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La emoción de la música según Guille Milkyway

Escrito por Javier Becerra
13 de agosto de 2018 a las 12:49h

Hace unas semanas entrevisté a Guille Milkyway para Fugas y la verdad es que se me fue un poco la mano en mi protagonismo en la entrevista. Todo me parecía interesante, pero el hecho de estar yo ahí opinando e interviniendo me generaba dudas. Son esas reglas del periodismo que a veces hay que romper, pero que te hacen sentir algo inseguro al hacerlo.

En la última pregunta, la referida a si la música le salvó la vida, él hace una reflexión sobre la emoción necesaria para escribir sobre ella. Su respuesta veo que le ha gustado a mucha gente. Revisando la transcripción veo que había dos preguntas más que omití precisamente por eso, para evitar mi presencia exagerada. Teniendo en cuenta que el blog es algo más personal, las recojo aquí porque tratan de una cuestión que intermitentemente sale en las relaciones músico-periodista.

-Un reproche que recibimos a veces los periodistas musicales por parte de los músicos es que supuestamente no sabemos de música, porque (supuestamente también) no sabemos tocar instrumentos. El reproche que yo le hago a los periodistas, cuando me pongo en el papel de lector, es que me hablan demasiado de parecidos y escenas. Me falta la emoción. Creo que de los Sex Pistols hay que hablar en términos de furia, rabia, ira y fuego en la boca. Y no en escalas de acordes, situacionismo o en si copian aquí o allá.

-Es que no hace falta más. El músico mismo, si no hace ese esfuerzo, no llega a la música. Lo veo continuamente. Músicos que, de repente, escuchan un disco de eso o lo otro y lo primero que te dices es: “Bah, esto ¿Te has fijado? Es la típica rueda de acordes que no sé qué». ¡No me interesa! ¡Ya lo sé! ¡Joder, que todo el blues y todo el doo woop es esa rueda de acordes! A mí lo me interesa es ese discurso emocional. Lo otro tiene un interés más técnico. Lo de las referencias es más divertido para leer en profundidad en un libro sobre el grupo, pero ese análisis puramente emocional, que es el que tiene David el del bar, es el que me interesa.

Otra cosa es que una persona quiera hacer una crítica sobre técnica de la música y él no sabe técnicamente sobre eso. Eso claro que molesta al músico. Si no, es que es muy pobre. ¿Qué pobreza de crítica si me vas a hablar de los Sex Pistols hablando de referentes y escalas cromáticas?

-Yo le doy charlas a los niños sobre historia del pop. Les pongo “Anarchy in The Uk” cuando la tocaron en la tele con Johnny Rotten desencajado de furia. Me inspiro en el libro de “El Monstruo de los colores”. Les digo lo que es la ira, lo que es alguien enfadado y los animo a que gruñan. Lo entienden a la primera.

-Es totalmente así. A lo otro se llega más tarde, porque hay algo ahí que te llama la atención desde el punto de vista técnico. Pero lo otro es lo que te va a dotar de un criterio de por vida. Alguna vez he pinchado para público infantil. Les cambiaba rápido de canción y que cada uno bailase como quisiera. Les ponía a los Sex Pistols y luego a Chet Baker. De pronto veías a los niños cómo bailaban de un modo más introspectivo. Si yo les hago una crítica técnica de un disco de los Sex Pistols y Chet Baker a lo mejor creen que hacen una música parecida, con unas escalas un poco distintas. Pero no, no lo es.

Cambio de sensaciones con Belle and Sebastian

Escrito por Javier Becerra
11 de agosto de 2018 a las 11:23h


Es una sensación muy agradable esa de ir a un concierto con tibias expectativas y terminar totalmente encantado. Ayer me ocurrió eso con Belle & Sebastian en Riazor, dentro de su concierto del Noroeste. Cuando tocaron hace unos cuatro años en Santiago me quedó un regusto agridulce. El mismo que te queda tras reunirse excitado con los viejos amigos de la universidad y comprobar, a los pocos minutos, que toda aquella chispa anhelada se había perdido para siempre.

A Riazor, sin embargo, acudí con la clara consciencia de que aquello ya no es lo que era ni de lejos. Que el grupo era un poco aburrido para un gran festival. Y que, bueno, en esa condición de dinosaurio indie apenas podían agradar apelando a lo viejo desde un espíritu muy diferente. Y, vete tú a saber si precisamente fue por reunirme con viejos amigos (esta vez con la consciencia clara de que no, aquellos tiempos ya han pasado…y en muchos casos mejor) para verlos. O quizá que el oleaje que acariciaba la playa, sumado a las buenas vibraciones de este Noroeste me predispuso a ello. Pero lo cierto es que los Belle and Sebastian de anoche me gustaron un montón.

Me gustaron en sus rescates del pasado glorioso de los noventa (“oooohhh, get me away from here i’m dyiiiiiiiiing”). Me gustaron cuando picotearon por lo mejor de sus singles posteriores (“I’m Cucko”, “Another Sunny Day”…). Y me gustaron con las piezas de la última etapa. Además del repertorio, el contagioso buen rollo del grupo, con un Stuart Murdoch saltarín irradiando simpatía, hacía que te sumases a la fiesta irremediablemente. Quizá, por ponerle pegas, hubiera sido estupendo contar con un poco más de tiempo. También quedaron fuera muchas míticas. Pero puede que a lo mejor esa manera de no caer a los previsible (o al menos lo que preveía yo) ayudase al resultado final.

Por mi parte, la de una persona que los tuvo como favorito absoluto en aquello que llamamos posadolescecia, tengo que confesar que pensé que a lo mejor no hice muy bien del todo obviándolos durante todos estos últimos años. Un cambio de sensaciones de lo más placentero. En esto del pop nunca se termina de sentir las cosas del todo.

¿Alguien se cree las cifras de asistencia de los conciertos?

Escrito por Javier Becerra
6 de agosto de 2018 a las 1:21h

Se han exagerado tanto tradicionalmente las cifras de asistencia a los eventos musicales que, la verdad, hoy por hoy no significan absolutamente nada. Más allá del “poca gente”, “mucha gente pero se estaba bien”, el “lleno” o el “petao” el resto poco importa.

Yo he visto trabajando, por ejemplo, como nos dijeron que había 45.000 personas en Santa Cristina con el Africa Express o 50.000 en Riazor con Bisbal. Cuando me tocó cubrir algún evento de esos y me lo decían oficialmente a alguno se le iba la risa.

Ayer estaba en la redacción esperando el texto del concierto de Raphael. El redactor que cubría la noticia me dijo que le habían dicho que había oficialmente 28.000 personas viéndolo en la plaza de María Pita de A Coruña. Luego, a los pocos minutos, el Twitter del Ayuntamiento ponía 29.000, finalmente la cifra oficial. Y me vinieron todos aquellos recuerdos a la cabeza.

Hay algo curioso: las cifras, siempre in crescendo. Si un año hay 20.000 personas en un concierto estrella al año siguiente son 22.000 en el concierto estrella que toque. Jamás, 18.000. El tercer año de mandato es en el que se produce el pico más alto. Para que bajen se necesita un cambio de gobierno. Pero, luego la cosa empieza a subir año a año de nuevo.

También es curioso su cuestionamiento: los que dudaban de las cifras que daba el Ayuntamiento con otros gobiernos ahora se las creen y los que las creían antes ahora dudan.

Este temazo titulado “Don’ t Get Me Wrong”

Escrito por Javier Becerra
4 de agosto de 2018 a las 10:51h

A mediados de los ochenta los sábados por la madrugada echaban en la TVG un espacio que se llamaba Sky Chanel. Lo ponían justo antes de la lucha libre. Y durante el tiempo que duró, rivalizaba también con el mundial de México 86. Las tres cosas me flipaban. En realidad, aquel Sky Chanel era un resumen de videoclips que ponían en el canal que solo se podía ver con parabólica. Y para mí eran una cita sagrada.

En teoría allí sonaba lo que arrasaba en Inglaterra: A-ha, AC/DC, Pet Shop Boys, Bangles o Modern Talking. Aquello llegaba como con humo (en serio, los videos siempre tenían una neblina muy de esa época). Sonaba muy moderno. Muy sofisticado. Muy excitante. Son esos contactos vírgenes con la música irrepetibles y que te marcan. Uno de los videoclips que se repetía cada semana era “Don’t Get Me Wrong” de The Pretenders. La canción era flipante. La imagen de Chrissie Hynde conduciendo un deportivo rojo, tremendamente adictiva. No era la típica guapa a la que estabas acostumbrado a ver como guapa. Era otra cosa que más tarde descubrirías como atractivo. La música tenía esa guitarra nerviosa, ese punto sintético ochentero y esa voz ligeramente perezosa que la hacía irrechazable. Me encantaba repetir la experiencia cada fin de semana.

Pero pasó el tiempo, crecí, leí revistas de música y formé “un criterio”. En esto último, a principios de los 90 existía un mantra que indicaba que las producciones pop-rock de los ochenta eran una porquería. No eran reales. Sonaban a plástico. Sí, todo eso que que nos había resultado sofisticado, moderno y excitante no valía. Y, con una canción así, había que decir eso de “el tema en sí no es malo, pero la producción lo destroza totalmente, los ochenta hicieron mucho daño” y apelar a los dos primeros discos del grupo, a los “buenos de verdad”.

Sin embargo recuerdo una vez, a finales de los noventa o principio de los dosmiles, que en el Patachim Juanjo, el dj, la empezó a poner. Algunas veces los paladares indies le bufaban. En una ocasión, imagino que hasta los mismísimos, la puso se subió a una silla desde dentro de la barra y empezó a gritar: “¡Esto es un temazo! ¡Esto es un temazo! ¡Esto es un temazo!”. Para luego ponerse a bailar como un niño que quiere chinchar a otro. Todo ante la complicidad de unos y la cara de “¿y este de qué va?” de otros. Yo era de los primeros. Creo que aquel día recuperé la canción de golpe.

“Don’t Get Me Wrong” es un temazo. Sí, como los de las Supremes o las Ronettes. Es decir, un temazo canónico que trasciende a todos los “criterios” que se le quieran poner.

¿Por qué las mujeres no se avergüenzan de la música que escuchaban de niñas y los hombres sí?

Escrito por Javier Becerra
26 de julio de 2018 a las 7:57h


¿Por qué, en general, las mujeres no tienen problema alguno con la música que les gustaba cuando eran niñas y adolescentes y, en general también, los hombres sí?

Es decir, una mujer que de niña le gustaba los Hombres G o Alejandro Sanz y ahora Radiohead y Arctic Monkeys no lo oculta. Es más, si vienen Hombres G a su ciudad se junta con sus amigas para ir a verlos y disfrutarlos como entonces.

En el caso del hombre suele ser otra cosa… O te intenta convencer de que estaba viendo La Edad de Oro con cinco años o, directamente, te dice que se compró el primer disco de Joy Division el día que salió. Pueden sustituirse estas referencias por cualquiera otras “cool” del ámbito que sea. Pero lo extraño es encontrar a melómanos de mi edad que escuchasen de pequeños a Mecano u Europe, lo admitan y que,como en el caso de ellas, los sigan disfrutando sin complejos.

Esa manera de acercarse a la música creo que explica en muchos casos las peleas de gallos de musiqueiros “machos”, incluso cuando se pretende ir de rollo ecléctico y súper abierto.

No hay duda. Las mujeres de mi entorno (mayores y pequeñas) me han dado varias lecciones al respecto. Hay que aprender a ser como ellas al escuchar música. Se disfruta más.

Resplandor electrónico para cerrar la temporada

Escrito por Javier Becerra
20 de mayo de 2018 a las 11:19h


Resulta increíble (y adorable) la pasión, el cariño y la sensibilidad con la que Tarci Ávila y Nacho Dafonte tratan su proyecto Presumido. Aunque toquen para 30 o 40 personas como ocurrió ayer (esperábamos mucho más, confieso), ellos sacan pecho y se enfrentan a ello como si estuvieran en un pabellón de deportes. Hay tanto convencimiento en ellos que todo se contagia. Tanto la pasión, como el cariño como la sensibilidad.

El dúo se encargaba de cerrar la sexta temporada de Los conciertos de Retroalimentación. Y se plantó en el BâBâ Bar con toda su parafernalia audiovisual a cuestas. Desgranaron su álbum “Vendetta” y presentaron algunas canciones nuevas. Tocaron la fibra sensible con su exquisitez melodica y aturdieron un poco las mentes con su capacidad de crear atmósferas ensoñadoras. Al final, muy al final, sacaron el puño pirotécnico con “El puño de la girona”.

Cerramos así otra nueva etapa de este ciclo que, de nuevo, nos ha deparado grandes momentos y ha puesto sobre la mesa algunas de las flores más bonitas del jardín de la música que se hace ahora mismo en Galicia. Nos tomamos un descanso en verano y, si todo va bien, volvemos en octubre. Muchísimas gracias a todos los que habéis acudido a alguna de las actuaciones, a las salas Playa Club, Garufa y BâBâ Bar por portarse tan bien y a esos artistas que nos enamoran y empujan toda esta historia.

Fabulosos Weeekend y Presumido cerrarán la sexta temporada de Los conciertos de Retroalimentación

Escrito por Javier Becerra
7 de marzo de 2018 a las 12:10h

Después del pase de Agoraphobia y Bento Veloso y los Doce Trinches el pasado viernes en el Playa Club, la sexta temporada de Los conciertos de Retroalimentación enfila ya su recta final. Salvo que haya alguna sorpresa no muy probable en junio (que algún año excepcionalmente incluímos alguna actuación ese mes), nos quedan dos conciertos que por diferentes motivos teníamos ganas de hacer. Son los siguientes:

-FABULOSOS WEEKEND (BâBâ Bar, 27 de abril). Después de haber hecho un rescate sixties el año pasado con Linces Pop en el Playa Club, recuperamos ese espíritu de fiesta con este grupo formado por varios de sus integrantes: Manuel Manquiña, Alfonso Espiño, Gonzalo Sende, Pablo Beade y Chema Ríos. Ambos rescatan clásicos del pop británico de los años sesenta con versiones en español, tal cual hacían en su día bandas como Los Salvajes. Máxima diversión.

-PRESUMIDO (BâBâ Bar, 19 de mayo). ¡Al fin! Había muchas ganas en este ciclo de acoger a uno de los proyectos más bonitos que ha dado la música en Galicia en los últimos años. Tarci Dávila y Nacho Dafonte hacen pop electrónico, que igual mira a OMD y Depeche Mode, como a Lali Puna o Beach House. Todo ello con unas dosis de senibilidad y talento que lo hacen sobresalir mucho más allá del ejercicio de estilo o la réplica. Además, promete un concierto muy especial, adecuándose al espacio.

Rock a dos bandas en Los conciertos de Retroalimentación

Escrito por Javier Becerra
4 de marzo de 2018 a las 11:32h

Unos repetían en Los conciertos de Retroalimentación y otros debutaban. Los primeros, Bento Veloso y los Doce Trinches confirmaron todo lo bueno que mostraron el año pasado en Mardi Gras. Rock con aromas surferos y letras inspiradas en el cine de terror hilado con cuerpo y nervio. Los coruñeses presentaban Ectoplasma, un notable trabajo que debería abrirles muchas puertas. Dicen que les cuesta encontrar sitios en donde tocar y carteles de festivales en los cuales estampar su nombre. Algo mal se está haciendo cuando ocurre eso con una banda como esta, de directo infalible. Veánla en directo y apúntense a su club de fans.

El estreno en el ciclo correspondía a Agoraphobia, que nada más empezar dejaban en nada el recuerdo de grupo garagero del pasado. Lo de ahora es un chorro de rock que remite a bandas de los noventa como L7 o Babes In Toyland de manera rocosa y con gran poderío. El cuarteto de Boiro se amplía a quinteto en directo con un ruidoso guitarrista y logra que las canciones como É unha opinión o Karlova suenen como una bomba. Además, tienen tiempo para recordar el Isla de encanta de los Pixies y terminar el concierto con la batería patas arriba, dejando un inmejorable sabor de boca.

Un millón de gracias a las bandas, al Playa Club y, sobre todo, a la gente que acudiendo y pagando su entrada permite que todo esto sea posible. Quedan dos conciertos esta temporada, los de abril y mayo respectivamente. Los anunciaremos la semana que viene. Estad atentos

Noche de rock al ralentí

Escrito por Javier Becerra
17 de febrero de 2018 a las 11:59h

No era la primera vez que Luis Moro se dejaba caer por Los conciertos de Retroalimentación y, seguramente, tampoco será la última. Esta vez, respaldado por la Tribeca’s Band, presentaba El pacto en el Garufa, con sonido cristalino, tempos lentos y atmósfera cálida. Empezó con esa Noche , que se resquebraja en guitarras quebradas y recorrió los nueve temas del disco, con paradas seleccionadas en su pasado.

Secundado por los coros de Carla Green, lo cierto es que el concierto discurrió amable, fluido y elegante. Se trata de un capítulo más en una extensa y casi silenciosa trayectoria que se disfruta en pequeños conciertos como el de ayer, con alrededor de un centenar de personas encantadas de estar allí. Como siempre, gracias a todos ellas por acudir, a la bandas y al Garufa Club por las facilidades.

Próxima parada: Agoraphobia + Bento Veloso & Doce Trinches (2 de marzo, Playa Club)

Los Grammy 2018 en diez fogonazos

Escrito por Javier Becerra
29 de enero de 2018 a las 6:18h

Bruno Mars receives a second Grammy for Record of the Year during the 60th Annual Grammy Awards show on January 28, 2018, in New York. / AFP PHOTO / Timothy A. CLARY

La 60º edición de los premios Grammys ha resultado ser mucho mejor de lo esperado. Trasladada al Madison Square Garden de Nueva York, la se ha quitado la modorra de las últimas entregas resultando muy interesantes. Hubo grandes actuaciones, emoción en la entrega de los premios y la confirmación del brillo de alguna estrella.

1. Bruno Mars. No es Prince ni Michael Jackson, de acuerdo. Pero arrasa. Estos Grammy han servido para darle un nuevo empujón. El autor de That’s What I Like ha sido el gran triunfador de esta edición de los premios de la Academia de la Música. Se hizo con el premio a la mejor canción del año por That’s What I Like, a la mejor grabación del año por 24K Magic y álbum del año por este mismo disco. Es decir, venció en todas las grandes categorías

2. Kendrick Lamar. Se encargó de abrir la gala de manera explosiva. Una actuación en tres actos, con la intervención de Bono y The Edge de U2 y el humorista Dave Chapelle. Interpretó XXX y DNA y dejó al público boquiabierto. Luego, todo ello se refrendaría con premios en las categorías de rap: mejor álbum, mejor canción, mejor interpretación y mejor colaboración.

3. Jay-Z. El gran derrotado de la noche. Definitivamente, los Grammy no se llevan bien con esta familia. Si el año pasado era Beyoncé la que se iba de vacío para casa, esta vez Jay-Z vio como, premio a premio, se le iban escapando los gramófonos de las manos.

4. Grandes actuaciones. El nivel general de la gala ha sido notable, dejando más de un pase para el recuerdo. Además de Bruno Mars y Kendrick Lamar, cabe destacar de manera muy especial un Gambino inspiradísimo, moviéndose entre la garra y la fragilidad. También resolvió su papelea con gran brillantez Sam Smith, según dado por un coro de góspel. Y, por supuesto, Lady Gaga con Marc Ronson. Son apenas tres ejemplos. Ojo, tampoco no nos debemos olvidar del dueto de Cris Stapleton y Emmylou Harris.

5. “Despacito”. No pudo ser la victoria material de Luis Fonsi y Daddy Yankee. Ningún premio de los que estaban nominados cayó en sus manos. Pero hay mucho de victoria moral. Su actuación sirvió para constatar varias cosas. Primero, el traspaso total del tema más allá de lo latino. Segundo, que se trata de una gran canción, efectiva y contagiosa, pese a quien pese.

6. Me too. Las rosas blancas sirvieron parea visibilizar la campaña contra el acoso sexual que, como se señaló en la gala, “no sólo ocurre en Hollywood”. En ese sentido, la espléndida actuación de Kesha junto a artistas como Camila Cabello, Cyndy Lauper o Andra Day, todas vestidas de riguroso blanco, resultó uno de los puntos culpen de la noche.

7. U2. Como siempre, la banda de Bono se quiso marcar una las actuaciones estrella de la noche. No por el tema, el normalito “Get Out Of Your Way”, si no por el modo de presentarla: en el exterior, a los pies de la Estatua de la Libertad. Seguramente se ganen todos todos los telediarios del día de hoy.

8. Camila Cabello. Aún tiene que esperar al año que viene para optar a los premios, pero su aparición en la gala de este año no pasó para nada desapercibida. Espectacular en la alfombra roja, hizo mover miles de tuits con su imagen. En su intervención en la gala hizo un alegato a sus orígenes latinos y la aventura de sus padres emigrando a EE.UU. en un claro mensaje a Donald Trump.

9. James Corden. Los Grammy han encontrado al presentador ideal. El famoso cómico que mete en su coche a los artistas más famosos del mundo para cantar a dúo con ellos es un tipo simpático, divertido y muy carismático. Además, este año se ha marcado algún vídeo específico para la gala, como el de Sting con Shaggy en el metro de Nueva York muy chulo.

10. Una pega. ¿Y esa gran actuación con la que tradicionalmente se cerraban los Grammy qué? Fue recoger el galardón Bruno Mars y terminarse todo. Una pena, con lo bien que iba todo