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El mundo pop canta a David Bowie

lunes, enero 18th, 2016

bowie fans 2

Era previsible. La muerte de David Bowie ha generado la semana pasada un sinfín de homenajes en todo el mundo. No solo se trata de su desaparición, sino cómo esta se convirtió en su última impulso creativo lo que ha dejado conmovido al planeta pop. Artículos de periodistas, recordatorios de particulares, portadas de periódicos, cierres de telediarios, su música sonando en todas partes y, también, muchos artistas se renombre haciendo lo lógico en estos casos: reinterpretar sus canciones a modo de tributo. Aquí van algunos de ellos.

Uno de los primeros en aparece fue el de Rick Wakeman, el célebre teclista del grupo de rock progresivo Yes. Se trata de una pieza importante en el mundo Bowie. Intervino en el clásico Hunky Dory (1972), dejando su impronta en los preciosos pianos que se pasean a lo largo de sus surcos. El mismo lunes en el que todos conocimos el fallecimiento del artista, Wakeman acudió a los estudios de la BBC Radio 2 e interpretó al piano Life On Mars, una de las más bellas composiciones de toda la carrera del Duque Blanco.

Otro que no dudó en hacer su particular genuflexión ante el cancionero de Bowie fue Adam Lambert, cantante americano surgido del programa American Idol. Ajustado a su medida, apeló al clásico de la época discotequera Let’s Dance, cantándola en directo dentro de uno de los recitales de su gira en Asia.

Madonna tan solo tardó un día en explicitar su amor por el astro pop sobre el escenario. En uno de sus conciertos americanos, en Texas, aprovechó para dirigirse al público. Le dijo que David Bowie fue uno de los mejores compositores del siglo XX y que le había cambiado la vida desde que lo vio por primera vez en directo. «Él me enseñó a mí que estaba bien ser diferente», subrayó. Y atacó con un guitarrero Rebel,Rebel, con cambio de vestuario incluido

Rebel Rebel también fue la canción elegida por Bruce Springsteen el pasado sábado, en el primer recital de la gira The River, celebrado en Pittsburgh. El Boss quiso recordar a su «gran amigo» y los tiempos en los que grabó Young Americans. Sin más, apeló a su Telecaster e hizo suyo un himno del rock rebelde.

Pero quizá el homenaje más curioso de todos los que ha recibido Bowie estos días tuvo lugar en Nueva Orleans. En sus calles Arcade Fire se juntó con la Preservation Hall Jazz Band paseando el repertorio del artista por sus calles, en un ambiente festivo y colorista. Esta es la insólita versión de Heroes que se puedo escuchar

También hubo recuerdos sentidos al artista en España. El más importante de todos tuvo lugar el pasado sábado en Barcelona. Organizado en tiempo record, The Stars Look Very Diferent Today reunió a integrantes de bandas como Sidonie, Inspira, Mazoni, Mishima, Delafé o San León con el único objetivo de revisar un repertorio mítico y honrar a Bowie celebrando su obra. El éxito fue total.


El último guiño de un grande a Bowie que ha trascendido fue el de Robbie Williams, quien subió a su cuenta de Facebook una interpretación casera de Changes, junto a Rufus Wainwright y Guy Chambers. ¿Terminará representándose en un escenario? Habrá que estar atentos

Pero sin duda el más emotivo de todos los homenajes no lo protagonizó ninguna estrella del pop. En Brixton, el barrio en el que se crió Bowie, decenas de fans se echaron a la calle espontáneamente para honrar al mito. Los videos que circularon estos días hablan de devoción y emoción, de tristeza y alegría, de cariño y pena por haber crecido con Bowie y ver que se ha ido para siempre.

El “Acthung Baby!” de Arcade Fire al final se quedó a medio camino

lunes, noviembre 25th, 2013

Puede molestar la comparación a ciertos fans alérgicos a Bono & cia que nunca quisieron ver la obvia conexión entre ambas bandas, pero la escena evoca en su espíritu a los U2 de Acthung Baby! (1990). Las burbujeantes mentes de Arcade Fire han visto la necesidad de reinventarse para su nuevo disco, Reflektor. El revelador y ya clásico discurso de pop épico de Funeral (2004) se había ensanchado a lo grandioso con Neon Bible (2007) y comprimido lo más posible en The Suburbs (2010). Semeja que quedaba más por moldear sin repetirse y optaron por no hacerlo, buscando inspiración en la escena alternativa del momento. Si en 1990 los irlandeses miraron a los sonidos industriales y la burbujeante escena de aquel Manchester que exigía el mad, desde Montreal se han dirijido los ojos al baile a lo LCD Soundsystem (de hecho, produce James Murphy) o la revisión indie del afro-pop, todo ello quitando lastre solemne y dejándose llevar por cierta ligereza discotequera.

Nada malo en ello, en principio. El problema llega cuando el disco transcurre y el oyente tiene la sensación de que a Win Butler y sus muchachos les ha cegado el brillo de la bola de espejos, bajando de manera notable el listón de calidad acostumbrado. Sí, pese a los flashes que emitía la inicial Reflektor en su condición de adelanto -los mismos escalofríos, la misma fuerza, otro lenguaje, subidón, ¡fiesta!- lo cierto es que este excesivo doble álbum deja una cierto regusto a aventura fallida o, cuando menos, a trabajo que se queda a medio camino de su destino. Lo típico: en manos de otro sería un disco notable, pero en el currículo del que para muchos es el mejor grupo del momento surge más bien como un paso en falso. Cuestión de grandeza.

Ahogadas en un envoltorio mate y una producción quizá demasiado densa, las canciones se debaten entre mostrar sus virtudes melódicas o sus soluciones estilísticas. Y rara vez convencen plenamente en ninguno de los dos frentes. Al menos no como solían. Ahí está la pirotécnica Here Comes The Night Time subiendo y bajando velocidad en su evidente guiño a Diplo, la barroca Flashbulb Eyes al modo de un juguetón aleidoscopio caribeño o It’s Never Over buscando inspiración en la eterna modernidad de Bowie. Casi todo entretiene, pero nada se acerca a los (emocionantísimos) logros del pasado. Tampoco los temas más continuistas de su sonido como You Already Know o We Exist, dejando claro que, en efecto, la cosa puede recordar a aquellos U2 que fueron a renacer Berlin. Pero, lo dicho, solo en espíritu.

Porque seguimos sin encontrar aquí un The Fly. Tampoco un One. Ni mucho menos un Ultraviolet. La cosa más bien recuerda a aquellos Suede que quisieron hacer lo mismo con Head Music (1999) y a lo más que llegaron fue a dejar tres singles para el greatest hits junto a alguna pieza aislada. Así que queda disfrutar de ese ramillete (hay que sumar el nuevo sencillo, el potente Afterlife) y ponerle unas velas al santo favorito para que el siguiente paso de Arcade Fire no sea un A New Morning (2002) y todo se vaya al traste.


Vídeo de Reflektor, la pieza que abre el álbum

Woody Allen, el 15-M, Arcade Fire y el círculo de la nostalgia

martes, mayo 31st, 2011

Medianoche en París es el título de la última genialidad de Woody Allen. En ella, el neoyorkino da un quiebro a su última trayectoria y firma, probablemente, la mejor de sus películas desde Match Point. Trata de la nostalgia, de su embriagadora sensación y de sus trampas. De como muchas personas que anhelan una época pasada desconocen que, de vivirla sin ese plus de haber fantaseado con ella, seguramente se encontrarían en una enorme paradoja: la de anhelar una era anterior. Es decir, la nostalgia convertida en un estado de ánimo que gira en círculos sobre sí mismo.

Muchos de los que viven abrazados a mundos paralelos y escapistas -el cine, la música, la literatura, el activismo, el fútbol…- padecen esa malsana inclinación. Difícilmente sienten el presente como algo vibrante. No, se imaginan cuán emocionante sería haber vivido el Nueva York de los cincuenta, haberse dejardo caer por la Movida Madrileña o participado en el mayo francés. Por contra, ven su día a día, la mayor parte del tiempo, como un pálido reflejo de todo lo que le sugiere esa adoración, con memorabilia incorporada, ediciones deluxe, pósteres y mil anécdotas. Solo, de cuando en cuando, algo prende el fuego dentro. El fuego que le hace a uno sentirse partícipe de la historia, de vivir en tiempo real los momentos que se echarán de menos en el futuro, los que serán pasto de esa nostalgia para los que vengan luego.

Hoy se puede bajar a la calle, escuchando un disco de Arcade Fire en el Ipod y ver lo que está ocurriendo en una ciudad como A Coruña. También en el resto de España. Y en muchos otros lugares del mundo. Hay ese fuego, hay vida y la misma luz de futuro que trasmitían los canadienses disco a disco, de ahí la elección. El presente tiene la piel de gallina y, eufórico, piensa que va a marcar un antes y un después. No sospecha que mañana quizá todo se desvanezca por su inconsistencia para quedar, únicamente, el Ismael Serrano de turno cantando una canción. Tampoco que muchos de sus hoy protagonistas den un giro radical, para convertirese en la antítesis de lo que defendieron. Ni se plantea que la llama se pueda apagar para darle la razón a los escépticos, a los desconfiados, a los que cuentan los días para soltar con autosatisfacción el “ya lo decía yo” en un bar o en una tertulia de televisión.

El día que ese momento llegue, el mundo, este mundo, será mucho más gris. Y seguro que muchos, tiempo después, leerán sobre el llamado movimiento 15-M y, como en la película de Woody Allen, querrán venir a sentir esto, a hacer la revolución desde Twitter y con Arcade Fire sonando de fondo. “!Aquello sí que era compromiso!”, “!Aquello sí que era música!”, “!Aquello sí que era juventud!”, habrán escuchando mil una vez para entonces. Pero, ojo, porque a lo mejor, si la máquina del tiempo funciona, quienes suban a ella desde el futuro se encontrarán a muchas de las personas del 2011 echando de menos otra época ideal. Y no sintiendo cómo la historia, para bien o para mal, se está haciendo en directo delante de sus ojos, sin que se estén dando cuenta.

Nota: la foto fue tomada en la cadena humana del Obelisco a María Pita en A Coruña del pasado miércoles y es obra de María Aurtenechea

“Sprawl II”, la gran canción del 2010

martes, enero 4th, 2011
Imagen de previsualización de YouTube

Es la canción. La que simbolizará 2010 en la memoria de muchos. Se titula Sprawl II (Mountains Beyond Mountains). Aparentemente banal en su tono synth-pop con ribetes vocales a lo Cyndy Lauper, brilla con luz propia dentro de The Suburbs, el tercer álbum de Arcade Fire. Situada justo al final, como si en su supuesta frivolidad ochentera se evaporase todo el peso reflexivo del disco, surge frente al oyente un poco a traición. Al contrario que los grandes himnos de los canadienses lo hace sin ápice de solemnidad, sin dar a entender, ni por asomo, que es una joya. Por ello, al tocar la fibra sin avisar, conmueve aún más. Por ello, cuando el 2010 se cerró con llave y sonó en la fiesta final, todos se miraron. Y sonrieron. Y dijeron sin hablar que sí, que esa era la canción.

Sprawl II no solo planea un viaje musical a los años ochenta. También lo hace en el plano sentimental para los que hoy superan la treintena. Los deseos juveniles taponados por la incomprensión y la llamada “a la realidad” flotan en el ambiente. “Me oyeron cantar y me dijeron que parase / deja todas esas cosas pretenciosas y pega un puñetazo al reloj”, arranca Régine Chassagne con su voz deliciosamente infantil. No resulta difícil imaginar a una adolescente frustrada en su habitación, empecinada en buscar su lugar, soñando más allá de las opciones que le ofrece su barrio. Cuando está a punto de ceder ( “Estos días siento que mi vida no tiene propósito”) surge de nuevo la luz: “Pero a altas horas de la noche los sentimientos salen a la superficie / Porque en la superficie las luces de la ciudad brillan / Me están llamado, “ven y encuentra a los tuyos”.

Aunque la escena se sitúe en uno de los suburbios de Montreal (“Viviendo en el barrio de las afueras / supermercados muertos se alzan como montañas más allá de las montañas”) poco o nada cuesta abrazarse a ese sentimiento y trasladarlo a la topografía sentimental de cada cual. Buscar a los tuyos, dicen. Encontrar a esas personas que hablan tu lenguaje, que conviertan en real la sensación de libertad de esas canciones, que derrumben los muros del barrio. No hay cinismo todavía. No hay falso glamur pop. Tampoco inadaptados ansiando ser cisnes de fin de semana. Existe, sobre todo, la sensación de “juntos podremos”, la de querer formar parte de un batallón juvenil frente a la sinrazón de la normalidad. Pero inevitablemente, todo ello se germina en otro lugar. “A veces me pregunto si el mundo es tan pequeño / Que nunca podemos escapar del barrio”, confiesa Régine con una pizquita de histrionismo teenager que busca apaciguar su insatisfacción.

Entonces llega la huida. Y los versos más conmovedores de la canción. Uno a uno, inyectan emoción, mientras se visualizan las imágenes como fotogramas adolescentes proyectados en la pantalla. Primero: “Condujimos nuestras bicis al parque más cercano”. Segundo (suspirando): “Nos sentamos bajo los columpios, nos besamos a oscuras”. Tercero (conmoviéndose): “Nos protegemos los ojos de las luces de la policía”. Cuatro (y ya derritiéndose completamente): “Salimos corriendo, pero no sabemos por qué”. Stop, por favor. Podrá parecen una nimiedad, pero en esta línea se encuentra una de esas pequeñas genialidades que, de cuando en cuando, nos depara la música pop. ¿Existe alguna definición mejor de los temores adolescentes que esa huida hacia ninguna parte justo después de haberse besado en la oscuridad? Pues como el “Y si todo va tan bien por qué este dolor que siento” de Los Planetas aquí Arcade Fire tocan el cielo, logran la conexión directa entre palabra y sentimiento y sumen al fan en la plenitud total.

Y todo para llegar a los dos versos finales ( “Y como un espejo las luces de esta ciudad brillan / Nos están diciendo “No necesitamos a la gente como vosotros”) que le ponen un triste telón de fondo a cinco minutos de euforia. Cuando el disco sigue sonando y The Suburbs (continued) lo cierra, ya languideciendo, la mente viaja hacia unos títulos de crédito imaginarios. Y el adolescente sale de la canción para retornar a su casa, al barrio, cansado, desolado y triste. En bici por los suburbios. O en un bus urbano vacío en una ciudad como A Coruña. Deseando salir de ahí, hacia algún lugar, a encontrar a los suyos. Estén donde estén.

Los mejores conciertos celebrados en Galicia en el 2010

viernes, diciembre 31st, 2010

ourense1Ahora que ha terminado quedan pocas dudas de que 2010 ha sido impresionante para la música en directo en Galicia. La entrada en escena del Xacobeo y su refrescante gestión se fundió con el trabajo de las salas, fundaciones y festivales que ya venían dando señales de cambio en años anteriores. Entre todo se creó un calendario que obligó, en más de una ocasión, a frotarse los ojos para comprobar realmente que todo ello estaba sucediendo en Galicia. Por este motivo, Retroalimentación añade un tercer listado dedicado a los mejores conciertos de estos doce meses. Obviamente, ha resultado imposible asistir a todos los que se celebraron en Galicia y, seguramente, de ir, recitales como el de Public Enemy, Elvis Costello, Ariel Pink’s Haunted Graffiti’s o Motörhead entrarían dentro de esta relación de doce en la que, !ojo!, se han quedado fuera Pet Shop Boys, Yo La tengo, Paul Collins, Flying Lotus, Sun O))), Bill Callahan, Alva Noto & Blixa Bargeld, Patti Smith o These New Puritants, casi ná… Con que el 2011 sea la mitad de bueno que este 2010 nos podemos dar con un canto en los dientes.

1. LEONARD COHEN (Ourense, Pabellón Paco Paz, 12 de septiembre)
Lección maestra. Mejorando lo de Vigo del 2009 (espacio cerrado, menos gente curiosa y más fans convencidos), Cohen ofreció lo esperado: casi tres horas revisando un repertorio inmaculado. Y tanto da que fuera un deja vu: las emociones fueron aún más intensas con el conocimiento previo. El concierto que querríamos escuchar en bucle durante toda nuestra vida. A ver si alguien se anima a traerlo para el 2011 y vuelve a encabezar la lista.

2. ARCADE FIRE (MTV Day, Santiago, Monte do Gozo, 4 de septiembre)
Los canadienses demostraron en el Monte do Gozo que tienen, hoy por hoy, uno de los mejores directos del planeta y que portan el mástil de la bandera musical de toda una generación. Con The Surburbs bajo el brazo equilibraron pasado y presente y alcanzaron clímax totales con piezas como Rebelion (Lies) o, muy especialmente, con ese Wake Up coral que cerró el concierto dejando a la gente entusiasmada. Tanto que muchos repitieron en Madrid meses después.

3. JÓNSI (Xacobeo 10, Monte do Gozo, Santiago, 27 de agosto)
Las buenas referencias llegadas del Sónar-Barcelona no fueron suficientes para hacerse una idea de lo que el líder de Sigur Rós iba a mostrar sobre el escenario. Precediendo a Muse y lidiando con una audiencia hostil, desplegó su pop fantasioso de cintas de colores, ritmos imposibles y euforia desboradante. Enamoró y con Grow Till Tall puso la carne de gallina a fans y profanos que lo escucharon con atención. Una maravilla.

4. DOMINIQUE A (Vangardas Sonoras, A Coruña, Teatro Colón, 16 de enero)
Dominique Ané se puso la camisa negra, se enfundó el traje de Joy Division para el estreno de La musiqué en al ciclo Vangardas Sonoras y superó todas las expectativas con un concierto impresionante. Lo del final Le Courage des Oiseaux y la gente deseando que el teatro no tuviese asientos fue un momento para el recuerdo.

5. BROADCAST (Sónar-Galicia, A Coruña, Expocoruña, 18 de junio)
El mejor concierto del Sonar-Galicia tuvo lugar para unas 200 personas en el auditorio de Expocoruña. Allí Broadcast invocó a la Velvet Underground, puso a girar su caleidoscopio pop y creó verdadera magia. Durante una hora y pico la hipnosis del dúo funcionó a la maravilla, dando la sensación de que aquella habitación permanecía al margen de todo, incluso de la fiesta hedonista que reinaba en el festival.

6. LCD SOUNDSYSTEM (Sónar-Galicia, A Coruña, Expocoruña, 17 de junio)
No se podía pedir mejor pistoletazo de salida para el Sónar-Galicia que traer a uno de los mejores directos de rock del mundo a la ciudad. LCD Soundsystem confirmaron que lo son y con su funk-rock irresistible obligaron al público que abarrotó hall de Expocoruña a bailar sin opción a rechazo. Su Yeah! final puso todo patas arriba e indirectamente dijo: sí, esto es el Sónar amigos, no estáis soñando.

7. LOS PLANETAS (Noroeste Pop Rock, A Coruña, Playa de Riazor, 5 de agosto)
La actuación de los granadinos en el clásico festival coruñés no respondió a las expectativas creadas de público (8.000 cuando se esperaban 15.000), pero desde luego sí a las artísticas. Apostando por su lado flamenco y por la psicodelia densa y al ralentí, ofrecieron una actuación sólida y espectacular que, no obstante, decepcionó a quienes iban a por el concierto festivalero de hits. Dieron un concierto casi calcado del Festival Do Norte de Vilagarcía de Arousa, por lo que aquel podría sustituirse por este en la lista. Desde los tiempos de Canciones para una orquesta química J y los suyos no sonaban tan convincentes en directo.

8. TEENAGE FANCLUB (Santiago, Sala Capitol, 3 de diciembre)
Los escoceses habían protagonizado una actuación lamentable en su día en el Santi Rock y ese recuerdo les había estado persiguiendo siempre a los ojos del público gallego. En cuanto sonó Start Again en la sala Capitol todo disipó y se conjuró un auténtico paraíso para los amantes del pop. Dont´Look Back, The Concept, It´s All In My Mind, Everything Flows… o lo que es lo mismo la banda sonora de una generación comprimida en un concierto que nos recordó que ellos siempre estuvieron ahí, a nuestro lado.

9. BARON ROJO FORMACIÓN ORIGINAL (A Coruña, Coliseo, 6 de marzo)
Un grupo que vuelve con su formación original abiertamente por la pasta, con varios de sus miembros enfrentados, sin nada nuevo que ofrecer y, aun por encima, con un sonido totalmente anclado en los ochenta. Todo pintaba mal y, quizá por ello, el impacto fue aún mayor. Lo que se vivió en el Coliseo sorprendió hasta el propio grupo, que sonó granítico y convincente como nunca, repasando un repertorio soberbio y logrando una comunión grupo-público excepcional. Ahora bien, por favor, que los barones nos dejen este recuerdo y que cada uno siga por su lado.

10. NEIL HANNON (Vigo Transforma, Vigo, Estación Marítima, 10 de julio)
El cartel anticipaba fracaso. Se anunciaba The Divine Comedy, pero luego se especificaba que vendría Neil Hannon solo. Sobre el escenario se pudo ver exactamente eso: Hanon con una guitarra acústica y un piano. Con esas armas, atacó su repertorio inmaculado y con carisma, humor y excelencia tuvo a la audiencia del Vigo Transforma comiendo de su mano. Un concierto sorprendente y encantador.

11. COCOROSIE (A Coruña, Expocoruña, 1 de junio)
Las hermanas Casaddy lograron un inesperado lleno total en su primera visita coruñesa y dejaron un recital para el recuerdo. Medio onírico, medio infantil y siempre excitante, su modo de comandar el espectáculo resultó fascinante disipando en todo momentos las dudas de quienes las miraban con desconfianza. Lemonade sonó a gloria.

12. WILLIE NILE (A Coruña, Sala Le Club, 20 de agosto)
Apareció de sorpresa en la programación de la sala Le Club en pleno mes de agosto. La llenó y dio junto a The Stormy Mondays un concierto que fue una fiesta total de rock. Entre The Byrds y Bruce Springsteen, con el músculo melódico siempre firme, el neoyorkino invocó ante poco más de 150 personas un poderío arrebatador. Uno de esos conciertos que debería ser obligado para la chavalada que solo ha consumido mp3 en su vida.

Los 10 mejores discos internacionales del 2010

miércoles, diciembre 29th, 2010

arcade-fire
Un disco como The Surburbs de Arcade Fire da sentido a todo un curso musical. En unos tiempos en los que la buena música sigue dándose, pero en los que cuesta encontrar unos Pixies, unos Sonic Youth o unos Portishead, la constatación del buen estado de salud de los canadienses resulta una excelente noticia. También la de que buena parte de los artistas que aquí se recogen (Arcade Fire, Flying Lotus, LCD Soundsystem, Cocorosie, Jónsi,…) se hayan podido ver en Galicia en vivo durante este inolvidable 2010 que ya languidece. Ah, y por si alguien le pica la curiosidad, los discos de Salem, Phosphorescent, Trembling Blue Stars, Ariel Pink’s Haunted Graffiti’s o Best Coast se quedaron a las puertas de entrar en este listado.

1. ARCADE FIRE “The Suburbs” (Universal)
Tras impresionar con un debut magistral y poner su lado épico en el mismísimo precipicio con su segundo trabajo, los canadienses optaron ahora por bajar el nivel de intensidad para reflexionar sobre su juventud y cómo ha cambiado América desde entonces. El resultado es un trabajo soberbio y emotivo, quizá el mejor de su carrera, pese a la carencia de himnos evidentes. Bueno, ahí está Sprawl II ejercicendo de biografía musicada de un buen puñado de sus fans combinando temores juveniles, escapadas en bici, deseos de trascendencia y frustraciones contra los muros del barrio. Sin duda, el mejor grupo del momento y una de esas bandas que se recordarán de aquí de 10 o 20 años. 

2. VAMPIRE WEEKEND “Contra” (XL)
Ser el icono de un movimiento tan aparentemente efímero como el afroindie obligaba a desconfiar en un principio de Vampire Weekend. La escucha de Vampire Weekend dos años después no solo refrenda si no que amplia los aplausos iniciales. Y lo mejor: este Contra, pese a estar unos milímetros por debajo en su inspiración (básicamente no tiene un M79), hace presagiar una carrera esplendorosa de pop pulcro, saltarín y barroco. La música que obliga a uno a levantarse de la cama con una sonrisa de oreja a oreja y seguir manteniendo la fe en los poderes terapéuticos de un puñado de melodías.   
 
3. LCD SOUNDSYSTEM “This is Happening” (Virgin)
Fiesta, baile y ritmo. El último capítulo de LCD Soundsystem resultó tan bueno o mejor que los anteriores. Más Bowie y funk que nunca, This Is Happening lleva incorporada de serie una bola de espejos y trasmite el músculo que en su día tuvieron Primal Scream, el que poco a poco han ido perdiendo. Cosas como Pow Pow o Drunk Girls invitan al descontrol y ese homenaje al Heroes titulado All I Want será una de esas piezas que pondrán la piel de gallina a los que hoy tienen 30 cuando la escuchen a los 50.  

4. PAUL WELLER “Wake Up Nation” (Universal)
Cuidadito, que nadie se engañe. Vale que Weller pertenece a la categoría de los intocables, de los que la crítica echa flores por inercia llenando de “modfathers” sus reseñas. También que un tipo de su edad resulta poco atractivo para la chavalada más pendiente de The Drums o cosas así. Pero resulta obligado advertir que Wake Up Nation no solo es una maravilla, sino que incluso podría gustar a los que nunca conectaron con él. ¿Por qué? Porque tiene un modo de experimentar con la tradición a modo de collage altamente sugestivo; porque dentro de esa constante el acabado resulta realmente perfecto con joyas sucediéndose una tras otra entre soul, funk, pop y psicodelia; y porque, en medio, guarda una de esas canciones bandera –Find The Torch, Burn The Plans– capaces de parar a un tren (y sonar en bucle en el iphone hasta al hartazgo).    

5. JÓNSI “Go” (Emi)
El anuncio de descanso por tiempo indefinido que hicieron Sigur Rós a principios de este año pronto se compensó con el movimiento en solitario de su líder. Como una versión a escala de la banda madre, el islandés reunió en Go belleza, intensidad y épica a partes iguales y trazó uno de esos discos soberbios cuyo problema está más en el exterior que en el interior. Sí, lamentablmente muchos lo seguirán viendo como una obra menor en su condición de proyecto paralelo. Craso error. Y, bueno, quien haya visto al artista en el festival Xacobeo 10 de Santiago o en el Sónar-Barcelona sabrá que en vivo pocos pueden hacerle sombra.

6. DEERHUNTER “Halcyon Digest” (4AD)
Brad Cox apuesta cada vez más por la concreción. Frente a los tiempos en los que su banda era un excitante surtidor de ruido, ahora su discurso posee un puñado de canciones lo suficientemente sólidas como para poder prescindir de todo artificio. Aquí lo hace, y entre ambos polos -el pop de trazo clásico y el humo noise- entrega otro gran disco.

7. THESE NEW PURITANTS “Hidden” (Domino)
Pocos se podían esperar que el grupo post-punk de Elvis iba dar un salto tan importante en su segundo trabajo. Oscuro y tribal, Hidden, es un álbum que se inspira en algunas de las mejores cosas que le han pasado al pop de los últimos años -The XX, MIA, The Liars-, le dan un envoltorio gótico-orquestal y lo guían de inicio a fin con percusiones africanas y asiáticas. ¿El resultado? Una obra excitante, diferente y tremendamente adictiva. 

8. FLYING LOTUS “Cosmograma” (Warp)
¿El mejor disco de electrónica del año? Es probable. Steve Ellison ha logrado con Cosmograma un disco con alma de jazz pero con un universo en el que entran el hip-hop, las músicas de videojuegos o la IDM. Con ello el autor crea pequeñas piezas al ralentí que podrían dar a entender en un primer momento que estamos ante uno de esos discos para poner como música de ambiente, pero que escuchado con auriculares revelan una riqueza inabarcable.

9. BEACH HOUSE “Teen Dream” (Sub Pop)
El disco bonito del 2010. Sí, tal y como lo fue el de Fleet Foxes el año pasado. Aquí está el grupo para los nostálgicos del Mercury Rev de Desert Songs. Melodías lánguidas, atmosféricas y enredadoras para dejarse llevar y llevar por su sensación de ver el mundo en colores sepia. Lo más parecido a rescatar una fotografía de juventud y ponerse a suspirar ante ella.

10. COCOROSIE “Grey Oceans” (Sub Pop)
Dentro de su rareza zizagueante e irregularidad, y de esa sensación de atravesar puertas oxidadas y las telarañas, Cocorosie guardan en este disco algunas de las canciones más bonitas del año. La titular Grey Oceans, por ejemplo, es de las de desarmarte por completo y Lemonade está hecha para sonar en bucle hasta al infinito.

Todo era perfecto… hasta que crecieron

martes, noviembre 23rd, 2010

A Arcade Fire le empieza a pasar lo que a Sofia Coppola tras la eclosión de Lost In Traslation. De pronto, pasaron de ser un grupo de entendidos-eruditos más o menos controlado, a desbordar el recipiente y formar parte del patrimonio de la gente normal, es decir de aquellos para los que la música no es el 50% de su vida ni proyectan necesariamente su identidad sobre ella. Irrita que su perfección sea para todos los públicos, que la emoción de su mensaje -se entienda o no- afecte al común de los mortales y que mucha de esa gente que disfruta con Marlango y Coldplay los haya acogido con los brazos abiertos, tras verlos recomendados en todo tipo de suplementos dominicales.

Lo ocurrido el sábado en el Pabellón de los Deportes de la Comunidad de Madrid y muchas de las reacciones posteriores son la prueba más evidente de ello. En el concierto había mucha de esa gente normal, vibrando y coreando sus himnos hasta la afonía. También actores de moda y músicos del pop-rock nacional ala mainstream. Y, en medio de ello, un gran ansia en poder decir “Hey tíos, que yo los vi en el 2005”. Mucho indie de pro, el que sabe qué es Merge y ha escuchado a Final Fantasy, empieza a sacar las uñas, a poner cara de circunstancias y a cambiar entusiasmo por escepticismo. Semeja como si Win Butler y sus chicos estuvieran en los prolegómenos de la expulsión del reino de los elegidos. Todo apunta a que, en breve, formarán parte del compartimento de Moby, The Killers y U2 (de quienes, por cierto, por mucho que le pese a quien le pese siempre bebieron).

Llega un punto en el que todo esto genera cierto cansancio. Se supone que cuando dejas de juzgar a la gente por sus gustos musicales es que has madurado. Debería añadirse que para alcanzar ese estadio habría que evitar que las opiniones sobre un grupo girasen en función del público que los va a ver, o del número de veces que salen en los citados suplementos dominicales. La verdad es que dejar al margen a un grupo de la inmensa calidad de Arcade Fire por eso sería todo un despropósito. No están, desde luego, los tiempos del pop como para despreciar a bandas así.

Madrid también se rinde a Arcade Fire

lunes, noviembre 22nd, 2010

Arcade Fire
Madrid, Pabellón de los Deportes de la Comunidad
20-11-2010

Épica rock, intensidad comunal, coros multitudinarios, escalofríos colectivos, buen rollo sanote, una pizca de ruido… Todo para un fin: elevar el espíritu del espectador hacia un estado de euforia total. Cada una de las 15.000 personas que con dos meses de antelación agotaron las entradas para la presentación madrileña de The Suburbs persigue lo mismo. Todos saben lo que Arcade Fire ofrece en vivo. Lo conocen de primera mano por haber sentido el placer en sus carnes en anteriores visitas -lo de recordar en público a la mínima de cambio haber visto a la banda empieza ya a marcar diferencia cool con los advenedizos- o ansía sentirlo, harto de escuchárselo a los demás. Pero lo mejor de todo es que los canadienses responden a las expectativas. La experiencia de un directo suyo difícilmente defrauda a nadie. Vienen, vencen y convencen. Y al contrario de lo ocurrido con Primal Scream el día anterior en la sala Riviera (Bobby Guillespie y su troupe está en plena gira-resurección del clásico Screamdelica dejando a los fans k.o.) sin apelar a ninguna clase de nostalgia o viaje al pasado, sino con material fresco, demoledor y a la altura.

Hacía dos meses y medio desde que Arcade Fire estrenaran The Suburbs en Santiago dentro del MTV Day. Desde entonces el directo ya ha rodado los suficiente como para mostrar sus uñas. Sí, al segundo tema, Month Of May quedaba claro que Win y sus chicos habían vigorizado el sonido, haciéndolo más potente y agresivo, con muros de guitarras velvetianos y un empuje que en Santiago solo se vio por momentos. Así las cosas, no tardó el público en dejarse llevar por su bola de emoción que estalló ya en la primera regresión al pasado. Neighborhood #2 (Laika) impactó con sus cuerdas afiladas, pero No Cars Go llevó al infinito a la audiencia. Grandiosa y arrolladora, sonó a himno generacional flotando entre onomatopeyas, inglés de andar por casa y gritos de “eh!” expulsados como si de una grada de fútbol se tratase. Cualquier banda mataría por un final de concierto así. Con Arcade Fire, solo es el principio.

Con solo cuatro canciones quedaba claro que el recuerdo de Santiago terminaría superado por esta exhibición de poderío. Las canciones de la banda son esas inyecciones de vida que su público se mete al salir del trabajo, mini sinfonías que se escuchan en el Ipod a todo volumen caminando por la calle con el puño cerrado dentro del bolsillo. En directo han de sonar como si se tratase de la última vez, envueltas en saltos, manos arriba y sudor. Así ocurrió. Cierto es que el sonido, potente, con esos bombos y líneas de bajo que golpeaban en el estómago y hacían volar falló en algunos cortes (Spraw II, por ejemplo quedó entre capada y aroma a karaoke descompensado), pero hasta el momento previo de arrancar el bis el título de “mejor directo del momento” se lo ganaron a pulso. El repertorio fue idéntico que en Santiago, pero con algún cambio en el orden que, en general, favoreció una mejor secuenciación del show. Por ejemplo, Haiti surgió tempranera y deliciosa, Intervention se retasó al bis y la mentada Spraw II adelantó posiciones.

Lo que no varió fue el final, una locura trenzaba entre Neighborhood #3 y Rebelion (Lies). De nuevo, la intensidad marcó la diferencia. La primera fue una bomba de ritmo y guitarras con un suplemento de ruido francamente delicioso. La segunda se confirmó como el gran himno de la década pasada. Y, entre las dos, dejaron al pabellón totalmente exhausto… quizá demasiado. Momentos antes de arrancar este final Win Buttler se dirigió a la audiencia alabando a España y el carácter de los españoles. Dijo que le encantaba cuando cantaban “oe, oe, oe, oé, oe, oe, oe”, seguramente esperando en el espacio entre el bis se produjera algo igual. Y no sucedió.

Quizá por ello el bis quedó un poco deslucido. Por ello y por uno de los grandes problemas que Arcade Fire posee en la actualidad: su insistencia en interpretar Intervention, un corte fantástico en disco, pero que en directo no da la talla, ni logra recrear su ambiente catredalicio por muchas proyecciones de tubos de órganos que haya la pantalla. ¿Por qué no cambiarla por la maravillosa Oceans Of Noise o Neon Bible y así evitar el bajón que supone su aparición (máxime si es en un bis)? Por el resto, lo inesperado. Tras una hora y media rayando la perfección y precedida de una declaración de Win explicando que se trata de su tema favorito, Wake Up se desinfló. Rutinaria y sin vida, igual que un Satisfaction de lo Stones actuales, puso fin a un concierto que pedía el sobresaliente pero que esa recta final lo dejó en notable. Todo mientras los repetidores (había mucha, mucha gente que los había visto en Santiago) cogían del recuerdo la pieza del final de aquel para ensamblarla aquí y dejar en el corazón la sensación de haber asístido a una actuación perfecta. Quizá, en una tercera ocasión.
Imagen de previsualización de YouTubeApoteosis final con “Rebelion (Lies)”

¿El mejor grupo del momento?

viernes, noviembre 19th, 2010

Paseos en bici, casas de una planta, besos furtivos, travesuras y caos. El nuevo vídeo de Arcade Fire no es el derroche de melancolía granulada que se podría esperar, deja un poso muy inquietante y obliga a volverlo a ver. Cada vez queda más claro que The Suburbs es el mejor disco del año y puede que la cima provisional de la carrera de Arcade Fire, la gran banda de pop del momento. Si existe un grupo hoy en día por el que merezca la pena pagar una reventa, coger un avión y viajar otra ciudad para verlos es Arcade Fire. Este fin de semana actúan en Barcelona y Madrid respectivamente, reviviendo la gloria pop que demostraron en Santiago en septiembre.

El vídeo lo dirige un clásico del formato, Spike Jonze, y, !ojo!, que se puede ver a Win y Regine actuando como policías.
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La versión hecha por sus fans es esta:
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Y por si alguien no se ha sometido a la experiencia de colar su vida en We used to wait, que no lo dude

La celebración colectiva de la grandeza de la música pop

martes, septiembre 7th, 2010

(Entrevista con el grupo concedida a La Voz aquí)

Arcade Fire, MTV Day,
Santiago, Monte do Gozo
5-9-2010

arcade-fire-guay
Como ocurrió en el Xacobeo 10 con Muse, el domingo era el día de Arcade Fire. Se le llamó MTV Day, pero en los corazones de la audiencia se rebautizó como Arcade Fire Day. ¿El resto? Meros personajes secundarios de su película. Algunos merecidos —el insufrible Johan, por ejemplo—, otros no tanto —unos muy dignos Echo & The Bunnymen revisando un repertorio impecable—, pero la realidad es la realidad. Y esta indicaba que la inmensa mayoría de las 15.000 personas que se desplazaron hasta el Monte do Gozo lo habían hecho con un único fin: ver en directo a la mejor banda de la década pasada.

No defraudaron. O casi. Los dos fantasmas que flotaban en el ambiente se disiparon sobre el terreno. Primero, no hubo ni caos, ni avalanchas, ni ninguna de esas desgracias que se llegaron a predecir. Y segundo, el grupo desechó la idea de tocar solo temas de The Suburbs, el último álbum, y se plantó en Santiago con un completo grandes éxitos diseñado a la medida del un público que, totalmente, entregado de antemano, los recibió con los coros de Wake Up.

Pronto dejaron claro que venían a morir. Tras arrancar con Ready To Star, invocaron pronto y sin contemplaciones a Neighborhood #2 (Laika) y No Cars Go. Todo en su mano para arrollar, pero, de pronto, surgió un problema inexplicable. Y ahí llega el casi. En zonas concretas del recinto —por ejemplo, el foso justo delante de la mesa de sonido—, el público suspirada por más volumen. Todo ello mientras que en los laterales o en la grada se recibía la potencia suficiente. Luego, la mezcla en esa parte inicial del concierto tapaba instrumentos —¿alguien escuchaba las cuerdas? ¿y el xilófono?—. Pero lo peor, lo que parecía irremediable, estaba en otro lado: No Cars Go evidenció que algunos temas no lograban la tensión que exigía el guión y hacía temer lo peor: que las visitas al pasado se hiciesen desganadas y de manera rutinaria.

Afortunadamente, todo se fue resolviendo sobre la marcha y, únicamente, la inmensa Intervention dio muestras de flaqueza con una revisión plácida que no hizo sino empequeñecerla. Justo después de ella, Crown Of Love ponía todo en su sitio y, acompañada de una mejora en el sonido, hizo rodar, ya de verdad, la noria de la ensoñación. A partir de ahí, cada cual tuvo que abrir su caja de suspiros particular y dejarse llevar por los encantos de una banda que se reafirmó como la mezcla perfecta entre grandiosidad e  intimismo, oscuridad y luz. Neighborhood #1 hizo que Santiago trotase, eufórico y al unísono, en busca de un mismo destino: ese placer turbador, que eleva el alma y ensancha el espíritu.

Sí, hablamos de la grandeza de la música pop en todo su esplendor, sin cinismo ni cartón piedra, eso en lo que Arcade Fire nos han hecho creer cuando algunos ya estaban dispuestos a no creer en nada. Como una fuerza viva y arrolladora Neighborhood #3 se entregó al paroxismo y, al fundirse con la inmensa Rebelion (Lies), creó posiblemente los diez minutos más intensos que se hayan podido ver en vivo en Galicia este año. Todo ello antes de despedirse, volver, recuperar Keep The Car Running y terminar tal y como empezó la audiencia: celebrando con Wake Up el habernos conocido. Nosotros a ellos y ellos a nosotros. Todo fundidos en un abrazo que decía !Ooo, oooooo, oooooo, ooooo!. Exactamente esto que se puede ver en este vídeo.
 
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Y aquí un adelanto de la grabación del concierto que MTV va a emitir el próximo 18 de septiembre coincidiendo con su debut en TDT