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No es solo poesía (pero me gusta)

Viernes, Octubre 14th, 2016

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Ya está. La alta cultura ha acogido en su regazo a ese primo lejano llamado rock, otorgándole el Nobel a Bob Dylan. Carente de la historia de otras artes, la música endemoniada que sacudió a Occidente en los cincuenta lleva luchando porque se la acepte como cultura oficial desde hace décadas. Las mismas con las que se ha ido despojando de su punto transgresor original. Ahora, que los bancos se anuncian con guitarras eléctricas, va y la Academia Sueca abre la puerta al que fue el sonido del mundo moderno. Lo hace de un modo extraño: poniendo sobre la mesa sus valores literarios. Es decir, aceptándolo por una parte, no por el todo.

Dylan es mucho más que poesía. En su caso, lo principal no se encuentra tanto en el qué como en el cómo. Lo vi por primera vez en directo, con 17 años y mi inglés precario. No sabía lo que decían sus letras. Pero estas, vivas y fuera del papel, me golpearon con una violencia inusitada. No se trataba de la fortaleza de Iron Maiden o los puñetazos verbales de Public Enemy, sino de una agresividad desconocida para mí. Retorcía palabras. Estiraba vocales. Escupía consonantes. Todo mientras trazaba lineas atropelladas. Ese modo de interpretar me enamoró y siempre ha sido un placer encontrarme con su reflejo, sea en PJ Harvey, sea en War On Drugs, sea en nuestro Xoel López.

Pero, aparte del fraseo, se debe acudir a lo obvio: la música. Desde los esqueletos folkies de la época protesta a la revisión del blues de sus últimos tiempos. Uno, siguiendo a la mayoría, profesa una especial predilección por el período electroacústico de mediados de los sesenta. Esa música, entre el poder y la delicadeza, con melodías que se reinventaban a cada estrofa, representa una de las cimas creativas del siglo XX. Y su influencia resulta apabullante. A veces, no reconocida. ¿Alguien recuerda a Belle & Sebastian? Pues démosle una escucha al Bringing It All Back Home (1965) antes de rescatar el If you’re Feeling Sinister (1996) de los escoceses. Será muy revelador.

Cabe la posibilidad de llevarlo a un cuadrado, subrayando al Dylan personaje y los quiebros imprevisibles que ha dado en su vida. Pero lo dejaremos en un triángulo que, ahora sí, encuentra un vértice final: unas letras mayúsculas escritas en el minúsculo soporte de la canción popular. Desde ahí han entrado en el terreno del himno generacional (The Times They Are A-Changin), la explosión surrealista llena de imágenes mágicas (Visions Of Johanna) o la lírica a corazón abierto (todo el disco Blood On The Tracks de inicio a fin) mereciendo, sí, todo tipo de aplausos. Aunque siempre como parte de un todo más complejo. Porque Dylan no es solo poesía (pero me gusta).

El Concierto de los Mil Años, veinte años del gran festival

Lunes, Julio 8th, 2013

Sí, ocurrió. En A Coruña tocaron una vez Bob Dylan, Robert Plant, Neil Young, The Kinks, Chuck Berry, Wilson Pickett, Jerry Lee Lewis y Sting, entre otros, dentro de un mismo festival. Todos se dieron cita en el estadio de Riazor bajo el nombre de Concierto de los Mil Años. Tuvo lugar los días 8, 9 y 10 de julio de 1993. Y dejaron un mito para la historia que hoy cumple 20 años. Podría haber sido incluso mayor. En los meses previos, cuando iba cayendo el goteo de nombres, se llegó a hablar de Dire Straits, Johnny Winter, Black Crowes, Van Morrison y, ¡ays!, de The Velvet Underground. Aquel año los autores de White Light / White Heat estaban en plena gira de reunión. Verlos entonces, cuando la maquinaria festivalera en España apenas existía, hubiera roto todos los moldes. Sin embargo el plantel, espectacular, supuso todo un banquete para un público que jamás volvió a disfrutar de algo así en la ciudad. Tampoco fuera de ella.

Las crónicas hablan de 80.000 personas. Y la memoria ciudadana del No hay habitaciones colgado en todos los locales de hospedaje de la ciudad, hasta el punto de permitirse acampar en zonas como la plaza de Portugal y la playa de Riazor. Lo cierto es que la fotografía de aquellos días de A Coruña resultó impresionante. La Xunta, que celebraba el primer gran Año Xacobeo, había contratado a grandes estrellas como Prince o Bruce Springsteen para Santiago. Pero el plato fuerte quiso que se celebrase en Riazor. Por supuesto, la cosa trascendía a Galicia. Entonces eventos como Benicasim no existían ni en la imaginación. Habría que esperar dos años más para que, en 1995, surgieran el Festimad y Fib. Y luego, en 1996, el Doctor Music. Los grandes momentos no iban más allá de la gira de U2, Rolling Stones, Bruce Springsteen, Depeche Mode o el grupo grande de rigor. El indie aún estaba confinado en el gueto de las salas y algo como el Concierto de los Mil Años se erigía en la gran cita nacional del año.

Los que acudieron pudieron disfrutar de algunas actuaciones históricas, otras aceptables, varias decepciones y también un escándalo final. Tomando como referencia el artículo publicado sobre el evento en el número 0 del Feedback-zine (el primer fanzine editado por un servidor con 17 años) y tirando de lo que quedó almacenado en la memoria, vamos a intentar reconstruir el relato de lo que allí sucedió en esos días inolvidables. Teniendo en cuenta las circunstancias, serán líneas necesariamente subjetivas, seguramente prostituidas por la emoción de haber sido mi primer gran festival musical y con cierta nostalgia de un tiempo perdido, en el que A Coruña atraía a grandes nombres del panorama internacional con cierta frecuencia.

JUEVES 8 DE JULIO: Chris Isaak, George Benson, Neil Young y Sting

El público se enteró el mismo día que Gary Moore se había descolgado del cartel por una infección. En su lugar, actuaría George Benson que, en general, aburrió con baladitas funkys hasta convertirse en lo peor del festival. Antes, abría fuego Chris Isaak. Lamentablemente le había tocado ir de telonero. Llegaba tras tener cierto éxito con Wicked Game, y logró meterse al público en el bolsillo con su romanticismo roquero, sus baladones melodramáticos y su enorme simpatía. En un momento dado, sacó a una chica del público al escenario. Y luego a otra. Y a otra. Y a otra… Y alguna ya no bajó. En la ruda de prensa había conquistado a los periodistas tocando unos temas en directo.

Pero lo importante de verdad estaba al caer. El pase de Neil Young respaldado por Booker T & MG’S constituía una gira única en la que se fusionaban dos conceptos muy diferentes de concebir el rock. Para muchos de nosotros supuso el primer bis a bis con el canadiense. Y todo un shock. Como siempre, deambulando entre lo lírico y lo musculoso. Pero como nunca, acompañado por una base rítmica densa y elástica. Por allí pasaron Helpless, Like a Hurricane y un apoteósico Keep On Rockin’ In The Free World que aún pervive en la memora colectiva de mi generación como un trallazo de rock iniciático. En el bis le hizo un guiño a su compañero de cartel, Bob Dylan con un tremendo All Along The Watchtower que nos guiaría a la busca y rastreo del resto de su discografía. Sí, sí, ese día nos dimos cuenta de que ese señor del que las revistas decían tantas maravillas realmente era uno de los grandes. Pero de los de verdad.

El cierre de la primera jornada lo puso Sting, que en 1991 había ofrecido un concierto excepcional en el Coliseum de A Coruña dentro de la gira de The Soul Cages. El del Riazor se quedó lejos de aquello. Frío y sin lograr generar la pasión de la otra vez, se basó en un desigual repaso temas clásicos de The Police como Every Little Thing She Does Is Magic (este bien) o Roxanne (este aburriendo en un estiramiento totalmente artificial) y el disco que venía a presentar, el discreto Ten Summoner’s Tales. Aparte, su guitarrista, el sobresaliente Dominic Miller no hizo gala de su clase habitual y, al final, el concierto se cerró de un modo un tanto absurdo con Bring On The Night. ¿Resultado? Un concierto decepcionante cerrando el primer capitulo del evento con cierta frialdad.

VIERNES 9 DE JULIO: The Kinks, Bob Dylan, Robert Plant y John Mayall

Los nombres de la segunda jornada gozaban de mayor tirón entre el público y ello se tradujo en una mejor entrada. Roland, un músico de blues que apareció el primer día a modo de telonero improvisado, volvió a la carga con un pequeño concierto. El tipo le había caído en gracia a la gente y fue despedido a gritos de “¡Roland, Roland, Roland!” poco antes de dar paso a The Kinks. Con el paso del tiempo uno no sabe si fue peor ir a verlos con la idea de los Kinks de los sesenta (la que yo podría tener entonces) o que la banda se plantase endurecida y con cierno toque hard-rockero. Sea como sea, el recuerdo es de un recital horrible otorgándole un toque MTV de la época a su repertorio clásico (Till The End Of The Day, Where Have All The Good Times, Lola, You Really Got Me…) y temas de lo que era su presente (un Phobia que parecía rescatado de un greatest hits de Bon Jovi). Al final de todo, se dispararon unos ritmos programados y unas bailarinas salieron a bailar. Uno en su día escribió “Patético”. Veinte años después no encuentro argumentos suficientes como para decir otra cosa.

Bob Dylan también decepcionó a muchos.No a mí, que por entonces estaba descubriéndolo. Una colección de grandes discos del rock muy popular en los primeros noventa que arrancó con Love You Live de los Rolling Stones, incluyó Blood On The Tracks de Dylan en su segundo fascículo. Y me totalmente quedé prendado. Allí, con guitarra acústica, contrabajo, acordeón y un batería excepcional rescató Tangled Up In Blue de ese disco y sentí la violenta fuerza de su fraseo en directo. También recuerdo que ese día escuché por primera vez Just Like a Woman y me quedé enamorado de ellas para siempre. E identifiqué, piezas como Maggie’s Farm, Mr. Tambourine Man o el celebérrimo All Along The Watchtower. Una buena parte del público se quejó y, al parecer, existe una impresión general de un concierto flojo y falto de hits (se les pedía la entonces muy en boga Knocking on Heavens Door por su versión de los Guns n’ Roses y, por supuesto, Like a Rolling Stone), pero personalmente lo tengo en mente como una gran actuación que disfruté de inicio a fin con una sonrisa en los labios.

Pero la sorpresa vendría luego con Robert Plant. El ex-cantante de Led Zeppelin evaporó al instante el escepticismo que pudiera haber, que lo habíl, sobre su potencia en solitario en un plumazo. Fintó entre pasado y presente, pero obviamente fue con lo primero con lo que realmente arrasó. Con una voz en excepcional estado de forma, primero pinchó con una mágica Going To California. Después levantó a todo el estadio con Ramble On. Y, ya al final, hizo un Whole Lotta Love extenso y orgiástico que puso a 30.000 personas en éxtasis total. Aquello fue una de las mayores exhibiciones de que rock que jamás se han visto por aquí y algo así como un toque de atención del artista. “Hey, soy Robert Plant”, Sí lo fue. Tras ello, lo de John Mayall & The Bluesbreakers quedó un poco desinflado. Y si, además, va y se pone a llover peor. Pero el ambiente de fiesta que existía hizo que muchos tirasen hasta el final, aplaudiendo al guitarrista Coco Montoya

SÁBADO 10 DE JULIO: Eric Burdon, Bo Diddley, Wilson Pickett, Jerry Lee Lewis y Chuck Berry

El último día del Concierto de los Mil Años se dirigió a los pioneros con una baja sensible: James Brown. Fue reemplazado por Wilson Picket y resultó un tremendo acierto. Ofreció uno de los mejores conciertos de las tres noches. Con el ambiente perfectamente caldeado por Bob Didley previamente, subió a escena. Y, sí, todo fluyó como la seda. Respaldado por una banda excepcional e irradiando carisma, revisó clásicos como My Girl, In The Midnight Hour o Ninety Nine and Half y tuvo al público comiendo de su mano. Al final la emoción se había contagiado en Riazor. En las gradas la gente hacía la ola, se canta el “oe, oe, oe” y todo estaba preparado para enfilar la recta final.

Antes, lo dicho, Bob Diddley coreado como “Torero, torero” y dándole al I’m A Man, Hey Bo Diddley e incluso un amago de flamenco. Y también Eric Burdon, el ex cantante de The Animals que parecía Ozzy Osbourne por sus pintas, un tanto desfasado pretendiendo revisar el The House Of The Rising Sun, pero cumplidor con Don’t Let Me Be Misunderstood o Bring It On Home To Me.

El tramo final del festival lo protagonizaban dos nombres requetemíticos, Jerry Lee Lewis y Chuck Berry. Pero el primero aguó la fiesta con una niñatada caprichosa. Tal y como se explicó en su día, hubo artistas que no querían que su imagen se viera por las pantallas de video. Por ese motivo, Bob Dylan o Bo Didley tuvieron que adelantar su actuación para hacerla con luz de día. Sin embargo Jerry Lee Lewis, que empezó de noche, optó por el escándalo. En medio del concierto le arreó una patada al cámara que lo grababa en el escenario para el concierto también pudiera seguirse por quienes estaban en las últimas filas. A partir de entonces, solo se podían emitir imágenes solo de planos lejanos. El público, que había pagado 2.500 pesetas de la época, lo obsequió con una generosa pitada. Lewis contestó abandonando el escenario. Y rompiendo totalmente y para siempre el buen ambiente que se había creado.

Una parte del público se fue de Riazor e incluso se produjo algún amago de pelea. Chuck Berry, lejos de apaciguar los ánimos, se solidarizó con su compañero impidiendo también ser grabado de cerca. El cámara tuvo que bajar al foso de seguridad, pero Berry llevó todo más allá. Empezó al concierto mirando constantemente a las pantallas hasta que, en un momento dado, terminaron en el escenario su mánager, Bob Diddley y algún otro músico enfrentándose al cámara. Por un instante, todo parecía que se iba al garete. Al final, el cámara dejó de filmar y Berry siguió el concierto. Pero entonces ya tenía al personal lo suficientemente cabreado como para que su concierto pasase sin pena ni gloria. Cayeron por allí School Days, Roll Over Bethoven, Sweet Little Sixteen y Johnny B. Good pero el enfado sobrevolaba un estadio que desde entonces no volvió a acoger ningún concierto. Tampoco la ciudad algo tan grande como este festival.

Por cierto, nunca más se repitió algo así. Ese año también conocimos cuál iba a ser la dinámica del Xacobeo: festines en año santo y hambre hasta el siguiente. Nada de aprovechar la coyuntura, sentar los cimientos de algo sostenible y extenderlo en el tiempo. Solo en el 2010 se intentó que la cosa fuese más allá con el Sónar-Galicia y el Vigo Transforma. Dos años después ya no quedaba ni rastro.

Los discos más esperados del otoño

Sábado, Octubre 27th, 2012

La llegada del nuevo curso suele ser uno de los momentos con mayor número de lanzamientos discográficos del año. Con un ojo puesto ya en el mercado navideño, los sellos reservan para septiembre y octubre algunos de sus lanzamientos estrella. En el suplemento Fugas hemos hecho una selección de algunos de los más esperados. He aquí la relación (ampliada con un par de trabajos a mayores). Inevitablemente existen decepciones, sorpresas y alegrías.

CAT POWER “SUN” (Matador)
Tras dos obras maestras como You Are Free (2003) o The Greatest (2006), se aguardaba con impaciencia la vuelta de Cat Power al estudio con material propio. Y este ha dejado un cierto sabor agridulce. No porque Sun se trate de un mal disco, sino porque a Chan Marshall se le exige más. Con un toque electrónico que aventura un paso hacia adelante sorprende a mitad de Cherokee, su primer tema. Bases de hip-hop, scratches, voces filtradas… Vamos, una nueva caja de herramientas al servicio de un talento que surge en piezas delicadas como Manhattan, desesperadas como Allways On My Own o bailables con Ruin. Pero en la extensísima Nothing But Time se encuentra la clave del álbum: el intento de llegar a algo sublime y quedarse en un simple «está bien». Puntuación: 6,5 / 10

ALEJANDRO SANZ “La música no se toca” (Universal)
Aunque a mediados de la década pasada Sanz dio señales de chispa con aquel meritorio No es lo mismo, todo confirma que los cuarenta lo han asentado en la previsibilidad. La música no se toca hace honor al título, reúne todo su manual de estilo y pulsa pocas teclas de cambio. Ahí está la balada acústica con aires latinos, el pop-rock ligeramente escorado hacia la música negra, los clímax pretendidos a golpe de coros y arreglos orquestales (incluso a lo Beatles en Como decir sin andar diciendo) y algún toquecillo electrónico. Los seguidores encontrarán en todo ello y en versos como «no me da miedo el amor, no me da miedo el rubor / es una gota en el mar, en un diluvio es un charco» material para seguir confiando en él. Quien no se haya enganchado en el pasado, que desista: aquí hay más de lo mismo (y en todo momento da la sensación de estar menos inspirado). (4 /10)

BOB DYLAN “Tempest” (Sony)
El crepúsculo de Bob Dylan sigue alumbrando grandes discos. Tempest no llega quizá al punto de excelencia del sublime Modern Times (2006), pero no dejará insatisfecho a ninguno de esos seguidores que ven que seguirlo en el siglo XXI supone una de las mejores opciones que oferta el mercado rock. Con un pie en el folk y otro en el blues, narra amores imposibles, desastres sentimentales e, incluso, la tragedia misma del Titanic en 14 colosales minutos. Al frente, su garganta rijosa entonando con voz quebrada canciones que se rebozan en los géneros clásicos y que parecen no querer llamar la atención de nadie más que aquellos que se acercan con ganas al disco. Desde esa suerte de swing a la country de Duquesne Whistle a Roll On Jon dedicada a Lennon, el gozo auricular está garantizado. (9/10)

THE XX “Coexist” (XL)
Son el grupo indie del momento. Y quizá, junto a Beach House, los autores del disco más laureado por esos territorios en lo que va de año. Británicos, confirman en su segundo paso todo aquello que hizo arquear las cejas en su alabado debut homónimo. Ahí permanecen el minimalismo, la oscuridad y la atmósfera de inquietante quietud. También las zozobras sentimentales, fluyendo entre microritmos y flexibles líneas de bajo. Y, cómo no, esa manera de contener el feeling en la música. Cuando todo parece que vaya a estallar, se detiene para volver a empezar. Si al conjunto se le añade esa misteriosa y atractiva estética de jóvenes hipersensibles e inadaptados tras la icónica X, surge lo más parecido al grupo de culto generacional de esta década. Imprescindibles. (9,5 / 10)

TOY “TOY” (Heavenly Records)
El hype del momento en Inglaterra demuestra una vez más que picotear en influencias selectas no garantiza un buen disco. Y esa inercia de parte del público y la crítica consistente en bajar el listón cuando la cosa huele a kraut rock tampoco consigue derribar las evidencias. El debut de Toy apunta hacia algo grande, pero se queda en una obra más bien pequeña y prescindible. Como los Horrors del segundo y tercer álbum, la banda propone un conglomerado de psicodelia, kraut-rock y humo shoegazer con claras intenciones narcóticas. Pero a diferencia de aquellos, que recolectaban diana tras diana, estos chicos no alcanzan en ningún momento nada que vaya más allá de eso, un puñado de buenas intenciones que no encuentran buen puerto y terminan por generar el bostezo. A su final quizá sea un buen momento para rescatar los discos de The Telescopes. (4/10)

MUSE “The 2nd Law” (Island)
La que para muchos es la mejor banda de rock actual del planeta, ha revuelto el gallinero. Primero, lanzando un single, Madness, que coquetea con la electrónica minimalista. Luego, surgiendo como una especie de INXS en la ochentera Panic Station. Y más tarde con un Survival que redefine la palabra exceso aplicada al rock. Son unas pinceladas que vienen a decir que The 2nd Law tira hacia lo ecléctico en el intento de Muse por abrir nuevos caminos asegurando su personalidad. El zigzag ha abierto una brecha. Una parte de fans no aprueban el movimiento. Otros lo refrendan con su aplauso. De todos modos, se debe tener en cuenta que tampoco se trata de un salto tampoco es mortal: aún queda el sonido Muse de toda la vida. He ahí la inaugural Supremacy. (5/10)

THE KILLERS “Battle Born” (Universal)
El cuartero de Las Vegas que maravilló a medio mundo con himnos como Somebody Told Me, Read My Mind o Human entrega el más flojo de sus álbumes. No hay duda. Como si se tratase de una regresión al AOR ochentero, Battle Born está repleto de insustanciales baladas-de-mecherito, cortes roqueros que podría haber firmado el Bon Jovi de Runaway y mucha épica con aroma a romántica película americana de la era VHS. Que conste que el problema no radica tanto el estilo (también se despreciaba el soft-rock de los setenta y miren ahora como beben de él grupos como Wilco), como la falta de enjundia en los temas. Ramplón en todos los sentidos, demuestra que The Killers han perdido completo de aquello que otrora elevaban al éxtasis a sus fans. Una lástima. (2 /10)

MIKA “The Origin Of Love” (Universal)
Difícil lo tiene Mika para volver a los días de gloria Grace Kelly. Su tercer álbum mantiene el tono de pop amable al que nos tenía acostumbrados, pero presenta una grave carencia: la falta de singles adhesivos. Estos brillan por su ausencia. Lo más parecido se
encuentra en Celebrate, la supuesta bandera del disco interpretada con Pharrel Williams. Sin ser un mal tema se sitúa muy lejos del impacto arrebatador de la mentada Grace Kelly, o de Take It Easy o We are Golden. De sus compañeras de reparto tampoco se pueden decir mejores cosas. Entre el pop electrónico, las piezas a piano y el aroma a musical, el álbum discurre sin grandes alegrías. Falta pegada, sobra abulia y, aunque algún tema suelto se muestre simpático (Love You When I’m Drunk), el disco llega a su final sin llegar a molestar. Sí pero, desde luego, tampoco sin lograr enamorar. (5/10)

ANIMAL COLLECTIVE “Centipede Hz” (Domino)
El principal problema de Centipede Hz se encuentra en su predecesor: Merriweather Post Pavillion (2009). Considerado por parte de la crítica como la bandera del pop del siglo XXI, ofreció una dimensión relativamente accesible al grupo de Baltimore. Lo abrió a un espectro de público mucho más allá de lo alternativo. Y en ese sentido, su nuevo álbum tiene el duro hándicap de sonar mucho más enrevesado, psicótico y raramente alucinando que aquel. De hecho, en más de un caso se ha interpretado como una vuelta a sus orígenes. Lejos del clima ambiental y amable, su psicodelia circular se muestra más agresiva y difícil. Apenas Today’s Supernatural serviría como single. El resto pide escuchar e inmersión. El placer llega, pero cuesta. (7/ 10)

THE VACCINES “Come Of Age” (Sony)
Este disco recuerda al que, en su día, grabaron Arctic Monkeys para confirmar el debut Whatever People Say I Am, That´s What I´m Not. Arranca contundente, exhibe orgulloso el sonido y muestra la innegable calidad en las soluciones melódicas. El oyente lo recibe entusiasmado. Pero, a mitad del disco, llega la pega: ¿qué ha pasado con los himnos instantáneos que rompieron tantos corazones en What Did You Expect From The Vaccines? Pues no los hay.Eso puede echar atrás a quien se enganchó a esa luminosa facilidad de aunar estribillos y electricidad en un lugar intermedio entre las Supremes, Ramones y Jesus and Mary Chain. Se perderá un trabajo que requiere más escuchas para ser disfrutado. Solo así se podrá disfrutar de ese All In Vain, que mira al pop mayúsculo sin importarle que lo sigan, o Ghost Town, que tira hacia un territorio de rock a lo Libertines sin importante si eso se lleva o no. (7/10)

Bob Dylan por encargo desde A Coruña para el mundo

Martes, Julio 5th, 2011

(Hace un par de semanas dimos en La Voz una curiosísima noticia: la de que un empresario americano había contratado a The Highlights para reinterpretar un tema de Bob Dylan. Aprovechando la que la canción ya está lista, revisamos el reportaje en una versión ampliada)

«Es la cosa más rara que nos ha ocurrido en nuestra vida», confiesa Eduardo Herrero, cantante y guitarrista de los coruñeses The Highlights. Se refiere a la propuesta de Jimmy Walter, un empresario americano. Se puso en contacto con ellos hace unos meses. Buscaba un grupo que reinterpretase una canción de Bob Dylan, Everything Is Broken, con una nueva letra. Él asumiría los gastos. Buscando en Internet dio con la formación de Herrero, la que desde hace años se dedica a tocar el repertorio del autor de Like a Rolling Stone. Se intercambiaron varios e-mails y todo terminó en un encuentro en A Coruña.

«Al principio pensé que la cosa era una broma», admite Herrero, mientras Walter sonríe. El americano, conocido en EE.UU. por su intento de reabrir la investigación sobre el 11-S, viajó desde Viena, su actual residencia, para presenciar los pormenores de la grabación del tema en los estudios Bonham de Riazor. «Desde hace un año buscaba el grupo perfecto para interpretar esa canción. Busqué en Youtube un montón de grupos tributo que no me interesaba para nada. Escuché a The Highlights y en particular Things Have Change y !me gustó incluso más que la de Dylan! Se la puse junto a la original a mi novia, que no es nada fan de Dylan, y le dije cuál prefería. Eligió la de The Highlights. Me pareció la banda perfecta para lo que yo buscaba. Les propuse y aceptaron. Son unos tipos encantadores», dice.

¿Pero qué buscaba exactamente? «He estado estudiando mucho tiempo la economía mundial y veo que los bancos le están diciendo a la gente que tienen que ahorrar -reflexiona el americano-. Eso significa que la gente tiene que trabajar menos, y yo pregunto: ¿por qué vamos a trabajar menos si necesitamos más?». En base a eso, Walter recuperó ese tema que editó Bob Dylan en 1989 de corte apocalíptico. E introdujo unos cambios: «La canción decía que todo estaba roto, pero yo pienso que no, porque la gente quiere trabajar, las máquinas todavía funcionan y la gente quiere comer. Lo único que repele a la gente de ello son los bancos. Mi cabeza funciona mirando cómo pueden encajar las cosas y, como soy un gran fan de Bob Dylan, pensé en cómo expresar mis pensamientos en una de sus canciones. La escuché y le di la vuelta y dije “Todo funciona, por qué nosotros no?».

Imagen de previsualización de YouTubeEverything Is Workin’ con subtítulos en inglés

Esa reflexión la ha plasmado en el tema, que apenas conserva dos versos originales. Ni siquiera el título es el mismo. Ahora se titula Everything Is Working y la interpretan unos The Highlights que advierten que nada tienen que ver con el mensaje: «Nos lo propusieron y nos pareció divertido, pero nosotros estamos al margen de la filosofía del tema, simplemente somos la expresión de su pensamiento», señala Herrero. Respecto a los posibles problemas legales que pudiera traer esta operación, Walter los descarta. «Si fuera un gran hit e hiciésemos grandes cantidades de dinero, los abogados quizá nos pedirían que les pagásemos algo -dice entre risas-. Pero incluso, si eso fuese así, haría que la gente quisiera descubrir el original, lo que incluso podría ser beneficioso para Dylan».

Walter, además de estas ocurrencias tiene negocios de informática, energía solar y se dedica a labores benéficas: «He ayudado a personas que estaban en prisión y tengo una corriente de pensamiento que se llama pensamiento racional con otro doctor que ha escrito 70 libros». ¿Es de los que piensa quizá que se pueden cambiar las cosas con una canción? «No, no puedo hacerlos cambiar, pero puedo hablar con ellos. Esta es mi manera de hablar con la gente joven. El mensaje es muy fuerte pero, por supuesto, ni los bancos ni el poder lo escucharán. Dirán que es otra de mis conspiraciones. Pero si no hablo, seguro que nada va a cambiar. Mi padre tenía un dicho: “Sé que el juego está podrido, pero es el único que hay en toda la ciudad”.

Ya con el tema finalizado, Jimmy Walter lo convertirá en una pieza de YouTube. «Voy a comprar anuncios en Yahoo para promocionarla, para que cuando alguien busque algo de Dylan le salga el anuncio», adelanta. ¿Y llevar al grupo a expandirla por el mundo? «Ya veremos cómo funciona, pero creo que los voy a llevar a Viena». De producirse ese recital, lógicamente el tema formará parte del set-list. «La hemos tocado una vez en directo, pero a partir de ahora seguro que va a ser fija en nuestros directos», adelanta Herrero.

La foto de Jimmy Walter con The Highlights es de Kopa

La ciudad en la que tocaron Prince, Sinatra, Dylan y Neil Young

Lunes, Julio 27th, 2009

Una mirada el pasado y presente del nivel de conciertos de A Coruña

Piezas del puzzle del año 2008

Miércoles, Diciembre 31st, 2008

(Como no sabía cómo abordar el tema de las listas de lo mejor y lo peor del año, recurrí a una lista hecha por el periodista David Saavedra en 2003 en el Feedback-zine, que me pareció muy simpática. Eso sí, dándole un pequeño toque galaico)

Disco del año: el Með suð í eyrum við spilum endalaust de Sigur Ros a nivel internacional y el Cronolanea de Lori Meyers en el nacional. En ambos casos reafirmándose.

Un concierto: Bob Dylan en Vigo. Cuando tocaron esa version demoledora de It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding) fue como para morirse de placer allí mismo.

Un festival: por cartel el Primavera Sound como en los últimos años, aunque no haya podido ir. Y aquí, en Galicia, el Sinsal, Vangardas Sonoras, Voces Femeninas, Sonorama, Pecados y Mulleres Arte+Parte. Impagable la labor de todos ellos.

Un grupo revelación: dicen que Los Campesinos!, pero no me parecen para tanto, pese a gustarme. Prefiero a Bracken, una de las escisiones de los fundamentales Hood.

Un disco especial: Third de Portishead, uno de esos álbumes que te hace amar a la música.

Canción del año: Baila Mi Corazón de Belanova o Mercy de Duffy. El mainstream en formato single sigue dando buenos frutos un año más.

Un pinchadiscos gallego:Juanjo (14!, A coruña), precisamente por no flipar y saber qué es pinchar para la gente, no para el onanismo personal.

Un directo emotivo en Galicia: Lori Meyers y Facto Delafé en A Coruña. En ambos casos daba ganas de subir al escenario y darles un abrazo. Ah y todo el Lolapop bajo la tormenta (en el que también estaban Lori Meyers).

Canción que simbolizará el año: sin duda alguna Time To Pretend de MGTM. El verano de 2008 siempre la tendrá como sintonía.

Canción que más he escuchado este año: O Mercy (Duffy) o La distancia adecuada (Christina Rosenvinge). Ambas preciosoas.

Mi mejor entrevista: Kiko Veneno (más por mérito del entrevistado que del entrevistador).

Mi peor entrevista: Ismael Serrano (aquí repartimos las culpas).

Un bluff: la música pop en general en el 2008. Ni el más optimista puede decir que estemos en una buena época. Esto recuerda mucho a 1998. Esperemos que el cambio de década dé tan buenos frutos como dieron los años 2001, 2002 y 2003.

Peor concierto visto del año: Chenoa en la plaza de María Pita (A Coruña), toda una apoteosis de cutrez y chabacanería.

Tontería del año: Plataforma ZP.

Peor disco escuchado: El de Amaia Monterio (peor incluso que el de su ex banda La Oreja de Van Gogh, que ya era difícil)

Escalofrío del año: escuchar The BBC Sessions de Belle & Sebastian y volver a pensar que con Isobel todo era distinto. !Ays!

Verso del año: “Quiero ser una inmigrante en tu boca delirante” (Amaia Montero, superando el dificilmente superable “Tus discos de platino me importan un pepino” de Deluxe).

Concepto en crisis: La perspectiva histórica en la música pop. Mucho 2p2 y mucho Ipod y al final pensamos que Moby copiando a David Bowie es mejor que el propio David Bowie (al cual, lógicamente, ni se ha escuchado)

Sorpresa del año: Ignacio Juliá defendiendo en la revista Ruta 66 a Amaral llegando a decir que la de Eva es la mejor voz del pop español (!glups!). Este mes, en la misma revista se dice que el Rock and Rios de Miguel Rios fue un disco soberbio (!megaglups!).

Un fenómeno curioso: Los pantalones pitillo y las zapatillas tipo Victoria. Jamás pensé que se podía volver a llevar algo tan hortera. El lavado a la piedra está al caer

Peli del año: El Caballero Oscuro

Peor peli del año: El Che.

Mejor programa de televisión: apenas he podido ver la tele, así que….

Lo más odiado del año: la crisis.

Bluff español: Vetusta Morla.

Humorista del año: Pedro Solbes.

Brasa del año: Barack Obama.

Polémica del año en este blog: la crítica de Gato Negro Dragón Rojo de Amaral.

Pronóstico para el 2009: Volverán el grunge y Los Eskizos.

Pues nos vamos a Vigo (conclusión)

Domingo, Julio 13th, 2008

(Comentario cazado al vuelo en una conversación mientras tocaba el telonero de Dylan en su pasado concierto de Vigo)

“Esto es pequeño y la gente debería de empezar a ver a Galicia como un todo. Hoy te coges un coche y en una hora y pico te plantas en Vigo desde Coruña y al revés. Ciudades tan pequeñas no pueden aspirar a tener una programación como la de una ciudad de 2 millones de habitantes, por mucho que a la gente le de el calentón por una polémica como esta. No se le puede exigir a los políticos que subvencionen con dinero público espectáculos sin ton ni son, por encima de las posibilidades la ciudad y todo para competir unas con las otras, cuando hay tantas cosas a las que atender primero. La verdad es que la gente, a veces, frivoliza demasiado”.

Pues nos vamos a Vigo (2ª parte)

Miércoles, Julio 9th, 2008

El concierto de Dylan gustó. Eso es lo que se puede deducir cuando los viajeros retornan al autobús. (Voz masculina) ”Estuvo tremendo, la verdad es que estuvo muy inspirado”. (Voz femenina) “Bueno, a veces se pasa demasiado, debería hacer algunos temas un poco más cortos”. (Voz masculina) “No tocó ninguna de las que conoce Tello” [risas]. (Voz femenina) “Buff, no me arrepiento para nada de haber venido. Guárdame las fotos”. Estamos en el burbujeo post-concierto, ese estado en el que cada uno elige su momento, el instante en el que fue acariciado por un escalofrío, y decide compartirlo con los demás. Uno parece ganar por goleada. (Voz femenina) “Lo de Like a Rolling Stone fue impresionante, se me puso la piel de gallina, solo por eso mereció la pena haber venido”.

Tomi, el organizador de la ruta, también se muestra satisfecho. No solo porque no haya perdido dinero o le haya encantado el directo (“Cuando arrancó con Leopard-Skin Pill-Box Hat, ya me dije que todo iba a salir bien”). Confiesa que un grupo de chicas jóvenes del bus, que apenas pasan de los 18 años, no habrían podido venir si no fuera por el viaje y que eso le reconforta. Pero falta un viajero. Se trata de Andreas, el danés. Lo llaman al móvil y el hombre responde que se queda en Vigo de fiesta con buen rollito recargado tras el concierto. Así que entre camisetas de Dylan, opiniones de Dylan y sensaciones producidas por Dylan, se emprende la vuelta a casa.

Si a la ida la falta de material musical se suplía a golpe de politono, a la vuelta lo registrado en las cámaras de fotos y los móviles toman la voz cantante. Y es que Dylan no lo logró. La obsesión por evitar ser filmado o grabado (no permitió ni que los medios de prensa pudieran tomar imágenes) no es nueva en él. En el 93, en el Concierto de los Mil Años en A Coruña, también hubo problemas al respecto y en esta ocasión prohibió todo tipo de filmaciones. Durante el concierto, incluso, varios miembros de seguridad del Ifevi se dedicaron a requisar cámaras. De nada sirvió. En el bus, quien más quien menos, tenía un pedazo del evento guardado en una memoria digital… y sentimental

Resulta tremendamente novedoso para quien supera los 25 años eso de terminar un directo y, a la media hora, poder recrear desde un teléfono las imágenes y el sonido. En el autobús se veían y se dejaban ver, pero al pasar el peaje de la autopista sorpresa: ¡Un control de la Guardia Civil!. (Voz masculina) “!Guardad los móviles y las cámaras, que Dylan ha llamado a la Guardia Civil!”, se bromeaba. Al final, los agentes no paran el bus. (La misma voz masculina) Pues menos mal que no venimos de ver a Manu Chao que si no…”.

Pasada la euforia, el bus se va silenciando poco a poco. Ojos cerrados, cabezas ladeadas, parejas abrazadas. Algunos reponiendo fuerzas para el día siguiente. Eduardo Herrero, erudito en la materia y replicante suyo en la banda The Highlights, afirma que es la décima vez que lo veía en directo. “Está en forma, dio la talla”, sostiene este fan que considera la actuación en Santiago de 1999 como la mejor de las que pudo ver. Además, comenta que el concierto vigués tuvo algo muy especial que la mayoría desconocen: “Tocó un tema, Handy Dandy del disco Under The Red Sky que nunca tocó en directo, fue todo un regalo”. Lo afirmación se acredita en base a los 300 piratas que posee. De los diez conciertos presenciados, se sumará uno más. Al día siguiente él y su grupo de amigos parten a Ávila para tener otra estampa más en el álbum.

“A mí déjame al final de Simón Bolivar”. “Yo si puedo en la casa del Mar”. Llegada a la ciudad. Cada cual indica la dirección y, poco a poco, se deshace la atmósfera. Esa que convierte los días como este en algo especial, esa que deja su aroma ahí instalado y muchos se llevaron a la cama. Hasta que al día siguiente, el despertador, un teléfono o la aspiradora del vecino te devuelvan poco a poco a la realidad, desdibujando la sonrisa tonta.

Eso sí, todos sabemos quién sonó en los ipods de camino al trabajo.

Pues nos vamos a Vigo (1ª parte)

Lunes, Julio 7th, 2008

Viajar para ver música. Existe algo de especial en los conciertos para los que es necesario hacer kilómetros. El plus de esfuerzo parece revalorizar la condición de fan de quien lo hace, lo integra dentro de una suerte de grupo selecto. Podrá contar para la posteridad con esa línea biográfica que dice: “Vi a tal artista en tal ciudad y, buah, fue increíble”. Aunque ahora, en estos tiempos en los que festivales como el FIB se han convertido ya en un rito de paso juvenil (con sus más de 1.000 kilómetros a cuestas, si se hace desde Galicia), el trayecto A Coruña-Vigo no es que suponga una batallita digna de mención a diez días vista. Pero los antecedentes que rodearon a esta nueva visita de Dylan a Galicia, adornaron la fecha y el evento de esa aureola de ¿pero cómo me voy a perder yo ese concierto? Conscientes de ello, el Colectivo de Universitarios Activos fletó un bus, que por 12 euros hacía el trayecto de ida y vuelta.

“Nos lo habíamos planteado ya antes”, comenta Tomi Desastre, promotor de la iniciativa. “Sé lo cara que es la autopista y la gasolina y pensé que mucha gente le interesaría sumarse al viaje. Ya lo hicimos en su día para ver a REM”. El servicio les sale por un total de 450 euros. Se necesitan 38 y hay 44 apuntados. Es decir, se salvan las cuentas. Las ganancias irán para las arcas de la asociación.”Teníamos algo de duda porque coincide con el fin de curso. Lo íbamos a respaldar con hasta 60 euros de pérdida, pero al final todo salió bien”. Se pasa lista y todos aparecen. Camisetas de Dylan, alguna bandera, mucho bocata… y ganas de charlar sobre el mito.

-¿Estuviste en el 93?
-No, tío, yo ahí tenía 16 años
-Buff, pues estuvo genial. Y tocó un montón de clásicos.

Tomi, el guía, da unas indicaciones de cómo será el viaje y muestra un ejemplar del dvd del filme No Direction Home. “No creo que os importe que lo pongamos, ¿no?”, pregunta irónico. Pero, vaya, ¡El autobús no lleva dvd! Y en plena era mp3 nadie se trajo un cedé. Ni de Dylan, ni de algo audible. Así que toca radiofórmula con gesto resignado, hasta que el conductor del autobús avisa que tiene él algún cedé. Veamos. Se trata de un recopilatorio en el que se puede escuchar a Julio Iglesias o un grupo heavy haciendo una versión de Mi carro de Manolo Escobar, entre las bromas de la gente. La estampa es de risa: cuarenta y cuatro supuestos paladares exquisitos sometidos a un menú infumable. Al poco le comentan el conductor que, si no le importa, la gente casi prefiere que no suene nada. La opción de poner el móvil a todo volumen con el Blonde on Blode es lo más parecido a lo deseado. Mientras, un ejemplar del Ruta 66 de junio (con Dylan en portada) pasa de mano en mano. Ah y la colección de cedés de La Voz, centra más de una conversación.

Al poco de salir de A Coruña se hace una parada. Sube un matrimonio con una niña de 6 años. Olivia Bujan, la madre, explica que no, que la dejan en casa de unos familiares. ¡Vaya! “A Dylan ya lo escucha bastante en casa. No queremos que lo termine odiando”. La pequeña sonríe. ¿Ponen mucho a Dylan tus padres en casa? “Bastante”, contesta dibujándose un hoyuelo. Unos asientos detrás, viaja solo un hombre con aspecto extranjero. Se llama Andreas Andersen. Es danés y vive en Perillo (Oleiros) desde hace dos años. Le encanta Dylan y lo articula con un español atropellado: “Ha cambiado un poco, pero siempre toca bien. Es un músico que no está por dinero, le gusta tocar. Es música avanzada, de mucha calidad”. Quiere que el repertorio incluya Blowin in the Wind. “Es una canción muy delicada, pura poesía”.

“Esas polémicas entre Vigo e A Coruña con unha pura estupidez”, sostiene Nico Cortiñán, primerizo en un directo de Dylan. Acude con Sole, una amiga. Ambos creen que verán una actuación muy importante: “É que hai que vir, porque posiblemente non teremos outra oportunidade de velo”. Puede ser. O no. También debuta Blanca. No solo con Dylan, sino con un gran concierto. 17 años. Su padrino, que va con ella, le pagó el viaje, la entrada y un doble cedé recopilatorio. Pasa de My Chemical Romance y Good Charlote a las palabras mayores. Toda la semana escuchando a Dylan sin parar. “Es que dicen que las cambia tanto, que luego no sé si las reconoceré. Yo quiero ir a delante de todo”. Mientras, llega la llamada al autobús de los que ya han tomado la primera fila. Es el bajista de The Highlights, el grupo tributo con el que Dylan cuenta en A Coruña, es uno de los que verá el directo apoyado en la valla de seguridad. Algunos de sus compañeros van en el autobús. Las camisetas los distinguen.

Llegada al Ifevi. “Tras el concierto, esperamos 15 minutos aquí y nos volvemos”.

La música en vivo que vive

Domingo, Junio 29th, 2008

Bob Dylan, Vigo, Ifevi, 27 de junio 2008

¿Qué se le debe exigir a un artista cuando se sube al escenario? ¿Una reproducción del material de estudio bañada de la imperfección del directo? ¿La selección de sus mejores canciones ejecutadas de la manera más fiel posible, como si se tratará del greatest hits a todo volumen para mayor gloria del karaoke colectivo? ¿Quizá una vuelta de tuerca a lo recogido en los discos, al modo de una segunda versión siempre fija que sorprenda la primera vez? ¿Cambiar todo en cada actuación? ¿Contar con un repertorio fijo para toda la gira, en el que se dosifiquen clásicos?

Algunos de estos interrogantes quedaron contestados el pasado viernes en Vigo. A la manera Dylan, claro. Tras una media hora de concierto, sonaba una pieza irreconocible. Un poderoso riff de guitarra bluesero, de esos cuya energía parece convertir las seis cuerdas en un instrumento de viento, se alzaba repetitivo y embriagador. Podía ser Tom Waits, podía ser Jon Spencer, podía ser Nick Cave. Pero no, era Dylan. Cuando este se acercó al micro y empezó a cantar se desveló el misterio: bajo el caparazón se escondía It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding), alambicada pieza originalmente acústica, que daba la vuelta a la tortilla para convertirse en algo totalmente nuevo. Lo único fijo era el riff y la letra. Sobre ello, la banda (excepcional, por cierto) avanzaba y Dylan pintaba con el pincel de su fraseo el cuadro en directo. Todos iban al paso marcado por él. Si decidía cambiar el ritmo, los músicos rectificaban de inmediato. El publico, por su parte, sentía el escalofrío de cada variación. Nadie sabía lo que iba a pasar con ella, porque la canción iba creciendo, viviendo, respirando, mostrando un vigor que en la original se intuye, pero que ahora abría sus puertas de par en par. Durante varios minutos Dylan, vibrante, no solo tuvo a parte del público comiendo de su mano, sino que contestó a su manera muchas de las preguntas arriba planteadas.

Decimos parte del público. Tras ocurrir todo esto, cuando sonaba ese remanso de belleza de The Spirit Of the Water de su último álbum, Modern Times, un chico le exponía su visión a su pareja: “Es que Dylan es así. A mí me gustan más los Rollling o Van Morrison, que vas a verlos y sabes que van a tocar las canciones más clásicas y que las van a tocar todas”. A Dylan… pues a Dylan le da igual. Le da igual el deseo de este muchacho, el que no haya tocado nunca en Vigo con anterioridad, ni que el 50% por ciento de su audiencia no vaya más allá de tener un grandes éxitos suyo; incluso cuando acude a la antología, lo hace, ya ven, de un modo bastante retorcido en el que para muchos es imposible adivinar la silueta original. Si no fuera así, seguramente se aburriría. Y casi mejor, porque la única concesión a los deseos de la masa, ese Like a Rolling Stone que cerró el bis, interpretado a medio gas, suena tan prescindible, plano y falto de sentido como el Satisfation de los Rolling Stones de las dos últimas décadas. Eso sí, a la mayoría de sus fans poco les importó, alzando los brazos y llenando con su griterío la falta de motivación del artista. Ya puestos, incluso se dignó a mirar al respetable, masculló una media sonrisa y, finalmente, saludo con la banda y todo. A falta de titular, cuando menos, ahí regaló un antetítulo.

Dylan concibe sus directos como piezas de un enorme gran puzzle. No dará nunca el concierto definitivo (los veteranos dicen que lo más cercano a eso en Galicia ocurrió en Santiago en 1999), sino que su vida parece un libro que se va escribiendo en vivo. Así que la actuación de Vigo apenas constituirá un pequeño párrafo. En él se debe mencionar, que además del It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding), también brilló con luz propia Highway 61 Revisisted (una composición echada a rodar por una autopista de rock sin freno, que se mete dentro, crece y, ummm, te hace tambalear) y Ain´t Talkin’, extensa pieza final de su último disco interpretada con total fidelidad. Son las dos caras de la moneda: clásicos resucitados (relectura a trompicones de Lay Lady Lay, Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again modelada con la dulzura del lap-steal, Leopard-Skin Pill-Box Hat abriendo el recital) y material nuevo (entre otras, Thunder on the Mountain, Summer Days o Sugar Baby tocadas con precisión) acoplándose a la perfección. Y demostrando que, muy lejos, de una momia tirando de grandes éxitos a lo robótico y con el show medido, en Dylan hallamos un artista de verdad, en perpeuto estalllido creativo, con un gran pasado, pero también un enorme presente y, visto lo visto, un futuro que hay que seguir con la misma intensidad de los úlitmos años.

Otra cosa es que un buena parte del público venga con otras intenciones y se sienta decepcionado. Algo totalmente lógico.

Like a Rolling Stone, la pieza con la que cerró el concierto capturada en video, pese a la prohibición expresa de filmar o sacar fotografías (varios de los miembros de seguridad se pasaron buena parte del concierto entre el público requisando cámaras)