como banda. Eso es lo que pienso, sinceramente.

-Me interesa su origen social. ¿Proviene de la clase trabajadora?

-Soy hijo de emigrantes. Mis padres se marcharon de Aragón a trabajar al País Vasco donde yo nací por casualidad. Mi padre quiso ser músico. Tocaba el clarinete en una banda municipal y su ilusión era la de tocar el saxo, pero era una familia extensa y no pudo ser. A mí me tuvieron bastante jóvenes. Siempre nos hemos considerado un grupo de barrio de Zaragoza, siempre hemos pensado que a los chavales de la working class se les negaban las oportunidades de grabar pop-music en España. Nosotros nos sentíamos bastante en sintonía con algunos grupos ingleses que vienen de los suburbios y petan. Escapan de unos curros asquerosos a través del rock y las guitarras eléctricas.

-Las canciones suyas tienen referencias a personas que les hacen perrerías en los trabajos. ¿Son reales?

-Sí, la canción esa que dices no es autobiográfica, pero habla de gente que tiene nombre y apellidos y de historias reales. Es la canción más explícita que hemos escrito en ese sentido.

-Esta pregunta realmente se la quería hacer a Bruce Springsteen, pero mientras que llega el momento se la haré a ustedes. ¿Alguna vez se han planteado si están legitimados para hablar de ese tipo de historias de la clase trabajadora, como algo cercano, cuando ustedes cobran por un concierto lo que cobran?

-Sí, me lo he planteado muchas veces. Muchas veces, cuando he llegado y me he visto en un hotel de cinco estrellas, me he sentido raro… Es una contradicción que todavía no he resuelto.

-¿Le resulta una pregunta incómoda?

-No, no me resulta incómoda, porque no somos un grupo que rehusemos a ese tipo de contradicciones. Al contrario, creo que en las contradicciones te aclaras un poco. No lo sé, nosotros no hemos grabado nunca nada con el dinero ajeno. Si vamos a un sitio, si un disco funciona tocaremos delante de mucha gente y, si funciona menos, tocaremos delante de menos gente. Nos hemos pasamos más tiempo de nuestra vida en el anonimato absoluto, tocando en bares por nada que cobrando cachés potentes y pudieron llevar un buen equipo de sonido. No sé, no hemos especulado con nada ni nos hemos dedicado a invertir en inmobiliarias, ni cosas así. Yo creo que por mucho que lo quisiera disimular, mis orígenes de barrio de Zaragoza siempre estarán ahí. El hecho de que nuestros padres no fueran de una clase social potente lo único que hizo es que fuese mucho más difícil para nosotros el acceder a instrumentos buenos. Pero no nos da la sensación de que nos hayamos desclasado o algo así. No sé si quieres que lo precisemos más.

-Sí, claro. Yo gano un sueldo normal, trabajo una serie de horas al día y tengo la visión de la vida que tengo, en parte obligada por mis circunstancias. A lo mejor, si me pagasen 6.000 euros por ir a una tertulia de televisión una noche y luego otra y otra, vería el mundo de otra manera y pensaría que realmente me merezco ese dinero. En su caso, hacen conciertos pagados por Ayuntamientos donde se abona en una sola noche más de lo que gana en un año un trabajador normal y la bola de nieve que genera ese modo de vida – los buenos hoteles, las zonas vip, el mundo del famoseo,… – a veces puede dar que pensar, “vaya me estoy desarraigando, estoy perdiendo el contacto con la calle y vivo en una burbuja que no es la vida de la gente normal de la que hablo en mis canciones”. ¿Qué me dicen?

-Bueno, por partes. Odiamos las zonas VIP. Cuando vamos a los conciertos, si vamos, nos vamos a la primera fila. Respecto al mundo de la farándula, yo creo que seguimos teniendo los mismos amigos que hemos tenido de siempre y ellos no tienen mucho que ver con el mundo del rock y la farándula. amaral-2Lo de ir a unos hoteles u otros, cuando podemos vamos todo el equipo a los mismo hoteles, porque nosotros consideramos que dentro de un show es igual de importante el batería, la cantante o el técnico de sonido. Son gente que llevan con nosotros mucho tiempo y lo vemos así. Yo, a veces, estoy más a gusto con los técnicos que con las estrellas del rock. No creo que nos hayamos desarraigado. Tampoco creo que sea un franciscano o algo así, pero miro a mi compañera y veo a la persona que yo conocí trabajando de camarera en un bar y es la misma persona. Obviamente, hemos sido muy afortunados en el lado material, pero eso se puede terminar mañana. Tampoco le tengo ningún miedo a que esto acabe. Creo que la música nos ha dado mucho más de lo que esperábamos y que pase lo que tenga que pasar. A mí no me ha hecho más feliz ese tipo de cosas. Yo recuerdo cuando tocábamos en los garitos de Santiago de Compostela con una guitarra, un fuzz y una voz, que éramos igual de felices, porque para nosotros ya era una pasada que vinieran a vernos un grupo de personas que no llegaba a cien. Es así como lo veo, no es el fundamento de nuestra vida, no elegimos hacer música por el dinero. Lo nuestro es una necesidad mucho más profunda. Siempre hicimos lo mismo, lo que sucede es que ahora nos pagan por ello. Nosotros estudiábamos, teníamos curros, yo trabajaba en una gran superficie de dependiente y descargando camiones. La primera guitarra que tuve me la compré descargando camiones en Zaragoza y tenía que entrar a las 5 de la mañana, luego iba a la facultad y luego ensayaba. Y terminaba molido. No estoy intentando demostrar nada con ello, sino contando la verdad.

-Al hilo de ello, en muchas letras suyas se percibe un poco la celebración de la vida del rock n´roll, de haber llegado ahí, de salir de la vida convencional a través de la música, pero aún sorprendiéndose de ello. Como si fuera un camino que escoges, que la gente te dice que vas mal por ello y que, al final, llegas al lugar deseado y lo celebras. ¿Existe algo de eso?

-A veces sí, pero tal y como te lo escucho me resulta un poco banal. No hay ninguna canción que hable del carpe diem del rock n´roll star, porque huimos del concepto clásico del rock n´roll star. Nos parece muy incómodo y muy difícil de llevar en el día a día.

-Una precisión. No me refiero a eso. Me refiero a letras como “Creímos en el rock n´roll”, como el haber tomado un camino lejos de una vida convencional, es decir del de trabajar ocho horas al día en una oficina, por ejemplo.

-Esa canción habla de las sensaciones que tienes cuando una banda llega a tu ciudad y la ves en una carpa. La primera vez que vi a Elliot Murphy con miembros de Violent Femmes en las fiestas de Zaragoza, por ejemplo. Hablábamos de ese tipo de cosas. En el 2006 fue un año en el que volvimos a Zaragoza, después de estar mucho tiempo fuera. Esa letra tiene que ver con una especie de sensación de una cierta ingenuidad, que tiene que ver con los años de Zaragoza. Tú date cuenta que nosotros salimos de Zaragoza y no paramos de viajar. Luego, tuvimos que retornar y nos encontrábamos con unas calles que nosotros recorrimos siendo anónimos y con unas salas en las que estuvimos, con un sentimiento de reencuentro con la ciudad. Ahí surgió esa canción, que es más una especie de recuerdo motivado por el espacio geográfico.

-Entonces el reproche que tenía pensado, el que es idea de rock n´roll de la que hablar resulta un tanto naíf, es plenamente aceptado, ¿no?

-Sí, era la intención. Te hablo de la típica banda de barrio de gente mayor que tú, que flipas al verlos. O, yo qué sé, la primera vez que vi a Paul Collins en Zaragoza. Fue una pasada.

-Amaral desprende una imagen, desde fuera, de grupo muy “oficialista”. Me los encuentro en la Expo, me los encuentro en la Moncloa hablando con Zapatero, me los encuentro en el Laboratorio Ñ subvencionado con dinero de la SGAE, en los 40 Principales… Para mucha gente ese es el primer contacto. ¿Piensan en eso?

-Nosotros nos consideramos a nosotros mismos un grupo situado bastante en la periferia de la cultura oficial. Yo, personalmente, estoy evolucionando cada vez a posiciones más libertarias, anarquistas y descreídas, filosóficamente hablando. Te comento, punto por punto, lo que dices. En el caso de las radio fórmulas, yo no tengo ningún problema en que pongan mis canciones en la radio. Me gustaría que pusieran a muchos otros grupos que también me gustan, pero estoy encantado que la gente nos escuche. En el tema de la Expo, he de decirte que cuando llegó alguien con un portátil y nos habían dicho que habían involucrado a Dylan yo no daba crédito. Nosotros lo único que hicimos en la Expo fue intentar adaptar al castellano y que sonase de la forma mejor posible un texto que para nosotros es increíble y que se hizo cuando todavía no habíamos nacido. Ni tocamos en la Expo ni nada. Nosotros solo fuimos un puente entre A Hard Rain’s A-Gonna Fall y la Expo, no pintamos nada más.

-¿Cómo terminaron y qué pintaron en la Moncloa?

-Sobre el tema de Zapatero te diré nos llamaron porque nos comentaron que había una reunión de músicos. La verdad es que fuimos muy ingenuos, porque no preguntamos de qué iba la cosa y, cuando llegamos, la verdad es que había gente de todo tipo: cantantes melódicos, cantantes latinos, había algún grupo de folk, otros más undeground y nosotros. ¿Por qué fuimos nosotros? Era una época en la que estábamos como muy de subidón, porque había cumplido Zapatero ipso facto su promesa de retirar las tropas de la guerra. Todo lo que le dijimos era algo que para nosotros es muy importante, que en Madrid y en el resto de ciudades no se cerrasen las salas de conciertos, que eso era muy importante para los músicos de base, porque si no no habría Amaral ni nada parecido, y que la música de base saldría por otros conductos muy respetables y que no son los nuestros. Eso fue todo lo que le dijimos.

-¿Qué pasó en el caso del Laboratorio Ñ?

-Nosotros no participamos en el Laboratorio Ñ. Nosotros teníamos una gira en Argentina, tocando en Mendoza y Buenos Aires por primera vez, algo que fue todo un subidón de adrenalina. El Laboratorio Ñ nos propuso participar y nosotros dijimos que sí, sin darnos cuenta de que coincidía con nuestra gira. Era un período de viajes tan loco, que bueno ya ves, por un momento te ha sido más difícil entrevistarnos a nosotros que a Obama. Si te enseño mi agenda alucinas. Fue un poco fruto del momento. Yo por el laboratorio Ñ, creo que hay que preguntarle a Iván Ferreiro, que fue quien lo ideó. A mí me parecía una idea brillante, pero luego me dio una sensación… De hecho, una vez un chico me escribió y me dijo que él también era compositor y que por qué no tenía derecho a participar en el Laboratorio Ñ y si eso era algo restringido a unos pocos. Yo le dije: “Estoy completamente de acuerdo contigo, de hecho te digo que yo no he participado, que se ha utilizado nuestro nombre, pero nosotros no estuvimos allí ”. Y, cuando estuvimos, fue de visita y ni grabamos nada, ni nada. No es la cosa de la que más orgulloso me siento.

-Sea como sea, se habla del Laboratorio Ñ como una escena en la que están ustedes y representa algo así como la dignidad del pop y el rock en España. Muchos medios lo proponen como la música de calidad frente a la música que habitualmente se escucha en radio fórmulas. En la época de OT, se creó el bando de los buenos y de los malos. Los malos eran Bisbal y Chenoa y los buenos eran los que componían sus canciones, no sonaban latinos y hacían pop o rock. Con esa idea banal, superficial y nada profunda, se forma una escena en torno a ese laboratorio como “música de calidad” e incluyen a todos los grupos participantes, entre ellos ustedes. Los mejores grupos que hay en ese momento en España nada tienen que ver con esa historia. Que eso me lo quieren proponer como la única alternativa a Bisbal es duro de digerir.

-Entiendo, pero nosotros aunque se anunció que estábamos allí, no intervenimos. Nosotros fuimos de gira. Nuestra gira hubiese sido con o sin esa iniciativa. No tengo mucho más que decir.

-Todas estas intervenciones que le señalo, son bastante próximas a la izquierda oficialista. De hecho cuando escuché la canción esta de “Revolución” la veía ya sonando en los mítines del PSOE. A lo mejor es el resultado de esa alegría que me dice de cuando Zapatero retiró las tropas de Irak.

-No, no tiene nada que ver. Esa canción no recuerdo al año, pero estaba inspirara en una historia que leyó sobre Miguel Ángel y Leonardo da Vinci. Nosotros no hemos cedido nunca a ningún partido una canción nuestra, ni hemos compuesto nada para ello.

-¿Nunca cayeron en la cuenta de que todas estas historias tiran hacia posiciones de mismo partido político?

-La verdad es que no pensamos en ese tipo de cosas. Lo de la Expo quizá habría que preguntarle más a Dylan, que fue quien cedió A Hard Rain’s A-Gonna Fall.

-Ahí no hay nada que hacer. Con Dylan las motivaciones políticas siempre son ambiguas. Además dudo que sepa lo que es el PSOE.

-Nosotros lo hicimos con eso. Lo del Laboratorio Ñ te repito lo mismo, nosotros pasamos por allí. No es algo que nos preocupe, no hay ninguna intencionalidad en esa línea. Al contrario, creo que somos bastante individualistas y no creemos en las tribus, ni en los rollos generaciones. Lo más parecido que hemos tenido al rollo no individualista es haber participado en algún festival de onda modernista.

-Un grupo muy cercano, en lo geográfico, a ustedes son los Héroes del Silencio. También a ellos siempre se les ponía en duda su supuesta autenticidad y comercialidad. Allá por el año 93 ¿ustedes a qué se sentían más próximos como fans, a Los Héroes del Silencio o a Los Planetas?

-A Los Planetas, a los Smiths, a los Chruch, a un grupo de Zaragoza que se llamaba Lágrimas de Mermelada que era muy velvetiano y que luego se convirtió en El Club Eléctrico. Había canciones de los Héroes del Silencio que nos parecían bien, pero nuestro mundo tenía más que ver con las canciones de El Regalo de Silvia o los grupos que luego sacó el sello Grabaciones en el Mar.

-A Los Planetas los versionaron recientemente. Mucha gente interpretó su lectura de “Si está bien” como algo hecho a modo reafirmación. ¿Querían demostrar algo?

-(se ríe) No, hombre no. La canción es brutal.

-Cuando decidieron hacer esa versión dentro del epé dedicado a los grupos de Granada tenían que saber que necesariamente iban a revolver las sensaciones de muchos fans de Los Planetas, y no siempre para bien. Un amigo me dijo: “Pregúntales si la hicieron solo por joder”.

-Buff, nosotros tenemos una especie de burbuja formada por la banda. Ahí se crea un microcosmos aislado de ese tipo de debates, que son más de fans y de la prensa. A mí la canción me parece impresionante, me parece buenísima y da la casualidad que, desde el principio, nosotros tocábamos muchísimo en Granada. En nuestro primer disco sobrevivimos en base a Galicia, algunas zonas de Murcia y Granada. Fue de las zonas en las que tocamos más. Cuando yo conocí a Eva ella era muy fan de Lagartija Nick. De hecho, cuando tocábamos mucho antes de llamarnos Amaral, hacíamos una versión de “Universal”. Recuerdo cuando se presentó “Omega” en Zaragoza y, cuando salía la banda, le regalamos una cassete con nuestra versión a Antonio Arias. En aquel momento nosotros no teníamos ni idea de que íbamos a grabar discos, de que íbamos a vivir en Madrid, de que saldríamos de gira. En el caso de 091, estuvimos en la concierto de despedida de la banda en Zaragoza y, en el caso de Lori Meyers, nos parece probablemente el mejor grupo español que hay ahora. Cuando la revista Efeme nos propuso algo, ceder unos temas en directo o algo, nosotros ya habíamos grabado el concierto objeto de esta entrevista. Nos parecía que pasar dos veces por el mismo lugar no era bueno. Por ello, nos planteamos ir al estudio y hacer un epé virtual y empezamos con Universal, porque Eva había tocado con Antonio Arias en los conciertos de la reedición de Inercia. Para ella fue como para mí ver a Verlaine. La segunda canción que cayó fue la de 091, porque normalmente la gente cuando hace versiones tira de cosas clásicas. Llegado a ese momento, nos dijimos “Joder, los grupos siempre hacen versiones de grupos viejos y no de los nuevos, ¿por qué no hacemos una versión de los Lori?”. Y nos pusimos a ello. Yo en aquella época había perdido un Ipod y en uno que me regaló Eva metí bastantes discos, entre ellos un recopilatorio de Los Planetas. No paraba de escuchar “Si está bien”. Le dije a Eva “La podíamos tocar en acústico”. Y nos dimos cuenta de que todo eran grupos de Granada y de ahí salió el hilo conductor. Son cuatro temazos. No quisimos ni mejorarlos, ni nada. Tuvimos una mañana y una tarde, porque había que entregárselos a la revista y lo hicimos en nuestro local de ensayo a toda la velocidad.

-Se metieron con usted por unas declaraciones respecto a Los Planetas y My Bloody Valentine, ¿no?.

-Sí, a mí se me ocurrió decir que la versión de Los Planetas queríamos hacer una especie de muro sonoro, porque yo soy muy fan de My Bloody Valentine. Quería grabar un millón de guitarras con e-bow y efectos intentando darle ese punto entre épico y triste y se me ocurrió decir en una entrevista “Quería que sonase como My Bloody Valentine pero no tenía tiempo”. Imagínate, visto desde fuera, oír decir eso al guitarrista de Amaral. La gente me puso a parir, “jaja, pues yo quiero ser no se qué pero no no tengo tiempo”. Yo la verdad es que vivo muy ocupado y no tengo mucho tiempo libre para escribir cosas con nicks en Internet.

-¿Les afectan las críticas?

-Sí, claro. Sí que afectan. Yo distinguiría de las críticas que yo considero inteligentes y fundamentadas de las que son simplemente son una manera de rellenar papel. De la misma manera que no todos los grupos son iguales, no todos los periodistas son iguales.

-¿Se sienten incomprendidos?

-No, en general no.

-¿Y en particular? Yo noto esa sensación de incomprensión en sus comentarios.

-Si, por ejemplo en tu caso considero que hay una parte de nuestro universo que no es comprendida, pero me parece bien. Tu postura me parece estimulante. Las críticas sí que me influyen mucho. A veces me hacen pensar, otras veces me hacen plantear cosas y otras reafirmarme en mis principios. Las críticas son interesantes. Tú has hecho algo, has hecho eso porque tu mente no ha podido hacer otra cosa. Luego llega un tío y lo analiza. Entonces, o te sientes que te han dado una palmada en la espalda y estás muy contento, o te sientes confuso y raro. Rara vez me cabreo. Las críticas que son así de ataque y destrucción me dan igual, las entiendo como parte del juego. Pero una crítica sesuda, que te hace pensar es fantástica. Yo con mis amigos discuto y hablo mucho de música, forma parte todo de lo mismo.

Piezas del puzzle del año 2008

miércoles, diciembre 31st, 2008

(Como no sabía cómo abordar el tema de las listas de lo mejor y lo peor del año, recurrí a una lista hecha por el periodista David Saavedra en 2003 en el Feedback-zine, que me pareció muy simpática. Eso sí, dándole un pequeño toque galaico)

Disco del año: el Með suð í eyrum við spilum endalaust de Sigur Ros a nivel internacional y el Cronolanea de Lori Meyers en el nacional. En ambos casos reafirmándose.

Un concierto: Bob Dylan en Vigo. Cuando tocaron esa version demoledora de It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding) fue como para morirse de placer allí mismo.

Un festival: por cartel el Primavera Sound como en los últimos años, aunque no haya podido ir. Y aquí, en Galicia, el Sinsal, Vangardas Sonoras, Voces Femeninas, Sonorama, Pecados y Mulleres Arte+Parte. Impagable la labor de todos ellos.

Un grupo revelación: dicen que Los Campesinos!, pero no me parecen para tanto, pese a gustarme. Prefiero a Bracken, una de las escisiones de los fundamentales Hood.

Un disco especial: Third de Portishead, uno de esos álbumes que te hace amar a la música.

Canción del año: Baila Mi Corazón de Belanova o Mercy de Duffy. El mainstream en formato single sigue dando buenos frutos un año más.

Un pinchadiscos gallego:Juanjo (14!, A coruña), precisamente por no flipar y saber qué es pinchar para la gente, no para el onanismo personal.

Un directo emotivo en Galicia: Lori Meyers y Facto Delafé en A Coruña. En ambos casos daba ganas de subir al escenario y darles un abrazo. Ah y todo el Lolapop bajo la tormenta (en el que también estaban Lori Meyers).

Canción que simbolizará el año: sin duda alguna Time To Pretend de MGTM. El verano de 2008 siempre la tendrá como sintonía.

Canción que más he escuchado este año: O Mercy (Duffy) o La distancia adecuada (Christina Rosenvinge). Ambas preciosoas.

Mi mejor entrevista: Kiko Veneno (más por mérito del entrevistado que del entrevistador).

Mi peor entrevista: Ismael Serrano (aquí repartimos las culpas).

Un bluff: la música pop en general en el 2008. Ni el más optimista puede decir que estemos en una buena época. Esto recuerda mucho a 1998. Esperemos que el cambio de década dé tan buenos frutos como dieron los años 2001, 2002 y 2003.

Peor concierto visto del año: Chenoa en la plaza de María Pita (A Coruña), toda una apoteosis de cutrez y chabacanería.

Tontería del año: Plataforma ZP.

Peor disco escuchado: El de Amaia Monterio (peor incluso que el de su ex banda La Oreja de Van Gogh, que ya era difícil)

Escalofrío del año: escuchar The BBC Sessions de Belle & Sebastian y volver a pensar que con Isobel todo era distinto. !Ays!

Verso del año: “Quiero ser una inmigrante en tu boca delirante” (Amaia Montero, superando el dificilmente superable “Tus discos de platino me importan un pepino” de Deluxe).

Concepto en crisis: La perspectiva histórica en la música pop. Mucho 2p2 y mucho Ipod y al final pensamos que Moby copiando a David Bowie es mejor que el propio David Bowie (al cual, lógicamente, ni se ha escuchado)

Sorpresa del año: Ignacio Juliá defendiendo en la revista Ruta 66 a Amaral llegando a decir que la de Eva es la mejor voz del pop español (!glups!). Este mes, en la misma revista se dice que el Rock and Rios de Miguel Rios fue un disco soberbio (!megaglups!).

Un fenómeno curioso: Los pantalones pitillo y las zapatillas tipo Victoria. Jamás pensé que se podía volver a llevar algo tan hortera. El lavado a la piedra está al caer

Peli del año: El Caballero Oscuro

Peor peli del año: El Che.

Mejor programa de televisión: apenas he podido ver la tele, así que….

Lo más odiado del año: la crisis.

Bluff español: Vetusta Morla.

Humorista del año: Pedro Solbes.

Brasa del año: Barack Obama.

Polémica del año en este blog: la crítica de Gato Negro Dragón Rojo de Amaral.

Pronóstico para el 2009: Volverán el grunge y Los Eskizos.

Tocando pop bajo la lluvia (a cubierto)

jueves, septiembre 4th, 2008

Lolapop, Ponte Caldelas, Pontevedra, 29 de agosto de 2009

En ocasiones, de las desgracias brotan momentos mágicos, así, sin que nadie los prevea. A las 20.15 del pasado viernes en Ponte Caldelas (Pontevedra), cuando Niño y Pistola apenas llevaban unos minutos sobre el escenario del festival Lolapop, cayó una granizada por sorpresa. Ni un amago de lluvia previo ni nada: granizo puro y duro mostrando la peor cara de un temporal en toda regla. Algunos, incluida la banda, desafiaron al hielo en un principio, pero conforme este iba tomando tamaño (había bolas de granizo del tamaño de una pelota de ping pong que llegaron a destrozar la luna de algún coche), todo el mundo tomó refugio donde pudo: en los puestos de venta de tickets, bajo el puente de acceso al parque en el que se celebraba el festival, donde hubiera algo que resguardase de una tormenta que dolía. Tras unos diez minutos, se podía ver a un chico bracear desde la entrada del pabellón municipal contiguo al escenario. Lo habían abierto y, como si de una catástrofe colectiva se tratara, allí terminó todo el mundo con sus mochilas, chubasqueros… y sus mojaduras.


Vídeo de la granizada y la llegada al pabellón

Sin pensarlo dos veces, dos de los integrantes de la banda de Baiona, armados con guitarras acústicas, se dispusieron a tocar a pelo. Carentes de amplificación, situados bajo una portería de futbol sala, entretuvieron a la chavalada pop a la espera de ver qué sucedería con el festival. Josiño Carballo, el organizador, decía sonriente que se iba a celebrar: “Solo hay que ajustar los horarios porque la gente de sonido se tiene que ir a Boiro a las dos y no se puede quedar más tiempo”. Mientras, dentro, el panorama era digno de un video clip de Weezer: una banda tocando a ras de suelo y a la que, a medida que iba transcurriendo su actuación, le iban incorporando elementos. Primero, una exigua batería compuesta apenas por una caja, un charles y un plato, luego una amplificación para la guitarras, posteriormente un micro y todo ello, recuerden, bajo una portería de fútbol con varios cientos de personas sentados en el suelo observando la actuación. “Están chequeando que el equipo esté bien y volvemos allí”, anunciaba Manolito, vocalista, que hizo las veces de entertainment con temas propios, así como de los Beatles, Andrés do Barro o Abba. Después, una mezcolanza entre Niños Mutantes y Manos de Topo atacando el Where is my mind de los Pixies, cerraban el paréntesis. Tocaba retornar al festival de verdad.

La ilusión duró poco. Con los miembros de Jugoplástika a punto de caramelo, el granizo anterior mutó en rayos y truenos. Y, de nuevo, toda la masa de público (que ya había crecido por encima del millar) tuvo que retornar al pabellón. Los peores augurios se cumplieron y, en torno a las 22 horas, ya pocos pensaban que aquello tuviera solución: aunque nadie dijo nada de un modo más o menos oficial el festival Lolapop 2008 se había cancelado.

¿Y qué hacemos con toda esta gente?

El esquelético equipo que se había improvisado en el pabellón permanecía aún montado, las bandas pululaban por ahí sin saber muy bien cómo se iba a resolver todo y el público, en torno a las dos mil personas provenientes de todas partes de Galicia, tenía que pasar necesariamente la noche en Ponte Caldelas. Algunos, como Delorean no se dejaron llevar por el empujón del momento, pero a otros les ardían las ganas de poder tocar, aunque fuera en esas condiciones. Y precisamente eso, ese carácter espontáneo, de chispa que brota, se expande e inunda el ambiente, fue lo que convirtió lo que podía ser un tremendo fracaso en uno de esos momentos emotivos de los que se termina diciendo “yo estuve allí”. Habrá quien ponga peros, quien diga que el sonido no era bueno o que los conciertos fueron breves (entre 3 y 4 canciones). Pero lo cierto es que hacer una crítica musical de lo acontecido se merecería un bofetón, porque lo que lograron Lori Meyers, Manos de Topo y Niños Mutantes fue una bola de emoción pura, compartida con dos mil almas y gargantas que le dieron al poder escapista del pop todo su significado.

Los primeros en comparecer fueron Lori Meyers, ahí sintiendo el aliento de su público, sin vallas, escenario ni nada. Apenas interpretaron tres temas, pero las miradas de sus fans denotan lo que son: uno de los más grandes grupos del pop nacional de la actualidad. Lo cierto, es que escuchar a tantas personas cantar juntas en una sola voz el estribillo de Tokyo ya no nos quiere, emociona, dibuja una sonrisa de oreja a oreja y obliga a retomar la fe en el gusto popular del país de los bisbales y amarales. Y el final, con Alta fidelidad , es de los de ir y darles directamente un abrazo. Verlos tocar, es ver a una banda en estado de gracia, disfrutando de lo que hace y eso se transmite. Lo mismo, o más aún, aconteció con el directo de Manos de Topo. Difícilmente podrían haber pensado cuando surgieron que su pop minimalista y grandilocuente pudiera servir como combustible para la alegría, pero cómo fueron recibidos no dejó lugar a dudas. Sus canciones, que tanto exploran el patetismo del hombre heterosexual, ganan en directo y se unieron a versiones de las no menos patéticas Bailar pegados de Sergio Dalma o I Can´ t Live de Mariah Carey y, al final, hasta un niño del público terminó por cantar un tema con ellos. Al terminar una de sus canciones dijeron “todos los festivales deberían ser así”. En ese momento no había ni una sola persona que les llevase la contraria.


Un montaje muy chulo que recoge la ultima canción de los Lori Meyers, Alta fidelidad, en pleno éxtasis

Pero probablemente el gran momento lo pusieron los Niños Mutantes con su versión del Como yo te amo de Rocío Jurado. Aquí se hace necesario acudir al video ya que, a falta de equipo de luces, alguien optó por apagar la iluminación del pabellón, dejándolo a oscuras mientras el grupo andaluz arrancaba la canción en pleno karaoke colectivo. Luego, los focos se encendieron de modo paulatino, poco a poco, creciendo la canción en intensidad, a la par que se iba ganando luminosidad. Junto a algún tema propio, cerraron las actuaciones.


www.Tu.tv
Niños Mutantes y Como yo te amo en medio del karaoke colectivo

La fiesta siguió. Primero con David Dj. Luego con Marc, el vocalista de Dorian. Ambos pincharon para los que decidieron quedarse, que no fueron pocos. Nadie sabe lo que podría haber pasado si el tiempo no abortara el Lolapop tal y como estaba concebido. Seguramente sería un festival más, con buenas actuaciones y otras no tan buenas, de esas que se van perdieron en la memoria hasta la próxima edición. Pero esto, tuvo la chispa de las noches especiales, en las que algo enciende el espíritu y logra emborrachar de felicidad hasta al más apático. Lo dicho, emoción pura, magia a raudales y un recuerdo: haber estallado de júbilo.


www.Tu.tvFin de fiesta don Dorian Dj y el No Cars Go de Arcade Fire a todo trapo

El Canto del Loco “Personas” (Sony, 2008)

viernes, mayo 2nd, 2008

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No señor, el buen pop de guitarras no se encuentra en las deliciosas canciones de Lori Meyers. Tampoco en la vuelta de tuerca que a su pasado hardcore hecha por Standstill. Ni en el vigoroso sonido nuevaolero de los coruñeses Combo Dinamo. No, al parecer, quien desee escuchar melodías y estribillos bañadas de electricidad ha acudir a la obra de El Canto de Loco, el grupo que más atención despierta en los medios, el que asegura holgadas cifras de cedés despachados en tiempos de crisis, el que registra llenos allá a donde van.

Es el mundo al revés: el pop patrio esplendoroso y la lista de ventas convertida en toda una pasarela de cadáveres creativos. A la cabeza figura esta semana El Canto del Loco, los hermanos pequeños de los Hombres G. La fotografía de ambos estaría, sin duda, en esa diana imaginaria en la que los críticos musicales desahogan su supuesta frustración tirando dardos llenos de veneno. Personas, su quinto trabajo, no cambiará para nada esa percepción: como los anteriores no es sino una insulsa y plana ración de pop-rock, vulgar y llena de lugares requetesobados e interpretada por esa irritante dicción de Dani Martín (“Esta historia que te cuento es como un gritouuuu”) capaz de hunir hasta la mejor de las partituras.

La novedad la pone el tono, supuestamente maduro y rozando el libro de autoayuda. Eres tonto, que saquea el sonido de Los Rodríguez con vistas a Pereza, es el single de adelanto y una colleja al espíritu para los bajos de autoestima. Peter Pan, en medio tiempo acústico, ya se pueden imaginar por dónde va. La vida, habla de, bueno, perder el tiempo y darte cuenta que hay un mundo maravilloso esperando fuera (“La vida es esto a pesar de mis complejos / quererme a muerte, poder querer al resto”). Y ya está, con tres joyitas como estas ya llegan para dar carpetazo a un disco ciertamente horripilante.