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Damon & Naomi, los ingenieros anónimos de la tristeza (1ª parte)

Escrito por Javier Becerra
14 de enero de 2009 a las 9:12h

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(Este domingo que viene Damon & Naomi ofrecerán un concierto en Vigo en la sala Vademecwm. Aprovechamos para servir en dos tandas unas cuantas líneas sobre una de las pequeñas joyas del undeground americano)

Da la sensación de que Damon & Naomi se encuentran a las mil maravillas dentro de su papel de músicos de culto. Ya lo fueron cuando formaron junto a Dean Wareham Galaxie 500, en uno de los más ensoñadores proyectos de la edad de oro del indie americano, es decir, la bisagra entre los 80 y los 90. Pero desde que arrancaron su trayectoria como dúo lo son aún más.

Los conciertos del duo, generalmente ante audiencias reducidas, toman forma de pequeños regalos de brumoso folk-pop cantado cara a cara, con toda su belleza empapando al espectador que no deja de sentirse un privilegiado. Privilegiado por conocerlos en un mundo lleno de vacuidades sonando a todas horas en todas partes. Privilegiado por entender que requieren mimo y, sobre todo, ausencia de prisas para sentirlos de verdad. Privilegiados, en definitiva, por poderlos disfrutar, así, casi en secreto, sin chirridos que distraigan la atención a algo que no sea su música. Una música ansiolítica, siempre tan bonita, delicada y embaucadora que semeja transportar al oyente a un mundo ideal.

La cosa no es nueva, viene de atrás. De muy atrás. No pocos de los fans españoles de Galaxie 500 conocieron al grupo, viendo a horas intempestivas en televisión el clip de Fourth Of July, allá por 1990. En él, aparecía una misteriosa mujer en la sombra haciendo dibujos en la penumbra con unas bengalas. Una mujer de rasgos duros, una mujer que luego, un par de minutos después, surgía en el mismo clip tocando su enorme bajo con unas alas de ángel. La mujer en cuestión era, lógicamente, Naomi Yang. Y el bajo aquel, su modo de tocarlo, la mayor seña de identidad de la banda. Lo otro, su intangible aroma mágico. Así, los que creen en conceptos indeterminados como la magia o el espíritu aplicados a la creación no dudaron en adjudicarle a Naomi el papel estelar del grupo, como portadora de todo ese amasijo de cuestiones inexplicables que hace que una banda enamore totalmente frente a otras que, objetivamente, puede que tengan la misma calidad. ¿Por qué todos los miraron a ellos y no a, por ejemplo Ultra Vivid Scene, Beat Happening o los Pale Saints? Mmm…

Así pues, cuando llegó la ruptura de Galaxie 500, una pequeña minoría tomó el camino seguido por la pareja como el verdadero. Sobra decir que Luna (la escisión comandada por Dean Wareham) fueron una banda notable. Sin embargo, el resorte ese que reblandecía la fibra, el que generaba los escalofríos, el que desarmaba por completo, pertenecía en exclusiva al proyecto de Damon Krukowski y Naomi Yang. Ambos se llevaron la magia consigo.

Pronto lo dejaron claro en 1992 con un álbum como More Sad Hits, un debut de ensueño que ahora vuelve a la actualidad con su reciente remasterización, excusa para la gira que los trae a España. En él, como ya ocurría en el ep Pierre Étoile previo, se podía apreciar la enorme sombra de Galaxie 500 (Kramer, su productor de siempre, estaba con ellos en la nueva aventura), pero anunciaba una inclinación cada vez mayor hacia el folk que se fue materializando disco a disco.

La primera señal llegaría en 1995 con The Wondrous World of Damon and Naomi todavía con Kramer, pero gravitando sobre la guitarra acústica y alejándose de los claroscuros eléctricos. Luego, en 1998, con Playback Singers, grabado en su casa por su cuenta y riesgo. Aunque a priori pueda parecer uno de los discos más oscuros y menos logrados de su discografía, se podría decir que ahí quedó patentado el sonido de Damon & Naomi tal y como lo conocemos en la actualidad: esa suerte de folk-pop espacioso y delicado que mece al oyente, invitándolo a pulsar stop a la vida real y abandonarse a su suerte.

La madurez en clave drama-pop

Escrito por Javier Becerra
12 de enero de 2009 a las 1:04h

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Existe un punto entre tierno y patético entre aquellos treintañeros que pretender ver el mundo como si aún tuvieran 18 años. Si a ello le sumamos unas dosis de endogamia masculina (ya se sabe, “las mujeres nunca entenderán nuestro rollo”) inserta en una enfermiza devoción por los Beatles y el pop británico clásico la cosa puede rayar ya la caricatura. ¿Se imaginan un abogado flequillista y con temor a que sus amigos no aprueben su matrimonio, que acude a los tribunales en un Mini de época con la bandera británica pintada en su techo? Pues ese es Manu, el protagonista de Love Song, el primer volumen de los cuatro que formarán la serie de cómics del dibujante francés Christopher que edita en España Glénat y que pretenden radiografiar el supuesto trauma de superar la treintena. Eso sí, siempre con un sonrisa y toneladas de quiños pop.

Presentados en la portada en un obvio homenaje al Rubber Soul de los Beatles, el grupo de amigos de Manu lo forman un antenista, un policía y un empleado de una funeraria. Ambos regentan The Sleeping Watermelons, un grupo de pop que desde hace 15 años que no les ha llevado a ningún lado y se encuentran en ese punto crucial en el que la madurez los devora a mordiscos. Una madurez que suele llegar mediante los bofetones de sus respectivas parejas. Pongamos un ejemplo ilustrativo. “Pasadlo bien, mi roquero dominguero”, le dice con desdén maternal Emily, la novia de Manu antes de que este acuda a su ensayo dominical. Con carácter previo, le había interrumpido el ritual de escucha del nuevo álbum de Paul McCartney -copa de vino mediante- recordándole que tienen que escoger destino para el viaje de su próxima luna de miel y haciéndole sentir culpable por escaquearse en todo lo referido a la boda. Para compensar, este le muestra la última canción que le ha compuesto. Ella, nada emocionada, le corrige los fallos gramaticales de la letra. También le echa en cara el por qué usa el inglés, siendo el francés un idioma tan bonito. Manu finalmente desiste y se va con sus colegas a tocar las canciones que jamás serán éxitos.

Estas son el tipo de historias que cuenta Love Song. Tituladas cada una de ellas con el nombre de un clásico de los Beatles, hablan, al modo de un Alta Fidelidad a la francesa y un tanto naif, de trabajar para ir tirando en ocupaciones que no exijan mucho compromiso y permitan tiempo libre. Y, luego, buscar siempre en el universo musical (es decir, no solo la música, sino la estética, las conversaciones y los lugares tomados casi como santuarios) un punto de fuga a una vida monótona en la que la chispa se ha diluido hace tiempo. Ver como cierra la tienda de discos de vinilo que había sido el punto de encuentro de tantos años. Comprobar como al concierto del 15 aniversario de la banda apenas va acude público. Notar como esas conversaciones entre si es mejor tándem Lennon/McCartney o Jagger/Richars resuenan a requetesobadas.

Ante ello, solo queda cerrar los ojos y encerrarse en la mitología (Manu le llega a sugerir a su novia como viaje de novios podrían ir a hacer la ruta beatle en Liverpool) o perderse en los paraísos mentales de la infidelidad con alguna de sus atractivas compañeras de trabajo. En algunos caso con escenas absolutamente delirantes, como esa en la se imagina practicando sexo con su jefa y se desconcentra intentando recordar la letra del A Day In a Life. Y, claro, cuando esas fantasías llegan a acariciar la realidad, llega un posterior complejo de culpa no reconocido. Todo hasta que ellas, en este caso la novia de Manu, lo pone en su lugar, es decir en la realidad (“Para mí siempre serás el adolescente que conocí, solo que ahora tienes más pelitos en las orejas y unos cuantos michelines”). Una realidad sin poses ni engaños y totalmente previsible: la de que reconducir al chico aquel, encantador pero con la cabeza llena de pájaros, hacia un hombre de verdad, con el que poder formar una familia. “!Algunas bodas más y me parecer a Ringo Starr!” dice Manu a su pareja en la intimidad. Es fácil imaginar quien –matrimonio religioso mediante- se llevará el gato al agua. Y sin necesidad de peregirnar a Liverpool en busca del santo grial del pop.

Por cierto, aunque sea de un modo bastante dififerente, he aquí una mirada bastante acertada del mareo de pasar los treinta… y acercarse a los cuarenta.

Los Reyes traerán esta noche

Escrito por Javier Becerra
5 de enero de 2009 a las 4:24h

Mucho audio emotivo (al menos en A Coruña)

Y, bueno, la noticia de un concierto muy, muy especial y largamente esperado en Vigo. Sus 50 fans seguro que no fallarán y este blog les dedicará una entrada en condiciones en las próximas fechas.

Bonustrack post-reyes: los asiduos a los conciertos de Rockers Go To Hell ya tienen CD que llevarse a la boca

El amago de lloro de la bella Natalie

Escrito por Javier Becerra
2 de enero de 2009 a las 3:51h

Apareció ahí por sorpresa, en 1997, como un producto preparado con todo el esmero del mundo para arrasar en las radiofórmulas. Una mujer increíblemente guapa, una voz estupenda y una canción, Torn, de las que no queda más remedio que apartar todos los prejuicios y rendirse ante ella. Lo de Natalie Imbruglia y ese Torn lastimero servido en un video que decía A-DÓ-RA-ME fue tan rematadamente perfecto… que todos, o casi todos, cayeron a sus pies.

La canción es una auténtica joya de orfebrería pop comercial. Todo en ella fluye en una armonía irresistible. Una pieza de base acústica, sustentada por acertadas programaciones y con pulidos arreglos aor, en el que la interpretación de Imbruglia alcanza niveles de sobresaliente. Especialmente en ese verso con el que arranca el estribillo y que dice “I’m all out of faith, this is how I feel” y el “how” se pronuncia con una hache muda que parece fundirse en un lloro. Se erige en uno de los picos emocionales de un tema que se regodea, sublime, por los efectos de la ruptura sentimental con cristales rotos de por medio. En su día transmitía unas sensaciones similares al Nothing Compares To U con el que Sinead O’ Connor irrumpió en los primeros noventa, rescatando un oscuro tema menor de Prince para convertirlo en un himno incontestable.

Y es que, al igual que aquel, Torn también tiene su particular historia de fondo. Una gran canción no lo es todo. La interpretación, la producción y el cómo se defiende son igual de importantes. Y mucho más en la esfera del pop, con sus deslumbrantes luces de neón y sus engañosas lentejuelas. Para demostrarlo no hay más que ver la historia de Torn, un tema incluido en el primer álbum de la cantante australiana, Left of the Middle, y firmado por Scott Cutler, Anne Preven, Phil Thornalley. ¿Que quienes son estos tipos? Pues los dos primeros fueron miembros del grupo angelino Ednaswap. El tercero un productor que estuvo en las sesiones del Pornography de The Cure. Entre los tres trenzaron Torn en los primeros noventa dentro de una maqueta. La canción que aparecería recogida en el primer álbum de los citados Ednaswap sin pena ni gloria.

Pero el recorrido de Torn antes de llegar a la preciosa Natalie no se quedó ahí, sino que el productor Phil Thornalley la intentó encajar en las cuerdas vocales de dos mujeres más. La danesa Lis Sørensen y la noruega Trine Rein con unos resultados bastante discretos. Luego, Ednaswap la volverían a retormar en una versión diferente pero no…

…ante Natalie Imbruglia (un amor a primera vista en todos los sentidos) nada se podía hacer. He aquí las pruebas:


El “Torn” de Ednaswap


El de Lis Sørensen titulado “Brændt”


El de Trine Rein, el más parecido al de Imbruglia pero sin llegar a su magia

La historia de la evolución de la canción (y de todos sus protagonistas) la pueden ver con más detalles aquí.

Piezas del puzzle del año 2008

Escrito por Javier Becerra
31 de diciembre de 2008 a las 2:49h

(Como no sabía cómo abordar el tema de las listas de lo mejor y lo peor del año, recurrí a una lista hecha por el periodista David Saavedra en 2003 en el Feedback-zine, que me pareció muy simpática. Eso sí, dándole un pequeño toque galaico)

Disco del año: el Með suð í eyrum við spilum endalaust de Sigur Ros a nivel internacional y el Cronolanea de Lori Meyers en el nacional. En ambos casos reafirmándose.

Un concierto: Bob Dylan en Vigo. Cuando tocaron esa version demoledora de It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding) fue como para morirse de placer allí mismo.

Un festival: por cartel el Primavera Sound como en los últimos años, aunque no haya podido ir. Y aquí, en Galicia, el Sinsal, Vangardas Sonoras, Voces Femeninas, Sonorama, Pecados y Mulleres Arte+Parte. Impagable la labor de todos ellos.

Un grupo revelación: dicen que Los Campesinos!, pero no me parecen para tanto, pese a gustarme. Prefiero a Bracken, una de las escisiones de los fundamentales Hood.

Un disco especial: Third de Portishead, uno de esos álbumes que te hace amar a la música.

Canción del año: Baila Mi Corazón de Belanova o Mercy de Duffy. El mainstream en formato single sigue dando buenos frutos un año más.

Un pinchadiscos gallego:Juanjo (14!, A coruña), precisamente por no flipar y saber qué es pinchar para la gente, no para el onanismo personal.

Un directo emotivo en Galicia: Lori Meyers y Facto Delafé en A Coruña. En ambos casos daba ganas de subir al escenario y darles un abrazo. Ah y todo el Lolapop bajo la tormenta (en el que también estaban Lori Meyers).

Canción que simbolizará el año: sin duda alguna Time To Pretend de MGTM. El verano de 2008 siempre la tendrá como sintonía.

Canción que más he escuchado este año: O Mercy (Duffy) o La distancia adecuada (Christina Rosenvinge). Ambas preciosoas.

Mi mejor entrevista: Kiko Veneno (más por mérito del entrevistado que del entrevistador).

Mi peor entrevista: Ismael Serrano (aquí repartimos las culpas).

Un bluff: la música pop en general en el 2008. Ni el más optimista puede decir que estemos en una buena época. Esto recuerda mucho a 1998. Esperemos que el cambio de década dé tan buenos frutos como dieron los años 2001, 2002 y 2003.

Peor concierto visto del año: Chenoa en la plaza de María Pita (A Coruña), toda una apoteosis de cutrez y chabacanería.

Tontería del año: Plataforma ZP.

Peor disco escuchado: El de Amaia Monterio (peor incluso que el de su ex banda La Oreja de Van Gogh, que ya era difícil)

Escalofrío del año: escuchar The BBC Sessions de Belle & Sebastian y volver a pensar que con Isobel todo era distinto. !Ays!

Verso del año: “Quiero ser una inmigrante en tu boca delirante” (Amaia Montero, superando el dificilmente superable “Tus discos de platino me importan un pepino” de Deluxe).

Concepto en crisis: La perspectiva histórica en la música pop. Mucho 2p2 y mucho Ipod y al final pensamos que Moby copiando a David Bowie es mejor que el propio David Bowie (al cual, lógicamente, ni se ha escuchado)

Sorpresa del año: Ignacio Juliá defendiendo en la revista Ruta 66 a Amaral llegando a decir que la de Eva es la mejor voz del pop español (!glups!). Este mes, en la misma revista se dice que el Rock and Rios de Miguel Rios fue un disco soberbio (!megaglups!).

Un fenómeno curioso: Los pantalones pitillo y las zapatillas tipo Victoria. Jamás pensé que se podía volver a llevar algo tan hortera. El lavado a la piedra está al caer

Peli del año: El Caballero Oscuro

Peor peli del año: El Che.

Mejor programa de televisión: apenas he podido ver la tele, así que….

Lo más odiado del año: la crisis.

Bluff español: Vetusta Morla.

Humorista del año: Pedro Solbes.

Brasa del año: Barack Obama.

Polémica del año en este blog: la crítica de Gato Negro Dragón Rojo de Amaral.

Pronóstico para el 2009: Volverán el grunge y Los Eskizos.

Desajustes generacionales

Escrito por Javier Becerra
22 de diciembre de 2008 a las 13:35h

Los dos tipos de (bastante) más de 30 de la otra vez se encuentran el sábado pasado de copas. Y comentan lo que, al día siguiente, sería una noticia en La Voz

-Chico A: Vengo totalmente alucinado de Expocoruña

-Chico B: ¿Del festival?

-A: Sí, había ¡2.000 tíos ahí locos con Vetusta Morla!

-B: ¿Pero te gusta Vetusta Morla? A mí no me molan nada. Me bajé el disco, pero no me gustó nada.

-A: Que va, a mí tampoco me gustan, por eso flipo. No sé qué verán en un grupo tan normalito como ese, pero la verdad es que era como un concierto de Los Planetas, con la gente coreando todas las canciones un ambiente de fiesta total.

-B: Estamos mayores tío, estamos mayores. No hay nada que hacer.

-A: A mí es que me parecen como Los Piratas, que, vamos, ya eran un grupo bastante malo. No entiendo a las nuevas generaciones. Esto es tan incomprensible como lo de Deluxe y Sidonie en su día.

-B: Bueno, estos chavales de ahora no escuchan mejor música de la que escuchamos nosotros, eso te lo puedo asegurar.

-A: Eso sí, la última gran era del rock, en los primeros 90, no la vivieron. Por el contrario tienen a Kaiser Chiefs y The Killers. A ver quién me puede comparar eso con los Jesus and Mary Chain o con Pavement.

-B:
Ya, claro.

-A:
Aunque bueno, de todos modos una cosa. Si te paras a pensar en el 96 Los Planetas tampoco juntaban a 2000 personas ni de coña, o sea que… !Los que juntaban a tanta gente eran Los Piratas! O sea, que todo sigue igual.

-B: Si, eso es cierto

-A: Tendemos a idealizar al pasado. En el 96 ni siquera habia festivales en Galicia ni nada. !Ays!


Fragmento de la actuación de Vetusta Morla

!Gooooooooool de Señoooor!

Escrito por Javier Becerra
21 de diciembre de 2008 a las 14:52h

(Una vez más disculpas a los no futboleros, pero hoy la sección de deportes de La Voz se sale)

Cualquiera que haya nacido del 75 para atrás sabrá que esto fue la leche. Pero esto otro lo fue aún más (lástima que no lo haya en video). Solo faltaba que hoy tocase revisar el centenariazo o el gol de Djalminha al Celta en Riazor para que el éxtasis sea completo

El Rey ha muerto: Viva el Rey

Escrito por Javier Becerra
20 de diciembre de 2008 a las 1:04h

(Todo esto viene a cuento de que hoy sábado 20 de diciembre en el Café Pop Torgal en Ourense tendrá lugar un homenaje a Sergio Algora, el ex cantante de El Niño Gusano, Muy Poca Gente y La Costa Brava, fallecido el pasado mes de julio)

En 1997 El Niño Gusano dieron un concierto en la extinta sala Salamandra de Ourense, territorio rockero donde los haya. Era su actuación número 100 y el grupo decidió salir disfrazado para celebrar la coincidencia. Pero a la gente no le hizo gracia. Ni los disfraces, ni la actitud festivs de los maños. Tampoco el sonido. El pop psicodélico y de reminiscencias sesenteras del grupo no gustó. “!Más caña, más caña!!, decía una chica entre un reducido público que apenas sobrepasaba a las 50 personas.

Los espacios entre canción y canción se hacían así cada vez más incómodos. Los pocos que habían pagado la entrada como fans del grupo veían como los boicoteadores les iban a hundir el concierto. El resto los miraba con total desdén. A la cuarta, la alborotadora mayor le espetó: “!Más caña joderrrrrrrr! !Qué parecéis Los Chunguitos!”. Entonces, Sergio Algora, el cantante del grupo agarró el micrófono y le soltó a la reventadora: “Pues venga niña, a ver si tienes huevos a irte ahora después de haber pagado un billete”. Acto seguido arremetieron con Creo que voy a dejarte (bueno no sé), la canción más agresiva y garagera El efecto lupa, el disco que presentaban y las aguas se calmaron relativamente. De cualquier modo, el concierto fue a trancas y barrancas, luchando el grupo con desdén y humor a una hostilidad que no llegó a decaer en ningún momento.

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Teniendo en cuenta este precedente no deja de sorprender que, 11 años después, sea precisamente un local ourensano sea el encargado de organizar El Rey ha muerto: Viva el Rey. Curiosamente el promotor de la idea, David R. Pedrouzo, trabajaba entonces de camarero en la citada sala. «Buff, en los noventa en Ourense o hacías algo en plan Los Suaves o garage o sino te montaban el cristo. Yo recuerdo a Nosoträsh pasándolo fatal con la gente tirando cosas al escenario. Ahora todo es distintinto. Si a la gente le das un local donde se trata a la gente con respeto, no se porta así. Ahora parece que hayan estado escondidos porque, al final, resulta que todos escuchaban a los Surfin´Bichos de toda la vida».

Ahora David regenta ahora uno de esos locales, el Café Pop Torgal, centro neurálgico de la movida indie en Ourense. Explica el origen del acto: «Todo surgió por un encabronamiento mío con la revista Rockdelux. Me parece muy fuerte que cuando murió Sergio Algora no le dedicasen más que ocho líneas. Me resultó muy desalentador porque para mí es de los cinco grandes del pop en España y cosas como esta no hacen más que constatar que aquí todo va por modas. Como El Niño Gusano ya es música para quienes tienen hoy más de treinta, pues parece que ya no vale».

El homenajeado ya estuvo en el local de David. Fue hace tres años:«Vino para nuestro aniversario a tocar en directo con La Costa Brava. Era un tío que vivía en una fiesta constante, un hombre súper alegre. Ya entonces, se sabía que tenía problemas de corazón gordos, pero él vivía a tope. Dieron un concierto y luego pinchó toda la noche. Recuerdo que le gustaban Paul Anka y Burt Bacharach, es decir no pinchaba lo típico que le puede gustar a un indie».

En el concierto de esta noche, se tocarán muchas de sus canciones y también se leeará parte de su obra poética. Entre otros intervendrán Alvaro Lorenzo (Apeiron), Sumnormal (los antiguos Dado), Yo el Halcón (la nueva versión de Annie Hall, el grupo de la casa) u October Lee. David saca una lectura interesante de ello:«El primer grupo que toca, Los Impresionates, tienen sobre 18 años cada uno y Summormal tienen ya sobre 32. Es decir, que es un grupo que igual gusta a la gente de nuestra generación, como a los que vienen detrás, aunque luego en las revistas traten el tema como lo tratan». Pues eso. A disfrutarlo.

Por cierto, no es este el único homenaje que ha recibido desde Galicia este años. Miren aquí

¿Y si todo es tan sencillo por qué este vacío que siento?

Escrito por Javier Becerra
19 de diciembre de 2008 a las 3:49h

Es difícil encontrar una canción que resuma la frustración juvenil y la impotencia emocional adolescente como Si está bien de Los Planetas. Nos referimos a toda esa mezcla de inseguridades y seguridades, de incompresión y ganas de que no te comprendan, que se sienten a los dieicialgo y que tienen que estallar por algún lado. Aquí lo hacen, a golpe de noise-pop desgarrado. En apenas unas pinceladas, quedan ahí reflejados el nudo en la garganta, las ganas de romper cristales y el deseo imperioso de gritar algo, aunque no se sepa muy bien el qué. O lo peor: que se sepa perfectamente. El aparecer dentro de la montaña rusa de sensaciones de Super 8 (drogas, amor, sexo, suicidio, escapismo, melancolía…), la hace todavía más grandiosa.


Video no oficial de “Si está bien” montado por Manuel Santiago

Un inesperado clic de electricidad

Escrito por Javier Becerra
17 de diciembre de 2008 a las 10:39h

El musiqueiro enfermizo (el que, pese a tener cedés en casa aún precintados, sigue comprando y descargando sin parar) conoce bien la sensación. Nos referimos el típico disco que está ahí, esperando su oportunidad sin que se le haga mucho caso. En esta ocasión peor: se trata un cd-r sin carcasa ni créditos que ha llegado recomendado, pero del que no te esperas mucho. El no ser en formato original (que para qué engañarnos, desmotiva lo suyo) aumenta la pereza. Siempre puede esperar su escucha, porque hay otras cosas de las que escribir, que si Britney Spears, que si Nacho Vegas, que si Marianne Faithfull… Hasta que llega ese momento, tarde de sábado ociosa, en la que no, no hay obligaciones pendientes. Entre la abundancia, no se acierta a encontrar el disco.

Entonces empieza a rodar, mientras se emprende un viaje sin rumbo ni destino por Internet. Suena la primera y entra de maravilla. La melodía inserta entre un blues rock resulta familiar, agradable. La segunda, pues también. Pero en cuanto llega el primer minuto del tercer tema saltan todas las alarmas.

¿¿¿¿¿Pero qué es esto?????

Se detiene la navegación, la mirada se levanta de la pantalla, el culo del asiento y se alza el volumen. Todo golpea de un modo arrebatador. Coges los auriculares y lo escuchas a todo volumen y la felicidad conquista todos los centímetros de tu piel. !Es pura magia pop! Un tema épico, denso y maravilloso. Parece que Arcade Fire hayan ido al baúl de los mejores Big Star y hayan rescatado una joya olvidada. El tema en cuestión es este:

Cuando finaliza, se hace necesario respirar. Se trata Sing The Changes una canción incluida en Electric Arguments, el tercer álbum de The Fireman, un proyecto alternativo que regenta Paul McCartney (sí, sí el **** Paul McCartney, ¡quién lo iba a decir!) con Youth (Killing Joke). Escuchar esa canción y tener ganas de salir a la calle y abrazar a la primera persona que pase es todo uno. Pop eufórico que agita y que posee la fuerza suficiente como para contestar de de una vez por todas a la pregunta de por qué muchos seguimos comprando discos, enamorándonos de algunos de ellos y viviendo a tiempo parcial dentro de sus canciones. En estribillos como ese parece que nunca puede pasar nada malo.

Por cierto, el disco (completo) está muy, pero que muy bien: un valioso compendio de blues, rock, folk y psicodelia. Y, bueno, lo cierto es que el video oficial no es el anterior, sino este que dejamos a continuación. Lo que pasa esque tolerar la cara de mira-que-buen-tío-soy-y-qué-simpático-e-ingenioso-resulto de McCartney ya resulta mucho más complicado de digerir.

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