Escrito por Javier Becerra 28 de julio de 2008 a las 1:29h
“Yo sigo pensando que la mujer perfecta es Pamela Anderson” (Alaska)
Pocas cosas resultan menos cool que revindicar públicamente en 2008 a Pamela Anderson. En un terreno como el del pop, general abonado a la languidez, lo andrógino y hasta lo asexuado, un modelo de mujer como el propuesto por ella tiene todas las de perder. Al menos de cara al exterior.
Explosiva, neumática y carnal con ella pasa un poco lo que con Kylie Minogue. Cada una en su historia particular, claro está. Si en la australiana parece que alguien ha juntado todos los ingredientes para hacer la muñeca pop perfecta, con Pamela Anderson semeja que desde un ordenador se han lanzado todas las directrices para crear el mito sexual definitivo. Ambas, que ya superan la cuarentena, de tan plásticas podrían ser de dibujos animados. Y ambas simbolizan, a su manera, un icono de la cultura popular que ya ha quedado congelado ya para la eternidad como un modelo.
Respecto a Pamela existen muchas conexiones con el rock, innumerables. Quedémonos con una. Lit es uno de esos grupos americanos que tanto gustan en la MTV totalmente prescindibles, pero de su tema Miserable, han rodado uno de los video-clips más divertidos que se hayan hecho nunca. ¡Cuántos quisieran poder rodarlo! En él, la banda se pasea por una Pamela Anderson gigante que empieza pareciendo Gulliver y termina por ser King Kong. El vídeo es este:
Pero la actualidad tiene noticias. Pam, que ahora vuelve a vivir con Tommy Lee (aunque especifican que solo son amigos), le tiran los reallity shows, hasta tal punto de que va a grabar el suyo propio Pam: Girl on the Loose.: ocho días de la vida diaria de Pam para su posterior emísión en televisión.
Sobre ello dijo: “Uno hace las cosas y no sabe exactamente por qué las hace hasta el final… Sólo sé que soy una exhibicionista. Algunas personas temen que las encuentren. Yo temo no ser encontrada. Es una de esas oportunidades raras y es un acuerdo increíble”.
Escrito por Javier Becerra 20 de julio de 2008 a las 18:51h
Dos tíos de (bastante) más de 30 años perdidos como patos mareados en la pista de una discoteca en la que están sonando a todo trapo The Killers. Una pléyade de veinteañeros con las hormonas revolucionadas los corean en plan karaoke. Tras poner en duda el hecho de que un grupo así pueda considerarse como de lo mejor que existe hoy en día (o bien poner en duda el “hoy en día” mismo), uno le dice al otro:
-Tú a estos les pones a Suede y seguro que ni los conocen.
-Fijo- contesta el otro.
-Pues, lo que se pierden. El día que The Killers, Kaiser Chiefs, Moby o alguno de esos grupos haga algo como Trash tendrán su mejor canción.
Suede presentando “Trash” en el Top of the Pops en 1996 y acariciando con la yema de sus dedos la perfección pop
Escrito por Javier Becerra 18 de julio de 2008 a las 17:08h
Ramoncín, uno de los personajes más polémicos del rock español, fue el entrevistado de ayer del programa de Lorena Berdún en TVE. La entrevista discurrió en su línea habitual de enamorado de sí mismo y de “cualquier tiempo pasado fue mejor”, pero tuvo un momento jugoso. Advirtiendo que no quería hablar más del tema, pero que lo hacía en deferencia por la presentadora confesó arrepentirse de haber sido la cabeza visible en el tema de los derechos de autor y el canon digital. Todo ello le causó un sinfín de ataques a su persona, que llegaron incluso a lo físico y, por extensión, a los juzgados. Dijo que terminó convertido en “un muñeco de pim-pam-pum” y acusó de hipócritas a muchos artistas españoles que en privado se quejaban de la situación del gremio, pero que cuando toca manifestarse públicamente cambian el registro.
Para rematarla señaló que, en los veinte años que él llevaba en el tema, no conocía ni un solo caso de un artista que renunciase a su talón de derechos de autor.
Escrito por Javier Becerra 14 de julio de 2008 a las 9:15h
Hoy sale a la venta Can´t Go Back, el nuevo single de Primal Scream, una de las bandas imprescindibles del planeta rock. Se trata del adelanto de Beautiful Future, el álbum que estará en las tiendas el próximo 21 y que contiene algunos de los momentos más pop de su carrera.
Can´t Go Back, la canción, no está nada mal. Retoma el barniz electrónico sobre el riff rockero, pone a Bobby Guillespie a soltar estribillos como insistentes proclamas de mitología rockanrolera y posee un punto de excitación que parecía perdida. Pero le falta una explosión, algo que la haga saltar por los aires. ¿Para qué nos vamos a engañar? No estamos ante otro Kowalski, Svástica Eyes o Miss Lucifer. Digamos que nos dan un arañazo felino, cuando deseábamos un puñetazo en toda regla.
Pero, ojo, que no quepa la menor duda: este verano nos cansaremos de practicar air-guitar con ella en cuando el pincha de turno accione el play.
Escrito por Javier Becerra 13 de julio de 2008 a las 17:51h
(Comentario cazado al vuelo en una conversación mientras tocaba el telonero de Dylan en su pasado concierto de Vigo)
“Esto es pequeño y la gente debería de empezar a ver a Galicia como un todo. Hoy te coges un coche y en una hora y pico te plantas en Vigo desde Coruña y al revés. Ciudades tan pequeñas no pueden aspirar a tener una programación como la de una ciudad de 2 millones de habitantes, por mucho que a la gente le de el calentón por una polémica como esta. No se le puede exigir a los políticos que subvencionen con dinero público espectáculos sin ton ni son, por encima de las posibilidades la ciudad y todo para competir unas con las otras, cuando hay tantas cosas a las que atender primero. La verdad es que la gente, a veces, frivoliza demasiado”.
Escrito por Javier Becerra 9 de julio de 2008 a las 2:14h
El concierto de Dylan gustó. Eso es lo que se puede deducir cuando los viajeros retornan al autobús. (Voz masculina) ”Estuvo tremendo, la verdad es que estuvo muy inspirado”. (Voz femenina) “Bueno, a veces se pasa demasiado, debería hacer algunos temas un poco más cortos”. (Voz masculina) “No tocó ninguna de las que conoce Tello” [risas]. (Voz femenina) “Buff, no me arrepiento para nada de haber venido. Guárdame las fotos”. Estamos en el burbujeo post-concierto, ese estado en el que cada uno elige su momento, el instante en el que fue acariciado por un escalofrío, y decide compartirlo con los demás. Uno parece ganar por goleada. (Voz femenina) “Lo de Like a Rolling Stone fue impresionante, se me puso la piel de gallina, solo por eso mereció la pena haber venido”.
Tomi, el organizador de la ruta, también se muestra satisfecho. No solo porque no haya perdido dinero o le haya encantado el directo (“Cuando arrancó con Leopard-Skin Pill-Box Hat, ya me dije que todo iba a salir bien”). Confiesa que un grupo de chicas jóvenes del bus, que apenas pasan de los 18 años, no habrían podido venir si no fuera por el viaje y que eso le reconforta. Pero falta un viajero. Se trata de Andreas, el danés. Lo llaman al móvil y el hombre responde que se queda en Vigo de fiesta con buen rollito recargado tras el concierto. Así que entre camisetas de Dylan, opiniones de Dylan y sensaciones producidas por Dylan, se emprende la vuelta a casa.
Si a la ida la falta de material musical se suplía a golpe de politono, a la vuelta lo registrado en las cámaras de fotos y los móviles toman la voz cantante. Y es que Dylan no lo logró. La obsesión por evitar ser filmado o grabado (no permitió ni que los medios de prensa pudieran tomar imágenes) no es nueva en él. En el 93, en el Concierto de los Mil Años en A Coruña, también hubo problemas al respecto y en esta ocasión prohibió todo tipo de filmaciones. Durante el concierto, incluso, varios miembros de seguridad del Ifevi se dedicaron a requisar cámaras. De nada sirvió. En el bus, quien más quien menos, tenía un pedazo del evento guardado en una memoria digital… y sentimental
Resulta tremendamente novedoso para quien supera los 25 años eso de terminar un directo y, a la media hora, poder recrear desde un teléfono las imágenes y el sonido. En el autobús se veían y se dejaban ver, pero al pasar el peaje de la autopista sorpresa: ¡Un control de la Guardia Civil!. (Voz masculina) “!Guardad los móviles y las cámaras, que Dylan ha llamado a la Guardia Civil!”, se bromeaba. Al final, los agentes no paran el bus. (La misma voz masculina) Pues menos mal que no venimos de ver a Manu Chao que si no…”.
Pasada la euforia, el bus se va silenciando poco a poco. Ojos cerrados, cabezas ladeadas, parejas abrazadas. Algunos reponiendo fuerzas para el día siguiente. Eduardo Herrero, erudito en la materia y replicante suyo en la banda The Highlights, afirma que es la décima vez que lo veía en directo. “Está en forma, dio la talla”, sostiene este fan que considera la actuación en Santiago de 1999 como la mejor de las que pudo ver. Además, comenta que el concierto vigués tuvo algo muy especial que la mayoría desconocen: “Tocó un tema, Handy Dandy del disco Under The Red Sky que nunca tocó en directo, fue todo un regalo”. Lo afirmación se acredita en base a los 300 piratas que posee. De los diez conciertos presenciados, se sumará uno más. Al día siguiente él y su grupo de amigos parten a Ávila para tener otra estampa más en el álbum.
“A mí déjame al final de Simón Bolivar”. “Yo si puedo en la casa del Mar”. Llegada a la ciudad. Cada cual indica la dirección y, poco a poco, se deshace la atmósfera. Esa que convierte los días como este en algo especial, esa que deja su aroma ahí instalado y muchos se llevaron a la cama. Hasta que al día siguiente, el despertador, un teléfono o la aspiradora del vecino te devuelvan poco a poco a la realidad, desdibujando la sonrisa tonta.
Eso sí, todos sabemos quién sonó en los ipods de camino al trabajo.
Escrito por Javier Becerra 7 de julio de 2008 a las 10:15h
Viajar para ver música. Existe algo de especial en los conciertos para los que es necesario hacer kilómetros. El plus de esfuerzo parece revalorizar la condición de fan de quien lo hace, lo integra dentro de una suerte de grupo selecto. Podrá contar para la posteridad con esa línea biográfica que dice: “Vi a tal artista en tal ciudad y, buah, fue increíble”. Aunque ahora, en estos tiempos en los que festivales como el FIB se han convertido ya en un rito de paso juvenil (con sus más de 1.000 kilómetros a cuestas, si se hace desde Galicia), el trayecto A Coruña-Vigo no es que suponga una batallita digna de mención a diez días vista. Pero los antecedentes que rodearon a esta nueva visita de Dylan a Galicia, adornaron la fecha y el evento de esa aureola de ¿pero cómo me voy a perder yo ese concierto? Conscientes de ello, el Colectivo de Universitarios Activos fletó un bus, que por 12 euros hacía el trayecto de ida y vuelta.
“Nos lo habíamos planteado ya antes”, comenta Tomi Desastre, promotor de la iniciativa. “Sé lo cara que es la autopista y la gasolina y pensé que mucha gente le interesaría sumarse al viaje. Ya lo hicimos en su día para ver a REM”. El servicio les sale por un total de 450 euros. Se necesitan 38 y hay 44 apuntados. Es decir, se salvan las cuentas. Las ganancias irán para las arcas de la asociación.”Teníamos algo de duda porque coincide con el fin de curso. Lo íbamos a respaldar con hasta 60 euros de pérdida, pero al final todo salió bien”. Se pasa lista y todos aparecen. Camisetas de Dylan, alguna bandera, mucho bocata… y ganas de charlar sobre el mito.
-¿Estuviste en el 93?
-No, tío, yo ahí tenía 16 años
-Buff, pues estuvo genial. Y tocó un montón de clásicos.
Tomi, el guía, da unas indicaciones de cómo será el viaje y muestra un ejemplar del dvd del filme No Direction Home. “No creo que os importe que lo pongamos, ¿no?”, pregunta irónico. Pero, vaya, ¡El autobús no lleva dvd! Y en plena era mp3 nadie se trajo un cedé. Ni de Dylan, ni de algo audible. Así que toca radiofórmula con gesto resignado, hasta que el conductor del autobús avisa que tiene él algún cedé. Veamos. Se trata de un recopilatorio en el que se puede escuchar a Julio Iglesias o un grupo heavy haciendo una versión de Mi carro de Manolo Escobar, entre las bromas de la gente. La estampa es de risa: cuarenta y cuatro supuestos paladares exquisitos sometidos a un menú infumable. Al poco le comentan el conductor que, si no le importa, la gente casi prefiere que no suene nada. La opción de poner el móvil a todo volumen con el Blonde on Blode es lo más parecido a lo deseado. Mientras, un ejemplar del Ruta 66 de junio (con Dylan en portada) pasa de mano en mano. Ah y la colección de cedés de La Voz, centra más de una conversación.
Al poco de salir de A Coruña se hace una parada. Sube un matrimonio con una niña de 6 años. Olivia Bujan, la madre, explica que no, que la dejan en casa de unos familiares. ¡Vaya! “A Dylan ya lo escucha bastante en casa. No queremos que lo termine odiando”. La pequeña sonríe. ¿Ponen mucho a Dylan tus padres en casa? “Bastante”, contesta dibujándose un hoyuelo. Unos asientos detrás, viaja solo un hombre con aspecto extranjero. Se llama Andreas Andersen. Es danés y vive en Perillo (Oleiros) desde hace dos años. Le encanta Dylan y lo articula con un español atropellado: “Ha cambiado un poco, pero siempre toca bien. Es un músico que no está por dinero, le gusta tocar. Es música avanzada, de mucha calidad”. Quiere que el repertorio incluya Blowin in the Wind. “Es una canción muy delicada, pura poesía”.
“Esas polémicas entre Vigo e A Coruña con unha pura estupidez”, sostiene Nico Cortiñán, primerizo en un directo de Dylan. Acude con Sole, una amiga. Ambos creen que verán una actuación muy importante: “É que hai que vir, porque posiblemente non teremos outra oportunidade de velo”. Puede ser. O no. También debuta Blanca. No solo con Dylan, sino con un gran concierto. 17 años. Su padrino, que va con ella, le pagó el viaje, la entrada y un doble cedé recopilatorio. Pasa de My Chemical Romance y Good Charlote a las palabras mayores. Toda la semana escuchando a Dylan sin parar. “Es que dicen que las cambia tanto, que luego no sé si las reconoceré. Yo quiero ir a delante de todo”. Mientras, llega la llamada al autobús de los que ya han tomado la primera fila. Es el bajista de The Highlights, el grupo tributo con el que Dylan cuenta en A Coruña, es uno de los que verá el directo apoyado en la valla de seguridad. Algunos de sus compañeros van en el autobús. Las camisetas los distinguen.
Llegada al Ifevi. “Tras el concierto, esperamos 15 minutos aquí y nos volvemos”.
Escrito por Javier Becerra 29 de junio de 2008 a las 12:24h
Bob Dylan, Vigo, Ifevi, 27 de junio 2008
¿Qué se le debe exigir a un artista cuando se sube al escenario? ¿Una reproducción del material de estudio bañada de la imperfección del directo? ¿La selección de sus mejores canciones ejecutadas de la manera más fiel posible, como si se tratará del greatest hits a todo volumen para mayor gloria del karaoke colectivo? ¿Quizá una vuelta de tuerca a lo recogido en los discos, al modo de una segunda versión siempre fija que sorprenda la primera vez? ¿Cambiar todo en cada actuación? ¿Contar con un repertorio fijo para toda la gira, en el que se dosifiquen clásicos?
Algunos de estos interrogantes quedaron contestados el pasado viernes en Vigo. A la manera Dylan, claro. Tras una media hora de concierto, sonaba una pieza irreconocible. Un poderoso riff de guitarra bluesero, de esos cuya energía parece convertir las seis cuerdas en un instrumento de viento, se alzaba repetitivo y embriagador. Podía ser Tom Waits, podía ser Jon Spencer, podía ser Nick Cave. Pero no, era Dylan. Cuando este se acercó al micro y empezó a cantar se desveló el misterio: bajo el caparazón se escondía It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding), alambicada pieza originalmente acústica, que daba la vuelta a la tortilla para convertirse en algo totalmente nuevo. Lo único fijo era el riff y la letra. Sobre ello, la banda (excepcional, por cierto) avanzaba y Dylan pintaba con el pincel de su fraseo el cuadro en directo. Todos iban al paso marcado por él. Si decidía cambiar el ritmo, los músicos rectificaban de inmediato. El publico, por su parte, sentía el escalofrío de cada variación. Nadie sabía lo que iba a pasar con ella, porque la canción iba creciendo, viviendo, respirando, mostrando un vigor que en la original se intuye, pero que ahora abría sus puertas de par en par. Durante varios minutos Dylan, vibrante, no solo tuvo a parte del público comiendo de su mano, sino que contestó a su manera muchas de las preguntas arriba planteadas.
Decimos parte del público. Tras ocurrir todo esto, cuando sonaba ese remanso de belleza de The Spirit Of the Water de su último álbum, Modern Times, un chico le exponía su visión a su pareja: “Es que Dylan es así. A mí me gustan más los Rollling o Van Morrison, que vas a verlos y sabes que van a tocar las canciones más clásicas y que las van a tocar todas”. A Dylan… pues a Dylan le da igual. Le da igual el deseo de este muchacho, el que no haya tocado nunca en Vigo con anterioridad, ni que el 50% por ciento de su audiencia no vaya más allá de tener un grandes éxitos suyo; incluso cuando acude a la antología, lo hace, ya ven, de un modo bastante retorcido en el que para muchos es imposible adivinar la silueta original. Si no fuera así, seguramente se aburriría. Y casi mejor, porque la única concesión a los deseos de la masa, ese Like a Rolling Stone que cerró el bis, interpretado a medio gas, suena tan prescindible, plano y falto de sentido como el Satisfation de los Rolling Stones de las dos últimas décadas. Eso sí, a la mayoría de sus fans poco les importó, alzando los brazos y llenando con su griterío la falta de motivación del artista. Ya puestos, incluso se dignó a mirar al respetable, masculló una media sonrisa y, finalmente, saludo con la banda y todo. A falta de titular, cuando menos, ahí regaló un antetítulo.
Dylan concibe sus directos como piezas de un enorme gran puzzle. No dará nunca el concierto definitivo (los veteranos dicen que lo más cercano a eso en Galicia ocurrió en Santiago en 1999), sino que su vida parece un libro que se va escribiendo en vivo. Así que la actuación de Vigo apenas constituirá un pequeño párrafo. En él se debe mencionar, que además del It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding), también brilló con luz propia Highway 61 Revisisted (una composición echada a rodar por una autopista de rock sin freno, que se mete dentro, crece y, ummm, te hace tambalear) y Ain´t Talkin’, extensa pieza final de su último disco interpretada con total fidelidad. Son las dos caras de la moneda: clásicos resucitados (relectura a trompicones de Lay Lady Lay, Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again modelada con la dulzura del lap-steal, Leopard-Skin Pill-Box Hat abriendo el recital) y material nuevo (entre otras, Thunder on the Mountain, Summer Days o Sugar Baby tocadas con precisión) acoplándose a la perfección. Y demostrando que, muy lejos, de una momia tirando de grandes éxitos a lo robótico y con el show medido, en Dylan hallamos un artista de verdad, en perpeuto estalllido creativo, con un gran pasado, pero también un enorme presente y, visto lo visto, un futuro que hay que seguir con la misma intensidad de los úlitmos años.
Otra cosa es que un buena parte del público venga con otras intenciones y se sienta decepcionado. Algo totalmente lógico.
Like a Rolling Stone, la pieza con la que cerró el concierto capturada en video, pese a la prohibición expresa de filmar o sacar fotografías (varios de los miembros de seguridad se pasaron buena parte del concierto entre el público requisando cámaras)
Escrito por Javier Becerra 25 de junio de 2008 a las 9:49h
Llega Dylan a Galicia. El viernes en el IFEVI de Vigo. 35 euros, que bien merece la pena pagarlos. Oportunidad inexcusable si existe la más mínima posibilidad de acudir (para interesados, desde A Coruña sale un bus por 12 euros). Esto no es Melendi ni Franz Ferdinand, son palabras mayores. Las referencias que han llegado a este blog de su concierto en Andorra por fuentes fiables son muy, pero que muy buenas. Y ahora ,en vez de soltar el típico texto de que si es el candidato el premio Nóbel, que si es mentira que toca de espaldas, que si no saluda y es huraño o bla, bla, bla…, quedan aquí una sensacional serie de críticas de sus discos imprescindibles publicadas en su momento en feedback-zine. Todas ellas pertenecen a Enrique Martínez y logran ese algo que distingue a las plumas de categoría: generar las ganas de descubrir o redescubir esos discos de inmediato. Cada uno que escoja su opción.
Escrito por Javier Becerra 23 de junio de 2008 a las 11:50h
Concierto tributo a Dylan con músicos gallegos en A Coruña, Pub Joana’s Place. Sábado. Lleno
“La versión del Blowin’ in the Wind del 75, esa así que mola”. Tipos con sombrero. Gafas de sol dentro del local. Sudor. “Un aplauso para Joana, por tener un local así, que faltan muchos en la ciudad. Necesitamos más blues y menos Melendi”. Dylan es reinterpretado en clave blues ¡con flauta travesera! por Javier Prado, el chico de los Moondogs Blues Party. También a trío acústico, con Zapa, Graham Summer y Luis Moro, que más bien parecían la versión encogida de Crosby, Still, Nash & Young. “¿Nos vemos en Vigo, no?”, era la pregunta. The Ballad of the Thin Man resuena con una interesante versión acústica. !Qué más da! Hacer una crítica de un concierto tributo así es como hacer una crítica de una fiesta de cumpleaños. Eso, fiesta. “!Falta solo una semana para ver a Dios!”. Saludos desde el escenario. Guiños. Desde el público se llama a los músicos por el nombre. Y es que no hay escenario, se toca a ras de suelo. Carlos Childe, camarero del local se une. Tocan She Belongs To Me con maneras de blues clásico. Móviles disparan fotos. Corre la cerveza. Se invoca incluso el Dylan maldito de los 80. Solo los muy metidos reconocen el tema. Suena luego Hurricane. El cantante y el bajista de los Highlights, el grupo tributo que cierra la noche, cantando por el mismo micro. Abajo, en los pies de ambos: zapatos blancos puntiagudos versus botas de rockero. Magín Blanco, más pop con su preciosa rickembacker, se suma a la fiesta para Knockin´on Heaven´s Door . “Espero que no la conozcáis por los Guns n´Roses”. Muchas calvas. Gente de treinta y de cuarenta, pero también chavalada. Una niña de unos 17 años gasta la memoria de su cámara disparando todo tipo de fotos. Es su primer concierto en una sala. “Me encantó” ,dice al terminar. “Y ahora Tello subirá a tocar las maracas”, suelta el bajista de los Highlights. Magín Blanco tras castellanizar a Dylan, termina con Lay Lady Lay. Lo dicho, el pop. A unos tres temas por barba entre actuación y actuación, el debate. Eruditos de Dylan comentan las diferentes veces que los han visto. Como es normal se exagera. Y, claro, se miente un poco.
Todo finaliza con Like a Rolling Stone, coreado entre todos. Gesto satisfactorio en la audiencia.
Feria del Disco. A Coruña. Hotel Hesperia. Domingo. Poca asistencia
Olor a vinilo viejo. Dani Puntas de Viuda Gómez en la puerta, con su sonrisa de eterno adolescente. Pestañas por estilos: Hard-rorck, Soul, San Francisco, Indie-punk-gótico, etcétera… Los grandes grupos tienen su compartimiento particular. Predomina de los 80 para atrás. El ambiente es desolador para la venta, pero muy cómodo para quien quiera pasarse unas horas rebuscando en las cubetas. Apenas seis puestos y 1,50 euros la entrada. Muy, muy poquita gente y toda de cierta edad. Si lo comparamos con la afluencia que este tipo de ferias allá por los noventa, no hay color. Eso sí, algunas cosas siguen igual: mayoría absoluta masculina entre el público, los Beatles como reyes absolutos del cotarro y las conversaciones míticas de a ver quién controla más hechas en voz alta. Estas, un clásico de las tiendas de discos, se hiperbolizan en este tipo de encuentros. “Mira la copia francesa del Exile, déjame ver a ser si tiene la galleta original”, le comenta un chico a su novia, cuando en realidad desea que los 5 o 6 que andan por allí perciban que controla. Saca el vinilo y lo examina, girándolo. Luego llega el compadreo con los vendedores. “Ya estuve el año pasado, ¿recuerdas?”. Se avista la joyita de rigor, la que no se compras, pero que se coge, se mira, porque nunca la tuviste en la mano en tamaño real. Se trata de la edición española censurada del Who´s Next de The Who con cubierta diferente a 100 euritos de nada. Luego se avistan cosas interesantes. Casi todos los elepés de The Triffids en vinilo por menos de 10 euros cada uno. Idem con los de The Jam. Y luego están esas reediciones tan molonas que salen ahora con grueso vinilo de 180 gramos, redactadas en checho e inglés y que muchos coleccionistas no toleran. Ya se sabe, la autenticidad.
Algunos de los discos que se venden llevan firma. Es una sensación muy triste. Ayer, por ejemplo, había una copia del primer álbum de Los Flechazos Viviendo en la era pop con “Un abrazo a…” su dueño original autografiado por los componentes del grupo. Ahora, pues se vende a 40 euros. Da la sensación de que se vende ahí una página de un diario de alguien, que da pena verla arrancar. Entran ganas de comprarlo y mandárselo en sobre certificado, por sorpresa, a quien se desprendió de él.
Javier Becerra Periodista A los 17 años hice mi primer fanzine. Quería conocer en persona a Los Flechazos y se me ocurrió que entrevistarlos era la mejor manera. Desde entonces, ya nunca pude dejar de escribir sobre música y las emociones que ésta provoca.