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Entradas etiquetadas como ‘Beyoncé Giselle Knowles’

Beyoncé buscando su madurez

Viernes, julio 29th, 2011

Puede que Beyoncé edite un disco excelente algún día. Nos referimos a un elepé compacto, donde todos los temas funcionen y respondan a una arquitectura con sentido. Es decir, que no sean el simple acompañamiento de un single deslumbrante tipo Crazy in Love o Single Ladies. Todavía falta, pero lo más cerca que ha llegado a ese punto se encuentra en 4, su último trabajo. No incluye ningún rompepistas claro y arrollador, pero sí la que probablemente sea su mejor colección de canciones hasta la fecha. Falsamente suave y aterciopelado, se ha vendido como el disco de baladas de Beyoncé. También como el paso de madurez y de reafirmación de una artista que, a estas alturas, se puede permitir avanzar obviando las listas de ventas.

Por partes. Es cierto que el amor muestra sus múltiples caras en baladas de todo tipo y condición a lo largo del disco. Que este empieza con una bonita 1+1 , derivativa del Purple Rain de Prince; que apela al do de pecho y alma en piezas como Best Thing I Never Had o I Was Here, algo insulsas y perfectas aspirantes a clímax musical de una película romántica; que arrulla en las sensuales ondas de I Miss You; y que busca el estremecimiento soulero en I Care. Totalmente cierto, pero no menos que que en 4 existe más que eso, mucho más.

Solo hay que avanzar hasta la segunda mitad del álbum. Ahí nos encontramos con las deliciosas reminiscencias ochenteras de Love On The Top. También con la rítmica acelerada Countdown, recordatoria de Single Ladies y guiada por un sampler de trompeta que alberga versos como «Matándome suavemente, todavía estoy cayendo/Todavía eres lo único que necesito, solo quiero estar contigo». Y, por supuesto, con esa End Of Time, vitalista y de querencia africana.

Todo para llegar al gran tema del disco. Run The World, situado al final, semeja inspirarse directamente en el primer álbum de M.I.A. Muestra a una Beyoncé pletórica y pirotécnica, entregada a la rítmica del funk carioca, alternándolo con seda pop, y dejando un hit maravilloso pero imposible. Se trata del particular «porque yo lo valgo» de una artista que, en su contraportada, parece mandar un mensaje: una fotografía de espaldas luciendo su ya célebre trasero. Y no, no faltará quien diga que hay Photoshop.

Imagen de previsualización de YouTubeBeyoncé interpretando “Run The World” en el festival de Glastombury

Sí, sí, sí, aquí somos de Beyoncé

Viernes, junio 19th, 2009

beyonce_article_big1(El suplemento Fugas de La Voz de hoy publica una entrevista con Beyoncé con motivo de su nueva película. Junto a ella se incluyó este perfil de la artista)

Año 2003. «¿Estás preparado?». Lo pregunta una desafiante Beyoncé en el vídeo de la célebre Crazy In Love. El espectador asiente. Desconoce la bola de fuego que viene luego. Entre suntuosos «oh, oh, oh, oh» e imposibles contorsiones físicas y vocales, surge toda una irresistible erupción soulera propulsada por samplers de época. Con ella Beyoncé se corona definitivamente como una de las reinas del pop de la década, la cara negra de la misma moneda en la que figura al dorso Kylie Minogue. Igual que ella, el trono conlleva el estatus de mito sexual.

No obstante, genera polémica en ambos frentes. Como ocurre con Scarlett Johansson, la mirada femenina y la masculina parecen llevar lente diferente. El escucharlas, a muchas de ellas, tachándola de gorda —sí, sí, de gorda— genera que en la mayoría de los rostros de ellos se dibuje una mueca de interrogación. También que alguno, preocupado por adónde nos puede llevar esta locura impuesta por los diseñadores de moda, solicite una urgente revisión de los cánones de belleza. Que a este ritmo la Sofía Loren de los sesenta va a ser retomada como un ejemplo claro de obesidad.

Por otra parte, está su producción musical en la que incluyen algunos de los mejores singles del último decenio. Eruditos y puristas no opinan lo mismo. Es más, la consideran un puro chicle y un cero a la izquierda. Seguramente necesiten 20 años y la nostalgia del recuerdo granulado para verla como hoy se ve a Diana Ross. A la que, por cierto, interpretó en la bienintencionada pero fallida Dreamgirls. Y es que lo de su valía como actriz, pues, ejem, corramos un tupido velo.

Del mismo modo que Diana en The Supremes, Beyoncé Giselle Knowles (Houston, 1981), dio el primer paso firme de su carrera dentro de un grupo de laboratorio. Nos referimos a las Destiny’s Child. Surgidas en los primeros noventa, no cristalizaron hasta el enganche entre una década y otra. Entonces jugaban a lo dulce y lo agresivo en clave r&b. Acariciaban a golpe de tercipelo melódico con los celos desesperados de Say My Name y prendían fuego a la pista de baile con Bootylicious, una palabra compuesta y creada por Beyoncé que junta los vocablos booty (‘trasero’) y delicious (‘delicioso’) en donde lo dejaba claro sus intenciones: “Mis caderas son firmes, mis muslos tambien / mi pelo es bonito, mis ojos son frescos / luzco ardiente, huelo muy bien / vengo como bajada del cielo”. Paradójicamente, todo ello contó con el asesoramiento de su padre, el pastor Rudy Rasmus de la Iglesia Metodista Unida de San Juan, que ha guiado su carrera.

Su mentor le inyectó ego y la impulsó en el 2003 a dar el paso en solitario con el exitoso Dangerously in Love. Breve reunión de las Destiny’s Child mediante, el paso fue definitivo. Luego, llegó un segundo disco, B’ Day. Y, posteriormente, un tercero supuestamente bicéfalo, I Am Sasha Fierce, que en su cara agresiva incluye la ya célebre Single Ladies, todo un cántico al “busco marido en la discoteca”. Posiblemente sea, tras Crazy In Love, su mejor tema. Un trallazo de r&b que rememora la fuerza de Tina Turner y cuya coreografía ha sido imitada por artistas de todo pelaje, desde Justin Timberlake a Pilar Rubio. Y bueno, esta semana estrena una película. David Bowie también fue actor, ¿no?

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