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Facto Delafé y las Flores Azules: “Creemos en esta cosa utópica de que las cosas con amor se pueden cambiar”

Escrito por Javier Becerra
24 de octubre de 2008 a las 0:59h

Posiblemente junto a Manos de Topo, el trío catalán Facto Delafé y las Flores Azules ha sido una de las bandas más vilipendiadas del panorama indie español del último año. Su adictiva mezcla de pop y rap inmersa en un romántico sentido positivo de la vida ha conquistado el corazón de centenares de personas, que ya les han hecho un hueco en su vida. Pero, también, se les ha puesto la lupa de la sospecha desde algunos sectores que –¡glups!- en el primer disco no dijeron ni mú y ahora les dedican lindezas despectivas del tipo “los Amaral del indie”, situándolos en el cajón de los Deluxe o Sidonie.

De ese recelo también habla Oscar D’Aniello, el vocalista del grupo, en esta entrevista. Pero, sobre todo, habla de calor, de amor y de emoción, conceptos estos que guían a sus dos preciosos discos editados hasta la fecha y, de manera muy especial, esos directos en los que, sí, uno va y dice “Aquí es donde tenía que estar”.

-La última vez que tocaron en A Coruña, Helena terminó afónica y tuvieron que cancelar la gira. ¿Lo recuerdan?

-Sí, hace un año de eso más o menos ¿no? Elena terminó echa polvo.

-Fue un concierto muy eufórico en la sala Mardi Gras, con la gente literalmente patas arriba, pero con una mala resaca

-Sí, recuerdo que tocamos en una sala de madera en A Coruña y que fue todo muy bien. Lo que pasa es que al terminar el concierto Elena dijo: “Buff!, esto tiene muy mala pinta”. Y, al día siguiente, tuvimos que anular lo que restaba de gira. De todos modos, a Galicia hemos terminado volviendo y es uno de los lugares a los que más nos gusta ir.

-Aquel concierto fue una celebración total. Llegó un momento que las ciento y pico personas que había allí las tenían prácticamente en la palma de la mano. ¿Qué se siente ahí?

-[Se lo piensa unos segundos] Estás como… No sé, piensas: “Hasta ahora ha ido bien, nos está saliendo bien”, básicamente piensas eso. Ya, luego, cuando se acaba el concierto, es cuando dices: “Buff, ha estado muy bien”. Es una sensación impresionante e irreal. Yo cuando termino un concierto necesito una ducha de agua fría, porque tengo un subidón que, a veces, no me lo creo ni yo.

-¿No se siente un cierto poder, como si pudieran manejar las emociones y sensaciones de la gente?

-No, yo me lo tomo como que me siento muy afortunado. Cuando te ves así dices: “¡Qué guapo! Esto lo voy a echar mucho de menos cuando no esté”. Es un momento muy fuerte de juventud: el estar todos juntos en una sala y tener la sensación de que está sucediendo algo importante. Yo cuando he ido a conciertos que he tenido esa sensación como público, disfrutar igual abajo que ahora arriba. Porque, en el fondo, te sientes igual de importante arriba que abajo cuando se produce esta sensación. Yo recuerdo un grupo como Fugazi, sus conciertos eran un poco eso de “!Pero que cosa más chula!” o Jon Spencer Blues Explosion, que lograba crear un amiente impresionante. Aparte de estos grupos, me gusta mucho la música negra, el reggae por ejemplo. En los directos de reggae hay una comunión entre el artista y el público impresionante. No sé, es una sensación muy bonita y me resulta imposible poderla explicar.

Imagen de previsualización de YouTubeUna actuación en la TV tocando en directo La luz de la mañana


-El público sale de sus conciertos con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Son conscientes de ese efecto balsámico, de inyectarle una especie de alegría al público?

-Ese es el objetivo, que la persona que vaya a un concierto de Facto Delafe cuando pasamos por su ciudad tenga la sensación de que ahí es donde tenía que estar. Y también porque, de alguna manera, creo que hay pocos grupos en el panorama nacional que se planteen realmente como final de un concierto el que la gente salga con una sonrisa. Conozco a pocos grupos así. En La Casa azul sales con una sonrisa, con Love of Lesbian también, pero la verdad es que hay pocos.

-Respecto a sentido positivo del grupo, al ser pareja usted y Helena y jugar con esa imagen constantemente en las letras, ¿puede existir en el discurso un poco de una actitud de “nosotros dos contra el mundo” o “juntos podremos”?

-[Se lo piensa] Un poco sí, pero no como objetivo final. Con Elena he aprendido a organizarme un poco, porque yo soy bastante disperso. Ella me hace un poco ordenar las ideas y, a nivel laboral, eso se nota mucho. Es una especie de sentido de agradecimiento para ella. De alguna manera, nosotros creemos en esta cosa utópica de que las cosas con amor se pueden cambiar de alguna manera. Entonces, si tu cambias tu realidad, el mundo puede cambiar. No, no diría que es “ella y yo contra el mundo”. Lo que intento en las letras es mostrar una aparte que yo creo que en la música independiente española faltaba. A mí me gusta mucho El Niño Gusano, Los Planetas o La Buena Vida, pero todos trataban el amor desde un punto de vista basado en la melancolía casi siempre y, a veces, desde el rencor. Entonces, yo quería hacer lo que la música negra, como Marvin Gaye, All Green, Steve Wonder o Curtis Mayfield. Hablar así del amor, aunque suene un poco naïf, porque el amor tiene puntos naïf, no hay por qué olvidarlo.

-Ustedes, tanto en Facto Delafé y las Flores Azules, como los otros proyectos anteriores o paralelos proceden del mundo indie. Ahora han sacado la cabeza un poco más allá. ¿Se ven en algún lugar en particular o desubicados?

- Estamos en un momento en el que vivimos de la música, algo que es muy complicado hoy en día. Por otra parte, me siento muy afortunado, porque hemos hecho 100 conciertos este año y cada vez que volvemos a un sitio vemos que se ha multiplicado el público. Todo lo vivimos acordándonos mucho de la suerte que tenemos, porque creo que eso no pasa cada día, poder tener una conexión así con un grupo. Ha influenciado la suerte de ser anuncio del Corte Ingles, pero tambien ha sido de picar piedra de ir tocand y tocando. No me siento desubicado, lo que me siento es afortunado.

- Han dado con un sonido que, al menos en España, no estaba explorado. Simplificando, se podría definir como una mezcla de rap con el indie-pop. ¿Cuándo de ello hay de dejarse llevar y cuando hay de meditación previa?

-[Se lo piensa] Marc siempre ha querido hacer una especie de The Ronettes, pero con un toque pop y a mí esa idea me encantaba. Yo tuve la fuerza de acercarme a la música negra impulsado por muchos grupos de rap que dicen eso de “Do you thing”, que se dice mucho en inglés. Me acerqué al micro tal y como me lo decían los artistas de rap, pero no el rap MTV, sino un rap mucho más undergound. Nosotros lo hicimos todo en plan naïf, ensayando por las tardes después del curro, en casa de uno, sin micro ni nada, intentando mezclar. Eso supongo que pasa cuando te gusta tanto Public Enemy como Yo La Tengo. Entonces tiene que pasar algo así.

-A medida que va pasando la trayectoria del grupo pasan de salas pequeñas a escenarios más grandes. ¿Pierden esa cercanía en directo?

-Es muy diferente un concierto en el que tienes a la gente ahí, casi tocándote. El concierto garagero es muy chulo, no suena tan bien, pero eso de tener la gente con las manos apoyadas en el escenario es algo que a mí me encanta. A Elena y Marc les gusta más el espacio, que se oiga mejor, que los monitores sean buenos. A mí me gusta esa relación de sala de 150 personas y que haga calor, si hace calor mejor. Cuando un escenario mide más de dos metros de altura y tenemos al público a más de tres metros de distancia, a veces cuesta mucho más recibir el calor.

-Su éxito ya ha provocado algún que otro recelo, alguna crítica más elevada de tono que otra. ¿Ustedes lo perciben?

-Yo percibo una rabia hacia el hecho de que nos vayan bien las cosas. Si no nos fuesen bien eso no existiría. Leí la editorial del Rockdelux [se refiere el número de octubre del 2008] y me quedé flipando con Santi Carrillo, sinceramente. Yo, de alguna manera, he crecido con Rockdelux y me cuesta un poco el comprender ciertas actitudes. No las entiendo, me parecen demasiado gratuitas. Entonces, cuando una cosa me parece tan gratuita me hace desprestigiar a esa persona más que nada. El “Dale gas” nuestro podría ser perfectamente el “Give it to me”, que hay grupos que se hartan de decirlo hasta la saciedad y no sé, hacer mofa de eso no me parece moralmente ni éticamente aceptable. Si hay más argumentación lo entiendo, pero así no. Pero, aparte, este artículo empieza hablando de Thom Yorke, luego sigue con Amy Winehouse, para seguir con el “dale gas” que dices “Este tío ¿chochea o qué?”. Pero bueno, en el fondo es promo y nos viene bien que se hable de nosotros.

Imagen de previsualización de YouTubeEl encantador videoclip de La Fuerza

-¿Sucede en la música como en el cine, en el sentido de que hacer algo con espíritu positivo y ligero siempre esté peor visto que hacer algo triste y con aire de solemnidad que es lo que, en teoría, persigue el público indie? ¿Puede que hay un poco de eso en el que hecho de que choque tanto su música?

-Puede ser. A mí me encanta mucha música triste, eh. Yo a Nacho Vegas, por ejemplo, le tengo un respeto impresionante, y Corcobado también me gusta mucho, así en plan nacional. Luego internacional Nick Drake me alucina o los Tindersticks. Pero sí, siempre parece que la oscuridad vence a la luz a nivel de prestigio, pero también hay algo de snobismo en ello porque a ver cuánta gente vio las pelis de Von Trier y a ver cuánta vio a Amelie. Nosotros hemos optado por crear unos unos personajes positivos, hacer un show vitalista y nos ha ido bien. La verdad es que hay mucha gente que está a gusto con esto.

-Esos personajes se pueden incluso visualizar escuchando las canciones. Quizá tenga en ello influencia la portada, pero da la sensación de que lo suyo es una especia de canto a la cotidianeidad, edulcorado y hecho en dibujos animados.

-Buff, yo es que hace mucho que no escucho nuestras canciones. Nuestra música es muy visual, eso sí. Hay mucha gente que hace sus propios videos con las canciones de Facto Delafé. En mi caso yo soy muy fotográfico a la hora de escribir, me imagino una situación y pienso en todo lo que está pasando alrededor, porque necesito de alguna manera rellenar la historia. Y, luego, la música es un poco una terapia para mi propia tristeza. Las letras las escribo para mí y, luego, para Elena y para Marc. He querido invertir mi tiempo en crear algo constructivo, en vez de hacer algo destructivo.

-Habla de auto terapia. La música de Facto Delafé y las Florez Azules, pese a tener ese sentido muy positivo, lo cierto es que transmiten una primera impresión muy melancólica. Para llegar a ese punto de vitalidad hay que sumergirse un poco. ¿Lo ven ustedes así?

-Sí, yo creo que el sentido positivo lo pillas mucho cuando vas a un directo nuestro. Mucha gente nos dice: “Es que en disco me relaja, pero en directo me pone las pilas”. Yo ahora tengo mucho más la perspectiva del directo, porque el disco no lo escucho desde el día que salió. Con las mezclas, la masterización y todo terminé hasta las narices de él. No lo recuerdo, para mí es el directo. Yo lo siento como una tralla máxima, el disco no es cañero, es más música ligera.

-Después de estar tanto tiempo tocando en directo, envuelto dentro de ese calor, es probable que todo ello se refleje en sus nuevas composiciones. ¿Tienen ya algún material compuesto?

-Pues no, no tenemos nada. No sabemos por dónde tirar. Estamos en un momento de bypass y no podemos seguir en la misma línea, o al menos no deberíamos.

-O sea, que va a haber algo de revolución en el grupo.

-Yo creo que debería haberla. No creo que va a ser más tranquilo que este. Cuando más tocas más ganas tienes de hacer música y aquello se vuelve una locura. La intuición me dice que será un disco más movido.

Los propietarios de la palabra «cool»

Escrito por Javier Becerra
21 de octubre de 2008 a las 10:17h

Existen ocasiones en las que todo se conjuga en una banda de pop para que esta alcance la perfección. Los Stone Roses del 89 eran así. Y lo eran de tal manera que con diecialgo los veías y te quedabas fascinado, totalmente petrificado, con ese vértigo de “!Ummmm…. yo quiero ser así!” que convierrte al pop en algo que es (mucho) más que simple música. Luego, llegaban las fotos en las carpetas, las letras de sus canciones convertidas en proclamas y, siempre, ese sonido, ese embaucador sonido, que casi veinte años después sigue sonando a palabras mayores del pop.

“El pasado es tuyo el futuro es mío / Todos estais fuera de tiempo”, cantaba sobrado Ian Brown en She Bangs The Drums, convencido de que lideraba la mejor banda de pop del planeta, en unos tiempos en los que la calidad sobresalía en todos los frentes (Pixies, Public Enemy, Jesus and Mary Chain, Sonic Youth…). No les faltaba razón. O, al menos, un puñado de jóvenes abducidos por sus encantos se la dieron, pesando que la palabra cool se diseñó única y exclusivamente para adjetivar a bandas así con esa mezcla adictiva de juventud, arrogancia y buen rollo llevado con elegancia, que hace que a su lado tantos supuestos astros palidezcan.

Vean este video. Aunque los símiles futbolísticos aplicados a la música suelan ser bastante detestables, esto es al pop lo que el Brasil de Zico o la Francia de Platini fue al futbol. Recuerden que aquellos mundiales los ganaron Italia y Argentina.

The Stone Roses Waterfall

Más sobre el grupo aquí

Nouvelle Cuisinie “De memoria” (Lonxa Cultural, 2008)

Escrito por Javier Becerra
9 de octubre de 2008 a las 9:14h

nouvelle-cuisine.jpg

“Ahora ya no sabes ni siquiera quién eres, eres diferente al resto de la gente “. “A las ocho te quiero ver ¿Qué has quedado y ya no sales? Lo olvidé”. “No, no me gusta la idea: que somos chavales de treinta y, que sí, que no hay vergüenza; tenemos de todo y nos cuesta decidir”. Las precedentes son líneas cazadas al vuelvo de tres de los doce temas que conforman el segundo álbum de los coruñeses Nouvelle Cuisine, De memoria. En todas ellas habita el sentimiento agridulce tan típico de cierto indie-pop de estirpe ochentena que, salpimentado con alguna que otra broma privada, deja entrever ese estado emocional intermedio en el que la plenitud jamás llega. Aquí no hay arrebato, ni estallidos: o se está medio triste, o se está medio feliz inmerso en esa nube de humo de adultos forzosos que aceptan a regañadientes que la adolescencia ha finalizado hace tiempo.

Las canciones de De Memoria hablan de querer salir de copas, tras estar todo el día convenciéndote de que no te apetece, a golpe de Belle & Sebastian. De finalmente salir y esperar a que te miren o que entiendan tus miradas, fluyendo entre la ligera euforia del alcohol y las canciones de Teenage Fanclub. Y, al final, con el bajón, sentirte un poco culpable de todo sin saber muy bien el porqué, terminando a los brazos de Trembling Blue Stars. Se supone que no tiene mucho sentido seguir a los treinta comportándose como si tuvieras veinte, pero menos aún lo tiene dejarte llevar por esa corriente treinteañeril que ves a tu alrededor en la que no paras de coleccionar los sinsentidos de la, ejem, normalidad. Por ello la música como ese lugar en el que sentirse agusto sin imposturas se revela -en el Ipod, en la trinchera del hogar o en el 14! cada fin de semana- como algo tan, pero tan necesario. (Suspiro).

Para dar fe de ello, el cuarteto ha jugado con diferentes bazas. Por un lado tenemos Abc, una emotiva pieza a piano recordatoria del I´m Only Dreaming de los Small Faces. Luego, Sintonia 08, que se hace hueco entre el pop con barniz sintético al estilo de Stars con un resultado fascinante. También, cómo no, Comunicación no verbal, que apela al pop inmediato de Los Planetas con suplemento de filigrana naïf. Son los tres vértices iniciales de un disco que, a medida que avanza, dibuja nuevas formas: del baño psicodélico de Todas mis canciones al sesentero de El imperio roto, pasando por la planicie acústica de oda a la indecisión de la tarde de sábado titulada A las cuatro de la tarde. No se debería dejar al margen Ropa limpia, que se regodea irónica sobre la vida conyugal y el reparto de tareas, y, de un modo muy espcial, Zen una emocionante muestra de pop con nervio revitalizante a lo primeros Teenage Fanclub en el que -¡vaya!- encuentran la receta para todos los males: “Solo deberás serme fiel, ya verás que es mucho mejor, es mucho mejor”.

Y es que al final, a los treinta y pico, como a los diecialgo o los veintitantos, siempre se persigue lo mismo: una alma gemela con la que compartir todo ese abanico de emociones variables como las que aquí se reúnen. Doce canciones que, tras una primera edición nada ortodoxa, han logrado por fin ver la luz de modo “normal” con un diseño de Guillermo Airas. No hace sino darle un precioso envoltorio a un trabajo que realmente merece la pena.

El dísco se puede escuchar íntegro aquí y adquirilo acullá

Las croquetas de mi Puri

Escrito por Javier Becerra
6 de octubre de 2008 a las 8:09h

¿Teniendo en cuenta la polémica del Ministerio de Economía y el famoso anuncio de las croquetas de mi puri, ¿qué pasaría hoy con la sintonía del programa “Con las manos en la masa” interpretado, en su día, por Vainica Doble y Joaquín Sabina?

“Siempre que vuelves a casa
me pillas en la cocina
embadurnada de harina
con las manos en la masa.
¡Niña!, no quiero platos finos,
vengo del trabajo
y no me apetece pato chino.
A ver si me aliñas
un gazpacho con su ajo y su pepino”

letra entera

Cocó Silvania, in memorian

Escrito por Javier Becerra
1 de octubre de 2008 a las 8:56h

El dúo Silvania fue uno de esos grupos que obligó a muchos a abrazarse el pop independiente nacional, el que se estaba haciendo al otro lado del cementerio creativo de la radiofórmula de los primeros noventa. Allí, en las altas instancias del pop oficial, se decía que los grandes grupos del momento eran –¡agárrense!- Los Piratas, Presuntos Implicados o Revolver. Ante ello, escuchar discos como En cielo de océano suponía abrir una puerta hacia el mismo escapismo de Slowdive, My Bloody Valentine o Coctaeu Twins, un universo sonoro y poético al que tirarse con los brazos abiertos, cerrar la habitación con pestillo como si de un acto de guerra se tratase… y sentir la música en toda su intensidad. El mundo fuera, podía esperar. Y, si era con una banda sonora tan infame como la que proponían los medios, más aún.

Pero es que, luego, allá por el 94, sus integrantes Mario y Cocó se dieron un baño electrónico en el alucinante Paisaje III (imposible olvidarse de delicias como Pequeña hélice o En líneas sin fin) y aquel precioso single en papel cebolla llamado Avalovara. Ambos abrían una nueva dimensión inexplorada en el pop patrio. Líquido y circular, adelantaba el futuro techno que vendría luego, convirtiendo a Silvania en uno de los grupos más modernos y excitantes del momento.

Lo que vino a posteriori (la mutación al techno de Silvania o el proyecto Ciëlo, inspirado en el tecno-pop ochentero), pese a su innegable calidad, no logró atraparme de ese modo arrebatador. La devoción por las aventuras de Mario y Cocó, aunque siguiéndolas siempre, disminuyó de modo paulatino. Ayer, sin embargo, volvió todo. Al enterarme, con retraso, del asesinato (sí, sí asesinato, así de trágico) de Cocó todo aquello volvió de golpe al recuerdo. Primero, su imagen paseándose por el festival 981 en A Coruña de hace dos años con esa aura de estrella tan suya. A su vez un empujón, emotivo y emocionante, hacía el plato para escuchar, una vez más, unos sonidos que si siguen ocultos es porque, directamente, lo mejor de la década de los noventa sigue todavía por explorar. Aquí quedan dos de sus joyas para dar fe de ello:


Silvania “Trilce” (etapa shoegazer ambient-pop)


Silvania “En lineas sin fin” (etapa electrónica)

The Verve “Forth” (Red, 2008)

Escrito por Javier Becerra
29 de septiembre de 2008 a las 22:17h

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¿Será que ha vuelto el brit pop cuando (casi) nadie lo reclamaba? Pues, semeja que así sea. De igual modo que ocurrió hace poco con la vuelta de Kula Shaker, un retorno como el de The Verve parece de todo menos necesario. Cierto es que su carrera posee momentos apreciables y que tuvieron su pico de gloria con Urban Hymns en 1997, en especial con el single Bitter Sweet Symphony, pero también lo es el hecho de que estamos más ante un grupo más interesante en potencia (siempre con esa sensación de “ummm…pueden ser grandes”), que interesante en su obra (ningún álbum llegó a esa grandeza), y del que pocas lágrimas se derramaron tras su disolución. También cabría apuntar que su herencia y los apenas diez años transcurridos no semejan suficientes como para activar ninguna clase de nostalgia.

Por todo ello llega este Forth con un interrogante tatuado en su piel: ¿era realmente necesario? Todo ello no importaría lo más mínimo si nos encontrásemos ante ese gran álbum de épica rock con desgarro, claroscuros y atmósfera opresiva al que aspiraron siempre y que nunca llegaron a alcanzar. Pero no, Forth apenas alcanza la corrección y, de aquí a unos meses, es bastante probable que se desvanezca en el mismo olvido por el que se perdieron los prescindibles discos en solitario de su líder, Richard Ashcroft.

Tanto dan entonces las buenas intenciones de esa extensa apertura de rock efectista aliñado de psicodelia de Sit and Wonders o la oscuridad de Noise Epic, con un pie en el rock neoyorquino de bandas como Luna y otro en el kraut-rock. Poca trascendencia tienen los efectos envolventes del baladón Valium Skies o el correcto single con pretensiones tarareables de Love Is Noise. La perezosa sensación global es la de estar ante un disco que no aporta nada a la carrera de un grupo que difícilmente podrá alcanzar algún tipo de notoriedad así, en una segunda vuelta descaifeinada. Y sí, todo ello por muy mal que esté la competencia en la primera línea del mercado del pop británico con los Bloc Partys y demás paladines del revival pospunk… La verdad es que da miedo pensar cómo serán los revivales de todos estos allá por el 2015.

Primal Scream “Beautiful Future” (Warner, 2008)

Escrito por Javier Becerra
18 de septiembre de 2008 a las 11:20h

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Lo que en principio parecía una buena noticia (el abandono del ejercicio de estilo stoniano de su predecesor, Riot City Blues), al final no lo ha sido tanto y trae consigo una muy mala noticia: la que hasta hace poco era probablmente la mejor banda de rock del planeta está en caída libre total. Sí, el nuevo álbum de Primal Scream decepciona y supone todo un gozo en el pozo para aquellos seguidores que, ilusionados ante el retorno por la senda electro-rock, esperaban un nuevo Xtrmntr o Evil Heat. Ya desde el single de adelanto, el correcto y garagero Don´t Look Back, anuncia lo que nos vamos a encontrar: canciones a las que le falta punch, que emplean la repetición como levadura y que no llegan a cuajar en ningún momento.

Eso ocurre incluso en los cortes supuestamente más destacados. Zombie Man, que arranca arrebatadora como una secuela del rock souleado y stoniano que patentaron en la célebre I´m Movin Up, se agota a la tercera vuelta. La instrumental Suicide Bomb gira en un abrupto bucle que no llega a ningún lado y hace recordar eso de el empleo de drogas en la creación fomentan las ocurrencias y las revelaciones geniales que, luego, en el mundo real resultan un soberano tostón. Y, por su parte, la plomiza inmersión en los ambientes funks a lo Prince de Uptown tampoco logra envolver pese a intentarlo desesperadamente.

Como se puede apreciar, el salto de estilos es constante. El vacío, sin embargo, es similar. I Love Hurt (alimón con Lovefoxx la cantante de Cansei de Ser Sexy) se queda en una prescindible invocación a la estética de Suicide. Necro Hex Blues promete algo de la energía de Xtrmntr, pero carece de tensión y jamás llega a cerrar el puño del todo. Quizá, el pop saltarín y perezoso de The Glory of Love con el fantasma de T-Rex al fondo sea de lo más destacable en un álbum caracterizado por la flojera y que está muy por debajo de lo que se le puede y se le debe exigir a una banda tan importante como Primal Scream.

Cuando más de uno ya ha encargado la lápida, conviene recordar que tras el fallido Give Out But Don’t Give Up de 1994, cuando ya nadie daba un duro por ellos, Bobby y su troupe regresaron en el 97 con el apoteósico Vanishing Point. ¿Volverá a pasar? Por el bien del rock ojalá así sea.

Álbum de fotos adolescente

Escrito por Javier Becerra
15 de septiembre de 2008 a las 2:37h

Quien haya vivido el ambiente musical de A Coruña de los primeros noventa seguro que se emocionará al ver esto:

Lo cierto es que eran un grupazo, dueños de una capacidad de fascinación como nunca se vio aquí. Una banda de esas que calan hondo en toda una generación y les abren la puertas hacia una serie de sonidos tremendamente excitantes por lo desconocido. No pocos aprendieron quiénes eran MC5, The Scientics o John´s Children con ellos. Muchos de esos esos no pocos están a la espera de una antología de la banda con una generosa ración de inédios e incluso un DVD con todo el material visual que existe. Sería todo un acto de justiticia.

Artículo sobre el aniversario de la disolucion del grupo en La Voz

Aid: una delicia oculta en el subsuelo de Vigo

Escrito por Javier Becerra
11 de septiembre de 2008 a las 13:41h

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Me piden que participe como jurado en el concurso de la canción del verano que ha organizado la sección de Internet delegación de La Voz de Galicia de Vigo. Al parecer, se han detectado irregularidades en la votación popular. Acepto sin esperar nada del otro mundo. En medio de todo lo que tengo que puntuar me encuentro, entre referencias a Pokemon, Vigo y la Kournikova, con esto

Se llama Aid y opera en Vigo. Tiene 18 años recién cumplidos y lleva con el micro desde los 14. Tardó exactamente 5 segundos en conquistarme. Letras como la que se recoge abajo ayudaron lo suyo:

“Siempre pensando en el rapeo, escribiendo en los momentos de recreo / estudiando en los descansos de grabar / No, no, no fui capaz de concentrarme / en cuantas clases terminé haciendo letras / odio cuando no sé que hacer para concentrarme / sacando fuerzas de debajo de las piedras / hay quien se dopa para maquinar / pero no yo sigo forzando esta máquina”

Sus otros temas (muy recomendables) se pueden escuchar en www.myspace.com/aid8990

Plagios y homenajes

Escrito por Javier Becerra
10 de septiembre de 2008 a las 12:17h

A Bumbury lo acusan de plagiar al poeta Pedro Casariego Córdoba en su nuevo disco

Bumbury se defiende y, de paso, manda algún (justo) recado a la profesión

Se le olvidó, con el enfado, comentar en su comunicado que parte del encanto de la música pop lo da el que el artista suelte ese puzzle de referencias y que el fan las vaya descubriendo poco a poco.

Dicho esto uno piensa, por ejemplo, que el día que alguien le pida explicaciones a Morrissey (a quien, por cierto, Bumbury saqueó el arranque de Bigmouth Strikes Again de los Smiths en Mar Adentro de Héroes del Silencio) por sus apropiaciones indebidas los tribunales quiebran.

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