La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Entradas etiquetadas como ‘La Musique’

Círculos de emoción, fuerza y escalofríos

Lunes, enero 18th, 2010

Dominique A
16 de enero 2010
Teatro Colón, A Coruña

Pese a los distintos ropajes, el 90% de las canciones de Dominique A responden a un mismo patrón. Se trata de piezas de estructura circular que giran y giran, aumentando la intensidad en cada vuelta. Cuando alcanzan el punto exacto, el francés las mantiene varios segundos en el aire, suspendiendo la emoción. En ese instante el espectador que conecte con sus claves puede experimentar cómo la respiración se hace más y más fuerte, cómo la mandíbula se aprieta y un escalofrío recorre totalmente su piel. Cuando finaliza el tema, la respuesta es inmediata. Aplausos, suspiros, gritos, pataleos… lo que sea. Todo para corresponder a un músico excepcional.

dominique-a1 Abría Dominique A el cuarto ciclo Vangardas sonoras de la Fundación Caixa Galicia con La Musique, su octavo álbum, bajo el brazo. Este dibujó la columna vertebral de una gran actuación en la que el francés invocó, más que nunca, al rock oscuro de Joy Division. Las baterías maquinales, los sintetizadores de época y las guitarras cortantes se pusieron al servicio del señor Ané y su interpretación engañosamente delicada. Efectivamente, la contención inicial de sus cuerdas vocales se iba enfureciendo progresivamente y, al final, golpeaba con la misma fiereza de un oleaje desbocado.

Sirva como ejemplo Hasta que el cuerpo aguante, una de las piezas más dulces de su último disco, llamada a convertirse en imprescindible en sus visitas a España. En el Colón arañó los oídos. Le precedió una joya de ambientes opresivos y cables cruzados, Qui Es Tu?, y le siguió Le Commerce de L’eau, con su enredadora agresividad al ralentí. En ese momento quienes habían sacado conclusiones precipitadas con la minitatura tecno-pop de Le Sens con el que abrió la noche, se dieron cuenta que no, que aquello no iba a ser lo que esperaban.

Un final para enmarcar

Gustó, y mucho, su martilleante lectura de Je Suis Parti Avec Toi que parecía llevarnos a la PJ Harvey humeante y trip-hopera de Is This Desire? Apasionó con un Immortels mucho más rugoso y menos preciosista que en el disco. Y puso el corazón en el pecho de más de uno con la taquicardia after-punk de Nanortalik. Pero lo mejor vendría al final, con dos bises para enmarcar. En el primero atacó a los clásicos Antonia y el Le 22 Bar con el que se hizo popular en España allá por el 96. En el segundo, Por la Peau se revalidó una vez más como una de las cimas de su carrera y el post-punk bailable de Le Courage Des Osieaux hizo que sobrasen las butacas para un público que lo despidió en pie con una sonora y entregada ovación. Lógico, acaban de presenciar un concierto soberbio.

Fotografía: César Quian

Los 10 mejores discos internacionales del 2009

Miércoles, diciembre 30th, 2009

Si lograr un punto de encuentro en el panorama nacional resulta difícil, en el plano internacional se antoja ya imposible. El pop y el rock está completamente disgregado y la calidad, más que en escenas concretas (ahora, al parecer, le tocó a Brooklyn), se haya en puntos aislados. Y, en ocasiones, equidistantes. De ahí, que el recopilatorio ideal del 2009 haya de ser por necesidad ecléctico: desde los clásicos revisando su trayectoria como Leonard Cohen, a la radiante juventud noisepopera de The Pains Of Being Pure Heart, pasando por las locuras psicodélicas de Animal Collective o la veteranía del indie-rock de Yo La Tengo. ¿Lo mejor para los gallegos? Pues dos de esta lista (Leonard Cohen y The Wave Pictures) han tocado en Galicia el pasado año y, por ahora, otros dos (Dominique A y Yo La Tengo) lo harán el año que viene. ¿Alguien podía imaginarse algo así en los noventa?

anmal-collective-21Animal Collective, las grandes estrellas del 2009

1. ANIMAL COLLECTIVE “Merriweather Post Pavillion” (Domino) . Pocas veces ha existido tanta unanimidad con un disco como el mejor del año. Sí, Merriweather Post Pavillion pertenece a la estirpe de los Loveless, Dummy o Screamadelica, es decir a los álbumes que suponen un punto y aparte en la escena musical del momento. En este caso se trata de la versión más pop y digerible de unos Animal Collective que tomaron la vía abierta por Panda Bear y crearon el mejunje psicodélico definitivo del arranque de siglo. Habrá que ver, si a diez o quince años vista, se podrá suscribir que está a la altura de los títulos mencionados.

2. LEONARD COHEN “Live in London” (Columbia) . La gira que se pudo ver en España el pasado verano (todavía debe sobrevolar en Castrelos la emoción de aquella noche viguesa de agosto) fue prácticamente igual a lo que recoge este trabajo, grabado en vivo en Londres en el 2008. Están todos los clásicos del canadiense interpretados con una precisión arrebatadora. En especial, se incluye un momento de esos de terminar retorcido de placer: la sublime lectura del Take This Waltz en la que Cohen se bate en duelo con las angelicales voces de dos de sus coristas. Se puede escuchar mil veces. La magia seguirá inalterable.

3. YO LA TENGO “Popular Songs” (Matador). Como vienen haciendo en sus últimos años, Yo La Tengo han apostado por el eclecticismo. El álbum se abre con su particular visión de la música negra con orquestaciones (Here To Fall) y termina con una extensa pieza ruidista marca de la casa (And The Glitter Is Gone). Entremedias, todo ese catálogo de sensaciones que han hecho de la banda de Georgia, Ira y James un baluarte del rock contemporáneo. Con la noticia de que el 16 de marzo tocarán en Santiago en la sala Capitol todavía se escucha mejor.

4. THE HORRORS “Primary Colours” (XL) . De Joy Division a My Bloody Valentine, mirando también a Silver Apples o Neu!, el segundo álbum de The Horrors es todo un compendio de rock oscuro, hipnótico y arrebatador. Con las proporciones exactas de cada uno junto al talento (el suyo y el de Geoff Barrow, el productor), el resultado se muestra tan sensacional en lo suyo como el del primer álbum de los Strokes, el segundo de los Black Crowes o el cuarto de Teenage Fanclub en sus respectivos estilos. La pena es que luego en directo la cosa no cuaja. Y mira que el material es de los de prenden fuego a los festivales

5. PREFAB SPROUT “Let’s Change The World With Music” (Shamrock). El mito del Smile según Paddy McAloon. Este trabajo, que debería haber sido la continuación de Jordan The Comeback (1990), permanecía en formato demo guardado en el desván de McAloon. Su colaborador Calum Malcolm rehabilitó la maqueta y el resultado es claro: uno de los discos del año. El desfase no importa: el sonido de Prefab Sprout (esas melodías perfectas, esos arreglos de ensueño) es totalmente atemporal y cosas como Music Is a Princess o I Love Music difícilmente encuentran rival en la producción fresca de este año.

6. DOMINIQUE A “La Musique” (Green Ufo´s). El octavo disco de estudio de Dominique A ha supuesto para la francés una vuelta al yo me lo hago todo. El resultado es probablemente su mejor trabajo desde Auguri (2001). Desde luego, preciosidades como Inmortels son de las que no se escuchan habitualmente y cosas como Nanortalik poseen el nervio y la tensión por la que Editors suspirarían. En unas semanas lo tendremos en directo en A Coruña dentro del ciclo Vangardas Sonoras. Todo un lujo.

7. THE XX “The XX” (Young Turks). Sí, así sí. Si las nuevas sensaciones británicas poseen la excitación, el misterio y la intensidad de los jovencísimos The XX entonces sí que sigue mereciendo la pena estar al tanto de lo que allá ocurre. Como si Young Marble Giants se dieran la mano con los primeros The Cure y, a partir de ahí, se pusieran a explorar el mundo con sorprendentes ecos shogazers y de la música negra, en su álbum de debut The XX han creado una de esas obras que se escucha y escucha y siempre llega a nuevas conclusiones. El problema será darle continuidad manteniendo el nivel.

8. BENJAMIN BIOLAY “La Superbe” (Naïve). El colosal nuevo trabajo de Benjamín Biolay (doble cedé, triple vinilo) es, para algunos críticos, el único disco capaz de competir con Animal Collective como el mejor del año. Con ecos a Tom Waits y a los Smiths, con el jazz desdibujándose entre el poso de la chanson y con ese aroma a crooner de otra época, los 22 cortes de este disco proponen una hora y media de grandes canciones. Y también de sorpresas: véase ese Buenos Aires, que tributa a la capital argentina con un sampler de Carlos Gardel.

9. THE PAINS OF BEING PURE HEART “The Pains of Being Pure Heart” (Fortuna Pop- Houston Party). Para cualquiera que se haya criado musicalmente en el indie de la bisagra de la década de los ochenta y los noventa este disco le sonará a gloria. Porque, en efecto, lo tiene todo. Las melancolía juvenil de Field Mice, el ímpetu pop de los primeros Teenage Fanclub, el descaro ruidista de los mejores Ride. Y un puñado de canciones tan maravillosas como aquellas que nos enamoraron a todos en los Los Planetas del Medusa ep o el Super 8. Escuchar esto en el ipod cuando el sol da de frente supone rejuvenecer al menos 10 años.

10. THE WAVE PICTURES “If You Leave It Alone” (Moshi Moshi). Fueron la revelación del 2008. En el 2009 no perdieron nada de su encanto. En este trabajo continúan fieles a las texturas lo-fi y a esas melodías torcidas a punto de romperse tan suyas. Pero le añaden un buen número de arreglos que logran una atmósfera entre febril y encantadora. Desdibujándose el soul por sus canciones (desde el corte homónimo a la versión de Otis Reeding que lo cierra), sumergiéndose en el folk (“Canary Wharf”, “Tiny Craters In The Sand”) y logrando más de un hit para un mundo perfecto (“Bye, Bye Bubble Belly”) la entrega del 2009 de los The Wave Pictures solo deja un pero: ¿Qué pasaría si dejasen el lo-fi y grabasen, yo qué sé, a lo Prefab Sprout?

Pereza inicial, enamoramiento final

Viernes, diciembre 11th, 2009

Resulta complicado explicar el sentimiento de pereza irracional que, en ocasiones, transmiten algunos lanzamientos. Son esos séptimos, octavos o novenos álbumes de artistas de los que, sin profundizar mucho, se sospecha que sus mejores momentos quedan lejanos. En el caso de Dominique A, Auguri (2001) ejerce todavía en el subconsciente de faro oficial de un músico enmarcado dentro de esa generación francesa que obligó a torcer el cuello a los españoles a mediados de los noventa. Desde entonces, sus álbumes continúan cosechando buenas críticas. Pero ya nunca más el francés volvió a gozar de esa aura de “artista del año” o “disco que te tienes que comprar obligatoriamente” de entonces.

Por ello, se impone hacer una llamada de atención sobre las virtudes de La Musique (Green Ufos, 2009), no vaya a ser que se quede en un inmerecido segundo plano. Sobre todo ahora, a un mes del esperado concierto que el músico ofrecerá en A Coruña. Se trata del octavo trabajo de Dominique A que, para redondear la mentada abulia, llega al hogar con el marchamo de “disco grabado en solitario en casa”. Todo eso se diluye ante un par de escuchas, pero de verdad. Y crece con otro par más. Hasta convertirse en uno de esos discos que te reencuentran con la maravillosa sensación de perderse entre doce canciones, sin que necesites nada más que escucharlas y volverlas a escuchar dentro de un bucle infinito. De verdad, insistimos.

Imagen de previsualización de YouTubeVideoclip de Inmortels (¿un homenaje a “Los 400 golpes” de Truffaut?)

La bellísima Inmortels ejerce de single y, sin temor a caer en exageraciones, podríamos decir que se erige como una de las mejores canciones de la trayectoria del francés. Recreándose en su estructura circular, pulsando un nuevo arreglo a cada vuelta y dejando que el dramatismo emerja poco a poco, la interpretación de Dominique A resulta tan fantástica que se podría escuchar y escuchar como un bucle sin fin. Supone el primer gran escalofrío de un álbum que también se maneja magistral por la tensión de Nanortalik, los ambientes enrarecidos de Qui Es-tu? o las programaciones machaconas al estilo de lo que hacían Autor de Lucie en Je Suis Parti Avec Toi.

Las antedichas son apenas cuatro fotografías tomadas en el interior del disco. Lo que propone La Musique viene a ser algo así como un viaje por los diferentes tonos del color que los unifica. Pese a su apariencia uniforme –melancolía, interpretación áspera, oscuridad-, la variedad que se puede encontrar dentro de él resulta infinita, sorprendente y, sobre todo, emocionante. Todo ello hasta el punto de conformar una unidad sólida e incontestable que obliga a sacudirse la pereza de encima y abrazar de nuevo a un artista imprescindible.

ojd