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Un grande reducido a lo mínimo

Lunes, Mayo 1st, 2017

PALACIO DE LA OPERA CONCIERTO DE CATEANO VELOSO

Caetano Veloso & Teresa Cristina
Palacio de la Ópera, A Coruña
30-abril-2017

Lleno total en el Palacio de la Ópera en la segunda visita de Caetano Veloso a la ciudad. La anterior tuvo lugar en el 2007, en el aniversario de la Fundación Barrie y en clave experimental y noise. La de ayer tampoco resultó del todo convencional. Acudía con la cantante Teresa Cristina -a quien le cedió la parte inicial del recital y la sumó al tramo final- y en un formato mínimo -él solo y su guitarra-. Es decir, canciones expuestas como árboles de invierno, sin hojas y sin flor. Esencia más absoluta. Simplicidad máxima. O gusta o disgusta, sin término medio. Apenas su voz tersa-suave-y-embaucadora, la guitarra rítmica-pero-aterciopelada y, por supuesto, un repertorio mí-ti-co.

Fue su inagotable catálogo de canciones quien sustentó un concierto que en manos de otro sería un suicidio y en el que, sí, de cuando en cuando se echó en falta el cuerpo de una banda. No en O Leazozinho, por supuesto, o su celebérrima versión de Cucurrucucú Paloma, paridas ambas en esa precariedad instrumental y despertando anoche las primeras ovaciones por su espléndida interpretación. Pero sí, desde luego, en esa visita a la imprescindible A luz de Tieta o en los rescates de la época tropicalista. Hubieran ganado con el abrigo de un puñado de músicos, sin duda. Se sabía y, por tanto, no decepcionó a nadie. Aunque la mente tendía, en más de una ocasión, a buscar en el aire sonidos que definitivamente no estaban pero que aparecían como fantasmas.

De todos modos, Veloso es un grande y, como tal, se bastó de esas armas para trenzar una actuación notable. Le precedió su invitada particular, quien llevó a las tablas las canciones de Santa Cartola, acompañada del guitarrista Carlinhos Sete Cordas. Supuso una agradable media hora previa que se empalmó con la aparición de la estrella del cartel. Arrancó con Luz do Sol. Delicadeza, líneas que apuntan alto y, de pronto, se encogen. Una garganta finísima que la guía y la sensación de asistir al concierto de, insistimos, un grande.

Desfilaron Os Passistas, Um índio y un Reconvexo en el que, ante la ausencia del temblor rítmico original, reclamó palmas. En contraste, se marcó una versión del Love For Sale de Cole Porter a capela. No hay trampas. No hay boutade posible. Sonó tal cual la grabó en el 2004 en el excepcional Foreing Sound. Sí, antes de que a Dylan se le diera por revisar los clásicos de la canción americana previa al rock, ya andaba Caetano Veloso por ahí. Ayer la definió, ensimismado, como “a mellor canción americana”. Y encantó la audiencia.

Se trataba tan solo del ecuador de un concierto que fue creciendo y que encontró sus picos más altos en la unión de los tres músicos final. Ahí entre Odara y Desde que o samba é samba, Cateano, Teresa y Carlinhos mandaban un mensaje a los que, apurados, ya estaban en los pasillos buscando la salida. Aguarden, bajen el ritmo de su vida y disfruten de ella sin prisas. Sí, con esa suave cadencia de esas canciones tan rematadamente bonitas que hacen que esa vida, muchas veces acelerada, sea mucho mejor que sin ellas. Aunque, en ocasiones, echemos de menos la banda.

Foto: Eduardo Pérez

Damon & Naomi: los ingenieros anónimos de la tristeza (2ª parte)

Sábado, Enero 17th, 2009

Los tres primeros álbumes de Damon & Naomi pasaron prácticamente desapercibidos en España. Mientras Luna eran reclamados para tocar en festivales grandes (Pradejón, Fib…) y coqueteaban ya con la condición de banda consolidada fuera del ambiente indie (es decir, ya no solo se hablaba de ellos en el Ruta 66 o Rockdelux, sino que Rolling Stone o en el Pais de las Tentaciones también les hacían caso), la célula comandada por Damon Krukowski y Naomi Yang permanecia en el más absoluto underground. Y, aunque con un poco más de presencia, lo cierto es que no variaría mucho la situación con su siguiente paso, Damon & Naomi with Ghost (2000).

Editado en España por Elefant Records, en él la sensibilidad del dúo se empasta con los aires psicodélicos de los japoneses Ghost. ¿El resultado? Una verdadera joya, así como clara candidata a erigirse en la mejor obra del dúo. Aunque parte de sus hallazgos, este álbum se sitúa lejos del carácter disperso y a medio hacer que se podría apreciar en Playback Singers. Todo lo contrario: aquí todas las piezas encajan con precisión. Destaca de manera especial el apartado vocal, en el que Damon & Naomi dan muestras de haber encontrado un registro cómodo en el que navegan como pez en el agua. Aparte de sus preciosas composiciones,todas ellas a gran nivel, es un verdadero placer toparse por el trayecto con lecturas como el Blue Moon de Big Star o Eulogy to Lenny Bruce de Nico.

La simbiosis con Ghost no se quedará solo en Damon & Naomi with Ghost, sino que la sociedad la trasladarán también a los escenarios. Como testimonio quedará Song To The Siren (2002), un álbum que recoge una actuación del dúo junto al guitarrista de Ghost, Michio Kurihara. El título lo toma prestado de una canción de Tim Buckley que incluyen en el disco. Con toda probabilidad, se trata de su tema más conocido.


Damon & Naomi con Michio Kurihara interpretando “Song of a Siren” de Tim Buckley

Continuando con su ritmo pausado y doméstico, en el 2005 Kurihara vuelve a cruzar el Pacífico para acompañarles en su nueva entrega The Earth Is Blue, el disco en el que se encuentran los registros más pop y luminosos de toda su trayectoria. Autoeditado en su sello 20/20/20, contiene versos como «Hagamos el mismo error una vez más / nosotros somos lo que somos hasta el final» que parecen decirlo todo sobre su postura de anónimos ingenieros de la tristeza. Nueva ración de folk con tendencia a la psicodélica marca de la casa pero – ojo – con novedades. Aparte de esa luz que lo impregna (prueben, si tienen la oportunidad, a escucharlo en un avión sobre las nubes), el jazz ejerce una notoria influencia. Y también la música brasileña, ahí está Araça Azul de Caetano Veloso revisado. A mayores, la edición española, que corrió a cargo de Acuarela, trajo caramelo extra: un segundo cedé con la lectura del A Song For You de Gram Parsons.

Y llegamos a la última parada, con Within These Walls (2007), un trabajo que pasó casi inédito y en el que semejan hacer un stop en los logros alcanzados y, desde ahí, mirar a la luna sin apenas levantar la voz. Ellos lo definen como un disco de baladas solitarias y, efectivamente, así es. Nocturno y encogido, destaca el trabajo de cuerdas de Bhob Rainey, un ropaje perfecto para la voz de Naomi en maravillas como A Silver Thread o la inicial Lillac Land, que empieza el disco exactamente donde cerró The Earth Is Blue. En Cruel Queen, una pieza tradicional de folk, la cosa se aproxima a los primeros trabajos de Marianne Faithfull.


Videoclip de “Within These Walls”

Pese a que la calidad fluye a borbotones en Within These Walls, algunos fans se han sentido defraudados, tachándolo de plano y rutinario. Si a ello le sumamos que el oyente ocasional ni siquiera se ha enterado de su existencia, quizá entre una cosa y la otra, el rescate de More Sad Hits con gira incluida se presente de lo más oportuno. Desde la promotora avisan que el dúo (que viene solo, sin Kurihana) se centrará en ese trabajo seminal, pero que también tocará canciones de sus otros discos. Si la magia acude a la sala Vademecwm, todo tiene pinta de que va a ser una de esas noches para el recuerdo. Al menos en el de esos 50 fans para los que Damon & Naomi son parte de su santuario pop. Por su presente, por su pasado y es de esperar que también por su futuro.

Que la melancólica rutina de sus discos se repita como siempre, cada dos o tres años.