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Horarios europeos en los conciertos

Sábado, Marzo 29th, 2014

Somos gente curiosa los españoles. Viajamos y nos parece guay lo de las bicis en Ámsterdam, las escasas pintadas que hay ahora en Nueva York o lo de irse de pintas en Londres a las cinco de la tarde. Pero luego, nada de eso nos resulta normal aquí. Los ciclistas se juegan el tipo a diario en nuestras calles, el alcalde que combata las pintadas a la americana se le calificaría de fascista para arriba y, bueno, lo de quedar a las cinco en el pub como que no. Ni el local estaría abierto, ni los colegas con muchas ganas de ir.

Tampoco hemos importado costumbres internacionales respecto a conciertos. Se pudo comprobar el pasado domingo en A Coruña. En la sala Le Club sucedió algo extraño, todo un fenómeno paranormal en este campo: Dorian pusieron su concierto las 19 horas y empezaron en el europeísimo horario de las 19.30. Se trataba de su segundo pase en la ciudad, motivado por la necesidad de trasladar el recital que inicialmente se iba a realizar en el Playa Club, anegado por los temporales, a una sala más pequeña.

En la mayoría de los países europeos se trataría de algo normal: concierto, cena ya en casa y a dormir, que mañana es otro día, máxime un domingo. Aquí no. En este mundo del pop se presupone que todo el mundo libra al día siguiente. Así, tanto da que sea martes como sábado, te clavan un bolo a las diez y media. U once. O, a veces, incluso doce. No importa. En realidad, no empezará hasta mucho después de lo fijado. Baile, gritos, cervezas y final sobre la una de la mañana. Llegas a casa. La familia durmiendo. Tus oídos pitando. La garganta rota. La cabeza como un bombo. Y el cuerpo sudoroso. Por la mañana, destrozado, lo dices: «No vuelvo más a un concierto así».

Sin embargo, los hechos son los hechos. Los catalanes reventaron Le Club el sábado, con horario español. De hecho, las entradas se habían agotado con un par de semanas de antelación. El domingo apenas consiguieron ser secundados por cien personas. La gente, que tuvo opción, parece haberse pronunciado con rotundidad. Mientras esto siga así, las salas de conciertos comerciales seguirán apostándolo todo a la noche. Para desgracia de muchos a los que nos gusta el pop pero, además, tenemos trabajo, familia y una vida más allá de la música, que no podemos sacrificar cada día. ¿Cambiará esto algún día? Todo depende del público, que es el que manda.

Flashes de un festival (1ª parte)

Sábado, Mayo 1st, 2010

Primera jornada del Festival Do Norte, Vilagarcía de Arousa, Pontevedra. Viernes, 30-4-2010

Llegar tarde. Atascos. Lluvia amenazando. Lluvia,… lloviendo. Buscar un aparcamiento misión imposible. Se gira y gira. Emilio José actúa en la carpa. Dicen “que se le fue un poco la olla”. Los que lo vieron en locales pequeños opinan, sin embargo, que “no se le fue la olla como suele ser habitual”. La carpa llena. El calor humano obliga a quitar la cazadora. Hola a Todo el Mundo (el grupo) montan una gran fiesta. Panderetas, bigotitos y sensación de felicidad. La atmósfera recuerda a los conciertos de tarde de la tercera jornada del FIB, cuando la gente ya está aclimatada a la locura de festival. Saludos, besos y miradas de desconcierto. “Ostras, no pensaba que estuvieses por aquí”. Los grupos rajan de otros grupos. Los grupos opinan. Los grupos cuentan lo que van a hacer en el futuro. Y alrededor, muchíiiiiiiiisima gente joven columpiándose en los 20 y tantos años.

Esperan con alborotada expectación para Klaus & Kinski. Suenan mal, embarullados y encorsetados en los ritmos pregrabados. La gente conoce sus temas y los canta. “¿Irían todos estos a una sala si tocasen en A Coruña?”. A Extraperlo (un grupo de dimensiones similares) vinieron 30 hace poco menos de un mes. ¿Queda todo explicado?. Pero toda la muchedumbre es la que sustenta milagros como este, perpretado por Toño y Susana. En algún lugar del planeta pop les deberían poner la placa de una calle. Y Klaus & Kinski encuentran un poco su sonido llegando al final, cuando apelan al palo shoegazer como unos Slowdive de bolsillo. Pero no. No logran sonar tan bien como el disco y decepcionan.

Terminan los conciertos en la carpa. Más saludos. Más besos. Incluso algún achuchón. De fondo suenan Munich. Intensos, oscuros y afterpunkeros (o post-punkeros si se prefiere). La chavalada lleva los pantalones muuuuuy apretados. Los peinados con semi tupé están de moda. También las camisas vaqueras y las diademas en las chicas. De los naúticos con calceto blanco que anuncia el cartel del festi todavía ná de ná. En la barra el whisky es DYC 8 años y las colas para hacerse con los tiques interminables. Cruce de dedos. Llegan Dorian y moooooolan. Desde su modo de salir a escena a cómo desarrollan su directo, son un grupo de festival. La gente parece encantada. Marc juega al pregunta-respuesta encantado también. A cualquier otra parte suena a las mil maravillas. Algún acabarán por odiarla. Va a ser muy difícil que la superen.

Fanfarlo no es que sean un súper ventas. Pero el público los conoce. Los espera con ansia y el punto ir cogiendo sitio cuando antes lo certifica. Su pase al escenario se retrasa. Y el estómago cruje. Se pueden comer perritos, hamburgesas y crepes. Colas interminales en todos ellos. Los tres puestos no paran de facturar y las barrigas hacen su cama de comida para el cerveceo y el copeo. Ya se ve a Fanfarlo en el escenario. Recuerdan estéticamente a los Belle & Sebastian de If You’re Feeling Sinister. Sonoramente tienen también algo que ver. Mézclénlo todo con el desaliño de Clap Your Hands And Say Yeah!, agréguenle un poco de la épica de Arcade Fire y !voilá! he ahí un gran grupo. Suya fue la mejor actuación de la jornada. Encantaron. Los que los conocían refrendaron la apuesta. Los otros apuntaron el nombre. Pese a que empezase a llover durante su actuación, la gente resistió lo que pudo. !Plas-plas-plas!

Del gozo al pozo. Todo estaba rodado. La lluvía se había ido y Fanfarlo inyectaron buen rollo y energía. Todo se desbarató con Nada Surf. “Las estrellas ofrecieron un recital soporífero”, sería el titular. Siguen anclados en ese power-pop noventero que ya provocaba (a muchos) bostezos en su momento. Suenan brillantes en lo formal. En lo material, resultan -con perdón- un verdadero coñazo. Y sus versiones (de Go-Betweens a Mercromina, pasando por Depeche Mode) los dejan aún más en evidencia Se impone la vida social. Nueva ración de saludos y besitos. Incluso algún achuchón. Saltan We Are Standard. Ocurre al revés que Klaus & Kinski. Lo que en disco puede resultar anodino, en directo cobra vida. Mucha vida. Baile, saltos, manos al cielo. Vilagarcía por momentos parece borracha de música. Se produce la sintonía total.Los críticos sostienen que este sonido llega a destiempo. Y tarde. Pero aún así se disfruta. !Vaya si se disfruta! No lo duden. Parte de la rigidez muscular de muchas piernas hoy se debe al meneo que los vascos dieron ayer.

En la carpa pinchan Clovis Dj´s. Está a rebosar. Pero una buena parte del público piensa que mejor ir a descasar para poder presenciar hoy el gran día. Los Planetas prometen deslumbrar como la gran estrella que son. Mañana más información.

Una década en canciones (1ª parte)

Viernes, Enero 8th, 2010

Nota: se han quitado todos los vídeos porque daban problemas a la hora de cargar la página

La canción recupera el reinado en el mundo pop. El siglo XXI ha dejado desfasado el elepé. Las descargas digitales han devuelto a los temas sueltos todo su valor y han dejado, en muchas ocasiones, los discos en un segundo plano. Recogemos en tres entregas el artículo que sale publicado hoy en las páginas centrales del Fugas

Los puristas venían reclamando en los ochenta y los noventa el single como vehículo ideal de la música pop frente al elepé. Fetichismos aparte, el argumento era demoledor: en muchos casos había que adquirir el álbum completo cuando el interés radicaba solo en una canción. La industria, favorecida con el cambio, ni caso. Pero, paradojas de la vida, la modernidad revitalizó esa idea. Eso sí, no en rodajas de vinilo de siete pulgadas, sino en descargas digitales directas a los reproductores de MP3 o a los móviles en formato politono. Sea como sea, durante estos diez años ella, la canción, ha sido la reina. Repasemos las que han sido algunas de las más representativas (¡ojo! no son necesariamente las mejores) en la primera década del siglo.

COLDPLAY «Viva la vida» (2008)
Pese a las acusaciones de plagio (tanto Alizee como Creaky Boards tienen temas sospechosamente parecidos), Chris Martin y sus chicos tocaron la gloria con ella. Cuerdas, épica y pop al servicio de la historia del rey destronado. Se dice que aludía a George Bush. Curiosamente, el PSOE, que la empleó en la campaña autonómica, perdió su trono en el Gobierno gallego. Sin embargo, Pep Guardiola, que se la ponía a sus chicos en los entrenamientos del Barcelona, conquistó el triplete.

LORNA «Papichulo» (2002)
El regatón ha sido el género más novedoso y uno de los más discutidos de la década. Uno de sus grandes himnos se puede encontrar en esta canción. Contiene las claves (ritmo machacón, letras con constantes referencias al sexo, dicción macarra) en su versión más refinada, comercial y para todos los públicos. En cuanto se escucha eso de «papipapi, papichulo» se adhiere como un chicle.

MADONNA «Hung Up» (2005)
Kylie Minogue y Gwen Stefani habían dejado obsoleta a Madonna en esta década. Celosa, decidió dar un golpe de autoridad con un single que llegó como un auténtico ciclón. ¿La receta? Estética retrosetentera, un sampler de Abba, una producción excelsa y mucho fuego con una canción que en realidad es más una sensación de euforia discotequera que otra cosa. Un hit en toda regla.

THE STROKES «Last Nite» (2001)
Como los Stone Roses de 1989, The Strokes parecían haber nacido para una única cosa: ser adorados. Con una aleación precisa y perfecta de guitarras, pantalones pitillo e indolencia lograron agotar las existencias de Converse Allstar, descubrir a los Modern Lovers a toda una generación y convertir Nueva York durante unos años en la capital pop. Ah y dar canciones tan vigorosas y energéticas como este Last Nite.

AVRIL LAVIGNE «Complicated» (2002)
Si todas las adolescentes de la primera mitad de la década querían tener la raya del ojo gruesa fue, en gran parte, por culpa de esta chica y de esta canción. Se trata de una resultona melodía que gira en torno a lo difíciles que son los chicos en las relaciones. «¿Por qué tiene que ir y hacer las cosas tan complicadas?», pregunta en su estribillo con una actitud entre Green Day, una rapera y una chica emo. Nena Daconte la saqueó en su En qué estrella estará.

RADIOHEAD «Idioteque» (2000)
El gran disco rock de la década llegó pronto. Con Kid A Radiohead perfilaron cómo debería ser el rock más excitante del siglo XXI: inquietante, oscuro y opresivo. Este tema es lo más parecido a un single que tuvo el álbum, todo un no-hit. Una parte de la crítica más tiquismiqui inicialmente les negó el saludo (decían que !plagiaban a Autechre!), pero al final parece que se impuso el sentido común y nadie los apea entre los imprescindibles de los dosmiles.

BEYONCÉ «Crazy in Love» (2003)
En Beyoncé encontramos el clásico ejemplo de artista que combina discos mediocres y canciones sueltas totalmente demoledoras. Crazy In Love apeló al soul tórrido de la mano de un sampler de los Chi-Lites y un videoclip inenarrable. Nadie, o casi nadie, se pudo resistir. Y la máquina de éxitos sigue funcionando con cosas tan maravillosas como Single Ladies, un tema que tiene más riesgo y experimentación que las obras completas de Franz Ferdinand, Bloc Party y Futureheads juntos.

PRIMAL SCREAM «Svastika Eyes» (2000)
Cuando en los primeros años de la década ibas a una discoteca y la gente se volvía literalmente loca escuchando esta canción, tenías la sensación de estar viviendo un momento único. Si eso se trasladaba al escenario de un gran festival, todo se acrecentaba. Swastika Eyes fue una de las razones que convirtió a Primal Scream en los grandes salvadores de ese rock n´roll que tiene un pie en Can, otro en los Stooges y otro en Little Richard. Aguantaron otro asalto con Evil Heat y aquel puñetazo de Miss Lucifer y, luego, bueno, bajaron bastante el nivel. ¡Cómo los echamos de menos!

DORIAN «A cualquier otra parte» (2007)
El pop español debería ser siempre así: adictivo, excitante, siempre cautivador. Dorian han grabado, sí, la mejor nación nacional de la década, demostrando que se puede llegar a un público más allá del indie con la calidad por bandera usando el principal canal de distribución con el que cuentan los grupos que no salen en los 40: los dj´s. Esta canción es ya un himno de club y ha calado, incluso, en quienes no soportan al grupo.

PJ HARVEY «Good Fortune» (2000)
Pj Harvey no solo dejó dos obras maestras (Stories From The City, Stories From The Sea y White Chalk), dos álbumes notables (Uh Huh Her y el A Woman A Man Walked By con John Parish) y uno de los mejores directos de la década, sino que además ha dejado una hilera de canciones sueltas memorables. En Stories From The City, más atractiva y magnética que nunca, sacó a relucir su lado más pop y dejó, entre muchas otras, un tremendo Good Fortune. ¿Lo malo para ella? Pocos periodistas se resistieron a plantearle sus parecidos con Patti Smith, esos de los que PJ incomprensiblemente siempre reniega.

Los 10 mejores discos nacionales del 2009

Martes, Diciembre 29th, 2009

(Notición al margen: Richard Hawley tocará en A Coruña el 14 de febrero)

Este 2009 que está a punto de terminar no ha dejado ningún disco definitivo, clave o rompedor en el panorama nacional. Lo más parecido a ello ha sido La Bien Querida y mucho nos tememos que no ha llegado a merecer calificativos tan gruesos. Sin embargo, a lo largo de estos doce meses han surgido varios títulos notables en diferentes modalidades, desde el pop más clásico a los experimentos posmodernos inclasificables. Ello deja patente la existencia de un burbujeante caldero patrio en el que se siguen cociendo a fuego lento trabajos tan disfrutables como perdurables. Y, además, este año con una agradable noticia para los gallegos: los tres nombres de la tierra que salen en esta lista de diez lo hacen con todas las de la ley, al margen de cuotas o barrer para casa. ¿Lo verán (u oirán) allá en Barcelona, sede de las redacciones de las principales publicaciones especializadas? Teniendo en cuenta, por ejemplo, que el Todo sigue intacto de Apeiron no ha aparecido entre los 60 mejores de la década según Rockdelux, mucho nos tememos que los ojos seguirán ciegos y los oídos sordos. Ellos se lo pierden.

palLos toledanos Pal en una fotografía de promoción

1. PAL “Error de fábrica” (Limbo Starr). Los males endémicos de la escena indie patria para muchos son el mimetismo, la falta de personalidad, las grabaciones deficientes y la escasa prestancia en directo de los artistas. En las antípodas de todo ello se sitúan los toledanos Pal. Pero, ya ven, ni caso. El oído inquieto que busque una adictiva mezcla de electricidad, nervio y uñas la encontrará en este tercer elepé de una de las bandas más infravaloradas del pop nacional. ¿Se les reconocerá en la década siguiente? Bueno, a El Desván del Mächo no los reivindica nadie todavía. O sea que… Más sobre Pal y este disco aquí.

2. INDÓMITOS “Indómitos” (El Beasto) Otra joya oculta. De este álbum apenas se editaron 500 copias en vinilo a unos días de cerrar el 2008 y su repercusión, más allá de alguna elogiosa crítica de los medios especializados, ha sido prácticamente nula. Y eso que los vigueses solo necesitan unos segundos para capturarte con su rock oscuro y minimalista que entremezcla a Parálisis Permanente, The Fall, los Pixies y The Cramps. Canciones que no llegan a los dos minutos y un directo tan vibrante como el que se pudo vivir en la sala Le Club de A Coruña el pasado mes noviembre. Tremendo, tremendo, tremendo. Más sobre Indómitos aquí

3. ABRAHAM BOBA “La educación” (Limbo Starr). Las prisas y los Ipods no sirven para un disco como el segundo del proyecto del también vigués David Cobas. No, porque se trata de un álbum de pop orquestado en la onda de Leonard Cohen o Scott Walker, que mece al oyente en una sensación de calma musical y lo lleva a canciones tan maravillosas como Frío, un bellísimo retrato del deterioro de una pareja (“Todo un invierno esperando a que el verano se despierte y nos vuelva a calentar / pero ya no hay estaciones como no hay instrucciones para amar”).

4. COOPER “Aeropuerto” (Elefant). Alejandro Díez continúa siendo el gran artesano del pop nacional de ascendencia sesentera. Sus epés se suceden con la misma regularidad con la que llegan las estaciones del año, pero, ojo, siempre se reciben con la misma alegría que la primavera. Cada cierto tiempo se reúnen en un álbum. Aeropuerto supone el último volumen recopilatorio y la colección de estribillos y melodías es de los de parar un tren. Sumen a la cesta de grandes canciones del pop español Canción de es viernes, Tic-tac o Ruido. Más sobre este disco aquí.

5. EMILIO JOSÉ “Chorando apréndese”(Fohen Records). Además de un asiduo a este blog, Emilio José fue una de las cabezas pensantes de los ourensanos Apeiron. Este año debutó en solitario con todo un puzzle en el que autor juega con una infinidad de moldes pop. Canciones, canciones hay pocas (eso sí, buenísimas), pero el tobogán estilístico por el que uno se desliza cuando lo escucha siempre sorprende y siempre entusiasma. Especialmente cuando en plan tropical muestra el patetismo del hombre celoso o cuando saca a relucir, camuflado de ironía, su mezcla de orgullo y rencor de chaval de aldea rabioso ante la evolución de los tiempos. Más sobre Emilio José aquí

6. ELLE BELGA “1971” (Acuarela). Tras finiquitar Manta Ray y Viva Las Vegas, Jose Luis Aguado prolongó la vena susurrante de los segundos en su nuevo proyecto, Elle Belga. Junto a la gélida voz de Fany Álvarez reunió en este debut diez piezas de poso folk y un aroma ¿religioso? armadas sobre esqueletos sonoros. Grises como todo el art-work del álbum, logran inquietar con esos versos que hablan de ajustar cuentas con la conciencia o enfrentarse a los claroscuros del amor.

7. ZA! “Macumba o muerte” (Acuarela). El segundo álbum de los catalanes Za! lleva más allá la locura piscodelia de Coconut y el Guincho. Partiendo desde el free-jazz y dando vueltas por el tropicalismo, el post-rock, la electrónica y el noise embarcan al oyente en un carrousel musical imprevisible. Toda una experiencia difícilmente trasladable al papel.

8. LA BIEN QUERIDA “Romancero” (Elefant). El disco indie del que más se ha hablado en estos meses. Desde los que sostienen que está a la altura de Un soplo en el corazón de Family a quienes piensan que es una de esas modernidades que no aguantan ni dos escuchas. Aquí, ni lo uno ni lo otro. Esta hipotética mezcla entre el Popemas de Nosoträsh y el Performance de Astrud se ha quedado lejos de ser un disco perfecto o definitivo como el de Family (comparación injusta donde las haya, por otra parte). Pero ello no quita que guarde un puñado de canciones para el recuerdo (Corpus Christi o De momento abril) y otro de soluciones sonoras que aún obligan a levantar la ceja para bien (esa invocación del gipsy-rock de El zoo absoluto ) o para mal (el vestido bakala de 96 sigue sin cuajar).

9. DORIAN “La ciudad subterránea” (Pias) . No han logrado ofrecer una diana como A cualquier otra parte (¿la mejor canción del pop español de esta década?), pero a cambio han entregado un disco nocturno y oscuro, exorcizante de demonios, pero con una innegable pegada pop. Siguen sin lograr un trabajo de la consistencia como elepé de su álbum de debut, el excelente 10.000 Metrópolis, pero temas como Veleros o Tormenta de arena se sitúan entre lo mejor de uno de los grupos más valiosos del último pop nacional

10. BOAT BEAM “Puzzle Shapes” (Origami). El disco bonito del año. Una pequeña joya creada por un trío femenino y multinacional (una americana, una australiana y una madrileña) que apuestan por un pop de impecables armonías vocales, los arreglos siempre en su punto y el regusto clásico. Cosas como The Rain Pauly o Falling Over parecen haber nacido para ser envueltas en papel de regalo. Más aquí .

Todo el frío del mundo

Lunes, Diciembre 1st, 2008

(Festival Mulleres Arte+Parte, A Coruña, Expocoruña 29 de noviembre del 2008)

Momento uno: Emma Pollock coge su guitarra acústica y empieza a trenzar un finísimo dibujo con ella. El público en plena romería festivalera aprovecha el tramo para comentar sus asuntos. “En mi trabajo me explotan”, “Qué bien te queda esta bufanda”, “Luego nos vemos!”… Lo que sea, menos escuchar lo que la escocesa extraía de su guitarra. Tras una parada, silencio y vuelta a empezar. Y nada. El runrún de la gente supera al sonido de las cuerdas. Ella, lucha contra ello, y sigue adelante. Se trataban de Limbs, una preciosa pieza de folk incluída en su único disco de debut. Lo del (no demasiado) respetable era la mala educación crónica de un público verbenero, alérgico a la belleza sin no es a golpe de caña, caña y más caña. “Todo sigue igual por aquí, por lo que se ve”, espeta un foráneo seguidor de este blog, que recuerda como le arruinaron hace años un directo de los Tinderticks por el mismo motivo.

Momento dos: Dorian, que han logrado deshacer parte del frío reinante en un gélido Expocoruña (frío real, del de bufanda y abrigo, nada de metáforas), anuncian que este será su último concierto dentro de la gira del exitoso El futuro no es de nadie. Justo después de sus loas a Galicia, suena el microritmo nervioso de A cualquier otra parte y, una vez más, la canción, la dichosa canción, se revela como un himno incontestable. Un fan de Pignoise se deja la voz gritándola, el escéptico se medio convierte a los encantos del grupo y el seguidor anterior de este blog suelta con malévola intención: “Oye, si es cierto eso que leí en tu blog de que Lori Meyers es un grupo de derechas y Garzón de izquierdas, estos qué son ¿de centro izquierda?”. Era inevitable reírse.

Dorian “A cualquier otra parte”

Al término de la actuación de Dorian, el recinto de Expocoruña casi se vacía. Eran ya más de las dos y el turno de Dead Píxels, que no lograron prender la mecha del escaso público que quedaba, del ya de por sí escaso que acudió esa noche al festival Mulleres Arte+Parte. La organización admitía que había más entradas vendidas que gente en el concierto. ¿La razón? Pues el peor día climatológicamente hablando de la historia de los días climatológicamente malos. Bastante gente optó por quedarse en casa. Frío (mucho), lluvia (mucha) y granizo (por momentos, muchísimo). Hubo un momento, durante la actuación de Nadadora, que el violento golpeteo del granizo en la cubierta de Expocoruña añadió, incluso, una nueva capa de sonido a la del propio grupo, que ya vino con su propia capa de ruido: la de un impulso shoegazer que, por momentos, hacía pensar en Ride o en Slowdive.

Con el pase de unos Souvenir sorprendentemente cañeros de por medio, Lucky Soul pusieron el contrapunto. El de una fantasía retro-pop de unos londinenses a los que el reloj se les paró en el 66. Puede que intrascendentes, pero fehacientemente encantadores, su pase resultó balsámico e hizo pensar que en un club ganaría muchos enteros. Les siguió Emma Pollock, un enorme salto de calidad que, aun no llegando a las cotas de The Delgados, su ex banda, deja una hilera de temas incontestables. Acid Test, New Land o Paper and Glue sonaron recias y a música de una autora que sabe interiorizar el alma del cancioneros de bandas como The Kinks o The Supremes y servirlos en un versión personal del pop con fantásticos pliegues por los que caminar hasta llegar a esos estribillos tan de la casa. Por un momento si le poníamos una segunda guitarra y unos violines se podría volar. Si, entre todo ello, cabía un momento para la reflexión era esta: ¿No se ha dado cuenta la generación del 75 que cada vez escucha más a solistas que a grupos?

Dorian ofrecieron el mismo show que llevan dando en los dos últimos años. Ligeramente más ruidoso que en su anterior visita a la ciudad, sonó carente de sorpresas como era de esperar, pero efectivo, comunitario y, sobre todo, de fan. Salvando las distancias, uno en ellos ve un punto similar en el espíritu a los directos de Suede: algo así como una celebración colectiva del hecho de haberlos conocido. Habrá que ver lo que da de si un tercer álbum de uno de los pocos grupos nacionales que hace equilibrios malabares entre calidad y credibilidad en el panorama español sin caerse de la cuerda floja. Los Dead Pixels, como se decía antes, lucharon con la condición de ser los últimos. Su post-punk definitivamente no atrapó.

Dorian: “Planteábamos los conciertos como si fuera una gran fiesta de cumpleaños”

Viernes, Noviembre 28th, 2008

El último concierto de la gira de El Futuro no es de nadie de los catalanes Dorian tendrá lugar dentro del festival Mulleres Arte+Parte en A Coruña. Realmente se trata de un parón en la grabación de su tercer álbum, en el que subirán al escenario con el repertorio con el que llevan girando dos intensos años por todos los rincones del país. Una nueva oportunidad para disfrutar de canciones como Te echamos de menos, A cualquier otra parte y tantas otras que los han convertido en un referente del nuevo pop español.

Como la cosa va de reivindicación de la mujer en la música, es Belly, la teclista, quien contesta la entrevista. Empezando por el sentido mismo del propio festival

-Participan en el festival Mulleres Arte+Parte, un evento que revindica el papel activo de la mujer dentro de la creación, frente a la cosificación de esta. ¿Se siente identificada con esta idea?

-Yo, personalmente, nunca me he sentido discriminada en el mundo de la música, pero sí que creo que el rol de la mujer está muy determinado y que se tienen animar las chicas a hacer arte. Porque sí que es cierto que en el mundo de la música somos pocas chicas y no creo que sea porque tengamos menos cualidades para hacerla, sino porque culturalmente las mujeres se encaminaron a otro tipo de cosas. Pienso que para muchos la idea de lo que puede hacer una mujer está muy limitada. Todavía se ven muchas actitudes en las que se prefieren a las mujeres para ir guapas, para ser preciosas y para ese tipo de cosas para los que se supone que son buenas como, por ejemplo, la decoración o el gusto estético. Muchas veces se olvidan que una mujer puede escribir, puede hacer música, puede hacer muchas otras cosas. No está mal insistir un poco en esto, aunque a mí no me gusta mucho hacer separaciones, porque lo que se hace con ello es incidir más en esta diferencia.

-Cuando editaron “10.000 Metrópolis”, su primer álbum, Marc, el cantante, decía que su deseo era situar a Dorian en una división intermedia entre la escena independiente y lo comercial, en donde se pudiera acceder a todo tipo de público, pero preservando los planteamientos del indie, para manejar totalmente la obra sin interferencias. Si no están en este punto, parece que les falta poco. ¿Cómo lo ven ustedes?

-Yo creo que estamos en el punto intermedio perfecto. La verdad es que estoy muy contenta porque estamos demostrando que nuestra música puede llegar a mucha gente, no solo al círculo de gente que escucha buena música. Y es que la buena música debería de ser capaz de llegar a todo el mundo y nosotros lo hemos conseguido. Nuestro público no se reduce solo a la gente que va a los festivales y a mí eso me parece súper bonito. Por otro lado, somos independientes, porque podemos hacer lo que nos de la gana, porque estamos en un sello discográfico donde podemos elegir la música que queremos hacer, la portada que deseamos… Tenemos un equipo de gente a la que les importa la música por encima de todo y no nos trata como un producto. Es algo que a priori puede parecer muy sensato y lógico, pero no lo es. Hemos tenido contacto con las multinacionales por ejemplo y hemos visto que esa es una parte de la música a la que no queremos pertenecer. No queremos nada que ver con ese mundo en el que te tratan como si fueras un número más. Ahora creo que nos encontramos en una posición de sueño: podemos hacer lo que queremos y, al tiempo, tenemos un público que nos sigue, un público fiel, que espera nuestras canciones y todo lo que hacemos. Es brutal y estamos súper contentos.

-En ese sentido, el salto de calidad lo dio una canción, “A Cualquier otra parte”. Se trata de un tema al que difícilmente se le puede criticar, porque es una canción prácticamente perfecta. ¿Qué significa para ustedes?

-Fue una sorpresa. La verdad es que fue una canción que salió casi sin querer y, cuando presentamos el disco y teníamos que anunciar un single, la elegimos entre muchas otras. Nadie pensó que esta canción iba a destacar de esa manera. Era un tema muy bonito, pero no sabíamos lo que luego iba a pasar con ella. Fue algo alucinante y muy bonito, porque ha significado la posibilidad de llegar a otra gente diferente a la que escuchan este tipo de música e, incluso, introducir a esas personas que no escuchan estas cosas dentro de una escena de grupos que ni imaginaban. Nos ha pasado con Fly Music cuando ponían nuestro video. Gracias a esa canal llegamos a un público joven que no sabía ni que existía este tipo de música, porque no hay medios de difusión para ello. Gracias a esta canción supieron luego de otros grupos como, yo qué sé, Vetusta Morla, Sidonie o La Habitación Roja, y luego se enganchan a ellos, van a conciertos… Es brutal.

-La canción es muy emotiva y se ha convertido en un himno para mucha gente. Imagino que les habrán llegado mil historias relacionadas con ella y lo que significa para sus seguidores.

-Sí, es una avalancha la de mensajes que hemos recibo. Son cosas de echarse a llorar. Personas que se han enamorado, madres que se la cantan a sus hijos, hemos llegado a ver a gente llorar en los conciertos, que luego han venido a nosotros. Es muy fuerte ver como una canción puede penetrar dentro de la vida de una persona así, y ser tan importante. Te puedo asegurar que ya nos podemos morir tranquilos tras haber hecho esta canción [risas]. De todos modos reconozco que, últimamente, ya me cabrea un poco, porque sobre todo en los últimos conciertos se nota que cuando llega esta canción es exagerada la reacción de la gente en comparación con las demás. Que queda claro que no somos un grupo de una sola canción, tenemos muchas otras y que están muy bien.

-Es una canción que suena muy fresca novedosa, totalmente del 2008. ¿No les sigue sonando rara al público de pongamos Pignoise o El Canto del Loco?

-Bueno, tampoco tocamos ese ámbito. No pertenecemos a ese público, siempre nos ve raros y nos verá raros toda su vida. Nosotros no vamos a cambiar.


Dorian en el Fib 07

-Conciben los directos de un modo muy marcado, con su puesta en escena y los tempos muy calculados, como una sesión de un DJ. ¿Cuándo vieron que había que tirar por ese camino?

-Nos planteamos cambiar el directo a media de que hacíamos conciertos. La gente venía como mucha marcha, muy a darlo todo y nosotros empezamos a meter canciones más intensas, más pensadas en poder colaborar con el público, para que fuera todo más interactivo. Planteábamos los conciertos como si fuera una gran fiesta de cumpleaños, en la que la gente lo pasara bien. Los directos tienen que ser así, muy emocionantes.

-En ese aspecto, se nota un cierto cambio en muchos grupos venidos del indie, como Facto Delafé o ustedes, en esa actitud de conectar con el público. En el indie eso no estaba muy bien visto, considerándose algo populista y que no venía a cuento. ¿Lo perciben?

-La comunidad indie se ha ampliado y ya no es tan especializada. Antes eran cuatro personas que sabían mucho de música, muy entendidas. Ahora hay gente a la que le gusta Facto Delafé, por ejemplo, que tiene un público muy heterogéneo y muy parecido al nuestro, en el que hay gente que entiende mucho y otra no tanto. La actitud la verdad es que es más popular, más de pasárselo bien. Sí que es verdad.

-Mezclan una música muy vitalista con unas letras de contenido social y, en ocasiones, muy duras. ¿Han pensado en este contraste?

-Sí, es algo que existe desde nuestros inicios. Es algo que no podemos explicar, pero no queremos cambiar de ninguna manera. Marc escribe canciones tristes, pero luego las envolvemos de otra manera. Supongo que esa mezcla se hace extraña porque la música de baile y electrónica se asocia a algo festivo y de pasarlo bien y le introducimos un discurso que no termina de encajar dentro del género. Pero no podemos remediarlo [risas]

-Mañana tocan en A Coruña. ¿Seguirá la actuación lo visto en la gira o cambiará?

-No, desgraciadamente, será muy parecido porque estamos terminando nuestro tercer disco. No hemos tenido tiempo para hacer nada. Todavía sigue muy en la línea de los conciertos de la gira. Habíamos planteado algún intento de una nueva canción.

-¿Por dónde tira el disco?

-En términos generales es parecido al anterior. Base pop con canciones tarareables con sus estribillos, pero le hemos prestado mucha atención al sonido trabajando con un productor de música electrónica para las bases para hacerlo más redondo. También hemos trabajado mucho las voces, que es algo que no hemos hecho nunca. Empezamos a trabajar en el en mayo y saldrá en abril

Nadadora “La química que nos une” (Jabalina, 2008)

Lunes, Junio 2nd, 2008

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Tras el vaciado sentimental que supuso el dramático Hablaremos del miedo, Nadadora llegan con un curioso minicedé de transición y las miras puestas ya en un tercer álbum. En él presentan un tema nuevo, Septiembre no está tan lejos, que marca la dirección que posiblemente tomará el grupo en un futuro. Haciéndose un hueco entre el la rama más electrónica de Field Mice, el poso de belleza oscura de The Cure y esa inexplicable sensibilidad de ciertas bandas shoegazers como Slowdive, surge una pieza preciosa, para pulsar el repeat del reproductor y escuchar y escuchar (prueben aquí). Como un diamante girando en un torno, la voz de Sara Atán, emite destellos que parecen acariciar la fibra sensible del oyente. Bien los podría colocar cerca de lo que actualmente realizan bandas como The Radio Dept.

Pero el grueso del disco lo suponen las remezclas, de ahí ese título que apela a la química de la amistad, pero también a la del baile. Cuatro amigos de la banda (Souvenir, Standard, el DJ Homeboy y Dorian) revisan en clave bailable parte del repertorio de Hablaremos del miedo, logrando resultados sorprendentes. Destaca, de manera especial, la vuelta de tuerca que Jaime de Souvenir otorga a Después de todo, que no sería de extrañar que pasase a formas parte de la maleta los discjokeys indies para este próximo verano.

El disco se completa con el video-clip de El Bosque, que bueno… ahí va.

Exorcizar la depresión en un estribillo

Martes, Abril 15th, 2008

Un himno pop es aquel que cuando suena el sábado por la noche, uno alza el brazo, levanta la copa, cierra los ojos y lo canta dejándose la garganta. Seguramente, mientras cayeron estas palabras, ha imaginando a un hombre, ¿verdad? Y es que la pose descrita suena, a priori, muy, muy masculina. Sin embargo, es bastante probable que fuera una mujer la que hizo la petición el pasado sábado en el 14!, la que llevó a Juanjo, el DJ, a pinchar A cualquier otra parte de Dorian.

A cualquier otra parte puede que se trate de la mejor canción que ha dado el pop español en el 2007: emotiva, moderna, pegadiza, tierna… lo tiene todo, absolutamente todo. Pero esa noche, en su contexto, manifestó otra cualidad, que ni sus discos, ni su directo permiten ver. La canción habla del pozo de la depresión (“que ya no crees en la gente”), del Anafranil (“que tomas pastillas rosas”), del abandono (“y te has vuelto nihilista y sueñas con no soñar”) y de una salida a todo eso de la mano de una persona (“y quiero que vengas conmigo”) sin saber el destino (“a cualquier otra parte”).

Son pinceladas precisas, que sacuden y desarman a aquél que sepa lo que es una depresión, enfermedad en la que las mujeres son, proporcionalmente, mucho más propensas y, por ello, más sensibles y receptivas a cualquier estímulo. La salida del pozo de un estado depresivo pasa muchas veces por encontrar una persona con la que sincronizar los latidos corazón. Y eso flota en el ambiente el sábado por la noche: miradas furtivas, miedos diluidos en alcohol, rímel que buscan pupilas, paseos al servicio… Suena entonces Dorian y el resultado es inmediato: brazo alzado, copa levantada, ojos cerrados y la garganta mirando al cielo, como quien exorciza un fantasma. La gran diferencia es que lo que se escucha, por encima del tema, es un tono totalmente femenino y que muchas de esas manos que levantan la copa llevan esmalte en las uñas. Claro: son ellas las que cantan, porque es, en cierto modo, su tema. Unas lo cantan en pasado, otras en presente, pero da la impresión de que, una u otra manera, la mayoría lo hacían propio.

Ya ven, Dorian, unos chicos de Barcelona que le han puesto banda sonora a la vida de un puñado de personas. Por cosas como éstas, para mucha gente el pop es esa cosa pequeñita y encantadora,…que encanta tanto, tanto que termina por ser grandiosa.