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Los mejores discos internacionales del 2016

Sábado, Diciembre 24th, 2016

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El año 2016 ha sido del del rock y sus circunstancias. La muerte se encuentra detrás de tres de los álbumes fundamentales del ejercicio: los de David Bowie, Nick Cave y Leonard Cohen. Ha obligado al oyente a cambiar la mirada sobre ellos. Además, se ha consagrado definitivamente Beyoncé como la gran estrella pop del momento, con su hermana Solange despuntando con un espléndido lienzo de música negra. Todo con la emocionante irrupción de una soberbia Angel Olsen, el segundo paso de las imprescindibles Savages, las refrescantes dentelladas de Car Seat Headrest y Public Access Tv y el retorno de una leyenda brit, Suede. Vamos que, al final, el año no ha estado tan mal.

1. DAVID BOWIE “Blackstar” (Sony). La secuencia de vacío-encogimiento-asombro que generó la muerte del artista ligada a la edición de este disco no la olvidaremos jamás. Como queriendo hacer de esta un acto creativo, Bowie pintó una pirueta final que nos dejó conmovidos. Si el disco -entre el frío berlines, las filigranas jazzies y un clima derrotado- nos había encantado, con la desaparición del artista unos días después se convirtió en fundamental. De pronto, lo entendimos todo: la portada, las metáforas mortecinas, el tono angustiado y las melodías que decían adiós. Ya no está con nosotros. Fue un placer haberlo conocido, crecer con él y acompañarlo hasta este maravilloso y superlativo final.

2. NICK CAVE “Skeleton Tree” (Bad Seed). La pérdida de Arthur Cave, su hijo de 15 años, en noviembre del 2015 planea sobre las nueve canciones de este trabajo. Un disco de instrumentación casi estática, interpretado casi en spoken word y con melodías que casi se llegan a dibujar. En esos “casis” se encuentra mucho de su valor. Creado en el estado paralelo que genera una pérdida así y trasmitiéndolo en todo momento con versos demoledores y congoja permanente, se trata de un disco soberbio. Cuando, en la recta final, llega “Distant Sky” a uno literalmente se le encoge el alma.

3. SAVAGES “Adore Life” (Matador). Son uno de los grupos fundamentales del presente del rock. Lo habían demostrado en su primer álbum y lo refrendan en este segundo. El post-punk catártico inicial se abre ahora en caminos de los que surgen joyas de pecho hinchado como la titular “Adore Life”. Menos Siouxsie and the Banshees, más Pj Harvey, “Adore Life” se presenta como un disco de subidones y bajones, de cánticos al amor y la vida, de intensidad máxima y nervios a flor de piel estallando de continuo. Solo es un aperitivo del grupo que, probablemente, brille más en directo en la actualidad.

4. LEONARD COHEN “You Want It Darker” (Columbia). Otro álbum marcado por la muerte y la inminencia de esta. Si 2016 empezaba con la adiós de David Bowie, enfiló su final con la de Leonard Cohen. Más explícito aún (“Si eres tú quien reparte las cartas / déjame salir de este juego / aquí estoy, estoy listo, Señor”), cierra con él no solo su trayectoria, sino la espléndida trilogía crepuscular que supuso su vuelta a los estudios. Todo con tono opaco, música ralentizada, deliciosos coros femeninos y sensación de eternidad. También ha sido un placer estar contigo, Leonard.

5. BEYONCÉ “Lemonade” (Sony).
¿Aún existe algún reacio a aceptar el apabullante talento de Beyoncé Knowles por aquello de la autenticidad y la repulsa a las grandes estrellas del pop? ¿De verdad? ¿Es posible? Le recomendamos que se deja caer por su mejor disco hasta la fecha. Con sus problemas personales sobre la mesa (la supuesta infidelidad de us marido Jay-Z sale a relucir desde el primer verso: “Puedes probar la falta de honestidad / Está por todos lados en tu respiración mientras la pasas tan caballerosamente”), traza un suntuoso viaje musical por el Caribe, el rock, al country y un sinfín de géneros.

6. ANGEL OLSEN “My Woman” (Jagjaguwar).
¿Es quizá “Sister” la mejor canción del año? Lo cierto es que cuando la luz de miel, country y melancolía de la artista interpretan esos versos todo indica que sí. Y cuando en la segunda parte del tema surgen esos coros que parecen venir del más allá en medio de la electricidad, ya no quedan dudas. Se trata de la cima de un gran álbum sensacional, lleno de sorpresas y, sobre todo, de emoción. Como si Emmylou Harris empezase de nuevo en 2016. Sí, así de maravilloso.

7. CAR SEAT HEADREST “Teens Of Denial” (Matador). El grupo de Will Toledo ha surgido para regocijo de quienes aprecien el indie-rock desaliñado de renglones torcidos y voces que rompen melodías por su incapacidad de cantarlas. Sí, ese que va desde Pavement a Clap Your Hands and Say Yeah! y que desde Seattle se cultiva ahora con enorme acierto. Además, posee un gran directo que no hace sino sumar puntos a la causa.

8. SOLANGE “A Seat At The Table” (Columbia). Ha sido una de las sorpresas del año. El tercer disco de la hermana de Beyoncé se (auto)define como «un proyecto sobre identidad, empoderamiento, independencia, dolor y curación. Musicalmente se mueve entre el soul sedoso, los ramalazos de r&b, los destellos de jazz y un intermitente toque funk. Todo al ralentí, cuidando al máximo las voces e introduciendo una rítmica nerviosa que genera una sensación de cómoda extrañeza que resulta adictiva.

9. PUBLIC ACCESS TV “Never Enough” (Cinematic).
No muy celebrado por la prensa especializada, el debut de Public Access Tv debería interesar a los llevan desde 2001 esperando alguien que recoja el testigo de The Strokes. Igual que ellos ponen sobre la mesa Nueva York, juventud, estribillos luminosos y plus de electricidad. Por su cancionero desfilan ecos de Television, The Cars y Gang Of Four con los que arman temas tan potentes como “End Of a Era” o “On Location”, con vocación de himno

10. SUEDE “Night Thoughts” (Warner).
En su segunda vida Suede no solo ha demostrado que sobre las tablas continúa ejerciendo de excelente banda de directo, sino que en el estudio mantiene intacta su capacidad de crear álbumes notables. “Night Thouthts” entra en esta escala, desde luego. Con las miras en el icónico “Dog Man Star” (1994) los Suede del 2016 exprimen su lenguaje jugando a las luces y sombras con maestría, a tensar el músculo pop y entregarse al lirismo de manera majestuosa y a demostrar que, en efecto, eran enormes y son, cuando menos, grandes.

Los diez mejores discos internacionales del 2014

Lunes, Diciembre 22nd, 2014

No deja de reconfortar comprobar que, pese a que el pop no esté viviendo precisamente su mejor época (sí, seguimos en la línea pesimista-realista del año anterior), salen discos capaces de generar particulares obsesiones. En este 2014 dos álbumes han jugado ese papel en esta bitácora. Uno amable, el de The War On drugs. Otro arisco, el The Swans. Ambos raptan al oyente, lo llevan a su mundo y lo hacen sentir dichoso. Son las dos caras de la moneda de lo mejor del año según Retroalimentación. Cualquiera de ellos podría ocupar perfectamente el número uno. Si al final lo ha alcanzado Lost In The Dream ha sido por una regla de desempate sencilla: simplemente ha sonado más veces en el corazón este blog que el otro, conmoviendo un poco más.

1. WAR ON DRUGS “Lost In The Dream” (Secretly Canadian). Más allá de una humeante producción ochentera. Más allá de su sorprendente mezcla de géneros contrapuestos. Más allá del bajonazo purificador sobre el que flotan las letras. En definitiva, más allá de todos esos fríos parámetros de análisis. Si por algo ha sobresalido el disco de Adam Granduciel ha sido por algo muy concreto: una capacidad de emocionar que solo poseen los grandes discos. Encadenando placer, cada tema de este álbum es una pequeña maravilla unido por una anilla a otra maravilla. Se mete por ritmos kraut-rock, invoca atmósferas que parecen sacadas del disco nunca realizado por Alan Parsons y Cocteau Twins, traza melodías hurtadas a Bruce Springsteen o Tom Petty y hasta se atreve con unos saxos ocasionales que ni Dire Straits. Sí, la definición sobre el papel espanta a quien no lo haya escuchado todavía. Pero en la práctica, solo genera bienestar general e intermitentes estallidos de placer agudo que desarman. Si Eyes To The Wind -con ese fraseo tan dylaniano que, de verdad, derrite con su sentido de la velocidad y las pausas- no es una de las canciones más bonitas de la década que, por favor, alguien muestre quién o qué la supera. Y si la homónima Lost In The Dream no es capaz de encogerte, cabría preguntarse si no te habrás equivocado de disco. Son dos diamantes de un disco lleno de piedras preciosas que pone al oyente a sus pies. Es bastante probable que el aficionado lo tenga machacado a estas alturas. Si así no fuera, se pierde algo muy grande.

2. SWANS “To Be Kind” (Young God /Mute). Una salvajada. El sucesor del aclamado The Seer (2012) estira el momento de gloria de la ¿mejor? banda del rock actual. Combinando poder, mística y ambición, la banda de Michael Gira deja una obra inabarcable de más de dos horas de duración a la que se puede entrar por cualquiera de sus ventanas. Tanto da arrancar la experiencia por la malsana repetición con extra de intensidad en cada minuto de Screen Shoot, colarse por ese blues con ocasionales aspavientos de la escuela Spiritualized de Just A Little Boy (Fore Chester Burnett) o por el rock agujereado por espadas psicodélicas de A little God In My Hands, en el momento en el que el oyente se halle en el interior se encontrará primero aturdido, luego superado y finalmente entregado a su orgía sensorial. En este disco hay gritos, canciones rotas y silencios que parecen infinitos. También atmósferas viciadas, ritmos brutales y espacios liberadores. Y, por supuesto, ocasionales melodías juguetonas, amagos de rock convencional y un constante transitar de un lado al otro. To Be Kind es excesivo en minutaje, pero también emociones y de sensaciones. En algún momento la voz de Gira parece estar ofreciendo las claves de la gran verdad universal amplificada por los altavoces. Se recupera ahí el poder turbador del rock. Sí, como hace años cuando aún eras un joven impresionable. Un efecto tan maravilloso como este disco imprescindible.

3. LEONARD COHEN “Popular Problems” (Sony). Lo ha vuelto a hacer. Apenas tarda unos segundos Leonard Cohen en encantar con el primer tema de su nuevo trabajo. Slow, la canción, autohomenajea con poso blues a su particular manera de concebir la música: al ralentí, contrastando voces y manteniendo siempre el misterio. En esta ocasión se arrima ya desde el arranque ligeramente al blues, sorprende con una un estribillo pop delicioso sobre colchón country (Did I Ever Love You), dibuja magnificas canciones de carreta (My Oh My) y recupera la electrónica de los ochenta (Nevermind). Al final cierra con una preciosa cantinela folk, You Got Me Singing, perfecta para demostrar que el canadiense sabe tratar las voces femeninas mejor que nadie.

4. DAMIEN JURADO “Brothers and Sisters Of Eternal Son” (Secretly Canadian). Salió tan temprano este año que corre el riesgo de perderse en el olvido de la velocidad de las cosas. Sería un craso error porque, continuando lo expuesto en el excelso Maraqopa, el canadiense vuelve a entregar otro gran disco de un pop que igual se muestra exhuberante y psicodélico como recogido y lírico. Pero siempre termina tocando la fibra con esas melodías heredadas de Neil Young que tanto reconfortan. Un tipo que ha encontrado la paz y se encarga de expandirla con canciones preciosas.

5. BEYONCÉ “Beyoncé” (Columbia-Sony). Si con 4 (2011) ya dio síntomas de saltar al estatus de “artista más allá del single de temporada”, con este disco (lanzado en digital a una semana de terminar el 2013 pero editado físicamente con un dvd este año, de ahí su incursión) materializa la grandeza de una cantante llamada a perdurar en el voluble mundo pop. Variado, ambicioso y sincero (ojo a las letras) Beyoncé es un estupendo compendio de música negra contemporánea con temazos como Slow, Partition o el baladón Blue dedicada a su hija. Sí, pero sobre todo, destaca por mostrarse como el primer gran álbum de una artista eternamente vilipendiada. Quizá por ello lo ha bautizado a su nombre, indicando quizá que aquí nace una nueva Beyoncé. Bienvenida.

6. FKA TWINGS “Lp1” (Young Turks). No es un disco perfecto, pero sí un trabajo que obliga a arquear la ceja y apuntar el nombre de su artista para seguirla en el futuro. El debut del proyecto de Tahliah Barnett juega a poner al día las luces y sombras del trip-hop en el contexto del r&b. Y a todo lo envuelve con un velo de etérea fragilidad y sensación de “deconstrucción” que bien podría recordar a Cocorosire. Más allá de eso (y, sobre todo, si es el pasado, el presente o el futuro del pop, algo que parece obsesionar a parte de la crítica), importa que araña la fibra en maravillas como Two Weeks o Video Girls, dos de las mejores canciones del año.

7. MARIANNE FAITHFULL “Give My Love to London” (Naïve). Igual que ocurre con Leonard Cohen, a Marianne Faithfull se la puede seguir a ciegas. Este, su mejor trabajo desde Before The Poison (2005), prosigue su notable línea: aglutinar en su maravillosa voz de miel con tropezones de amargura un puñado de grandes temas (firman Leonard Cohen o Nick Cave, entre otros), colaboraciones de relumbrón (Anna Calvi, Steve Earle, Roger Waters) y un producción excelente (obra de Rob Ellis & Dimitri Tikonov con mezcla de Flood). Los resultados de temas como Sparrows Will Sing, Falling Back o True Lies que la reafirman como una figura imprescindible. Si aún por encima siguen reeditando su discografía anterior el paquete es perfecto

8. GROUPER “Ruins” (Kranky). Hay una belleza abatida en este trabajo tal que hace que el oyente salga corriendo o que se entregue a él como quien desea empaparse de la niebla hasta perderse. Quien opte por lo segundo, será cómplice de las reflexiones sobre el (des)amor de una Liz Harris, abrazada al piano tristísimo, al vaho ambiental y unos pequeños ruidos de fondo (croar de ranas, lluvia…) que terminan por darle un envoltorio de absoluta irrealidad. Con la misma fragilidad que envuelve al cuerpo tras el lloro, este disco es un susurro quebradizo que pide una oreja amiga. Se impone auriculares, volumen y complicidad máxima.

9. REAL STATE “Atlas” (Domino). Seguramente haya quien piense que un disco como este -tan simple, tan armónico, tan académicamente indie- sobre en una lista de los mejores del año. Pero quien sienta devoción por -citemos de memoria según vienen- Galaxie 500, East River Pipe, The Byrds, Go-Betweens, la Velvet suave o The Clientele tiene aquí un álbum de esos que en la adolescencia se metían bajo la almohada y ahora hacen -¡mmmm!- suspirar cuando se escuchan del coche de camino al trabajo. Canciones que trazan círculos de melancolía prácticamente perfectos y que invitan, a quien no los conozcan, a viajar a su pasado y rescatar Days (2011), su disco anterior.

10. PARQUET COURTS “Sunbathing Animal” (What’s Your Rupture?). Aquí se puede aplicar la misma receta que con Real State. El segundo trabajo de estos neoyorkinos, que para algunos críticos estaban llamados a relevar a The Strokes, es un notable tratado de algo muy conocido -indie a la Pavement mezclado con todo tipo de retazos del rock neoyorkino- y que, si se ejecuta bien, siempre apetece volver a escuchar. Ellos, con sus melodías oblicuas, su interpretación arrastrada y sus intermitentes estampidas guitarreras, logran que termines subiendo el volumen, sacando morritos y haciendo air guitar. Y esa sensación es maravillosa.

Los 10 mejores discos internacionales del 2012

Miércoles, Diciembre 26th, 2012

Este año habla del corazón. Sí, con Beach House no caben las disecciones científicas ni enmarques ideológico-musicales. Bloom es uno de esos discos que sencillamente se adoran con los latidos de este.Seguramente que hay álbumes más innovadores, más trascendentes y más interesantes para quienes exigen sorpresa. Pero no para los que demandan, ante todo, emoción. Ellos son los autores del mejor trabajo del 2012 para Retroalimentación, encabezando una lista que casi necesita ser ampliada. ¿El motivo? Dejar fuera los grandes trabajos que han editado este año Bob Dylan, Tame Impala, Dominique A, Flying Lotus, The Vaccines, Tindersticks o Grizzly Bear. Para el Bish Bosch de Scott Walker, lo siento, no ha dado tiempo ni para formarse una opinión. Queda para el año que viene.

1. BEACH HOUSE “Bloom” (Bella Union). Ningún otro trabajo ha logrado tantos suspiros. El cuarto trabajo de Beach House le ha sacado varias cabezas al resto de la producción del 2012 a base de belleza. Recogiendo la mejor tradición del dream-pop y usando con tino ese puente entre The Cure y los Cocteau Twins que tornaban la música en vapor de agua, insertaron en este disco diez temas que hacen sentir la ley de la gravedad. Como volver si volver a enamorarse por primera vez fuera posible, este álbum hace que uno se reconcilie con la música como vehículo hacia un mundo mejor. Así de puro y romántico. Tal y como se hacía a los 18 años en aquellas noches sin final en los que la palabra futuro era algo lejano pero esperanzador, y no una amenaza que te pisa los talones. Alex, Victoria, un millón de gracias.

2. BILL FAY “Life Is People” (Dead Oceans). Ningún otro trabajo ha generado una congoja parecida. Efectivamente, la resurección del año no solo supone un ajuste de cuentas con un injustísimo olvido, sino que se erige en uno de los trabajos más grandiosos de lo que llevamos de década. Sereno y con la emoción contenida, provoca en el oyente todo lo contrario: la conmoción. Bien en esas preciosas piezas a piano (Never Ending Happening), bien en esos humeantes momentos que parecen llegados de las catacumbas de Big Star (Pig Painter), bien dibujando perfectas piezas de pop para todos los públicos (This World), Bill Fay logra que uno no pestañee. Y que acuda inmediatamente a descubrir sus dos álbumes de los años setenta con todo un tesoro.

3. MARK LANEGAN “Blues Funeral” (4AD). Ningún otro trabajo ha perturbado así. Entregado al blues-rock viscoso, desesperado y con barniz electrónico, Lanegan superó el notable Bubblegum(2004) con un disco excelente. Oscuro y narcótico Blues Funeral crea un penumbroso estado de ánimo en el que las drogas parecen ser la una posibilidad de evasión, aunque al final terminen por tornarlo todo más negro. En un punto intermedio entre el To Bring You My Love de Pj Harvey y el Actung Baby! de U2 (sí, por mucho que pese a parte de sus fans) resulta una apabullante joya sonora de rock contemporáneo. Tremendo.

4. LEONARD COHEN “Old Ideas” (Sony). Ningún otro trabajo ha sonado tan majestuoso. Del mismo modo que lo pudimos ver en sus recitales en Vigo (2009) y Ourense (2010), el Cohen del 2012 suena como híbrido de blues a cámara lenta, aromas griegos y toques country. Cortado todo él por ese patrón, no deja de emocionar y, al llegar a la recta final, sorprender con ligeras variaciones del discurso. Ahí está esa suerte de luz espiritual de Come Healing, los caminos sinuosos de Banjo o la deliciosa nana sintética de Lullaby. Nueva lección de uno de los más grandes de la historia. Todo un lujo poder disfrutar de su crepúsculo artístico en tiempo real.

5. THE XX “Coexist” (XL). Ningún otro trabajo ha confirmado tanto las expectativas creadas. Como en su día ocurrió con el segundo disco de Portishead, no existen grandes variaciones respecto a la fórmula presentada en el debut XX (2009). Todo permanece: el minimalismo, la oscuridad, los microritmos, las super características líneas de bajo, las guitarras goteando sentimentalismo y las voces impertérritas. Una atmósfera inquietante sugieren constantemente que, tarde o temprano, se va a producir una explosión. Pero esta finalmente nunca llega generando un extraño placer, una suerte de adictivo coitus interruptus en el que se encuentran algunos de los mejores momentos del pop británico del momento.

6. DAMIEN JURADO “Maraqopa” (Secretly Canadian). Ningún otro trabajo ha resultado ser una caricia tan suave. Y todo porque el otrora arisco Damien Jurado ha encontrado en el mensaje de Jesús la paz. Desde este estado vital compuso la que es su mejor obra hasta la fecha: un espléndido catálogo de folk-pop que invita al oyente a no hacer otra cosa que no sea dejarse llevar. Con ecos de los grandes (de Nick Drake a Neil Young, pasando por Tim Buckley) y un ocasional deje bossa-novero, la fina producción de Richard Swift hace que gemas como la titular Maraqopa, This Time Next Year o Workin Titles obliguen a pensar en algo mucho más grande que “otro cantautor indie”. Estas caricias deberían llegar a muchas más mejillas.

7. ALT+J “An Awesome Wave” (Infestious). Ningún otro trabajo ha resultado tan sorprendente. Alt+J ha sido en el 2012 lo que Vampire Weekend fue en el 2008 i The XX en el 2009. Es decir, el necesario toque de frescura en un panorama pop que, por lo general, adolece de propuestas que inviten a pensar en algo parecido al futuro en un plano formal. En un amalgama infinito de estilos, aquí hay un nervioso y excitante conglomerado de rap, folk, afro-pop, psicodelia, funk y dream-pop. En cierto modo, evoca aquellos Hood de Cold House pero en versión pop y para todos los públicos.

8. SWANS “The Seer” (Young Good). Ningún disco ha resultado tan apabullante. Para muchos aquí se encuentra la secuencia sonora más potente del 2012. Alucinados por su exhibición en el Primavera Sound 2011, se esperaba con ansias este disco de retorno del grupo de Michael Gira. Y aunque no logre reproducir la magnitud de su directo (¿sería posible algo así?) The Seer se presenta como un potente bloque de rock, con un punto entre industrial, tribal y místico que persigue el trance del oyente. Lo logra.

9. GODSPEED YOU! BLACK EMPEROR “Allelujah! Don’t Bend! Ascend!” (Constellation). Ningún disco ha tensado tanto la cuerda. Fuera ideas preconcebidas. Una vez dentro de Mladic, la impresionante pieza de 20 minutos que lo inaugura, quedan claras dos cosas: que el discurso de Godspeed You! Black Emperor dista de estar agotado y que la banda continúa casada con la inspiración. Tal es así que, de salir este álbum en el 2001, estaríamos hablando probablemente de su gran clásico. Con aires arabescos y un punto de pesadez heavy sirve para revitalizar una grupo imprescindible que llevaba nueve años en silencio.

10. BRUCE SPRINGSTEEN “Wrecking Ball” (Columbia). Ningún disco ha logrado más himnos para todos los públicos. El mundo está jodido y el Boss ha querido aunar bajo el título de bola de demolición un puñado de himnos que versan precisamente sobre cuan jodido está. Con el fuego de Arcade Fire cerca y el oficio de Woody Guthrie dictándole la escencia, el Boss logra que esa mezcla entre su rock musculoso de siempre y el folk de taberna de We Shall Overcome eleve el espíritu y suene a verdad. Todo pese a todas sus contradicciones (como la de cantarle a los desheredados que jamás tendrán dinero para pagar uno de sus carísimos conciertos, pero eso es otra historia).

La espléndida madurez de Leonard Cohen

Domingo, Febrero 5th, 2012

Hoy en La Voz echamos una mirada a Old Ideas, el nuevo gran álbum de Leonard Cohen. De paso, miramos a ese crepúsculo en el que se encuentra el rock en la actualidad y reflexionamos sobre lo mucho que nos puede aportar como oyentes.

El lugar de Cohen en el rock actual

Crítica del álbum

Los mejores conciertos celebrados en Galicia en el 2010

Viernes, Diciembre 31st, 2010

ourense1Ahora que ha terminado quedan pocas dudas de que 2010 ha sido impresionante para la música en directo en Galicia. La entrada en escena del Xacobeo y su refrescante gestión se fundió con el trabajo de las salas, fundaciones y festivales que ya venían dando señales de cambio en años anteriores. Entre todo se creó un calendario que obligó, en más de una ocasión, a frotarse los ojos para comprobar realmente que todo ello estaba sucediendo en Galicia. Por este motivo, Retroalimentación añade un tercer listado dedicado a los mejores conciertos de estos doce meses. Obviamente, ha resultado imposible asistir a todos los que se celebraron en Galicia y, seguramente, de ir, recitales como el de Public Enemy, Elvis Costello, Ariel Pink’s Haunted Graffiti’s o Motörhead entrarían dentro de esta relación de doce en la que, !ojo!, se han quedado fuera Pet Shop Boys, Yo La tengo, Paul Collins, Flying Lotus, Sun O))), Bill Callahan, Alva Noto & Blixa Bargeld, Patti Smith o These New Puritants, casi ná… Con que el 2011 sea la mitad de bueno que este 2010 nos podemos dar con un canto en los dientes.

1. LEONARD COHEN (Ourense, Pabellón Paco Paz, 12 de septiembre)
Lección maestra. Mejorando lo de Vigo del 2009 (espacio cerrado, menos gente curiosa y más fans convencidos), Cohen ofreció lo esperado: casi tres horas revisando un repertorio inmaculado. Y tanto da que fuera un deja vu: las emociones fueron aún más intensas con el conocimiento previo. El concierto que querríamos escuchar en bucle durante toda nuestra vida. A ver si alguien se anima a traerlo para el 2011 y vuelve a encabezar la lista.

2. ARCADE FIRE (MTV Day, Santiago, Monte do Gozo, 4 de septiembre)
Los canadienses demostraron en el Monte do Gozo que tienen, hoy por hoy, uno de los mejores directos del planeta y que portan el mástil de la bandera musical de toda una generación. Con The Surburbs bajo el brazo equilibraron pasado y presente y alcanzaron clímax totales con piezas como Rebelion (Lies) o, muy especialmente, con ese Wake Up coral que cerró el concierto dejando a la gente entusiasmada. Tanto que muchos repitieron en Madrid meses después.

3. JÓNSI (Xacobeo 10, Monte do Gozo, Santiago, 27 de agosto)
Las buenas referencias llegadas del Sónar-Barcelona no fueron suficientes para hacerse una idea de lo que el líder de Sigur Rós iba a mostrar sobre el escenario. Precediendo a Muse y lidiando con una audiencia hostil, desplegó su pop fantasioso de cintas de colores, ritmos imposibles y euforia desboradante. Enamoró y con Grow Till Tall puso la carne de gallina a fans y profanos que lo escucharon con atención. Una maravilla.

4. DOMINIQUE A (Vangardas Sonoras, A Coruña, Teatro Colón, 16 de enero)
Dominique Ané se puso la camisa negra, se enfundó el traje de Joy Division para el estreno de La musiqué en al ciclo Vangardas Sonoras y superó todas las expectativas con un concierto impresionante. Lo del final Le Courage des Oiseaux y la gente deseando que el teatro no tuviese asientos fue un momento para el recuerdo.

5. BROADCAST (Sónar-Galicia, A Coruña, Expocoruña, 18 de junio)
El mejor concierto del Sonar-Galicia tuvo lugar para unas 200 personas en el auditorio de Expocoruña. Allí Broadcast invocó a la Velvet Underground, puso a girar su caleidoscopio pop y creó verdadera magia. Durante una hora y pico la hipnosis del dúo funcionó a la maravilla, dando la sensación de que aquella habitación permanecía al margen de todo, incluso de la fiesta hedonista que reinaba en el festival.

6. LCD SOUNDSYSTEM (Sónar-Galicia, A Coruña, Expocoruña, 17 de junio)
No se podía pedir mejor pistoletazo de salida para el Sónar-Galicia que traer a uno de los mejores directos de rock del mundo a la ciudad. LCD Soundsystem confirmaron que lo son y con su funk-rock irresistible obligaron al público que abarrotó hall de Expocoruña a bailar sin opción a rechazo. Su Yeah! final puso todo patas arriba e indirectamente dijo: sí, esto es el Sónar amigos, no estáis soñando.

7. LOS PLANETAS (Noroeste Pop Rock, A Coruña, Playa de Riazor, 5 de agosto)
La actuación de los granadinos en el clásico festival coruñés no respondió a las expectativas creadas de público (8.000 cuando se esperaban 15.000), pero desde luego sí a las artísticas. Apostando por su lado flamenco y por la psicodelia densa y al ralentí, ofrecieron una actuación sólida y espectacular que, no obstante, decepcionó a quienes iban a por el concierto festivalero de hits. Dieron un concierto casi calcado del Festival Do Norte de Vilagarcía de Arousa, por lo que aquel podría sustituirse por este en la lista. Desde los tiempos de Canciones para una orquesta química J y los suyos no sonaban tan convincentes en directo.

8. TEENAGE FANCLUB (Santiago, Sala Capitol, 3 de diciembre)
Los escoceses habían protagonizado una actuación lamentable en su día en el Santi Rock y ese recuerdo les había estado persiguiendo siempre a los ojos del público gallego. En cuanto sonó Start Again en la sala Capitol todo disipó y se conjuró un auténtico paraíso para los amantes del pop. Dont´Look Back, The Concept, It´s All In My Mind, Everything Flows… o lo que es lo mismo la banda sonora de una generación comprimida en un concierto que nos recordó que ellos siempre estuvieron ahí, a nuestro lado.

9. BARON ROJO FORMACIÓN ORIGINAL (A Coruña, Coliseo, 6 de marzo)
Un grupo que vuelve con su formación original abiertamente por la pasta, con varios de sus miembros enfrentados, sin nada nuevo que ofrecer y, aun por encima, con un sonido totalmente anclado en los ochenta. Todo pintaba mal y, quizá por ello, el impacto fue aún mayor. Lo que se vivió en el Coliseo sorprendió hasta el propio grupo, que sonó granítico y convincente como nunca, repasando un repertorio soberbio y logrando una comunión grupo-público excepcional. Ahora bien, por favor, que los barones nos dejen este recuerdo y que cada uno siga por su lado.

10. NEIL HANNON (Vigo Transforma, Vigo, Estación Marítima, 10 de julio)
El cartel anticipaba fracaso. Se anunciaba The Divine Comedy, pero luego se especificaba que vendría Neil Hannon solo. Sobre el escenario se pudo ver exactamente eso: Hanon con una guitarra acústica y un piano. Con esas armas, atacó su repertorio inmaculado y con carisma, humor y excelencia tuvo a la audiencia del Vigo Transforma comiendo de su mano. Un concierto sorprendente y encantador.

11. COCOROSIE (A Coruña, Expocoruña, 1 de junio)
Las hermanas Casaddy lograron un inesperado lleno total en su primera visita coruñesa y dejaron un recital para el recuerdo. Medio onírico, medio infantil y siempre excitante, su modo de comandar el espectáculo resultó fascinante disipando en todo momentos las dudas de quienes las miraban con desconfianza. Lemonade sonó a gloria.

12. WILLIE NILE (A Coruña, Sala Le Club, 20 de agosto)
Apareció de sorpresa en la programación de la sala Le Club en pleno mes de agosto. La llenó y dio junto a The Stormy Mondays un concierto que fue una fiesta total de rock. Entre The Byrds y Bruce Springsteen, con el músculo melódico siempre firme, el neoyorkino invocó ante poco más de 150 personas un poderío arrebatador. Uno de esos conciertos que debería ser obligado para la chavalada que solo ha consumido mp3 en su vida.

Una nueva lección de grandeza

Martes, Septiembre 14th, 2010

Leonard Cohen
Ourense, Pabellón Paco Paz
12 septiembre 2010

leonard-cohen-ourense El mejor concierto del año en Galicia permanecía escondido. Arrinconado a un lado, oculto tras los Sonar, MTV Day o Xacobeo 10, el pase ourensano de Leonard Cohen parecía una cita menor. Sin repercusión mediática, sin aura de recital histórico, sin ese magnetismo de no-te-lo-puedes-perder-por-nada-del-mundo que convierte ciertos directos en acontecimientos sociales. Todo porque el año pasado el canadiense ya había tocado en Vigo con un concierto condenado a repetirse. La cruz ya se había marcado en la casilla. Estaba visto. Ya se había cumplido con Cohen.

Y, efectivamente, salvando alguna variación, lo que ofreció el artista en Ourense el domingo fue el mismo recital. Las mismas canciones, la misma puesta en escena, los mismos gestos, la misma complicidad… y también la misma magia. O más aún, concentrada en 3.900 personas totalmente entregadas desde los primeros segundos de Dance Me To The End Of Love. La pieza con la que abrió la noche dejó clara para los debutantes y los que repetían una cosa: estaban ante un mito capaz de demostrar con un puñado de canciones la diferencia entre lo bueno y lo sublime.

Sonaron las previstas en la primera parte. Ain’t Not Cure For Love, Everybody Knows, Chelsea Hotel n.º 2… Todo según el guión, con la excepcional interpretación de Cohen respaldado por una banda magnífica y un sonido perfecto. Tal y como ocurrió en Vigo, las coristas brillaron con luz propia y, clásico a clásico, mecieron al público en un placentero vaivén, de esos que convierten la sonrisa tonta en el común denominador de la platea.

Tras el descanso, todo fue a más. Inaugurada la segunda parte con un Tower Of Song, en la que Cohen se estrenó como teclista, las flechas se lanzaron directas al corazón de la audiencia. Suzanne, Sisters Of Mercy, Feels So Good entre palmas, The Partisan y un momento que derivó en puro delirio: Take This Waltz con un mano a mano vocal entre Cohen y las hermanas Webb.

Tres bises después, cuando la actuación ya superaba la dos horas y media, al público exhausto le dolían las manos de tanto aplaudir. Y en el ambiente flotaba una sensación parecida a la de ver la Capilla Sixtina por segunda vez. Igual de impresionante. Igual de subyugante. Igual de grandiosa. Sí, como lo de Cohen el domingo, el mejor concierto del año en Galicia. Igual que en el 2009. Y, no lo duden, también lo será si en el 2011 alguien tiene la feliz idea de traerlo de nuevo.

Foto: Miguel Villar

Los 10 mejores discos internacionales del 2009

Miércoles, Diciembre 30th, 2009

Si lograr un punto de encuentro en el panorama nacional resulta difícil, en el plano internacional se antoja ya imposible. El pop y el rock está completamente disgregado y la calidad, más que en escenas concretas (ahora, al parecer, le tocó a Brooklyn), se haya en puntos aislados. Y, en ocasiones, equidistantes. De ahí, que el recopilatorio ideal del 2009 haya de ser por necesidad ecléctico: desde los clásicos revisando su trayectoria como Leonard Cohen, a la radiante juventud noisepopera de The Pains Of Being Pure Heart, pasando por las locuras psicodélicas de Animal Collective o la veteranía del indie-rock de Yo La Tengo. ¿Lo mejor para los gallegos? Pues dos de esta lista (Leonard Cohen y The Wave Pictures) han tocado en Galicia el pasado año y, por ahora, otros dos (Dominique A y Yo La Tengo) lo harán el año que viene. ¿Alguien podía imaginarse algo así en los noventa?

anmal-collective-21Animal Collective, las grandes estrellas del 2009

1. ANIMAL COLLECTIVE “Merriweather Post Pavillion” (Domino) . Pocas veces ha existido tanta unanimidad con un disco como el mejor del año. Sí, Merriweather Post Pavillion pertenece a la estirpe de los Loveless, Dummy o Screamadelica, es decir a los álbumes que suponen un punto y aparte en la escena musical del momento. En este caso se trata de la versión más pop y digerible de unos Animal Collective que tomaron la vía abierta por Panda Bear y crearon el mejunje psicodélico definitivo del arranque de siglo. Habrá que ver, si a diez o quince años vista, se podrá suscribir que está a la altura de los títulos mencionados.

2. LEONARD COHEN “Live in London” (Columbia) . La gira que se pudo ver en España el pasado verano (todavía debe sobrevolar en Castrelos la emoción de aquella noche viguesa de agosto) fue prácticamente igual a lo que recoge este trabajo, grabado en vivo en Londres en el 2008. Están todos los clásicos del canadiense interpretados con una precisión arrebatadora. En especial, se incluye un momento de esos de terminar retorcido de placer: la sublime lectura del Take This Waltz en la que Cohen se bate en duelo con las angelicales voces de dos de sus coristas. Se puede escuchar mil veces. La magia seguirá inalterable.

3. YO LA TENGO “Popular Songs” (Matador). Como vienen haciendo en sus últimos años, Yo La Tengo han apostado por el eclecticismo. El álbum se abre con su particular visión de la música negra con orquestaciones (Here To Fall) y termina con una extensa pieza ruidista marca de la casa (And The Glitter Is Gone). Entremedias, todo ese catálogo de sensaciones que han hecho de la banda de Georgia, Ira y James un baluarte del rock contemporáneo. Con la noticia de que el 16 de marzo tocarán en Santiago en la sala Capitol todavía se escucha mejor.

4. THE HORRORS “Primary Colours” (XL) . De Joy Division a My Bloody Valentine, mirando también a Silver Apples o Neu!, el segundo álbum de The Horrors es todo un compendio de rock oscuro, hipnótico y arrebatador. Con las proporciones exactas de cada uno junto al talento (el suyo y el de Geoff Barrow, el productor), el resultado se muestra tan sensacional en lo suyo como el del primer álbum de los Strokes, el segundo de los Black Crowes o el cuarto de Teenage Fanclub en sus respectivos estilos. La pena es que luego en directo la cosa no cuaja. Y mira que el material es de los de prenden fuego a los festivales

5. PREFAB SPROUT “Let’s Change The World With Music” (Shamrock). El mito del Smile según Paddy McAloon. Este trabajo, que debería haber sido la continuación de Jordan The Comeback (1990), permanecía en formato demo guardado en el desván de McAloon. Su colaborador Calum Malcolm rehabilitó la maqueta y el resultado es claro: uno de los discos del año. El desfase no importa: el sonido de Prefab Sprout (esas melodías perfectas, esos arreglos de ensueño) es totalmente atemporal y cosas como Music Is a Princess o I Love Music difícilmente encuentran rival en la producción fresca de este año.

6. DOMINIQUE A “La Musique” (Green Ufo´s). El octavo disco de estudio de Dominique A ha supuesto para la francés una vuelta al yo me lo hago todo. El resultado es probablemente su mejor trabajo desde Auguri (2001). Desde luego, preciosidades como Inmortels son de las que no se escuchan habitualmente y cosas como Nanortalik poseen el nervio y la tensión por la que Editors suspirarían. En unas semanas lo tendremos en directo en A Coruña dentro del ciclo Vangardas Sonoras. Todo un lujo.

7. THE XX “The XX” (Young Turks). Sí, así sí. Si las nuevas sensaciones británicas poseen la excitación, el misterio y la intensidad de los jovencísimos The XX entonces sí que sigue mereciendo la pena estar al tanto de lo que allá ocurre. Como si Young Marble Giants se dieran la mano con los primeros The Cure y, a partir de ahí, se pusieran a explorar el mundo con sorprendentes ecos shogazers y de la música negra, en su álbum de debut The XX han creado una de esas obras que se escucha y escucha y siempre llega a nuevas conclusiones. El problema será darle continuidad manteniendo el nivel.

8. BENJAMIN BIOLAY “La Superbe” (Naïve). El colosal nuevo trabajo de Benjamín Biolay (doble cedé, triple vinilo) es, para algunos críticos, el único disco capaz de competir con Animal Collective como el mejor del año. Con ecos a Tom Waits y a los Smiths, con el jazz desdibujándose entre el poso de la chanson y con ese aroma a crooner de otra época, los 22 cortes de este disco proponen una hora y media de grandes canciones. Y también de sorpresas: véase ese Buenos Aires, que tributa a la capital argentina con un sampler de Carlos Gardel.

9. THE PAINS OF BEING PURE HEART “The Pains of Being Pure Heart” (Fortuna Pop- Houston Party). Para cualquiera que se haya criado musicalmente en el indie de la bisagra de la década de los ochenta y los noventa este disco le sonará a gloria. Porque, en efecto, lo tiene todo. Las melancolía juvenil de Field Mice, el ímpetu pop de los primeros Teenage Fanclub, el descaro ruidista de los mejores Ride. Y un puñado de canciones tan maravillosas como aquellas que nos enamoraron a todos en los Los Planetas del Medusa ep o el Super 8. Escuchar esto en el ipod cuando el sol da de frente supone rejuvenecer al menos 10 años.

10. THE WAVE PICTURES “If You Leave It Alone” (Moshi Moshi). Fueron la revelación del 2008. En el 2009 no perdieron nada de su encanto. En este trabajo continúan fieles a las texturas lo-fi y a esas melodías torcidas a punto de romperse tan suyas. Pero le añaden un buen número de arreglos que logran una atmósfera entre febril y encantadora. Desdibujándose el soul por sus canciones (desde el corte homónimo a la versión de Otis Reeding que lo cierra), sumergiéndose en el folk (“Canary Wharf”, “Tiny Craters In The Sand”) y logrando más de un hit para un mundo perfecto (“Bye, Bye Bubble Belly”) la entrega del 2009 de los The Wave Pictures solo deja un pero: ¿Qué pasaría si dejasen el lo-fi y grabasen, yo qué sé, a lo Prefab Sprout?

La grandeza volvió a asomarse a Galicia por segunda vez este verano

Lunes, Agosto 17th, 2009

Leonard Cohen
13 agosto 2009, Parque de Castrelos, Vigo

Leonard Cohen no es Bob Dylan. El canadiense se deja de reinvenciones y de hacer vivir las canciones en sus giras para luego dejar a una buena parte del público en el desconcierto.Todo lo contrario, Cohen le ofrece a la gente lo que exactamente desea la mayoría: un grandes éxitos en el que, pese a alguna variación en la carcasa, los clásicos se reconocen con facilidad. Tampoco es Bruce Springsteen. Mientras este se reserva un tercio de su repertorio para variar de ciudad en ciudad, Cohen no acepta cambios. Su show es exactamente el mismo que se puede ver en cualquier otra cita de la gira. Es más, hasta sus constantes agradecimientos, sus genuflexiones y su modo de presentar los temas seguramente responden a un guión donde todo está totalmente prefijado.

Descartada la sorpresa, solo queda lugar para la emoción. Y de esa hubo mucha flotando en el Auditorio de Castrelos en Vigo el pasado jueves. En cuanto empezó a sonar Dance Me To The End Of Love el idilio fue total. Tocando bajo y suave, cantando ronco y grave, Cohen calló a 20.000 personas y las puso a comer de su mano. Primero, dejando claro que el suyo no era un concierto de palmas y karaoke, por mucho que se intentará en los primeros compases de la canción. Segundo, dejando caer un puñado de canciones que se deshicieron en la noche cálida de Castrelos como polvos de magia.

Imagen de previsualización de YouTube Cohen interpretando “Who By Fire” en Castrelos

En el primer tramo del concierto destacó de un modo especial la tensión de Everybody Knows, la fragilidad de In my Secret Life y, sobre todo, Athem en uno de esos momentos que justifican por sí solos el pago de una entrada. Habría muchos más y, aún por encima, para la mayoría con entrada de balde. Tras un descanso de 20 minutos, la banda retornó al escenario y trazó una secuencia memorable. Ahí es nada: Tower Of Song, Suzzanne, Sisters Of Mercy y The Partisan seguidas. Luego, poco después, Hallelujah puso a todo el auditorio en pie y Take This Waltz provocó el delirio. El embriagador mano a mano entre el cantante y una de sus coristas agotó la reserva de suspiros y escalofríos.

A partir de ahí ya no había marcha atrás. Cohen sacó todo el partido posible a su peculiar puesta en escena. De rodillas al público, quitándose el sombrero, haciendo el payaso cuando abandonaba el escenario, presentando a los músicos mil y una vez. Todo funcionaba hasta el punto en el que, en un momento dado, quieto y mirando al vacío sin más, logró que todo Castrelos se deshiciera en aplausos. Con un ambiente así, enlazar So Long Marianne y First We Take Manhatan en el primer bis solo puede conllevar el éxito. Y lo logró. En el segundo brilló la angelical revisión del If It Be Your Will con arpa y todo a cargo de dos de sus coristas, recogiendo el guante de Antony, que la revisó previamente. Y para el tercero, I Tried To Leave You funcionó a las mil maravillas.

Al final, como sucedió hace unos días con Bruce Springsteen, se cumplieron las tres horas de actuación. Cambiando músculo por poesía y sudor por contención, Cohen también recordó el contenido de una palabra: grandeza. En medio del entusiasmo general, más de uno se acordó de la responsable indirecta del recital, Kelley Lynch la ex manager y amante que lo arruinó y lo devolvió a los escenarios. “Es una benefactora de la humanidad”, se podía escuchar a un chico a la salida. Mucho nos tememos que, consciente o inconscientemente, esa frase representaba la opinión general.

La voz imperturbable llega a Vigo

Martes, Agosto 11th, 2009

(Artículo publicado en el suplemento Fugas el 7-8-09)

Tras la visita de Bruce Springsteen a Santiago, Galicia tiene una nueva cita con uno de los grandes de la historia del rock: el canadiense Leonard Cohen. Será en Vigo, en el auditorio de Castrelos el próximo día 13 de agosto

Suele ocurrir. A los mujeriegos casi siempre les destroza la vida una mujer. Parece como si, en realidad, la meta de esos hombres que viven entre champán, medias en el suelo y manchas de carmín en la camisa fuera la de encontrar una fémina que les mostrase el lado oscuro de la seducción. Y que lo haga justo en el momento en el que no hay vuelta atrás.

A Leonard Cohen le ocurrió. Recibió una puñalada por la espalda. El canadiense se saltó esa norma no escrita que prohíbe entremezclar amor y negocios. Kelley Lynch, la que fuera amante y mánager, lo desplumó, dejándolo sin cinco millones de dólares. En el 2005 la denunció y la justicia falló a su favor. Pero no importó: Lynch se dio a la fuga y el pobre Cohen se quedó solo, arruinado y dándose cabezazos contra la pared. Hacía falta recaudar dinero y, tras la edición de un libro, la participación del documental I´m your Man y la reedición de toda su discografía, llegó el milagro: Cohen volvía a los escenarios con sus 73 años a cuestas.

Vibró e hizo vibrar. En una época confusa como la actual, donde resulta imposible encontrar un mito musical de reciente alumbramiento con la envergadura de un Bowie o un Dylan, un retorno como el de Leonard Cohen llega con aura de bendición. Como botón de muestra, sirva la referencia a su actuación del 2008 en el Festival Internacional de Benicasim, cuna de lo indie y lo novedoso. En un cartel por el que danzaban nombres como Gnarls Barkley, Mika, Hot Chip, Justice o The Kills el canadiense brilló hasta cegarlos a todos.

Uno de los encargados de la contratación de artistas del FIB, Aldo Linares, asegura que ese concierto «está entre las cinco mejores actuaciones de todas las ediciones del festival». Gonzalo Abalo, guitarrista de los gallegos Nadadora, que pudo ver el directo entre bambalinas, lo refrenda. Sí, sí, hablamos del nivel de las exhibiciones de Björk en 1998, PJ Harvey en el 2001 o Brian Wilson en el 2004. Auténticas palabras mayores.

Imagen de previsualización de YouTubeFragmento de “Hallelujah” en la actuación de Leonard Cohen en el Festival de Benicassim del 2008

El jueves que viene será el turno de Vigo, en una noche que, a priori, lo tiene todo para que la magia flote en Castrelos. Para hacerse un idea de lo que se podrá ver, se puede acudir al espléndido Live In London, un doble cedé editado la primavera pasada que recoge la actuación de Cohen en el O2 Arena. Desfilaron todos sus clásicos. Nos referimos a un impresionante listado de piezas maestras entre las que figuran Dance Me to the End of Love, Everybody Knows, Tower of Song, Suzanne, Hallelujah, I’m Your Man o Take This Waltz.

A todas les ha sentado bien el paso del tiempo y la experiencia de un Cohen que explota como nadie la mejor de sus armas: la voz. Siempre contenida, grave y narrativa se sitúa en las antípodas de lo que en rock se entiende por feeling. Pero precisamente es ese punto desapasionado lo que lo que la hace realmente apasionante. Con los años, además, ha ganado de un ronroneo muy particular. Sugiere que cada una de esas sílabas interpretadas con perfecta dicción descansa un rato en la garganta antes de que el oyente la pueda degustar plenamente. El efecto llega a un punto tal, que incluso escucharlo hablar entre canción y canción termina siendo un placer.

Una gran banda
Pero, además de sus valiosas cuerdas vocales, lo acompaña una banda excepcional que mece su música entre bandurrias, laúdes e instrumentos de cuerdas logrando momentos de una belleza nada terrenal. En algunos casos —como es el del material extraído del elepé I´m Your Man— la revisión dota a los temas de un novedoso ropaje Por otra parte, como es habitual en Cohen, la elegancia y lo femenino lo preside todo y a su sobriedad de traje negro lo acompañan tres cantantes que iluminan con sus impagables coros maravillas como Athem o Ain´t No Cure For Love.

Todo ello se reparte por una actuación que, en función de la respuesta del público, puede llegar a superar las tres horas de duración. Es decir, un minutaje similar al recital que Bruce Springsteen ofreció en Santiago el pasado domingo. Así ocurrió en León, donde Cohen llegó a hacer hasta cuatro bises. En otros conciertos de la gira se quedó en tres, pero sea lo que sea, la audiencia dsifritará de más de una veintena de grandes temas interpretados con una maestría difícil de encontrar en estos tiempos en los que el trono del pop y el rock lo regentan, ahí ven, grupos como The Killers, Muse o Franz Ferdinand.

CUATRO DISCOS IMPRESCINDIBLES

leonard-cohen-songs-of-leonard-cohen1967 El disco de debut
«SONGS OF LEONARD COHEN»
Con 33 años y un pasado literario completamente ajeno a la escena pop, Cohen salta al ruedo en un año mágico para la música. Sobresalió. De cuerpo acústico y alma folk, es el álbum de Suzanne, Hey, That´s No Way To Say Goodbye y So, Long Marianne, joyas a las que reverenciar eternamente.

leonard-cohen-songs-of-love-and-haet11971 El disco oscuro
«SONGS OF LOVE AND HATE»
Inmersión en las dobleces del amor con un puñado de canciones retiradas de todo. Turbias, minimalistas e hipnóticas, desprenden una belleza muy particular. Sirva decir que Nick Cave se fijo en ellas y versionó Avalanche.

leonard-cohen-death-od-a-ladies-man1977 El disco barroco
«DEATH OF A LADIES’ MAN»
El disco menos Cohen de toda su discografía merece una revisión. Producido por Phil Spector, la crítica lo consideró un paso en falso y lo tachó de efectista y empalagoso. El artista también renegó de él en su día. Sin embargo, su pop barroco, romántico y orquestado suena en 2009 a cuarto y mitad de gloria.

leonard-coehn-ic2b4m-your-man1988 El disco sintético
«I´M YOUR MAN»
Mirando a Kraftwerk y a los Pet Shop Boys, el discurso gana en expresividad conservando la personalidad. Su voz, cada vez más gutural, se inserta e el dramatismo de First We Take Manhattan o Everybody Knows y logra embriagar. Lo de Take This Waltz es uno de los momentos más bellos de su carrera.