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Los mejores discos internacionales del 2016

sábado, diciembre 24th, 2016

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El año 2016 ha sido del del rock y sus circunstancias. La muerte se encuentra detrás de tres de los álbumes fundamentales del ejercicio: los de David Bowie, Nick Cave y Leonard Cohen. Ha obligado al oyente a cambiar la mirada sobre ellos. Además, se ha consagrado definitivamente Beyoncé como la gran estrella pop del momento, con su hermana Solange despuntando con un espléndido lienzo de música negra. Todo con la emocionante irrupción de una soberbia Angel Olsen, el segundo paso de las imprescindibles Savages, las refrescantes dentelladas de Car Seat Headrest y Public Access Tv y el retorno de una leyenda brit, Suede. Vamos que, al final, el año no ha estado tan mal.

1. DAVID BOWIE “Blackstar” (Sony). La secuencia de vacío-encogimiento-asombro que generó la muerte del artista ligada a la edición de este disco no la olvidaremos jamás. Como queriendo hacer de esta un acto creativo, Bowie pintó una pirueta final que nos dejó conmovidos. Si el disco -entre el frío berlines, las filigranas jazzies y un clima derrotado- nos había encantado, con la desaparición del artista unos días después se convirtió en fundamental. De pronto, lo entendimos todo: la portada, las metáforas mortecinas, el tono angustiado y las melodías que decían adiós. Ya no está con nosotros. Fue un placer haberlo conocido, crecer con él y acompañarlo hasta este maravilloso y superlativo final.

2. NICK CAVE “Skeleton Tree” (Bad Seed). La pérdida de Arthur Cave, su hijo de 15 años, en noviembre del 2015 planea sobre las nueve canciones de este trabajo. Un disco de instrumentación casi estática, interpretado casi en spoken word y con melodías que casi se llegan a dibujar. En esos “casis” se encuentra mucho de su valor. Creado en el estado paralelo que genera una pérdida así y trasmitiéndolo en todo momento con versos demoledores y congoja permanente, se trata de un disco soberbio. Cuando, en la recta final, llega “Distant Sky” a uno literalmente se le encoge el alma.

3. SAVAGES “Adore Life” (Matador). Son uno de los grupos fundamentales del presente del rock. Lo habían demostrado en su primer álbum y lo refrendan en este segundo. El post-punk catártico inicial se abre ahora en caminos de los que surgen joyas de pecho hinchado como la titular “Adore Life”. Menos Siouxsie and the Banshees, más Pj Harvey, “Adore Life” se presenta como un disco de subidones y bajones, de cánticos al amor y la vida, de intensidad máxima y nervios a flor de piel estallando de continuo. Solo es un aperitivo del grupo que, probablemente, brille más en directo en la actualidad.

4. LEONARD COHEN “You Want It Darker” (Columbia). Otro álbum marcado por la muerte y la inminencia de esta. Si 2016 empezaba con la adiós de David Bowie, enfiló su final con la de Leonard Cohen. Más explícito aún (“Si eres tú quien reparte las cartas / déjame salir de este juego / aquí estoy, estoy listo, Señor”), cierra con él no solo su trayectoria, sino la espléndida trilogía crepuscular que supuso su vuelta a los estudios. Todo con tono opaco, música ralentizada, deliciosos coros femeninos y sensación de eternidad. También ha sido un placer estar contigo, Leonard.

5. BEYONCÉ “Lemonade” (Sony).
¿Aún existe algún reacio a aceptar el apabullante talento de Beyoncé Knowles por aquello de la autenticidad y la repulsa a las grandes estrellas del pop? ¿De verdad? ¿Es posible? Le recomendamos que se deja caer por su mejor disco hasta la fecha. Con sus problemas personales sobre la mesa (la supuesta infidelidad de us marido Jay-Z sale a relucir desde el primer verso: “Puedes probar la falta de honestidad / Está por todos lados en tu respiración mientras la pasas tan caballerosamente”), traza un suntuoso viaje musical por el Caribe, el rock, al country y un sinfín de géneros.

6. ANGEL OLSEN “My Woman” (Jagjaguwar).
¿Es quizá “Sister” la mejor canción del año? Lo cierto es que cuando la luz de miel, country y melancolía de la artista interpretan esos versos todo indica que sí. Y cuando en la segunda parte del tema surgen esos coros que parecen venir del más allá en medio de la electricidad, ya no quedan dudas. Se trata de la cima de un gran álbum sensacional, lleno de sorpresas y, sobre todo, de emoción. Como si Emmylou Harris empezase de nuevo en 2016. Sí, así de maravilloso.

7. CAR SEAT HEADREST “Teens Of Denial” (Matador). El grupo de Will Toledo ha surgido para regocijo de quienes aprecien el indie-rock desaliñado de renglones torcidos y voces que rompen melodías por su incapacidad de cantarlas. Sí, ese que va desde Pavement a Clap Your Hands and Say Yeah! y que desde Seattle se cultiva ahora con enorme acierto. Además, posee un gran directo que no hace sino sumar puntos a la causa.

8. SOLANGE “A Seat At The Table” (Columbia). Ha sido una de las sorpresas del año. El tercer disco de la hermana de Beyoncé se (auto)define como «un proyecto sobre identidad, empoderamiento, independencia, dolor y curación. Musicalmente se mueve entre el soul sedoso, los ramalazos de r&b, los destellos de jazz y un intermitente toque funk. Todo al ralentí, cuidando al máximo las voces e introduciendo una rítmica nerviosa que genera una sensación de cómoda extrañeza que resulta adictiva.

9. PUBLIC ACCESS TV “Never Enough” (Cinematic).
No muy celebrado por la prensa especializada, el debut de Public Access Tv debería interesar a los llevan desde 2001 esperando alguien que recoja el testigo de The Strokes. Igual que ellos ponen sobre la mesa Nueva York, juventud, estribillos luminosos y plus de electricidad. Por su cancionero desfilan ecos de Television, The Cars y Gang Of Four con los que arman temas tan potentes como “End Of a Era” o “On Location”, con vocación de himno

10. SUEDE “Night Thoughts” (Warner).
En su segunda vida Suede no solo ha demostrado que sobre las tablas continúa ejerciendo de excelente banda de directo, sino que en el estudio mantiene intacta su capacidad de crear álbumes notables. “Night Thouthts” entra en esta escala, desde luego. Con las miras en el icónico “Dog Man Star” (1994) los Suede del 2016 exprimen su lenguaje jugando a las luces y sombras con maestría, a tensar el músculo pop y entregarse al lirismo de manera majestuosa y a demostrar que, en efecto, eran enormes y son, cuando menos, grandes.

¿La peor gala de los Grammys de la historia?

lunes, febrero 9th, 2015

¿La peor gala de la historia de los Grammy? A falta de haberlas visto todas, cabría decir que, cuando menos, está en el grupo de las más anodinas. Nada funcionó de verdad. Más de las mitad de las actuaciones resultaron olvidables, la gran estrella de la noche (Sam Smith) queda lejos de ser una verdadera estrella y el tono general destilaba, de continuo, una sensación de decepción. Ahí van diez notas escritas a toda velocidad al término de una gala para olvidar. Zzzzz Zzzzzz Zzzzz.

1. EL ADELE MASCULINO TRIUNFÓ. El ganador absoluto de la noche fue con Sam Smith. Tomó la plaza de Adele, con su soul británico de tez blanca y poderío vocal. Ganó cuatro de los seis premios a los que optaba, entre ellos el de la mejor canción por Stay With Me y a la grabación del año. Se marcó una versión orquestada de esta junto a Mary J. Blige. Seguro que la recordará toda la vida. Uno duda bastante que su carrera vaya más allá de este momento de gloria. Pero el tiempo dirá.

2. BEYONCÉ FUE LA GRAN PERDEDORA. Todo estaba preparado a para titulares del tipo “La gran noche de Beyoncé”. Pero no, patinó en todas las grandes categorías a las que optaba. Cuando Beck recogió el premio al mejor disco del año, le filmaron el rostro por si se le dibujaba la decepción. Incluso su interpretación final de Precious Lord, Take My Hand estuvo muy por debajo de lo que una artista como ella suele ofrecer en este tipo de situaciones. Un bluff total.

3. ABURRIMIENTO GENERAL. Salvo algún estallido puntual, la norma de la noche ha sido el aburrimiento. La primera parte en concreto resultó soporífera. Ver a la otrora chispeante Katy Perry en plan baladista de piano, a unos AC/DC sin fondo dándole al Highway To Hell o Adam Levine & Gwen Stefani, interpretando My Heart Is Open del último disco de Maroon 5 sirvió para que más de uno se arrepintiese de forzar el sueño a golpe de café. Lo que vendría luego tampoco iba a ser para echar cohetes.

4. FENÓMENO INEXPLICABLE. ¿Alguien puede explicar lo de Ed Sheeran? Porque la cosa ya lleva unos años. Recibido como una de las grandes personalidades del rock contemporáneo, lo cierto es que cuesta encontrar algo en él que no sea la sosería más absoluta. Cantó Thinking Out Loud, junto con John Mayer. Luego estuvo con Jeff Lynne. Pero nada, no logra despertar ni la más mínima emoción.

5. DOS DÚOS QUE FUERON MÁS ALLÁ DEL BOSTEZO. Dentro de los muchísimos dúos soporíferos que sucedieron en la noche, cabe hacer un par de excepciones. Primero Take Me To Church, el single de Hozier interpretado con poderío al lado de Annie Lennox. Después atacarían el I Put a Spell on You de Screamin’ Jay Hawkins, levantando la alicaída velada. Poco después, serían Tony Bennett y Lady Gaga quienes interpretarían Cheek to Cheek, dando ambiente de fiesta, lujo y diamantes al funeral. La cantante bien podría reconsiderar su carrera, visto lo visto. Suyo fue el mejor momento de la noche.

6. ¿LA REINA DEL AÑO QUE VIENE? Rihanna apareció en la gala con un vestido inenarrable que agotó comentarios en las redes sociales. Pero luego, lideró ese trío de excepción que se ha marcado con Paul McCartney y Kanye West. Jugando con el negro sobre blanco, el single Four Five Seconds parecía advertir que ella va a ser la estrella de la próxima gala. Aventura nuevos tiempos en una de las estrellas pop del momento.

7. UN GESTO QUE LO DICE TODO. La cara de Beck cuando lo nombraron como autor del disco del año vale por mil palabras. Superando a Ed Sheeran, Beyoncé o Pharrell Williams, su Morning Phase se coló en una de las categorías estrella de los Grammys. El premio se lo dio un Prince recibido como una suerte de semi Dios por el público. También ganó al mejor album de rock. Y sí, el suyo, es un gran disco. Se marcó junto a Chris Martin de Coldplay el Heart Is A Drum, que no estuvo mal.

8. QUE TODO EL MUNDO SEPA QUE ESTOY AHÍ: Como es norma en ella, Madonna quiso hacerse ver desde el minuto uno. Apareció vestida de torera con las cachas al aire (tómese en el sentido literal). Dentro, se marcó una de las actuaciones más espectaculares de la noche con Living For Love, una suerte de góspel taurino difícilmente descriptible con salida por los aires de la cantante. Habrá a quien le guste, seguro. Pero también quien piense que esta mujer hace ya tiempo que perdió su momento, su oportunidad y su inspiración.

9. Y ES QUE NI EL “HAPPY” FUNCIONÓ: Ya hay que tener ganas de estropear una pieza dan redonda como Happy, pero Pharrell Williams optó lo estrafalario, metiéndole unos arreglos “majestuosos” que no le pegaban ni con cola. Metiéndose en camisas de once varas reventó un temazo de manera totalmente absurda.

10. TOQUE SOCIAL. Si el año pasado fue una apelación al ama como quieras, esta vez tocó concienciar sobre la violencia sobre las mujeres dentro de la pareja. El presidente Obama salió a mitad de la gala por vídeo y una mujer víctima de esos abusos contó su experiencia.

Los diez mejores discos internacionales del 2014

lunes, diciembre 22nd, 2014

No deja de reconfortar comprobar que, pese a que el pop no esté viviendo precisamente su mejor época (sí, seguimos en la línea pesimista-realista del año anterior), salen discos capaces de generar particulares obsesiones. En este 2014 dos álbumes han jugado ese papel en esta bitácora. Uno amable, el de The War On drugs. Otro arisco, el The Swans. Ambos raptan al oyente, lo llevan a su mundo y lo hacen sentir dichoso. Son las dos caras de la moneda de lo mejor del año según Retroalimentación. Cualquiera de ellos podría ocupar perfectamente el número uno. Si al final lo ha alcanzado Lost In The Dream ha sido por una regla de desempate sencilla: simplemente ha sonado más veces en el corazón este blog que el otro, conmoviendo un poco más.

1. WAR ON DRUGS “Lost In The Dream” (Secretly Canadian). Más allá de una humeante producción ochentera. Más allá de su sorprendente mezcla de géneros contrapuestos. Más allá del bajonazo purificador sobre el que flotan las letras. En definitiva, más allá de todos esos fríos parámetros de análisis. Si por algo ha sobresalido el disco de Adam Granduciel ha sido por algo muy concreto: una capacidad de emocionar que solo poseen los grandes discos. Encadenando placer, cada tema de este álbum es una pequeña maravilla unido por una anilla a otra maravilla. Se mete por ritmos kraut-rock, invoca atmósferas que parecen sacadas del disco nunca realizado por Alan Parsons y Cocteau Twins, traza melodías hurtadas a Bruce Springsteen o Tom Petty y hasta se atreve con unos saxos ocasionales que ni Dire Straits. Sí, la definición sobre el papel espanta a quien no lo haya escuchado todavía. Pero en la práctica, solo genera bienestar general e intermitentes estallidos de placer agudo que desarman. Si Eyes To The Wind -con ese fraseo tan dylaniano que, de verdad, derrite con su sentido de la velocidad y las pausas- no es una de las canciones más bonitas de la década que, por favor, alguien muestre quién o qué la supera. Y si la homónima Lost In The Dream no es capaz de encogerte, cabría preguntarse si no te habrás equivocado de disco. Son dos diamantes de un disco lleno de piedras preciosas que pone al oyente a sus pies. Es bastante probable que el aficionado lo tenga machacado a estas alturas. Si así no fuera, se pierde algo muy grande.

2. SWANS “To Be Kind” (Young God /Mute). Una salvajada. El sucesor del aclamado The Seer (2012) estira el momento de gloria de la ¿mejor? banda del rock actual. Combinando poder, mística y ambición, la banda de Michael Gira deja una obra inabarcable de más de dos horas de duración a la que se puede entrar por cualquiera de sus ventanas. Tanto da arrancar la experiencia por la malsana repetición con extra de intensidad en cada minuto de Screen Shoot, colarse por ese blues con ocasionales aspavientos de la escuela Spiritualized de Just A Little Boy (Fore Chester Burnett) o por el rock agujereado por espadas psicodélicas de A little God In My Hands, en el momento en el que el oyente se halle en el interior se encontrará primero aturdido, luego superado y finalmente entregado a su orgía sensorial. En este disco hay gritos, canciones rotas y silencios que parecen infinitos. También atmósferas viciadas, ritmos brutales y espacios liberadores. Y, por supuesto, ocasionales melodías juguetonas, amagos de rock convencional y un constante transitar de un lado al otro. To Be Kind es excesivo en minutaje, pero también emociones y de sensaciones. En algún momento la voz de Gira parece estar ofreciendo las claves de la gran verdad universal amplificada por los altavoces. Se recupera ahí el poder turbador del rock. Sí, como hace años cuando aún eras un joven impresionable. Un efecto tan maravilloso como este disco imprescindible.

3. LEONARD COHEN “Popular Problems” (Sony). Lo ha vuelto a hacer. Apenas tarda unos segundos Leonard Cohen en encantar con el primer tema de su nuevo trabajo. Slow, la canción, autohomenajea con poso blues a su particular manera de concebir la música: al ralentí, contrastando voces y manteniendo siempre el misterio. En esta ocasión se arrima ya desde el arranque ligeramente al blues, sorprende con una un estribillo pop delicioso sobre colchón country (Did I Ever Love You), dibuja magnificas canciones de carreta (My Oh My) y recupera la electrónica de los ochenta (Nevermind). Al final cierra con una preciosa cantinela folk, You Got Me Singing, perfecta para demostrar que el canadiense sabe tratar las voces femeninas mejor que nadie.

4. DAMIEN JURADO “Brothers and Sisters Of Eternal Son” (Secretly Canadian). Salió tan temprano este año que corre el riesgo de perderse en el olvido de la velocidad de las cosas. Sería un craso error porque, continuando lo expuesto en el excelso Maraqopa, el canadiense vuelve a entregar otro gran disco de un pop que igual se muestra exhuberante y psicodélico como recogido y lírico. Pero siempre termina tocando la fibra con esas melodías heredadas de Neil Young que tanto reconfortan. Un tipo que ha encontrado la paz y se encarga de expandirla con canciones preciosas.

5. BEYONCÉ “Beyoncé” (Columbia-Sony). Si con 4 (2011) ya dio síntomas de saltar al estatus de “artista más allá del single de temporada”, con este disco (lanzado en digital a una semana de terminar el 2013 pero editado físicamente con un dvd este año, de ahí su incursión) materializa la grandeza de una cantante llamada a perdurar en el voluble mundo pop. Variado, ambicioso y sincero (ojo a las letras) Beyoncé es un estupendo compendio de música negra contemporánea con temazos como Slow, Partition o el baladón Blue dedicada a su hija. Sí, pero sobre todo, destaca por mostrarse como el primer gran álbum de una artista eternamente vilipendiada. Quizá por ello lo ha bautizado a su nombre, indicando quizá que aquí nace una nueva Beyoncé. Bienvenida.

6. FKA TWINGS “Lp1” (Young Turks). No es un disco perfecto, pero sí un trabajo que obliga a arquear la ceja y apuntar el nombre de su artista para seguirla en el futuro. El debut del proyecto de Tahliah Barnett juega a poner al día las luces y sombras del trip-hop en el contexto del r&b. Y a todo lo envuelve con un velo de etérea fragilidad y sensación de “deconstrucción” que bien podría recordar a Cocorosire. Más allá de eso (y, sobre todo, si es el pasado, el presente o el futuro del pop, algo que parece obsesionar a parte de la crítica), importa que araña la fibra en maravillas como Two Weeks o Video Girls, dos de las mejores canciones del año.

7. MARIANNE FAITHFULL “Give My Love to London” (Naïve). Igual que ocurre con Leonard Cohen, a Marianne Faithfull se la puede seguir a ciegas. Este, su mejor trabajo desde Before The Poison (2005), prosigue su notable línea: aglutinar en su maravillosa voz de miel con tropezones de amargura un puñado de grandes temas (firman Leonard Cohen o Nick Cave, entre otros), colaboraciones de relumbrón (Anna Calvi, Steve Earle, Roger Waters) y un producción excelente (obra de Rob Ellis & Dimitri Tikonov con mezcla de Flood). Los resultados de temas como Sparrows Will Sing, Falling Back o True Lies que la reafirman como una figura imprescindible. Si aún por encima siguen reeditando su discografía anterior el paquete es perfecto

8. GROUPER “Ruins” (Kranky). Hay una belleza abatida en este trabajo tal que hace que el oyente salga corriendo o que se entregue a él como quien desea empaparse de la niebla hasta perderse. Quien opte por lo segundo, será cómplice de las reflexiones sobre el (des)amor de una Liz Harris, abrazada al piano tristísimo, al vaho ambiental y unos pequeños ruidos de fondo (croar de ranas, lluvia…) que terminan por darle un envoltorio de absoluta irrealidad. Con la misma fragilidad que envuelve al cuerpo tras el lloro, este disco es un susurro quebradizo que pide una oreja amiga. Se impone auriculares, volumen y complicidad máxima.

9. REAL STATE “Atlas” (Domino). Seguramente haya quien piense que un disco como este -tan simple, tan armónico, tan académicamente indie- sobre en una lista de los mejores del año. Pero quien sienta devoción por -citemos de memoria según vienen- Galaxie 500, East River Pipe, The Byrds, Go-Betweens, la Velvet suave o The Clientele tiene aquí un álbum de esos que en la adolescencia se metían bajo la almohada y ahora hacen -¡mmmm!- suspirar cuando se escuchan del coche de camino al trabajo. Canciones que trazan círculos de melancolía prácticamente perfectos y que invitan, a quien no los conozcan, a viajar a su pasado y rescatar Days (2011), su disco anterior.

10. PARQUET COURTS “Sunbathing Animal” (What’s Your Rupture?). Aquí se puede aplicar la misma receta que con Real State. El segundo trabajo de estos neoyorkinos, que para algunos críticos estaban llamados a relevar a The Strokes, es un notable tratado de algo muy conocido -indie a la Pavement mezclado con todo tipo de retazos del rock neoyorkino- y que, si se ejecuta bien, siempre apetece volver a escuchar. Ellos, con sus melodías oblicuas, su interpretación arrastrada y sus intermitentes estampidas guitarreras, logran que termines subiendo el volumen, sacando morritos y haciendo air guitar. Y esa sensación es maravillosa.

Los Grammy 2014 en diez fogonazos

lunes, enero 27th, 2014

Igual que el año pasado, hoy tocó trasnochar. Ahí van diez pinceladas, escritas a toda velocidad una vez finalizada la gala, sobre la 55º edición de los premios Grammy que se celebró esta madrugada en Los Ángeles. Varios bluffs, alguna actuación para el recuerdo, una estrella emergente y otra que se consagra.

1. DAFT PUNK.Sin ningún género de dudas, el grupo de esta edición de los Grammys. Además de otros cuatro, los franceses se hicieron con el gramófono al disco del año, la categoría estrella.Get Lucky, la canción, se paseó durante toda la noche de manera imponente. La interpretación que de ella hicieron con Stevie Wonder y Pharrell Williams pasará a la historia de las grandes actuaciones de los premios. Dándole groove al tema, e incorporando tics de clásicos como Freak Out de Chic o el propio Around The World de los galos, lograron que todo el teatro se pusiera a bailar. También que disfrutásemos de toda una galería de coreografías imposibles entre las celebridades. El gran tema del 2013 volvió a demostrar sus cualidades.

http://youtu.be/o00pgGRvXnU

2. LORDE. La otra triunfadora de la noche. Su revisión tempranera de Royals avisó y, luego, alcanzó el reconocimiento a la mejor canción del año. Una pieza interesante, que se sale de los estándares de la canción de pop comercial, por parte de esta jovencísima neozelandesa (apenas 17 años) con aspecto de inadaptada, ligero aire gótico y muchas posibilidades de convertirse en la artista favorita de muchas (más) adolescentes. A su lado, la gran derrotada: Taylor Swift.

http://youtu.be/vda2L08Z2xE

3. BEYONCÉ. Su disco salió demasiado tarde como para entrar en las nominaciones, pero brilló igualmente gracias a su apoteósica intervención. Una vez más, se presentó como la artista perfecta para las presentaciones espectaculares. Su irrupción con Drunk In Love supuso el mejor inicio posible de la gala. En una silla, de espaldas en la penumbra, en plan cabaret. Poderío, manejo de la situación y ojos como platos de la audiencia. La interpretó, cómo no, con un maridísimo Jay- Z y dejó un listo demasiado algo para lo que vendría luego. Cada día más grande.

http://youtu.be/-IE7P8AJRxw

4. PAUL McCARTNEY. Todas las cámaras lo miraban y lo buscaban. A él y a Ringo Starr, claro. Pero también a Yoko Ono, que acudió con Sean Lennon. El morbo estaba servido y el realizador de la gala lo explotó, intercalando planos. Así se pudo ver a la nipona bailando con la interpretación de la pareja de Queenie Eye, un tema del último disco de Paul McCartney. Antes Starr hizo Photograph. Pero no se produjo la invocación conjunta a The Beatles que todos esperábamos. Primer bluff.

5. BALADITAS. La primera hora de la gala resultó realmente soporífera. Primero, con el soul almibarado de John Legend a piano. Luego con Taylor Swift, que optó por ir de profunda y grandiosa generando bostezos. Y, también con Keith Urban dándole al AOR con guitarra virtuosa digna de un telefilme americano de los años ochenta. Más de uno dijo: “Este es el momento de irse a la cama”. Terrible.

6. PIROTECNIA A FALTA DE CANCIONES.
Lamentablemente, Katy Perry ha perdido una buena parte de esa puntería que otrora rara vez fallaba a la hora de dar con singles perfectos. Y ahora lo suple con fuegos de artificio. Su actuación con Dark Horse resulto eso: mucho empaque y prácticamente nada de contenido. Peor aún resultó de Pink, que apareció en plan El Circo del Sol haciendo acrobacias sobre las cabezas de los asistentes. En fin…

7. METALLICA. El experimento de reinterpretar One con el pianista clásico mediático del momento, el chino Lang Lang, resultó fallida. El tema aguanta lo que le echen, pero hubiese sonado mucho mejor sin esa aportación extra totalmente contra natura. También sin los intentos de James Hetfield de darle fuelle vocal en su parte inicial. Segundo bluff.

8. DIVERSIDAD. El momento socio-musical de la gala. En la recta final fueron casadas en directo 34 parejas de diferentes nacionalidades y tendencias sexuales en un alegato en favor de la diversidad. De fondo, la artista inevitable: Madonna de traje y bastón cantando Open Your Heart con Macklemore, Ryan Lewis y Queen Latifah. Todo el auditorio en pie, emocionado. Y Twitter rindiéndose al gesto.

9 HISTORIA. Como es habitual, en las actuaciones se dieron algunas lecciones de historia. La primera, una reunión de leyendas del country con Merle Haggard, Kris Kristofferson y Willie Nelson junto a Blake Shelton, interpretando clásicos como Highwayman. La segunda, Carole King cantando su celebérrimo Beautiful con Sara Bareilles. Emotivos ambos.

10. ROCK MIXTO. Dos de los mejores tramos de la gala vinieron de la mano de la mezcolanza. El mix de Kendrick Lamar e Imagine Dragons despertó a la audiencia. Hasta Taylor Swift terminó rapeando en primera fila. Para el final, quedó un conglomerado formado por Nine Inch Nails, Queens of the Stone Age, Dave Grohl y Lindsey Buckingham. Primero tocaron una tremenda lectura Copy Of A de NIN. Luego le dieron al My God Is The Sun QOTSA, pero se cortó la emisión. Sí, tal cual. Hasta en eso, también hubo bluffs.

Fotos de la gala aquí.

Beyoncé, más allá del hit de temporada

jueves, enero 2nd, 2014

El nuevo álbum de Beyoncé Giselle Knowles (Houston, 1981), el homónimo Beyoncé, arranca con una pregunta: ¿Cuál es tu aspiración en la vida? Ella, después de un suspiro, responde: «Ser feliz». Una buena parte de la felicidad de una pop-star pasa por estar ahí, deslumbrando, haciendo sentir a los fans que siguen a alguien muy especial. Y, aunque muchos la daban por caída en la guerra de los charts mundiales con la irrupción de Miley Cyrus sobre una bola de derribo, lo cierto es que Beyoncé está muy viva. En un abrir y cerrar de ojos ha dado el golpe de autoridad exigible a su nivel: generar números vertiginosos de ventas.

Para ello se ha diseñado una estrategia comercial nada común en el mundo mainstream: editar su nuevo disco por sorpresa, sin ningún tipo de avance ni calentamiento previo, directamente en formato digital. Ocurrió a mediados de diciembre. En tres días lo había reventado todo. Según datos de Sony Music, su casa discográfica, despachó en ese período 827.773 copias a través de la tienda on line iTunes, convirtiéndose en el álbum más rápidamente vendido por este medio de la historia. Además, se hizo con el número uno de ventas digitales en 104 países, entre ellos España. No hay que fantasear mucho para ver la sonrisa de la artista confirmando que sí, que esa aspiración en la vida de ser feliz por ahora se está cumpliendo.

Todo ha sido una sorpresa, una gran sorpresa. El pasado 25 de noviembre salía a la venta el deuvedé Life Is But A Dream, un documental sobre la artista que incluía un concierto y un tema nuevo. El cupo navideño parecía totalmente cubierto con este producto. Perfecto para regalar, con gancho para los devotos y sin necesidad de apostar por la novedad. No tenía sentido lanzar un mes después un álbum de estudio, el quinto ya de su carrera. Cualquier esquema promocional vislumbraría esto como un callejón sin salida. Pero ocurrió, dejando claro una vez más que la verdadera innovación en la música pop actual pasa más por el modo de llegar al público que por avanzar en el contenido de lo que se hace llegar.

En la nota promocional, Beyoncé apela al contacto directo con los fans «sin ningún filtro». Y así ha llegado al público, ajeno a interferencias previas de la crítica, en su estado puro. Para ello se han tomado todo tipo de precauciones, evitando filtraciones y rumores. Un auténtico milagro viendo el interminable listado de colaboraciones, que incluye a personajes clave de la música negra actual como Timbaland, Justin Timberlake, Pharrell Williams, Frank Ocean o su maridísimo Jay-Z, entre muchos otros.

Además de la música, la obra se complementa con 17 videoclips que rematan la definición de álbum visual con la que parte. «Yo veo la música», afirma la artista en su explicación. «Cuando estoy conectada a algo —sigue—, inmediatamente veo una imagen o una serie de imágenes que están conectadas a un sentimiento o a una emoción, un recuerdo de cuando era pequeña, pensamientos sobre la vida, mis sueños y fantasías. Y todos se conectan a la música».

Afortunadamente, la cosa no se queda solo en el envoltorio. Aunque puede que toda esta parafernalia haya eclipsado al disco, este podría considerarse como el paso más sólido de la cantante hasta la fecha. Igual que ocurriera en su álbum precedente, 4 (2011), se deja atrás la idea de la artista-de-un-hit-por-temporada y se sitúa en una región mucho más interesante. No, no hay singles claros como Crazy In Love o Single Ladies, pero sí una sucesión de temas sugerentes con varios momentos para el deleite verdadero, más de una sorpresa y un regusto final de ligera satisfacción.

El título da a entender que se trata de su obra más personal. Y puede que así sea. En un cóctel imposible de feminismo, sexo recalentado, sentimentalismo de princesa, álbum de fotos infantiles y garra con ínfulas supuestamente revolucionarias, Beyoncé traza un paseo que arranca luminosa con la ascensión melódica de una Pretty Hurts en plan Rihanna. Sigue con un oscurísimo Haunted, que coquetea con el dubstep. Continúa el temblor electrónico de Drunk In Love. Y llega hasta el paraíso sensual de una Blow subida de tono, apelando a los placeres del sexo oral con gemidos a lo Donna Summer y todo.

Este cuarteto indica que estamos ante algo más que un producto comercial al uso. Parte del resto del disco se encarga de confirmar el salto de madurez. Ello se evidencia en maravillas como ese Superpower de dibujos animados cantado alimón con Frank Ocean, la eufórica XO con madera de himno o ese Partition que parece sacado de aquella Nelly Furtado de Promiscuous Boy. Hay patinazos (Rocket o Heaven, por ejemplo), pero la media obliga a alzar el pulgar. Sí, Beyoncé ha vuelto. Y a lo grande.

Imagen de previsualización de YouTube“Blow”, uno de los mejores temas del album

Beyoncé buscando su madurez

viernes, julio 29th, 2011

Puede que Beyoncé edite un disco excelente algún día. Nos referimos a un elepé compacto, donde todos los temas funcionen y respondan a una arquitectura con sentido. Es decir, que no sean el simple acompañamiento de un single deslumbrante tipo Crazy in Love o Single Ladies. Todavía falta, pero lo más cerca que ha llegado a ese punto se encuentra en 4, su último trabajo. No incluye ningún rompepistas claro y arrollador, pero sí la que probablemente sea su mejor colección de canciones hasta la fecha. Falsamente suave y aterciopelado, se ha vendido como el disco de baladas de Beyoncé. También como el paso de madurez y de reafirmación de una artista que, a estas alturas, se puede permitir avanzar obviando las listas de ventas.

Por partes. Es cierto que el amor muestra sus múltiples caras en baladas de todo tipo y condición a lo largo del disco. Que este empieza con una bonita 1+1 , derivativa del Purple Rain de Prince; que apela al do de pecho y alma en piezas como Best Thing I Never Had o I Was Here, algo insulsas y perfectas aspirantes a clímax musical de una película romántica; que arrulla en las sensuales ondas de I Miss You; y que busca el estremecimiento soulero en I Care. Totalmente cierto, pero no menos que que en 4 existe más que eso, mucho más.

Solo hay que avanzar hasta la segunda mitad del álbum. Ahí nos encontramos con las deliciosas reminiscencias ochenteras de Love On The Top. También con la rítmica acelerada Countdown, recordatoria de Single Ladies y guiada por un sampler de trompeta que alberga versos como «Matándome suavemente, todavía estoy cayendo/Todavía eres lo único que necesito, solo quiero estar contigo». Y, por supuesto, con esa End Of Time, vitalista y de querencia africana.

Todo para llegar al gran tema del disco. Run The World, situado al final, semeja inspirarse directamente en el primer álbum de M.I.A. Muestra a una Beyoncé pletórica y pirotécnica, entregada a la rítmica del funk carioca, alternándolo con seda pop, y dejando un hit maravilloso pero imposible. Se trata del particular «porque yo lo valgo» de una artista que, en su contraportada, parece mandar un mensaje: una fotografía de espaldas luciendo su ya célebre trasero. Y no, no faltará quien diga que hay Photoshop.

Imagen de previsualización de YouTubeBeyoncé interpretando “Run The World” en el festival de Glastombury

Beyoncé “I Am… Yours” (Sony Music, 2010)

viernes, febrero 5th, 2010

beyonceEn plena ebullición gracias al éxito del arrollador Single Ladies, Beyoncé saca un doble cedé muy especial. Grabado en directo el Encore Theater de Wynn, Las Vegas, I Am… Yours pretende mostrar el lado más íntimo de la artista, el de las distancias cortas y la complicidad máxima con su público, despojada de la parafernalia de gran concierto a la que nos tiene acostumbrado. De hecho, a lo largo del disco la propia artista ejerce de narradora explicando sus influencias, el origen de algunos de sus temas y sus sentimientos. Ese punto meloso se extiende, de manera especial, en el primer cedé de una manera bastante empalagosa. Abonado al lado baladístico, adolece del mismo exceso de azúcar que sus grabaciones. Solo en el tramo final, con una Deja Vu interpretada al modo de una big band con ramalazos de funk, se levanta algo el vuelo.

Y es que, pese a alguna melodía afortunada, lo grande de Beyoncé queda lejos de la seda y el almíbar. Hay que buscarlo cuando se viste de Tina Turner, saca las uñas, los muslos se mueven con flanes y su música empieza a vibrar. Es ahí cuando arranca el terremoto. Primero, homenajeando a Michael Jackson con una gran versión de I Wanna Be Where You Are, de quien confiesa que se enamoró a los cinco años y le impulsó a ser cantante. Luego, atacando los hits inmortales de Destiny’s Child en un medely que incluye tremendas revisiones de Bug A Boo o Bootylicious. El idilio sigue con Work It Out, explota con la celebérrima Crazy In Love (!oh, sí!) y provoca el delirio total en un Single Ladies (!sí, sí, sí!) que gana y gana con el paso del tiempo. Llegado a ese punto, el oyente puede ir a más y verla en el deuvedé adjunto. Allí descubrirá que, pese al punto de proximidad, la excelencia escénica de la artista arrasa del mismo modo que en esos videoclips que son parte ya de la iconografía pop contemporánea.

La parte audiovisual se complementa además con un documental sobre cómo se preparó el concierto, desde la selección de arreglos, a los ensayos previos, pasando por esos modelitos suyos que tanto han dado que hablar. Todo ello conforma un caramelito de música negra comercial de calidad, que ha sido reforzada el pasado domingo en la entrega de los Grammys en los que Beyoncé conquistó hasta seis gramófonos. Desgraciadamente no la tendremos aquí vía Xacobeo: hace una semana anunció que se retirará durante una temporada.

Imagen de previsualización de YouTube El terremoto Beyoncé con la celebérrima “Single ladies”

Una década en canciones (1ª parte)

viernes, enero 8th, 2010

Nota: se han quitado todos los vídeos porque daban problemas a la hora de cargar la página

La canción recupera el reinado en el mundo pop. El siglo XXI ha dejado desfasado el elepé. Las descargas digitales han devuelto a los temas sueltos todo su valor y han dejado, en muchas ocasiones, los discos en un segundo plano. Recogemos en tres entregas el artículo que sale publicado hoy en las páginas centrales del Fugas

Los puristas venían reclamando en los ochenta y los noventa el single como vehículo ideal de la música pop frente al elepé. Fetichismos aparte, el argumento era demoledor: en muchos casos había que adquirir el álbum completo cuando el interés radicaba solo en una canción. La industria, favorecida con el cambio, ni caso. Pero, paradojas de la vida, la modernidad revitalizó esa idea. Eso sí, no en rodajas de vinilo de siete pulgadas, sino en descargas digitales directas a los reproductores de MP3 o a los móviles en formato politono. Sea como sea, durante estos diez años ella, la canción, ha sido la reina. Repasemos las que han sido algunas de las más representativas (¡ojo! no son necesariamente las mejores) en la primera década del siglo.

COLDPLAY «Viva la vida» (2008)
Pese a las acusaciones de plagio (tanto Alizee como Creaky Boards tienen temas sospechosamente parecidos), Chris Martin y sus chicos tocaron la gloria con ella. Cuerdas, épica y pop al servicio de la historia del rey destronado. Se dice que aludía a George Bush. Curiosamente, el PSOE, que la empleó en la campaña autonómica, perdió su trono en el Gobierno gallego. Sin embargo, Pep Guardiola, que se la ponía a sus chicos en los entrenamientos del Barcelona, conquistó el triplete.

LORNA «Papichulo» (2002)
El regatón ha sido el género más novedoso y uno de los más discutidos de la década. Uno de sus grandes himnos se puede encontrar en esta canción. Contiene las claves (ritmo machacón, letras con constantes referencias al sexo, dicción macarra) en su versión más refinada, comercial y para todos los públicos. En cuanto se escucha eso de «papipapi, papichulo» se adhiere como un chicle.

MADONNA «Hung Up» (2005)
Kylie Minogue y Gwen Stefani habían dejado obsoleta a Madonna en esta década. Celosa, decidió dar un golpe de autoridad con un single que llegó como un auténtico ciclón. ¿La receta? Estética retrosetentera, un sampler de Abba, una producción excelsa y mucho fuego con una canción que en realidad es más una sensación de euforia discotequera que otra cosa. Un hit en toda regla.

THE STROKES «Last Nite» (2001)
Como los Stone Roses de 1989, The Strokes parecían haber nacido para una única cosa: ser adorados. Con una aleación precisa y perfecta de guitarras, pantalones pitillo e indolencia lograron agotar las existencias de Converse Allstar, descubrir a los Modern Lovers a toda una generación y convertir Nueva York durante unos años en la capital pop. Ah y dar canciones tan vigorosas y energéticas como este Last Nite.

AVRIL LAVIGNE «Complicated» (2002)
Si todas las adolescentes de la primera mitad de la década querían tener la raya del ojo gruesa fue, en gran parte, por culpa de esta chica y de esta canción. Se trata de una resultona melodía que gira en torno a lo difíciles que son los chicos en las relaciones. «¿Por qué tiene que ir y hacer las cosas tan complicadas?», pregunta en su estribillo con una actitud entre Green Day, una rapera y una chica emo. Nena Daconte la saqueó en su En qué estrella estará.

RADIOHEAD «Idioteque» (2000)
El gran disco rock de la década llegó pronto. Con Kid A Radiohead perfilaron cómo debería ser el rock más excitante del siglo XXI: inquietante, oscuro y opresivo. Este tema es lo más parecido a un single que tuvo el álbum, todo un no-hit. Una parte de la crítica más tiquismiqui inicialmente les negó el saludo (decían que !plagiaban a Autechre!), pero al final parece que se impuso el sentido común y nadie los apea entre los imprescindibles de los dosmiles.

BEYONCÉ «Crazy in Love» (2003)
En Beyoncé encontramos el clásico ejemplo de artista que combina discos mediocres y canciones sueltas totalmente demoledoras. Crazy In Love apeló al soul tórrido de la mano de un sampler de los Chi-Lites y un videoclip inenarrable. Nadie, o casi nadie, se pudo resistir. Y la máquina de éxitos sigue funcionando con cosas tan maravillosas como Single Ladies, un tema que tiene más riesgo y experimentación que las obras completas de Franz Ferdinand, Bloc Party y Futureheads juntos.

PRIMAL SCREAM «Svastika Eyes» (2000)
Cuando en los primeros años de la década ibas a una discoteca y la gente se volvía literalmente loca escuchando esta canción, tenías la sensación de estar viviendo un momento único. Si eso se trasladaba al escenario de un gran festival, todo se acrecentaba. Swastika Eyes fue una de las razones que convirtió a Primal Scream en los grandes salvadores de ese rock n´roll que tiene un pie en Can, otro en los Stooges y otro en Little Richard. Aguantaron otro asalto con Evil Heat y aquel puñetazo de Miss Lucifer y, luego, bueno, bajaron bastante el nivel. ¡Cómo los echamos de menos!

DORIAN «A cualquier otra parte» (2007)
El pop español debería ser siempre así: adictivo, excitante, siempre cautivador. Dorian han grabado, sí, la mejor nación nacional de la década, demostrando que se puede llegar a un público más allá del indie con la calidad por bandera usando el principal canal de distribución con el que cuentan los grupos que no salen en los 40: los dj´s. Esta canción es ya un himno de club y ha calado, incluso, en quienes no soportan al grupo.

PJ HARVEY «Good Fortune» (2000)
Pj Harvey no solo dejó dos obras maestras (Stories From The City, Stories From The Sea y White Chalk), dos álbumes notables (Uh Huh Her y el A Woman A Man Walked By con John Parish) y uno de los mejores directos de la década, sino que además ha dejado una hilera de canciones sueltas memorables. En Stories From The City, más atractiva y magnética que nunca, sacó a relucir su lado más pop y dejó, entre muchas otras, un tremendo Good Fortune. ¿Lo malo para ella? Pocos periodistas se resistieron a plantearle sus parecidos con Patti Smith, esos de los que PJ incomprensiblemente siempre reniega.

Sí, sí, sí, aquí somos de Beyoncé

viernes, junio 19th, 2009

beyonce_article_big1(El suplemento Fugas de La Voz de hoy publica una entrevista con Beyoncé con motivo de su nueva película. Junto a ella se incluyó este perfil de la artista)

Año 2003. «¿Estás preparado?». Lo pregunta una desafiante Beyoncé en el vídeo de la célebre Crazy In Love. El espectador asiente. Desconoce la bola de fuego que viene luego. Entre suntuosos «oh, oh, oh, oh» e imposibles contorsiones físicas y vocales, surge toda una irresistible erupción soulera propulsada por samplers de época. Con ella Beyoncé se corona definitivamente como una de las reinas del pop de la década, la cara negra de la misma moneda en la que figura al dorso Kylie Minogue. Igual que ella, el trono conlleva el estatus de mito sexual.

No obstante, genera polémica en ambos frentes. Como ocurre con Scarlett Johansson, la mirada femenina y la masculina parecen llevar lente diferente. El escucharlas, a muchas de ellas, tachándola de gorda —sí, sí, de gorda— genera que en la mayoría de los rostros de ellos se dibuje una mueca de interrogación. También que alguno, preocupado por adónde nos puede llevar esta locura impuesta por los diseñadores de moda, solicite una urgente revisión de los cánones de belleza. Que a este ritmo la Sofía Loren de los sesenta va a ser retomada como un ejemplo claro de obesidad.

Por otra parte, está su producción musical en la que incluyen algunos de los mejores singles del último decenio. Eruditos y puristas no opinan lo mismo. Es más, la consideran un puro chicle y un cero a la izquierda. Seguramente necesiten 20 años y la nostalgia del recuerdo granulado para verla como hoy se ve a Diana Ross. A la que, por cierto, interpretó en la bienintencionada pero fallida Dreamgirls. Y es que lo de su valía como actriz, pues, ejem, corramos un tupido velo.

Del mismo modo que Diana en The Supremes, Beyoncé Giselle Knowles (Houston, 1981), dio el primer paso firme de su carrera dentro de un grupo de laboratorio. Nos referimos a las Destiny’s Child. Surgidas en los primeros noventa, no cristalizaron hasta el enganche entre una década y otra. Entonces jugaban a lo dulce y lo agresivo en clave r&b. Acariciaban a golpe de tercipelo melódico con los celos desesperados de Say My Name y prendían fuego a la pista de baile con Bootylicious, una palabra compuesta y creada por Beyoncé que junta los vocablos booty (‘trasero’) y delicious (‘delicioso’) en donde lo dejaba claro sus intenciones: “Mis caderas son firmes, mis muslos tambien / mi pelo es bonito, mis ojos son frescos / luzco ardiente, huelo muy bien / vengo como bajada del cielo”. Paradójicamente, todo ello contó con el asesoramiento de su padre, el pastor Rudy Rasmus de la Iglesia Metodista Unida de San Juan, que ha guiado su carrera.

Su mentor le inyectó ego y la impulsó en el 2003 a dar el paso en solitario con el exitoso Dangerously in Love. Breve reunión de las Destiny’s Child mediante, el paso fue definitivo. Luego, llegó un segundo disco, B’ Day. Y, posteriormente, un tercero supuestamente bicéfalo, I Am Sasha Fierce, que en su cara agresiva incluye la ya célebre Single Ladies, todo un cántico al “busco marido en la discoteca”. Posiblemente sea, tras Crazy In Love, su mejor tema. Un trallazo de r&b que rememora la fuerza de Tina Turner y cuya coreografía ha sido imitada por artistas de todo pelaje, desde Justin Timberlake a Pilar Rubio. Y bueno, esta semana estrena una película. David Bowie también fue actor, ¿no?

Buenas noticias en el planeta mainstream

lunes, octubre 27th, 2008

No es ningún secreto que algunas de las mejores canciones de esta década las ha dado el mainstream. Nos referimos a cosas tan magistralmente perfectas como I Can´t Get Out Of My Head de Kylie Minogue, Hey Ya de Outcast o Crazy In Love de Beyoncé, de esas que ya tienen lugar preferencial dentro de la historia de las grandes canciones del pop. Se trata de temas que te derrumban completamente y que vienen a ser la sublimación total del pop entendido como cultura popular: estribillos memorables, videoclips de esos que no se olvidan y todo ello compartido de manera masiva en todos los frentes.

Pues bien, los seguidores de las diferentes factorías del pop de consumo americanas tienen buenas noticias porque dos hits se suman a la larga lista. Tanto Britney Spears como Beyoncé han lanzado este mes los adelantos de sus próximos trabajos apelando a sus esencias: inmediatez, derroche visual y un pizca de provocación con la que lograr artículos en prensa con los que crear expectación. No son Baby One More Time ni Crazy In Love, pero al menos confirman que ellas (y todo su laboratorio) están en buena forma.

En el caso de la Spears, Womanizer, continúa el pop obsesivo con barniz electro que tan buenos resultados le dio en su último álbum. Pero mucho nos tememos que todo ello quedará ensombrecido por la noticia: sale en el clip desnuda.

Respecto al Single Ladies de Beyoncé extrae lava del volcán negro con una pieza que es puro fuego. De lo mejor que ha hecho en tiempo.