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Los discos más esperados del otoño

Sábado, octubre 27th, 2012

La llegada del nuevo curso suele ser uno de los momentos con mayor número de lanzamientos discográficos del año. Con un ojo puesto ya en el mercado navideño, los sellos reservan para septiembre y octubre algunos de sus lanzamientos estrella. En el suplemento Fugas hemos hecho una selección de algunos de los más esperados. He aquí la relación (ampliada con un par de trabajos a mayores). Inevitablemente existen decepciones, sorpresas y alegrías.

CAT POWER “SUN” (Matador)
Tras dos obras maestras como You Are Free (2003) o The Greatest (2006), se aguardaba con impaciencia la vuelta de Cat Power al estudio con material propio. Y este ha dejado un cierto sabor agridulce. No porque Sun se trate de un mal disco, sino porque a Chan Marshall se le exige más. Con un toque electrónico que aventura un paso hacia adelante sorprende a mitad de Cherokee, su primer tema. Bases de hip-hop, scratches, voces filtradas… Vamos, una nueva caja de herramientas al servicio de un talento que surge en piezas delicadas como Manhattan, desesperadas como Allways On My Own o bailables con Ruin. Pero en la extensísima Nothing But Time se encuentra la clave del álbum: el intento de llegar a algo sublime y quedarse en un simple «está bien». Puntuación: 6,5 / 10

ALEJANDRO SANZ “La música no se toca” (Universal)
Aunque a mediados de la década pasada Sanz dio señales de chispa con aquel meritorio No es lo mismo, todo confirma que los cuarenta lo han asentado en la previsibilidad. La música no se toca hace honor al título, reúne todo su manual de estilo y pulsa pocas teclas de cambio. Ahí está la balada acústica con aires latinos, el pop-rock ligeramente escorado hacia la música negra, los clímax pretendidos a golpe de coros y arreglos orquestales (incluso a lo Beatles en Como decir sin andar diciendo) y algún toquecillo electrónico. Los seguidores encontrarán en todo ello y en versos como «no me da miedo el amor, no me da miedo el rubor / es una gota en el mar, en un diluvio es un charco» material para seguir confiando en él. Quien no se haya enganchado en el pasado, que desista: aquí hay más de lo mismo (y en todo momento da la sensación de estar menos inspirado). (4 /10)

BOB DYLAN “Tempest” (Sony)
El crepúsculo de Bob Dylan sigue alumbrando grandes discos. Tempest no llega quizá al punto de excelencia del sublime Modern Times (2006), pero no dejará insatisfecho a ninguno de esos seguidores que ven que seguirlo en el siglo XXI supone una de las mejores opciones que oferta el mercado rock. Con un pie en el folk y otro en el blues, narra amores imposibles, desastres sentimentales e, incluso, la tragedia misma del Titanic en 14 colosales minutos. Al frente, su garganta rijosa entonando con voz quebrada canciones que se rebozan en los géneros clásicos y que parecen no querer llamar la atención de nadie más que aquellos que se acercan con ganas al disco. Desde esa suerte de swing a la country de Duquesne Whistle a Roll On Jon dedicada a Lennon, el gozo auricular está garantizado. (9/10)

THE XX “Coexist” (XL)
Son el grupo indie del momento. Y quizá, junto a Beach House, los autores del disco más laureado por esos territorios en lo que va de año. Británicos, confirman en su segundo paso todo aquello que hizo arquear las cejas en su alabado debut homónimo. Ahí permanecen el minimalismo, la oscuridad y la atmósfera de inquietante quietud. También las zozobras sentimentales, fluyendo entre microritmos y flexibles líneas de bajo. Y, cómo no, esa manera de contener el feeling en la música. Cuando todo parece que vaya a estallar, se detiene para volver a empezar. Si al conjunto se le añade esa misteriosa y atractiva estética de jóvenes hipersensibles e inadaptados tras la icónica X, surge lo más parecido al grupo de culto generacional de esta década. Imprescindibles. (9,5 / 10)

TOY “TOY” (Heavenly Records)
El hype del momento en Inglaterra demuestra una vez más que picotear en influencias selectas no garantiza un buen disco. Y esa inercia de parte del público y la crítica consistente en bajar el listón cuando la cosa huele a kraut rock tampoco consigue derribar las evidencias. El debut de Toy apunta hacia algo grande, pero se queda en una obra más bien pequeña y prescindible. Como los Horrors del segundo y tercer álbum, la banda propone un conglomerado de psicodelia, kraut-rock y humo shoegazer con claras intenciones narcóticas. Pero a diferencia de aquellos, que recolectaban diana tras diana, estos chicos no alcanzan en ningún momento nada que vaya más allá de eso, un puñado de buenas intenciones que no encuentran buen puerto y terminan por generar el bostezo. A su final quizá sea un buen momento para rescatar los discos de The Telescopes. (4/10)

MUSE “The 2nd Law” (Island)
La que para muchos es la mejor banda de rock actual del planeta, ha revuelto el gallinero. Primero, lanzando un single, Madness, que coquetea con la electrónica minimalista. Luego, surgiendo como una especie de INXS en la ochentera Panic Station. Y más tarde con un Survival que redefine la palabra exceso aplicada al rock. Son unas pinceladas que vienen a decir que The 2nd Law tira hacia lo ecléctico en el intento de Muse por abrir nuevos caminos asegurando su personalidad. El zigzag ha abierto una brecha. Una parte de fans no aprueban el movimiento. Otros lo refrendan con su aplauso. De todos modos, se debe tener en cuenta que tampoco se trata de un salto tampoco es mortal: aún queda el sonido Muse de toda la vida. He ahí la inaugural Supremacy. (5/10)

THE KILLERS “Battle Born” (Universal)
El cuartero de Las Vegas que maravilló a medio mundo con himnos como Somebody Told Me, Read My Mind o Human entrega el más flojo de sus álbumes. No hay duda. Como si se tratase de una regresión al AOR ochentero, Battle Born está repleto de insustanciales baladas-de-mecherito, cortes roqueros que podría haber firmado el Bon Jovi de Runaway y mucha épica con aroma a romántica película americana de la era VHS. Que conste que el problema no radica tanto el estilo (también se despreciaba el soft-rock de los setenta y miren ahora como beben de él grupos como Wilco), como la falta de enjundia en los temas. Ramplón en todos los sentidos, demuestra que The Killers han perdido completo de aquello que otrora elevaban al éxtasis a sus fans. Una lástima. (2 /10)

MIKA “The Origin Of Love” (Universal)
Difícil lo tiene Mika para volver a los días de gloria Grace Kelly. Su tercer álbum mantiene el tono de pop amable al que nos tenía acostumbrados, pero presenta una grave carencia: la falta de singles adhesivos. Estos brillan por su ausencia. Lo más parecido se
encuentra en Celebrate, la supuesta bandera del disco interpretada con Pharrel Williams. Sin ser un mal tema se sitúa muy lejos del impacto arrebatador de la mentada Grace Kelly, o de Take It Easy o We are Golden. De sus compañeras de reparto tampoco se pueden decir mejores cosas. Entre el pop electrónico, las piezas a piano y el aroma a musical, el álbum discurre sin grandes alegrías. Falta pegada, sobra abulia y, aunque algún tema suelto se muestre simpático (Love You When I’m Drunk), el disco llega a su final sin llegar a molestar. Sí pero, desde luego, tampoco sin lograr enamorar. (5/10)

ANIMAL COLLECTIVE “Centipede Hz” (Domino)
El principal problema de Centipede Hz se encuentra en su predecesor: Merriweather Post Pavillion (2009). Considerado por parte de la crítica como la bandera del pop del siglo XXI, ofreció una dimensión relativamente accesible al grupo de Baltimore. Lo abrió a un espectro de público mucho más allá de lo alternativo. Y en ese sentido, su nuevo álbum tiene el duro hándicap de sonar mucho más enrevesado, psicótico y raramente alucinando que aquel. De hecho, en más de un caso se ha interpretado como una vuelta a sus orígenes. Lejos del clima ambiental y amable, su psicodelia circular se muestra más agresiva y difícil. Apenas Today’s Supernatural serviría como single. El resto pide escuchar e inmersión. El placer llega, pero cuesta. (7/ 10)

THE VACCINES “Come Of Age” (Sony)
Este disco recuerda al que, en su día, grabaron Arctic Monkeys para confirmar el debut Whatever People Say I Am, That´s What I´m Not. Arranca contundente, exhibe orgulloso el sonido y muestra la innegable calidad en las soluciones melódicas. El oyente lo recibe entusiasmado. Pero, a mitad del disco, llega la pega: ¿qué ha pasado con los himnos instantáneos que rompieron tantos corazones en What Did You Expect From The Vaccines? Pues no los hay.Eso puede echar atrás a quien se enganchó a esa luminosa facilidad de aunar estribillos y electricidad en un lugar intermedio entre las Supremes, Ramones y Jesus and Mary Chain. Se perderá un trabajo que requiere más escuchas para ser disfrutado. Solo así se podrá disfrutar de ese All In Vain, que mira al pop mayúsculo sin importarle que lo sigan, o Ghost Town, que tira hacia un territorio de rock a lo Libertines sin importante si eso se lleva o no. (7/10)

Emilio José: “No soy nacionalista gallego, en todo caso soy nacionalista ourensano”

Miércoles, febrero 3rd, 2010

(Ultimas noticias sobre el posible concierto de Sonic Youth en A Coruña aquí)

El ourensano Emilio José editó en el pasado 2009 uno de los discos más destacados del pop nacional, “Chorando apréndese”. Un doble cedé en el que, en medio de un excitante tobogán estilístico, el componente de Apeiron indaga en sus dos grandes traumas: su relación con las mujeres y el hecho de que vivir en una aldea, Quins en el municipio de Melón (Ourense), le haga sentir que tienen una vida menos completa que en la ciudad. Con motivo de los conciertos que está dando en Galicia a cuentagotas, lo hemos entrevistado en el Fugas hace dos semanas. Allí se reprodujo un pequeño extracto de una extensa entrevista que ahora reproducimos completa. Pese a que esta tuvo lugar en gallego, por deferencia a los lectores de este blog no gallegos la he traducido.

-¿Qué es peor lidiar con la Xunta de Galicia o con las mujeres?

-Depende. Es difícil todo, vivir es difícil [risas]. Según cómo lo mires. Realmente, es mucho más complejo el trato con las personas que con las instituciones. O, al menos, debería ser así. No hay formularios para decirle a una tía “¿Te gusto?” y en la Xunta sí que los hay [risas]. Pero también depende de cómo quieres que sea la relación. No es lo mismo estar enrollado con una tía en plan una vez a la semana que querer casarse con ella. Lo de la Xunta es un poco así.

-Bueno, con la Xunta es un matrimonio forzoso.

-Depende. Si eres un usuario como el que se enrolla de vez en cuando es muy fácil, no hay problema. Si quieres tener parte y mirarla de tú a tú, ya es más jodido.

-Se habla mucho en los blogs del sustrato político de su álbum. Antes de esta entrevista lo he vuelto a escuchar a fondo y hay una cosa que no me queda clara. No sé si le gusta vivir en Quins, su aldea, o no. ¿Lo puede aclarar?

-Claro que me gusta, pero…

-¿Pero qué?

-A ver, el disco no es una exaltación de Quins, ni de la vida en la aldea. Es una protesta de la inferioridad con la que nos tratan desde los núcleos de poder. Luego, dentro, está mi relación con la aldea. Antes yo decía, “¿qué sitio es este?”. Pero el problema no es del sitio, sino de fuera. Es imposible hacer nada.

-En el disco se muestra rabioso cuando ve que los conciertos importantes que se hacen en Galicia son en A Coruña o en Vigo. ¿Aspira usted a que los Rolling Stones vayan a tocar a una población como la suya, de 250 habitantes?

-Bueno, pues sería bastante interesante. Pero no se trata solo de eso. Se trata de todo el orden que hay, de las comunicaciones y todo. El hecho de que los Rolling Stones toquen en Vigo o en Praga es bastante indiferente. El problema es que tocan los Rolling, los Wave Pictures y Nacho Vegas, aunque, bueno, afortunadamente Nacho Vegas nunca tocó aquí. En Vigo toca desde Paul McCartney hasta el último grupo de Cádiz que no lo conoce nadie. Siempre es allí. No se trata de que venga Scarlett Johansson y diga “Voy a veranear en Quins”, porque entonces vendrían los de Rivadavia y preguntarían “¿Y por qué no aquí?”. No se trata de eso, se trata de que siempre van siempre a los mismos dos o tres sitio en Galicia.

-En Quins usted debe ser “el músico del pueblo”. ¿Es conocido?

-Sí, y ahora más. Como salí en la TVG soy famoso hasta en Melón [risas]. Allí todo el mundo se conoce.

-¿Qué dicen de usted?

-No lo sé [risas]. Siempre es curioso que haya alguien que hace canciones. Allí hay gente que toca, pero en plan gaitas o lira. No hay gente que haga canciones y salga en la tele.

-Se percibe en el disco una tensión de la que nunca se suele hablar: el resentimiento de la gente de la aldea respecto a la de la ciudad. ¿Piensa que todavía existe ese resquemor?

-Sí, pero también se da en el sentido contrario. Es algo mutuo. El problema es que los débiles somos siempre los de la aldea. Es como un Cádiz-Madrid, los dos equipos están en el campo, pero sabes de sobra quién va a ganar. Lo irónico de todo es que, por ejemplo, Vigo es puro Ourense. Si tú coges en Vigo y le sacas toda la gente que viene de Ourense se queda en cuatro chabolas de nativos y nada más. Y toda esa es gente de la aldea, lo que pasa es que luego tienen hijos y nietos, y ellos ya se consideran de allí y ven la aldea como “!Qué aburrimiento! !Qué coñazo!”. Eso ya se ve como algo normal y claro, la aldea es la aldea, ¿por qué va a haber algo más de lo que siempre hubo en una aldea? Para ellos es normal y dicen “Las cosas tienen que hacerse aquí porque en la ciudad hay más habitantes”. Claro que existe el rencor. Pero eso no significa que vayamos con bates de béisbol buscando a urbanitas (risas).

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-Es un poco como el resentimiento de clase social. Son cosas que, en teoría, no existen porque “todos somos iguales”, pero solo hay que abrir los ojos para darse cuenta de que están ahí.

-Sí, claro, totalmente.

-Viví varios años en Ourense. Allí había gente que decía que el sábado era mejor no salir porque bajaban los “montunos”, en referencia a la gente de los pueblos de los alrededores.

-Sí, en Santiago ocurre exactamente lo mismo. En el fondo, la diferencia la da ese barniz de hábitos. Yo creo que una persona que viven en la ciudad puede ser igual que una de la aldea y al revés, son cosas de costumbres. Yo como vivo en Quins hago unas cosas y tú como vives en A Coruña haces otras. Lo que pasa es que parece como que mola más lo tuyo, porque es donde se puede hacer de todo, no como en un pueblo donde no se puede hacer nada. ¿Aquí qué haces? Pues nada.

-Me intriga cómo ve usted dos fenómenos recientes: el turismo rural y los urbanitas que, hartos de la vida en ciudades, se asientan en pueblos para hacer una vida más relajada y saludable.

-Eeee…. mal. Lo veo todo mal [risas]. Básicamente, es un poco rollo África, en plan “vamos a ayudarlos”, cuando en realidad es como si se tratase de caridad. El turismo rural es algo horroroso porque convierte lo rural es una especie de parque temático. Es parecido a la gente esta que en Brasil va a hacer tours por las favelas, que hasta le hacen un espectáculo de fogueo. Puede molar, pero a los chorbos de las favelas dicen “¿Qué pasa aquí?”. Pero, bueno, como les dan dinero tragan y con el turismo rural pasa lo mismo. La gente que viene a vivir a la aldea podría ir, yo qué sé, al desierto del Sahara, que es mucho más tranquilo todavía [risas]. Cada cual puede hacer lo que quiera pero, visto desde ese punto de vista de la dualidad entre el campo y la ciudad, la verdad es que resulta algo ofensivo.

-En la canción “Atlantic City” le reprocha a una persona de ciudad que lo intente tratar como una persona “aislada, rural y tonta”. ¿Eso le ha pasado de verdad o solo se está poniendo en situación?

-Estas cosas pasan. Cuando fuimos a tocar con Apeiron a Coruña, nos entrevistaron en una radio universitaria. El locutor me preguntó “¿Y tú viviendo ahí como te enteras de que existe este tipo de música siendo de una aldea?” Eso ocurre mucho. Atlantic City en esa canción es Vigo. Vigo, mal que os pese a los coruñeses, es la primera ciudad de Galicia. Por un lado, en Vigo hay una diferencia abismal con lo que hay en Quins. Todo está allí, bueno menos la Fnac [risas]. Por otra parte, está el hecho de que no puedes tener una discusión normal. Me ha pasado muchas veces, eso de “¿Cómo es posible que siendo de la aldea te pueda gustar esta música?” o también con las películas. Que tú dices “Me gusta mucho tal película de tal director” y te preguntan “¿Pero la viste?”. Eso pasa, claro que pasa. Lo que sucede que en el disco, salvo alguna canción que es completamente real, normalmente no es nada autobiográfico en el sentido estricto, sino historias a partir de sensaciones e impresiones.

-¿Puede existir algo de auto-odio? Ese hastío de sábado por la tarde escuchando Radio 3 que refleja su disco yo lo vivía de adolescente exactamente igual en el barrio de los Mallos en A Coruña. Nunca me consideré un desgraciado por ello.

-El auto-odio que pudiera haber no es como si estuvieras en un sitio en el que pudieras tener una vida completa, es decir vivir en el siglo XXI. No solo en cultura, sino en servicios, trabajo, relaciones personales, de viajar, de todo. ¿Odiar? Lo único, odiar haber nacido ahí, pero ese no es el problema sino cómo está montado todo el tinglado, entonces no creo que exista auto-odio.

-¿Complejo de inferioridad, quizás?

-Es que no es una sensación, es que eso es totalmente real. Como civil tú viviendo en una aldea eres totalmente inferior a alguien que viva en una ciudad. Eso es así.

-Pasemos a hablar de sus mitos particulares. En Apeiron ya mostró su devoción por Cybil Shepard. Ahora la vuelve a citar. ¿Es su icono femenino por excelencia?

-En la canción en la que hablo de ella es porque venía del ámbito rural. Cito también a Sharon Stone, porque realmente no sé cuál de las dos venían de una aldea. Creo que las dos. Pero, bueno, aparte de ello, Cybil Shepard desde que la vi en Taxi Driver es todo un símbolo ya no sexual, sino femenino.

-Otra que cita en su Myspace como influencia es Alizee, una estrella del pop comercial francés. Sin embargo, especifica que solo la de los dos primeros discos. ¿Se ha olvidado de que el tercero tiene un temazo como “Fifty Sixty”?

-!Qué va! El último disco es horrible, al menos a mí me lo pareció. Lo escuché hace como año y medio, pero no me gustó.

-Es decir, que usted es de los de “Moi Lolita”.

-No, a mí el que me encanta de ella es el segundo. El anterior no me gustaba demasiado cuando salió.

-Al igual que ocurría en la época de Apeiron, le sigue gustando el pop mainstream tipo Christina Aguilera o Britney Speards.

-A mí me gusta todo, yo no hago diferencias. A mí el metal me encanta, por ejemplo, pero eso no se refleja en Emilio José. Yo hago música comercial y, por eso, esas referencias me interesan mucho.

-¿Cuál ha sido la última canción del mainstream que la ha encantado?

-Buff, es que para mí Animal Collective es puro mainstream. Pero, bueno, Alicia Keys acaba de sacar un disco medio horrible, pero tiene una canción bestial pero no recuerdo como se llama. Creo que es la cuarta. También me gustó mucho la versión de los Dirty Projectors que hizo la hermana de Beyoncé.

-¿A quién le gustaría ver más en directo, a Beyoncé o a Sonic Youth?

-A ninguno de los dos.

-Vaya, hombre.

-Es que yo creo que el directo está… Bueno, es que eso es meterse en aguas pantanosas.

-¿Qué quiere decir, que el directo está sobrevalorado? No es el único que lo piensa.

-Claro. Es que ahora se dice que los discos son un catálogo de lo que puedes hacer en un concierto y esas cosas. Luego, hay un montón de conciertos, pero al final es todo igual. Antes se sacaba un disco y el grupo no venía a tocar. Ahora sales de casa un día y están tocando Sonic Youth en tu portal. Personalmente, hay alguna gente que mataría por verlos porque me gustan mucho, pero en general no me interesa mucho el directo. Por ejemplo, cuando estuvieron Franz Ferdinand en Vigo fue un montón de gente que yo conocía y que no sabía ni quiénes eran Franz Ferdinand. Es decir, ya no es un concierto ni nada, sino la experiencia de ir allí. Luego, está esa idea comunista del trabajo, de valorar lo que se hace. No sé, parece que los discos los hace el aire y al tocar, como estás sudando y dando el callo, se ve ese trabajo. Solo por eso parece que ya vale la pena y puedes pagar 20 o 30 euros. Pero bueno, volviendo a lo que dices tú, es que a mí Beyoncé no me gusta, ni su música, ni ella físicamente. Luego Sonic Youth, yo qué se, el año pasado coincidieron en el Primavera Sound con Ghostface Killah y a una amiga que fue le dije “Tienes que ir a ver a Ghostface Killah”. Pero al final fue a ver a Sonic Youth.

-Puntualiza que no le gusta físicamente Beyoncé. ¿No será de los que sostienen que está gorda?

-No, físicamente, por ejemplo, me gusta Martha Wainwright, la hermana de Rufus, y no es que sea una anoréxica precisamente.

Imagen de previsualización de YouTube Emilio José interpretando “Febreiro” en la sala Le Club de A Coruña

-Dice muchas veces que el pop ya se ha agotado y que no queda más que rebozarse en los géneros pretéritos. ¿Existe sitio para la creación pura?

-Sí, claro. Pero hay que hacerlo y, claro, eso cuesta en teoría, a no ser que seas un genio. Pero, bueno, tanto da, porque Beethoven, que lo era, estaba 25 horas al día trabajando. No era que se despertaba una mañana y dijera “Bueno, voy a escribir esto que se me ocurrió”. Pero es lo de siempre y, desde que salieron los Strokes, se hizo todo más real. El rock n´roll siempre fue un 50% moda y un 50% música, pero es que ahora es puramente moda. Sale el disco de Phoneix, que en su día no sería ni un disco de maquetas de The Strokes, y vale porque lo que se busca es el momento de darle al “play” y que enganche. Solo se busca la inmediatez. Y la gente dice “Esto es como en los años sesenta que salían cada semana singles alucinantes”, pero, claro, tú comparas musicalmente una cara b de esa época y tiene más trabajo detrás que todo el último disco de Animal Collective. Porque, bueno, el “Merriweather Post Pavilion” tampoco es un disco, sino que es un single con dos canciones: “My Girls” y “Brother Sport”.

-¿Cómo?

-A ver, la gente tiene la noción de que “Merriweather Post Pavilion” es un disco, pero eso es falso. Es un single en el que la cara a es “My Girls” y la b es “Brother Sport”. El resto de las canciones… yo no sé que existen. Si alguien las escuchó que me lo diga por favor.

-Tiene una especial manía con Animal Collective. ¿Le parece un grupo sobrevalorado?

-No, lo que pasa es que lo de Animal Collective es el triunfo del agotamiento. Es como decir “algo tiene que molar”. Y les tocó a ellos.

-¿Piensa usted que algún grupo hoy en día podría ocupar ese lugar?

-Musicalmente, me gustan mucho más los Dirty Projectors, pero es lo mismo de siempre.

-Me refiero a algo audaz, en el sentido de lo que pudo ser en su día el “Loveless” de My Bloody Valentine.

-No. Pero bueno, el “Loveless” me parece que es un disco que es solo sonido. A mí me encanta, pero si le quitas el sonido las canciones creo que son bastantes normales. El sonido resulta abrumador, algo que nunca se había escuchado antes. Si yo tuviera 25 años cuando salió el “Loveless” a lo mejor diría lo mismo de él, pero ahora toca Animal Collective. O Nacho Vegas… pero de este prefiero no hablar.

-¿Pertenece también del club de detractores de Nacho Vegas?

-No, yo soy el presidente. Dios, es que Nacho Vegas es una cosa tan… en fin, dejémoslo.

-Cuando le conocí, uno de sus grandes héroes musicales era Liam Gallagher de Oasis.

-Y lo sigue siendo, lo que sucede que lo es de un modo retroactivo. Oasis en su momento eran bestiales, pero ya no me interesan tanto. Ahora, que escucho muchas cosas antiguas, me doy cuenta de que Oasis la verdad es que no eran para tanto. Nada es para tanto. Si sacas a Bach, Debussy, el “Smile” de los Beach Boys y cuatro más, la verdad es que nada es para tanto. Hoy escuchas una cosa del año 70 y dices “Buah, esto es alucinante”. Pero es que mañana, escuchas otra del 68 y te parece aún mejor. Volviendo a Liam Gallaher, en aquel entonces por un lado tenías a Bono diciendo que había que condonar la deuda de los países probres y el coñazo de siempre. Por otro, tenías a Liam borracho dándole puñetazos a un fotógrafo. !Y eso es rock n´roll! Aparte, me encanta como canta.

-Ahora que rapea, qué rapero le gustaría ser ¿Jay-Z?

-No, no me gusta nada. No le acabo de ver el punto. Es como una inercia, lo mismo que Animal Collective. ¿Cuál es el rapero que tenemos? Pues Jay-Z ¿Por qué? Pues qué sé yo. Y mira que escuché todos los discos y sigo sin encontrar eso que le ven muchos por ahí. Hay raperos mucho mejores. A mí el rap me parece la última gran música que salió, porque lo del drum n´bass era un poco como de broma, pese a que haya discazos. El rap es mucho más potente.

-¿Se ve haciendo un videoclip como un rapero en su coche rodeado de mujeres?

-Bueno, es que yo no veo haciendo un videoclip de nada (risas). A mí, tal y como lo veo hoy en día, desde que apareció el rap, desde el 91 o así, es todo un repetición, variando un poco alguna cosa. Para mí el gran modelo es D‘Angello. No hace rap, pero se acerca bastante. Es lo que más escucho últimamente: hip-hop y rock n’ roll de los cincuenta.

-Volvamos al terreno político. El disco está interpretado íntegramente en gallego y una buena parte de su público, por asociación de ideas, seguramente lo ubique como un músico nacionalista. Sin embargo, suelta un “putos nacionalistas” en una de sus canciones. ¿Pretende dejar claro que tampoco le va el nacionalismo?

-Sí, va por eso. La idea de un estado que nos oprime y vamos a liberar a Galiza, no sé. Si fuera una opresión tan grande… Es como lo que digo yo de la aldea. Yo creo que nadie puede negar que hay un menosprecio por la aldea por parte de las ciudades, que es donde se manda. Pero claro, yo tampoco digo que Quins sea al Congo y que la gente se muera de hambre por culpa de Corina Porro, Feijoo o Zapatero. El nacionalismo es un rollo de “hacen terrorismo de estado”, pero si fuera algo tan grave estarías haciendo campañas de marketing bestiales. Nada de eso pasa. Es como si no existiera prisa. “Galicia es una nación y vamos a hacer un estado”, dicen. Pero yo no sé si eso va a ser mañana o dentro de 50.000 años, que es lo que parece. Lo digo por eso. Pero yo no soy nacionalista gallego, en todo caso soy nacionalista ourensano. Pero eso aún tiene que empezar a andar. Estamos empezando.

-Porque usted promulga un Ourense independiente.

-Sí, claro. Toda la provincia sería un estado.

-Tiene una canción fuera del disco, “Adeus Feijoo”, en la que habla de la muerte de Alberto Núñez Feijoo, el actual presidente de la Xunta.

-Lo relato con pelos y señales.

-¿Cuando colgó en Internet esta canción no tuvo miedo de que le pudiera acarrear algún problema?

-No, porque no soy un tipo conocido. Si mañana Bisbal hiciera la misma canción a lo mejor se montaba un revuelo. Aparte, es que es una canción. Aunque fuera más famoso no tendría reparo en publicarla. Es como si haces una película, no me entra en la cabeza que pase algo por eso. Es una canción que habla del suicidio, que es algo cotidiano: a diario se suicidan miles de personas en al mundo. En la vida real no quiero que le pase nada a Feijoo. Es más, quiero que viva 150 años.

-Pero, a ser posible, fuera de la Xunta, ¿no?

-No, si yo creo que es bueno. Yo prefiero a Feijoo antes que a Touriño y Quintana, aunque no le haya votado. Realmente, viendo tal y como está yendo el rollo, es mejor porque igual espabilan los otros, aunque la verdad es que lo dudo. Pero yo no entiendo que pase nada por una canción. Es una historia de un tío que se suicida y nada más.

-En “Tres segundo na memoria”, el libro de Diego Ameixeiras, uno de los protagonistas termina confesando en tiempos del gobierno bipartito PSOE-BNG que “contra Fraga vivíamos mejor”. ¿Se identifica con ello quizás?

-Yo creo es que, hoy en día, no existe ni una persona que no eche de menos a Fraga. Otra cosa es que lo admitan, pero que se echa en falta está claro. Porque Fraga era bastante chungo, pero el tiempo lo hizo bueno. Puede que sea como Rajoy. Desde el 2004 era como “Tío, pasa de todo y déjanos tranquilos”. Pero ahora como le están haciendo tanto la cama desde dentro de su propio partido dan ganas de abrazarlo y decirle “Tranquilo, Mariano, sigue luchando”.

-¿Tipo Gran Hermano en plan “!Jorge aguanta!”?

-Sí, eso. Tú ahora, por ejemplo, ves a Fraga trabajando en Madrid en el Senado. Luego ves a Feijoo con Rueda o a Touriño antes y piensas en Fraga presidiendo la Xunta y dices “!Buff!”. Es como Baltar, que se retira ahora. Se le va a echar de menos en Ourense. Mira a Obama. Era un subidón, pero ahora ves que no es nada radical. Hoy en día no hay nada, todo da igual, ni existe izquierda ni derecha, son todos puros tecnócratas y economistas. Ya no hay política. Supongo que los nacionalistas ya no tienen nada contra lo que ir y les pasa lo mismo.

-¿Le sorprende que fuera de Galicia la gente conecte con usted pese a hacer el disco en gallego y con una temática tan particular?

-Bueno, yo pretendo hacer música mundial, no solo para gallegos, pero comprobar que eso pasa de verdad siempre sorprende. En un blog americano me pusieron como disco del año con un 93 sobre 100. En la crítica decían que el tío del disco hablaba del aburrimiento que sentía en la vida rural. Yo pensé “!Esto es alucinante!”. De Valencia en una radio me llamaron y vi también que lo habían cogido. También de Mallorca. Pero es relativamente normal. A mí me sorprende más que venga un chaval de Texas aquí y que todos lo entendamos perfectamente o que digamos que lo entendemos. Por ejemplo, no deja de llamarme la atención que aquí con Wilco la gente diga “esta es nuestra música”.

-Casos como el suyo o del de Apeiron provocan que se entone el discurso de que “al ser de Galicia no se le presta tanta atención como si fueran de Madrid o Barcelona”. ¿Cómo lo ve usted?

-Eso como una extensión de lo de la aldea versus ciudad. Si A Coruña y Vigo se pueden reír de Quins, Barcelona se ríe de Vigo, de Lugo, Ourense y Ferrol. Y Nueva York se ríe de Barcelona multiplicada por quince. Eso es un hecho. Un hecho entendible, por otra parte. Como es entendible que, por ser yo gallego, tú me entrevistes en La Voz de Galicia, también es entendible que una revista madrileña catalana e inglesa saque a los grupos de allí.

-Bueno, eso es relativo. La Voz se fija en las cosas que hacen gallegos porque su línea editorial es la de mirar al mundo desde Galicia. Las revistas musicales ubicadas en Cataluña se preocupan, en teoría, por todo lo que pasa en España.

-Sí, claro. Pero, por ejemplo, el Rockdelux puede tener colaboradores en otras partes de España, pero la mayoría están en Madrid o Barcelona. Yo creo que si Santi Carrillo tuviera 10 millones de euros para invertir en la revista seguramente tendría controladas más las zonas de España, e incluso Europa. Porque Europa apenas sale en el Rockdelux.

-Le veo muy diplomático en este aspecto. Victimismos al margen, creo con toda sinceridad que si Apeiron fueran de Bilbao y “Todo sigue intacto” lo hubiese editado una discográfica como Metak hubiesen estado entre los cinco mejores discos del año en esas revistas que tienen la mayoría de sus colaboradores en Cataluña y Madrid.

-Bueno, yo me puedo poner en plan “Son unos traidores porque pasan de mí”, pero las cosas son así como funcionan. No es por ser diplomáticos, pero tampoco es cuestión de ponerse en plan “!Santi Carrillo préstame atención!”.

-Usted estuvo en Brasil. He oído que, una vez allí, se convirtió al Islam. ¿Es cierto?

-No, eso fue después. En el Islam no existe la conversión, todos nacemos en el Islam. Lo único que hace falta es tener dos testigos musulmanes. Pero eso fue después de lo de Brasil. En Brasil estuve tres meses porque tengo familia, pero tengo pensado, cuando sea una mega estrella del rock n’ roll, irme a vivir allí. Lo del Islam fue que empecé a leer el Corán y me parece la obra literaria por antonomasia. Es lo más total que se escribió nunca, pero no religiosamente, sino en el sentido artístico. Pero no, yo no soy musulmán,… todavía.

-La inevitable. Estamos esperando ocho años por el segundo disco de Apeiron. ¿Qué pasa?

-Pues que estamos ahí.

-¿Cuántas veces se hizo y se deshizo ese disco?

-Fue solo una vez. En el 2003 teníamos el disco hecho. Pero era la idea con forma, una especie de boceto. El resultado sería lo mismo. Cuando salga va a ser un desastre. Tanto da si hubiera sido en el 2003 o que sea en el 2012. No le va a gustar a nadie. Seguramente será algo así como “¿y estuvisteis todos estos años haciendo esta mierda?” Pero, vamos, nos da bastante igual, porque es algo muy a tope. El disco va a salir, pero lo estamos haciendo. Ahora con mis canciones y al estar Álvaro y Belén trabajando, ya no es tan continuo como antes. Pero a diario sigue avanzando.

-¿Y cuándo saldrá eso?

-Este año no. El año que viene no lo sé. Yo creo que el 2012 es algo bastante realista, pero igual acabamos antes.

Los 10 mejores discos internacionales del 2009

Miércoles, diciembre 30th, 2009

Si lograr un punto de encuentro en el panorama nacional resulta difícil, en el plano internacional se antoja ya imposible. El pop y el rock está completamente disgregado y la calidad, más que en escenas concretas (ahora, al parecer, le tocó a Brooklyn), se haya en puntos aislados. Y, en ocasiones, equidistantes. De ahí, que el recopilatorio ideal del 2009 haya de ser por necesidad ecléctico: desde los clásicos revisando su trayectoria como Leonard Cohen, a la radiante juventud noisepopera de The Pains Of Being Pure Heart, pasando por las locuras psicodélicas de Animal Collective o la veteranía del indie-rock de Yo La Tengo. ¿Lo mejor para los gallegos? Pues dos de esta lista (Leonard Cohen y The Wave Pictures) han tocado en Galicia el pasado año y, por ahora, otros dos (Dominique A y Yo La Tengo) lo harán el año que viene. ¿Alguien podía imaginarse algo así en los noventa?

anmal-collective-21Animal Collective, las grandes estrellas del 2009

1. ANIMAL COLLECTIVE “Merriweather Post Pavillion” (Domino) . Pocas veces ha existido tanta unanimidad con un disco como el mejor del año. Sí, Merriweather Post Pavillion pertenece a la estirpe de los Loveless, Dummy o Screamadelica, es decir a los álbumes que suponen un punto y aparte en la escena musical del momento. En este caso se trata de la versión más pop y digerible de unos Animal Collective que tomaron la vía abierta por Panda Bear y crearon el mejunje psicodélico definitivo del arranque de siglo. Habrá que ver, si a diez o quince años vista, se podrá suscribir que está a la altura de los títulos mencionados.

2. LEONARD COHEN “Live in London” (Columbia) . La gira que se pudo ver en España el pasado verano (todavía debe sobrevolar en Castrelos la emoción de aquella noche viguesa de agosto) fue prácticamente igual a lo que recoge este trabajo, grabado en vivo en Londres en el 2008. Están todos los clásicos del canadiense interpretados con una precisión arrebatadora. En especial, se incluye un momento de esos de terminar retorcido de placer: la sublime lectura del Take This Waltz en la que Cohen se bate en duelo con las angelicales voces de dos de sus coristas. Se puede escuchar mil veces. La magia seguirá inalterable.

3. YO LA TENGO “Popular Songs” (Matador). Como vienen haciendo en sus últimos años, Yo La Tengo han apostado por el eclecticismo. El álbum se abre con su particular visión de la música negra con orquestaciones (Here To Fall) y termina con una extensa pieza ruidista marca de la casa (And The Glitter Is Gone). Entremedias, todo ese catálogo de sensaciones que han hecho de la banda de Georgia, Ira y James un baluarte del rock contemporáneo. Con la noticia de que el 16 de marzo tocarán en Santiago en la sala Capitol todavía se escucha mejor.

4. THE HORRORS “Primary Colours” (XL) . De Joy Division a My Bloody Valentine, mirando también a Silver Apples o Neu!, el segundo álbum de The Horrors es todo un compendio de rock oscuro, hipnótico y arrebatador. Con las proporciones exactas de cada uno junto al talento (el suyo y el de Geoff Barrow, el productor), el resultado se muestra tan sensacional en lo suyo como el del primer álbum de los Strokes, el segundo de los Black Crowes o el cuarto de Teenage Fanclub en sus respectivos estilos. La pena es que luego en directo la cosa no cuaja. Y mira que el material es de los de prenden fuego a los festivales

5. PREFAB SPROUT “Let’s Change The World With Music” (Shamrock). El mito del Smile según Paddy McAloon. Este trabajo, que debería haber sido la continuación de Jordan The Comeback (1990), permanecía en formato demo guardado en el desván de McAloon. Su colaborador Calum Malcolm rehabilitó la maqueta y el resultado es claro: uno de los discos del año. El desfase no importa: el sonido de Prefab Sprout (esas melodías perfectas, esos arreglos de ensueño) es totalmente atemporal y cosas como Music Is a Princess o I Love Music difícilmente encuentran rival en la producción fresca de este año.

6. DOMINIQUE A “La Musique” (Green Ufo´s). El octavo disco de estudio de Dominique A ha supuesto para la francés una vuelta al yo me lo hago todo. El resultado es probablemente su mejor trabajo desde Auguri (2001). Desde luego, preciosidades como Inmortels son de las que no se escuchan habitualmente y cosas como Nanortalik poseen el nervio y la tensión por la que Editors suspirarían. En unas semanas lo tendremos en directo en A Coruña dentro del ciclo Vangardas Sonoras. Todo un lujo.

7. THE XX “The XX” (Young Turks). Sí, así sí. Si las nuevas sensaciones británicas poseen la excitación, el misterio y la intensidad de los jovencísimos The XX entonces sí que sigue mereciendo la pena estar al tanto de lo que allá ocurre. Como si Young Marble Giants se dieran la mano con los primeros The Cure y, a partir de ahí, se pusieran a explorar el mundo con sorprendentes ecos shogazers y de la música negra, en su álbum de debut The XX han creado una de esas obras que se escucha y escucha y siempre llega a nuevas conclusiones. El problema será darle continuidad manteniendo el nivel.

8. BENJAMIN BIOLAY “La Superbe” (Naïve). El colosal nuevo trabajo de Benjamín Biolay (doble cedé, triple vinilo) es, para algunos críticos, el único disco capaz de competir con Animal Collective como el mejor del año. Con ecos a Tom Waits y a los Smiths, con el jazz desdibujándose entre el poso de la chanson y con ese aroma a crooner de otra época, los 22 cortes de este disco proponen una hora y media de grandes canciones. Y también de sorpresas: véase ese Buenos Aires, que tributa a la capital argentina con un sampler de Carlos Gardel.

9. THE PAINS OF BEING PURE HEART “The Pains of Being Pure Heart” (Fortuna Pop- Houston Party). Para cualquiera que se haya criado musicalmente en el indie de la bisagra de la década de los ochenta y los noventa este disco le sonará a gloria. Porque, en efecto, lo tiene todo. Las melancolía juvenil de Field Mice, el ímpetu pop de los primeros Teenage Fanclub, el descaro ruidista de los mejores Ride. Y un puñado de canciones tan maravillosas como aquellas que nos enamoraron a todos en los Los Planetas del Medusa ep o el Super 8. Escuchar esto en el ipod cuando el sol da de frente supone rejuvenecer al menos 10 años.

10. THE WAVE PICTURES “If You Leave It Alone” (Moshi Moshi). Fueron la revelación del 2008. En el 2009 no perdieron nada de su encanto. En este trabajo continúan fieles a las texturas lo-fi y a esas melodías torcidas a punto de romperse tan suyas. Pero le añaden un buen número de arreglos que logran una atmósfera entre febril y encantadora. Desdibujándose el soul por sus canciones (desde el corte homónimo a la versión de Otis Reeding que lo cierra), sumergiéndose en el folk (“Canary Wharf”, “Tiny Craters In The Sand”) y logrando más de un hit para un mundo perfecto (“Bye, Bye Bubble Belly”) la entrega del 2009 de los The Wave Pictures solo deja un pero: ¿Qué pasaría si dejasen el lo-fi y grabasen, yo qué sé, a lo Prefab Sprout?

Obviedades y carencias (2)

Viernes, junio 5th, 2009

(viene de aquí)

Este blog se enmarca dentro de un diario de información general y pretende tratar la música pop desde una perspectiva personal y en un sentido amplio, eso es desde Britney Spears a The Wave Pictures, pasando por Porta, Clem Snide o El Canto del Loco. Retroalimentacion, me consta, lo lee todo tipo de público: entendidos en la materia, curiosos sin más, gente que no le gusta lo que se trata aquí, profesores que me dieron clase en el colegio, rajadores que intervienen con diferentes nicks, gente que pincha enlaces de blogs de amigos que nada tienen que ver con la música, miembros de asociaciones de vecinos que te conocen de las ruedas de prensa, colaboradores de prensa musical especializada, coleguitas del fin de semana, gente que llega por Google buscando información de Beyoncé, etc, etc, etc…. Se aspira a poder llegar a todos, en la medida de lo posible.

Pongamos por caso a esa persona que hojea el Fugas: un hombre de 50 años que conoce a los Beatles, Van Morrison y los Eagles, pero desconoce a Wilco. Pincha en el blog al entrar en la versión digital de La Voz y se encuentra con el post del concierto de Wilco. Puede que se quede atrapado por el primer párrafo y decida leer toda la crónica intentando buscar una respuesta a la pregunta: ¿Pero quiénes son estos Wilco que dicen que son de lo mejor de la década? Para ese tipo de lector, lo que a Incondicional le resulta una “obviedad”, puede que incluso le sirva de poco. Es decir, que cuando se señala el que Spiders de Wilco es una canción krautrockiana, a lo mejor no estaría de más hacer una breve referencia a qué es el kraut-rock, es decir el rock experimental que se produjo en Alemania en los años setenta y que practicaron bandas como Can, Neu! o Kraftwerk.

Sin embargo, eso es imposible. Una crónica necesita de cierta agilidad y no puede estar llena de paréntesis interminables y explicaciones de cada término especializado que surge. Así que, subiendo un poco el nivel y buscando el equilibrio, se apela a esa referencia de estilo para que el lector se pueda situar. Se decía, recordemos, que la canción entra dentro de la vertiente rarita de Wilco. Si lo dejamos en rarita sin más, la persona que desconozca la canción solo sabrá que eso, que es rara. Pero, si se indica que son 10 minutos con ritmo kraut-rock y que cuesta creer que guste a los seguidores más tradicionales del grupo, puede que logre ofrecer una serie de claves a ese lector que se acerca al texto sin conocer mucho a Wilco, pero con interés en saber qué pasó allí o qué es lo que se argumenta.

Lo mismo ocurre con la referencia a los últimos Pavement respecto a Heavy Metal Drummer. En Wilco confluyen, como bien dice Incondicional varios caminos, desde los que llegan por Tortoise a los que lo hacen desde Dire Straits. Y, la verdad, no es muy común que los segundos posean la discografía completa de Pavement y, muy especialmente, sus dos últimos y olvidados trabajos. Al menos en los casos que uno conoce, no es así. Y viceversa: muchos de los que fueron fans de Pavement aborrecen a Wilco y tampoco tienen por qué conocer esa conexión.

Entre los dos casos planteados, el del lector al que le faltaba infomación y el de Incondicional al que le sobra, subyace el eterno debate sobre dónde hay que situar el nivel de un texto. Se trata de un tema sobre el que no paran de cortarte las alas cuando empiezas a trabajar en un medio, hasta que lo interiorizas. Resulta imposible fijar una regla maestra, pero sí dejarse llevar por cierto instinto de comunicación. Los periodistas, igual que los profesores, ensayistas o conferenciantes, no deberían tener miedo a ese tipo de apoyos. Su misión es informar y, cuando la cosa se pone demasiado especializada, se ha de divulgar en la medida que se puede tal y como se hace con la medicina, la economía o la arquitectura. Eso resulta una habilidad tan valiosa como tremendamente difícil, si uno se pone a ello con humildad y deja el cinismo en el bolsillo. Fijar el listón, tener los conocimientos necesarios para ello y, luego, mantener ese tratamiento igual para Wilco, Paulina Rubio, Seun Kuti o Luar na Lubre: una ecuación muy, muy complicada.

En fin. ¿Mencionaremos a Beach Boys el día que –ojalá se obre el milagro- Animal Collective vengan a Galicia, tal y como Incondicional pide que no se haga? Pues sí, se hará que no le quepa la menor duda. De hecho así acurrió aquí en su día, cuando salió la crítica de Merriweather Post Pavilion en la versión impresa del suplmento Fugas, de la que tantas veces se trasladan aquí los textos. Obviarlo sería no solo una sobrada, sino prescindir del lector, algo que en este oficio no se puede hacer. Aunque, en fin, suceda tantas veces en el onanismo exhibicionista periodístico: ese que pretende demostrar al lector el altísimo nivel que uno tiene y dejarlo alelado, en vez de, ejem, informarlo.

De este modo, al referirse a Animal Collective, a la gente se le habla de Beach Boys pasados de vueltas y de calidoscopios sonoros, de Os Mutantes y de espirales obsesivas, de psicodelia y Disco Inferno sepa mejor de qué estamos hablando que si damos todo ello por sabido (algo que un periodista que no viva en una burbuja tiene que presuponer que no puede ser así). Todo ello del mismo modo que las referencias al realismo mágico son inevitables en un texto sobre Gabriel García Márquez o no mencionar el cubismo es imposible en Picasso. Y no digamos ya si nos referimos a literatos o artistas tan conocidos en lo suyo como Wilco o Animal Collective en el ámbito musical. Porque aunque en el mundo de Rockdelux son grupos de portada, en el otro, en el de U2, Rolling Stones y Alejandro Sanz (vamos en el de los medios de comunicación generalistas) no dejan de ser pequeños islotes desconocidos para la mayoría.

Como empecemos a pensar que los lectores leen tres revistas de música al mes y que su nivel de conocimientos es el de un redactor medio de Ruta 66, va a resultar que nadie ajeno al rollo se va a enterar de nada de nada. Y, bueno, como que el fin es otro.

ojd