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Entradas para la categoría ‘Reflexiones’

¿Está el bis en peligro de extinción?

Lunes, Diciembre 5th, 2016

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Hoy hubo fiesta pop en A Coruña. Los Crystal Fighters dieron un concierto que se expandió como una onda sísmica sobre la sala Pelícano. La gente bailó, botó y gritó. Se abrazó, se cogió de la mano y alzó sus brazos al cielo, siguiendo las instrucciones fraternales del grupo. Por momentos, se podría decir que la euforia había conquistado totalmente la sala. Y que pocos, casi ninguno, se llegaron a resistir al contagio de esa vitalidad. Por eso resultó sorprendente que cuando finalizaron el bolo pocos pidieran un bis. Ni un 5% del público se puso a aplaudir, a pedir otro tema y continuar exteriorizando su euforia. Todo lo contrario. El grupo volvió igual al escenario. Y solo ahí, cuando se vio su silueta, retornaron los aplausos.

Hace tiempo que percibo ese comportamiento en el público y noto que cada vez va a más. ¿El bis, al darse por supuesto, no merece el más mínimo esfuerzo? ¿Para qué malgastar un aplauso o soltar un alarido? La cosa no va con uno y, total, el artista va a salir igual. Lo cierto es que cuesta encontrar un concierto de esos en los que la gente termine haciendo “¡oe, oe, oe, oe!” como otrora resultaba común. No hablamos de pequeños bolos en los que no se rompe el hielo con el público. Para nada. Lo de hoy fue un ciclón pop. Pero al llegar el momento de pedir la vuelta al escenario todo se desinfló incomprensiblemente.

Recientemente, observé algo parecido con Carlos Sadness en el Playa Club. Había unas 500 personas enloquecidas, coreando todos sus temas, jaleando los movimientos del cantante y riendo cualquier cosa que este dijera. La sublimación del fan total, en definitiva. Sin embargo, al irse al camerino, se hizo un silencio incomodísimo. Las devotas miraban en una dirección: su móvil. Semeja que ese momento, que tradicionalmente se usaba para pedir “¡Otra, otra, otra!”, se use ahora para revisar los mensajes o ver las fotos hechas con anterioridad.

Ante esa situación no sería de extrañar que llegase un momento en el que los artistas dejen de hacer ese extra que, visto lo visto, empieza a dejar de tener sentido. ¿El bis solo para quien lo merece? Tiempo al tiempo .

Axl Rose abofetea a los prejuicios

Lunes, Mayo 9th, 2016

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Resulta muy tentador dejarse llevar por el purismo. Decir eso que si alguno de los elementos fundamentales de un grupo varía el grupo queda invalidado. Y aferrarse a la época de gloria de cualquier formación, sin aceptar una versión un grado o dos (o cinco) inferior a la óptima. Si, además, ello llega envuelto de un tufo a decadencia, con un personaje casi caricaturesco y una reivindicación de algo que el oyente ha dejado atrás hace mucho tiempo (en muchos casos renegando e intentando borrar las huellas de su devoción adolescente), se da el cuadro perfecto.

Sin embargo, hay veces que la realidad aparece como un puñetazo. Y Axl Rose ha dado unos cuantos en las últimas semanas. Sí, el grotesco líder de aquellos Guns n’ Roses que volvieron loco a la generación que hoy anda sobre la cuarentera (año arriba, año abajo) ha demostrado ser en 2016 un cantante formidable, que pide ser escuchado y, lo más importante, que debe ser escuchado. Seguir insistiendo en que sus últimos movimientos carecen de sentido y son prescindibles, me temo que tiene que ver más con todo lo antedicho: purismo, prejuicios e ideas preconcebida que cuesta variar.

Habrá quien tuviese fe, pero la mayoría creo que observaban la maniobra con una sonrisa. Yo confieso: me esperaba lo peor de la resurrección de los Guns n’ Roses. También pensé que se trataba de un disparate aquellos primeros rumores de que Axl podría capitanear a AC/DC. Pero ambas resistencias duraron apenas un suspiro ante las evidencias. La garganta de Axl está tremenda. Los temas de los Guns n’ Roses, pese a la discutible parte rítmica, suenan de maravilla. Y con AC/DC lo cierto es que lo borda, dándole un nuevo empuje a la marca australiana.

¿Argumentar todo ello? No sirve para nada. Pulsen el play de cualquiera de los videos. He ahí la evidencia de que este decadencia es altamente disfrutable. Si el fin del rock se encuentra cerca, en el tramo final Axl continúa siendo una voz a tener en cuenta. Y el que quiera seguir con los chistes, el desprecio o los change.org se perderá algo muy grande. ¡Y espera a que Axl se pueda mover de verdad!

Radiohead muerde perro

Domingo, Mayo 8th, 2016

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Lo han vuelto a hacer. Radiohead vuelven a tirar de la tecnología para publicitarse gratis. No porque paguen banners o apoquinen por colarse en el el Facebook de sus fans. No, una vez más, han logrado convertir en noticia su hábil uso de Internet. O, mejor dicho, su no uso. Y es que la banda de Thom Yorke ha sido noticia esta semana por dejar en blanco su página web y sus redes sociales. Es el particular «hombre muerde perro» de esta era.

¿Qué ha pasado aquí? ¿Renuncian al mundo digital? ¿Se disolverá el grupo? ¿Harán un punto y aparte? Esas fueron algunas de las preguntas que generó su vacío el pasado domingo. Las buscaban. Lograron volver a estar en boca de todos, jugando a esa sorpresa fríamente calculada que tan bien manejan. Ahora se sabía que Radiohead estaban ahí. O no estaban. Pero algo pasaba. Y había que saberlo

A lo largo de la semana se desveló todo. Burn The Witch, con su pop tenso, su videoclip maravilloso y sus cuerdas estirando el placer, llenó de contenido el vacío de su web. El viernes se sumó Daydreaming, segundo single, con claras reminiscencias de su cima hasta la fecha Kid A (2000). Son los dos adelantos del disco que verá la luz hoy a las 20 horas.

E igual que ocurrió con In Rainbows (2007), cuando lo soltaron en su web con precio a voluntad, Radiohead siguen generando debate y titulares. Eso sí, cada vez se habla menos de una música eclipsada por estas piruetas mediáticas. Antes asombraban por la excelencia de joyas como Ok Computer (1997). Ahora, por sus maniobras promocionales. Algo falla. O ellos haciendo música o nosotros percibiéndola. Puede que ambos.

David Bowie calmando a adolescentes

Miércoles, Febrero 3rd, 2016

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Me detengo ayer en un kiosko a comprar una revista de música. Portada, cómo no, David Bowie. ¡Este mes me las pillo todas! «Debe traer un especial dentro, todas lo traen este mes», advierte la dependienta. «Aproveche, porque dudo que venda tantas revistas de música este año», le digo. «¡Qué va! Estos chavales no conocen a David Bowie. Es como la política. Mucho Pablo Iglesias y mucha historia, pero le preguntas quién es Adolfo Suárez y no lo saben», contesta ella frustrada. Se le nota muy quemada. «No tienen cultura, ni tienen nada, solo saben molestar e incordiar. Si leyeran algo o escuchasen música al menos», añade.

La mujer tiene el kiosco situado en una zona en la que el pasado verano fueron frecuentes las reuniones de adolescentes que, a veces, terminaban en pelea. Me enseña cómo le destrozaron el techo de su habitáculo. También me relata otras fechorías de los niños. «Los políticos pasan de todo. ¿La ley del menor para qué sirve? ¡Para que hagan lo que les de la gana!», me espeta. Yo le digo, tirando de oficio pero también de (triste y pragmática) realidad, que la próxima vez llame el periódico. Desde que salió una información de una macropelea frustrada en esa zona, vaya, jamás se volvieron a registrar incidentes: «Los políticos son todos así: si no ven el follón en el periódico hacen como si no existiera. Mire el botellón, cuando los vecinos se echaron a la calle y empezaron a llamar a los periódicos en vez de al 092, terminaron por prohibirlo en los lugares conflictivos, después de estar años diciendo que no pasaba nada». Ella asiente.

Después de diez minutos de “raje ciudadano”, con el consabido «todos los políticos son iguales», nos despedimos. Camino hojeando el Popular 1 que me acabo de comprar: una doble portada con dos peligros públicos para las sociedades de su momento: Lemmy Kilmister y David Bowie. A mi cabeza acude el “Rebel, rebel” del segundo. Es algo muy común cuando camino por la calle: su riff vigoriza los músculos de las piernas. Y se entremezcla con la conversación de “vecinos quemados” de minutos antes. «Si leyeran o escuchasen música, al menos», decía ella. La frase se queda. No sé si se refería a que escuchando Ziggy Stardust los chavales no estarían incordiándola. Pero, una vez más, me ha hecho reflexionar del papel del rock en el 2016.

¿Es necesario un programa como Luar?

Lunes, Octubre 19th, 2015

gayoso G22N5305Por lo general, los ambientes culturales suelen elegir un objetivo fácil y popular para reafirmar el mundo propio y minoritario. En Galicia y en lo musical una de esas dianas siempre ha sido Luar. Chascarrillos sobre su longevidad «casposa» que ha llegado la semana pasada al programa número 1000. Mofas sobre «artistas que solo salen ahí» como Albano o Bonnie Tyler. Comentarios acerca del humor de brocha gorda que suele acoger su escenario. Y si, al final, va y se monta un concurso de gaiteiros, ¿qué decir?

En esa resbaladiza superioridad moral late un profundo desprecio por una parte muy amplia de la Galicia más popular. También por el papel de servicio público de la TVG. Si Luar ha cumplido un millar de ediciones es precisamente porque para muchísimos gallegos el viernes es el día de encender el fin de semana con el mando de la televisión. Sus audiencias superan al 20%, un público que se siente cómplice de una propuesta sincera, sin pretensiones y enraizada en la tierra. E, importante, que coloca el deseo del espectador por encima de todo.

Es por eso que Luar merece seguir ahí, mil programas más. Yo no lo veo, lo confieso. No me interesa. Pero pedir que se respete al otro no deja de ser un saludable ejercicio de democracia. Imponer lo mío, el totalitarismo camuflado de cultura. Si acaso, demandar otros contenidos a mayores. Pero no a costa de Luar, sino junto a él.

¿Una nueva conciencia musical en A Coruña?

Martes, Agosto 18th, 2015

ana belen y victor manuel HG2C1F1Hubo un día, el pasado 1 de agosto, en que en mi ciudad actuó Ana Belén y Víctor Manuel y los “rajadores profesionales” no salieron en tromba. Sí, todos esos programadores musicales en potencia (o en acto) armados de supuesto buen gusto musical y sin pelos en la lengua. Los que despotricaban contra el Ayuntamiento y contra los seguidores de este tipo de grupos cuando se publicaban las noticias de las fiestas. Los que nos decían a los periodistas que teníamos que «meter caña» para que no venga «lo mismo de siempre». Este año no. ¡Sorpresa! Se produjo un respetuoso silencio que parecía indicar que las fiestas eran para todos y no solo para el club de los entendidos. Ni siquiera pasó nada cuando se supo que la pareja había salido por 60.500 euros.

Lo mismo ocurrió con la aparición de Los Planetas en la cabeza del Noroeste Pop Rock. Otrora, la sola mención de estos iconos indies producía sarpullidos verbales en gran parte de estos jueces musicales. Ahora ocurre todo lo contrario. Incluso algún roquero de pro defendía la propuesta de los granadinos. Me alegro. La verdad es que la cantinela de que a J no se le entiende nada, que son un grupo de pijos y que solo hacen ruido ya cansaba. Y a uno, en su condición de fan, le caía la brasa constantemente. Pero donde ya casi se cae un servidor de la silla fue cuando se hizo público que venía Rosario. Ni mu esta vez. Raro, porque cuando se anunció que venía en el 2014 (al final se suspendió) los improperios (al Ayuntamiento, a ella y a sus fans) circularon en modo barra libre por las redes sociales. Ahora nada. Todo bien. Se entiende que su actuación cubre una cuota necesaria y que esos seguidores también tienen derecho a que les traigan algo de lo suyo con cargo al presupuesto municipal.rosario buena hg12p1f1

¿Y qué me dicen de The Original Blues Brothers Band? Actúan hoy. Cuando se filtró su contratación, lo cierto es que uno aguardaba comentarios del tipo «el típico grupo de viejas glorias que nos cuelan en A Coruña porque el Ayuntamiento no tiene ni idea, como siempre». Todo lo contrario. Su bolo es una actuación imprescindible, a la que acudir con interés, no en plan «bueno, es que no hay otra cosa». El buen rollo entre los otrora rajadores es tal que yo creo que -ahora sí- hasta podían colar a Raphael en el Noroeste Pop Rock sin que se produjese una manifestación en María Pita ni se pusiese a parir al concejal del Fiestas pidiendo su dimisión.

Algo ha cambiado en la ciudad. ¿Habremos madurado? ¿Nos habremos vuelto más tolerantes? ¿Los nuevos aires políticos han traído una nueva conciencia musical? Habrá que estar atentos. Pero desde aquí no puedo más que manifestar mi sorpresa.

El rock en 2015, un juego de niños

Martes, Mayo 19th, 2015

shaneDomingo pasado en la Marina, en A Coruña. Fiesta pensada para los niños. En un stand maquillaban a los imberbes con diferentes motivos de rock. O les ponían la estrella de Kiss, las llamas sobre los ojos de Marylin Manson o el rayito de David Bowie de la portada de Aladin Sane. Una niña de tres años optaba por la tercera opción. Llevaba puesta una sudadera de los Rolling Stones. De fondo, sonaba Paranoid de Black Sabbath. Al lado, otro stand permitía que los niños con sus padres se hicieran fotografías con guitarras de juguete y pelucas de colores. Un padre decía orgulloso: «Mi hijo va a decir que ya tiene una Fender Stratocaster en casa, que no necesita una imitación».

Más tarde, una mujer se subía al escenario para enseñarles un baile a los chicos. La música sobre la cual se iba a bailar era Highway To Hell de AC/DC. La bailarina diseñaba una coreografía que, a base de repetir, los niños (entre 3 y 8 años, más o menos) llegaron a repetir con gran fidelidad. Entre ellos, una segunda mujer con unos cuernos en la cabeza y una capa en plan super heoina del rock les iba guiando. Al final esa segunda mujer subió al escenario con una banda. La formaban clones de Angus Young, Amy Winehouse, Elvis Presley o Paul McCartney. Les enseñó a los espectadores cómo se echaban los cuernos, como se alentaba a las masas o como se ponía gesto roquero. Y la banda iba desgranando clásicos del rock. Por cierto, la fiesta la organizaba el Ayuntamiento, del PP.

¿La crítica musical, al servicio del lector o del propio crítico?

Jueves, Noviembre 13th, 2014

Hace ya unos años entrevisté a David Bustamante, el de Operación Triunfo. Daba un concierto en A Coruña y aprovechamos la ocasión para hablar con él. Le hice una entrevista “musical”, sin cosas del corazón ni nada. Me habló, por ejemplo, de su afición por artistas como Miguel Gallardo o la música popular italiana. En un momento dado le pregunté si le afectaban los comentarios de los críticos y periodistas que lo ponían como ejemplo de los males del a música en España. Me contestó que no, porque estaba seguro que esa gente no había ido nunca a un concierto suyo, ni había escuchado sus discos, ni se había interesado en qué clase de música le gustaba a él. Según su punto de vista, la gente lo ponía a parir “de oídas”, por sus apariciones lacrimógenas en televisión o, a mayores, por escuchar una canción en la radio. Y mucho me temo que tenía toda la razón.

Tiempo después participé en un debate sobre el estado de la crítica musical organizado por Sinsal en el centro Normal de la UDC. Se tocó el tema de la especialización. Al escribir en un medio generalista como La Voz de Galicia muchas veces me toca enfrentarme a artistas como La Oreja de Van Gogh, Sergio Dalma, Azúcar Moreno o Pimpinela junto a otros como Tindersticks, Toy, Los Punsetes o la última sensación indie. Defendía en aquel encuentro algo tan elemental como la necesidad de tratar con el mismo rigor a Sonic Youth que a Chenoa. Noté cierta extrañeza. En un momento dado, el moderador me interrumpió: “¿Quieres decir que Sonic Youth y Chenoa son iguales?”. No era eso, claro. Se trataba de dejar de manifiesto que Chenoa, al ser una artista que interesa a tanta gente como para reunir a más de 5.000 personas en su concierto en A Coruña, tiene que salir en un medio como el nuestro. Y que merece el mismo respeto y seriedad a la hora de analizarla, ya que escribimos para un lector que exige que el periodista hable con conocimiento de causa. Algo tan básico como escuchar su disco e ir a ver su concierto antes de pronunciarme. Algo, sorprendentemente, tan raro como eso.

Estas dos pinceladas personales vienen a cuento sobre un debate que planea últimamente en la crítica musical nacional y que, en las últimas semanas, ha tomado tomado especial viveza. Primero, por la publicación del libro de Víctor Lenore Indies, hipsters y gafapastas, el volumen en el que habla, entre otras cosas, sobre los mecanismos de distinción en función del gusto musical promovidos por una buena parte de la prensa cultural. Segundo, por la polémica provocada por Diego A. Manrique al participar en la lista del número que celebra el 30º aniversario de la revista Rockdelux colocando como número uno el 19 días y 500 noches de Joaquín Sabina, sin que luego este se viese reflejada en la macrolista final. En ambos casos se toca desde diferentes prismas esa especie de corte del buen gusto minoritario con aspiraciones generalistas.

A ese respecto, desde la Asociación de Promotores Musical se ha lanzado una pequeña encuesta. En ella el periodista Nando Cruz lo sintetiza brillantemente: «En España la crítica siempre ha tendido más a exhibir conocimientos y buen gusto que a anteponer una vocación de servicio». Uno iría más allá y hablaría de una suerte de confusión de roles, generando algo que se podría denominar el crítico-artista. Es decir, aquel periodista que considera que su misión principal no es transmitir información (o emoción, en su caso), sino crear una especie de vehículo literario personal salpicado por una música sujeta a dogmas de especialísimo buen gusto. Por ello, muchas veces no importa ser un poco críptico y que el lector no entienda lo que se escribe. Por ello, no importa si al final habla más el periodista haciéndose autohomenajes que el músico entrevistado. Por ello, no importa si se preña de vivencias personales irrelevantes un texto. Por ello, no importa si de lo que se habla le interesa a la gente o no. Porque todo se trata de modelar esa figura pública lo más posible, poniéndose incluso por encima del lector o el músico.

Recuerdo en los noventa que terminé frente a un articulo de Diego A. Manrique sobre las Spice Girls en el fenecido Tentaciones. Eran dos páginas en las que se analizaba al grupo de pop más popular del momento. Lejos del tono ligero habitual, se trataba de un análisis serio, sustancioso, entendible y muy disfrutable. Aquello supuso toda una colleja en mis veintipocos años. Tiempo después, hubo otra lectura en el Metrópoli que me impactó con la misma intensidad. Era una crítica de David Saavedra sobre el disco que acaba de sacar Alejando Sanz, uno de los lanzamientos importantes del año. Lo ponía mal, pero en todo el texto no había ni una sola ironía, ni un solo desprecio, ni un solo ponerse por encima del artista. De algún modo esos dos textos cambiaron bastante mi percepción de las cosas, ayudándome a quitarme de encima todos esos lastres absurdos adquiridos en pos de buscar algo parecido a un criterio, sumando perjuicios y juzgado cosas desde el desconocimiento y una absurda posición de superioridad.

Por cierto, aquel concierto de Bustamante resultó horroroso. Así se reflejó y se argumentó en mi crítica correspondiente tras haber asistido. El disco de Chenoa, lamentable. También quedó plasmado después de sus correspondiente escuchas. Por otra parte, creo que ver la música con la lente “política” de Lenore es un error y un callejón sin salida, aunque tiene más razón que un santo en algunas de las cosas de las que habla en su polémico ensayo. Y, bueno, habrá que darle una oportunidad algún día al disco de Joaquín Sabina, músico del que escuché muchas otras cosas que, independientemente de su calidad, nunca me agradaron lo más mínimo. Quién sabe. Gracias a acercarme por motivos profesionales a la música de artistas que supuestamente no me gustaban de modo respetuoso y con las orejas abiertas he cambiado de opinión en más de una ocasión. Me acabaron encantando los singles de La Quinta Estación, me quedé totalmente prendado del sobresaliente Atlántico de Xoel López y, bueno, me he dado cuenta que aunque el primer disco de Vetusta Morla no me hubiese chiflado, Mapas es una verdadera maravilla. Todo ello sin que mi pasión por Los Planetas, los Stone Roses o la Velvet Underground se haya debilitado en ningún momento.

Me temo que he salido ganando. Espero que quien me lea y concuerde conmigo, también.

La lección del profesor Keating

Viernes, Agosto 15th, 2014

Con la muerte de Robin Williams aún reciente, es buen momento para recordar una de las lecciones de El club de los poetas muertos. Se trata de aquella, nada más empezar el filme, en la que el profesor Keating ordena a sus alumnos arrancar la primera hoja de su libro de literatura. Ahí descansa el ensayo Entendiendo la poesía en el que un experto ofrece unas claves para poder valorar un poema en dos ejes, como si de una fórmula matemática se tratase. Uno, mediría la perfección del poema. Otro, la importancia del contenido. Del cruce de ambos dependería la nota final.

«Excremento, eso es lo que pienso. No estamos hablando de tuberías, sino de poesía», indica el profesor a sus pupilos. Y ellos, abortos, se entregan a ello, dejando a un lado las matemáticas y apostando por la emoción. En la música no estaría de más arrancar también esa página para liberar a la crítica (y público) de muchos de los lastres acumulados. Que si un grupo tiene que innovar, que cada disco ha de suponer una evolución respecto al anterior, que ha de cantar en su lengua materna, que ha de explorar estilos exóticos, que la voz se debe de entender, que el directo tiene debe superar a las grabaciones, que hay que posicionarse políticamente,… Podíamos estar hasta el infinito.

Al final todo ello, por lo general, son asideros convertidos en dogmas a los que agarrarse en pos de un falsario criterio que prescinde de lo principal: el suspiro, los pelos de punta, el golpe en el pecho y, ummmm, el emocionar. Se trataba de eso, ¿recuerdan?

“Mapa Sonoro”, la otra música

Martes, Mayo 6th, 2014

Era ya un ritual para algunos. La semana se terminaba a la medianoche en La 2 viendo Mapa Sonoro, una rareza en la televisión de los cocineros, las islas de famosos y el estercolero habitual del corazón. El programa recorre, al modo de una road movie, todo el país. Busca las propuestas más excitantes de ese saco sin fondo de la música patria. Saca a los artistas de los escenarios y los locales de ensayo. Los coloca frente al espectador de compras, comiendo o paseando sin más.

Funciona. Los ya conocidos aparecen en un contexto insólito. Y, luego, no hay capítulo que no obligue a apuntar un nombre en la libreta de descubrimientos. Un día son los vascos Juniper Jon, mostrando uñas rock Otro la viguesa Bflecha, dando luz de electrónica pop. Y al otro el crooner Rafael Berrio, un veterano maldito de muchos quilates. Pequeños grandes nombres de esa otra música -oculta, vibrante, sorprendente) que se hace en España sin que (casi) nadie se entere. Además, en ese paseo por carreteras y líneas de alta velocidad provoca deliciosos encuentros.

Para la historia queda el que se produjo entre J de Los Planetas y el cantaor Jose Meneses: la renovación y la ortodoxia del flamenco echando chispas en público. Ahí, y con el recuerdo presente de La Edad de Oro, Plastic o FM2, la música vuelve a ser tratada con dignidad. Y la tele pública recuerda su papel. Esperemos que la próxima temporada (el pasado domingo concluyó la tercera) se cumpla el deseo de muchos de sus fieles: que en vez de media hora, dure una.