La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Entradas para la categoría ‘General’

The Cynics: “Odiábamos el techno-pop y cualquier cosa sin guitarras”

Martes, septiembre 18th, 2012

Con motivo de los conciertos gallegos que The Cynics ofrecen estos días en Galicia los hemos requerido para una entrevista en La Voz. En principio esta se iba a publicar en el Fugas del pasado viernes, pero resultó imposible contactar antes con la banda antes del cierre del suplemento. Ahora recuperamos en Retroalimentación las palabras de Gregg Kostelich como aperitivo de los dos bolos que les quedan.

«Nosotros odiábamos el techno pop y cualquier cosa sin guitarras». Habla Gregg Kostelich. En 1983 fundó en Pittsburgh The Cynics con su compinche Michael Kastelic. Ambos manejaban un sencillo plan:«Ibamos a hacer la música que nos gustase, si a alguien le importaba bien, y si no también», recuerda. Sin saberlo, estaban prendiendo otra mecha más de un fenómeno, el revival garagero, cuya onda expansiva alcanzaría a cientos de clubes y garitos de medio mundo. «Se trataba de luchar contra lo establecido, no como ahora que, la verdad no veo rebelión ante nada», añade el músico que es una leyenda vida del rock underground. Sí, la cosa nunca fue más allá de la oscuridad y los delibelios en la cara. Estos días lo están demostrando en Galicia, dentro de una pequeña gira. Ayer estuvieron en Ourense. Hoy toca parada en A Coruña. Mañana, Santiago. ¿El motivo? La presentación de su último trabajo, el notable “Spinnin Wheel Motel”. Y algo más: demostrar que sus alaridos todavía son capaces de perturbar y emocionar como antes.

No vale quedarse en casa y escucharlos en el Spotify. Esto es otra cosa. Hay que sudar, vibrar y sentir la electricidad en el cuerpo. «Ahora los chicos ven vídeos en Youtube antes de ir a los conciertos y puede que haya quien piense que con eso llega», reflexiona Kastelic un tanto descolocado en el nuevo mundo digital. «Yo lo que le puedo prometer a la gente que vaya a venir a vernos es van a ver a una de las mejores bandas de rock n´roll en vivo, un grupo que trabaja duro para al día siguiente sonar aún mejor», continúa ufano. No lo pudieron hacer anoche en el clausurado Rock Club, el garito ourensano al que le dedicaron la canción homónima en su últimos disco. «Michael se inspiró en sus vivencias allí para hacer ese tema. Es triste que no sigan y que ahora tenga otra orientación musical, pero bueno, por lo menos no es una oficina del estado, una inmobiliaria o una cadena de supermercados». Quizá, en sus visitas a la ciudad de las Burgas fue donde degustaron eso que denominan fish-pie y que debe ser empanada. Les gustó. Tanto que no se olvidan de citarlo en la entrevista.

Pero no nos engañemos. Pese a que vengan con nuevo disco bajo el brazo, la mayoría de los seguidores de The Cynics miran a un glorioso pasado. Especialmente a un álbum: Rock n’ Roll (1989). Para muchos se trata del mejor trabajo del revival garage 80’s. Y no solo sigue irradiando magia a sus fans. También al grupo. «Llevaba tiempo sin escucharlo, pero cuando hicimos la gira de verano lo revisamos -señala Gregg-. Escogimos varias canciones para sentirlas otra vez en vivo. Ese trabajo es más fuerte y creo que está por encima de todos nuestros otros discos». ¿Por qué? ¿Cómo se logró en su día esa mezcla de garra, melodía y fuerza tan abrasadora? Greg confiesa que les pudo el amor propio y la aspiración de ser los mejores de la clase: «Lo tengo que admitir, estábamos muy cabreados entonces. Queríamos formar una gran banda, pero éramos claramente inferiores a los Lyres o los Chesterfield Kings. Ese disco fue algo así como decirles en la cara: “Joderos. Somos los mejores”. Realmente, aquella era una buena competición, no había nada malo contra las otras bandas, solo la aspiración de progresar. Yo no veo que ese clima continúe ahora. La música es solo bla bla bla, ruido de fondo, sin mensajes en las letras».

¿Y cómo se llevan con todos aquellos grupos después de tantos años? «Actualmente tengo incluso más contacto con Greg de los Chesterfield Kings que antes. Y también con The Fleshtones, que siempre han sido unos tipos fantásticos. Los Lyres y los Fuzztones andan juntos desde hace un año, pero no tenemos tanta conexión como en los ochenta». Las palabras de Gregg Kostelich suenan, definitivamente, a otra era, a la de una generación que quiso rescatar la esencia del rock crudo para encontrar ahí su propia salvación. ¿Ve quizá algún paralelismo entre aquello y lo que hoy en día son The Hives o fueron, hace poco, White Stripes para los chicos de hoy en día?« Buff, no lo sé.The Hives están bien. Escuché el primer disco de los White Stripes, pero luego no continué con los siguientes. Lo mismo me ocurre con los Black Keys. Me gusta el sonido, entiendo por dónde van, pero no me llenan totalmente. Gene Clark, The Byrds, The Ducth Outsiders, Q65, Blues Magoos sí que me llenan. Discos como el Who Sell Out de The Who o el Something Else de The Kinks, algunos de los Stones, de los Beatles, los Beach Boys o Bob Dylan esos son los que me llenan. Por cierto, escuché un tema del nuevo de Dylan antes de salir de EE.UU. Me sentí muy feliz por él, porque suena muy bien».

El músico admite que siempre se vio a sí mismo como «el hermano mayor o el padre de The Cynics». Últimamente, con las nuevas incorporaciones en la banda (el batería Pablo González Pibli y el bajista Angel Kaplan, ambos de Doctor Explosión), empieza a sentirse «el abuelo del grupo». En esa tesitura el futuro de la banda resulta incierto. Pero tan incierto como las últimas tres décadas. «Hoy me preguntaba si este será este nuestro último tour. Llevo llevo diciendo esto, desde que sacamos 12 Flights Up -admite-. Nosotros simplemente somos tan buenos como lo será nuestro siguiente disco. Sin las canciones no tenemos futuro. Hasta ese momento no me preocupo, como un auténtico cínico. Solo deseo sentirme creativo otra vez. A lo mejor todo depende de los políticos. Puede que Michael y yo nos cabreemos y hagamos un nuevo elepé de garage-punk sobre eso».

Imagen de previsualización de YouTubeFragmento de una actuación del grupo el verano pasado en Valencia

Ulrica se ven obligados a suspender su concierto dentro del ciclo de este blog

Lunes, septiembre 17th, 2012

Ulrica no podrán tocar el próximo sábado en la sala Le Club, tal y como estaba previsto. El que iba a ser el concierto inaugural del ciclo Los conciertos de Retroalimentación se suspende debido a un problema de salud de uno de sus componentes. El cantante y guitarrista del trío, Pedro Granell, se ha lesionado un brazo el pasado fin de semana. Aunque en todo momento la banda se ha ofrecido a tocar igualmente, con el guitarrista de apoyo que los acompaña en vivo asumiendo el papel principal, reconocen que eso no sería mostrar el proyecto al 100% de sus posibilidades. Por ese motivo, tanto ellos, como Argonauta Producciones y yo hemos decidido suspender el recital, a la espera de que se pueda realizar en los próximos meses. Consideramos que el grupo merece poderse mostrar en toda su plenitud y el público asistente verlo en perfectas condiciones.

Deseamos desde aquí una pronta recuperación a Pedro y pedimos disculpas a quienes ya habían reservado la noche del sábado y ahora se le pueden trastocar los planes. Sabemos que ya se había creado expectación respecto a este primer capítulo de Los conciertos de Retroalimentación y esperamos que, pese a este inconveniente, esta no decaiga. La inauguración del ciclo será por tanto el próximo 19 de octubre con Unicornibot. Os esperamos. Gracias por estar ahí.

Telephones Rouges se suma a Los conciertos de Retroalimentación

Miércoles, septiembre 5th, 2012

Mmmmmmmmmmmmm…Buena noticia. El tercer recital del ciclo Los conciertos de Retroalimentación será doble. Sí, además del nombre ya anunciado en su día, Lendrone, se suma ahora Telephones Rouges. Muchos los conoceréis. De hecho, el cuarteto de O Grove actuó en la primera fiesta de aniversario de este blog con notable éxito. Los que asistieron sabrán de sobra cómo se las gasta esta célula roquero-ruidosa, que igual tira de Link Wray como de Sonic Youth y logra sobre el escenario una energía absolutamente contagiosa.

Llegarán, por tanto, junto a Lendrone el sábado 24 de noviembre a la sala Le Club de A Coruña, presentando disco y enriquecerán un cartel que pretende poner a disposición del público una buena parte de esos diamantes soterrados en la escena musical gallega. El resto de los nombres son Ulrica (22 septiembre), Unicornibot (19 octubre) y Nadadora (28 diciembre). Más información sobre el ciclo aquí .

Además, tal y como se puede ver a la izquierda de estas líneas, aprovechamos para presentar el cartel genérico del ciclo. Pincha sobre él para verlo más grande.

Imagen de previsualización de YouTubeVideoclip de “Helio” de Telephones Rouges

Los conciertos de Retroalimentación

Lunes, agosto 20th, 2012

Bajo el nombre de Los conciertos de Retroalimentación se engloban una serie de actuaciones en las que este blog, en colaboración con Argonauta Producciones, pretende subir al escenario de la sala Le Club de A Coruña a algunos de los grupos más interesantes que pululan por la Galicia musical ahora mismo. Sí, porque en Retroalimentación se piensa -con la mano en el corazón y con este muy, pero que muy emocionado- que vivimos una época dorada, donde muchas de las mejores cosas que están ocurriendo en España se ubican precisamente aquí. Y no, no se trata de una concesión para hacer patria. Tampoco de inventar una pseudoescena fantasma con lo que queda más a mano. Hay motivos, muchos motivos.

Cuatro de ellos se podrían ver en directo a razón de un concierto por mes. Son los siguientes.

ULRICA (SUSPENDIDO HASTA NUEVA FECHA).Tras ese nombre sacado del título de un relato de Borges figuran tres de los mayores talentos de la música de A Coruña. Uno, muy conocido, es Pedro Granell (ex Eskizos, ex Kozmic Muffin). Los otros dos, no tanto, aunque deberían. Y es que Iago Alvite y Samuel Pérez, aparte de otros, militaron en Diluyana, una de las bandas más imaginativas y personales que existieron en los noventa coruñeses, de los que tristemente no ha quedado ningún documento. Ahora se han fundido en un proyecto que igual tira hacia el pop acústico y aterciopelado, como a los desarrollos progresivos. Preparan su primer álbum, pero ya están listos para ser saboreados en directo. Escucha su demo aquí.

UNICORNIBOT (viernes 19 de octubre, entrada 5 euros). Se autodefinen como “los cuatro jinetes del mathrockapocalipsis” y han entregado en marzo pasado uno de los discos del año. Se trata de Dalle, un trabajo que ha contado con el refrendo unánime de una crítica que lo ha situado en algún lugar entre Shellac, Don Caballero y Fugazi. Dejando las voces fuera y apostando por un discurso totalmente instrumental, desde Pontevedra dibujan música angulosa, intrincada e imprevisible cuyo directo -intenso, lúdico, expansivo- abre bocas allá a donde va. En Le Club volverá a ocurrir lo mismo. Seguro. Escucha su disco aquí.

LENDRONE (sábado 24 de noviembre, entrada 5 euros / 10 con disco). Fueron, junto a Fantasmage, protagonistas del cuatro aniversario de este blog el pasado mes de abril y allí demostraron su capacidad para crear ambientes, sostenerlos en el aire y luego destrozarlos por completo en desarrollos sorprendentes. Hermanos artísticos de Unicornibot, también se pirran por Shellac y Battles y están punto de editar Uno, el primer trabajo de una carrera que esperemos que dure mucho tiempo. Su actuación dentro de Los conciertos de Retroalimentación supondrá la presentación oficial en la ciudad de ese plástico que se podrá adquirir con la entrada a precio muy especial. Escucha un adelanto de su disco aquí.

NADADORA (viernes 28 de diciembre, entrada 5 euros / 10 con disco). Un clásico ya de la escena indie gallega, que en el 2010 grabó su mejor álbum, Luz, oscuridad, luz, con Fino Oyonarte a los controles. Se trata de la perfecta síntesis entre la sensibilidad melódica y el ruido pop que la banda de O Grove persiguió en su primera etapa. Al final, la logró haciendo una especie de borrón y cuenta nueva, volviendo a los días en los que Slowdive, My Bloody Valentine o Yo La tengo flotaban en el ambiente y dejando para la eternidad joyas como Una nueva vida o Deshazte de mí. Aunque no tengan material nuevo, volverlos a tener por aquí siempre es un placer.

El gran disco de Serge Gainsbourg

Viernes, mayo 18th, 2012

Grabado en 1971, el mítico «Historie de Melody Nelson» revivió hace unos meses gracias una cuidada reedición que incluye tomas alternativas

En Serge Gainsbourg se encuentra un ejemplo perfecto de lo que muchas mujeres definen como hombre interesante. Feo, narigudo y con orejas de soplillo, mostraba, siempre arrogante, su aspecto desgarbado. En principio, todo se encaminaba hacia el rechazo. Pero, sin embargo, ese cóctel lo convirtió en uno de los hombres más deseados de los setenta. Sus brazos rodearon a algunas de las féminas más bellas de su época, como Brigitte Bardot, Juliette Greco o Jane Birkin. Y sus composiciones lo acercaron a las igualmente hermosas Catherine Deneuve, Françoise Hardy o Petula Clark. Unas físicamente, otras en lo artístico, algunas en los dos frentes, todas claudicaron ante el atractivo de un artista que había desatado todas las alarmas en 1969 con una canción: Je t’aime… moi non plus.

Ese single fue la banda sonora de los nuevos aires de libertad sexual que se habían destapado en la segunda mitad de los sesenta. Más allá de metáforas escondidas o sutilezas, el compositor francés lo llenó de versos explícitos y lo adornó, aún más explícitamente, con los gemidos de Jane Birkin, su pareja de entonces y madre de su hija, Charlotte Gainsbourg. El escándalo fue monumental y el tema se prohibió en varios países. La polémica sirvió para triplicar su impacto y alzar a Gainsbourg, que ya había triunfado con sus canciones para France Gall o Brigitte Bardot, a la eternidad.

Además, Gainsbourg evidenciaba algo que iba a trastocar la moralidad pública. Tal y como habían demostrado antes Mick Jagger o Jim Morrison, una buena parte del público femenino buscaba algo muy diferente que el cantante guapo y romántico que se les había vendido en los primeros sesenta. Pero Gainsbourg fue mucho más allá de abrir el tarro de las pulsiones sexuales de una generación con Historie de Melody Nelson, su gran obra maestra.

Reeditada a todo lujo, continúa en el 2012 planteando el mismo debate. Se trata de un álbum conceptual, sombrío y viciado, sobre el romance de un hombre de 40 años con una adolescente de 15. Eso, en la ficción, ajustándose a la historia de Lolita de Vladimir Nabokov que tanto había fascinado a Gainsbourg. La realidad resultaba menos problemática: tras el personaje de Melody Nelson se ocultaba Jane Birkin, que entonces rondaba los 25 y, ejerciendo de pura marioneta en manos de su amante, se aniñó a su gusto.

Por lo visto, nada ha cambiado. En el deuvedé que acompaña la reedición Gainsbourg confiirma esa su fascinación enfermiza por Humbert Humbert (el protagonista del libro) descartando a Lolita («una niña boba», dice). Jane Birkin, lejos de enojarse al verse en ese papel, admite que sí, que entonces ella bien podía ajustarse a esa definición. «Descubrí Lolita y me quedé impresionado. Pienso que es uno de los libros más hermosos de este siglo», explica Serge Gainsbourg en el documental. De hecho, intentó en balde musicar los textos que Nabokov escribió en francés y tuvo que trenzar su propia trama de decadencia y perversión.

En esta Gainsbarre, el álter ego del músico circula en un Rolls Royce y accidentalmente atropella a una jovencita que circulaba en bicicleta. Al salir del coche, la ve en el suelo. De ese encuentro surge una amoral historia de amor, con declaraciones apasionadas («eres la condición sin la cual no existe mi razón», dice en Ballade de Melody Nelson) y un final trágico: la muerte de la muchacha en accidente de aviación. No hicieron falta todas las páginas de Nabokov. Él lo resolvió en apenas media hora.

Arquitectura sonora de lujo
Considerado como «el primer poema sinfónico de la era pop» Historie de Melody Nelson supuso todo un hallazgo estético. Recogiendo el método de álbumes conceptuales como el Tommy de The Who, Gainsbourg introdujo en él sus ingredientes particulares y creó un personalísimo híbrido de chanson, valses, rock progresivo y funk. Los suntuosos arreglos orquestales de Jean Claude Vannier terminarían por hacerlo inmortal.

La primera fase se grabó en Londres. Se trata de un colchón denso y sensual, de bajos amplísimos y guitarra crepitante sobre el que se desliza el verbo impertérrito del cantante. La segunda etapa se resolvió en París derrochando una elegancia e imaginación que aún hoy es una de las plantillas maestras del pop orquestado. Sin este disco, por ejemplo, los Tindersticks no habrían existido nunca. O serían una banda totalmente diferente.

En su día, sin embargo, fracasó comercialmente, despachando apenas 15.000 copias. Fueron los años los que le darían la condición de una obra maestra que ahora esta revisión confirma. Un cedé a mayores de tomas alternativas y un documental en deuvedé (en francés y con subtítulos solo en inglés) completan la edición.

The Phantom Keys, atrapados en el tiempo

Martes, mayo 1st, 2012


La historia de The Phantom Keys es la historia de una obsesión, la de unos chavales de O Grove (Pontevedra) que se enamoraron perdidamente de los sonidos de ryhtm n’ blues y garage de los sesenta. «Aquello sonaba fresco y diferente a lo que podías escuchar en las radios y en los garitos y nos enganchamos totalmente», recuerda Roi Fontoira, uno de los protagonistas originales de la aventura. Corría 2005, tenía apenas 15 años y la idea clara de que su postura de fan no se iba a limitar a escuchar esa música en su habitación adolescente. No, él extraería la esencia de ese sonido pretérito, lo pasaría por su visión y lo expulsaría sobre un escenario con su propia banda.

Todo ello ocurría mientras la radio escupía los singles de Kylie Minogue, Muse o La Oreja de Van Gogh. ¿Perseguía quizá con esa obesión un ideal de autenticidad perdida? «No, que va, no era cuestión de eso. Hay música actual que no está en mi discoteca, pero que seguro que le suena verdadera a otra gente que la escucha. Es mucho más sencillo que todo eso. De pronto, algo te llega, indagas en ello, profundizas y te acabas metiendo en el ajo casi involuntariamente».

Ese chispazo lo encontraron en los primeros álbumes de The Rolling Stones, pero también en los de Pretty Things, Them, Chocolate Watch Band, The Standells o los míticos recopilatorios Nuggets o Pebbles. Y lo trasladaron a algo tan insólito como una banda de revival garagero domiciliada en el corazón de las Rías Baixas. «Puede parecer insólito aquí, pero en Inglaterra esa es la música popular, es como aquí Rocío Dúrcal, lo más normal y cotidiano del mundo», reflexiona.

La exploración en las raíces de esta etapa seminal del pop continúa. «Ahora escucho mucho jazz y blues. Pero sobre todo me fijo en las influencias de estas bandas de r&b que nos han marcado, que son fundamentalmente música negra», detalla Roi. Se hace necesaria una precisión. Cuando el músico habla de r&b nada tiene que ver con el mismo término que hoy en día se emplea para referirse a Rihanna o Beyoncé. «La verdad es que creo que deberían acuñar otro para no despistar a gente. Porque poner, por un lado, a Slim Harpo y por otro a Beyoncé bajo el mismo concepto tienen que descolocar a cualquiera. Los historiadores de la música, si los hay, le tienen que poner orden a esto. !Por Dios!», dice entre risas.

Esta erudición musical aplicada a su propia formación la han llevado por media Europa: «Hemos tocado en Italia, Inglaterra, Holanda, Francia y Portugal»¿Y cómo logra una proyección así una banda tan pequeña? «Por el boca a boca dentro del circuito de música sixties, que es donde más se ha movido lo nuestro. De todos modos, no queremos cerrarnos solo a eso e ir a otras escenas siempre que podamos. De hecho, ya hemos tocado en algún evento de corte indie».

Reivindicación del origen del r&b
Roi (guitarra), Nacho Hermina (bajo), Alberto Chao (batería), Manu Alfonso (guitarra) y Marcos Mascato (voz) no engañan a nadie. Tampoco lo pretenden. Desde la cubierta exponen al oyente claramente lo que se va a encontrar. Botines chelsea, chaquetas de tres botones, pantalones hipsters y gorras de época. Todo muy sesentero, muy británico, muy, en definitiva, de otra época. Y aunque ellos aseguren que se encuentran muy bien en la Galicia del 2012, todo remite a un apasionado aroma a fans rescatando el inalcanzable espíritu de una era dorada.

Con The Real Sounds of… la banda de O Grove da el salto al elepé, tras el aprendizaje previo en singles. Para lograr el sonido deseado han recurrido a Mike Mariconda, quien les ha proporcionado un delicioso acabado vintage desde el primer al último tema. El oyente asistirá a un festín de guitarras crudas, que igual remiten a iconos del pop inglés de los primeros sesenta como Rolling Stones o Pretty Things, como lo hacen a bandas holandesas tipo The Outsiders o Q65. Liberados de la estrechez del sencillo, The Phantom Keys aprovechan para ir más allá en el registro y sorprenden en el tramo final. Ahí está I Was True, baladón soulero al estilo de Them que cierra un disco que pide sitio entre los aficionados del género.

Lori Meyers deslumbran en el Festival do Norte

Domingo, abril 29th, 2012

Este año solo he podido ir a la segunda jornada de un Festival do Norte que celebraba su 11ª edición. Pese a la ausencia de nombres internacionales, demostró una vez más su poder de convocatoria. Gran ambiente en un día en el que brilló, por encima de todo, el pop de Lori Meyers.

Festival do Norte (2º jornada)
Vilagarcía de Arousa, Fexdega 28-5-2012

Lori Meyers lo tienen. Tienen eso que hace que pasen de ser un simple grupo a escribir la BSO de la vida de cientos de personas. Sus canciones proporcionan bienestar en el corazón y calor en las mejillas. Se trata de pequeñas pildoritas musicales que versan sobre ese capricho llamado amor, transformadas desde su sencillez en himnos y elevadas a un estatus que pocos, poquísimos grupos en España han alcanzado. Si a finales de los ochenta fueron Los Flechazos los que nos hicieron sentir súper héroes mods y en los noventa Los Planetas nos convirtieron en protagonistas de una película llamada vida, en los dosmiles Lori Meyers se revelaron como los maestros del estrofa-estribillo-estrofa con efecto de eternidad. Cientos de álbumes de fotos digitales los tendrán a ellos sonando en el futuro, despertando la nostalgia de aquello que fue, que no volverá, pero que resulta maravilloso recordar.

Su actuación ayer en el Festival do Norte fue sencillamente memorable. No importó el sonido, algo apelotonado. Tampoco que se dejasen en el tintero maravillas como L.A. El grupo engatusó desde el primer acorde. Este correspondió a Nuevos tiempos. Abrió el tarro de la euforia, colocó las barbillas prominentes y guió a esas gargantas que escupían versos como “Ahora vienen nuevos tiempos, el amor está en el aire, es momento de escribirle y con más pasión que antes”. Sí, el pop desplegando todas sus armas: melodías irresistibles, letras-sencillas-pero-que-calan y electricidad llevándolo todo a un más allá de ceremonia, de comunión, de estamos-aquí-mejor-que-en-ninguna-parte.

Aunque los que vivieron en sus carnes a Los Flechazos o los primeros Planetas, sigan viendo a Lori Meyers como el talentoso hermano pequeño de un amigo, los granadinos demostraron en el escenario haber crecido muchísimo. Y poseer un repertorio de hits lo suficientemente amplio como para tener a la gente una hora y pico comiendo de su mano y haciendo del hecho de conocerse una fiesta multitudinaria. Cayeron joyas a pares. Algunas explotando en el público como granadas pop (Mi realidad, Alta fidelidad). Otras emergiendo como una pura caricia (Luciérnagas y mariposas, Sus zapatos). Pero todas dejaron a la chavalada embobada. Y afónica.

Se cantó mucho en la carpa grande el Festival do Norte. Y se botó, alzando los brazos al aire, conjurando una atmósfera embriagadora. En el lateral del escenario, miraba al público Carlos Mariño, el mánager gallego del grupo. Mientras, Noni, el cantante, se quedaba sin camisa (y casi sin pantalones) ante las fans enloquecidas, su gesto delataba la satisfacción de tener algo grande, muy grande, entre manos. Sonaba Luces de neón. Entre “parapapapá”, “tendría que reconocer que o llevo razón” y trallazos de batería aquello se venía abajo. Final. Y sí, ya está. La sonrisa, de oreja a oreja, petrificada. Al menos, hasta el día siguiente.

No fueron los únicos Lori Meyers, aunque sí los más importantes. Disco Las Palmeras abrieron la tarde, pero los problemas surgidos en la AP-9 hicieron que muchos de los que venían en coche del norte se quedasen sin su actuación. Apenas dio tiempo a ver algo de Los Pilotos, la nave dirigida por Banin y Florent de Los Planetas dedicada a explorar el rock electrónico espacial. Se acompañaron de un batería y sonaron graníticos, mejor que en disco, pero quizá a una hora demasiado temprana para su propuesta, y más en un escenario pequeño que aguardaba a las Nancys Rubias. Ver a varios fans de estos, bailando el kraut rock de Los Pilotos en plan nos-vamos-de-fiesta-a-Ibiza, reflejaba perfectamente el estado de ánimo.

Las Nancys dejaron en minúsculo el escenario pequeño. Cazando al vuelo alguna de sus letras, se escuchaban cosas del estilo “Somos las Nancys Rubias y hacemos playback” o “somos un derroche de actitud” que se correspondían perfectamente con lo que hacían en el escenario: el fraude expuesto con toda transparencia. Así que fingieron que tocaban esas canciones medio Ramones-medio Sigue Sigue Sputnik y encantaron a los cientos de personas que transmitían la sensación de ir al festival solo para ver en el escenario a los protagonistas del reality de la MTV. Horas después su esposa, Alaska, cerraba los conciertos repasando clásicos de los ochenta (y de décadas posteriores) dentro de un formato cabaretero lleno de vedettes, plumas y, !sorpresa!, la stripper Susana Reche.

Mucho antes, Pollock habían inaugurado los pases del escenario grande son su pop-requeteinfluenciado por Phoneix y, luego, El Columpio Asesino cumplían con solvencia su papel de discípulos del rock pixiano sección oscura. Como era de esperar, Toro se cantó como el himno que es y los más mayores del lugar certificaron que eso sigue siendo todo un milagro. Las carpas de baile acogieron a los dj’s Sandra Dinamita y Hangtheguille. La primera pinchó muchas piezas cincuenteras. El segundo, pop indie. Dicen que muy bien ambos. Un servidor llevaba ya entonces unas cuantas horas de sueño, borracho de pop y con una certeza: en el 2013 hay que repetir.

Paul Weller, por encima de lo extraño y lo convencional

Jueves, abril 26th, 2012

La excepcional acogida que ha brindado la prensa y el público indie a “Sonic Kicks”, el último disco de Paul Weller, lleva a trazar una reflexión sobre la sustancia de los discos, su envoltorio y la importancia de adjetivos como experimental o conservador

En los noventa aún existía fe en el futuro de la música pop. Muchos rechazaban el revival de plano. Entonces se criticaba (a veces, con toda la razón el mundo) que en las escenas retro se solía valorar a los artistas solo por el estilo que ejecutan. Es decir, todo gravitaba en torno a que el músico se adscribiese a los postulados de un género determinado, fuera este surf instrumental, r&b, garage-punk o rockabilly. De la calidad del material, ya se hablaría (y, por lo general, con el listón por los suelos). Al lado de eso estaba el brit-pop, apadrinado por Paul Weller e invocando claramente a los gloriosos años sesenta ingleses. Lo mismo pero con barniz de actualidad, opinaban una parte de la crítica y el público entonces. Eso sí, haciendo todo tipo de excepciones ante la contagiosa euforia que generaban los himnos de Oasis, Blur o Suede. Y olvidando, quizá, que en Weller hay un autor que, al igual que Bob Dylan, Pj Harvey o Elvis Costello, va mucho más allá de una corriente.

Se suponía que en el mundo indie, el de verdad, el de la cuerda floja, la cosa iba por otros derroteros. Se valoraba el riesgo, la experimentación y los triples saltos mortales. Todo para visualizar el rock del siglo XXI, que un día llegaba en forma de trip-hop, otro en modo post-rock y al tercero tiraba la toalla, declarando su muerte en favor del intelligent techno. Tanto daba que, en muchas ocasiones, se hiciera trampa y que, bajo la apariencia de un avance real, se producían hurtos del artista de grupos pretéritos semi olvidados con un mínimo toque personal. Vamos, que se trataba de algo similar al denostado brit-pop, solo que mucho menos sincero y con ínfulas visionarias.

La cuestión es que esas líneas genéticas selectas que apuntaban a grupos raros (Can, Silver Apples, Suicide, Nick Drake, Brian Eno, Kraftwerk, United States Of America, Neu!…) ya no generan, hoy en día, la misma extrañeza. Son moneda de cambio habitual entre los aficionados más o menos interesados, pero la sensación de “ohhhhhhhhhhh!” continúa vigente. Si un músico apunta ahí, enrareciendo un poco al discurso metiéndole un ritmo motorik, llegan los aplausos. Si apunta a otros parámetros más “normales”, dibujando por ejemplo pulcras melodías a lo Credence Clearwater Revival, los bostezos. Le ocurrió a Wilco, que habían pasado bastante desapercibidos para el universo Primavera Sound hasta maravillar al personal con las dobleces de Yankee Hotel Foxtrot (2002) y A Ghost Is Born (2004). Sin embargo, resulta difícil afirmar que estos trabajos resulten mejores que Being There (1996) o Summerteeth (1999). Se muestran, sí, más insólitos al oído pop convencional… pero ¿superiores? ¿Y se supone que por ello se debe dejar a un lado un disco como Sky Blue Sky (2007) por tirarse al sonido soft-rock?

Algo similar ocurre actualmente con Paul Weller. Se le quiere y se le adora. Lógico, lleva unos años tremendos, caminando por la línea del notable y, en ocasiones, llegando al sobresaliente. Pero cuidado, eso ya ocurría antes de que descubriera el kraut-rock con el apreciable Sonik Kicks (2012) o que ofreciese el magistral discurso posmoderno de Wake Up Nation (2011). Si acudimos a su pasado reciente, ahí está As Is Now (2005), mucho menos atractivo en su formulación teórica para según que crítica (rock con ramalazo soulero y algo de folk), pero realmente tremendo en su corazón musical. Cualquier fan de Animal Collective que se tire a él sin prejuicios se topará con un álbum espléndido sin un solo segundo de relleno y, !sorpresa!, mucho más sólido que el recientemente laureado Sonik Kicks.

Todo ello nos lleva a pensar que, años después, todo sigue igual. Dependiendo el hilo del que se tire, se logrará un aplauso u otro. Así, desde esa óptica, en los noventa The Black Crowes eran un grupo retrógrado y deleznable por inspirarse en las bandas de rock sureño; Teenage Fanclub resultaban para muchos los más frescos del barrio por hacer lo mismo fotografiando los pentagramas de The Byrds; y Stereolab, el no va más por tirar de la rítmica Neu! y fundirla con lounge. En realidad los tres eran grandes grupos que elaboraban grandísimas canciones y grandísimos discos. Igual que los que venía haciendo Weller hasta ahora, punto en el que está demostrando, para quien no lo supiese ya, ser un autor total. El ex líder de The Jam y Style Council logra integrar todo tipo de influencias al tronco principal de su obra: esa personalidad de fan, recia y honesta, que muestra las costuras sin ocultarse. Sabe que, al final, lo suyo resulta único. Y en momentos de crisis de ideas, como el actual, imprescindible.

No queda ninguna duda de que Sonic Kicks se trata de un disco estimulante, panorámico y colorista. Que arranca con un Green explosivo que promete subidas y bajadas efectistas, pero que realmente llega al corazón en su lado más pop. Ahí, en el aeroplano melódico de The Attic, la ambrosia musical de That Dangerous Age y la maravillosa caricia psicodélica de When Your Garden’s Overgound es donde Weller desarma por completo. En lo otro, en el lado “experimental”, cosecha luces y sombras, dando menos de lo que inicialmente promete. Canciones algo agarrotadas como Kling I Klang y pasajes instrumentales totalmente prescindibles como Sleep Of The Serene van de la mano del el rock-con-efectos-espaciales de Arround The Lake o el sonido cuasi sinfónico de Drifters.

Todo ello, sitúa el álbum en la lista de los recomendables de la temporada. Pero no llega a cumbres de su pasado más heterodoxo -22 Dreams (2008), Wake Up Nation (2011)- ni tampoco del supuestamente conservador -Wild Wood(1993), Illumination (2002), As Is Now (2005)-. Ahí descansan verdaderos tesoros pero, eso sí, hay que dejar los dogmas en el bolsillo para poder disfrutar de ellos en toda su plenitud. Y lo dice uno que menospreció a Weller en el pasado, un artista por encima de lo extraño y lo convencional. Sonik Kicks lo vuelve a demostrar. Pero también deja claro ciertas inercias del público y la crítica que piden una urgente revisión.

Imagen de previsualización de YouTube“When Your Garden’s Overgound”, una de las grandes maravillas de “Sonic Kicks”

El cumpleaños que celebra un momento único

Sábado, abril 14th, 2012

De oreja a oreja. Así teníamos ayer la sonrisa todos los implicados en la fiesta de aniversario de este blog. Fue una gran noche, con dos bandas demostrando sobre las tablas que aún tienen mejor futuro que presente. Y una audiencia, encantada, testigo de un momento único en la música independiente hecha en Galicia. Fueron Lendrone y Fantasmage, pero podían haber sido otros. Sí, hoy hay muuuuucho donde elegir. Al final del concierto, en un corrillo de críticos musicales se planteó la siguiente afirmación: “Actualmente hay en Galicia, dentro del indie, al menos 10 bandas de nivel”. Uno retó al otro a que las enumerase. Tras hacerlo e ir ya por la 12, subió la apuesta: “Hay, al menos, 15”. Y luego dejó la pregunta en el aire: ¿Conocéis 15 bandas catalanas, andaluzas o asturianas que molen a ese nivel?

Patrioterismos al margen, en Le Club se ofició una demostración práctica de esa excitante realidad. Primero con Lendrone, que envolvieron en humo sonoro a la audiencia a modo de enredador saludo. Su concierto fue sensacional, con largos instrumentales preñados de psicodelia densa, math-rock anguloso y atmósferas adictivas. Mil veces mejor que en la demo que tuvieron colgada en su bandcamp en los meses previos, el trío elevó su propuesta y se mostró como un proyecto de largo recorrido. Finalizaron a gritos, como queriendo decir: “Aquí estamos y hemos entrado en los oídos de todos vosotros”. El epé que tienen previsto editar en verano será uno de los lanzamientos de la temporada.

Y Fantasmage, ojo con Fantasmage. No se puede tener como referencia el (notable) disco que sale el 18 de este mes para Discos Humeantes y que se pudo escuchar en la web de Rockdelux. Resulta tan solo un pálido reflejo de lo que Andrés y Nico son capaces de hacer en el escenario. Imagínense a Parálisis Permanente mezclados con aquellos grupos de garage que salían en los recopilatorios Pebbles tipo The Outsiders. Pues algo parecido a ello, a tope de volumen, energía e intensidad, es lo que ofrece esta apasionante formación. Ayer hizo vibrar, sudar y, al final, loquear. En breve empezarán a tocar por toda España y reventarán el club de fans. Esta vez no ocurrirá lo que aconteció con Indómitos, la ex banda de Nico, que apenas cuatro gatos se enteraron de su existencia. Esta vez, arrasarán

Era este ya el tercer año que este blog soplaba sus velas de esta manera (en el pasado fueron Franc3s, Telephones Rouges, Mano de Obra y Srasrsra los protagonistas). Y, mientras se reserva plaza para repetir la jugada en abril del 2013, se masculla de fondo un nuevo proyecto ligado a la música en directo. Todavía se está perfilando. En los próximos meses se desvelará, pero seguro que gustará a todos los que ayer convirtieron un simple concierto en una toda celebración de un momento mágico. Mil millones de gracias y hasta la próxima.

Imagen de previsualización de YouTubeUn momento de la actuación de Fantasmage tocando “Huesos”

Versos justicieros y sonidos de taberna

Domingo, abril 8th, 2012

Vuelve el Jefe. Y vuelve apuntando con su dedo a todas las injusticias sociales. Wrecking Ball, su nuevo disco, contiene guitarrazos y versos para una buena parte de las penurias de este momento. Los gobiernos que dejan de lado a sus ciudadanos, las personas que guardan la moral en el mismo bolsillo que el dinero, las ciudades sepultadas en nombre del supuesto progreso y los ejércitos de magnates que las arrasan cuando los cimientos de estas tambalean.

Para todos hay canciones. A todos se dirige el músculo justiciero de Bruce Springsteen. Y muchas de ellas terminarán siendo parte de la liturgia de sus fans, cuando toque interpretarlas en directo. Luego, los precios de sus entradas (74 euros en Santiago, en el 2010), servirán para disuadir de sus conciertos a muchos de esos currantes que giran en los círculos de la nada. A ellos se dirige ahora en Jack Of All Trades. «Cortaré tu césped, limpiaré de hojas el desagüe / arreglaré tu tejado para evitar la lluvia / Tomaré el trabajo que Dios provea / Soy aprendiz de todo, cariño, estaremos bien», dice en ella.

Eso forma parte de las contradicciones de Springsteen. Solo él es capaz de levantar más de un millón de euros en una sola jornada de trabajo cantándoles a los oprimidos, poner la piel de gallina a 40.000 personas y, durante dos o tres horas, pasear sobre lo divino y lo humano con un discurso que se recibe como si se tratase de la verdad absoluta. Wrecking Ball contiene munición fresca para esa guerra.

Heredero, en cierto modo, del espíritu de We Shall Overcome, The Peter Seeger Sessions (2006), su nuevo trabajo se puede considerar, en esencia, un álbum de folk. Sí, hay rock de bíceps contraídos y épica ardiente marca de la casa (la patriótica We Take Care Of Our Town), alguna sorprendente pincelada tex-mex (el acertado final de la mentada Jack Of All Trades) e incluso un coqueteo con el terciopelo del R&B negro actual (Rocky Ground, que ha despertado recelos). Pero si se trata de encontrar un nexo, hay que buscarlo en ese jubiloso modo de evaporar las penas dentro de una canción, el que Springsteen heredó de sus ancestros.

Easy Money es la primera muestra clara. Melodía en vaivén, violines brillantes, palmas ceremoniosas y coros de góspel al servicio de una pieza que apunta a los desalmados que surgen en la crisis económica. «Nos vamos a la ciudad ahora, en busca del dinero fácil», canta el Boss. Más poético se muestra en Shackled and Drawn en una línea instrumental similar («La libertad, hijo, es una sucia camiseta») y alcanza el paroxismo en la vibrante Death To My Hometown. Reclama tratamiento de himno y mira a Wall Street con la metáfora de la guerra: «Destruyeron las fábricas de nuestras familias / Y se llevaron nuestras casas / Abandonaron nuestros cuerpos en las llanuras / los buitres picotearon nuestros huesos». Magnífica.

Cabe hacer una mención especial a la titular Wrecking Ball, con traje rock pero un alma próxima a las anteriores. Ahí descansan las mejores líneas («Cuando los momentos difíciles lleguen / trae tu bola de demolición») y acaba en unos coros que trasladan a un estadio. También se debe subrayar Land Of Hope and Dreams, en la que aparece el saxo del fallecido Clarence Clemons. Apela a esa «tierra de sueños y esperanzas» en la que hallar la tranquilidad La que hoy, más que nunca, ansía tiritante medio mundo.

ojd