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A Veces Ciclón y Apenino salieron del escondite

domingo, febrero 1st, 2015

Dos ejemplos del pop escondido nacional (y gallego) se dieron cita en Los conciertos de Retroalimentación. Primero, A Veces Ciclón, con sus susurros, sus círculos y sus canciones que crean ambientes que atrapan. Después, Apenino, tirando del hilo electrónico y convirtiéndolo en algo con latido, respiración y temblor. Ambos cruzaron una equis en en una casilla que llevaba ya tiempo queriéndose tachar. Lástima que a unos pocos se les fuese la incontinencia verbal en la segunda parte del recital de Apenino frustrando la experiencia. Al final, tras varios “Shhhhhhhhhhh”, Marco recuperó El Mapa y logró restablecer la conexión pura y sin interferencias.

Una vez más, dar las gracias a quienes respaldan con su entrada estos conciertos, a la Casa Tomada por acogerlos y a los grupos por decir sí a nuestra propuesta. En estos momentos estamos cerrando los últimos detalles de la programación de aquí a junio. Seguramente os va a encantar a muchos. Os esperamos. Pero, por favor, en silencio.

Apenino: «Uso el gallego por algo personal, no porque haya unas ayudas, como pasó en su momento»

viernes, enero 30th, 2015

Es un placer tener en Los conciertos de Retroalimentación a Apenino. Ya en los tiempos del Feedback-zine, Dar Ful Ful, el anterior grupo de Marco Maril, se convirtió en una de las formaciones de referencia de la web. Intentando de todas las maneras que tocasen en A Coruña. Pero no pudo ser: se disolvieron antes de llevar a cabo este recital. Nos desquitamos luego con Apenino, el proyecto en solitario de Marco. Con la edición de Bumerán, bumerán le organizamos una pequeña gira en A Coruña y Ourense. Por ello es toda una alegría recuperarlo con un disco tan bonito como Viravolta, una especie de «todo sigue siendo lo mismo pero muy diferente» con el que Marco sigue instalado en esa estrella de la constelación del pop tan especial. Mañana estará con nosotros (sábado 31, Casa Tomada, 20.30 horas, 5 euros) en el doble cartel que lo trae con A Veces Ciclón. Y va a ser una noche deliciosa.


-Se estrena con el gallego. ¿Le pregunto por el motivo o mejor por qué ha tardado tanto en hacerlo?

-Surgió de forma natural, pero sí, la pregunta que me hago ahora es por qué no lo utilicé antes. Veo que el resultado me gusta mucho y supongo que había muchos prejuicios en general con el uso del idioma gallego en el pop. Aparte de ser un idioma muy musical y poético, está el hecho de que emplear un idioma propio le da un componente más personalizado a lo que haces. Yo uso el gallego. En mi casa mis padres hablan en gallego, aunque luego con nosotros hablaban en castellano. Soy de esa generación un poco extraña. Luego ves que lo hablan tus padres y tus abuelos y empiezas tú a utilizarlo.

-No es el único. Por ejemplo, el último caso es el de Chicharrón, que también van a cambiarse de idioma. Parece una tendencia más natural que otros intentos anteriores, más promovidos políticamente.

-Cada uno tendrá las intenciones que tenga. Yo lo desconozco. Políticamente, siempre resalto que yo no me considero una persona nacionalista. El uso que hago yo del gallego no es político, aunque sí que parte del sentido de que, en estos momentos en los que hay un poco de oscuridad del idioma por el poco cuidado que se está teniendo por parte de los gobernantes, sí que quería poner mi granito de arena. Pero eso no tienen nada que ver con una ideología nacionalista, ni española ni gallega. Yo creo que la libertad de los pueblos, en la libertad de fronteras.

-No me refería a eso. Pensaba en cosas como la TVG en los noventa con la música

-Sí, son movimiento que parte de darle un contenido nacionalista a la cultura.

-Bueno, nacionalista, nacionalista, no creo. Gobernaba el PP…

-Sí, pero los argumentos que se usan buscan ese tipo de intenciones. A mí no me gustan.

-De todos modos, la suya me sigue pareciendo una postura política aunque no la haga un político. ¿No cree?

-Sí, pero mi uso del gallego es algo personal, no porque haya unas ayudas, como pasó en su momento. Yo cuando tuve el sello Splat me ocurrió. Me decían “¿Por qué no pones una canción en gallego y así podéis conseguir que os subvencionen el disco?”. Y yo pensaba: no voy hacer nunca una canción en gallego por eso. Y sí que había muchos grupos que hacían canciones en gallego por ese motivo. Por ejemplo, en las grabaciones que se hacían en la Radio Galega te exigían tener como mínimo un tema en gallego y te graban el disco gratis. En su día a mí, por ejemplo, me llamaron para tocar en el Curturgal. Cuando estaba todo cerrado me llaman y me dicen “Mira, es que nos dimos cuenta de que no tienes repertorio en gallego”. Curiosamente, en ese mismo Curturgal tocaba Nacho Vegas que, que yo sepa, no canta en gallego. Cuando era la época del Bipartito se daba esa paradoja: se promocionaba un grupo de fuera pero de dentro, si no cantabas en gallego, no te contrataban ni te daban bola. Son cosas que no tienen sentido.

-Llevaba mucho tiempo sin sacar un disco grande. Seguro que hubo gente que pensó que Apenino era ya parte del pasado. ¿Estuvo en riesgo en algún momento el proyecto?

-No, la verdad es que no. En estos años en los que parece que no he hecho nada la verdad es que he hecho un montón de cosas. Lo que sucede es que no han trascendido tanto como la salida de un disco. Saqué varios singles, hice colaboraciones con Rafael Romero y Mónica Vacas, hice cosas de diseño sonoro… Lo que pasaba es que no tocaba en directo, porque el trabajo no me lo permitía. Ahora soy más activo, pero siempre estaba en mi estudio trabajando.

-Pese a que supuestamente Internet lo había cambiado todo, lo cierto es que los ciclos de los músicos pop los continúa marcando los elepés.

-Sí, es sorprendente, en eso no ha cambiado nada. Yo no estuve desaparecido, lo que pasa es que aparecía de otro modo.

-Si hacemos un puente desde “Un rayo de sol” hasta “Viravolta” lo cierto es que continúa ese sonido electrónico marca de la casa. ¿Hay un canon ya definido en Apenino?

-Bueno, en los singles hubo canciones más acústicas, con ukeleles y esas cosas, pero ahora tiendo cada vez más a lo electrónico. En este disco esa huida hacia lo artificial es muy evidente y premeditada. Prácticamente, no hay elementos acústicos. Los ukeleles que hay son eléctricos y no llevan el peso de las canciones. Estoy muy cómodo en ese formato.

-Antes usaba una mandolina eléctrica, ahora un ukelele. ¿Tendencia a lo pequeñito?

-[risas] Sí, siempre me gustan las cosas pequeñas. Tiendo siempre a ello. Si encuentro un aparato más pequeños siempre acabo por ahí. En lo analógico, especialmente. El sonido de las cosas pequeñas me atrae mucho más.

-Es un poco paradójico que haga este disco pensando en que va a tener un apoyo amplio de directo y que, al mismo tiempo, sea tan de estudio.

-Sí, en directo cambia mucho. En general me interesa que varíe bastante. Cuando voy con el proyecto de banda, con Linda Guilala aún tiene algo de relación con el disco. Pero cuando hago yo conciertos solo, cambia mucho más. Pienso que antes existía un poco de ese complejo de ir a un concierto y, si no te encontrabas lo mismo que en el disco, protestabas. Ahora veo que es diferente. Vas a un concierto y casi esperas que la persona haga algo distinto. Creo que es bonito.

-Usted con el directo siempre mantuvo una relación incómoda, ya desde la época de Dar Ful Ful. Le vi en el Festival Microscopico mucho más feliz. ¿Ya ha encontrado su sitio?

-Sí, esa evolución la noto. En su día llegaba a ponerme físicamente enfermo cada vez que tenía que tocar. En unos conciertos que tuve de la época de Bumerán, bumerán llegué incluso a perder la capacidad de caminar. Todo estaba asociado al estrés. Tenía muchos problemas, me emparanoyaba mucho. Para mí era casi enfrentarme a un abismo. Con los años he aprendido a quitarme un poco ese miedo y ahora puedo incluso decir que lo disfruto. Lo paso bien.

-El disco arranca con una mirada a Lois Pereiro y un guiño a Alan Vega y Suicide.

-Sí, escuchaba mucho a Suicide en esa época. Y sí que hay un guiño a ese sonido, no tanto en lo estructural, pero sí en la sencillez de arreglos y sonidos que se utilizan. Quizá tenga más que ver con Alan Vega, cuyo trabajos en solitario también me gustan mucho. Quería casar esos dos mundos.

-Me cuesta “casarlo” con esos dos personajes de vidas tan oscuras, al límite y roqueros. Le veo más amable, más pop, más reposado.

-También tengo mi lado oscuro. En mis gustos el espectro es súper amplio. No lo veo tan alejado. De hecho, Lois sí que era un poeta oscuro, pero yo tengo coincidido con él en conciertos de lo más variado. Muchos de mis artistas favoritos tienen ese punto trágico. Siempre me ha atraído eso, aunque yo sea de otro modo.

-Alguna vez he pensado como fan que “uso” a los artistas, como que ellos viven las experiencias que yo no puedo vivir. Moralmente me ha hecho pensar alguna vez sobre la perversión que se puede tener como oyente.

-Al final todo es jugar con la fantasía. Tanto la música como la literatura o cualquier tío de arte, muchas veces es acercarte a espacios o ambientes en los que tú nunca entrarías por tu rutina diaria o por ciertas formas de vida. Pero, a lo mejor, las disfrutas porque te son ajenas y muchas veces lo ajeno te hace sentirte atraído. Yo siempre digo que en aquella generación de Lois, donde tantos cayeron en la droga, no sé hasta qué punto si hubiéramos vivido ahí hubiéramos también caído en ese tipo de mundo. Seguramente. Eran gente como nosotros, inquieta en los musical, lo poético y lo cultural.

-El periodista David Saavedra escribió una nota promocional del disco en la que destaca como una característica global suya “el nudismo a la ahora de afrontar la canción”, en referencia a lo mucho que se expone en las canciones. Esta vez, sin embargo, da la sensación de que está buscando más fuera que dentro. ¿Hay un cambio?

-Pues sí, es mi disco menos autobiográfico. Hablo poco de mí y luego acudo a Lois, a Xulia Alonso,… Acudo a cosas ajenas. De todos modos, quizá hablo menos de mí, pero creo que se me puede conocer mejor a través de este disco porque doy mi punto de vista sobre esos temas. Por ejemplo, en las canciones más sociales, tocaba otro tipo de exploración, no tan íntima y sí más colectiva.

-En ese sentido hay un impulso generalizado en el indie de afrontar esas temáticas que si salían en el heavy, en el hip-hop o en la música de autor.

-Es que antes estábamos adormecidos. La situación era mejor que ahora.

-Entonces la gente estaba intentando no ser mileurista.

-Tampoco era para echar cohetes, pero lo de ahora es dramática en lo económico, en lo social, en todo. Hay muy poca visión de futuro. Son años muy oscuros. Antes no lo vivíamos de esta forma. Ahora está tan latente en tu vida y en la de los demás que resulta imposible no hablar de eso.

¿En ese sentido no hay, como en el caso del gallego, la pregunta de por qué no se hizo antes? Se lo pregunto en particular y en general.

-En mi caso no me pedía hablar de eso, pese a ser una persona muy crítica, muy de izquierdas y muy interesado en la política. De hecho, estudié Ciencias Políticas. Sin embargo, ese tipo de temas nunca me atrajeron para la música.

-¿Cuándo se rompe esa separación?

-La situación. Si de repente aquí todo el mundo viviera bien y existiera un respeto a la dignidad social de cada uno, pues probablemente habría que tratar distintos temas. Pero, por ejemplo, La estafa social responde a ese sensación de vivir en un momento de estafa total, de caradura de la gente que gobierna. En su día no la viví. Ahora sí, y no puedo evitar hablar y denunciar ese tipo de coas.

-Luego hay otra, titulada “Opresión” en la que no sé si juega con la metáfora de una mujer maltratada o acentúa la crisis en la mujer. ¿A qué juega ahí?

-Ese tema es parte de un trabajo que hice con la artista Mónica Mura, que iba sobre la opresión social en el mundo de la mujer y de su papel en esta crisis. Se habla de violencia de género, de desahucios, de la violencia infantil… Pretendía hacer una pieza pop de una pieza larga instrumental que daba juego a las imágenes de Mónica. Me parece otro de los temas importantes que nunca somos capaces de superar socialmente. Por mucho que se hable del tema y por muchas medidas que se tomen, siguen apareciendo mujeres maltratadas y mujeres asesinadas.

-Una de las mejores noticias del disco es reencontrarse con la voz de Mónica Vacas (Mus). ¿Cómo logró incorporarla a Apenino?

-Fueron cosas del destino. Trabajé mucho con ella, por cosas que estaba haciendo con Rafael Romero y proyectos para Sinsal. Poco a poco fuimos entablando una conexión y, cuando preparaba la versión de La leyenda del tiempo de Camarón, veía que mi voz no funcionaba. Pensé en ella. Se lo propuse y, curiosamente, para ella esa era una canción muy especial porque le recordaba a su padre. Entonces, fue como una casualidad. Luego surgió Opresión y la cosa esta abierta a nuevas colaboraciones.

-¿Era usted fan de Mus?

-Sí, mucho. Me encanta su voz. Cuando empezó a cantar en los discos de Árbore que hicimos Rafa y yo, veíamos como las canciones que tú hacías las cantaba ella y adquirían un salto cualitativo impresionante. Escuchabas eso y te preguntabas: ¿pero cómo puede ser que esta mujer no esté cantando?

-¿Y qué tal hacer un disco completo cantado por ella?

-¡Ojalá! A mí cantar es lo que menos me gusta, y me encantaría. Ya veremos qué pasa.

-¿No da un poco de coraje versionear a Camarón de la Isla del modo que lo hace usted?

-Bueno, como todo lo que hago surge de una manera natural. Esa era una de mis canciones favoritas de todos los tiempos. Entre en el mundo de Camarón a través de Paco de Lucía, por el tema de la guitarra, que me interesaba mucho. Esta canción era como sagrada. Todo el mundo me decía ¿pero te vas a atrever? Pero a mí me gustan los retos. Y cuando haces algo sobre el que no buscas el rendimiento económico y el qué pensará la gente, te puedes permitir este tipo de lujos.

-Pues si a los puristas del flamenco ya no les gustó lo de Los Planetas, no quiero pensar qué pasará con este.

-Bueno, cada cual lo ve cómo lo ve. No está hecho con la intención de herir a nadie ni provocar, sino todo lo contrario: es respeto absoluto y admiración total.

Diez discos que evidencian una edad de oro en el pop gallego

lunes, enero 19th, 2015

Galicia brilla. No son pocas las publicaciones especializadas a nivel nacional que ya han dedicado reportajes sobre ello. Pero más allá de la palabrería, están los hechos. Aquí se encuentran: diez grandes discos editados en el 2014 (el orden no significa que unos sean mejores que otros), que podrían ser al menos otros diez más. Algunos, ya salieron en el resumen de lo mejor del año de este blog. Otros, al tratarse de minielepés, se habían quedado excluidos pese a su gran calidad. Y, ojo, que en el 2015 sacan disco Xoel López, Triángulo de Amor Bizarro, Disco Las Palmeras! y Os Amigos dos Músicos, entre otros.

1. CHICHARRÓN «Chicharrón». De las cenizas de Franc3s y Telephones Rouges surgió esta banda que ha grabado uno de los mejores discos del año. Tomando el punto hipnótico de Franc3s y dándole cuerpo acústico, el trío se embarca en un álbum conceptual sobre la muerte de Alberto Gende, diseñador carballés hermano de Diego Gende (guitarrista del grupo) y alma gemela de Alberto Martínez (cantante). El resultado pone la piel de gallina.

2. LUIS MORO «Cielo color Burdeos». Abrazado de igual modo a Bob Dylan que a Mark Lanegan, este escondido músico coruñés ha entregado con este minielepé su mejor trabajo hasta la fecha. Crujiente, frágil y atmosférico, su blues oscuro y humeante se extiende como una telaraña que atrapa al oyente. Una maravilla de un veterano en la sombra a descubrir más allá de su parroquia de fieles.

3. ARIES «Mermelada dorada». Aunque Isabel Fernández, la persona que trabaja tras este proyecto, sea vasca, ha desarrollado la totalidad de la carrera de Aries en Vigo. Desde allí gira y gira sobre círculos de psicodelia, trenza melodías de ensueño y logra enamorar con un puñado de canciones mágicas. Destacado en la mayoría de los listados del 2014 de la prensa especializada, este disco es una joya a sumar a su predecesor La magia bruta (2012).

4. SRASRSRA «Magia de muerte». En su segundo disco los coruñeses repiten fórmula: punk-pop hiperveloz servido en pequeñas cápsulas de, como mucho, un minuto y pico. Sin poder ya sorprender como hicieron en Puchao (2012), donde emergieron como una polémica bomba musical, sí que mantienen la tensión con otra nueva remesa de ese sonido bautizado en su día como un cruce entre Lightning Bolt y Eskorbuto. Ensuciándolo aún más, proclaman en C8 «No dejaría este sonido por ti». Es la declaración de principios de un grupo que continúa apostando por el minimalismo, la crudeza y la inmediatez.

5. ELVIS NEGRO «Estaba en llamas (El salvaje abandono». El nuevo proyecto del hiperactivo Edu Poch (Nouvelle Cuisine, Ocre) se sitúa en algún lugar intermedio entre Disco Inferno, El Desván del Macho, The Cure, Jesus and Mary Chain y Slowdive. Eso se traduce en un pop desapasionado sobre fondo ruidista, bases programadas y tendencia a la oscuridad. Mejorando a cada escucha, se trata de un disco que crecerá durante este año.

6. WILD BALBINA «Sisters Before Misters». Ya habían pinchado en los corazones indie-pop con el single Eat Tacos (2012) y el año pasado revalidaron el impacto con este minielepé. La receta es fácil: pop servido en fase primitiva al estilo de The Vaselines y Vivian Girls, con mucho desaliño e imagen reforzada. Entre retazos de surf-rock, garage y melodías hurtadas de los grupos de chicas de los sesenta, el conjunto propuesto por el trío vigués vence y convence.

7. APENINO «Viravolta». El ya veterano Marco Maril (integrante de Dar Ful Ful, para muchos el kilómetro cero del indie en Galicia) deja el formato single en el que se venía moviendo desde el 2007 y entrega un conmovedor minielepé. Con su pop electrónico y puntillista marca de la casa, se abraza ahora el gallego, introduce la desazón social en su discurso y hace una ocasional alianza de ensueño con la voz de Mónica Vacas (Mus) en dos de sus canciones. Una, la sorprendente versión de La Leyenda del tiempo de Camarón de la Isla, hace pensar en un proyecto mayor.

8. PUMA PUMKU «Is It In You?». El último tesoro de la burbujeante escena compostelana se encuentra en este trabajo. Recién editado por el sello Matapadre tras una exitosa campaña previa de crowfunding, en él se puede encontrar todo un paseo por la psicodelia de ascendencia sesentera, con el espíritu de Pink Floyd siempre presente y ocasionales guiños al kraut-rock. Con un material así, asombrarán en sus directos del 2015.

9. LINDA GUILALA «Xeristar». Una de las mejores canciones del año es Lo siento mucho. Insanamente adictiva, logra quedarse instalada en bucle en la mente del oyente que recrea sus estampidas guitarreras como quien siente un calambre. Es la bandera del decidido paso shoegazer de este trío vigués que le ha dado un afortunado baño de ruido al pop de Bucles infinitos (2009). Que tuviese continuidad este año en formato elepé sería una estupenda noticia.

10. DAVID QUINZÁN «El maestro de teatro». Músico de la banda de Xoel López durante la presentación de Atlántico (2012), David Quinzán se ha quedado con muchos de los efluvios de aquella pequeña obra maestra. Ya se notó en El vino de las despedidas (2013), que produjo el propio Xoel, y ahora lo refleja en un segundo disco delicioso. Sereno, como quien no quiere llamar la atención, deja un puñado de buenas canciones de un tipo normal cantando de cosas normales.

Los conciertos de Retroalimentación suman y siguen

lunes, noviembre 24th, 2014

Los conciertos de Retroalimentación continuarán en la bisagra entre el 2014 y el 2015. Cinco bandas gallegas de estilos muy diferentes que refrendan en excepcional momento que vive la música hecha aquí. Además se amplía el radio de acción del ciclo con dos actuaciones en la Casa Tomada, un lugar idílico para los pequeños grandes conciertos que ha agitado la vida musical de la ciudad de manera determinante en los dos últimos años.

-CHICHARRÓN + ELVIS NEGRO (20 de diciembre, Casa Tomada, 5 euros). La presencia de Chicharrón en este ciclo es muy especial por varios motivos. Primero, porque tanto Alberto como Rubén estuvieron en el primer concierto organizado por este blog con Franc3s y Telephones Rouges, sus dos bandas precedentes. Segundo, porque ambos se conocieron precisamente en ese bolo y allí hablaron de hacer cosas juntos. Y tercero, y más importante, porque tienen bajo el brazo uno de los mejores discos editados este año. Tirando mucho de las atmósferas hipnóticas de Franc3s, pero llevándolas a un ambiente acústico y confesional, este álbum es de los que traspasa la piel y deja a uno tiritando. Estarán acompañados por los coruñeses Elvis Negro, que dieron su primer concierto teloneando a Triángulo de Amor Bizarro en Los conciertos de Retroalimentación. Acaban de terminar su disco de debut recientemente, Estaba en llamas / El salvaje abandono, lleno de ruido, ritmos sintéticos y tenues melodías.

-GRAHAM SUMMER (26 de diciembre, Mardi Gras, 5 euros). A Graham Summer ya lo tuvimos con su banda Wolrus y también en el exquisito formato de dúo junto a Adri Mt rescatando clásicos del folk americano. Ahora este coruñés de alma yanki llega a Los conciertos de Retroalimentación a presentar Walking On The Highways, su disco de debut en solitario. Se trata de un espléndido trabajo en el que se dan cita todas las pasiones de ese músico: el country, el folk y el rock. De Hank Williams a Neil Young, pasando por The Band su música llega cálida, detallista y generosa en el regusto que deja en el paladar. Pese a ser su proyecto en solitario, en este concierto lo presentará con banda.

-A VECES CICLÓN + APENINO (31 de enero, Casa Tomada, 5 euros). Lo de A Veces Ciclón estaba pendiente, porque es un grupo que se adora en ese blog. Herederos de bandas como Sr. Chinarro, Jr, Mus o Viva Las Vegas el trío ¿lugués? se mueve entre la parsimonia, los pequeños instantes cotidianos convertidos en poesía y las canciones enredadoras que parecen no decir nada pero hacen sentir mucho. Su primer y único disco aún descansa como una de las grandes joyas del pop nacional del 2013. En su pase por Los conciertos de Retroalimentación vendrán acompañados por un proyecto muy querido por aquí. Apenino. De hecho, en el fenecido Feedback-zine hicimos con el compostelano Marco Maril en el 2004 una pequeña gira de presentación de Bumerán, bumerán. Ahora, muchos años después, se dibuja una sonrisa de oreja a oreja con pensar que los temas de Viravolta se presentarán por primera vez en A Coruña dentro de este ciclo.

La politización del indie gallego

jueves, octubre 17th, 2013

En los últimos años el germen de la política ha entrado en contacto con el indie gallego. Respondiendo a una tendencia cada más más habitual a nivel nacional, nombres veteranos de la causa como Triángulo de Amor Bizarro o Apenino muestran en sus últimos trabajos una particular visión del clima social actual. En paralelo, se crean células como Disco Las Palmeras! o Das Kapital, fuertemente politizadas desde su nacimiento. Echamos un vistazo al estado de las cosas hablando con sus protagonistas.

La política nunca importó mucho en el indie gallego. En la década pasada ese ambiente, generalmente integrado por los hijos de la clase media con acceso a la universidad, tenía otros problemas sobre los que cantar. A saber: el trauma post-adolescente de la inmadurez crónica, las eternas heridas del corazón, la ironía outsider del que no encaja en el mundo, las experiencias narcóticas en todas sus variantes, las bromas privadas… y también, por supuesto, los ejercicios meramente estéticos sin más contenido que el de emular a ídolos. Ahí se encuentran la mayoría de sus hilos argumentales.

Normal, eran las cosas que afectaban. En general, a aquella generación que había crecido con la amenaza del mileurismo más que con la del paro no le iban las cosas tan mal como para exigir el cuchillo. Hoy se percibe de manera aún más clara, cuando lo malo de entonces empieza a tomar forma de raro privilegio. No hace mucho la cita anual con el Primavera Sound se ponía sobre la mesa como algo irrenunciable. Los viajes iniciáticos a Berlín y Londres, concebidos casi como un derecho fundamental a golpe de línea low-cost subvencionada, también. Y, en muchas ocasiones, el colchón paterno – bien acogiendo, bien subvencionando independencias- resultaba lo suficientemente cómodo para recrearse en esa juventud estirada ad infinitum. En las canciones de Los Suaves la gente las podía pasar putas, vale. Sin embargo en el reino de Arcade Fire y Franz Ferdinand la verdad es que no importaba mucho. Hablar de ello era, ya se sabe, panfletario. La política aquí se veía como algo íntimo. Tanto que rara vez traspasaba el verso. Y, si lo hacía, apenas llegaba a una chapa de Nunca Mais o un No a la Guerra.

Dejando al margen los supuestos posicionamientos por omisión (esa resbaladiza postura que sitúa en la derecha a aquellos que no tocan ciertos temas), cuesta encontrar rastros de discos explícitamente políticos a diez años vista en el indie gallego. En la primera mitad de la década, lo más parecido a ello se detecta en momentos aislados de Los jóvenes mueren antes de tiempo de DELUXE. Corría 2005 y Xoel López desgranaba allí letras como «Las noticias siempre dicen lo mismo, cientos de mentiras cruzan nuestro organismo» o «¿Qué le voy a hacer si quiero a mi mujer y no quiero ir a la guerra». Parecían fijarse en la foto de las Azores, las peripecias de Alfredo Urdaci en TVE y el clima cultural pro-ZP de rechazo a la intervención de tropas españolas en Irak. Años después, en el 2009, se editó Chorando apréndese del ex Apeiron EMILO JOSÉ. Un cuadro de pop de recorta y pega en el que el ourensano cantaba sobre la marginación de los núcleos rurales en clave irónica y sentimental, disparando a la Xunta, la Diputación de Ourense y todo lo que se meneaba. También, ya en los albores de la década, aparecieron los compostelanos ATAQUE ESCAMPE llevando a su música conceptos como el auto-odio gallego. Pequeñas pinceladas que no hacían si no confirman la tendencia dominante: pasar de todo.

Pero todo cambió de un tiempo hacia esta parte. La crisis económica llegó. Y se quedó. Tocó donde duele: en la nómina. Reduciéndola, eliminándola o esfumando toda posibilidad de alcanzar una. De fondo, el estado de bienestar resquebrajándose. Hasta entonces la política era, o cuando menos parecía ser, algo moral y/o estético en la mayoría de los casos. De un tiempo hacia esta parte, no. Tambaleándose por completo el modelo de vida del que se gozaba o se esperaba llegar a gozar, empezó a ser algo lo suficiente vital como para airearla en todos los canales disponibles. Sí, a todos se les cayó el castillo de naipes. A los periodistas que esperaban poder vivir de destripar discos; a los profesionales arty ligados emocional y a veces económicamente al indie; al técnico de sonido que curraba para la tele o el folk, pero que luego le echaba una mano a los colegas; a los estudiantes de derecho sin mucha vocación que se hicieron funcionarios-con-tiempo-libre-para-el-blog; a los programadores culturales que dependían del dinero de esas instituciones que, de pronto, pasaron a ser “los mercados”; a los locales de copas en los que se reunía toda esa gente; y también, claro, a los músicos que, muchas veces, eran alguno de los personajes anteriores tocando instrumentos a tiempo parcial. Los últimos necesitan cantar sobre ello. El entorno parece que demanda esos pasos adelante.

«Ahora no puedo cantar de otras cosas»

Todo este clima convulso se traduce en un giro radical en las temáticas. Y se extiende por una buena parte del catálogo de la música indie en Galicia. Incluso en rincones que, a priori, quedaban totalmente al margen. «Uno habla de lo que le pasa y ahora no puedo cantar sobre otras cosas», comentaba Marco A. Maril de APENINO recientemente. Histórico del indie gallego, en su intervención dentro del festival Microscópico el pasado mes de julio en A Coruña presentó algunas de las canciones que formarán parte de su nuevo trabajo. Inéditas aún, se trata de pequeñas piezas de pop electrónico que -¡sorpresa!- lanzan dardos envenenados al poder. ¿Un ejemplo? «Déjame aclararte / fingir es todo un arte / brillante en tu caso particular / La escasa libertad / la alta sociedad / esos errores tuyos que nunca pagaste» (La estafa social). Poco o nada tiene que ver con la obra anterior de Marco, una persona que se asegura que siempre ha estado muy interesado en la política (de hecho, es licenciado en Ciencias Políticas). Hasta el momento, sin embargo, jamás habían penetrado en el cancionero de Dar Ful Ful o Apenino, sus proyectos más destacados.

«El motivo creo que es claro y evidente: la situación que estamos viviendo es inédita en nuestras vidas, en cuanto a pérdida de derechos y libertades», justifica el músico compostelano, actualmente en paro, sobre su giro. «Perdemos nuestros trabajos, perdemos derechos fundamentales y observamos que mucha gente en nuestro entorno está viviendo en condiciones límites. Ante todo eso, no puedo evitar sentirme afectado y es inevitable que, de algún modo, esta situación se acabe colando en mi música, en mis letras. Me encantaría no tener que hacerlo, pero ahora mismo es inevitable», confiesa. Al tiempo hace un poco de autocrítica: «Al indie siempre se le ha acusado de ser de derechas y, sí, es cierto que dejaba traslucir cierto aire acomodaticio. Pero no creo que fuera sólo algo propio del indie. La sociedad en general estaba, y sigue estando, muy acomodada. Ahora empieza a desperezarse y las protestas en contra del sistema crecen. Y supongo que eso que se entiende como indie, en cuanto que es parte de la sociedad, no puede mantenerse al margen. Es lógico que ahora puedan verse también ahí protestas contra lo que nos está ocurriendo a todos».

El giro político también ha llegado al que muchos consideran como el grupo clave del pop independiente en Galicia, TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO. La banda de Boiro no se anda con muchas metáforas en líneas como «Robo tu tiempo / héroe del trabajo / el acero del partido»(Robo tu tiempo). Tampoco en «Quieren que crea en el amor y en la productividad alemana / harán que trabaje hasta romper mi voluntad» (Enemigos del espíritu). Aunque Rodrigo Caamaño sostenía recientemente que ese poso siempre ha estado en el grupo, lo cierto es que hasta Victoria Mística, su tercer trabajo editado este verano, nunca se había mostrado de la una manera tan evidente. ¿Arrastrados por la coyuntura? «No sé con certeza de si hay un bum político en la música independiente o no, la verdad. Supongo que los grupos, como todo el mundo tiende a hablar de lo que más les afecta», explica sin dejar de jugar con esa dialéctica religiosa que tanto le gusta a ellos: «Creo que es justo y necesario posicionarse de alguna forma. Es nuestro deber y voluntad. Creo firmemente que estamos en una época en la que se está llevando a cabo una lucha de clases, y probablemente estemos perdiendo. Es algo real que está presente en la vida cotidiana de todas las personas, así que como músicos eso se tiene que reflejar si o si, de alguna forma u otra, sea directa o implícitamente. Si no, es que probablemente vives en el mundo de My Little Pony».

Imagen de previsualización de YouTube“Robo tu tiempo” de Triángulo de Amor Bizarro

En la entrevista publicada en el suplemento Fugas de La Voz el pasado verano también hablaba de la edad: «Con nuestro primer disco, por ejemplo, teníamos veintipico años y un punto de vista más posadolescente de la vida. Ahora ha cambiado todo». Sí, el fin definitivo del sueño juvenil muestra un horizonte desolador: «Llegan los 35 años y la gente se da cuenta de que está en un punto muerto -describe-. Fuimos una generación de ir todos a la universidad, en una especie de sueño americano aplicado a España. Y al final nos llevamos todos una buena hostia». Por ello en este nuevo álbum el grupo ha sacado las uñas. Aunque se trata del disco más pop de su carrera, sus letras demandan explícitamente guillotina. «Pedimos cabezas. Todo lo que nos vendieron era un espejismo, que no valía para nadie más que para los mismos. Ahora solo estamos pidiendo lo que nos merecemos. Sería lo justo», sentenciaba entonces Caamaño.

Compañeros de la trinchera del ruido con resonancia social son también DISCO LAS PALMERAS! La banda de Lugo cuenta ya con dos notables álbumes (Nihil Obstat y Ultra) en los que se apunta en múltiples direcciones: desde la monarquía a la casta política, pasando por la iglesia. Y no, no se trata de un grupo calimochero que escribe letras con k, sino unos discípulos de My Bloddy Valentine y Sonic Youth arrastrados por el agitado clima actual. «Nuestro primer disco salió solo unos meses antes del 15M», recuerda Diego Castro, cantante y guitarra. Ve una relación directa en lo que se vive en la calle y su música: «Estaba claro el hartazgo de la gente, vivimos una época bastante espeluznante, corrupción, paro, insultos a la población en forma de privilegios de las castas dirigentes, indultos a delincuentes condenados que tienen buenos contactos… es pavoroso».

Imagen de previsualización de YouTube“Se ríen de ti” de Disco Las Palmeras!

«¡Se ríen de ti!», exclaman en el estribillo de la explícita Que rueden cabezas, una suerte de vómito shoegazer con tenue luz pop. En su espíritu poco o nada tiene que ver con lo que sus autores cultivaron en proyectos musicales anteriores. Castro, por ejemplo, militó en formaciones como Sugardadies, Deluxe o Igloo. Todos, a años luz de sus parámetros actuales. «Supongo que no éramos tan conscientes, cuestiones de la edad, pero también es el día a día que nos toca. Supongo que como músicos y ciudadanos, preferiríamos no estar tan preocupados, pero la situación lo provoca, casi lo exige. No lo hacemos para concienciar a los demás, solo somos críticos, muchas veces hasta con la sociedad y su poca implicación. En el fondo, no tenemos mucha esperanza, la gente parece pensar que esto es solo cuestión de tiempo y no parecen ser conscientes de todo lo que están perdiendo y que probablemente nunca van a recuperar».

«Grecia está ahí, no sirve de nada mirar a otro lado»

Pero si se busca un grupo que encaja a la perfección dentro de este nuevo ecosistema musical gallego este se encuentra en DAS KAPITAL. Los compostelanos, deudores del crudo libro de estilo de los franceses Programme, sorprendieron este año con el excelente Grecia, un segundo trabajo apocalíptico que radiografía un mundo totalmente a la deriva. «Estamos en territorio fora da lei / á marxe do pacto entre clases», canta O Leo con una contención que torna su discurso en una agresividad latente y amenazante. En el horizonte, el desastre griego: «E que Grecia está ahí, no sirve de nada mirar a otro lado. No hace falta darle más vuelta», explicaba el vocalista en el Fugas en julio. En la distancia corta, la realidad más próxima: «El pacto entre clases está roto, mucha gente las está pasando canutas». Y, en el fondo, su postura al respecto: «O es blanco o negro, y la verdad es una. Nosotros creemos en eso. Las medias tintas nos perjudican. O eres parte del problema o parte de la solución».

Imagen de previsualización de YouTubeVideoclip de “Grecia” de Das Kapital

De todos modos, Das Kapital marcan distancia respecto al resto del pelotón. De hecho, un personaje como O Leo no es precisamente un recién llegado. Tiene un pasado a sus espaldas removiendo las arenas movedizas de la política con sus canciones. «No hacemos canción política como se puede llegar a entender en un nivel más convencional -precisa-. Nosotros pensamos que todo es canción política. Bisbal también es canción política pero de la otra. Nosotros no llamamos a la revuelta, somos testigos de que se está produciendo eso. La gente son sujetos políticos que tienen que reaccionar». En ese sentido, resultan claves los directos. «Queremos poner a la gente durante 40 minutos frente a sí misma».

Pero sin duda, la más insólita de las propuestas de corte político de este nuevo pop gallego la han protagonizado NIÑO Y PISTOLA. Su último álbum, There’s A Man With Gun Over There, alberga una historia conceptual en la que tienen un lazo entre sus influencias estéticas (el rock americano de raíces) y su momento. «El disco narra la historia de un jornalero americano en los años cincuenta, que está cansado de su vida y de su trabajo. Entonces decide comprar un arma, matar a su jefe y empezar una especie de revolución personal individual», señala Manolito Portolés, cantante y guitarra del grupo que deja clara la intención: «Es nuestra forma de aportar algo. Tampoco es que seamos una gente superactiva ni revolucionarios, pero de esta manera mostramos nuestro descontento», concluye.