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Una década en canciones (3ª parte)

Lunes, enero 11th, 2010

Nota: se han quitado todos los vídeos porque daban problemas a la hora de cargar la página
(cerramos la serie con los tres destacados del artículo del Fugas)

KYLIE MINOGUE I Can’t Get Out Of My Head (2001)
Un clásico para la eternidad

Siempre estuvo ahí, como la adolescente dicharachera de Locomotion, como heroína gay en Your Disco Needs You o como el excéntrico capricho de Nick Cave en el dueto de Where the Wild Roses Grown. Riquiña, sí, pero totalmente irrelevante. Por ello, lo ocurrido con la irrupción de I Can’t Get Out Of My Head fue uno de los acontecimientos más inesperados de la década. Ese «la, la, la, la, la, la, la la» de su estribillo descansa ya en la región de las obras maestras de la música popular. Sí, sí, como el Good Vibrations de los Beach Boys o el Dancing Queen de Abba, todo en I Can’t Get Out Of My Head fluye por la senda de lo perfecto. Se trata de la gran maravilla del pop de laboratorio de la década que, además, reforzó su valor con un videoclip icónico como pocos. Por si no fuera suficiente, se fundió con el Blue Monday de New Order en el bootleg (remezcla de dos temas yuxtapuestos) por antonomasia y trasladó a Kylie desde la pantalla de la MTV al epicentro mismo de las carpas de los festivales de verano.

Pero no solo fue I Can’t Get Out Of My Head. El disco que la albergaba, Fever, contenía otros tres singles de infarto. It’s in Your Eyes, Love At First Sight y Come Into My World estaban tocados por la varita mágica de la inspiración e hicieron brillar a Kylie Minogue como la figura más atractiva (y adictiva) de la música popular de los dosmiles.

FRANZ FERDINAND Take Me Out (2004)
Las guitarras esquinadas

Lo de los chicos buenos y los malos es un clásico del folclore pop británico desde los tiempos de The Beatles y los Rolling Stones. La supuesta polaridad que representaron Oasis y Blur en los noventa se vivió en la década pasada con The Libertines y Franz Ferdinand. Los primeros eran salvajes, decadentes y peligrosos. Desde luego, ninguna madre querría como novio de su hija a un individuo como Pete Doherty. Los segundos, sin embargo, surgían pulcros, simpáticos y ligeramente traviesos. Su líder, Alex Kapranos, viene a ser lo más parecido al yerno ideal en versión indie.

Para llegar a ese nivel, Franz Ferdinand se impulsaron sobre el trampolín de Take Me Out, tocaron la gloria y le arrebataron al Such Great Heights de The Postal Service su condición de canción bandera del indie del decenio. Se trata del gran estandarte del revival post-punk, un tema que se desdobla en dos y conjuga los riffs de Gang Of Four, la dicción martilleante de los Talking Heads y esa euforia juvenil que hicieron célebre bandas como Blur. Luego, grupos como Bloc Party, Futureheads, Maximo Park y muchos otros siguieron su estela con desigual fortuna.

DAVID BISBAL Bulería (2004)
La pesadilla del buen gusto

Operación Triunfo no hizo más que poner sobre la mesa con toda transparencia lo cutre de la industria musical española. Pese a la atmósfera conspiratoria creada en su día, el programa no pervirtió con canciones de calidad ínfima las listas de ventas y las radiofórmulas patrias. No, más bien continuó un camino que estaba perfectamente trazado desde mediados de los ochenta: la mediocridad al poder

¿Era mejor el Bailar pegados de Sergio Dalma que el Supermán de David Bustamante? ¿Superaban en calidad Ella Baila Sola a Chenoa? ¿Existía algo en Chayane más destacable que en David Bisbal? ¿Resulta más apreciable un estribillo como «Pasión gitana, sangre española y el mundo es una caracola» que los de los triunfitos? Muchas de las mentes bienpensantes de la música española contestarían que sí. Lo hicieron por puro instinto de supervivencia, al ver como los triunfitos los desplazaban en las galas de verano. Para ellos, el endemoniado Bulería, bulería de David Bisbal encarna todos los males. Y lo tuvieron que digerir sin gusto. El pueblo llano, sin embargo, lo bailó y bailó hasta cansarse.

El mejor pop español sigue oculto

Miércoles, abril 9th, 2008

En 1994 Los Planetas editaron un disco mítico donde los haya, Super 8, para algunos el mejor álbum de la historia del pop español. A excepción de los medios musicales especializados, el trabajo pasó prácticamente desapercibido. Sobra decir que a otros títulos más o menos coetáneos considerados hoy clásicos, como Hermanos Carnales de Surfin´Bichos, Entresemana de Le Mans, Manta Ray de Manta Ray o Un soplo en el corazón de Family, no se les hizo ni el menor caso.

Si se revisan las hemerotecas, el supuesto pop español de calidad de mediados de los noventa lo protagonizaban nombres como Manolo Tena, Presuntos Implicados, Cómplices o Los Piratas. ¿Alguien los tiene en cuenta hoy?

En 2008, recuperados ya de la escabechina de Operación Triunfo (ya saben, al parecer llegaron los triunfitos y esto se convirtió un infierno, ¡cómo si la situación anterior fuera mejor!), la plaza de pop “de calidad” la han ocupado M-Clan, Amaral, La Quinta Estación o Pereza. Ellos son los buenos, los que suenan a Dylan y a los Stones, los que usan guitarras, los que hacen música de verdad. Bisbal el malo, el pachanguero, el de la música de mentira.

En medio de esta dialéctica simplista e interesada, una vez más se queda fuera del foco mediático algunos de los artistas más emocionantes y arriesgados del momento. Gente como Nacho Vegas, Lisabö, Triángulo de Amor Bizarro o Manos de Topo siguen dando con su cabeza en el mismo tapón.

La historia, como pueden ver, se repite.

ojd