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La gloria que se deshizo entre los dedos

Lunes, abril 25th, 2011

(seguimos en la era brit-pop)

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En cierto modo Menswear son el ejemplo perfecto de las grandezas y miserias del brit-pop. Tenían un hit incontestable, imagen lo suficientemente atrayente como para fijarse en ellos, una convención de feromonas a su alrededor y una arrogancia capaz de parar a un tren. En 1995 Daydreamer invitaba a adorarlos, a tener 18 años y hacerse fan de ellos a muerte. No eran más que otro eficaz producto de esa fábrica de sensaciones llamada Londres que persigue gritos, calor, histeria, humedad, fanatismo…. y, a veces, la trascendencia que a Menswear les esquivó completamente.

Ellos asomaron la cabeza así, imponentes, con Daydreamer un single tan tenso, sexy y demoledor como los de lucían entonces Elástica, Sleeper o Pulp. Se lo iban a comer todo. La canción adecuada, en el momento adecuado, con la imagen adecuada… pero tras ellos había únicamente vacío, vacío y más vacío. Fueron el efímero sueño pop, un cohete que voló alto y, cuando tenía a todos mirándolo, se desintegró en un racimo multicolor. Jamás volvería a iluminar.

Debe ser frustrante mirarse al espejo con 40 años y ver al joven de 20 años que ansiaba ser estrella difuminado en un recuerdo de un pasado que prometía un futuro muy diferente. Viene a ser un poco la vida de la mayoría de los fans de la música, pero convertida en una hipérbole aparentemente insoportable. Aquí no es solo una cuestión de entradas que auguran una generosa calva, michelines que impiden ponerse pantalones pitillo y el reflejo en el espejo el puretilla que jamás se iba a ser. Hay algo más. El haber acariciado la gloria y saber que esta se deshizo entre las manos como un pedazo de hielo. Un recuerdo doloroso, que vuelve y vuelve, hasta odiarlo completamente.

¿Qué será hoy en día de Johnny Dean? Sí, aquel maniquí fanfarrón que la montó en el Fib de 1996, exhibiendo lo peor del carácter inglés y demostró que tras sus poses, sus peinados cuidadosamente estudiados y su glamour de cartón piedra no existía absolutamente nada. ¿Qué pensará cuando se mira al espejo y piensa en lo que fue, lo que es y lo que pudo ser? Quizá en uno de esos flashbacks de aquellos maravillosos años alguien pensé que todo se podía resucitar, que alguien le interesaría Menswear en el siglo XXI. En el 2008 se difundió la noticia de una posible reunión, que nunca se llegó a producir.

Eso sí, qué buena era Daydreamer. Tanto, que incluso habrá quien diga, ¿qué grupo británico actual puede presentar un hit así?

The Verve “Forth” (Red, 2008)

Lunes, septiembre 29th, 2008

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¿Será que ha vuelto el brit pop cuando (casi) nadie lo reclamaba? Pues, semeja que así sea. De igual modo que ocurrió hace poco con la vuelta de Kula Shaker, un retorno como el de The Verve parece de todo menos necesario. Cierto es que su carrera posee momentos apreciables y que tuvieron su pico de gloria con Urban Hymns en 1997, en especial con el single Bitter Sweet Symphony, pero también lo es el hecho de que estamos más ante un grupo más interesante en potencia (siempre con esa sensación de “ummm…pueden ser grandes”), que interesante en su obra (ningún álbum llegó a esa grandeza), y del que pocas lágrimas se derramaron tras su disolución. También cabría apuntar que su herencia y los apenas diez años transcurridos no semejan suficientes como para activar ninguna clase de nostalgia.

Por todo ello llega este Forth con un interrogante tatuado en su piel: ¿era realmente necesario? Todo ello no importaría lo más mínimo si nos encontrásemos ante ese gran álbum de épica rock con desgarro, claroscuros y atmósfera opresiva al que aspiraron siempre y que nunca llegaron a alcanzar. Pero no, Forth apenas alcanza la corrección y, de aquí a unos meses, es bastante probable que se desvanezca en el mismo olvido por el que se perdieron los prescindibles discos en solitario de su líder, Richard Ashcroft.

Tanto dan entonces las buenas intenciones de esa extensa apertura de rock efectista aliñado de psicodelia de Sit and Wonders o la oscuridad de Noise Epic, con un pie en el rock neoyorquino de bandas como Luna y otro en el kraut-rock. Poca trascendencia tienen los efectos envolventes del baladón Valium Skies o el correcto single con pretensiones tarareables de Love Is Noise. La perezosa sensación global es la de estar ante un disco que no aporta nada a la carrera de un grupo que difícilmente podrá alcanzar algún tipo de notoriedad así, en una segunda vuelta descaifeinada. Y sí, todo ello por muy mal que esté la competencia en la primera línea del mercado del pop británico con los Bloc Partys y demás paladines del revival pospunk… La verdad es que da miedo pensar cómo serán los revivales de todos estos allá por el 2015.

ojd