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El pop que llega vía politono

Escrito por Javier Becerra
22 de mayo de 2008 a las 10:45h

(Dejamos aparcado a Dylan en el blog de manera radical, mientras la polémica sigue coleando en La Voz)

¿Existe algo más pop que el hecho de que la melodía canción te llegue vía politono, te coja sin defensas ni prejuicios y te sorprenda a ti mismo sin poder dejar de tararear mentalmente su estribillo hiperpegadizo? Sucedió en su día con el reggatoneano Papichulo, luego con el Obsesión de Aventura, y ahora con Baila mi corazón de los mexicanos Belanova, una irresistible cápsula de tecno-pop que aterrizó en el corazon de muchos mediante esos pesados anuncios de tonos para el móvil que irrumpen constantemente en la televisión.

Un poco entre los primeros Mecano y la Kylie Minogue del Fever, la canción es verdaderamente un temazo y el video clip la mar de chulo, con una visión del pop muy pura, directa, colorista y tremendamente contagiosa. Además la letra tiene chispazos tan logrados como “Tu que eres fluorescente brilla en mi oscuridad”. Lástima que luego, mirando otros temas, no se mantenga este nivel.

El día que le gritaron !Judas! a Dylan

Escrito por Javier Becerra
21 de mayo de 2008 a las 10:01h

El día en que le gritaron ¡Judas! a Bob Dylan. Para la historiología rock esto viene a ser como el atentado de Sarajevo. O casi. Lo habíamos insertándo en el terreno de las leyendas, junto al striptease de Jim Morrison o la guitarra incendiaria de Jimi Hendrix. Se lo habíamos oido contar mil veces al padre enrollado de un amigo, aquel que vivíó el marzo y el mayo del 68 compostelano. Pero, cuando lo pudimos escuchar, fue cuando nos impactó de verdad como un auténtico bofetón. No solo no se había exagerado, si no que el documento derrochaba la emoción intacta, vibrante, derramándose por los altavoces. La rebeldía de algunos de nuestros mitos se convertía en mantequilla. Al lado de esto ¿quién era el verdadero punk?

La versión “oficial” del asunto llegó con Live 1966, el cuarto volumen de las míticas Bootleg series. Ahí se recogía el momento, al final del segundo cedé. El contexto es vital para entenderlo. Gira inglesa, 1966. Dylan hace sus conciertos bicéfalos: la mitad del repertorio en acústico entre aplausos y, en la segunda parte ya electrificado, con los componentes de The Band en un ambiente totalmente enrarecido y hostil, huyendo hacia delante. En el festival de Newport ya se había ganado las iras, pero la gira británica estaba demostrando que el paso era definitivo. Sus seguidores no lo entienden, se sienten traicionados y desconcertados. A medida que trascurre el concierto, el descontento crece y todo estalla en un espacio entre canción y canción:

-¡Judas!- se escucha decir a una persona entre el público. El grito se acompaña de las risas y los aplausos del público. Semeja que alguien ha cristalizado el sentir colectivo.

Dylan y su banda permanecen impertérritos. Él sonríe, se mueve sobrado de seguridad y se acerca al micro.

-No te creo (*) –dice mientras rasga los acordes de su guitarra y da la espalda- Eres un mentiroso – Y se vuelve a girar.

Dylan de espaldas al público mira sonriente a sus músicos y les dice:

-¡Tocad jodidamente fuerte!

Y arranca una rabiosa versión de Like a Rolling Stone, una de las mejores canciones de la historia del rock. Lo hace abrupta y atropellada, con los reproches que laten en su letra (pensados originalmente para la hoy tan revindicada Edie Sedgwick) desprendiéndose y dirigiéndose, desafiantes, a un público que no está todavía capacitado para entender lo que está viendo: el rock avanzando varias décadas de golpe delante de sus propias narices.

Por si no fuera poco, tras años escuchándolo, lo pudimos ver. Martin Scorsesse guardó las imágenes de todo aquello para el final de No Direction Home como la catarsis de una era irrepetible

(*) es el título de una canción suya I Don´t Belive You

Dylan no ofrece espectáculo

Escrito por Javier Becerra
20 de mayo de 2008 a las 10:06h

La semana pasada, con motivo del Festival Do Norte, Xaime Casas, el manager de uno de los grupos participantes (The Blows) decía esto en el el suplemento Fugas de La Voz:

“Hay riesgo y apuesta por parte de la iniciativa privada, garantía de que se programa con el corazón y no desde los despachos”

Ayer, cuando llegó a la redacción del periódico Elena Silveira con las declaraciones de dos miembros del Ayuntamiento coruñés sobre los motivos por los que no se contrató a Bob Dylan fue inevitable recordar aquellas palabras. Las letras de Rubén Ventureira sobre quiénes sí van a venir no hicieron sino redondear el círculo

En Vigo, donde (llega con echar una vista a su programación pública de los últimos años) hay más sentidiño, sí tocará. Aquí, pues…menos mal que el sector privado hace las cosas con algo de criterio que si no… estaríamos toda la vida con Melendis y M-clanes.

En la otra cara de la moneda un ilustre coruñés cumple diez años de vinilos y rock n´roll haciendo exactamente lo contrario que los antedichos: coherencia, pasión y conocimiento de causa. Ah, y todo arriesgando su propio dinero.

Un artículo sobre el tema publicado en su día en el feedback-zine

A Coruña es como Nacho Vegas

Escrito por Javier Becerra
19 de mayo de 2008 a las 10:01h

(Conversación real en la calle Juan Flórez de A Coruña el sábado pasado de un grupo de 6 personas caminando juntos)

-Chico 1: Onte foi o meu último día saindo na Coru como coruñés. Hoxe empezo a levarme cousas

-Chico 2: A ti te va más venir de turista a Coruña, que vivir en ella.

-Chico 1: Sí, sí. [se ríe] Logo xa voltarei, que por casas onde durmir non vai a ser.

-Chico 2: Es curioso lo que sucede con Coruña. Hay gente que viene a estudiar aquí, se enamora de la ciudad y ya no quiere regresar: se busca sus amigos, trabajo y no quieren volver ni en pintura. Otros sin embargo, no se adaptan ni a martillazos.

-Chico 1: Debe ser. Eu son do segundo grupo, claramente [se ríe]

-Chico 2: Si, aquí no hay término medio. O bien o te gusta mucho, mucho o la detestas profundamente

-Chico 3 (que permanecía fuera de la conversación): É como Nacho Vegas

-Chico 1: ¿Que? ¿Que pasa con Nacho Vegas? [se gira]

-Chico 3: Joder, que a Nacho Vegas ou o amas ou o odias, como A Coruña.

-Chico 1: Ah.

[todo el grupo se ríe]

Nota: Diculpas a los no hablantes de gallego, pero traducida la cosa pierde. Espero que se entienda

Eliminar todo lo accesorio

Escrito por Javier Becerra
17 de mayo de 2008 a las 17:29h

Tres ejemplos de minimalismo de culto pero súper influyentes. Si no los conoces, vete a por ellos porque son una maravilla que invita a ver la música de nuevo con ojos de niño (los terceros, además, tocarán en Vigo en breve). Pasen un buen fin de semana


Yaha Baby (The Gories)


Black Candy (Beat Happening)


Fnal Day ( Young Marble Giants)

Donde dije dije… digo Diego

Escrito por Javier Becerra
16 de mayo de 2008 a las 10:01h

Héctor G. Barnes lo clava en su crítica del Accelerate de REM en el Ruta 66 de este mes. Habla de un mecanismo que suele darse en las promociones discográficas y que, visto desde el otro lado, no resulta sino chocante:

“Las paradojas de la promoción: ahora resulta que, según la versión oficial de Michael Stipe y compañía, su último álbum Around the Sun era un trabajo mediocre y sobreproducido que no satisfizo ni a los fans ni a la propia banda. No seré yo quien niegue que aquella fue su sima (…), pero uno se pregunta si han tenido que pasar cuatro años para darse cuenta de que Around The Sun era, efectivamente, malo”

A escala más próxima este puede ser el esquema:

-Grupo dice que el disco que presenta es el mejor de la su carrera o que es muy bueno (en el caso de ser el primero)

-Periodista sostiene que el disco es malo, que es poco original o que carece de personalidad

-Grupo se enfada: o vacila al periodista ocultando el enfado… o se enfada de verdad.

-Periodista se incomoda con la reacción y finge que le da igual porque es su trabajo y ello va en el sueldo

(pasan dos años y el grupo edita nuevo disco)

-grupo dice que el disco anterior no era bueno, y detalla las cosas en las que fallaron (curiosamente las mismas que decía el periodista)

-periodista sonríe y salta la duda ¿De verdad que hace dos años no eran conscientes de los defecto?

(Borrón y cuenta nueva: periodista y grupo se terminan llevando bien… o en el peor de los casos, es decir que el grupo vuelva a sacar otro disco malo y el periodista lo diga, el rencor pervive… a veces, simplemente, pervive sin ninguna explicación lógica)

Fotografías fragmentadas de un momento

Escrito por Javier Becerra
14 de mayo de 2008 a las 8:28h

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Hay quien piensa que en el pop se puede encontrar el más certero y mejor retrato de la sociedad occidental del siglo XX. Ahora, por ejemplo, que estamos en pleno aniversario de Mayo del 68 solo hace falta evocar canciones como Revolution de The Beatles o Street Fighting Man de los Rolling Stones para dar o quitar razones a aquellos que lo sostienen. Pero también hay otras facetas del pop que documentan eras y momentos con precisión, pero una precisión al alcance de cualquiera. De ahí la magia, eso que convirtió al pop en la forma de arte más democrática de todas. La que todo el mundo entiende.

Miren arriba. Se trata de un collage de Robert Ruschenberg, uno de los pioneros del pop-art, fallecido ayer a los 83 años. Su contemplación da (o puede dar) pleno sentido a lo antedicho. Ahí están los años sesenta de EE.UU. convertidos en pequeños iconos reunidos, sucediéndose, un poco entre el héroe del cómic o el retrato de una estrella de cine. Es solo una muestra de una obra amplia y muy influyente (hay cosas suyas que pasaría por diseño grafico actual), pero cuya visión en profundidad se le escapa a este blog, que solo pretende alimentar la curiosidad de los demás,… con la propia.

Eso sí, como siempre, quedan invitados a explayarse en los comentarios.

Sin palabras…

Escrito por Javier Becerra
13 de mayo de 2008 a las 9:06h

(Extraído de aquel programa de debate que tenía Jesús Hermida en los primeros noventa)

P.D.: Siempre se tira de los ochenta, pero el día que se revise el bizarrismo la primera mitad de los noventa con la irrupción de las privadas en España más de uno se va a caer de la silla

Madonna “Hard Candy” (Warner, 2008)

Escrito por Javier Becerra
12 de mayo de 2008 a las 11:40h

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Resulta curiosa la condescendencia con la que se suele tratar a Madonna. Como ocurre, por ejemplo, en España con Alaska, semeja que con la ambición rubia hubiera que andar con pinzas y el aplauso preparado, no vaya a ser que se quede como un reaccionario poniendo en duda su supuesta modernidad. Que no haya sacado un buen disco (álbum completo, se entiende) desde el histórico Like a Virgin de 1984 (o, bueno, bajando un poco el listón, desde Like a Prayer) debe ser una anécdota sin importancia. Y que su mérito vaya más por las canciones sueltas, el oportunismo y un rizar el rizo de la provocación (que si la religión, que si el sado, que si Evita Perón, que si la Guerra Irak… aquí todo vale) que por una solidez como artista, parece que no importe a nadie. O que nadie quiere que le importe. O que, importándole, incluso se haga de ello una virtud.

La mejor empresaria que ha dado el pop de las últimas tres décadas (eso sí que nadie lo puede negar) entrega nuevo disco, Hard candy. Llega con el trabajo hecho respecto a su puesta al día, ya que hace un par de años se puso celosa cuando se dio cuenta que Kylie Minogue le había apeado completamente el trono de pop-star de la década, mientras ella se dedicaba a besarse con Britney Spears y Christina Aguilera para reclamar atención. Miró a su alrededor vio como estaba el panorama y, previo hurto a Abba para adecuarse a la moda del sampleo descarado, salió un Confessions on a Dance Floor: puro revival ochenteno con algo de retraso, que la rehabilitación para el público más cultivado.

Este Hard Candy, vuelve a ser otro estudio de mercado y una nueva adaptación tardía a los tiempos. Como le ocurría David Bowie en los noventa, Madonna quiere ser moderna a toda costa, pero ya hay quien la supera de largo. No tanto por el hecho de hacerlo después, sino por no hacerlo tan bien. Y es que, por mucho que se ponga, no puede competir con los tórridos meneos de Nelly Furtado, la exposición de r&b de Rihanna ni el aroma callejero de Missy Elliott, pero lo intenta tirando de las mismas armas. Para ello se ha arrimado a dos de los actuales cracks de la producción mainstream, Timbaland y Pharrel Williams de The Nepturnes. Pero el resultado, lejos de ser un buen álbum, se queda en tres o cuatro temas para el compartimiento menos exigente del Ipod. Y poco más

El primer single 4 minutes, alimón con un Justin Timberlake metido en el papel de Michael Jackson, recuerda a la última tanda de sencillos de Nelly Furtado. Pero eso sí, con mucha menor efectividad y gancho. Lo mismo ocurre con Heartbeat. Más resultón es Give it 2 me, una eficaz pieza destinada para las discotecas dance de extrarradio equipadas de buen equipo de luces. Son la pequeña cara de una enorme cruz en la que se encuentran desde la horrible Spanish Lessons (un guiño a su público español que se debería haber ahorrado), la irritante Incredible o el innecesario cameo de Beat goes on con Kayne West.

Un disco totalmente hueco. O casi

Teenage Fanclub “Grand Prix” (Sony, 1995)

Escrito por Javier Becerra
9 de mayo de 2008 a las 13:57h

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Existen discos que parece que están ahí para ser adorados, sin más consideración. Elepés completamente fuera de tiempo que no necesitan impresionar a nadie, que solo es cuestión de dejarlos sonar para que el flechazo sea instantáneo. Son álbumes que solo se pueden rechazar con la razón y la represión dogmática (ya se sabe: que si son retro, que si no innovan, que si los Byrds lo hicieron antes mejor…), pero desde luego no con el corazón.

Grand Prix, el cuarto álbum de los escoceses Teenage Fanclub, es de esa clase de discos. La sensación que produce su escucha es similar a la de estar desbordadamente enamorado y no saber muy bien qué hacer: si besarla, si achucharla, si cogerla de la mano, si…!buff! En efecto, nos referimos a ese estallido de emoción interna con el que no se puede parar de emitir suspiros, hacer gestos de “pero ¿cómo puedo decir lo que siento?”, de dibujar una sonrisa y no dejar de pensar que eres una persona extremadamente afortunada.

¿Cómo lograron todo eso? Con maestría, oficio y ese algo inexplicable que hace que surja inmediatamente el amor. La manida expresión “artesanía pop” se creó para discos como éste, con tal grado de perfección, donde todo está en su sitio y donde no sobra ni un solo segundo. Como si de una clase magistral de pop clásico se tratara, desde About You a Hardcore Ballad el festival de estribillos y melodías es de órdago. Norman Blake, Raymond McGinley y Gerard Love se introducen aquí en las esencias de The Byrds, Beatles y Big Star y extraen una magia que trasciende a cualquier ejercicio de estilo en el que se les quiera incluir. Como ocurría con Suede y el glam o los Black Crowes y el rock sureño, en la era mágica del pop ellos también hubieran destacado.

Lo que resulta difícil es destacar alguna canción, solo quizá diferenciar entre las que proporcionan suaves dosis de placer (About you, Sparkys Dream, Discolite…) y las que directamente te ponen a sus pies con toda esa emoción descrita antes en el pecho. En ese compartimientio descansan Don´t Look Back, haciendo equilibrios malabares en el legado de los Byrds y dosificando los tempos hasta llegar a un final apoteósico, Neil Jung tirando de la sombra Zuma de Young y esa deliciosa maravilla de ternura pop que es Going Places.