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Muerto Jacko, ¿quién es el rey? (4)

Jueves, julio 16th, 2009

VÍCTOR LENORE (Rockdelux, La Dinamo)

dscn15501U2: Soy muy fan de la mitad de Achtung Baby!, además de otra docena de canciones de U2. Pero, siendo sinceros, les veo como rock para gente a la que no le gusta el rock. No han hecho nunca nada controvertido, nada que pueda enfadar al gran público, nada que pueda desafiarle un poco siquiera. Eso les descalifica como grupo de rock and roll y también explica su aceptación masiva. The Edge tiene un estilo inconfundible de tocar la guitarra, Bono ya sabe cantar como si hubiera vivido algo (no como en los cuatro primeros álbumes) y la sección de ritmos siempre sonó muy sólida. Aunque parezca ofensivo, la experiencia me dice que la mayoría del público de U2 es gente que no compra más de diez o quince discos al año. Si supieran sus opciones, muchos serían fans de otros artistas. Ahora mismo U2 me parecen un grupo sin rumbo que ofrece con cada disco menos de lo mismo. Suenan a algo conocido, familiar, fácilmente descifrable, carente de conflictos y de misterio. Supongo que por eso venden tanto.

Bruce Springsteen: Hace unos meses en la web Slate.com leí una frase buenísima: “¿Es posible escuchar a Bruce Springsteen sin imaginar que eres Bruce Springsteen?” Creo que ahí está su poder de seducción: representa a una especie de superhéroe que todos quisiéramos ser en la vida cotidiana. Incluso los perdedores de sus historias tienen un halo de dignidad y chulería muy atractivo (bueno, la mayoría, no creo que nadie quiera verse metido en The River o My Hometown). Mi impresión es que para él empieza la cuesta abajo. En solitario no tiene la misma intensidad que con The E Street Band y estos empiezan a mermarse entre muertes prematuras y problemas de salud. Hace dos o tres giras que Clarence Clemmons saca un butacón para poder sentarse cuando no toca el saxo. Me da que lo mejor lo ha dado ya, pero eso dijeron muchos de Johnny Cash y acabó haciendo discos enormes al borde la muerte. In boss we trust.

Madonna: Dicen los expertos en mercadotecnia pop que te conviertes en estrella cuando consigues seducir simultáneamente al público infantil y la comunidad gay. A la altura de Like a Virgin, su segundo disco, ella ya tenía a los dos en el bolsillo. Tengo una amiga feminista que dice que los vídeos de Madonna han contribuido más a que las chicas se sientan poderosas que todas las cantautoras del mundo juntas. Sabe contagiar la sensación de confianza y de control sobre tu vida. Por desgracia con los años se convirtió en aburrida neohippie (Ray of Light) y diosa de los fashion victims. En esta gira sale en un Rolls y dos canciones después habla del hambre el África. Resumiendo: hoy combina lo peor de Paris Hilton con lo peor de Pedro Guerra.

Rolling Stones: Creo que se convirtieron en artistas globales porque capturaron mejor que nadie un montón de energías sociales reprimidas que salieron a la luz en los sesenta y setenta. Además , todas sus canciones hablan de necesidades humanas básicas. Mira por ejemplo Gimme Shelter, podría ser el himno oficial de la crisis que estamos viviendo. Hoy se han convertido en un grupo de autohomenaje, pero el concierto de la gira 40 Licks (verano de 2003) en el Vicente Calderón es de lo mejor que he visto sobre un escenario en los últimos veinte años. Y eso que acudí sin mucha esperanza de ver algo sustancioso”.

Michael Jackson: Si no hubiera existido habría que inventarlo. Bad es una obra maestra. Creo que si hoy no tenemos otro como él es porque en 2009 los medios de comunicación son mucho más conservadores que en 1982. Ahora mismo tendrían que estar dando máximo protagonismo a artistas tan singulares, alucinantes y mágicos como él. Me vienen a la cabeza M.I.A o Gnarls Barkley, que podrían ocupar perfectamente su lugar, pero no se ha dado al gran público la oportunidad de conocerlos a fondo como sí tuvo él en la época de Thriller y siguientes.

Aquella Nochevieja de 1983

Viernes, junio 26th, 2009
http://www.dailymotion.com/videoxzv4f

Cuatro años antes de que Sabrina revolucionase el país con su pecho saltarín, el especial de Nochevieja de televisión española -todo un acontecimiento entonces- emitió un documento de esos que iba a afectar totalmente a una generación. Viajemos en el tiempo. 31 de diciembre de 1983. Champán y campanadas en la Puerta del Sol. Televisiones sin mando a distancia y primos mayores arreglándose para salir. Padres más sonrientes de lo normal y esa sensación de estar ahí, sin más, como un personsaje secundario del telefilme familar. De pronto, anuncian en la tele a un artista americano. Uno que, dicen, es una estrella que va a revolucionar el pop. Lo que empieza a verse -¿una película?, ¿un anuncio?, ¿una serie?, ¿¿¿qué demonios es eso???- engancha. Se hace el silencio. Lo emiten con subtítulos. El protagonista lleva una cazadora de cuero rojo súper molona. Sale con su novia del cine de ver una película de zombis. Y arranca la música. ¡Zas! Todo encaja: la música, la interpretación, la manera de bailar. De pronto, surge la fascinación. Ojos abiertos, abdución por lo que se ve en la televisión, sentir –sin saberlo- el efecto del pop en su máxima expresión. Cuando llegan las coreografías finales el artista atrapa totalmente. Michael Jackson, un tipo del que la mayoría jamás había escuchado ni una palabra y que se colaba en los hogares españoles para siempre. El clip era Thriller.

Aquel día muchos de los que hoy tienen treinta y tantos sintieron esa magia, la que empuja hacia el mundo pop y ante la que no hay marcha atrás. Luego, llega la adquisición del disco, Thriller, una maravilla que escuchada hoy en día es todavía más maravillosa (aunque solo por los arreglos de Quicy Jones en Billy Jean hay que rescatar). Un disco que el hermano mayor compra en vinilo y el menor lo graba en una cinta TDK para poder escuchar en el radiocasete, para poder llevar al cole, para poner en las tardes de los viernes, el día que dejaban poner música. Mientras, la devoción aumenta. Eran aquellos tiempos sin Internet, donde cuando llegaba un disco al hogar se escuchaba y escuchaba como si no existiera otra cosa en el mundo. Donde en 1984 se seguían escuchando los discos de 1982 como algo reciente. Y Thriller sonó y sonó hasta que, más adelante, aquellos niños ya preadolescentes reciben Bad, un disco si cabe mejor. Sí, sí, es la obra de The Way You Make Me Feel, Smooth Criminal, Dirty Diana y la homónima Bad. Sí, pero por encima de todo es el disco de Man In The Mirror, esa canción maravillosa que, cuando se tienen once años y apenas cuatro o cinco discos, se escuchan mil veces seguidas. Y, luego, al año siguiente, emiten la gala de los Premio Grammy en la segunda cadena y ese tema interpretado juno a coro góspel suena a cuarto mitad de gloria y a la reivindicación de un artista que, entonces, parece insuperable.

Imagen de previsualización de YouTube Actuación de Michael Jackson en los Grammy 1988

Pero ya se sabe, se crece, se aprende y se pierde esa inocencia. A medida que se conocen a los supuestos grandes grupos (U2, Bruce Springsteen, The Cure, The Police, Pink Floyd… o eso eran lo que nos decían) Michael Jackson queda a un lado como algo menor, artificial, prescindible. Se pierde en el cuarto de los trastos. Y tendrán que pasar muchos -pero muchos- años para darse uno cuenta que precisamente en aquellos impactos infantiles y juveniles radica la esencia del pop. Cuando toca valorar The King of Pop, una recopilación alimenticia de Jackson editada recientemente y hecha única y exclusivamente para recaudar dinero, el que otrora fue fan infantil se ve incapaz de bajar de las tres estrellas sobre tres ante la sucesión de joyas. Unos meses después, Internet escupe: el mito ha muerto. Entonces, a muchos le vienen a la cabeza un montón de sensaciones y, quizá, a alguno de ellos incluso la explicación sobre qué demonios hace a las dos de la mañana frente a un ordenador intentando dar forma a unas emociones imposibles de empaquetar en unas líneas. Sí, él fue uno de los que pulsó el resorte.

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