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Un acto de amor a David Bowie realmente maravilloso

Domingo, Enero 8th, 2017

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Hay días en los que, definitivamente, todo sale. Lograr armonizar a un puñado tan grande -por tamaño y por talento- de artistas como el que ayer estuvo en el Playa Club tiene su mérito. Que todos brillen con la intensidad que lo hicieron, también. Y que el público responda de una manera tan arrolladora, llenando el local antes incluso de empezar el concierto, más de lo mismo. No sé, creo que estamos en el mundo precisamente para hacer cosas así, que convierten la vida en algo más grande, más intenso, más emocionante.

Queríamos decirle a David Bowie que lo adorábamos. Concebimos este homenaje como un acto de amor. Nos dejamos llevar por un repertorio inmaculado. Recordamos que cuando en la adolescencia nos metimos por este camino hicimos una de las mejores elecciones posible. Y de todo ese remolino emocional surgió algo tan mágico como lo de ayer. No sé, aún siento el escalofrío de ese Moonage Daydream que parecía que lo tocaban una mezcla de los Suede del Dog Man Star con los Radiohead de Ok Computer (aunque, en realidad, lo interpretasen La mitad de los desaparecidos Younger Boys y la mitad de Misterioso Viaje Holanda). Igualmente, recuerdo encogerme con Space Oddity, tocado con lo mínimo por Pablo Seijas pero sonando a lo máximo acompañado por el público. Por supuesto que no me olvido de Pedro Granell, al primero al que llamé para este embrollo, que volvió a tocar 23 años después en el mismo escenario Ziggy Stardust con Los Mecánicos. Y, bueno, todo absolutamente todo resultó flipante.

Así que hoy más que nunca, gracias infinitas a todos los que habéis hecho posible esta noche grande. A las bandas, al Playa Club, a todos los que le dieron eco a esto durante las últimas semanas y, lógicamente, a los asistentes. Nos vemos en breve. Los conciertos de Retroalimentación vuelven a su dinámica habitual (o no tanto) en febrero. Ya tenemos cerrados las actuaciones de ese mes, de marzo y abril. En unos días las anuncio.

Los mejores discos internacionales del 2016

Sábado, Diciembre 24th, 2016

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El año 2016 ha sido del del rock y sus circunstancias. La muerte se encuentra detrás de tres de los álbumes fundamentales del ejercicio: los de David Bowie, Nick Cave y Leonard Cohen. Ha obligado al oyente a cambiar la mirada sobre ellos. Además, se ha consagrado definitivamente Beyoncé como la gran estrella pop del momento, con su hermana Solange despuntando con un espléndido lienzo de música negra. Todo con la emocionante irrupción de una soberbia Angel Olsen, el segundo paso de las imprescindibles Savages, las refrescantes dentelladas de Car Seat Headrest y Public Access Tv y el retorno de una leyenda brit, Suede. Vamos que, al final, el año no ha estado tan mal.

1. DAVID BOWIE “Blackstar” (Sony). La secuencia de vacío-encogimiento-asombro que generó la muerte del artista ligada a la edición de este disco no la olvidaremos jamás. Como queriendo hacer de esta un acto creativo, Bowie pintó una pirueta final que nos dejó conmovidos. Si el disco -entre el frío berlines, las filigranas jazzies y un clima derrotado- nos había encantado, con la desaparición del artista unos días después se convirtió en fundamental. De pronto, lo entendimos todo: la portada, las metáforas mortecinas, el tono angustiado y las melodías que decían adiós. Ya no está con nosotros. Fue un placer haberlo conocido, crecer con él y acompañarlo hasta este maravilloso y superlativo final.

2. NICK CAVE “Skeleton Tree” (Bad Seed). La pérdida de Arthur Cave, su hijo de 15 años, en noviembre del 2015 planea sobre las nueve canciones de este trabajo. Un disco de instrumentación casi estática, interpretado casi en spoken word y con melodías que casi se llegan a dibujar. En esos “casis” se encuentra mucho de su valor. Creado en el estado paralelo que genera una pérdida así y trasmitiéndolo en todo momento con versos demoledores y congoja permanente, se trata de un disco soberbio. Cuando, en la recta final, llega “Distant Sky” a uno literalmente se le encoge el alma.

3. SAVAGES “Adore Life” (Matador). Son uno de los grupos fundamentales del presente del rock. Lo habían demostrado en su primer álbum y lo refrendan en este segundo. El post-punk catártico inicial se abre ahora en caminos de los que surgen joyas de pecho hinchado como la titular “Adore Life”. Menos Siouxsie and the Banshees, más Pj Harvey, “Adore Life” se presenta como un disco de subidones y bajones, de cánticos al amor y la vida, de intensidad máxima y nervios a flor de piel estallando de continuo. Solo es un aperitivo del grupo que, probablemente, brille más en directo en la actualidad.

4. LEONARD COHEN “You Want It Darker” (Columbia). Otro álbum marcado por la muerte y la inminencia de esta. Si 2016 empezaba con la adiós de David Bowie, enfiló su final con la de Leonard Cohen. Más explícito aún (“Si eres tú quien reparte las cartas / déjame salir de este juego / aquí estoy, estoy listo, Señor”), cierra con él no solo su trayectoria, sino la espléndida trilogía crepuscular que supuso su vuelta a los estudios. Todo con tono opaco, música ralentizada, deliciosos coros femeninos y sensación de eternidad. También ha sido un placer estar contigo, Leonard.

5. BEYONCÉ “Lemonade” (Sony).
¿Aún existe algún reacio a aceptar el apabullante talento de Beyoncé Knowles por aquello de la autenticidad y la repulsa a las grandes estrellas del pop? ¿De verdad? ¿Es posible? Le recomendamos que se deja caer por su mejor disco hasta la fecha. Con sus problemas personales sobre la mesa (la supuesta infidelidad de us marido Jay-Z sale a relucir desde el primer verso: “Puedes probar la falta de honestidad / Está por todos lados en tu respiración mientras la pasas tan caballerosamente”), traza un suntuoso viaje musical por el Caribe, el rock, al country y un sinfín de géneros.

6. ANGEL OLSEN “My Woman” (Jagjaguwar).
¿Es quizá “Sister” la mejor canción del año? Lo cierto es que cuando la luz de miel, country y melancolía de la artista interpretan esos versos todo indica que sí. Y cuando en la segunda parte del tema surgen esos coros que parecen venir del más allá en medio de la electricidad, ya no quedan dudas. Se trata de la cima de un gran álbum sensacional, lleno de sorpresas y, sobre todo, de emoción. Como si Emmylou Harris empezase de nuevo en 2016. Sí, así de maravilloso.

7. CAR SEAT HEADREST “Teens Of Denial” (Matador). El grupo de Will Toledo ha surgido para regocijo de quienes aprecien el indie-rock desaliñado de renglones torcidos y voces que rompen melodías por su incapacidad de cantarlas. Sí, ese que va desde Pavement a Clap Your Hands and Say Yeah! y que desde Seattle se cultiva ahora con enorme acierto. Además, posee un gran directo que no hace sino sumar puntos a la causa.

8. SOLANGE “A Seat At The Table” (Columbia). Ha sido una de las sorpresas del año. El tercer disco de la hermana de Beyoncé se (auto)define como «un proyecto sobre identidad, empoderamiento, independencia, dolor y curación. Musicalmente se mueve entre el soul sedoso, los ramalazos de r&b, los destellos de jazz y un intermitente toque funk. Todo al ralentí, cuidando al máximo las voces e introduciendo una rítmica nerviosa que genera una sensación de cómoda extrañeza que resulta adictiva.

9. PUBLIC ACCESS TV “Never Enough” (Cinematic).
No muy celebrado por la prensa especializada, el debut de Public Access Tv debería interesar a los llevan desde 2001 esperando alguien que recoja el testigo de The Strokes. Igual que ellos ponen sobre la mesa Nueva York, juventud, estribillos luminosos y plus de electricidad. Por su cancionero desfilan ecos de Television, The Cars y Gang Of Four con los que arman temas tan potentes como “End Of a Era” o “On Location”, con vocación de himno

10. SUEDE “Night Thoughts” (Warner).
En su segunda vida Suede no solo ha demostrado que sobre las tablas continúa ejerciendo de excelente banda de directo, sino que en el estudio mantiene intacta su capacidad de crear álbumes notables. “Night Thouthts” entra en esta escala, desde luego. Con las miras en el icónico “Dog Man Star” (1994) los Suede del 2016 exprimen su lenguaje jugando a las luces y sombras con maestría, a tensar el músculo pop y entregarse al lirismo de manera majestuosa y a demostrar que, en efecto, eran enormes y son, cuando menos, grandes.

Los conciertos de Retroalimentación homenajean a David Bowie

Lunes, Diciembre 12th, 2016

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El espíritu del Duque Blanco se revivirá en la sala Playa Club

El próximo 7 de enero el ciclo de conciertos de este blog rendirá tributo a David Bowie. Pocos días antes de cumplirse un año de su muerte, que tuvo lugar el pasado 11 de enero, un grupo de músicos de A Coruña se subirá al escenario del Playa Club (23.30 horas, entrada libre).

Por ahora, integra el listado Pedro Granell (ex Eskizos, ex Kozmic Muffin y Ulrica), Carolina Rubirosa (The Funkles), Fernando Esclusa (Guru Deva, Los Mecánicos), Edu Calvario & Los Mártires del Camposanto, los hermanos Adrián y Pabo Seijas (Misterioso Viaje Holanda) y Lady Leño.

El cartel no está cerrado. Se unirán más artistas en los próximos días. A ti te esperamos como público, porque esta iniciativa va de eso, de estar todos juntos disfrutando una vez más del repertorio de un artista que nos ha marcado. Sin más pretensiones. Solo con esa gran pretensión.

Esta iniciativa de Los conciertos de Retroalimentación y la sala Playa Club surge tras un intento fallido el año pasado. La conmoción que nos causó la muerte del Duque Blanco nos impulsó a ello. De pronto, todos los sentimos un poco huérfanos. De pronto, sin David Bowie nos sentimos infinitamente tristes. De pronto también, experimentamos una extraña alegría en cuando volvimos a escuchar Starman, sabiendo que esa sensación se estaba produciendo al unísono en miles de corazones por todo el mundo.

Sin embargo, no hubo tiempo para poder ponerlo en marcha. Lo recuperamos ahora, con la misma intención y devoción. Reserva la fecha, ponte las mejores galas y píntate un rayo en el rostro. El próximo 7 de enero hay fiesta pop en A Coruña. Para celebrar la existencia de esas canciones que nos acompañaron durante toda la vida y homenajear a uno de los personajes clave de la música popular.

Y todos estáis invitados.

Los Grammy 2016 en diez fogonazos

Martes, Febrero 16th, 2016

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Afortunadamente la 58ª edición de los premios Grammys superó el tedio de la edición del año pasado. Sin un triunfador único (podría serlo Kendrik Lamar, pero le faltó imponerse en las categorías generales y podría serlo Taylor Swift pero solo conquistó tres gramófonos, así que lo dejamos en empate) y con mucha emotividad en el ambiente honrando a ilustres fallecidos, la noche arrancó aburrida. Pero fue mejorando poco a poco. Estos son algunos flashes.

1. EL ARTISTA EN ESTADO DE GRACIA. Está en racha y todo le sale a Kendrick Lamar. Más allá de los premios (cinco en categorías ligadas al rap), su actuación en la gala de anoche será de las que se recuerde en tiempo. Desfiante, espectacular y dejando pegada, se presentó en una escenario carcelario y entre rejas, fuego y energía interpretó The Blacker the Berry, Alright y un nuevo tema que augura una brillante continuación a To Pimp a Butterfly. Tras esto, ya hay quien le dice a Kayne West que se espabile. Y con razón

2. UNA ESTRELLA QUE SE MANTIENE. Siempre simpática, Taylor Swift parace haberse convertido en la gran estrella blanca del pop contemporáneo. La elección de 1989 como disco del año no parecía ser la favorita de la crítica, teniendo en cuenta que competía con Kendrick Lamar. El pueblo, sin embargo, no pensaba igual. Las encuestas que circulaban por Internet ya advertían que el público sí creían en ella. Al final, logró el premio al mejor disco del año por segunda vez en su trayectoria. En su discurso se dirigió a las personas que se está iniciando en la música. En lo que parecía un recado a Kayne West, les recordó que siempre iba quien intentaría meterles zancadillas, pero que no se dejasen avasallar.

3. ESA CONTAGIOSA CANCIÓN. Sí, Can’t Feel My Face de The Weeknd es un temazo. Y Blank Space de Taylor Swift, otro. Pero lo de Uptown Funk de Bruno Mars y Marc Ronson es para morirse. Su efecto resulta instantáneo: te atrapa, te empuja y te incita a bailar. Merecidísima grabación del año, debería haber sido también la canción del año. Esta correspondió al sobrevaloradísimo Ed Sheeran. Hay quien habla de Van Morrison al referirse a él y todo.

4. EL GRUPO ROCK. Sin lugar a dudas, Alabama Shakes concluyeron la gala como la banda de rock del año. A los premios de mejor disco de rock y mejor canción de rock, sumaron una esplendida actuación con Don’t Wanna Fight. Soul, funk y rock grasiento. Guitarras tensas, falsetes prodigiosos y ritmo contenido. Flechazos lanzados a una audiencia masiva que, seguramente, los acogerá con los brazos abiertos.

5. DAVID BOWIE QUE ESTÁS EN LOS CIELOS. Lady Gaga fue una de las protagonistas de la gala, rindiendo tributo a David Bowie. Ya se dejó ver en la alfombra roja a lo Ziggy Stardust y, en el tramo central del espectáculo, hizo una una suerte de greatest hits del Duque Blanco comprimido en poco más de cinco minutos. Muy logrado en los estético, en lo musical resultó un tanto agobiante. Demasiado fragmentado, demasiado cambio, demasiado axfisiante.

6. TAMBIÉN LEMMY. En un emotivo discurso, Dave Grohl se dirigió al público para valorar la figura d Lemmy Kilsmister como una de esas figuras clave en su vida y que le enseñó el camino a seguir. A posteriori Hollywood Vampire (el supergrupo formado por Alice Cooper, Johnny Deep y Joe Perry) interpretó el celebérrimo Ace of Spades, llevando el concepto de banda tributo mucho más allá de lo imaginable.

7. MÁS HOMENAJES A ESTRELLAS FALLECIDAS. Lamentablemente, el cupo de artistas muertos recientemente hizo que los tributos póstumos de los Grammys no se quedasen solo en David Bowie. Jackson Browne comandando a The Eagles interpretó un emotivo Take It Easy dedicado al malogrado Glenn Frey. Steve Wonder, por su parte, dirigiuió el homenaje a Maurice White de Earth, Wind & Fire. Y Bonnie Raitt se sumó a Chris Stapleton y Gary Clark Jr para recordar a BB King.

8. EL NIÑO QUE QUIERE SER ADULTO. Justin Bieber se plantó en escena con una guitarra acústica, su “Love Yourself” y toneladas de candidez. Pero, en nada, cambió de escenario, pulsó el botón de los fuegos de artificio y se alió con Skrillex y Diplo para interpretar Where Are Ü Now, con bailes imposibles y un Bieber pasado de vueltas. El chico se emocionó tanto que terminó aplaudiendo con el micro entre manos (y generando el ruido consecuente). Extravagante y divertido

9 ELLA ES LA REINA DEL POP. Sí, unos la tildarán de vacía, otros de ñoña y otros de poseer “tan solo” una portentosa voz. De acuerdo. Pero la gran artista global de este momento se llama Adele. Y ayer lo ha vuelto a demostrar con uan soberbia interpretación de All I Ask con voz, piano y elegancia. Como si todos los pasos de su carrera fueran encaminados a terminar ahí, bajo el foco, la cantante británica se reivindicó como una estrella rutilante.

10. PODER LATINO. Pitbull protagonizó el sorprendente telón final de la gala de los Grammys. Con la versión británica de “El Taxi” asaltó el escario, llenándolo de una inusitada alegría y vitalidad. Dentro de uno de esos taxis había sorpresa. Su pasajera era nada más y nada menos que Sofía Vergara, que exhibió su dotes de baile, dejando a la audiencia boquiabie

Fotografía: Kendrick Lamar (AFP PHOTO/ROBYN BECK)

David Bowie calmando a adolescentes

Miércoles, Febrero 3rd, 2016

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Me detengo ayer en un kiosko a comprar una revista de música. Portada, cómo no, David Bowie. ¡Este mes me las pillo todas! «Debe traer un especial dentro, todas lo traen este mes», advierte la dependienta. «Aproveche, porque dudo que venda tantas revistas de música este año», le digo. «¡Qué va! Estos chavales no conocen a David Bowie. Es como la política. Mucho Pablo Iglesias y mucha historia, pero le preguntas quién es Adolfo Suárez y no lo saben», contesta ella frustrada. Se le nota muy quemada. «No tienen cultura, ni tienen nada, solo saben molestar e incordiar. Si leyeran algo o escuchasen música al menos», añade.

La mujer tiene el kiosco situado en una zona en la que el pasado verano fueron frecuentes las reuniones de adolescentes que, a veces, terminaban en pelea. Me enseña cómo le destrozaron el techo de su habitáculo. También me relata otras fechorías de los niños. «Los políticos pasan de todo. ¿La ley del menor para qué sirve? ¡Para que hagan lo que les de la gana!», me espeta. Yo le digo, tirando de oficio pero también de (triste y pragmática) realidad, que la próxima vez llame el periódico. Desde que salió una información de una macropelea frustrada en esa zona, vaya, jamás se volvieron a registrar incidentes: «Los políticos son todos así: si no ven el follón en el periódico hacen como si no existiera. Mire el botellón, cuando los vecinos se echaron a la calle y empezaron a llamar a los periódicos en vez de al 092, terminaron por prohibirlo en los lugares conflictivos, después de estar años diciendo que no pasaba nada». Ella asiente.

Después de diez minutos de “raje ciudadano”, con el consabido «todos los políticos son iguales», nos despedimos. Camino hojeando el Popular 1 que me acabo de comprar: una doble portada con dos peligros públicos para las sociedades de su momento: Lemmy Kilmister y David Bowie. A mi cabeza acude el “Rebel, rebel” del segundo. Es algo muy común cuando camino por la calle: su riff vigoriza los músculos de las piernas. Y se entremezcla con la conversación de “vecinos quemados” de minutos antes. «Si leyeran o escuchasen música, al menos», decía ella. La frase se queda. No sé si se refería a que escuchando Ziggy Stardust los chavales no estarían incordiándola. Pero, una vez más, me ha hecho reflexionar del papel del rock en el 2016.

El mundo pop canta a David Bowie

Lunes, Enero 18th, 2016

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Era previsible. La muerte de David Bowie ha generado la semana pasada un sinfín de homenajes en todo el mundo. No solo se trata de su desaparición, sino cómo esta se convirtió en su última impulso creativo lo que ha dejado conmovido al planeta pop. Artículos de periodistas, recordatorios de particulares, portadas de periódicos, cierres de telediarios, su música sonando en todas partes y, también, muchos artistas se renombre haciendo lo lógico en estos casos: reinterpretar sus canciones a modo de tributo. Aquí van algunos de ellos.

Uno de los primeros en aparece fue el de Rick Wakeman, el célebre teclista del grupo de rock progresivo Yes. Se trata de una pieza importante en el mundo Bowie. Intervino en el clásico Hunky Dory (1972), dejando su impronta en los preciosos pianos que se pasean a lo largo de sus surcos. El mismo lunes en el que todos conocimos el fallecimiento del artista, Wakeman acudió a los estudios de la BBC Radio 2 e interpretó al piano Life On Mars, una de las más bellas composiciones de toda la carrera del Duque Blanco.

Otro que no dudó en hacer su particular genuflexión ante el cancionero de Bowie fue Adam Lambert, cantante americano surgido del programa American Idol. Ajustado a su medida, apeló al clásico de la época discotequera Let’s Dance, cantándola en directo dentro de uno de los recitales de su gira en Asia.

Madonna tan solo tardó un día en explicitar su amor por el astro pop sobre el escenario. En uno de sus conciertos americanos, en Texas, aprovechó para dirigirse al público. Le dijo que David Bowie fue uno de los mejores compositores del siglo XX y que le había cambiado la vida desde que lo vio por primera vez en directo. «Él me enseñó a mí que estaba bien ser diferente», subrayó. Y atacó con un guitarrero Rebel,Rebel, con cambio de vestuario incluido

Rebel Rebel también fue la canción elegida por Bruce Springsteen el pasado sábado, en el primer recital de la gira The River, celebrado en Pittsburgh. El Boss quiso recordar a su «gran amigo» y los tiempos en los que grabó Young Americans. Sin más, apeló a su Telecaster e hizo suyo un himno del rock rebelde.

Pero quizá el homenaje más curioso de todos los que ha recibido Bowie estos días tuvo lugar en Nueva Orleans. En sus calles Arcade Fire se juntó con la Preservation Hall Jazz Band paseando el repertorio del artista por sus calles, en un ambiente festivo y colorista. Esta es la insólita versión de Heroes que se puedo escuchar

También hubo recuerdos sentidos al artista en España. El más importante de todos tuvo lugar el pasado sábado en Barcelona. Organizado en tiempo record, The Stars Look Very Diferent Today reunió a integrantes de bandas como Sidonie, Inspira, Mazoni, Mishima, Delafé o San León con el único objetivo de revisar un repertorio mítico y honrar a Bowie celebrando su obra. El éxito fue total.


El último guiño de un grande a Bowie que ha trascendido fue el de Robbie Williams, quien subió a su cuenta de Facebook una interpretación casera de Changes, junto a Rufus Wainwright y Guy Chambers. ¿Terminará representándose en un escenario? Habrá que estar atentos

Pero sin duda el más emotivo de todos los homenajes no lo protagonizó ninguna estrella del pop. En Brixton, el barrio en el que se crió Bowie, decenas de fans se echaron a la calle espontáneamente para honrar al mito. Los videos que circularon estos días hablan de devoción y emoción, de tristeza y alegría, de cariño y pena por haber crecido con Bowie y ver que se ha ido para siempre.

Lo que «Blackstar» dice después de la muerte de David Bowie

Miércoles, Enero 13th, 2016

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Todo lo escrito sobre Blackstar antes de la mañana del 11 de enero, momento en el que se confirmó la muerte de David Bowie, debería ser quemado. Borrado. Eliminado. Hecho trizas. Este artículo también, por supuesto. Nadie pudo aproximarse ni si quiera a lo que latía de verdad en sus siete canciones: un corazón maltrecho coordinando el sístole-diástole pocas semanas antes de dejarlo de hacer para siempre. Con plena conciencia. El cáncer ya había puesto su fecha. Los ataques al corazón incluso la podían adelantar. En lugar de retirarse, descansar y emprender la cuenta atrás alejado de todo, Bowie optó por musicar su final, por calcular el momento exacto de su desaparición y hacerlo coincidir con su última obra: el -ahora sí- escalofriante Blackstar.

Conviene detenerse en el formato original en estos tiempos de Spotify. No se trata de apelar a las buenas costumbres del melómano burgués. No, esta vez resulta NECESARIO. Es parte de la experiencia que propuso el autor. La estrella negra prevista y proyectada como un icono de eternidad deja paso, una vez que se abre el digipack, a dos imágenes: un Bowie ultraterreno y el gran cosmos a su lado. Golpe. De fondo, haciéndose ver con el contraste del brillo en el mate palabras unidas como constelaciones que dicen cosas como “I’m a Blackstar” o “How Many Times Does An Angel Fall” o “He Cried Aloud Into The Crowd”. El libreto, en consonancia, juega con todas estas estrellas e imágenes del Bowie de los ojos tapados por un paño con botones. Lo que algunos incluso quisieron ver como un manicomio, como otra excéntrica teatralización más del artista jugando «artísticamente» con la locura. No, en Lazarus -vídeo u canción- estaba interpretando su propia muerte.

Verlo (el clip) y escucharla (la canción), el lunes o ahora, suponía/supone entregarse al escalofrío, a la conmoción y a una especie de vacío íntimo que te deja aturdido, un poco fuera del mundo real. Cabe imaginar lo que tuvo que ser Closer de Joy Division en su momento para quienes los seguían. Y, de hecho, se encuentran en esa primera línea de bajo conexiones con las atmósferas fúnebres de la banda de Ian Curtis. También con las guitarras industriales, la interpretación «más allá de este mundo» y hasta con el toque jazz (si a Joy Division le gustase el jazz sin duda sería similar). Es música «así» de real, «así» de auténtica, «así» de vitalmente mortecina. Cuando llegan las espirales de saxo final y estas inducen al mareo, todo se volatiliza hasta desaparecer. Lo vemos ahora, claro. Era tan obvio…que nadie lo pudo ver.

Todos los plumillas musicales nos entretuvimos en buscar influencias, en valorar el papel de este disco dentro del rock actual, en debatir si miraba al pasado o al futuro. Como si eso importase, vaya. Banalidades. Nos olvidamos -otra vez- de que la música sirve para expresar emociones que no siempre responden a una fórmula matemática o a un esquema historico-artístico. Bowie entregaba aquí una obra definitiva, que trascendía a todo ello. Lo pensamos ahora. Nos rendimos a su enormidad. Y lo entendemos todo, respirando profundamente. Los climas opresivos, las voces fantasmagóricas, la electrónica conectando y desconectándose, los coros dando un eco muy determinado, el tono siniestro que lo preside todo, una nocturnidad que nada tiene que ver con lo que habitualmente se adjetiva como nocturno… y esas letras que repartían versos-testamento continuamente.

Van unos ejemplos: « Algo sucedió el día que él murió / el espíritu se elevó un metro y se hizo a un lado / alguien más tomó su lugar, y valientemente exclamó / “Soy una estrella negra, soy una estrella negra”» (Blackstar). « Mira aquí arriba, estoy en el Cielo / Tengo cicatrices que no pueden ser vistas / Tengo drama, no puedo ser hurtado / Todos me conocen ahora» (Lazarus).« Días interesados, sexo de supervivencia / Honor que estira colas hasta cuellos / Estoy cayendo / No es nada para mí / No es nada digno de ver» (Dollar Days). «Veo más y siento menos / Digo no pero queriendo decir sí / Esto es todo lo que siempre quise / Ese es el mensaje que envié» ( I Can’t Give Everything Away). ¿Hace falta seguir? ¿Verdad que no? ¿Verdad que ahora todo tiene sentido?

Si has llegado hasta aquí, si has escuchado el álbum después de la defunción, habrás experimentado la congoja y la admiración. Seguramente, haya sido difícil encontrar la palabra adecuada. Y lo más probable es que, al ser fan, te hayas sentido totalmente incomprendido cuando en el trabajo quisiste expresar esa tristeza atenuada con la emoción de la revelación que te embargaba. Cuando viste a toda esa gente cantando Starman en Brixton, sonreíste. Luego, volviste a escuchar Blackstar conmoviéndote con la música, la vida y la muerte. Todo gracias a un grande que lo fue hasta el aliento final.

Los diez mejores discos internacionales del 2013

Viernes, Diciembre 27th, 2013

Seguramente el 2013 no pasará a la historia como un año clave para la música. Nada ha tambaleado el mundo del pop y del rock de manera especial. Ningún disco ha roto esquemas, ni formales ni emocionales. No existe ese algo que agote suspiros y signos de admiración. Falta, en definitiva, ese punto de inflexión que en temporadas anteriores marcaron Pj Harvey, Animal Collective, Swans, Kayne West o Beach House. Y si tenemos en cuenta entregas que podían prometer (Primal Scream, Arcade Fire, The Strokes, MGMT,…) pero que finalmente decepcionaron, queda un regusto un tanto agridulce. De todos modos, existen buenos trabajos. He aquí una lista encabezada por unos Vampire Weekend que han firmado su mejor obra, erigiéndose en uno de los faros del pop contemporáneo. También se encuentran retornos históricos y varios debuts esperanzadores. Eso sí, ¿los recordaremos a todos ellos dentro de un par de décadas como hoy hacemos a las obras gloriosas de Public Enemy, Pixies, Portishead, Radiohead o Tortoise que encabezaron sus respectivos años? Ahí queda la pregunta para quien la quiera contestar.

1. VAMPIRE WEEKEND “Modern Vampires of the City” (XL Recordings). Sin el impacto inmediato de sus predecesores, el tercer disco de Vampire Weekend exige una digestión sin prisas. Se trata, precisamente, apreciar precisamente su lentitud. Quien lo haya hecho, encontrará un puñado de canciones que profundizan en su pop barroco y africanizado hasta modelar temas excepcionales. Lo abre, suave y sedoso, Obvious Bycicle y, al poco, rato, surgen los cuatro minutos más inspirados del año con una Step deliciosa que, además, llegó servida con un video-homenaje a Woody Allen precioso. La travesía continua por Don’t Lie, la maravillosa Hannah Hunt y otras tantas muestras de perfección de un sonido que puede permitirse el lujo de obviar las píldoras pop.

2. DAVID BOWIE “The Next Day” (Sony). Fue el (inesperado) regreso del año y todo un golpe de autoridad por parte de uno de los más grandes. Aunque, seguramente, no figure en un hipotético top-10 del artista, este trabajo llegó como un caramelo en el 2013. Totalmente autoreferencial desde la propia portada, en él Bowie viaja a su propio pasado para encontrar diferentes caminos por los que canalizar su figura en 2013. Igual por la vía melancólica del Where Are We Now?, que evoca el Berlín perdido, como con el brío guitarrero de The Stars (Are Out Tonight). Salvando un pequeño bajón en su tramo central, el resultado resulta excelso. Lo cierto es que ya quisiera Arcade Fire poder ofrecer un álbum así este año.

3. SIGUR RÓS “Kveikur” (XL Recordings). Valtari (2012) fue un disco apreciable, pero que había dejado a una buena parte de sus fans desencantados. Echaban en cara un exceso de atmósferas ligado a una falta de concreción. Pues como si tomasen nota los islandeses, reducidos a trío tras la marcha de Kjartan Sveinsson, giraron el timón de la nave y ofrecieron un disco mucho más contundente, infinitamente más crudo y con un impacto que hizo desvanecer aquella decepción. Imprescindibles en el pop actual, en esta ocasión optan por un ligero barniz industrial y plantean un fascinante cuerpo a cuerpo en el que, aún así, brotan las melodías oníricas marca de la casa.

4. LOW “The Invisible Way” (Sub Pop). La alianza con Jeff Tweddy (Wilco), que se encargó de la producción del disco, podría haber hecho pensar en un giro radical en su sonido. De eso hay poco. La primera nota es el carácter marcadamente acústico del álbum. La segunda, el agradecido protagonismo de Mimi a lo largo del cancionero. Más allá, todo planea un reencuentro con el universo habitual de Low: canciones crepusculares, rítmica que alterna la sequedad con las escobillas, líneas melódicas que parecen sacadas de un coro góspel y pequeños estallidos metálicos que obligan a apretar el puño. Puro placer.

5. MY BLOODY VALENTINE “m v b” (Autoedición) Al final llegó. 22 años después de cambiar el mundo del pop con Loveless (1991), My Bloody Valentine entregaron un álbum que perfectamente podría haber salido en 1993. Sí, recogiendo el testigo en donde lo dejaron, Kevin Shields y los suyos menearon el canon shoegazer que ellos mismos crearon en un ramillete de composiciones perezosas (Only Tomorrow, Who Sees You, She Found Now…). También se permitieron algún pequeño avance como Nothing Is o Wonder 2, que apuntan maneras de futuro. Evidente no es su predecesor (¿quién puede igualar algo así?), pero sí un gran trabajo.

6. TOY “Join The Dots” (Heavenly). Todos los que miramos a Toy con desconfianza en su debut, tuvimos que cambiar de opinión cuando la evidencia saltó con uno de los mejores directos que se pueden ver actualmente sobre un escenario. Ello obligó a volver la vista hacia su notable primer paso (la versión suave y empastada de aquello) y allanó al camino para este segundo capítulo fascinante. La receta es ya conocida: kraut-rock diluido en ruido shoegazer y psicodelia sesentera. El modo de llevarla a cabo, no tanto. Pocas bandas que se mueven por territorios similares ofrecen un resultado tan rematadamente bueno. Ojalá vuelvan a tocar en Galicia en el 2014.

7. SAVAGES “Silence Yourself” (Matador). Como si Sleater-Kinney se aproximase al mundo de Joy División, Savages ofrecen en su disco de debut una bola oscura pero a la vez inflamable de fuerza y tensión. Comparadas con Siouxie and The Banshees (y desprestigiadas por algunos por su supuesta falta de originalidad), lo cierto es que este cuarteto londinense han entregado un disco redondo. Con el cuchillo entre los dientes, su vocalista Jenny Beth comanda la nave con autoridad en un constante clímax-anticlímax que aturde. Y, al igual que Toy, con un directo demoledor.

8. BILL CALLAHAN “Dream River” (Drag City). Para algunas listas, como por ejemplo la de la revista Mojo, aquí descansa el disco del año. En él Bill Callahan se muestra tranquilo, enamorado y disfrutando de la vida. El tono continua siendo grave. Su voz, impertérrita en primer plano. Y el fondo musical, discreto. Pero en este aparecen ocasionales flautas de felicidad. De los labios del autor surgen frases tan definitorias como “Todo lo quiero es hacerte el amor / sin ninguna preocupación en mi mente”. Y el conjunto del álbum deja una sensación de bienestar y calma maravillosa.

9. VALERIE JUNE “Pushin’ Against A Stone” (Sunday Best). Una de las grandes sorpresas del año es el disco de debuto de esta superdotada cantante de Tennessee apadrinada por Dan Auerbach (The Black Keys). Totalmente clásica en sus fuentes, propone un viaje multidireccional hacia al góspel, el blues, el jazz y el pop del que saca un híbrido fascinante. Con una voz agudísima a lo Billie Holiday, va caminando por todos esos lenguajes con la autoridad de las grandes dejando un trabajo magnífico que obliga a anotar su nombre para el futuro.¿Alguien dijo no se qué de la Amy Winehouse americana?

10. YOUTH LAGOON “Wondrous Bughouse” (Fat Possum). El segundo trabajo del proyecto de Trevor Powers podría tomarse como el de unos Beach House subidos a un carrousel de psicodelia multicolor. Con los Animal Collective de Merriweather Post Pavilion como la principal influencia, en este caleidoscopio sonoro en el que también se dan cita los Mercury Rev de Boces o MGMT. Todo al servicio de un clima alucinado que se mantiene durante sus diez temas. Sí, la escucha no decae. Todo lo contrario, engulle como si de un agujero se tratase.

El destino une a Bowie y Suede una vez más

Miércoles, Enero 9th, 2013

El destino se ha mostrado caprichoso. El maestro y sus mejores discípulos se volverán a encontrar de nuevo. Y los dos, para hacer la coincidencia más perfecta, tras diez años de silencio. Vamos, que ni que estuviera programado. Ayer David Bowie y Suede anunciaron que volverán al estante de novedades discográficas en marzo. El primero, en sorpresa total. Prácticamente todo el mundo lo daba por retirado definitivamente tras su espantada en el 2004 y sus problemas de salud. Respecto a Brett Anderson y su troupe, tarde o temprano tendría que volver a pasar. Les gustan demasiado los escenarios y los baños de masas (así como el dinero, se entiende) como para seguir con sus pequeños habitáculos personales. Se trata de dos grandes noticias que dibujan una bonita sonrisa al arranque musical de este 2013.

Lo de David Bowie se enmarca en el primerísimo nivel. Es uno de los (más) grandes. Que la historia del rock se quedase sin su última etapa no podía calificarse más que de tragedia. La coyuntura se muestra ahora muy favorable para él. No estamos en los noventa, época en la que se disparaba sin miedo a los dinosaurios que, supuestamente, no tenían nada que decir. Todo lo contrario, algunos de los mejores álbumes de los últimos tiempos han llegado precisamente de ese subgénero que podíamos calificar como crepúsculo rock. Artistas legendarios que, más allá de los sesenta, enfilan una carrera con otras pretensiones e inquietudes, mostrando uno de los escasos perfiles semivírgenes que le quedan a la música popular. Ahí está, entre muchos otros, el majestuoso tramo último de Johnny Cash, las emocionantes arrugas sonoras del Bob Dylan de los últimos 15 años o el apoteósico retorno de Leonard Cohen. Aunque Bowie aún no haya llegado a los 70 (ayer cumplía 66), la posibilidad de verlo envejecer creando se presenta realmente apetecible. Y con estos precedentes aún más.

Imagen de previsualización de YouTubeVideoclip de “Where Are We Now?” de David Bowie

Por ahora solo conocemos el single de adelanto, Where Are We Now?, un tema que como bien apuntaba en Twitter el crítico Héctor G. Barnes se muestra deudor de Thursday’s Child, la canción que abría Hours (1999). En ese sentido, se podría considerar que el Duque Blanco retoma su relato en el punto en el que lo dejó poco antes de su retirada. Pero hay más conexiones con su propia obra. Tirando por la melancolía y el medio tiempo con frenazos, el tema acoge multitud de evocaciones a lugares de Berlín (la plaza Potzdamer o la discoteca Dechungel por ejemplo) y una letra que sugiere una especie de paseo por las ruinas sentimentales de una persona. ¿Un retorno a su etapa berlinesa? El 11 de marzo conoceremos el desenlace. Ese día saldrá a la venta The Next Day, el disco que ha producido Tony Visconti y del que ya ha trascendido el track list.

Imagen de previsualización de YouTubeVideclip de “Barriers” de Suede

Respecto a Suede, se impone bajar el listón musical. Barriers, el tema que la banda británica lanzó desde su web no invita a desbordar entusiasmo, como ocurría en el pasado con cada uno de sus singles. Surge como un simple (y correcto) adelanto para testar la temperatura: una pieza de guitarras afiladas al estilo de la época Dog Man Star, con una pizca de épica final, pero sin la pegada exigible al combo de Brett Anderson. Hay que tomárselo como un simple adelanto de Bloodsports, el álbum que verá la luz también en marzo en fecha aún por determinar. Como single se editará en febrero It Starts and Ends With You y, aunque en el subconsciente colectivo no se aguarde nada grandioso teniendo en cuenta los últimos días de la banda y las trayectorias posteriores de sus miembros, siempre queda un resquicio de optimismo. Si tras la debacle personal del excepcional Dog Man Star (1994) lograron resurgir con el soberbio Coming Up (1996), ¿por qué no van a poder cegarnos de nuevo con su luz?

Sea como sea, la vuelta de Suede, aunque sea con material flojo, ha de tomarse como una buena noticia. ¿Por qué? Porque podremos volver a disfrutar de su directo. Tal sucesión de himnos perfectos interpretados por una banda totalmente solvente no tiene parangón en el pop inglés actual. Así que, cediendo a la nostalgia, habrá que recibirlos también con una sonrisa. ¿Qué tal encabezando el cartel de algún festival gallego? Uno de los imagina perfectamente, por ejemplo, en el Noroeste Pop Rock. Y si luego, a mayores, dan la campanada creativa, por favor: abrámosles los brazos con la misma ilusión con la que lo hicimos el pasado. Se les echa tanto de menos…

El disco con el que Bowie puso (de nuevo) patas arriba el rock

Domingo, Agosto 5th, 2012

Fijo en todos los listados de mejores álbumes de la historia, “The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders From Mars” dio sepultura definitiva a los años sesenta, ofreciendo a la juventud un nuevo modo de vivir y sentir la cultura pop. En su 40º aniversario, Emi reedita esta obra maestra imperecedera

En 1971 ya nadie aspiraba a cambiar el mundo con flores en el pelo. Todas se habían marchitado en un mundo musical ajeno a la alegría en technicolor y la frescura de quien hace las cosas por primera vez. Un joven ávido de éxito sacó la cabeza por enésima vez. Era David Bowie. Ya lo había intentado como mod y hippie sin fortuna. Pero ahora había encontrado la clave. Una canción, Changes, lo anunciaba. Anunciaba una nueva era en la que él, esta vez sí, iba a marcar el tempo para convertirla en su tiempo. «Extraña fascinación, fascinándome / los cambios siguen el paso que llevo», cantaba con una autoridad desbordante. Y, efectivamente, lo hizo. Bowie abrió las puertas de un nuevo mundo a una generación que nada tenía que ver con la beatlemanía y su onda expansiva. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Entonces, aún no se podían afirmar esas cosas tan a la ligera.

«Tienes a tu madre loca / No sabe si eres un chico o una chica», cantaría años después en Rebel, Rebel del álbum Diamond Dogs (1974). Podría sintetizar el impacto social que causó la nueva vuelta de tuerca a la que fue sometida el pop en la primera mitad de los setenta. De pronto una parte de la juventud inglesa se sintió fascinada por un género que, frente al deseo colectivo de ruptura de los sesenta, apostaba por el cambio  individual, abandonándose a una especie de fantasía andrógina y teatral. Todo para evadirse completamente de la realidad. Era el glam-rock y esas madres que observaban preocupadas las metamorfosis de sus hijos descubrieron a la larga cuál era la causa que generaba ese efecto: The Rise And Fall Of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars.

Hace 40 años que ese disco vio la luz y, sin él, muchas cosas serían diferentes en la música popular. También en miles de cuartos adolescentes de la época. Era el cuarto trabajo del músico británico, que ya había demostrado su calidad en Hunky Dory (1971), el álbum que incluía la citada Changes. Allí se había mostrado  en portada como Greta Garbo rizando el rizo de la ambigüedad. Pero con Ziggy Stardust iría muchísimo más allá, creando un alter ego que ya forma parte de la historia del rock.

La idea es sencilla. Un personaje alienígena y andrógino llega a la tierra  para anunciar que el mundo desaparecerá en cinco años. Enfundado en un mono plateado, con el pelo rojo, las cejas depiladas y una capa con motivos orientales apareció como la criatura roquera  más insólita de la historia. También la más cautivadora. En ella Bowie volcaba muchas de sus obsesiones. Tal y como recuerda  Christoper Sandford en la biografía Amando al extraterrestre, en ese personaje existen ecos de Lou Reed a Iggy Pop. También se detectan ramalazos de Andy Warhol, H.P. Lovecraft y Robert Heinlein. Y una influencia clave: Vince Taylor, el llamado Elvis francés que llegó a mostrarse ante sus fans como el verdadero Jesucristo. El puzle lo completa el kabuki japonés.

Acompañando a Ziggy se encontraba una banda de excepción, The Spiders From Mars (las arañas de marte). Eran Mick Ronson (guitarra, piano y coros), Trevor Bolder (bajo) y Mick Woodmansey (batería). Juntos crearon el sonido perfecto para vehicular la aventura de Ziggy en la tierra. Delicado y potente, profundamente lírico y extremadamente físico, ese magma de guitarras, pianos, violines, saxos, flautas y todo tipo de instrumentación se abrió como un gran abrazo invisible a los marginados del mundo. Para comprobarlo, nada mejor que dejar caer la aguja. Y hacer caso a la indicación de la contraportada, esa que dice «Escúchese alto». Así el oyente sentirá, absorto, el arañazo eléctrico de unas guitarras  que, efectivamente, llegan de una región desconocida. Como un viaje musical, ese puñado de canciones generaban un boquete en la vida gris de unos jóvenes que ansiaban pintar de color su melancolía, entregándose a esa luz.

La inmaculada belleza de Moonage Daydream lo define mejor que nada. «Aprieta tu rostro espacial cerca del mío, amor /alucina con una fantasía lunar… ¡oh sí!», canta Bowie con la voz entrecortada antes de que Ronson  inicie un viaje interestelar. Es uno de los momentos cumbre de un disco ambivalente, que se mueve entre el trazo limpio de melodías maravillosas (Starman, Ziggy Stardust) y la suciedad de esa capa de vatios que lo reboza en el fango. Todo hasta llegar al drama de Rock n’ Roll Suicide, en el que muere Ziggy desgallitándose. Vuelve entonces a surgir la pregunta. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Suena Five Years de fondo. Y va a ser que esta vez hay que contestar que sí.

Imagen de previsualización de YouTubeIntrerpetación de “Ziggy Stardust” en la película Ziggy Stardust de D.A. Pennebaker