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Explosión contra el frío

Domingo, Marzo 12th, 2017


Leon Benavente
11-3-2017, Sala O Tunel, A Coruña

No ocurrió como en su debut en la ciudad, en la sala Le Club, poniéndolo todo patas arriba nada más arrancar. En esta ocasión, llegado como un grupo de aforos medianos con todas las entradas vendidas de O Túnel, a León Benavente les costó un poco más agitar el público. Empezaron con Tipo D. Señales de alarma, kraut-rock y versos de brocha gorda sobre qué es el mundo actual. Sonaban potentes y nítidos. Agresivos, pero contenidos. Oscuros, aunque luminosos.

El bajista Eduardo Baos daba saltos. Boba entraba dentro de su personaje de maestro de ceremonias. Y tanto Luis Rodríguez como César Verdú armaban el edificio sonoro con total precisión. Pero abajo, no llegaba la sacudida. O más bien, la sacudida no lograba zarandear al público. ¿Sala muy fría? ¿Concierto muy tempranero? ¿Poco volumen? A veces las cosas simplemente no ocurren. No hay que darle más vueltas.

Una hora y pico después la sala estaba entusiasmada. Como si Leon Benavente tirasen de la alfombra que pisaba el público -tirándolos, revolviéndolos, zarandeándolos-, la gente estaba loca gritando las líneas de ser Ser brigada. Boba sudoroso, cantándola entre el público. La banda, en estado de gracia tocándola sobre el escenario con el refuerzo de Charlie Bautista. Y el poder de la formación, que lleva cuatro años siendo ese regalo secreto que va de boca a boca en plan “tienes que verlos, tío”, desplegándose en toda su extensión. The Cure, Lagartija Nick, Nick Cave y Neu! de espectadores de la fiesta. Los cientos de personas que acudieron a la cita afirmando que, sí, que León Benavente merecen mucho la pena.

¿Qué pasó entremedidas? Pues un grupo que fue a más. Que exploró inicialmente su parte más melódica, con pequeños clásicos de su trayectoria como Animo valiente. Pero que explotó cuando apeló al incendio. Piezas rugientes como California, Aun no ha salido el sol o El Rey Ricardo lo propiciaron. Generaron ese punto en el que el espectador se convierte en partícipe, y el concierto no se ve, se siente. Ahí todo fluye. La banda levita. Y la fotografía es perfecta.

En ella se ve un pequeño milagro: una formación que en principio carece de armas previsibles para triunfar, pero que lo ha logrado tomando un camino inesperado. Su invocación a Radio Futura (versión de Han caído los dos en el bis), puede tomarse como una pista. El concierto de ayer, como aval para un futuro a seguir y seguir.

Un grupo en plena efervescencia

Sábado, Febrero 8th, 2014

León Benavente
A Coruña, Le Club
7-2-2014

Puede que se trate esta de una de las últimas veces que se pueda ver a León Benavente cara a cara, en el palmo de distancia de una sala pequeña. Lo que se vivió anoche en Le Club lo dejaba entrever. Como si se encontrase en la punta misma del trampolín cogiendo impulso, su propuesta creció en vivo, se hizo con el público y dijo claramente que iba a ir más allá, mucho más allá. Cuando su presencia en todo tipo de eventos está confirmada este año, no parece muy descabellado afirmar que otro nombre se hace paso ese elenco de los Dorian, Lori Meyers, Love of Lesbian, Supersubmarina, etc… que se repite en todas partes. Hablamos, claro está, de volumen de público, no de estilo.

Sí, porque a diferencia de esas otras propuestas abiertamente pop, con estribillos luminosos y melodías nítidas a las que abrazarse sin problemas, lo sorprendente en León Benavente pasa porque logran agitar cuerpos y sentimientos con unos presupuestos que rara vez triunfan. Su música de tinte oscuro y su pretensión de radiografía de un momento social (“demasiado light”, reprochaba un espectador a la salida) se ha revelado para todos los públicos. Ver enfurecido a Abraham Boba proclamando “Muerte al rey Ricardo” ante una pléyade sudorosa y con las manos en alto obliga a pensar que, sí, que a veces el mundo de la música es justo. Y aunque tarde -estos ya se columpian en la cuarentena-, el éxito les ha llegado. Aplausos.

“Como cambiou todo Abraham”, soltaba un espectador. Se refería a una anterior presencia del vigués en la ciudad a la que “non foron mais que catro gatos”, decía. Ayer Boba se puso el traje de estrella del rock y comandó la nave con autoridad. Desde una introducción instrumental hasta el Ánimo Valiente con el que cerró el recital, mostró las cuchillas de un sonido redondeado en disco pero que rasca (y mucho) en directo. Sí, la batería de Cesar Verdú toma cuerpo, deja de sonar krautrockiana y golpea en el pecho. Las guitarras de Luis Rodriguez pinchan como picos de un gráfico que se salen de la cruva esperada. Y la voz de Abraham, de cuando en cuando, amenaza tormenta. Verlos a todos en ebullición (con el bajista Eduardo Baos, exhultante, dando saltos en el escenario) genera la fotografía perfecta del rock en efervescencia.

Abajo, sus temas sonaron vivos, nerviosos, como haciéndose de carne y hueso. Y provocando algún que otro incendio. Uno, Avanzan las negociaciones, desafiante como aquellos Surfin’ Bichos que arañaban en los primeros noventa en alaridos que procedían el susurro. Dos, El rey Ricardo, desde ya un himno de puño cerrado y mandíbula batiente contra la monarquía y quienes la sustentan. Tres, ya en los bises, Ser brigada, apretando la intensidad con un Boba desbocado y mezclado entre el público como quien arroja gasolina a los fuegos para que todo explote.

Final. La cosa, por ahora, no da para más y el concierto, breve pero sin un segundo de desperdicio, terminó con la sensación que arranca estas líneas. Quien pueda, que los vea ahora. Porque, en nada, todo cambiará. Y entre los que renieguen del grupo por crecer, los que digan “yo ya decía desde el principio que eran comerciales” y todos los que se apunten a la fiesta mes a mes, nada será como antes.

León Benavente: «El indie cada vez mira menos a su ombligo y más a la calle»

Jueves, Febrero 6th, 2014

(Rescato la entrevista que le hice el grupo para al Fugas la semana pasada y que, por razones de espacio, no se publicó íntegra)

Rara vez pasa, pero esta vez fue así. León Benavente emergieron el año pasado como el grupo paralelo de músicos con pedrigree indie (integrantes de Tachenko y Schwarz, entre otros) y, al final, su fama ha superado a los proyectos principales. Tal es así que llegan presentando su álbum de debut (segundo mejor disco nacional del 2013 para este blog) con el sold out cantado. «Nunca sabes muy bien cómo van a funcionar las cosas. Nosotros somos los primeros sorprendidos del éxito, pero la verdad es que está yendo todo muy bien», dice Abraham Boba, su cantante. Esta semana visitan Galicia con Son Estrella Galicia (día 6 en Santiago, Zona C; 7, A Coruña, Le Club; y 8, Vigo, La Iguana)

—Me ha preguntado una persona no familiarizada con el «indie» a qué suenan. Le dije que si le gustaba The Cure le podían gustar ustedes. ¿Me he equivocado?
—La verdad es que hay un tipo de sonido, producción y partes de guitarra que, efectivamente, pueden recordar a algunas cosas de ese sonido oscuro de los ochenta. Nos lo ha preguntado mucha gente. Existe un aire a toda esa música, pero creo que vamos más allá. No se trata de una influencia con la que partíamos desde el principio. Bueno, es que básicamente no partíamos con ninguna influencia [risas]. Siempre lo digo. Cuando empiezas, con tus primeros grupos a los 20 años, siempre es más fácil que cojas un referente y termines pareciéndote. Pero luego, con el tiempo, ya no pones referentes encima de la mesa. Solo haces lo que directamente te sale. Y así ocurrió ahora con nosotros.

—Más allá de la forma, han conectado muy bien con el hastío y desencanto social del momento. ¿Lo buscaban?
—Las letras terminaron yendo por ahí. Los temas de las canciones en la música pop siempre están ahí. Prácticamente han sido todos abordados. Lo interesante, para mí, es la forma de hacerlo, escoger las palabras adecuadas y que lleguen a la gente sin ser excluyentes, que no solo traten un momento concreto y al día siguiente no valgan. A mí me interesa que lleguen y que tengan vigencia más allá de un momento dado. Sí que es verdad que las canciones han funcionado casi a modo de crónica de lo que estamos viviendo.

—Lo hacen desde una perspectiva especial, la del artista. El primer tema del disco, «Ánimo valiente», parece sugerir eso.
—Sí, va por ahí. La elegimos con intención para abrirlo, porque es verdad que en el resto del álbum se respira una especia de desilusión y poca esperanza, pero también creemos que no hay que sumergirse y ahogarse en ella. Esa canción da un golpe de ánimo, de acción contra todo lo que se muestra después.

—En el «indie» siempre hubo recelo a tocar temas como la monarquía o el 15-M. ¿Qué ha pasado ahora?
—En mi caso, nosotros arrancamos ese proyecto buscando un tipo de sonido. Luego llegó la temática. No me servía lo mismo que para mis discos en solitario, porque están centradas en mis experiencias y vivencias. Al estar con otras tres personas necesito que ellas también se puedan sentir identificadas cuando se suben al escenario y sean parte de esto. Esta es la forma. Y sí que es verdad que en España la música ha sido siempre de escribir de uno mismo, de escribir sobre los problemas personales. Pero cada vez el indie se mira menos a su ombligo y más a la calle. Por eso tienen más presencia esas cosas. No creo que sea por oportunismo. Y si lo es, tampoco me importa. Yo vuelvo a lo mismo de antes: a mí lo que me interesa es que una canción use las palabras adecuadas para transmitir una idea, sea cual sea esta.

—El acabado de su disco es muy suave, sin aristas.
—Sí, está todo muy meditado, tanto en la grabación como en el proceso de mezcla. Esa cierta sensación de redondez en el disco la buscábamos. En parte, es porque hay muy poco artificio en las canciones. Se grabó en tres días, con muy pocos recordings…Ya sabíamos que, en directo, todo iba a tener más fuerza. Lo queríamos guardar para el escenario.

—¿Sacan la lija en directo?
—Sí, en directo sale una energía y una rabia que no hay en el disco. Pero dudo que funcionase en la grabación.

—Acaban de reeditar su disco de debut con un nuevo epé. En ese parece que se incrementa la tensión. ¿Un paso adelante?
—Sí, las cuatro canciones son un poco más agresivas. Lo grabamos cuando ya llevábamos tres meses de gira. Se notaban que esas canciones las estábamos tocando prácticamente desde el principio..

—León Benavente nació como un proyecto paralelo y, por lo general, estos suelen tener una vida efímera. ¿Tendrá recorrido este?
—Nosotros queremos que sea a largo plazo. No solo por lo bien que está funcionando todo, sino porque los cuatro sentimos que hay algo especial. Lo estamos disfrutando todo muchísimo, sobre todo en directo. Ya estamos trabajando en canciones para un nuevo disco. La idea es que a finales de este año nos metamos otra vez en el estudio

Los diez mejores discos nacionales del 2013

Lunes, Diciembre 30th, 2013


Sí, una vez más Triángulo de Amor Bizarro están ahí, en lo más alto del pop nacional. Victoria Mística supone un nuevo paso en su característica aleación de ruido y melodía. Vence y convence. Solo deja la duda de hasta cuándo podrán los de Boiro seguir estirando el chicle sin hacer una revolución de sus planteamientos sonoros. Eso queda para el futuro. Ahora toca disfrutar de un listado en el que de nuevo sobresale Galicia. No existía intención alguna de poner el acento gallego, pero e las cosas son así: hasta cuando se va fuera para ensalzar a León Benavente resulta que su cantante, Abrahan Boba, procede de Vigo. Ya se ha hablado en este blog veces y veces del (excelente) estado de las cosas musicales de nuestra tierra. Las entregas del 2013 de bandas como Das Kapital, A Veces Ciclón, Disco las Palmeras o Antenas Hacia El Cielo (y otras que se quedaron a las puertas de este listado, como One Of These Days, Niño y Pistola, Unicornibot o Caxade, o los nuevos epés de Jane Joyd, Wolrus y Moondogs Blues Party) vuelven a refrendar la impresión.

1. TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO “Victoria mística” (Mushroom Pillow). Problemas con la mezcla final hicieron que el disco saliera a destiempo, en pleno verano, con la gente a otra cosa. Pero los que se metieron en él sintieron, sí, el calambrazo. Afilando el sonido y llenando sus canciones de una mala leche que ahora mira a lo político, Triángulo de Amor Bizarro ofrecieron en el 2013 quizá el mejor trabajo de su excitante carrera. No hay factor sorpresa, pero sí un amplio recorrido por sus múltiples vertientes: la pop (Victoria mística), la obsesiva (Robo tu tiempo), las parábolas shoegazers (Enemigos del espíritu) y las explosiones de ruido (Lo hispano marcha- La banca paga). Continúan siendo los mejores aquí, como ya lo fueron hace tres años. En mayo estuvieron en Los conciertos de Retroalimentación con una actuación para el recuerdo. En el 2014 volverán al ciclo.

2. LEÓN BENAVENTE “León Benavente” (Marxophone). Por una vez el concepto de supergrupo indie ha ido más allá de un divertimento paralelo intrascendente. En León Benavente se dan cita Eduardo Baos (Tachenko), César Verdú (Schwarz) y Luis Rodríguez y Abraham Boba (ambos músicos Nacho Vegas y el segundo con una notable trayectoria en solitario). Tirando de un rock más bien oscurete que invoca al fantasma de The Cure, tejen un ramillete de canciones estupendas, con letras inteligentes y la suave voz de Boba al frente. Y su directo promete muchas cosas. En febrero vendrán a Galicia.

3. DAS KAPITAL “Grecia” (Discos Da Máquina). Antes estuvo Ruido negro, pero es con este segundo álbum cuando los compostelanos han solidificado un discurso tan ambicioso como falto de fisuras. “Esta é a época e esta é a música da época”, proclaman en un álbum que, al estilo de los Programme de L’Enfer Tiede, pretende radiografiar el momento con toda su crudeza. En ese caso su idea está clara. Sobre bases de aire industrial y ausencia de melodías, el spoken word de O Leo -amenazante, contenido, logradísimo- expone su versión y visión de los hechos: Grecia es el reflejo que nos devolverá el espejo más pronto que tarde. Escucha el disco aquí.

4. LA MALA RODRÍGUEZ “Bruja”(Universal). La Mala está muy cabreada. Y la furia se agolpa en su rapeo. Como si las palabras se quedasen cortas, temas como Caja de manera o 33 las acogen en sus rimas para hacerlas explotar de una manera apabullante. Como un auténtico bofetón, María Rodríguez surgió este año con una autoridad tremenda. Desde Lujo ibérico (2000) no se le recordaba tan inspirada. Pero es que además de sacar las uñas, la de Cádiz se mete en la segunda mitad del trabajo en territorios más sensuales e intimistas, siempre girando sobre su gran temática: el miedo y la necesidad imperiosa de vencerlo. Era una grande y este año creció aún más.

5. A VECES CICLÓN “A Veces Ciclón” (Acuarela). Lo de este trío de enamorados de los Jr., Viva las Vegas y Mus que dieron lustre al catálogo de Acuarela a finales de los noventa y principios de los dosmiles es para tomárselo con (mucha) calma. Solo así uno puede disfrutar de un puñado de canciones interpretadas en susurros, armadas en bucles sonoros circulares y engalanadas con percusiones impertérritas. Parece que no ocurre nada. Al poco, sin embargo, tienen al oyente ensimismado. Lo logran con canciones que contemplan esperas hacia la nada, cambios de estaciones o desconexiones en las relaciones humanas. Merece la pena el esfuerzo. Escucha el disco aquí.

6. MANEL “Atletes, Baixin de l’escanari” (Warner). Adiós al ukele. Adiós a los arreglos de cuerdas y viento. Manel se impusieron la deserción de dos de las notas más características de su sonido para seguir avanzando en su carrera. Y la jugada les ha salido bien. El nuevo armazón -más recio y simple, pero igualmente distintivo- sirve para revalidar a los catalanes, expertos en lanzar miradas oblicuas de las cosas. Así son capaces de ver la gran historia de amor entre John Lennon y Yoko Ono, en vez de sumarse al odio general, o convertir en el momento en el que una banda de rock decide separarse.

7. RAFAEL BERRIO “Diarios” (Warner). Llega tarde este reconocimiento en este blog. El cantante vasco, autor del imprescindible 1971 (2010), se lo merecía mucho antes. En algún lugar entre Carlos Gardel, Jacques Brel y Leonard Cohen, emerge un universo poético, bohemio y romántico que logra cotas de elegancia inéditos en el panorama nacional. Letras como “Ya no es tu alma cera blanda / donde el mundo marca impronta / sino lacre endurecido y quebradizo” suenan como latigazos crooner de un autor sorprendentes y a reinvidicar totalmente. Nunca es tarde. Escucha el disco aquí.

8. STANDSTILL “Dentro de la luz” (Buena Suerte / Sony). Después de comprimir en Adelante Bonaparte la experiencia de tener un hijo, Enric Montefusco traza en su nuevo disco un tratado sobre cómo el amor llega a una persona y la ilumina completamente. Intercalando momentos de recogimiento con explosiones, los catalanes se muestran ahora totalmente imprevisibles. Además, en todo momento se desprende la sensación de querer atrapar una cierta espiritualidad con coros celestiales y una música que mira hacia el cielo como aquellos The Delgados de Hate (2003). Algunos fans se han echado las manos a la cabeza. Harían bien en volverlos a escuchar una vez más. O dos. O tres. O… hasta que haga click.

9. DISCO LAS PALMERAS! “Ultra” (Matapadre). Segundo trabajo del trío de Sarria y segundo disparo certero. La receta continía invariable: sonido rugoso, magmas de ruido, ocasionales rayos melódicos y estampidas rítmicas. Más politizados aún, hablan de la frustración, la rabia y las ganas de romper con todo en el negro momento en el que nos ha tocado vivir. En ese sentido, destaca Que rueden cabezas. En ese estribillo definitivo que clama “Se ríen de ti” la banda ha alcanzado su cima hasta la fecha. Otros que destacan en directo, tal y como se pudo ver en su pase en Los conciertos de Retroalimentación. Escucha el disco aquí.

10. ANTENAS HACIA EL CIELO “Antenas hacia el cielo”. El proyecto de los hermanos Gonzalo y Dani Abalo explora el lado más electrónico de su ex banda Nadadora. Con The Cure, Disco Inferno, Field Mice, OMD o The Radio Dept como influencias, el dúo deja un primer paso que nace totalmente de espaldas a todo: ni edición física, ni directos de presentación, ni la más mínima promoción. Solo amor a un modo, ese modo, de concebir la música en el que Joy Division se conectan con Slowdive sin problemas. Ojalá tenga continuidad. Escucha el disco aquí.