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Poderío más allá de las baquetas ausentes

Escrito por Javier Becerra
29 de mayo de 2016 a las 11:13h

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Mark Lanegan
A Coruña, Teatro Rosalía de Castro 28-9-2016

Se intuía al ver los intrumentos en el escenario. Y se confirmó pronto. Con las guitarras encendidas e implacables de The Gravedigger’s Song. Clima de tema arrollador. Interpretación en su punto. Sonido perfecto. Y, vaya, la chica de al lado haciendo las percusiones golpeando la palma de su mano contra el muslo. Ahí ise encontraba lo más parecido al torbellino de blues asfixiante que se creaba en la mente de la mayoría. Sobre las tablas, sin embargo, no daba cristalizado. Dos guitarras. Un bajo. Y la voz de Mark Lanegan. Sin batería, incomprensiblemente. Creando un espacio que ojalá se hubiera llenado. Hubiera sido tremendo. De abandonar la butaca y meterse físicamente en la música. Pero no. La canción termina, con esa sensación extraña e incómoda. Se va a repetir, sin duda. Una piedra en el zapato. ¿Nos quedamos con lo que falta o disfrutamos de lo que hay?

Quedaba por delante un recorrido con uno de esos artistas imprescindibles. Solo tienen que menear su repertorio para encontrar un puñado de joyas incontestables. Apenas las ha de vocalizar para que brillen con una intensidad muy especial. Acompañado del multinstrumentista belga Lyeen y el británico Duke Garwood, con quien grabó en el 2013 Black Pudding, Lanegan optó por recorrer una buena parte de su trayectoria con ese formato eléctrico-pero-sin-batería. Las maracas aparecieron como única percusión, ya en los bises con Mescalito. Se trata de una de las piezas de aquel disco, que tuvo una pequeña representación en el set, ya en los bises. Contra lo que pudiera pensarse en principio, la actuación no dejó de ser un greatest-hits de esos que van dosificando los aplausos y suspiros del público.

No importaba. La platea del Rosalía se entregó ciegamente a Lanegan desde que When Your Number Isn’t Up inaugurase su actuación. Más allá de los tópicos que lo rodean – el hieratismo, el malditismo, su incomunicación, su carácter huraño…-, resultó magnífico ver cómo modelaba esos versos de sangre caliente y pasiones congeladas. Cómo empañaba con su garganta las palabras al principio echando arenilla en la sílaba final, generalmente estirada en una mezcla de cantante crooner y blues. Y cómo lo hacía todo con aparente naturalidad y facilidad. Podía haber leído un poemario de Shakespeare, si lo desease. Seguro que la sonoridad de su voz lo haría disfrutable. Pero si, además, lo arropaba un eficaz guitarrista como el que lo acompañó -dando músculo a esa garganta- mejor que mejor.

Desfilaron muchos de sus clásicos. Algunos, como One Way Street o Judgement Time, mejor asentados en el traje sonoro propuesto. Otros como One Hundred Days, apelando a esa percusión imaginaria que la llevase a lo sublime. También hubo paradas en sus versiones. Espléndido en el You Only Live Twice de Nancy Sinatra o en el Deepest Shade de su hermano artístico Greg Dulli. Y, por supuesto, un par de emocionados recordatorios a su etapa de Sreaming Trees. Primero con Where The Twain Shall Meet, entre palmas. Después, ya cerrando el concierto, con Halo Of Ashes.

En ese último viaje en el tiempo, Lanegan se deshizo de dos terceras partes de su traje instrumental. Solo, acompañado de la electricidad de la guitarra, fue ahí: a la fibra. Logró ese algo al que siempre se apela en este tipo de conciertos incompletos en los que falta precisamente eso. Lo que el rosario promocional suple con magias, intimismos, delicadezas, desnudeces, oportunidades únicas y vaya usted a saber. Ahí, con ese dibujo de música encaracolada llevando su garganta, se conjuró eso. Llamémosle emotividad. Llamémosle sacudida de emoción. Llamémosle sonrisa de quien ve su fotografía de los 20 años salir de un cajón por sorpresa. O sea, que esas baquetas que se echaron de menos durante varios tramos del concierto, tampoco eran tan necesarias al final. Un estado emocional perfecto para irse a tomar una cerveza comentando la jugada.

¡No! “Mark firmará discos en cinco minutos en el puesto de merchandising”, advierte su lugartienente antes de que el público abandone. Avalacha. Hoy los discos se venden mayoritariamente ahí, como un recuerdo de una experiencia, no como una experiencia en sí misma. Igual que un póster, una pegatina o un programa de mano. Pero esa es otra historia. Seguramente hoy toque dejar caer la aguja del surco y disfrutar de un Mark que, ojalá, retorne algún día al completo.

Axl Rose abofetea a los prejuicios

Escrito por Javier Becerra
9 de mayo de 2016 a las 12:36h

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Resulta muy tentador dejarse llevar por el purismo. Decir eso que si alguno de los elementos fundamentales de un grupo varía el grupo queda invalidado. Y aferrarse a la época de gloria de cualquier formación, sin aceptar una versión un grado o dos (o cinco) inferior a la óptima. Si, además, ello llega envuelto de un tufo a decadencia, con un personaje casi caricaturesco y una reivindicación de algo que el oyente ha dejado atrás hace mucho tiempo (en muchos casos renegando e intentando borrar las huellas de su devoción adolescente), se da el cuadro perfecto.

Sin embargo, hay veces que la realidad aparece como un puñetazo. Y Axl Rose ha dado unos cuantos en las últimas semanas. Sí, el grotesco líder de aquellos Guns n’ Roses que volvieron loco a la generación que hoy anda sobre la cuarentera (año arriba, año abajo) ha demostrado ser en 2016 un cantante formidable, que pide ser escuchado y, lo más importante, que debe ser escuchado. Seguir insistiendo en que sus últimos movimientos carecen de sentido y son prescindibles, me temo que tiene que ver más con todo lo antedicho: purismo, prejuicios e ideas preconcebida que cuesta variar.

Habrá quien tuviese fe, pero la mayoría creo que observaban la maniobra con una sonrisa. Yo confieso: me esperaba lo peor de la resurrección de los Guns n’ Roses. También pensé que se trataba de un disparate aquellos primeros rumores de que Axl podría capitanear a AC/DC. Pero ambas resistencias duraron apenas un suspiro ante las evidencias. La garganta de Axl está tremenda. Los temas de los Guns n’ Roses, pese a la discutible parte rítmica, suenan de maravilla. Y con AC/DC lo cierto es que lo borda, dándole un nuevo empuje a la marca australiana.

¿Argumentar todo ello? No sirve para nada. Pulsen el play de cualquiera de los videos. He ahí la evidencia de que este decadencia es altamente disfrutable. Si el fin del rock se encuentra cerca, en el tramo final Axl continúa siendo una voz a tener en cuenta. Y el que quiera seguir con los chistes, el desprecio o los change.org se perderá algo muy grande. ¡Y espera a que Axl se pueda mover de verdad!

Radiohead muerde perro

Escrito por Javier Becerra
8 de mayo de 2016 a las 10:57h

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Lo han vuelto a hacer. Radiohead vuelven a tirar de la tecnología para publicitarse gratis. No porque paguen banners o apoquinen por colarse en el el Facebook de sus fans. No, una vez más, han logrado convertir en noticia su hábil uso de Internet. O, mejor dicho, su no uso. Y es que la banda de Thom Yorke ha sido noticia esta semana por dejar en blanco su página web y sus redes sociales. Es el particular «hombre muerde perro» de esta era.

¿Qué ha pasado aquí? ¿Renuncian al mundo digital? ¿Se disolverá el grupo? ¿Harán un punto y aparte? Esas fueron algunas de las preguntas que generó su vacío el pasado domingo. Las buscaban. Lograron volver a estar en boca de todos, jugando a esa sorpresa fríamente calculada que tan bien manejan. Ahora se sabía que Radiohead estaban ahí. O no estaban. Pero algo pasaba. Y había que saberlo

A lo largo de la semana se desveló todo. Burn The Witch, con su pop tenso, su videoclip maravilloso y sus cuerdas estirando el placer, llenó de contenido el vacío de su web. El viernes se sumó Daydreaming, segundo single, con claras reminiscencias de su cima hasta la fecha Kid A (2000). Son los dos adelantos del disco que verá la luz hoy a las 20 horas.

E igual que ocurrió con In Rainbows (2007), cuando lo soltaron en su web con precio a voluntad, Radiohead siguen generando debate y titulares. Eso sí, cada vez se habla menos de una música eclipsada por estas piruetas mediáticas. Antes asombraban por la excelencia de joyas como Ok Computer (1997). Ahora, por sus maniobras promocionales. Algo falla. O ellos haciendo música o nosotros percibiéndola. Puede que ambos.

Tan frágiles, tan fuertes, tan intensos

Escrito por Javier Becerra
7 de mayo de 2016 a las 13:38h

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Tan frágiles, tan fuertes, tan INTENSOS. Chicharrón afilaron su triángulo de virtudes anoche en Los conciertos de Retroalimentación. Con el punto ambiental de su nuevo disco, con el amor de sus letras expadiéndose por toda la Nave 1839 y con el círculo perfecto que traza su música con el público, ofrecieron un recital maravilloso. Frágil, fuerte e intenso, sí. Tocando en el alma y cantando con el corazón, da gusto observarlos y forma parte de eso tan bonito que tienen en las manos. Su música purifica, sienta bien y deja como nuevo. Su próximo disco también lo presentarán en este ciclo. O, al menos, eso intentaremos.

fifannahNo estuvieron solos. Bifannah eran también viejos amidos de este blog. Provienen de Wild Balbina y, como aquellos, también instan a la rudeza garajera. Pero en esa ocasión la bañan de tropicalismo, aromas lusófonos y extra de psicodelia. Se trata de una inesperada anomalía en el jardín pop gallego. En estos momento son un niño revoltoso que está creciendo. Nos dibujaron una sonrisa que se agigantará con los años. Seguro.

Y, bueno, esto siempre es así, pero cabe volver a dar las gracias a todos los que acercasteis. Este año todos los conciertos están registrando entradas por encima de lo previsto. Siempre defendemos que este ciclo no nace para eso, sino para expandir la música. Pero sentir vuestro aliento ahí dota a todo de sentido y refuerza la idea. Así que agradecimiento eterno para los que hacéis que Los conciertos de Retroalimentación sean algo real, autosuficiente y con sentido. Un agradecimiento que abarca por supuesto a dos bandas tan majas como las de ayer y a los responsables de la Nave 1839, paraíso cultural de la ciudad donde siempre es un placer hacer cosas. Próxima parada: Lady Leño + Bala en el Playa Club en junio(el concierto iba a ser el 17 pero es probable que cambie de fecha)

¡Qué siga la música! Chicharrón y Bifannah, en la Nave 1839

Escrito por Javier Becerra
27 de abril de 2016 a las 17:48h

De acuerdo, lo de Triángulo de Amor Bizarro el pasado viernes en el Playa Club fue muy fuerte.Su puñetazo sonoro fue tal que lo normal es que no tuvieras fuerzas para otro concierto en días. Pero tampoco nos vamos a relejar. Los conciertos de Retroalimentación siguen con un doble cartel la mar de interesante: Chicharron + Bifannah (Nave 1836, viernes 6 de mayo, 20.30 horas, 5 euros)

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Chicharron son muy amigos de Retroalimentación. Ya estuvieron el año pasado presentando su primer disco y ahora repiten con un segundo paso, Postal, que nos ha encantado. Más allá de lo que en su día se definió como «la versión acústica de Franc3s» por la presencia de Alberto Vecino en ambas formaciones, ahora Chicharron combinan atmósferas, poesía y una belleza muy particular. Lo puedes escuchar aquí.

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Bifannah también son viejos conocidos de la casa. Sus dos terceras partes proceden de Wild Balbina, que abrieron la tercera temporada del ciclo en el 2014. En esta nueva encarnación han tejido una suerte de garage tropical con arraigo gallego que enamora. Como si los Sonics se mezclasen con Os Mutantes, su primer epé emerge como una deliciosa rareza en el jardín pop galaico. Queremos saborearlo en directo. Y estamos seguros de que encantará y encantarán
Los puedes escuchar aquí.

Y ojo, que para el final de esta temporada tenemos un doble cartel tremendo: Bala + Lady Leño (17 de junio, Playa Club, 6/8 euros). Son dos bandas a las que queremos mucho, con las que hemos encontrado una conexión tremenda y, además, en sus dos conciertos de este año llenaron la Nave 1839 y Mardi Gras respectivamente. Por eso ahora los vamos a colocar en una plaza mayor para que expandan electricidad a más y más personas.

Ruido pop, volumen brutal y feliz cumpleaños

Escrito por Javier Becerra
23 de abril de 2016 a las 9:28h

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Los conciertos de Retroalimentación no nacieron para conseguir llenos, sino para que en ellos actuasen los mejores grupos del momento en Galicia. Pero cuando la sala Playa Club se pone a reventar como ayer, resulta inevitable dibujar una sonrisa. Fue una gran noche. Triángulo de Amor Bizarro brillaron. El público respondió. Y entre todos crearon una ruidosa bola de emoción generada a volumen brutal para soplar las velas del octavo aniversario de este blog.

Seguramente desde el pase de Schwarz en el 2004 no se metió tanta tralla en el escenario del Playa Club. Ayer todos se fueron a casa con los oídos pitando. El pitido aún pervive hoy al despertar. Triángulo sonaron alto, agrestes e indomables. Fundieron ruido y melodía, detonaciones rítmicas y pausas amenazantes. Demostraron que actualmente no hay quien les tosa sobre un escenario. Dejaron una de esas actuaciones para el recuerdo.

¿Qué es lo que tocaron? Pues, todo su último disco entero, con cruce de cables guitarrero y ocasional ramalazo heavy. También algunas de sus antiguas canciones. Todo con la complicidad de un público loco que demostró que aquello que plantaron TAB en la década pasada, haciendo saltar chispas, rayos y centellas, no solo se mantienen vigente, sino que se se ha multiplicado.

Antes de ellos estuvo otro discípulo del ruido: Rubén Domínguez con Pantis, su proyecto de pop electrónico entre Suicide y Derribos Arias que mola una barbaridad. Seguramente lo volvamos a escuchar.

De este modo tan guay celebramos ocho años de este blog. Fue una maravilla veros a todos, tan entregados y tan cómplices, doblando las expectativas. Muchísimas gracias por el respaldo, la presencia y la energía. Y no os olvidéis que Los conciertos de Retroalimentación siguen. Próxima parada: 6 de mayo, Chicharrón + Biffanah en Nave 1839

Pardo contradiciendo a su destino

Escrito por Javier Becerra
3 de abril de 2016 a las 11:08h

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Muy grande lo del viernes en el Playa Club con Pardo. Respaldado con la banda con la que grabó Siento no haber sido lo esperado llegó crecido a Los conciertos de Retroalimentación. Con maneras dylanianas, arrojo interpretativo y solidez instrumental repasó su último disco, hizo pequeñas incursiones en su pasado y tocó las versiones que enamoraron a Laura Pausini en su paso por La Voz.

«¿Por qué está todo el mundo hablando de Quique González y no de este tío?», preguntaba uno de los asistentes al concierto. Pues porque a veces hay grandes artistas ensombrecidos no se sabe muy bien por qué. Pardo, al calor de unas 200 personas, se disculpó por no haber sido lo esperado, pero a cambio expuso lo que deseaba ser, lo que está ya siendo y lo que será, sin duda. Muchísimas gracias a él, a sus músicos, a la sala Playa Club y, por supuesto, a quienes en la sobreoferta de la ciudad siguen haciendo un hueco para este ciclo de conciertos.

Próxima parada: Triángulo de Amor Bizarro, 22 de abril en el Playa Club. Celebramos ese día ocho años de vida de este blog. Y Lo que queda.

Pardo: «Quise dedicarme a otra cosa para vivir mejor, pero no he sido capaz de dejar la música»

Escrito por Javier Becerra
31 de marzo de 2016 a las 20:14h

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Mañana Pardo llegará a Los conciertos de Retroalimentación (Playa Club, 23 horas, entradas). Ya estuvo en el 2014 en solitario, precediendo a Wolrus. Entonces cantaba en inglés y llevaba una guitarra acústica. Ahora, como artista único del cartel, canta en castellano y actúa con banda. Es el Pardo que se puede escuchar en Siento no haber sido lo esperado, su último disco, una obra de rock con poso clásico y múltiples miras al blues, al jazz y al folk que debería tener un reconocimiento mucho mayor que el que ha tenido.

-Viéndolo, trasmite la idea de que ha nacido para ser músico. ¿Se ve así?

-Sí, más que verme así es que sé que valgo. Hay otras cosas que sé que no se me dan bien. Pero en esta que he trabajado tanto y tanto tiempo que no veo otra manera de vivir que no sea así. Lo he intentado, pero no he podido. Estoy demasiado hecho a la profesión [risas].

-¿Realmente ha intentado dejar de ser músico?

-Sí, varias veces. Quise dedicarme a otra cosa para vivir mejor, pero no he sido capaz de dejar la música. ¡Y mira que lo he hecho con ganas!

-Esto es como cuando uno está enamorado e intenta olvidar a la chica… para terminar merodeando por su casa a ver si se topa accidentalmente con ella.

-Sí, algo sí. Al final siempre vuelves [risas].

-¿Qué recuerdos tiene asociados a la música de pequeño?

-La música apareció de manera espontánea en mi vida. Compré una guitarra en un rastro que había en Cuatro Caminos. Costaría unas 3.000 pesetas. Es un gran recuerdo. Con esa guitarra empecé a tocar en casa. Al principio tocaba fatal y cantaba peor. Pero tenía ganas. Recuerdo que mi hermano quedaba con los amigos y les ponía lo que yo grababa para descojonarse [risas]. Luego, también tengo grandes recuerdos de mis primeros viajes tocando. Cuando fuimos a Amsterdam o Canarias a tocar. Era una época mejor. Pagaban bien: te ponían el billete y luego aún te dejaban estar unos días de vacaciones.

-¿Qué artista le fascinó hasta empujarle a ser músico?

-Varios. Ese tipo de cosas tienen que surgir en un estado determinado, que te pillen con las emociones acordes con su música. Me pasó con Bob Dylan. Fue en un viaje a Barcelona, justo cuando me había dejado mi chica. Yo era un chaval, de 19 años o así. Me compré un bootleg series de Dylan y lo escuché en el tren. Ahí empezó mi historia de amor con Dylan que terminó cuando lo fui a ver a Vigo, en el 2008. No me gustó nada lo que vi. Ahí se relajó mucho la cosa.

-Imagino que antes de Dylan hay otros iconos.

-Sí, claro. Uno de ellos es Big Bill Broonzy. Es un cantante de blues acústico de los años 30, que murió de cáncer de garganta. Grabó un montón de discos. Un tipo de esos que se sobrepuso a las adversidades: un analfabeto del sur de Estados Unidos que se fue a Europa y aprendió a leer y escribir. Luego me interesa mucho Nat King Cole trío. Eso me impactó mucho. Me pilló estudiando música y sus armonías y cambios de ritmo me alucinaron. Además, en esa época se grababa mucho y hay mucho material.

-Lo que me cita son artistas muy enraizados ne el folk y en blues. Eso se traslada a su música. Usted suena a clásico, no a algo moderno.

-Es inevitable. Me ocurre siempre. Tiro a lo de atrás. Ahora escucho mucho son cubano y música latina. Pero mi tendencia es tirar hacia atrás. Me gusta ver de dónde vienen las cosas. Luego, le intento dar un punto de vista actual.

-Seguramente por su estética se le asocie siempre al rockabilly. Luego, no ocupa ni un 10% de sus influencias. ¿No le choca?

-Sí, sin duda. Cuando era más joven tocaba ese estilo. Pero ahora no. La gente me sigue asociando a eso. Me gusta, pero no es mi gran influencia. Ahora mismo está muy poco presencia. Quizá hay alguna pincelada, pero no creo que a nadie que sea un fan del rockabilly le guste lo que hago yo.

-¿Qué le atrajo para ser un rocker de adolescente?

-Buff, no sé. Yo era un chaval. En esa edad, te apetece ser diferente, desmarcarte y no ser parte del gran grupo. Con los años ves, sin embargo, que aferrarse a unas ideas fijas es una tontería.

-¿La ortodoxia le duró poco?

-Claro. El que buscaba ser diferente de joven, cuando se crece quiere seguir siendo diferente no perteneciendo a un grupo que le implanta unos prejuicios y unos gustos. Los gustos tienen que ser particulares y de cada uno.

-Ahora se ha pasado al castellano. Los artistas con unas influencias anglosajonas tan fuertes como usted y que hacen el tránsito ven personalizado su sonido radicalmente. ¿Piensa que le ha pasado?

-Lo noté. Ahora ya me acostumbré. Las canciones las hago de la misma manera, pero el castellano me permite hablar con mucha más riqueza, no ser tan evidente. Canto de otra manera. Es muy diferente. La manera de vocalizar cambia y te obliga a cambiar. Si no sonaría a Bertín Osborne haciendo discos de crooner.

-En varios temas del disco se le nota más agresivo. ¿Es por el idioma?

-Sí, algunas son más viscerales y cañeras. Pero eso creo que que se debe a la electrificación de la banda. Me apetecía mucho, porque llevaba dos discos muy tranquilos y echaba de menos meterle un poco a de candela al asunto. Surgió de manera muy natural todo.

-Da la sensación de que el disco gravita en ocasiones sobre el piano, cuando antes era la guitarra acústica.

-Sí, le quería dar más protagonismo. No quería que el peso armónico de los temas lo llevase solo la guitarra. El piano la da más cuerpo. Estoy muy contento con el resultado.

-Volviendo al Dylan con el que «cortó» hace tiempo, lo cierto es que a veces esos pianos remiten a él.

-[risas] Sí, el también cambió de lo acústico a lo eléctrico. Pero bueno, aquí hacemos lo que podemos. Al tener la banda hay más recursos y más libertad.

-¿El título del disco, «Siento no haber sido lo esperado», es una declaración de principios o un mensaje dirigido a alguien?

-Es una declaración de principios. Siempre me ha pasado. La gente, aunque sea de manera optimista y para ayudarte, intenta marcarte un camino que ellos consideran que es el correcto y el que tienes que hacer para tener una vida estable y feliz. Yo creo que cada uno tienen que ver por sí mismo cuál es ese camino. Está bien la ayuda, pero tampoco hay que dejarse llevar.

-¿Es más feliz con los altibajos de la música que trabajando en una gestoría?

-Sí, no me veo ahí, haciendo declaraciones de la renta [risas]. Con todo mi respeto. Cada uno vale para lo que vale y es feliz donde sea. Yo no podría decirle a mi gestor: «Oye, vente de roadie conmigo en la furgoneta». Seguro que él tampoco sería feliz.

-¿Ha decepcionado a mucha gente no siendo lo esperado?

-No creo. Supongo que alguna vez sí. Si eres fiel a ti mismo y con cariño a los demás no creo que hagas daño.

-Ahora que le entendemos, encontramos cosas curiosas en las letras. Una es eso del «torero vegano». ¿De dónde viene?

-[Risas] Se me ocurrió, sin más. Es una letra con humor, criticando la sociedad actual. Está tan presente lo de los toros y los veganos, que seguro que hay alguno que se haya vuelto vegano diciendo: «El toro es mi amigo, no lo voy a matar». Es una crítica constructiva, pero una crítica.

-Estamos en un momento en la música alternativa en la que se han derribado muchos perjuicios. En los noventa la gente se definía en negativo, diciendo lo que no iba a hacer. Ahora parece que la gente se ha relajado. Eso me lleva a su participación en un talent-show como La Voz. ¿Cómo se mete ahí?

-Esto es un trabajo y quieres llegar a la mayor gente posible. Así debería ser. Ocurre lo mismo con un pintor o un escritor. Quiere público. Lo que ocurría antes son prejuicios debidos a la ignorancia o a esa idea de estar metido en un colectivo con reglas. Yo creo que es bueno abrir todas las puertas que puedas. A mí me llamaron, me insistieron para que fuera a los castings y dije: «Bueno, ¿por qué no? Al fin y al cabo es un día por la noche con cinco millones de personas viéndote». Eso es no sé cuántas veces el Santiago Bernabeu.

-La experiencia, sin embargo, no fue positiva. En una entrevista en El Giradiscos raja de lo lindo del programa.

-[risas] No, la experiencia fue positiva, pero mi opinión personal de la gente que está detrás en la productora y cómo vi yo que hacen las cosas fue un poco triste. Se aprovechaban de chavales, que yo veía que tenían talento pero que estaban perdidos y se fiaban demasiado de la productora. Aparte del sensacionalismo, le prometían a gente muy joven que iban a lograr muchas cosas. Todo para conseguir lo mejor de ellos y, luego, en el momento en el que se tenían que desahuciar de ellos, le cerraban la puerta en la cara sin ningún tipo de compasión.

-¿No surgió la oportunidad de hacer un disco con Laura Pausini?

-[Risas] La verdad es que no la vi mucho. En la tele parece que ensayas con ellos, pero la verdad es que debí estar cuatro minutos con ella. No más. Al final ensayábamos con alguien que no conoce nadie. Es televisión.

-Resumiendo, ¿tiene usted vocación minoritaria?

-No, soy un artista que intenta llegar a todos los oídos posibles. No quiero cerrarme. Me encantaría gustarle a la señora que vende las cigalas en el mercado y al chaval que está jugando al fútbol en Argentina. Cuanto más gente, yo más feliz.

-Quizá se pueda ver algo ya en el disco, pero todo hace pensar que aumentará en el futuro. Me refiero al tema latino. ¿Camina Pardo en dirección de latinizarse?

-No sé si latinizarme, pero sí que camino con ideas nuevas. El próximo trabajo seguramente será muy diferente. Quiero probar cosas actuales. Me apetece jugar con la electrónica, por ejemplo. Pardo camina hacia adelante. Ya veremos hacia dónde.

-¿Me está hablando de electrónica?

-Sí, y de más cosas. Tengo muchas ideas en la cabeza. No quiero ponerme límites

-¿Pardo goes to techno?

-Ya molaría. Pero para eso seguramente aún haya que esperar unos años.

La exhalación pop de The Vaccines

Escrito por Javier Becerra
15 de marzo de 2016 a las 9:26h

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THE VACCINES
Sala Finisterrae, A Coruña
14-3-2016

Ver al grupo en el momento. Esa secuencia impoluta en el que todo -el sonido, las canciones, el espíritu- encaja. Los fans perfeccionistas adoran coleccionar esas instantáneas en las que se sabe, al contemplarla, que nada volverá a ser igual. Los Sonic Youth del 87, los Stone Roses del 89, los Jesus and Mary Chain del 92, la Pj Harvey del 95, los Radiohead del 2001. Todos sabemos lo que es eso: ¡uauuuuuuuuuuuu!, ¡aaaaaaaaaagh¡, ¡me mueroooooooo! A un grupo como The Vaccines la fotografía perfecta se la tomaron allá por 2011, 2012 como mucho. Con esas canciones redondas como soles, con ese sonido encrespado, con ese espíritu exultantemente juvenil. Algo así no se iba a repetir, lo sabíamos. Como no se repite la adolescencia o la locura de los primeros meses de un noviazgo. Nunca más. Jamás.

Por eso algunos pasos discurrían entre escépticos y pragmáticos rumbo al Hotel Finisterre. «Cosas así no son frecuentes en nuestra ciudad». «Tienen temazos, así que con que las toquen no hay fallo».«¿De verdad que tienes algo mejor que hacer un lunes de marzo como este?». Reencuentros. Caras conocidas. Gente que sigue hablando (y añorándolo) de Brit-Pop veinte años más tarde. También los vecinos estudiantes con sus tupés que dibujan la brecha generacional. Y, por supuesto, eso que ha venido en llamarse hipsterismo. Cerveza. Besos. «¡Hey, tío!». Fleetwood Mac de sonido. Fader. Fuera música. Telón rojo. Aplausos. Bases programadas. Y el jovencísimo Justin Hayward-Young en medio, armado con una guitarra acústica. Mal rollo. Mala señal. ¿Se esfumó el nervio con un instrumento decorativo?

Pero arranca la canción. Es Handsome, de su último disco. Golpea. Emite ondas sísmicas. Sacuden la sala. Detonaciones de afro-pop. Invitación al baile. Y una fuerza melódica ante la que te puedes resistir, sí. Pero sería una soberana estupidez hacerlo. Eso para los que piensan que “entender de música” equivale a estar rígidos en un concierto,frotando la barbilla. Le sigue Teenage Icon, coreada en spanglish por el público. Fuera abrigo. Fuera jersey. Camisa remangada. Otra cerveza ¿No habíamos quedado en que este no era ya el momento de The Vaccines y que su visita había que tomársela como un saldo de provincias? «No moleste, señor. Si no quiere unirse a la fiesta, vaya atrás, con los rígidos».

Dos temas. El cuarteto londinense necesitó apenas esos dos disparos para disipar dudas. No, para nada respondían al tópico del grupo guiri desganado de turisteo por España y racaneando emoción. Tampoco evidenciaban en el escenario el paulatino descenso de calidad de su producción discográfica, desde el sensacional What Did You Expect From The Vaccines? (2011) al flojete English Grafitti (2015), que venían a presentar. Además sonaban bien y desprendían sensación de encontrarse ahí y ahora, dejando huella. Incluso material inferior como el electro-rock Dream Lover o la fragilidad tecno de Minimal Affection funcionaba. ¡Voilá! Fuera prejuicios e ideas preconcebidas. ¡Vamos a disfrutar!

Se disfrutó. Solo un pequeño periplo entre aburrido y épico de la parte central instó a recordar las vibraciones previas. El resto resultó una fiesta. Pero una fiesta de las de dar saltos, dar palmas y dejar un poquito de la garganta. Como debe ser. Igual iba la cosa con 20/20 que con Radio Bikini, queriéndole meter el codo a Vampire Weekend. También, se dejaron llevar vacias veces por la épica a lo The Killers, por ejemplo con Give Me a Sing. Pero donde realmente engancharon fue tirando de esas efervescentes piezas con las que emergieron allá por 2010. Hablamos de Norgaad, de If You Wanna o Wreckin’ Bar que pusieron la sala patas arriba sonando como exaltaciones pop.

Porque esas y el resto de sus compañeras en aquel sensacional disco de debut son las grandes canciones de The Vaccines. Te dicen claramente que si un día el pop británico de guitarras fue maravilloso y no el tedio general actual fue gracias a delicias como esas. Suenan ahora, seis años después, en un momento que puede que no corresponda con “el momento”. Pero, desde luego, sobre el escenario se le parece. Ayer al menos ocurrió así. Sacudiéndonos el cuerpo, incitándonos a levantar el puño y haciéndonos creer por un instante que formábamos parte de una exhalación pop. Una manera perfecta de derribar lo preconcebido y dejarse llevar por la realidad.

El ángel de María Rodés

Escrito por Javier Becerra
13 de marzo de 2016 a las 12:53h

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MARÍA RODÉS
MAC, A Coruña
12 – 3- 2016

María Rodés tiene ángel. Incluso en un concierto como el de ayer, en el que tras la actuación lamentaba los problemas de sonido en el tramo inicial y un inoportuno ataque de tos que sufrió justo al final, dejó a la gente embobada. Sí, totalmente em-bo-ba-da. Su música -frágil y casi susurrante muy al modo indie, pero llena de luz y vibraciones positivas que rara vez se ven en los territorios de la languidez intimista- posee el poder de ablandar al espectador, conquistarlo al instante y tenerlo en la palma de la mano. En la mayoría de los casos algo así -bolo acústico, popurrí regado de versiones, bromas entre tema y tema- derivaría en tedio y dispersión. Pero en el suyo resultó una delicia que nadie quiso que se terminase nunca. Porque, en efecto, ella tiene ángel. Y conquista con él.

Se plantó la cantautora catalana en el ciclo Vello, raro, novo de la productora Sinsal en formato de dúo acústico. La acompañaba la fenomenal guitarrista Isabel Laudenbach. Siempre oportuna, le otorgó unas veces caricias de flamenco y carácter a su sonido. Otras, pinceladas de tensión experimental que multiplicaban el espectro de unas canciones que fueron (mucho) más allá del habitual formato acústico que solo resta sin sumar. Luego estaba ella, claro, jugando con la voz a doble micro. Uno, limpio, narrativo y puro. Otro, de efecto ensoñador y onírico. El tránsito del uno al otro se saldó con palpitaciones, ojos cerrados y muecas de placer. Ummmm!!!

Con ese planteamiento y sin disco reciente, María jugó al grandes éxitos. Pero no tanto de su discografía como de su carrera. Picoteo el delicioso Sueño triángular o María canta copla, otorgando una nueva vida a los temas allí depositados que nada tiene que ver con el habitual extra de vigor o “fuerza”, sino “otra cosa” difícil de explicar. Pero también rescató varias de las piezas del homenaje a Cecilia con el que se presentó en el festival Voces Femeninas. Con Equilibrista, por ejemplo, rompió cualquier idea preconncebida sobre la cantautoria indie. También rindió tributo a Joan Palomares y a Franco Battiato y presentó canciones nuevas de un proyecto muy particular.

Lo contó. En las próximas semanas la artista ofrecerá un concierto en Madrid homenaje a un tío abuelo suyo astrónomo, dentro de un ciclo que relaciona la astronomía y la música, así como la idea de espiritualidad de los artistas. Al parecer, el antepasado de la cantante descubrió en su momento un cráter en la luna. También se encerró en su observatorio en plena Guerra Civil para proteger su material. De ambas peripecias, Rodés canto canciones que rezuman ya un claro deje de la canción española tradicional. Semeja que sus paseos por el cuplé, los tangos o la copa penetrasen bajo su piel creadora.

Igual que ocurre con Los Planetas actuales, la suya resulta una asimilación perfecta y estimulante. Cuando en el tramo final de su actuación, interpretó Miedo, Tres puñales o Pena, penita, pena -requeteconocidas, requetemanoseadas, requeteemblemáticas- alguno vio un círculo cerrado. El presente del pop nacional abrazándose a la tradición, en plena armonía y más allá del experimento de laboratorio. Respaldado con la sonrisa boba que dejan las personas especiales a las que les han tocado con una varita, para que todo lo que hagan irradie magia. María lo logra. Lo logró ayer. Y seguro que lo logrará en el nuevo disco previsto para este año (septiembre, seguramente). Porque ella tiene ángel.

Foto: María Meseguer