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John Lennon en diez canciones

Escrito por Javier Becerra
9 de Octubre de 2015 a las 7:30h

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De no haber sido asesinado en diciembre de 1980, John Lennon cumpliría hoy 75 años. La efeméride servirá para recordar, una vez más, su papel fundamental en la cultura del siglo XX, su condición de icono social universal y, sobre todo, su capacidad de hacer canciones eternas que se encuentran entre los mayores hitos de la música pop. Es en este tercer vértice en el que se van a recrear estas letras. Estas son (algunas de) las 10 mejores canciones de un músico fundamental.

1. I’M THE WALRUS (1967). ¿Una canción protesta teñida de surrealismo? ¿El abandono de Lennon a las sensaciones experimentadas con el LSD? ¿Una ruptura total de su fantasía para liberar la pena de la muerte de Brian Epstein? I’m The Walrus continúa hoy en día siendo un fascinante dilema. Iniciada con ese dulce vaivén re-que-te-i-mi-ta-do-has-ta-la-ca-cie-dad, continuada por un arreglo orquestal magnífico y puesta en funcionamiento por esa (infravalorada siempre) batería perezosa de Ringo Starr, abre el telón para un autor en estado de gracia. Estirando vocales y rascando ligeramente la garganta invita: «Yo soy él y tú eres yo y todos somos a la vez / Mira como corren como cerdos ante un rifle, mira como vuelan / Estoy llorando». Como una tormenta lírica llega al oyente, que no entiende nada pero lo entiende todo. Se ha llegado a decir que dentro de ese maremagnum pop se reparte estopa a los profesores que soportó Lennon de niño, a la policía e, incluso, a la idea misma de Inglaterra. También que ironizaba sobre la corriente psicodelia en general. Sea como sea, casi medio siglo después continúa trasmitiendo la sensación de entrar en un mundo pop de colores distorsionados, en los que la alegría nace de la tristeza y busca una vía de escape. ¿A dónde?

2. STRAWBERRY FIELDS FOREVER (1967). Otra introducción para enmarcar abre el sinuoso camino hacia un mundo ideal, esta vez conectado con la infancia. «Déjame llevarte a allá / porque voy a los campos de fresa / nada es real y no hay nada para perder el tiempo / campos de fresa por siempre», canta con una profunda melancolía hacia el paraíso infantil que una vez se fue para echarlo siempre de menos. De hecho, el Strawberry Fiel es el nombre del orfanato que había junto a casa de Lennon y en cuyo jardín jugaba de niño. Con una atmósfera muy especial la canción, de belleza legañosa, juega con las velocidades, las cintas al revés y los arreglos imposibles en una explosión de creatividad liberada de todas las cadenas. Una vez más, The Beatles estaban dibujando el futuro del pop con trazo maestro.

3. A DAY IN THE LIFE (1967). Considerada por algunos estudiosos como la mejor canción pop de la historia, A Day In The Life supone el cierre apoteósico de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, seguramente el disco beatle que se grabó con la mayor conciencia de revolución de todos los suyos. Surgida de ideas captadas de una lectura del periódico de Lennon, en la que se hablaba de la muerte de una amiga para unas páginas más adelante hacer una media de los agujeros por habitante de una carretera, bien podría tomarse como una crítica a los medios. A falta de paralelismo mejor, lo fácil es catalogarla como una mini sinfonía pop. Diferentes melodías, voces que parecen perderse, instrumentos que surgen de manera inconexa, una tormenta orquestal que lo precipita todo, una melodía que surge clara y nítida en labios de McCartney… Lo difícil es desentrañar toda la riqueza condensada en 7 minutos que parecen 70. Pero lo mejor de todo, es tumbarse, escucharla con cascos y dejarse impresionar una vez más.

4. TOMORROW NEVER KNOWS (1966). El sonido de The Chemical Brothers tres décadas antes. Si Revolver (1996) era la respuesta a Pet Sounds, con este tema The Beatles avanzaron un puñado de pasos más allá. Posiblemente, se trate de representación musical de un viaje de ácido más lograda de la historia. Se compuso en una época en la que Lennon estaba totalmente inmerso en la cultura psicodélica y, hoy por hoy, supone la mejor banda sonora posible del cambio que se produjo en la cultura occidental en los años sesenta. Así lo vieron en la serie Mad Men, cuando Don Drapper la escucha mientras busca una explicación sobre el cambio que estaba tomando EE.UU. a finales de los sesenta. Hipnótica gracias a ese loop que recoge la batería de Starr, caleodocópica debido a su anárquica arquitectura sonora y sensitiva por la infinidad de estímulos que genera, se trata de la pérfecta síntestis entre emoción y sorpresa, ente placer y trascendencia. Una obra de arte totalmente rupturista que se adelantó, ya lo ven, treinta años.

5. TICKET TO RIDE (1965). Definida por Lennon como la primera canción heavy metal de la historia, lo cierto es que Ticket To Ride surge como toda una oda melódica a la Rickembaker de 12 cuerdas. Todo ello con el inestimable apoyo de un ritmo pesado de (infravalorado una vez más) Starr. Parece ralentizar su fluidez. Y la convierte en algo realmente delicioso. Entre ambos contrastes se logra una pieza definitiva que parece adelantar la revolución a la que se iba a someter en los próximos años. La canción ya supera los tres minutos, la melodía fluctúa de manera ondulante y se advierte una clara intención de retorcer conceptos. Un año después The Who entregarían The Kids Are Allright, que parece continuarla.

6. YOU’VE GOT TO HIDE YOUR LOVE AWAY (1965). Canción claramente influenciada por Bob Dylan, se trata de una genialidad que deslumbra por su sencillez, su capacidad de emocionar y la facilidad para aprehender las enseñanzas de otro músico ofreciendo algo totalmente personal. Muchos de los estudiosos en The Beatles la relacionan con Brian Epstein, el mítico manager que gestionó la beatlemanía. Homosexual, supuestamente estaba enamorado de John Lennon y la leyenda reza que esta canción (tienes que esconder tu amor) en realidad habla de él.

7. JEALOUS GUY (1971). Persona de extremos, ya en solitario John Lennon enterneció al planeta con esta preciosa canción en la que abría su corazón, pidiéndole perdón a Yoko Ono. Aunque el autor haya dicho que no es autobiográfica, sino que responde a una declaración de principios, lo cierto es que biográficamente parece ser la respuesta a la espiral autodestructiva en la que se embarcó tras la separación de los The Beatles y la posterior búsqueda de redención. «Yo nunca quise herirte / siento haberte hecho llorar / oh no, no quise herirte / soy solo un hombre celoso», dice con una delicadeza inmaculada. Se torna en puro delirio cuando el artista termina por silbarla.

8. COME TOGETHER (1969). Un blues modernizado, con pausas precisas, tensión sabiamente mantenida y pequeñas explosiones guitarreras. Aquí sí que se está cocinando el sonido hard-blues que derivaría en el hard-rock. También una invitación a abrazarse a la libertad, con reminiscencias de I’m The Walrus. Y unos últimos guitarrazos en la carrera de un grupo que empezaba ahí a despedirse.

9. IMAGINE (1971). Eternamente vilipendiada por ñoña, utópica e infantilmente idealista. Sí, pero lo cierto es que Imagine logra durante sus tres minutos y pico inyectar en el oyente un espíritu de pureza muy particular. Semeja que lo empuja a ser mejor. Sustentada por un piano que, poco a poco, se enriquece, esta pieza pacifista en la que un millonario nos habla de un mundo sin posesiones custodiado por su mujer. Al margen de las contradicciones, el tema resulta formalmente irreprochable y todo un icono de una época. Para muchos, supone el mejor retrato de su autor.

10. WOMAN (1980). Posiblemente, su última gran canción. Tan buena era que, en los nombres provisionales antes de editarlo, la llamaban “la beatle”. Pese a la plasticosa producción víctima de la época, su melodía engatusa. «Mujer por favor déjame explicar / Nunca quise causarte pena o dolor / pues déjame una y otra y una y otra vez decirte / te amo, si, si / Ahora y por siempre». Por supuesto la destinataria de esos versos era Yoko Ono.

Empieza la cuarta temporada de Los conciertos de Retroalimentación

Escrito por Javier Becerra
22 de Septiembre de 2015 a las 11:08h

Ya estamos aquí. La cuarta temporada de Los conciertos de Retroalimentación empezará en unas semanas. Lo hará poniendo en el escenario (por ahora solo en A Coruña) a cuatro buenas y variadas bandas de la música que se hace actualmente en Galicia: un catálogo extensísimo en el que buscar y encontrar algunas de las mejores propuestas que se hacen ahora mismo a nivel nacional. Estas, desde luego, lo son. Las podrás ver cerrando un círculo perfecto. Como el año pasado apostaremos por diferentes espacios (muchas gracias a Nave 1839 y Mardi Gras por ello), buscando el más adecuado para cada banda. Y la producción, como siempre, es de Argonauta. Por ahora estas son las tres primeras fechas, aunque ya trabajamos en el año 2016. Os esperamos.

BALA-BALA + THEE BLIND CROWS (17 de octubre, Nave 1839 -antigua Casa Tomada, 5 euros). Bala tienen un pie en A Coruña y otro en Pontevedra. Son poderío, uñas y electricidad. Ya las conocemos por haber teoleado a Puma Punku en la pasada primavera dentro de este ciclo. Pero ahora están aún más punzantes, más agresivas y más disfrutables. Acaban de sacar su primer trabajo, Human Flesh, que suena a Black Sabbath, Kyuss, Pj Harvey y mil ardientes sonidos más. Y en directo resultan sencillamente demoledores. Actuarán con el dúo pontevedrés Thee Blind Crows, otros que arrasan sobre un escenario con su blues-punk explosivo que mete en una batidora a Hank Williams, Black Keys y The Cramps. Primitive Loud Blues es su último trabajo.

SOUL JACKET 0003920386_10-THE SOUL JACKET (6 de noviembre, Mardi Gras, 8 /10 euros). Veteranos de la causa y ubicados entre Vigo y NIgrán, llegan a Los conciertos de Retroalimentación con el que ya es su tercer disco, Black Cotton Limited. Se trata de un tratado de rock sureño bañado en soul y blues que mira sin disimulo a EE.UU. con un resultado muy notable. Música grasienta, elaborada al ralentí e interpretada con una garganta rasgada que persigue (y encuentra) siempre el punto óptimo de ebullición. Todo ello redondeado por la producción de Hendrik Röver, el líder de los Deltonos, y preparado para ofrecer directos envolventes como el que se podrá ver en esta ocasión. Ya los habíamos barajado en anteriores entregas del ciclo y ahora, al fin, llega la definitiva.

lady leño 0005066738_10-LADY LEÑO (11 de diciembre, Mardi Gras, 5 euros). Con su disco de debut cocinándose en estos momentos (por ahora se puede escuchar el adelanto-puñetazo Ojos), Lady Leño son el nombre del momento en A Coruña. Oscuros, intensos y afilados (¿alguien dijo Parálisis Permanente?), ya nos dejaron noqueados el año pasado en el arranque de este ciclo en el Playa Club junto a Srasrsra y Wild Balbina. Ahora le dejamos todo el espacio para ellos en la presentación de un primer elepé que verá la luz gracias a un exitoso crowfunding y que aspira a ser uno de los discos del año. Aquí, desde luego, los adoramos y entendemos este concierto en el que lanzan su disco al mundo como un honor muy particular.

¿Una nueva conciencia musical en A Coruña?

Escrito por Javier Becerra
18 de Agosto de 2015 a las 11:54h

ana belen y victor manuel HG2C1F1Hubo un día, el pasado 1 de agosto, en que en mi ciudad actuó Ana Belén y Víctor Manuel y los “rajadores profesionales” no salieron en tromba. Sí, todos esos programadores musicales en potencia (o en acto) armados de supuesto buen gusto musical y sin pelos en la lengua. Los que despotricaban contra el Ayuntamiento y contra los seguidores de este tipo de grupos cuando se publicaban las noticias de las fiestas. Los que nos decían a los periodistas que teníamos que «meter caña» para que no venga «lo mismo de siempre». Este año no. ¡Sorpresa! Se produjo un respetuoso silencio que parecía indicar que las fiestas eran para todos y no solo para el club de los entendidos. Ni siquiera pasó nada cuando se supo que la pareja había salido por 60.500 euros.

Lo mismo ocurrió con la aparición de Los Planetas en la cabeza del Noroeste Pop Rock. Otrora, la sola mención de estos iconos indies producía sarpullidos verbales en gran parte de estos jueces musicales. Ahora ocurre todo lo contrario. Incluso algún roquero de pro defendía la propuesta de los granadinos. Me alegro. La verdad es que la cantinela de que a J no se le entiende nada, que son un grupo de pijos y que solo hacen ruido ya cansaba. Y a uno, en su condición de fan, le caía la brasa constantemente. Pero donde ya casi se cae un servidor de la silla fue cuando se hizo público que venía Rosario. Ni mu esta vez. Raro, porque cuando se anunció que venía en el 2014 (al final se suspendió) los improperios (al Ayuntamiento, a ella y a sus fans) circularon en modo barra libre por las redes sociales. Ahora nada. Todo bien. Se entiende que su actuación cubre una cuota necesaria y que esos seguidores también tienen derecho a que les traigan algo de lo suyo con cargo al presupuesto municipal.rosario buena hg12p1f1

¿Y qué me dicen de The Original Blues Brothers Band? Actúan hoy. Cuando se filtró su contratación, lo cierto es que uno aguardaba comentarios del tipo «el típico grupo de viejas glorias que nos cuelan en A Coruña porque el Ayuntamiento no tiene ni idea, como siempre». Todo lo contrario. Su bolo es una actuación imprescindible, a la que acudir con interés, no en plan «bueno, es que no hay otra cosa». El buen rollo entre los otrora rajadores es tal que yo creo que -ahora sí- hasta podían colar a Raphael en el Noroeste Pop Rock sin que se produjese una manifestación en María Pita ni se pusiese a parir al concejal del Fiestas pidiendo su dimisión.

Algo ha cambiado en la ciudad. ¿Habremos madurado? ¿Nos habremos vuelto más tolerantes? ¿Los nuevos aires políticos han traído una nueva conciencia musical? Habrá que estar atentos. Pero desde aquí no puedo más que manifestar mi sorpresa.

Los Planetas, capaces de lo peor y lo mejor en A Coruña

Escrito por Javier Becerra
6 de Agosto de 2015 a las 9:03h

LOS PLANETAS ENTRADA

Esta noche Los Planetas escribirán una nueva página en el libro de los conciertos de A Coruña. Será la sexta vez que toquen en una ciudad que los vio por primera vez a principios de 1995 en un concierto al que acudieron poco más de un centenar de personas. Ocurrió en la sala Playa Club dentro de la gira de presentación de Súper 8 (1994). Entonces eran una banda emergente que subía gracias al impulso del sencillo Qué puedo hacer y su fichaje en RCA. Por aquel entonces empezaba a hacerse un hueco en las radio fórmulas mostrándose como los estandartes del nuevo pop que se estaba haciendo en España. Fue la actuación de un grupo exultante, irradiando juventud y un punto de rareza concretizado en la fuga de su bajista May: de espaldas al público. Tocaron todo su disco, alguna versión de Blondie y, por supuesto, los temas de su epé Medusa. El concierto fue tan sensacional que, al término, se podía ver a la banda estallando de felicidad.

No volverían hasta 1996, dentro de la gira de Pop (1996), con nueva formación tras la sustitución de Paco Rodríguez por Raul Santos a la baterías. También en el Playa Club, pero mostrando un perfil radicalmente diferente. Fracasaron estrepitosamente, mostrando la peor parte de su débil directo. Los vigueses Rebelde Rojito, sus teloneros, fueron claramente superiores y entre los fans de Los Planetas la decepción fue mayúscula. Nada sonaba bien. Todo iba descompasado. Y el grupo que había estado probando sonido con Jesus & Mary Chain pareció ese día como un globo pinchado que pierde todo su aire. Los escépticos sentenciaron: es un bluff. Los fans ya no sabían que pensar.

Para curarla hubo que esperar hasta 1999, cuando, convertidos ya en el gran grupo del indie nacional, abarrotaron el Playa firmando una actuación memorable. Ya se sabía que en la gira de Una semana en el motor de un autobús (1997) Los Planetas se habían convertido en un grupo tan sólido como emocionante. Con Eric Jiméndez a la batería armando el esqueleto y Kieran Stephen al bajo, Florent y J comandaban la nave con soltura. Entonces sus temas ya eran himnos y aquel día, cuando Segundo Premio se fundió con De Viaje las 500 o 600 personas que se apretujaban en la sala levitaron. Al final, el grupo se despidió con una ruidosísima La Copa de Europa que dejó a la gente con los oídos pitando durante días.

Retornaría en el 2000 con Unidad de desplazamiento (2000), también al Playa Club. Meses antes había estado el batería Eric Jiménez en el Patachim en una fiesta de presentación del disco. En directo el grupo no alcanzó los niveles de intensidad de su anterior visita. El nuevo repertorio, más relajado y expansivo, se tocó con corrección. El público se desgañitó con los celebérrimos «cuatro millones de rayas», pero faltó la emoción emoción arrebatadora de 1999.

Con el siguiente, Encuentros con entidades (2002), tenían una doble fecha reservada en el Playa. Eso daba una idea de lo que ya eran Los Planetas entonces: un grupo que trascendía totalmente al indie. Días antes cancelaron su visita. ¿El motivo? El desastre del Prestige. El grupo, a través de un comunicado, exponía que no creía que fuese el mejor momento para actuar en Galicia, posponiendo la fecha para los meses siguiente. Nunca se llegaría a hacer.

El grupo tardaría más de diez años en subirse a un escenario en A Coruña. Lo hizo en plena convulsión en el área de Fiestas del Ayuntamiento. Ocurrió en el 2010. El Ayuntamiento había decidido suspender el festival Noroeste Pop Rock por falta de presupuesto. Debido a ello, el mismo grupo que se había manifestado el año anterior por la inclusión de Raphael y El Consorcio en el evento, formó la plataforma Salvemos O Noroeste. Al frente se encontraba el hoy concejal de movilidad de la Marea Daniel Diaz Grandío. Entre la presión de esta plataforma y los hosteleros de la zona el alcalde rectificó y recuperó el evento, con un coste más reducido y evitando artistas internacionales.

Ahí es donde entraron Los Planetas, que dieron un formidable concierto que, sin embargo, dividió al público. Con la psicodelia flamenca y ruidosa de sus últimos tiempos empalmada con parte de su repertorio antiguo más relajado, crearon todo un estado de ánimo -expansivo, envolvente y un poco viscoso- que decepcionó a los que iban a por el greatest hits. Nada que no le haya venido pasando al grupo desde La leyenda del espacio y que, a estas alturas, debería estar ya superado. Su dirección es definitiva. Lo demostraron el año pasado en un formidable concierto en Santiago. Hoy seguro que ocurrirá lo mismo en A Coruña.  

Emocionante encuentro de Los Eskizos y Piti Sanz

Escrito por Javier Becerra
12 de Julio de 2015 a las 23:17h

Los Eskizos
Sala Mardi Gras, A Coruña
14 julio 2015

Dale al play. Hoy sobran las palabras

Silencio, está tocando un grande: Ryley Walker

Escrito por Javier Becerra
9 de Julio de 2015 a las 15:14h

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Ryley Walker
Sala Mardi Gras, A Coruña
8-7-2015

Es difícil triunfar solo con una guitarra acústica. Resulta una proeza lograr enmudecer al público del 2015. Y, luego, sostener desnudas canciones concebidas para la versión eléctrica. Pero Ryley Walker lo consiguió. Anoche en la sala Mardi Gras obró el milagro. Pocos (¿alguien?) salieron defraudados. Muchos (¿alguno que no?) dibujaban una sonrisa tras la exhibición de este joven americano de apenas 24 años, sobrado de clase, talento y oficio. Insistimos. Después de lo que se suele ver con otras “leyendas” (por ejemplo, Lee Ranaldo hace unos meses en la misma sala), lo suyo es para enmarcar.

Walker, que venía presentando su segundo álbum Primrose Green, se plantó en escena como un artista folk a la vieja usanza. Técnico con las manos, versátil con la garganta y equilibrado siempre en la ejecución -limpia, emocionante, intensa- invocó, cómo no, al espíritu de Nick Drake. Despojado de toda la parafernalia instrumental que jazzea su música, el fantasma de Five Leaves Left estuvo de continuo. Esos trenzados guitarrísticos (con los ojos cerrados), esa impertérrita manera de cantar (con los ojos abiertos), esa elegancia final (con los ojos achinados por la sonrisa) no se llegaron a ir del todo en ningún momento. Aunque sí dio pie a inflexiones que se salían el molde.

Desde luego, esa manera de aullar a lo Van Morrison de Summer Dress, poco tenía que ver con la contención que se estila en lo indie. Más bien recordaba a superclases como Damien Jurado obrando el milagro de la comunicación musical pura. Y así, retorciendo un discurso que no se llegaba arrebatar del todo nunca, repasó el disco y aportó alguna pieza nueva como Cocaine que engatusó a la audiencia. Al final, muchos fueron a comprar el album. No tenía. El paquete que se había enviado a su promotor no había llegado a destino. Una lástima porque ese mismo momento, de corazón reblandecido y bolsillo fácil, hubiera despachado un par de decenas mínimo. A ver si la próxima vez. Ojalá que sea con banda. Porque si esto caló así, arropado como en el disco puede derivar en algo orgiástico.

Los Eskizos de 2015 rugen con «Josephine»

Escrito por Javier Becerra
7 de Julio de 2015 a las 18:23h

ESKIZOS ACTUAL

La de Los Eskizos ha sido siempre una historia de dejarse llevar. Ocurrió cuando se separaron en los primeros noventa, avistando el éxito. Lo hicieron cuando se reunieron, habiendo dejado escapar la oportunidad de ir de la mano de la edición de su recopilatorio en Mushroom Pillow. Y lo vuelven a repetir ahora, lanzando 22 años después de aquel Turn Off The Light póstumo un nuevo epé de cuatro canciones: Josephine. No se sabe muy bien qué papel juega un artefacto así, tan fuera de tiempo y contexto, en el universo rock actual. Pero es que, realmente, tampoco se conocía con exactitud el sentido de su epé homónimo en 1991. Lo cierto es que con Los Eskizos ajustar las cosas a la lógica resulta un esfuerzo baldío. No hay planificación.Todo responde más a una cuestión de impulsos, llegados en pequeñas descargas de esa electricidad a contracorriente. La que les ha guiado desde el minuto uno. 

Comprobado el ajuste en la formación con Iago Alvite sustituyendo al fallecido Jose Carral, tomado el pulso de la banda en directo en su reunión en Mardi Gras en 2014 (o también sus apoteósicos pases en el Noroeste Pop Rock o el Purple Weekend) y constatado que aún quedan cuerpos sedientos de ese rock eskizo, la pulsión los ha llevado al estudio. En los ensayos y los directos no solo se revisaba el pasado. También se creaba el presente. Y las cuatro piezas de Josephine lo materializan. Unos segundos después de empezar el tema titular queda acreditado. Hay vida. Hay corazones latiendo. Hay músculos contraídos. Todo por esa electricidad. Guitarras que rascan. La voz de Pedro que ondula, juega al falsete e hincha la vena del cuello. Y -¡oh sí!- la sensación de que todo estallará en la recta final. Lo hace a tropezones, en una orgía de rock cubista que pretende rendir tributo a Josephine Baker, aquella bailarina y actriz estadounidense que aterrizó en el París de los veinte fascinando a todos los artistas. 

Fuck The World, ya conocida por sus directos, arranca con maneras de rock n’ roll clásico y perfectamente engrasado. Pero pronto un trío de vientos (saxo, trompeta y trombón) la sitúa en una nueva dimensión. Cuando los pulmones de Daniel Bautís, José Bascoy y Nando González se funden con las guitarras y el teclado de Diego Veiga el oyente muerde el labio. Luego, entrecierra los ojos en un gesto de placer ¿Alguien dijo The Saints? No anda desencaminado. «I Wanna Fuck The World», toca cantar ahora. Hace unos años era Fuckin’ Day. Siempre jodiendo, en definitiva. Aquella la interpretaba Pedro en los noventa. Ahora lo hace normalmente Astray, que en este nuevo disco ocupa de la mitad del material. “The Place” y “The Witch” llevan su firma. Conforman la cara b. La primera, con la voz filtrada y guitarras que se aceleran en espiral hacia una suerte de psicodelia stoogiana y constante sensación de vértigo. La segunda, con unos deliciosos arpegios que parecen remitir a los del “Frantic Romantic” de The Scientits que ya versionaban en los noventa. Acogen un fraseo de voz rasgada y un estribillo ultramelodioso. Acople perfecto con el lado a. 

El disco, cómo no, saldrá en vinilo. Lo edita el sello Tualmonteyyoalmar Records. De nuevo, Los Eskizos atrayendo a su lado a esa gente que los hace aún más especiales. «¿Queréis grabar unos temas?». Venga, adelante. Sin más. La pequeña gran leyenda del garage-rock coruñés se encuentra también ahí, en las cubetas de novedades de las tiendas de discos. No se trata de contradecir a la nostalgia. Tampoco de demostrar el sentido de los pasos dados con un disco-coartada. Con Los Eskizos todo resulta más sencillamente complejo que eso. Se trata de ponerse al servicios de esos calambres que llegan en sentido contrario y que nunca se sabe a dónde apuntan. Así fue en 1988, cuando cambiaron Skizofrenia Colectiva por Los Eskizos. También 1992, poniéndole cortando de cuajo su historia. Igualmente en 2014, resucitando el mito. Y, por supuesto, en 2015 no semeja que vaya a cambiar. La suya continua siendo electricidad a contracorriente. Los pocos muchos que desean seguir disfrutando de esas descargas están de enhorabuena. 

El bolazo de Bala

Escrito por Javier Becerra
29 de Junio de 2015 a las 16:34h

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Bala molan. Molan mucho. Mola el nombre, mola la concepción, mola su posicionamiento en el escenario, mola como tensan los músculos de su rostro al cantar…. Pero, sobre todo, mola algo: sentir cómo emerge el rock de sus amplificadores. Ruge. Rasca. Araña. Sacude los tímpanos. Y, cuando menos de los esperas, estás ahí, en primera fila, entregado a sus encantos, haciendo air guitar, agitando la cabeza y dejando caer gotas de sudor por el pescuezo. Creedme, eso mola mucho. Muchísimo.

Ayer actuaban en la Casa Tomada junto a los ourensanos Monstruo. Fue una solución de emergencia tras cancelarse su bolo en el Puticlú. No se sabe cómo discurrirían allí las cosas. En la Tomada resultó sencillamente arrebatador. Anxela con el pelo tapándole el rostro aúlla. De su guitarra salen chispas. No, fuego. Black Sabbath, Pj Harvey, Queens Of The Stone Age, Nirvana, Led Zeppelin…. Jugar a buscar influencias resulta fácil. Pero mientras estás llegan, generan un placer nada cerebral. Te dice que somo sigas con el juego te perderás algo grande. Violeta provoca constantes explosiones. De su batería sale nervio, bofetones, empujones ¡¡¡uau!!! Tremendo.

Las dos juntas generan una energía poderosa. En su pase en Los conciertos de Retroalimentación teloneando a Puma Pumku gustaron. Ayer era la multipliación de todas sus virtudes en un todo volcánico. En serio, Bala molan. Mucho. Muchísimo. Están a punto de sacar su primer disco. Están en el momento justo en el que todo funciona. Tienen actitud, tienen sonido, tienen imagen y tienen el poder de su rock imperfectamente ejectuado. Desde que vi a Srasrsra por primera vez no recuerdo un grupo coruñés que me haya gustado tanto. Id a verlas ahora. Porque Bala molan. Molan mucho.

Doblete reivindicativo para cerrar temporada

Escrito por Javier Becerra
1 de Junio de 2015 a las 12:04h

aaaaIMG_7773Tocaba cerrar temporada y se hizo con un doblete reivindicativo. Tanto David Quinzán como Luis Moro son dos nombres que se pasean por las agendas de cuando en cuando con sus actuaciones, que publican discos sin hacer mucho ruido y que siguen ahí, pasito a pasito, construyendo carreras no muy sonadas pero sí muy interesantes. Por ello los subimos al escenario de Los conciertos de Retroalimentación, poniendo el foco en dos lugares que merecen mucho la pena. Nadie de los asistentes quedó defraudado. Y seguro que apuntaron a varias personas nuevas al club de fans.

Quizán sorprendió electrificando su discurso de base acústico, mostrándose en escena como una especie de Nacha Pop obnubilados por los ritmos y timbres africanos a lo Talking Heads. Su actuación fue estimulante, divertida y sorprendente. Las canciones de sus dos discos crecieron y el regusto final fue de lo más exquisito. Por su parte, Luis Moro dio amplitud a su blues rock cada vez más atmosférico y vertebró su actuación entorno a Cielo color burdeos, la última parada de una discografía que mejora a cada paso y no al revés, como suele ser habitual.

Con este doblete se pone fin al tercer capítulo de Los conciertos de Retroalimentación. Seguirá. De hecho, en el copeteo posterior al bolo ya medio se acordó un concierto con otro artista para el año que viene. Incluso, puede que hagamos alguna escapada fuera de A Coruña. Todo con las mismas bases: llevar a escena a artistas que merezcan la pena, que esa calidad vaya acompañada de un interés real del público y que todo sea sostenible económicamente sin inflarlo artificialmente. Muchas gracias a todos los que hacéis que sea posible. Nos vemos en septiembre.

El rock en 2015, un juego de niños

Escrito por Javier Becerra
19 de Mayo de 2015 a las 10:55h

shaneDomingo pasado en la Marina, en A Coruña. Fiesta pensada para los niños. En un stand maquillaban a los imberbes con diferentes motivos de rock. O les ponían la estrella de Kiss, las llamas sobre los ojos de Marylin Manson o el rayito de David Bowie de la portada de Aladin Sane. Una niña de tres años optaba por la tercera opción. Llevaba puesta una sudadera de los Rolling Stones. De fondo, sonaba Paranoid de Black Sabbath. Al lado, otro stand permitía que los niños con sus padres se hicieran fotografías con guitarras de juguete y pelucas de colores. Un padre decía orgulloso: «Mi hijo va a decir que ya tiene una Fender Stratocaster en casa, que no necesita una imitación».

Más tarde, una mujer se subía al escenario para enseñarles un baile a los chicos. La música sobre la cual se iba a bailar era Highway To Hell de AC/DC. La bailarina diseñaba una coreografía que, a base de repetir, los niños (entre 3 y 8 años, más o menos) llegaron a repetir con gran fidelidad. Entre ellos, una segunda mujer con unos cuernos en la cabeza y una capa en plan super heoina del rock les iba guiando. Al final esa segunda mujer subió al escenario con una banda. La formaban clones de Angus Young, Amy Winehouse, Elvis Presley o Paul McCartney. Les enseñó a los espectadores cómo se echaban los cuernos, como se alentaba a las masas o como se ponía gesto roquero. Y la banda iba desgranando clásicos del rock. Por cierto, la fiesta la organizaba el Ayuntamiento, del PP.