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The Sunday Drivers: “Este puede ser uno de nuestros últimos conciertos juntos”

Viernes, Febrero 19th, 2010

Junto a Deluxe o Sidonie, The Sunday Drivers fueron uno de los grupos emblema de cierto tipo pop independiente español de la década pasada. Recogiendo el eco sesentero de bandas como Ocean Colour Scene rompieron con le barreras del guetto indie colándose en anuncios de televisión, pateándose la península de arriba a abajo en directo e, incluso asomando la cabeza fuera de España. Pero mientras sus compañeros de pelotón daban el salto multinacional e idiomático, ellos siguieron a la suya, tejiendo canciones de pop clásico y cuño totalmente anglosajón en una celebrada carrera que ahora parece tocar su fin. Al menos así se desprende de las palabras de Lyndon Parish, el guitarrista que contesta esta entrevista apropósito del concierto que su banda dará mañana sabado en la sala Capitol de Santiago.

-Llevan un año refiriéndose a “The End Of Maiden Trip” como el fin de una etapa. ¿ Ya ha concluido esa etapa?

-Aún estamos llegando el fin de la primera etapa. Me gustaría que hubiese una segunda etapa, pero es más un deseo que una realidad.

-Porque, ¿cuál es la situación en este momento del grupo?

-Necesitamos un descanso. No hay nada planeado, nada en absoluto. Puede ser que ya esté, que se acabó. Estaría bien porque, por el título del disco, ya puedes imaginar que es el final y, por lo menos, tendríamos con un disco muy bueno con el que poner fin a The Sunday Drivers. De todas formas, yo pienso que somos tan amigos que las puertas quedan abiertas siempre para volver a colaborar.

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-Fueron comparados en inicio con Ocean Colour Scene. Luego se apuntaba a Wilco. ¿A qué se sienten más cercanos actualmente?

-Personalmente a ninguno de los dos [se ríe]. Pero, bueno, quizá un poco más Wilco. Los dos son buenas bandas y tienen grandes canciones, pero ambos están continuando algo que empezó hace muchos años. No es una cosa vanguardista. No los veo como The Flaming Lips, que es uno de mis grupos favoritos. En ellos ves perfectamente sus raíces y sus influencias, pero lo hacen de un modo totalmente nuevo. No solo les gusta mucho Pink Floyd, Yes o Led Zeppelin y lo repiten. Esos grupos ya están terminados, hay hacer algo nuevo y yo veo a OCS y Wilco siguiendo esa tendencia. Wilco me parecen unos continuadores de The Band, aunque tengan un guitarrista fenomenal como Neils Cline, pero no es completamente novedoso. Tampoco Sunday Drivers lo son. Supongo que somos de la misma idea, que estamos continuando algo que empezó hace mucho tiempo.

-Son grupos clasicistas, que no pretenden romper nada. Creo que es una postura legítima también.

-Sí, claro, pero yo, personalmente, tengo intereses en muchas cosas fuera de la órbita del pop porque ahí es donde está la vanguardia. Armónicamente, por ejemplo, en la música clásica es mucho más avanzada. Hace 80 o 100 años se había adelantado mucho más del lugar en el que el pop está hoy en día. Eso me gusta mucho, pero yo estoy tocando en los Sunday Drivers. Me gusta mucho la electrónica, cosas progresivas, pero, bueno, tampoco tengo vergüenza en hacer una cosa simple, una melodía bonita y una letra que llegue a los corazones de la gente. Eso es conectar con las personas. Eso es lo importante. Si conectas y haces una cosa completamente nueva es lo mejor, por supuesto.

-El mejor modo es canción perfecta, algo que un grupo como The Sunday Drivers debe estar siempre persiguiendo. ¿Qué es para usted una canción perfecta?

-Depende. Si se trata de una sinfonía es totalmente diferente a una cosa de jazz, todo improvisado o algo folk, que se inclina más hacia el contar una historia, más de letras. Para mí en el pop consiste en ser muy conciso y decir todo lo que tienes que decir en dos minutos con unas melodías pegadizas.

-Dígame un ejemplo.

-Buff, hay muchos. Todas las canciones de Disney me parecen increíbles. Las canciones de James Bond también me entusiasman. Las de los Beatles me alucinan, pero también las de Yes, aunque sean de 20 minutos. ¿Una canción de pop perfecta? Pues Slade y su “Merry Christmas Everybody”. Es la canción más famosa que hay en Gran Bretaña de Navidad. La conoce todo el mundo, sea mi abuelo o mi primo.

-Slade son el grupo de “C’mon Feel The Noise”. Muy populares en Inglaterra pero en España apenas les conoce por ese tema.

-Sí, es una gran canción, como también lo es “How Does It Feel” que es la canción favorita de Noel Gallaguer de Oasis. Tienen un punto muy melódico, un poco John Lennon. Pero también pueden recordar a Led Zeppelin en la voz y las pintas.

-The Sunday Drivers es un ejemplo de supervivencia indie basada en dos puntos: tocar muchísimo en directo y asomar la cabeza más allá metiendo algún tema en anuncios de tele. ¿Son esas las claves?

-Sí, es así. Tienes que tocar bien y tener buenas canciones. Si tienes eso, en un momento u otro alguien va a tomar nota. Pero, desgraciadamente, en la música pop cuentan otras cosas como el cómo eres físicamente. Por ejemplo, tú vas a ver a Chick Corea o Pat Metheny y da igual si son feos o guapos. En el pop sí que importa.

-En el último disco Jero vuestro cantante insistía en que se había captado la espontaneidad y la imperfección del directo. eso da a entender que durante este año quizá haya evolucionado en los escenarios. ¿Cómo suenan esas canciones hoy en día?

-Sí, no mucho. Yo me encuentro improvisando mucho más en directo. En el pasado quizá tenías que tocar las partes más como una composición de música clásica. Ahora lo veo diferente. Un día va mas fuerte, otro día menos y eso hace que no te aburras.

-Llegaron a hacer incursiones en el extranjero. ¿Es cierto que “Oh My Mind” fue un hit en Francia?

-Sí, y también en Grecia.

-Es decir, la gente la conocía y la aplaudida más que las otras.

-Sí, totalmente. Yo tengo conocidos en Francia que le decían a sus amigos “Lyndon está en los Sunday Drivers” y ellos decían “Ah los de Oh My Mind”. O sea que sí, esa canción es muy conocida.

-Comentaba antes de lo que influye el aspecto físico de los músicos en el pop.

-Sí, es algo muy triste. Así tenemos a Hanna Montana y Britney Spears. Aunque bueno, las canciones de Britney son muy buenas, porque están escritas por gente muy, muy buena, pero me parece como un paquete. Yo prefiero a los grupos reales, que los sienta más allá de que sean guapos o feos.

-Bueno, ustedes, queriendo o no, han logrado una imagen. Para mucha gente son “el grupo de los barbudos”. ¿Lo saben?

-Sí, sí [se ríe a carcajadas].

-¿Cómo están ahora esas barbas?

-Tenemos barba todos menos uno [risas]. Yo corté la mía el otro día, porque a mi novia le gusta más sin tanta barba.

-Bueno, sus fans esperan que no el del sábado sea de último concierto del grupo en Galicia y que sigan adelante. ¿Que les decimos?

-A mí me gustaría que esto siguiera, pero me temo que no.

-Entonces habrá que decirle la gente vaya, porque puede ser uno de los últimos directos.

-Si, este puede ser uno de nuestros últimos directos juntos.

Ignacio Santos: “Estamos en crisis y no tiene sentido dar una imagen de despilfarro en el Xacobeo”

Viernes, Febrero 12th, 2010

Cada año Xacobeo los aficionados al rock en Galicia se sienten como el perro de Pávlov cuando le tocaban la campana. Sus ansias de acudir a grandes eventos generan que, meses antes de conocerse los nombres, ya se preparen para tachar de la lista los grandes mitos que todavía le quedan por ver. Artistas como Bob Dylan, Lou Reed, Sonic Youth, Neil Young, The Kinks, The Cure, Massive Attack y un extenso etcétera llegaron a Galicia así, a golpe de esos talonarios que en los años de jubileo solían ser más ligeros de lo habitual.

No ocurre así en este 2010. Estamos en crisis. No hay tanto dinero. Por ello, se impone el realismo. No habrá ese gran macrofestival de tres días con el que muchos suspiraban tras la experiencia de años anteriores. Por contra, tendremos una cuidada selección de artistas trenzados con un criterio inédito en esos lares. Y, también, una cierta polémica latente: la contratación fuera de Galicia de lo que ahora son los dos grandes eventos, el Sónar-Galicia y el MTV Day. El gerente del Xacobeo, Ignacio Santos, habla de todo ello en una entrevista que sirvió de base para la información que hoy publica La Voz y que reproducimos íntegra a continuación.

-Entre los aficionados existe la demanda de un macrofestival de tres días como pudo ser en su día el Concierto de los Mil Años (1993), el Santirock (2000) o los Conciertos del Nuevo Milenio (2004). ¿Habrá algo similar este verano?

-Vamos a ver. Hay que tener en cuenta que el presupuesto de Conciertos del Nuevo Milenio fue próximo a los seis millones de euros. Nuestros presupuesto total para cubrir todo el año son 26 millones. Con eso queremos llegar a muchos rincones de Galicia, especialmente a los más de un centenar de ayuntamiento del Camino de Santiago, y hacer una programación con diez áreas que incluyen además deportes y gastronomía. Seis millones respecto a 26, es casi un 25%. Supondría concentrar en un solo fin de semana casi una cuarta parte de todo nuestro presupuesto. Eso sencillamente es inviable y no lo podemos asumir.

-Es decir, que no habrá ese gran evento catalizador como lo que fueron esos festivales en Xacobeos anteriores.

-No, de esas características no. Pero eso no quiere decir que no estén contemplados grandes eventos. Tenemos el festival MTV, que se celebrará en el Monte do Gozo con carácter gratuito, en un solo día y que va a contar con una retransmisión para todo el mundo a través de la plataforma de televisión MTV. No podemos hacer una concentración de presupuesto que suponga que, en un solo fin de semana, vayamos a gastar el 25% de lo que tenemos, pero sí que están previstos grandes eventos como este MTV Day, el Sonar-Galicia u otros que iremos confirmando a lo largo de estas semanas. Habrá grandes artistas, pero diversificados en diferentes puntos de Galicia y en diferentes momentos del año. Lo cual me parece una postura más inteligente, porque se diversifica el atractivo en diferentes momentos del año.

-Dice que faltan muchas cosas por confirmar. Si tenemos en cuenta lo anunciado y lo que falta por anunciar, ¿de qué porcentaje estaríamos hablando?

-Hay muchas áreas de programación ya totalmente cerradas. La que está todavía abierta es la parte musical, donde quedan por confirmar un par de festivales promovidos por promotores gallegos en diferentes ciudades. Esperamos poderlo confirmar en el próximo mes. Quedan también conciertos de artistas importantes, alguno para el Monte do Gozo y otros en otras ciudades. El área musical tiene sus particulares tiempos de mercado. Tenemos que tener en cuenta que en el 2004, a fecha de hoy, no había nada anunciado. Nosotros ya hemos anunciado cientos de eventos, pero hay una tónica general, en los medios y en la gente, de que vamos con mucho retraso.

-Efectivamente, la percepción general es que este Xacobeo va retrasado. ¿Percibe usted esa ansiedad?

-La percibo a través de los medios. Pero insisto: en 2004 había, a día de hoy, cero eventos confirmados. A lo largo del mes de marzo se contaron intenciones y, a lo largo del mes de mayo, empezaron los anuncios. No es real el retraso que llevamos. Si te fijas en los festivales de música de España, solo han dado unas pequeñas pinceladas. Ninguno tiene anunciado el cartel completo.

-Existe una opinión relativamente generalizada acerca de que este año la programación, en cuanto a la selección de artistas, se están haciendo con una coherencia y un criterio lejana a lo que es habitual en la administración pública. Ahí las cosas muchas veces se hacen de cualquier manera y en el mismo pack va, por ejemplo, Ella Baila Sola, Ana Kiro y Sonic Youth.

-Me alegra oír eso. La diferencia es que ahora hay un gestor cultural, con experiencia y que conoce la música.

-Se mueve en un nivel de calidad, pero intermedio, no de grandes estrellas. Es decir, artistas como Richard Hawley o Yo La Tengo, para un público de unas mil personas. ¿Es esa la línea y la intención dentro de esa diversificación?

-Es lo que comentaba antes. Tenemos que tener en cuenta que el contexto socioeconómico que estamos viviendo en el 2010 no tiene nada que ver con el de 2004. Estamos en crisis y no tiene sentido dar una imagen de despilfarro y hacer unas contrataciones de millones de euros para un solo día, con algo efímero que pasó el día y pasó la romería. Nosotros, dentro de nuestras posibilidades presupuestarias, queremos traer artistas importantes, no solo eventos de mil persona, si no también cosas de nivel que llenen el Monte do Gozo. Pero sí que es verdad que buscamos coherencia y que las cosas tengan sentido dentro de la programación.

-Vamos a un terreno donde ya surgen críticas. Los dos grandes eventos, por ahora, son el Sonar y el MTV Day. En el primer caso, se garantiza criterio y nombres de primera línea. El MTV es diferente…

- Es más comercial.

-Bueno, seguramente a los exquisitos de la música probablemente no les guste, pero sí que está garantizado, a priori, artistas de nivel dentro del mainstream.

-Y no solamente eso. Nosotros hicimos muy conscientemente estas operaciones por algo. Por un lado, supone vincularse a dos marcas que son referentes culturales en el mercado internacional. Por otro, no solo son eventos que aportan un contenido, sino que aportan una difusión del Xacobeo y de Galicia muy importante. Sonar viene asociado a una campaña de comunicación nacional e internacional en el que se va difundir Sonar-Galicia. Debemos recordar que la imagen del Sonar de este año es una película que se llama “Finisterrae”. Es decir, que más allá del simple evento, aporta mucho más. Respecto al MTV Day, va a ser retransmitido a todo el mundo a través de la televisión. Queríamos tener un efecto multiplicador en el todo el mundo a través de nuestra programación. No solo aportar contenidos, sino una proyección del Xacobeo a nivel internacional. Estos dos eventos lo aportan.

-Sin embargo, en el ambiente flota cierto desencanto. Tanto Sónar como MTV Day parten de empresas de fuera de Galicia. La postura de muchos programadores gallegos es que se podía haber hecho esos grandes eventos con gente de aquí, con promotores de aquí, producción propia y retroalimentando la industria gallega.

-Eso, lamentablemente, no es realista. ¿Qué le pasa a Sonar y MTV? Que llevan muchos años construyendo una marca, una marca que tiene un gran poder de atracción y difusión internacional. Si tú creas un evento desde cero, por muy bien que lo montes, no va a aportar esta difusión internacional y esta repercusión. Pero el hecho de que hayamos traído a estas empresas de fuera de Galicia, no significa que no vayamos a apoyar a la escena y a la industria gallega. De hecho, tenemos muchos otros proyectos que son, o bien organizados o bien producidos por empresas gallegas y con un contenido de artistas gallegos. En ese sentido, querría puntualizar que el evento Sonar-Galicia contará con una presencia muy importante de artistas gallegos y también hará un hueco a artistas gallegos en el Sonar-Barcelona.

-¿Cuáles son esos proyectos netamente gallegos?

-Pues, por ejemplo, Xacobeo Raíces, con 13 conciertos en diferentes puntos de Galicia con más de 20 artistas gallegos producido y realizado por una empresa gallega. También hemos sacado una línea de patrocinios a festivales gallegos, por la cual destinamos 754.000 euros para apoyar a 12 festivales gallegos, no solo en financiación, sino también en promoción fuera de Galicia. Contamos con una línea similar para festivales audiovisuales. Tenemos el festival Xacobeo Classics, que está producido por una empresa gallega o el festival Via Stealle, que es 100% nuestro y que lo lleva una empresa gallega. Mark Knopfler lo hace un promotor gallego, el ciclo Xacobeo Importa es una idea de un promotor gallego, apoyamos a través del consorcio de Santiago el festival de músicas contemplativas, la gira de Fito y Fitipaldis también es de un promotor gallego… Es decir, el hecho de que se traigan esos dos eventos fuera de Galicia no significa que no apoyemos a lo gallego.

-Existe otro planteamiento. Nos remontamos al inicio del Sonar o el inicio del Fib, cuando estaban lejos de ser lo que son hoy. Cabe pensar que con el extra de dinero de este año se podía crear las bases de un gran festival en Galicia como en su día se hizo con esos eventos. Habría que darle continuidad en el tiempo para que este, en unos años, acaparase la atención del Noroeste para los aficionados a la música. Es decir, la que hoy ocupa el norte de Portugal con festivales como Paredes de Coura. ¿Por qué no se puede crear algo así aquí sin contratar réplicas de festivales de fuera?

-¿Y por qué no apoyar a los que ya existen? Es decir, hemos hecho una selección de los 12 festivales gallegos que considerábamos más importantes en cuanto a trayectoria, calidad y repercusión. ¿Por que construir un festival desde cero si podemos apoyar a todos estos? Porque tenemos que apoyar a los festivales que ya existen. Lo que tenemos que evitar que suceda como el Santirock, que se hizo en un año santo y desapareció, o el Festival dos Mundos, que ocurrió lo mismo. Esos festivales que patrocinamos son iniciativas privadas, pero también necesitan un apoyo de la administración para hacer buenas ediciones. Saben cómo hacer las cosas, solo tienen falta de capacidad económica. Tienen capacidad de, a corto y medio plazo, construir sus marcas e ir creciendo.

-Pero, bueno, ninguno de esos festivales va a tener este año las dimensiones del Sonar.

-Sí, pero ten en cuenta de que el Sonar en su primer edición fue una cosa muy pequeñita. Por ejemplo, a Benicassim en su primer años fueron 7.000 personas y hoy son 50.000 cada día. Las cosas se construyen en el tiempo.

-Entonces, según su planteamiento, ¿puede ser que un evento como el Festival Do Norte, que es uno de los patrocinados por el Xacobeo, podía llegar a crecer a una dimensión como el Sonar o el Fib?

-Eso es una labor a medio y largo plazo, no de una sola edición.

-El Sonar dio un avance de cabezas de cartel espectacular con Air y Lcd Soundsystem, que estarán en Galicia. Sin embargo, la semana pasada se adelantó que Chemical Brothers y Dizze Rascal solo tocarán en Barcelona. ¿Tendremos un “Sonar de rebajas” como se comenta ya en diferentes foros?

-No, no es un Sonar de rebajas. Es una primera edición en Galicia. No podemos comparar un primer festival en una ciudad con otro que lleva 17 años. Hay que ser cautos, hay que ver cómo va esta primera edición e ir creciendo con el tiempo. Hay que hacer una primera edición discreta y ser, sobre todo, cautos.

-Hablando de continuidad, ¿Habrá Sonar-Galicia 2011, 2012, 2013, etcétera?

-La intención es que haya continuidad.

-Hacía referencia antes a dos festivales aún por confirmar. ¿Por qué línea irían?

-Hasta que esté todo cerrado no puedo adelantar nada.

-En todo caso, ¿de qué volumen de público estaríamos hablando?

-Uno de ellos puede estar entre las 5.000 y las 10.000 personas. Otro puede estar por encima de las 25.000 personas.

-Este último puede ser, en cuanto a público, el gran evento del Xacobeo.

-Ten en cuenta que el MTV Day será en el Monte do Gozo y allí caben 30.000 personas. Yo espero que ese día esté a reventar. Y no nos podemos olvidar del Festival de Ortigueira, que convoca a miles y miles de personas cada año y lo apoyamos este año.

-En la gestión pública existen ciertas dinámicas. Es de imaginar que más de un manager se le ha presentado con la lista de los conciertos que hizo su representado en anteriores Xacobeos exigiendo un número igual o mayor. ¿Es difícil de sobrellevar?

-Es a lo que te tienes que enfrentar y este año es peor, porque hay una crisis generalizada en el sector cultural y de la música. Evidentemente, mucha gente ve el Xacobeo como la tabla de salvación del año 2010. Ello ha supuesto que por la oficina nos hayan llegado más de mil proyectos y algo así como 200 congresos. Toda Galicia esta intentando lograr financiación del Xacobeo para sus proyectos. Es una complicación en la gestión. En la empresa privada no existe todo eso. Pero yo estoy encantado de poder, por fin, hacer algo en Galicia tras toda mi trayectoria. Para un gestor cultural esto es muy importante.

-¿Qué pasará en el 2011?

-Se celebra el 800 aniversario de la consagración de la catedral de Santiago. Ese 2011 está a la vuelta de la esquina. Si el gobierno central aprueba unos beneficios fiscales para el evento que pudiera hacer Xacobeo en ese aniversario, entonces podríamos captar patrocinio y construir un proyecto con un presupuesto mucho mayor. Pero puede ser también que esos beneficios no se aprueben y no podamos contar con esas aportaciones de patrocinadores privados. Eso condicionará la dimensión del proyecto.

Emilio José: “No soy nacionalista gallego, en todo caso soy nacionalista ourensano”

Miércoles, Febrero 3rd, 2010

(Ultimas noticias sobre el posible concierto de Sonic Youth en A Coruña aquí)

El ourensano Emilio José editó en el pasado 2009 uno de los discos más destacados del pop nacional, “Chorando apréndese”. Un doble cedé en el que, en medio de un excitante tobogán estilístico, el componente de Apeiron indaga en sus dos grandes traumas: su relación con las mujeres y el hecho de que vivir en una aldea, Quins en el municipio de Melón (Ourense), le haga sentir que tienen una vida menos completa que en la ciudad. Con motivo de los conciertos que está dando en Galicia a cuentagotas, lo hemos entrevistado en el Fugas hace dos semanas. Allí se reprodujo un pequeño extracto de una extensa entrevista que ahora reproducimos completa. Pese a que esta tuvo lugar en gallego, por deferencia a los lectores de este blog no gallegos la he traducido.

-¿Qué es peor lidiar con la Xunta de Galicia o con las mujeres?

-Depende. Es difícil todo, vivir es difícil [risas]. Según cómo lo mires. Realmente, es mucho más complejo el trato con las personas que con las instituciones. O, al menos, debería ser así. No hay formularios para decirle a una tía “¿Te gusto?” y en la Xunta sí que los hay [risas]. Pero también depende de cómo quieres que sea la relación. No es lo mismo estar enrollado con una tía en plan una vez a la semana que querer casarse con ella. Lo de la Xunta es un poco así.

-Bueno, con la Xunta es un matrimonio forzoso.

-Depende. Si eres un usuario como el que se enrolla de vez en cuando es muy fácil, no hay problema. Si quieres tener parte y mirarla de tú a tú, ya es más jodido.

-Se habla mucho en los blogs del sustrato político de su álbum. Antes de esta entrevista lo he vuelto a escuchar a fondo y hay una cosa que no me queda clara. No sé si le gusta vivir en Quins, su aldea, o no. ¿Lo puede aclarar?

-Claro que me gusta, pero…

-¿Pero qué?

-A ver, el disco no es una exaltación de Quins, ni de la vida en la aldea. Es una protesta de la inferioridad con la que nos tratan desde los núcleos de poder. Luego, dentro, está mi relación con la aldea. Antes yo decía, “¿qué sitio es este?”. Pero el problema no es del sitio, sino de fuera. Es imposible hacer nada.

-En el disco se muestra rabioso cuando ve que los conciertos importantes que se hacen en Galicia son en A Coruña o en Vigo. ¿Aspira usted a que los Rolling Stones vayan a tocar a una población como la suya, de 250 habitantes?

-Bueno, pues sería bastante interesante. Pero no se trata solo de eso. Se trata de todo el orden que hay, de las comunicaciones y todo. El hecho de que los Rolling Stones toquen en Vigo o en Praga es bastante indiferente. El problema es que tocan los Rolling, los Wave Pictures y Nacho Vegas, aunque, bueno, afortunadamente Nacho Vegas nunca tocó aquí. En Vigo toca desde Paul McCartney hasta el último grupo de Cádiz que no lo conoce nadie. Siempre es allí. No se trata de que venga Scarlett Johansson y diga “Voy a veranear en Quins”, porque entonces vendrían los de Rivadavia y preguntarían “¿Y por qué no aquí?”. No se trata de eso, se trata de que siempre van siempre a los mismos dos o tres sitio en Galicia.

-En Quins usted debe ser “el músico del pueblo”. ¿Es conocido?

-Sí, y ahora más. Como salí en la TVG soy famoso hasta en Melón [risas]. Allí todo el mundo se conoce.

-¿Qué dicen de usted?

-No lo sé [risas]. Siempre es curioso que haya alguien que hace canciones. Allí hay gente que toca, pero en plan gaitas o lira. No hay gente que haga canciones y salga en la tele.

-Se percibe en el disco una tensión de la que nunca se suele hablar: el resentimiento de la gente de la aldea respecto a la de la ciudad. ¿Piensa que todavía existe ese resquemor?

-Sí, pero también se da en el sentido contrario. Es algo mutuo. El problema es que los débiles somos siempre los de la aldea. Es como un Cádiz-Madrid, los dos equipos están en el campo, pero sabes de sobra quién va a ganar. Lo irónico de todo es que, por ejemplo, Vigo es puro Ourense. Si tú coges en Vigo y le sacas toda la gente que viene de Ourense se queda en cuatro chabolas de nativos y nada más. Y toda esa es gente de la aldea, lo que pasa es que luego tienen hijos y nietos, y ellos ya se consideran de allí y ven la aldea como “!Qué aburrimiento! !Qué coñazo!”. Eso ya se ve como algo normal y claro, la aldea es la aldea, ¿por qué va a haber algo más de lo que siempre hubo en una aldea? Para ellos es normal y dicen “Las cosas tienen que hacerse aquí porque en la ciudad hay más habitantes”. Claro que existe el rencor. Pero eso no significa que vayamos con bates de béisbol buscando a urbanitas (risas).

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-Es un poco como el resentimiento de clase social. Son cosas que, en teoría, no existen porque “todos somos iguales”, pero solo hay que abrir los ojos para darse cuenta de que están ahí.

-Sí, claro, totalmente.

-Viví varios años en Ourense. Allí había gente que decía que el sábado era mejor no salir porque bajaban los “montunos”, en referencia a la gente de los pueblos de los alrededores.

-Sí, en Santiago ocurre exactamente lo mismo. En el fondo, la diferencia la da ese barniz de hábitos. Yo creo que una persona que viven en la ciudad puede ser igual que una de la aldea y al revés, son cosas de costumbres. Yo como vivo en Quins hago unas cosas y tú como vives en A Coruña haces otras. Lo que pasa es que parece como que mola más lo tuyo, porque es donde se puede hacer de todo, no como en un pueblo donde no se puede hacer nada. ¿Aquí qué haces? Pues nada.

-Me intriga cómo ve usted dos fenómenos recientes: el turismo rural y los urbanitas que, hartos de la vida en ciudades, se asientan en pueblos para hacer una vida más relajada y saludable.

-Eeee…. mal. Lo veo todo mal [risas]. Básicamente, es un poco rollo África, en plan “vamos a ayudarlos”, cuando en realidad es como si se tratase de caridad. El turismo rural es algo horroroso porque convierte lo rural es una especie de parque temático. Es parecido a la gente esta que en Brasil va a hacer tours por las favelas, que hasta le hacen un espectáculo de fogueo. Puede molar, pero a los chorbos de las favelas dicen “¿Qué pasa aquí?”. Pero, bueno, como les dan dinero tragan y con el turismo rural pasa lo mismo. La gente que viene a vivir a la aldea podría ir, yo qué sé, al desierto del Sahara, que es mucho más tranquilo todavía [risas]. Cada cual puede hacer lo que quiera pero, visto desde ese punto de vista de la dualidad entre el campo y la ciudad, la verdad es que resulta algo ofensivo.

-En la canción “Atlantic City” le reprocha a una persona de ciudad que lo intente tratar como una persona “aislada, rural y tonta”. ¿Eso le ha pasado de verdad o solo se está poniendo en situación?

-Estas cosas pasan. Cuando fuimos a tocar con Apeiron a Coruña, nos entrevistaron en una radio universitaria. El locutor me preguntó “¿Y tú viviendo ahí como te enteras de que existe este tipo de música siendo de una aldea?” Eso ocurre mucho. Atlantic City en esa canción es Vigo. Vigo, mal que os pese a los coruñeses, es la primera ciudad de Galicia. Por un lado, en Vigo hay una diferencia abismal con lo que hay en Quins. Todo está allí, bueno menos la Fnac [risas]. Por otra parte, está el hecho de que no puedes tener una discusión normal. Me ha pasado muchas veces, eso de “¿Cómo es posible que siendo de la aldea te pueda gustar esta música?” o también con las películas. Que tú dices “Me gusta mucho tal película de tal director” y te preguntan “¿Pero la viste?”. Eso pasa, claro que pasa. Lo que sucede que en el disco, salvo alguna canción que es completamente real, normalmente no es nada autobiográfico en el sentido estricto, sino historias a partir de sensaciones e impresiones.

-¿Puede existir algo de auto-odio? Ese hastío de sábado por la tarde escuchando Radio 3 que refleja su disco yo lo vivía de adolescente exactamente igual en el barrio de los Mallos en A Coruña. Nunca me consideré un desgraciado por ello.

-El auto-odio que pudiera haber no es como si estuvieras en un sitio en el que pudieras tener una vida completa, es decir vivir en el siglo XXI. No solo en cultura, sino en servicios, trabajo, relaciones personales, de viajar, de todo. ¿Odiar? Lo único, odiar haber nacido ahí, pero ese no es el problema sino cómo está montado todo el tinglado, entonces no creo que exista auto-odio.

-¿Complejo de inferioridad, quizás?

-Es que no es una sensación, es que eso es totalmente real. Como civil tú viviendo en una aldea eres totalmente inferior a alguien que viva en una ciudad. Eso es así.

-Pasemos a hablar de sus mitos particulares. En Apeiron ya mostró su devoción por Cybil Shepard. Ahora la vuelve a citar. ¿Es su icono femenino por excelencia?

-En la canción en la que hablo de ella es porque venía del ámbito rural. Cito también a Sharon Stone, porque realmente no sé cuál de las dos venían de una aldea. Creo que las dos. Pero, bueno, aparte de ello, Cybil Shepard desde que la vi en Taxi Driver es todo un símbolo ya no sexual, sino femenino.

-Otra que cita en su Myspace como influencia es Alizee, una estrella del pop comercial francés. Sin embargo, especifica que solo la de los dos primeros discos. ¿Se ha olvidado de que el tercero tiene un temazo como “Fifty Sixty”?

-!Qué va! El último disco es horrible, al menos a mí me lo pareció. Lo escuché hace como año y medio, pero no me gustó.

-Es decir, que usted es de los de “Moi Lolita”.

-No, a mí el que me encanta de ella es el segundo. El anterior no me gustaba demasiado cuando salió.

-Al igual que ocurría en la época de Apeiron, le sigue gustando el pop mainstream tipo Christina Aguilera o Britney Speards.

-A mí me gusta todo, yo no hago diferencias. A mí el metal me encanta, por ejemplo, pero eso no se refleja en Emilio José. Yo hago música comercial y, por eso, esas referencias me interesan mucho.

-¿Cuál ha sido la última canción del mainstream que la ha encantado?

-Buff, es que para mí Animal Collective es puro mainstream. Pero, bueno, Alicia Keys acaba de sacar un disco medio horrible, pero tiene una canción bestial pero no recuerdo como se llama. Creo que es la cuarta. También me gustó mucho la versión de los Dirty Projectors que hizo la hermana de Beyoncé.

-¿A quién le gustaría ver más en directo, a Beyoncé o a Sonic Youth?

-A ninguno de los dos.

-Vaya, hombre.

-Es que yo creo que el directo está… Bueno, es que eso es meterse en aguas pantanosas.

-¿Qué quiere decir, que el directo está sobrevalorado? No es el único que lo piensa.

-Claro. Es que ahora se dice que los discos son un catálogo de lo que puedes hacer en un concierto y esas cosas. Luego, hay un montón de conciertos, pero al final es todo igual. Antes se sacaba un disco y el grupo no venía a tocar. Ahora sales de casa un día y están tocando Sonic Youth en tu portal. Personalmente, hay alguna gente que mataría por verlos porque me gustan mucho, pero en general no me interesa mucho el directo. Por ejemplo, cuando estuvieron Franz Ferdinand en Vigo fue un montón de gente que yo conocía y que no sabía ni quiénes eran Franz Ferdinand. Es decir, ya no es un concierto ni nada, sino la experiencia de ir allí. Luego, está esa idea comunista del trabajo, de valorar lo que se hace. No sé, parece que los discos los hace el aire y al tocar, como estás sudando y dando el callo, se ve ese trabajo. Solo por eso parece que ya vale la pena y puedes pagar 20 o 30 euros. Pero bueno, volviendo a lo que dices tú, es que a mí Beyoncé no me gusta, ni su música, ni ella físicamente. Luego Sonic Youth, yo qué se, el año pasado coincidieron en el Primavera Sound con Ghostface Killah y a una amiga que fue le dije “Tienes que ir a ver a Ghostface Killah”. Pero al final fue a ver a Sonic Youth.

-Puntualiza que no le gusta físicamente Beyoncé. ¿No será de los que sostienen que está gorda?

-No, físicamente, por ejemplo, me gusta Martha Wainwright, la hermana de Rufus, y no es que sea una anoréxica precisamente.

YouTube Preview Image Emilio José interpretando “Febreiro” en la sala Le Club de A Coruña

-Dice muchas veces que el pop ya se ha agotado y que no queda más que rebozarse en los géneros pretéritos. ¿Existe sitio para la creación pura?

-Sí, claro. Pero hay que hacerlo y, claro, eso cuesta en teoría, a no ser que seas un genio. Pero, bueno, tanto da, porque Beethoven, que lo era, estaba 25 horas al día trabajando. No era que se despertaba una mañana y dijera “Bueno, voy a escribir esto que se me ocurrió”. Pero es lo de siempre y, desde que salieron los Strokes, se hizo todo más real. El rock n´roll siempre fue un 50% moda y un 50% música, pero es que ahora es puramente moda. Sale el disco de Phoneix, que en su día no sería ni un disco de maquetas de The Strokes, y vale porque lo que se busca es el momento de darle al “play” y que enganche. Solo se busca la inmediatez. Y la gente dice “Esto es como en los años sesenta que salían cada semana singles alucinantes”, pero, claro, tú comparas musicalmente una cara b de esa época y tiene más trabajo detrás que todo el último disco de Animal Collective. Porque, bueno, el “Merriweather Post Pavilion” tampoco es un disco, sino que es un single con dos canciones: “My Girls” y “Brother Sport”.

-¿Cómo?

-A ver, la gente tiene la noción de que “Merriweather Post Pavilion” es un disco, pero eso es falso. Es un single en el que la cara a es “My Girls” y la b es “Brother Sport”. El resto de las canciones… yo no sé que existen. Si alguien las escuchó que me lo diga por favor.

-Tiene una especial manía con Animal Collective. ¿Le parece un grupo sobrevalorado?

-No, lo que pasa es que lo de Animal Collective es el triunfo del agotamiento. Es como decir “algo tiene que molar”. Y les tocó a ellos.

-¿Piensa usted que algún grupo hoy en día podría ocupar ese lugar?

-Musicalmente, me gustan mucho más los Dirty Projectors, pero es lo mismo de siempre.

-Me refiero a algo audaz en el sentido de lo que puso ser en su día el “Loveless” de My Bloody Valentine.

-No. Pero bueno, el “Loveless” me parece que es un disco que es solo sonido. A mí me encanta, pero si le quitas el sonido las canciones creo que son bastantes normales. El sonido resulta abrumador, algo que nunca se había escuchado antes. Si yo tuviera 25 años cuando salió el “Loveless” a lo mejor diría lo mismo de él, pero ahora toca Animal Collective. O Nacho Vegas… pero de este prefiero no hablar.

-¿Pertenece también del club de detractores de Nacho Vegas?

-No, yo soy el presidente. Dios, es que Nacho Vegas es una cosa tan… en fin, dejémoslo.

-Cuando le conocí, uno de sus grandes héroes musicales era Liam Gallagher de Oasis.

-Y lo sigue siendo, lo que sucede que lo es de un modo retroactivo. Oasis en su momento eran bestiales, pero ya no me interesan tanto. Ahora, que escucho muchas cosas antiguas, me doy cuenta de que Oasis la verdad es que no eran para tanto. Nada es para tanto. Si sacas a Bach, Debussy, el “Smile” de los Beach Boys y cuatro más, la verdad es que nada es para tanto. Hoy escuchas una cosa del año 70 y dices “Buah, esto es alucinante”. Pero es que mañana, escuchas otra del 68 y te parece aún mejor. Volviendo a Liam Gallaher, en aquel entonces por un lado tenías a Bono diciendo que había que condonar la deuda de los países probres y el coñazo de siempre. Por otro, tenías a Liam borracho dándole puñetazos a un fotógrafo. !Y eso es rock n´roll! Aparte, me encanta como canta.

-Ahora que rapea, qué rapero le gustaría ser ¿Jay-Z?

-No, no me gusta nada. No le acabo de ver el punto. Es como una inercia, lo mismo que Animal Collective. ¿Cuál es el rapero que tenemos? Pues Jay-Z ¿Por qué? Pues qué sé yo. Y mira que escuché todos los discos y sigo sin encontrar eso que le ven muchos por ahí. Hay raperos mucho mejores. A mí el rap me parece la última gran música que salió, porque lo del drum n´bass era un poco como de broma, pese a que haya discazos. El rap es mucho más potente.

-¿Se ve haciendo un videoclip como un rapero en su coche rodeado de mujeres?

-Bueno, es que yo no veo haciendo un videoclip de nada (risas). A mí, tal y como lo veo hoy en día, desde que apareció el rap, desde el 91 o así, es todo un repetición, variando un poco alguna cosa. Para mí el gran modelo es D‘Angello. No hace rap, pero se acerca bastante. Es lo que más escucho últimamente: hip-hop y rock n’ roll de los cincuenta.

-Volvamos al terreno político. El disco está interpretado íntegramente en gallego y una buena parte de su público, por asociación de ideas, seguramente lo ubique como un músico nacionalista. Sin embargo, suelta un “putos nacionalistas” en una de sus canciones. ¿Pretende dejar claro que tampoco le va el nacionalismo?

-Sí, va por eso. La idea de un estado que nos oprime y vamos a liberar a Galiza, no sé. Si fuera una opresión tan grande… Es como lo que digo yo de la aldea. Yo creo que nadie puede negar que hay un menosprecio por la aldea por parte de las ciudades, que es donde se manda. Pero claro, yo tampoco digo que Quins sea al Congo y que la gente se muera de hambre por culpa de Corina Porro, Feijoo o Zapatero. El nacionalismo es un rollo de “hacen terrorismo de estado”, pero si fuera algo tan grave estarías haciendo campañas de marketing bestiales. Nada de eso pasa. Es como si no existiera prisa. “Galicia es una nación y vamos a hacer un estado”, dicen. Pero yo no sé si eso va a ser mañana o dentro de 50.000 años, que es lo que parece. Lo digo por eso. Pero yo no soy nacionalista gallego, en todo caso soy nacionalista ourensano. Pero eso aún tiene que empezar a andar. Estamos empezando.

-Porque usted promulga un Ourense independiente.

-Sí, claro. Toda la provincia sería un estado.

-Tiene una canción fuera del disco, “Adeus Feijoo”, en la que habla de la muerte de Alberto Núñez Feijoo, el actual presidente de la Xunta.

-Lo relato con pelos y señales.

-¿Cuando colgó en Internet esta canción no tuvo miedo de que le pudiera acarrear algún problema?

-No, porque no soy un tipo conocido. Si mañana Bisbal hiciera la misma canción a lo mejor se montaba un revuelo. Aparte, es que es una canción. Aunque fuera más famoso no tendría reparo en publicarla. Es como si haces una película, no me entra en la cabeza que pase algo por eso. Es una canción que habla del suicidio, que es algo cotidiano: a diario se suicidan miles de personas en al mundo. En la vida real no quiero que le pase nada a Feijoo. Es más, quiero que viva 150 años.

-Pero, a ser posible, fuera de la Xunta, ¿no?

-No, si yo creo que es bueno. Yo prefiero a Feijoo antes que a Touriño y Quintana, aunque no le haya votado. Realmente, viendo tal y como está yendo el rollo, es mejor porque igual espabilan los otros, aunque la verdad es que lo dudo. Pero yo no entiendo que pase nada por una canción. Es una historia de un tío que se suicida y nada más.

-En “Tres segundo na memoria”, el libro de Diego Ameixeiras, uno de los protagonistas termina confesando en tiempos del gobierno bipartito PSOE-BNG que “contra Fraga vivíamos mejor”. ¿Se identifica con ello quizás?

-Yo creo es que, hoy en día, no existe ni una persona que no eche de menos a Fraga. Otra cosa es que lo admitan, pero que se echa en falta está claro. Porque Fraga era bastante chungo, pero el tiempo lo hizo bueno. Puede que sea como Rajoy. Desde el 2004 era como “Tío, pasa de todo y déjanos tranquilos”. Pero ahora como le están haciendo tanto la cama desde dentro de su propio partido dan ganas de abrazarlo y decirle “Tranquilo, Mariano, sigue luchando”.

-¿Tipo Gran Hermano en plan “!Jorge aguanta!”?

-Sí, eso. Tú ahora, por ejemplo, ves a Fraga trabajando en Madrid en el Senado. Luego ves a Feijoo con Rueda o a Touriño antes y piensas en Fraga presidiendo la Xunta y dices “!Buff!”. Es como Baltar, que se retira ahora. Se le va a echar de menos en Ourense. Mira a Obama. Era un subidón, pero ahora ves que no es nada radical. Hoy en día no hay nada, todo da igual, ni existe izquierda ni derecha, son todos puros tecnócratas y economistas. Ya no hay política. Supongo que los nacionalistas ya no tienen nada contra lo que ir y les pasa lo mismo.

-¿Le sorprende que fuera de Galicia la gente conecte con usted pese a hacer el disco en gallego y con una temática tan particular?

-Bueno, yo pretendo hacer música mundial, no solo para gallegos, pero comprobar que eso pasa de verdad siempre sorprende. En un blog americano me pusieron como disco del año con un 93 sobre 100. En la crítica decían que el tío del disco hablaba del aburrimiento que sentía en la vida rural. Yo pensé “!Esto es alucinante!”. De Valencia en una radio me llamaron y vi también que lo habían cogido. También de Mallorca. Pero es relativamente normal. A mí me sorprende más que venga un chaval de Texas aquí y que todos lo entendamos perfectamente o que digamos que lo entendemos. Por ejemplo, no deja de llamarme la atención que aquí con Wilco la gente diga “esta es nuestra música”.

-Casos como el suyo o del de Apeiron provocan que se entone el discurso de que “al ser de Galicia no se le presta tanta atención como si fueran de Madrid o Barcelona”. ¿Cómo lo ve usted?

-Eso como una extensión de lo de la aldea versus ciudad. Si A Coruña y Vigo se pueden reír de Quins, Barcelona se ríe de Vigo, de Lugo, Ourense y Ferrol. Y Nueva York se ríe de Barcelona multiplicada por quince. Eso es un hecho. Un hecho entendible, por otra parte. Como es entendible que, por ser yo gallego, tú me entrevistes en La Voz de Galicia, también es entendible que una revista madrileña catalana e inglesa saque a los grupos de allí.

-Bueno, eso es relativo. La Voz se fija en las cosas que hacen gallegos porque su línea editorial es la de mirar al mundo desde Galicia. Las revistas musicales ubicadas en Cataluña se preocupan, en teoría, por todo lo que pasa en España.

-Sí, claro. Pero, por ejemplo, el Rockdelux puede tener colaboradores en otras partes de España, pero la mayoría están en Madrid o Barcelona. Yo creo que si Santi Carrillo tuviera 10 millones de euros para invertir en la revista seguramente tendría controladas más las zonas de España, e incluso Europa. Porque Europa apenas sale en el Rockdelux.

-Le veo muy diplomático en este aspecto. Victimismos al margen, creo con toda sinceridad que si Apeiron fueran de Bilbao y “Todo sigue intacto” lo hubiese editado una discográfica como Metak hubiesen estado entre los cinco mejores discos del año en esas revistas que tienen la mayoría de sus colaboradores en Cataluña y Madrid.

-Bueno, yo me puedo poner en plan “Son unos traidores porque pasan de mí”, pero las cosas son así como funcionan. No es por ser diplomáticos, pero tampoco es cuestión de ponerse en plan “!Santi Carrillo préstame atención!”.

-Usted estuvo en Brasil. He oído que, una vez allí, se convirtió al Islam. ¿Es cierto?

-No, eso fue después. En el Islam no existe la conversión, todos nacemos en el Islam. Lo único que hace falta es tener dos testigos musulmanes. Pero eso fue después de lo de Brasil. En Brasil estuve tres meses porque tengo familia, pero tengo pensado, cuando sea una mega estrella del rock n’ roll, irme a vivir allí. Lo del Islam fue que empecé a leer el Corán y me parece la obra literaria por antonomasia. Es lo más total que se escribió nunca, pero no religiosamente, sino en el sentido artístico. Pero no, yo no soy musulmán,… todavía.

-La inevitable. Estamos esperando ocho años por el segundo disco de Apeiron. ¿Qué pasa?

-Pues que estamos ahí.

-¿Cuántas veces se hizo y se deshizo ese disco?

-Fue solo una vez. En el 2003 teníamos el disco hecho. Pero era la idea con forma, una especie de boceto. El resultado sería lo mismo. Cuando salga va a ser un desastre. Tanto da si hubiera sido en el 2003 o que sea en el 2012. No le va a gustar a nadie. Seguramente será algo así como “¿y estuvisteis todos estos años haciendo esta mierda?” Pero, vamos, nos da bastante igual, porque es algo muy a tope. El disco va a salir, pero lo estamos haciendo. Ahora con mis canciones y al estar Álvaro y Belén trabajando, ya no es tan continuo como antes. Pero a diario sigue avanzando.

-¿Y cuándo saldrá eso?

-Este año no. El año que viene no lo sé. Yo creo que el 2012 es algo bastante realista, pero igual acabamos antes.

Barón Rojo: “Nuestro mensaje sigue totalmente vigente”

Jueves, Enero 7th, 2010

(Retomamos la entrevista con Barón Rojo publicada el pasado viernes en el suplemento Fugas, incluyendo a mayores alguna pregunta que, por razón de espacio, no se pudo recoger en la versión impresa)

La filosofía de las bandas heavys suele ser, en su mayoría, similar a la de los equipos de fútbol. No importan las bajas, el proyecto sigue adelante con nuevos jugadores. Ha pasado en Deep Purple, en Whitesnake, en Iron Maiden y en Metallica. Y ha pasado también en Barón Rojo, la banda nacional más importante del género. Sin embargo, los fans siempre guardan una formación mitificada como la mejor y, con ello, el anhelo de que esa alineación retorne para reverdecer laureles.

Eso es exactamente lo que sucederá el próximo 6 de marzo en el Coliseum de A Coruña con Barón Rojo. Los hermanos Armando y Carlos de Castro, Jose Luis Campuzano “Sherpa” y Hermes Calabria se subirán al escenario para revivir la época dorada del grupo, la que va desde 1980 a 1989. «Se cumplen 30 años de la formación de la banda y la efeméride invitaba a rehacer el grupo, aunque fuera temporalmente», explica Carlos de Castro, guitarrista del grupo. «Aprovechando eso, hemos decidido juntarnos para toda esa gente que nunca pudo ver la formación original o la que, simplemente, quiere ver cómo nos conservamos en el escenario».

baron-rojo—¿Después de tanto tiempo, siguen, como cantaban ustedes, comentando las gentes del lugar que «los roqueros no son buenos»?

—[Se ríe] Bueno, vete tú a saber. ¿Hay alguien bueno en la sociedad en la que vivimos hoy en día? Yo creo que somos normales, con unas inclinaciones musicales y nada más. Cuando eres joven tienes una manera de ver la vida algo más extrema, pero pienso que la gente, en cuanto se analiza a sí misma, ve que todos somos iguales.

—¿Resultaba complicado ir a comprar el pan en los primeros ochenta con sus pintas?

—Tampoco era muy complicado. Había pasado la dictadura hacía unos cuantos años. Era algo inusual, porque las generaciones que vinieron después ya han nacido sumergidas en toda esta historia. Había un determinado colectivo de gente al que le tiraba la música, que querían vivir de una manera y lo sentían así. Nosotros, además, todo eso lo plasmábamos en nuestras canciones. Pero, al margen de ello, yo creo que todos hemos sido siempre gente muy normal.

—Esa mítica del roquero frente a la sociedad que lo repudia se plasmó en las letras de sus canciones en infinidad de ocasiones. ¿Eran conscientes que estaban escribiendo los himnos de una generación?

—No, no en absoluto. Nosotros hacíamos las canciones sin más. Lo que pasa es que, tanto en el terreno musical como en el terreno lírico, se ha demostrado que perduraron, que nuestro mensaje sigue totalmente vigente. En realidad, nosotros hablábamos de temas generales, de esas pequeñas frustraciones que teníamos. Mucha gente se ha sentido, y se sigue sintiendo, identificada con ellas. Eso es lo que desea un artista, que su mensaje se mantenga, en lo estético y lo lírico, el mayor tiempo posible.

—Tan actual es que en Youtube existe un montaje con la canción “Pico de Oro”. La grabaron en 1987, pero en el video salen Zapatero, LLamazares y Rajoy. ¿Conocen el vídeo?

—Sí, lo he visto y me parece que es muy acertado. Muchas de las personas que se sacan ahí, cuando hicimos las canciones, no existían. Pero es lo que te decía antes, nuestras letras siguen teniendo vigencia.

baron-rojo-2—¿Es «Volumen brutal» su gran álbum?

—Sí. En su día no nos dábamos cuenta, pero es unánime: es nuestro elepé más valioso y el que da la imagen más válida de la banda. Yo añadiría más discos, ya que más o menos me parecen excelentes todos. Pero ese es el disco que nos ha dado la imagen, la fama y todo. No tenemos porque llevarle la contraria al público. Nosotros seguimos tocando muchas canciones de Volumen brutal en directo, lo que significa que para nosotros todavía tienen valía.

—En la portada se puede ver una muñequera de tachuelas. ¿Qué piensa cuando las ve ahora asociadas al electro pop?

—[Se ríe] Pues creo que con los grupos de pop no conecta mucho. Es otra estética en todos los aspectos, tanto musical como física. En aquel entonces, esa muñequera ejemplificaba perfectamente la música que hacíamos. Estaba muy cercano el fin del antiguo régimen y, de alguna manera, era muy liberador todo eso del volumen, los vatios, el sonido, la imagen de romper un muro… Por desgracia, en aquel entonces no había muchos grupos de lo que nosotros hacíamos y quisimos dejarlo todo muy claro, haciendo una portada que a la gente no le llevara a engaño. El tiempo nos ha dado la razón, porque mira que no han salido reediciones de este disco, pero a nadie se le ha ocurrido cambiar la portada.

—Treinta años después siguen fieles al mismo credo.

—Sí, pero no por un sentido extra de la fidelidad ni nada, sino porque es la música que creemos que tiene unos valores musicales más duraderos. No juzgamos la música de nadie, pero pensábamos cuando empezamos que lo que nosotros hacíamos iba a tener largo alcance. En realidad, no inventábamos nada que no existiera, sino que continuábamos una corriente que habíamos escuchado muchos años. Queríamos ubicarnos ahí y hacer ese tipo de canciones. Era difícil, porque en España era todo muy complicado. En los setenta no nos atrevíamos a hacer letras en español, porque existía la censura y tenías que pasar permiso. Cuando llegó la democracia, la gente pedía más y había que hacer lírica, letras. Esa fue nuestra oportunidad. Nosotros lo hicimos lo mejor posible y fuimos de los primeros en hacerlo. Con tanto éxito, que incluso fuera de España tuvimos cierta repercusión.

—Es cierto. Con la edición de «Volumen brutal» pasaron de ser una banda de barrio a codearse con la plana mayor del heavy internacional, desde Michael Schenker a Iron Maiden. ¿No sintieron vértigo?

—Sí, nos daba mucho vértigo porque era totalmente inesperado. Fue todo muy rápido, no nos daba tiempo ni a digerirlo. Pero, luego, la realidad del país era muy distinta. Había días que tocabas en un sitio y metías 30.000 personas. Luego, ibas a otro sitio y solo había 300. No había unanimidad, porque este país no había llegado a una madurez en el tema musical. La música comercial era lo que funcionaba normalmente. Aunque, luego, había una juventud apoyandonos, que fue la que hizo que llegásemos al número 1 en aquellos días. Pero, desde luego, no era algo unánime.

YouTube Preview ImageBarón Rojo en su época dorada actuando en el Pabellón de los Deportes de Madrid en 1984

ESOMBRECIDOS POR LA MOVIDA
En los noventa todo se mezcló, pero en los ochenta las diferencias entre las tribus urbanas estaban tremendamente marcadas. O se estaba de un lado, o se estaban del otro. Y, aunque los medios hablen de las escisiones entre los diferentes grupos de la movida, realmente latía otra dialéctica: la de los heavys frente a poperos, la de la música del barrio frente a la música que se podía escuchar en las radios. Más allá de estéticas contrapuestas, la fricción tiene su origen en la falta de atención que tuvieron los primeros frente al excesivo foco de los segundos. Una injusticia histórica aún no reparada.

—¿Qué sienten cuando los medios revisan los ochenta y se fijan en artistas como Alaska o Loquillo y los pasan a ustedes de largo?

—Eso tiene una explicación muy clara. La movida tuvo el apoyo mediático que a nosotros se nos negó. A nosotros nos apoyó la gente de la calle, pero los medios pasaron completamente.

—¿Recuerda alguna anécdota al respecto?

—Sí, claro. En una ocasión, nuestra compañía, Zafiro, intentó por todos los medios que nos diesen un especial en Televisión Española. ¿Sabes lo que dijeron? Que si lograban que hiciera un especial Marisol, que estaba también en nuestra discográfica, le daban otro a Barón Rojo, pero que si no, no, porque no les interesaba. ¡Y éramos el número uno de ventas! Luego, vino toda la historia del pop y el tecno pop. Parecía que era el movimiento musical que estaban esperando todos los periodistas desde que eran niños. A los del rock nos negaron sistemáticamente toda la atención que les prestaron a eso.

—Con «En un lugar de la marcha» llegaron a coquetear con las radios comerciales. ¿Pudo ser ese el despegue de Barón Rojo?

—En esa época, en las cadenas de radiofórmula tuvimos gran repercusión, pero duró poco. Porque, luego, hubo cambios en la cadena número uno del país y ya no quisieron volver a saber nada del rock, al menos del rock nuestro. Hasta ahí, sí, creíamos que nuestra carrera iba a ser esplendorosa, pero en cuanto a los medios para nosotros todo se terminó ahí. Con el disco En tierra de nadie prácticamente nos hicieron ni caso y yo creo que era un muy buen disco.

—¿Cuántas copias han vendido de «Volumen brutal»?

—Es difícil saberlo porque la compañía que lo editó no existe. Puede ser que con todo lo que se vendió en Europa hayamos llegado a un millón de ejemplares. Quizá no parezca mucho comparado con Michael Jackson pero, para lo que era el rock en este país, creo es una cifra muy importante.

baron-rojo-original—E irrepetible.

—Sí, porque el rock español no sale fuera. Los artistas españoles que funcionan por ahí suelen ir como botón de muestra para cosas esotéricas. No existe una industria realmente en este país que genere actuaciones en el extrajero. Además, el rock está en horas bajas en general. Quitando algunos grupos punteros por ahí no hay cosas muy allá. Precisamente ahora, es donde más hemos logrado equipararnos al rock de fuera.

—En su página web Hermes, el batería, asegura que los Barón Rojo del 2010 pueden llegar a tocar tres horas y media en directo. ¿Es así?

—No. El primero que no llega a eso es el público. Con dos horas y media creo que llega, aunque depende del lugar en el que toques. Por ejemplo, en el Viñarock solo puedes tocar una hora, aunque seas el rey del mambo.

—Es de suponer que ya son un grupo intergeneracional. ¿Hay padres que van con sus hijos a los conciertos de Barón Rojo?

—Sí, sí que pasa y nos gusta mucho. Lo único malo que de la situación de hoy en día es que la gente ha perdido la buena costumbre de comprar discos. Entonces, eso te coarta muchas posibilidades. Es una paradoja: en la época en la que mejores medios de grabación hay existen menos ganas de pagar por un disco. El mercado, mientras se aclara y se buscan soluciones alternativas, hace que los grupos hayamos perdido las ganas de grabar discos. Últimamente grabamos dvd, que tiene más atractivo para la gente.

—¿Existe la posibilidad de que esta formación se prolongue en el tiempo?

—No. En principio estaremos juntos solo seis meses. Todo lo que se pueda hacer en seis meses lo haremos. Este es el planteamiento inicial. Luego, se queda todo un poquito abierto en el sentido de que si sale un promotor en verano pues lo estudiaríamos. Pero ya es distinto,

SUS MEJORES DISCOS

baron_rojo-volumen_brutal-frontal«Volumen brutal» (1982)
«Si he de escoger entre ellos o el rock, elegiré mi perdición. / Sé que al final tendré razón y ellos no. / ¡Mi rollo es el rock!». Alto y claro, con el volumen al máximo y el desafío por bandera, Barón Rojo dejaron con su segundo trabajo el gran álbum del heavy-rock patrio. Los hermanos De Castro tejieron en él las mejores guitarras de la música española de la época y entre Carlos y Serpa interpretaron los textos más liberadores del momento. Tres décadas después sigue sonando como una bomba.

baron_rojo-baron_al_rojo_vivo-frontal«Barón al rojo vivo» (1984)
En los albores de la España socialista, las litronas, los Lee ajustados y los Yumas de triple banda naranja, Barón Rojo cumplieron con uno de los ritos del heavy: el doble álbum en directo. Aparte de una portada fantástica, Barón al rojo vivo documenta fielmente la atmósfera de aquellos impresionantes conciertos, una celebración colectiva de una frustración juvenil que no encontraba acomodo entre la sofisticación barriobajera de Ramoncín, la mitomanía rocanrolera de Loquillo o los neones de Alaska y Dinarama.

baron_rojo-en_un_lugar_de_la_marcha-frontal«En un lugar de la marcha» (1985)
El cuarto disco de estudio acoge la mítica Hijos de Caín, un baladón al estilo de las que Scorpions grababa en la época que trascendió totalmente a su estilo, colándose incluso en las radiofórmulas. También figura Cuerdas de acero, un corte dedicado a la guitarra eléctrica que acoge los mejores versos de la historia del grupo («Y tú, tormenta de truenos y luz, eres símbolo de libertad, / yo nunca podría vivir sin tus cuerdas de acero tocar»). Y un nuevo arsenal de munición de incomprensión roquera: Chicos del rock, Breakthoven

Fangoria: “En España se lleva el artista que no quiere destacar sobre los demás”

Viernes, Octubre 30th, 2009

fangoria-absolutamentePocas mujeres transmiten más sensación de seguridad y control sobre su vida que Olvido Gara, más conocida como Alaska. Durante tres décadas ha comandado una montaña rusa que ha ido desde el más absoluto undergound al número uno. Y siempre ha estado ahí, como uno de los grandes iconos de la cultura pop patria sorprendiendo a quienes tenían ideas preconcebidas y callándolas a base de sensatez y un sentido común totalmente contracorriente. Quizá por ello ha sido elegida por la organización del festival Mulleres Arte+Parte, un evento que pretende reafirmar el papel de la mujer como motor creativo. Hoy se la podrá ver a partir de las 22.30 horas en Expocoruña.

—Usted es un caso único. Igual está en una discoteca de electrónica como un programa del corazón o en una tertulia con Jiménez Losantos. ¿Se piensa mucho en donde se expone o simplemente se deja llevar?

—Eso tiene que ver con la visión que tú tienes de cómo quieres hacer las cosas y como quieres estar. Yo no tengo prejuicios, pero eso es algo que tienes que tener contigo desde el principio. La primera vez que fui a un plató y que no era para que me entrevistaran por mi música o el cine fue a La Clave de Jose Luis Balbín participando como lo que hoy llamamos contertulio. Luego, me atreví a hacer La Bola de Cristal sin haber nunca presentado un programa de televisión o escribir en prensa. Tiene que ver con que para mí eso es lo correcto. Entiendo que para otros lo correcto es especializarse en algo y solamente estar con aquellas personas con las que comulgas al 100%. Esa no es mi forma de ver las cosas ni de hacerlas y eso no es más que el reflejo de lo que yo soy.

—Eso se traslada a su música que empieza en el «underground» y termina a los pies de Raphaella Carrá.

—Va todo junto. Nuestra primera versión de Raphaella Carrá es el Rumore y es que del año 83, a la vez que estábamos haciendo una canción que tiene que ver más con Siouxe. Pero es que son nuestras influencias. Ni siquiera hay un ánimo reivindicativo. Te gusta lo que te gusta y lo muestras, sea desconocido o sea totalmente asumido para los demás.

20090506091403015052_fangoria-absolutamente—Este verano unas 300 personas se manifestaron contra el hecho de que Raphael tocase en el Noroeste Pop Rock de A Coruña. Decían que no era un artista pop. ¿Qué le parece?

—Me parece que es no entender lo que es el pop y no tener cultura. En un festival como Glastonbury ha actuado Tom Jones y nadie dudó que ese era el sitio en el que tenía que actuar. Lo veo un poquito como que todavía existe un lastre, que es una cosa muy de España. Si hubieran llevado a Tom Jones nadie hubiera protestado.

—¿Faltan estrellas pop de verdad en España?

—[suspira] Es complicado. En España se va más por el lado del artista que, según cuenta en sus entrevistas, no quiere destacar sobre los demás, que es un poco el chico de al lado que canta canciones para los demás. Pero tiene un yate y, obviamente, no es el chico de al lado. Además, esa imagen que tiene de chico normal tiene horas y horas de estilismo detrás. Eso es lo que más se lleva aquí, porque hay mucha mala conciencia de mostrar lo que uno es o de ser distinto. Por ese lado hay más carencia que en algunos países anglosajones o latinoamericanos.

—En los ochenta florecían las estrellas con cierta arrogancia como usted, Loquillo o Santiago Auserón. ¿Se ha bajado el mentón ahora?

—No, no creo. Cada caso es un mundo. Hay gente a la que una estrella un poco más arrogante tampoco le gusta. Yo pienso en un grupo típico de los dosmiles como puede ser Ellos y no se me ocurre un cantante más arrogante en el buen sentido que Guille Mostaza. O Miqui Puig, que es fruto de los noventa. Tú has citado a Santiago, a Loquillo y a mí. Quizá no podrías citar más, porque tres siempre los hay. El problema es llegar al cuarto [se ríe].Hay un tratado muy interesante sobre la música indie publicado en Inglaterra que dice que la base del indie es la falta de arrogancia, una actitud de no me importa nada, no quiero estar aquí, no me he vestido para estar aquí, no me importa el público, etcétera. Pero eso tampoco es verdad, porque luego veías a Jarvis Cocker que era lo más arrogante y estupendo que querías en el escenario. Así que nada se puede generalizar nunca.

—Participó en el disco de Tamara. ¿Cómo lo recuerda?

—A mí el disco me parece muy bueno, buenísimo. De repente, encontramos a un personaje que tenía una personalidad. Es decir, cantaba de una manera, se movía de una manera, tenía una imagen creada por ella misma… para nosotros eso era ser una artistas. Otra cosa es que eso fuera lo que Tamara pretendía, porque ni ella sabía quiénes eran todos esos que colaboraron en su disco. Ella tiene otra visión del mundo. El error no estaba ni en ella ni en nosotros, es que no coincidíamos. Nosotros veíamos una cosa y ella de sí misma se veía como una cantante normal y corriente tipo Whitney Houston o Mariah Carey. Nosotros le veíamos una cosa muy especial.

—Carlos Berlanga denunció que había habido censura sobre ese disco.

—Se puede constatar. El single de Tamara llegó al número uno de la lista de ventas oficial y en algunos programas de radio repasaban la lista de ventas y cuando llegaban al número uno despedían el programa sin mencionar a Tamara. Obviar eso es una historia sospechosa.

—Ya han colaborado con Camela. ¿Para cuándo con Pimpinela, que son un poco los padres de todo ese pop «telenovelesco»?

—¡Oh que bueno sería hacer una canción con Pimpinela! Somos muy fans de ellos. Carlos Berlanga, por ejemplo, adoraba la forma de componer de ellos y cuando en el año 84 hicimos Cómo pudiste hacerme esto a mí algún crítico dijo horrorizado que parecíamos Pimpinela. Sin embargo, Carlos estaba encantado porque para nosotros no era un insulto, sino un todo un halago. Hay dos tipo de colaboraciones: una que se te ocurre a ti y llamas a la gente para que salga en tu disco, como Sober, Mago de Oz o Camela. Y otras que te proponen a ti, como me pasó con Miguel Bosé o Raphael. A veces los conoces. Con Camela coincidimos en una televisión, cuando había muchos programas tipo Luar por el mundo que ahora ya casi no hay. Eso era muy divertido, porque llegabas al programa conocías a otros artistas y con ellos surgió así. Eran simpatiquísimos, nos encantan musicalmente y conseguimos que se llevasen a su terreno una de nuestras canciones.

fanmgoria—Reivindica a Pamela Anderson como la mujer perfecta. ¿Cree usted que será un icono como Betty Page?

—Totalmente. Será de las que trascenderá al tiempo. Marylin no era especialmente bien considerada en su momento. No sé por qué a la gente le es mucho más fácil reivindicar o quitarle el peso a la cosas cuando pasan 20 o 30 años, porque Pamela ha trabajado con todos los fotógrafos que la consideran un icono tipo David LaChapelle. No es que vaya a serlo, es que ya lo es. En cuanto al físico, sigo pensado que es la mujer perfecta.

—Hace veinte años estaba a punto de nacer Fangoria. ¿Ya han salido los de «Yo estuve ahí cuando Fangoria daban sus primeros conciertos»?

—Todavía no. Los noventa tienen menos entidad que los ochenta y a la gente le cuesta más. Todavía teníamos que ver la reivindicación de Australian Blonde, Killer Barbies o los primeros Dover y eso no acaba de llegar. Pero sí te puedo decir es que ya han dejado de dar la lata con los ochenta. Pero cuando éramos pequeños y hacíamos las primeras entrevistas con los Pegamoides ya nos pasaba. Todos los periodistas nos hablaban de lo maravillosos que habían sido los sesesenta y nosotros les decíamos que no, que lo maravilloso eran los seteta. Es un ciclo de 20 años que siempre hay que mirar lo de 20 años atrás. Como vieja, te aseguro que pasa continuamente.

—¿Era algo insoportable esa adoración a destiempo por los ochenta?

—Sí, pero ¿qué quieres que le hagamos? Las personas que ahora mismo están en las agencias de publicidad, secretarías de cultura tienen cuarenta y tantos años o cincuenta. Entonces, la de esos años es la música que ellos escucharon de pequeños y quieren que se repita. Creo que ha pasado la fiebre, pero la de los noventa todavía no ha entrado.

—En la portada del nuevo disco homenajean a la Factory y el pop-art. ¿Son hijos de Warhol?

—Si de manera muy directa y por separado. Cuando Nacho y yo cuando empezamos en Kaka de Luxe coincidimos, uno de los puntos de encuentro fueron Warhol y la Factory. Nacho siempre dice que la primera vez que oyó hablar de Warhol fue en una canción de David Bowie. Yo pensaba que me hubiera gustado estar en la Factory cuando tenía 12 años. Fue un punto de partida más allá de la música y el arte. Nosotros no tenemos el prejuicio de la estrella o el famoso. Para nosotros es fantástico ser una estrella y un estrella lo eres aúnque nadie te lo reconozca y seas una travesti que estás en una esquina. Tú eres una estrella, eso es algo muy warholiano. Además, tuvimos la suerte de tocar para él cuando estuvo en España. Ha sido una especia de filosofía que además ha triunfado incluso en el peor sentido. Es decir, lo de la fama por la fama en los programa de televisión. Si Warhol estuviera vivo estaría encantado con lo que hay por ahí.

Mushroom Pillow: “He intentando evitar los tics indies que juegan en contra de los grupos”

Viernes, Octubre 2nd, 2009

mushroom-pillow-logo-fondo-blanco2 Empezó a principios de esta década ligado a lo sesentero. Entonces, Deluxe y su primer álbum, Not What You Had Thought, era el estandarte de Mushroom Pillow, el sello discográfico que dirigía el coruñés Marcos Collantes desde Lugo. El éxito fue tremendo y pronto se trasladó a Madrid. «Sinceramente, nosotros esperábamos más, la verdad —confiesa sin pizca de ironía—. De hecho, ahora estamos en la línea de tener mucho más éxito todavía del que hemos logrado». Se refiere al asalto internacional que están protagonizando grupos como Delorean o We Are Standard.

—Con la que está cayendo, ¿cuál es el papel de un sello discografico en el 2009?

—No sé cuál es el papel de un sello, solo sé cuál es el papel de nuestro sello. Y ese es apostar por lo que nosotros creemos que son grupos con algo que decir y luchar para que esa música llegue al público más masivo posible. En unos casos será 5.000 personas, otros llegarán a 40.000… Eso es lo que nosotros tenemos que hacer.

—Mushroom Pillow instauró un modelo de negocio muy imitado: ser la editorial de los discos y al mismo tiempo agencia de conciertos de los grupos. ¿Fueron los primeros?

—La verdad es que en el momento yo pensaba que no, que había más gente haciéndolo, pero al cabo de un tiempo nos ha comentado mucha gente que efectivamente fuimos los primeros. En el 80% de los casos ha sido muy beneficioso para el grupo. De hecho, los grupos que vienen a Mushroom Pillow buscan eso, no tiene sentido de que sea de otra forma. Nos llevó a dar este paso el hecho de haber tenido la experiencia con Deluxe y Sunday Drivers. Veríamos que poníamos el dinero, que apostábamos y trabajábamos y, de repente, cuando funcionaba todo, empezaban a pasar un montón de cosas alrededor, con un montón de fallos… Llegó un momento que pensé que el trabajo global era mejor para los grupos. Pero bueno, en esto hay opiniones para todos los tipos y depende de quién te la de pues será de un modo u otro. Yo lo que puedo decir objetivamente es que en la mayoría de los casos ha sido más beneficioso para el grupo que para nosotros.

—Siempre mostraron un punto de ambición mayor, queriendo desdibujar las fronteras entre el mainstream y el indie. Sus grupos sonaban en anuncios, en series de televisión,… cosas sobre las que existía una especie de ley no escrita que decía: “Eso no se puede hacer”.

—Yo es que no vengo estrictamente de ningún panorama indie musicalmente hablando. He pasado etapas de escuchar unas cosas, luego he podido estar medito en el rollo mod, pero también antes estaba en otras cosas. Yo he intentando evitar los tics indies que, al final, juegan en contra de los grupos. Esa falsa independencia no la comparto mucho. Creo que el planteamiento es: si es bueno para el grupo y es bueno para nosotros ¿por qué no hacerlo?

—¿Tiene que ver en esa actitud el inspirarse en editoriales británicas como Creation?

—Totalmente. Esa es la aspiración real. No me imagino a nadie diciéndole a Alan McGee «Oye, que quiero meter una canción en una súper campaña y que Primal Scream suenen hasta en Indochina y Malina» y ver a Alan McGee contestando «No, no por Dios, !Eso no podemos lo podemos hacer!». Si tú ves a las Chicas Gilmore salen Yo la Tengo tocando y en Gossip Girl suenan The Kills. Las grandes producciones tiran de este tipo de música, ¿por qué nosotros no lo vamos a hacer?

—Han pasado de una época sesentera y pop liderada por Deluxe a otra más oscura y rock ejemplificada por grupos como Sr. Chinarro. Se trata de un cambio muy brusco a nivel comercial. ¿Le era más fácil colar a Deluxe en los medios que a Sr. Chinarro?

—Sí, está claro que era más fácil. Lo que sucede es que cuando tú estás haciendo las cosas pasa a lo mejor un año o año y medio hasta que le llega a la gente. Es decir, yo sé que eso ha pasado en nosotros, pero también sé que ya no estamos ahí ahora. Por ejemplo, un grupo que a nosotros nos está funcionando muy bien, We Are Standard, ya no tienen ese rollo oscuro. El disco de Delorean que va a salir tampoco tiene ese punto tan oscuro. Pero, bueno, negarlo es una estupidez: nos hemos vuelto un poco más oscuros y un poco más radicales. Pero creo que volveremos a la luz en algún momento.

—En cuanto a proyección «Los jóvenes mueren antes de tiempo» de Deluxe fue su gran apuesta. Recuerdo que aquel lanzamiento salió incluso en los telediarios. Sin embargo, resultó fallido y no respondió a las expectativas. ¿Cómo lo recuerda?

—Lo recuerdo como el peor momento del sello.

—¿Por qué?

—Ese disco no debería haber salido, bajo mi punto de vista actual. Tampoco creo que sea algo abominable. Curiosamente, con el paso del tiempo, se va poniendo a la misma altura que el anterior, que en su momento era el que todo el mundo escuchaba. El comprador que queda de discos le dedica más atención a ese disco que al If Things Were To Go Wrong. Pero, vamos, creo que es mega evidente que la canción que pasó a la historia de Deluxe es el Que no. Nosotros aprendimos muchísimo de esa etapa que fue bastante desagradable.

—Antonio Luque (Sr. Chinarro) es uno de los grandes del pop español, a la altura de Antonio Vega o Joan Manuel Serrat, pero sigue siendo minoritario. ¿Cuando se le valorará como es debido?

—Bueno, yo creo que el fenómeno indie de los noventa marcó la tumba de muchos grupos. No me refiero a lo creativo. Fue como un intento fallido de un asalto a los medios, cuando la mayoría no estaban preparados. Se catalogó muy rápidamente todo eso y, a partir de ahí, ese perjuicio ha quedado instalado en los medios de una forma muy grande. No es como en la Movida, que había posibilidad de dar un segundo paso. Ahora se les cierra la puerta. Yo creo que Antonio está a la altura de Antonio Vega, Serrat o de cualquier nombre mítico. El tiempo lo pondrá en su lugar.

—¿Qué se encuentra cuando quiere colar a un grupo como Triángulo de Amor Bizarro en un telediario?

—[risas] No saben por dónde salir. Pero, bueno, en todos los medios de comunicación siempre hay alguien al que le tira algo que no sea lo típico y están aburridos de hacer la entrevista de turno a Pereza. De repente, si le propones algo interesante con un punto de vista diferente a veces acceden.

—Triángulo de Amor Bizarro impresionaron con su debut. Usted dijo que ese disco pasaría a la historia como un clásico del pop español como el “Super 8” de Los Planetas. ¿Ha sido así?

—No, aún no ha pasado el suficiente tiempo y no han hecho más discos. Yo creo que todo dependerá de a dónde lleguen creativamente en los dos siguientes discos. Cuando Los Planetas sacaron el Super 8 yo tengo a gente conocida que rcuerda haberlos visto tocando para siete personas en cualquier garito por ahí. Tampoco hubo ese rollo de “!Dios mío, Los Planetas!”. Serían como Triángulo de Amor Bizarro, pero sigo creyendo que el primero de Triángulo de Amor Bizarro va a ser un clásico.

—Van a recopilar el material de Los Eskizos, una banda coruñesa de culto. ¿Qué le ha llevado a ello?

—Yo viví su historia más o menos de cerca y, sinceramente, creo que fueron algo muy especial. Aportaron algo para lo que la ciudad aún no estaba preparada. Era una cultura musical, una estética, un todo. Si Los Eskizos fueran un grupo actual seguramente tendrían mucha más repercusión de la que tuvieron. Entonces era todo muy complicado. No teníamos ni autovía y además existia mucho eso de “saco un epe de 500 copias para que nadie lo conozca”.

—¿Piensa que esa mentalidad se está rompiendo?

—Yo creo que muchos de los grupos nuevos se debaten entre llegar a mucha gente y hacerlo desde un sitio muy undergound. Y eso muchas veces no funciona. Puede pasar que a veces lo haga, peor en general es muy limitado. Es una de las contradicciones de los grupos nuevos.

Pimpinela: “Somos como una sesión de terapia para muchas mujeres”

Viernes, Septiembre 25th, 2009

Pimpinela son un género en sí mismo. Y punto. El dúo formado por Lucía Galán Cuervo, y su hermano Joaquín irrumpieron en la música popular en los primeros ochenta entremezclando pop y telenovela e inventaron un estilo único. Sus historias de cuernos, reproches, gritos, portazos y reconciliaciones han sido algo así como la amplificación colectiva de las pequeñas miserias doméstica del corazón, hasta el punto de que cuando alguien dice «esos parecen Pimpinela» no se necesitan más palabras para describir el estado de una pareja. Y eso, trascender de ese modo, más allá de la música, es convertirse en mito de la cultura popular. Sí, como Maradona, Chiquito de la Calzada o el bote de Colón. El maligno Joaquín (que toca esta noche en la sala Capitol de Santiago), se encarga de contestar las preguntas de esta entrevista publicada hoy en el suplemento Fugas

—Llevan 25 años retorciendo las pasiones del corazón. ¿Sus canciones podrían ser un análisis sociológico de cómo se han relacionado las mujeres y los hombres?

—Se puede ver así, sí. En las primeras canciones, de los años ochenta, el hombre de la canción era un personaje hispano, latino y un poco machista. Lucía le gritaba las cosas que las mujeres de la época no se atrevían a decirles a sus maridos. Han pasado 25 años de aquello y el cambio ha sido contundente. En el nuevo álbum, por ejemplo, hemos incluido una canción, Primero yo, donde se refleja claramente el sentimiento de la mujer hoy en día. Es decir, cosas como la igualdad o el desarrollo personal, más allá de ser madre de familia. Hoy esa pareja en la que el hombre gobernaba tiene otro contexto completamente diferente. Los dos hacen las mismas cosas y la mujer ocupa un lugar muy importante en lo social y lo económico. Esa evolución la recoge nuestro repertorio.

—¿Quienes son más infieles, los hombres o las mujeres?

—[risas] Pregunta difícil. Depende de la persona. La mujer, desde mi punto de vista, tiene una entrega mayor hacia lo que es una relación de pareja. Cuando una mujer se compromete afectivamente lucha hasta las últimas consecuencias porque la pareja salga para delante. Si se siente descuidada, si el hombre va a su rollo y no la respeta, la infidelidad puede aparecer, pero tanto de ella como de él.

—En Pimpinela el infiel casi siempre es usted.

—Sí, porque lo que hacemos Lucía y yo es un poco representar a un promedio de lo que es el colectivo general. Históricamente, el hombre es el que se ha sentido mayor libertad de tener una escapada por ahí, sin que eso interfiriera en su matrimonio. La mujer cuando engaña lo hace no solo con el cuerpo, sino con el corazón y con la cabeza. El hombre es más egoísta, más impune a esas cosas.

pimpinela

—¿Cuál ha sido su mayor logro como grupo?

—La idea, cuando nacimos, era hacer en la música pop algo distinto, juntando la vocación del teatro de Lucía con la mía por componer canciones. De algún modo queríamos lograr una marca, algo que se pudiera identificar. Creo que lo hemos conseguido. Ese ha sido nuestro mayor logro: hacer algo distinto, reconocible y que perdurase a través del tiempo mucho más allá de la moda.

—La demostración de eso, se ve en grupos como Camela, claramente inspirados en ustedes. ¿Se conocen?

—Sí, hemos escuchando su trabajo y sí que vemos que han tomado ese estilo nuestro de cantar charlando entre ellos pero en otro contexto musical.

—Han hecho una remezcla regatón de «Olvídame y pega la vuelta» y han grabado un tema con Miranda. ¿Les preocupa seguir siendo vigentes?

—Intentamos no quedarnos atrás. Lo de Miranda es un poco lo que sucedió con Camela en España. Salieron en Argentina como un grupo muy moderno y de culto. Nos parecieron una gente muy talentosa que, de algún modo, se habían inspirado en Pimpinela. Respecto a la pregunta, siempre hemos intentado modificar la forma, pero no la esencia, porque nosotros lo tenemos todo muy definido.

—Sus conciertos tienen una carga muy «telenovelesca». ¿En un momento dado el público toma partido por Lucía y van contra usted?

—Sí, eso ocurre mucho. Hay momentos en que las mujeres lloran y se enfadan. Nos pasó aquí en España. Las mujeres que le decían a Lucía: «!Pégale, pégale duro!». Ven en mí un poco al hombre que quisieran machacar.

—¿Proyectan en ustedes sus conflictos privados?

—Sí, es como una catarsis. Somos como una sesión de terapia para muchas mujeres, que se meten en la historia y, sin duda alguna, proyectan sus propios problemas a través de lo que nosotros cantamos. Eso es lo más divertido y eso es lo que vamos a mostrar en Santiago. Quien vaya a vernos podrá ver el teatro de su historia, porque lo que hacemos nosotros es dar vida a historias reales.

—¿Qué grupos le gustan que el público general pueda sorprenderse?

—No entiendo la pregunta.

—No sé, ¿le gusta el hip-hop? ¿la música electrónica? ¿el regatón?

—Ah sí. Me gusta Eminen o 50 Cent. Mi hijo es muy fan del hip-hop y me muestra muchas cosas. Me gusta mucho el rock, U2, me gusta Estopa, Calamaro, Serrat, Sabina. Soy muy ecléctico. Me gusta un buen tango, una buena copla española, me encanta la música étnica. Yo soy de la generación de los Beatles y cuando uno le gustan los Beatles ya luego tu cabeza se abre de tal manera que estás abierto a todo. Como oyente oigo mucho tipo de música.

Amaral: “Muchas veces, cuando he llegado y me he visto en un hotel de cinco estrellas, me he sentido raro”

Lunes, Septiembre 14th, 2009

El próximo 17 de septiembre Amaral editan su primer disco en directo, La barrera del sonido, un punto y aparte con el que la banda de Eva Amaral y Juan Aguirre pretenden congelar el momento actual del grupo para la posteridad y afrontar una nueva etapa. Aprovechando la excusa, Juan Aguirre aceptó el reto y se enfrentó a un cuestionario hecho por alguien que no comulga con sus postulados. Al final, resultó ser una extensa charla de una hora y media de duración en la que el zaragozano se mostró como un músico transparente, apasionado y tremendamente fan. La versión editada se publicó en el suplemento Fugas de La Voz de Galicia. Aquí está casi toda la entrevista en bruto.

-Sacan “La barrera del sonido”, un álbum en vivo. Este tipo de disco siempre han tenido mala prensa, se suelen considerar innecesarios. ¿Cómo lo enfocaron ustedes?

-Nosotros somos muy poco partidarios de los discos en directo y los recopilatorios que tienen su fundamento en los departamentos de las discográficas. Nos propusieron un grandes éxitos hace bastante tiempo y siempre hemos dicho que no, que estábamos pensado en el siguiente disco de estudio. En este caso de pronto nos juntamos con una banda y yo creo que, tanto Eva como yo, nos sentimos bastante cerca de nuestro sonido ideal de directo, esa especie de muro sonoro con el que hemos soñado desde que empezábamos. Creímos que, tras cinco discos de estudio, estaba fundamentado un álbum así. Lo grabamos íntegramente en un concierto en el Palacio de los Deportes de Madrid. Nos parecía una manera de cerrar una etapa y de actualizar el sonido de los discos de estudio, tal y como han evolucionado al directo. Eva me decía que quería escuchar en un disco las guitarras igual que las escuchaban en los directo. Yo creo que ha quedado muy bien. Lo hemos mezclado con cuidado, tiene mucha más fuerza que los discos grabados, algunas canciones se han desnudado y otras han dado un giro, aunque en general las hemos respetado. Para nosotros es un disco que pone al día nuestro sonido y cierra una etapa.

-Pertenecen a una generación en la que el disco en directo muchas veces era el modo de acceso a un grupo. ¿Recuerda algún disco grabado en vivo que le haya marcado?

-A mí me marcó mucho una sesión de las que grababa John Peel de House Of Love. No es un grupo muy conocido, pero a mí de adolescente me marcó mucho. Los discos suyos me parecían alucinantes, no entendía cómo podían sonar así las guitarras. Luego, el tratamiento de la voz era como muy intrigante. Me resultó un shock escucharlo en directo en esa sesión, porque era mucho más crudo, los tempos se aceleraban y me voló la cabeza. Es el primero que me viene a la cabeza.

-Lo que sí es que el tema del disco en directo ahonda en la idea de grupo comercial que sigue el dictado y los ciclos de la industria. ¿Tienen que decir algo ante eso?

-Yo es que no creo que seamos un grupo comercial directamente y tampoco creo que sigamos ningún ciclo marcado por nadie ajeno a lo que es el grupo. Siempre hemos editado el disco cuando lo teníamos. Te pongo un ejemplo. Cuando editamos Pájaros en la cabeza, veníamos de un disco que estalló como Estrella de mar y la compañía nos lo pedía con mucho meses de antelación y nosotros lo editamos cuando lo tuvimos. Te voy a ser muy sincero: nuestro sello nunca nos impuso nada. Te lo digo absolutamente en serio y, sobre todo, para romper la idea de que una compañía grande te pueda marcar pautas artísticas o temporales sobre la edición de los discos. Nunca nadie nos ha dicho cuándo teníamos que editar un disco o cómo tenía que sonar. Este disco, de hecho, iba a salir antes del verano, pero nosotros estábamos embarcados en la gira y queríamos que la mezcla fuera muy fiel a lo que sonaba en el Palacio de los Deportes. Queríamos un sonido de guitarra potente, un sonido de batería potente y para eso no basta en soltar lo grabado, sino que hay que mezclarlo en un estudio analógico, no teníamos ninguno cerca en Madrid y bueno… Todo esto se puede resumir en que no, realmente no hemos seguido ninguna pauta temporal, salvo la que nosotros mismos nos hemos marcado y no pensamos que seamos más comerciales que cualquier banda a la que no se le tacha de ello. Somos comerciales desde el momento de que nuestros discos se venden y la gente paga por venir a vernos, pero ninguna de nuestras canciones ha nacido con esa idea. Pero no sé, a mí The Stone Roses me parece un grupo comercial, en el sentido de que hacen música popular y, desde luego, yo hubiera pagado por ir a verlos de haber podido y me he comprado todos sus discos, pero no los considero como unos artistas comerciales.

-De entrada, me contesta tajante diciendo que no son una banda comercial. Eso se reproduce en muchas entrevistas suyas. Da la sensación de que les preocupa esa imagen, que siempre están a la defensiva en ese tema diciendo “Eh, eh, que no somos comerciales”. ¿Consideran que necesariamente existe algo malo en ser comercial? ¿Qué le inspiran, por ejemplo, artistas como Kylie Minogue o Michael Jackson?

-Yo creo que, a veces, el término comercial se usa a veces de forma peyorativa; es como cuando se desprecia al pop, porque se asocia a una música de consumo rápido. Entonces yo digo, “no, no, para mí los Smiths son un grupo de pop”. Es un problema de terminología, creo. Cuando estábamos grabando en Inglaterra, me compré el single de I Can´t get Out OF My Head de Kylie Minogue me lo compré en un HMV y me iba a correr por las mañanas con él. Me parecía una canción fantástica. En el caso de Michael Jackson, cuando estábamos tocando en el festival de aniversario de Mandela yo me puse a temblar delante de dos personas, uno era Jerry Dammers de The Specials y el otro era Quicy Jones. Para mí Thriller y Bad son obras maestras de artesanía pop. Han devenido en ser discos comerciales, pero si tú te olvidas de lo que han significado en la industria son obras maestras, igual que muchos discos de los Beatles o los Beach Boys. Nosotros no es que estemos a la defensiva, pero pensamos que en este país a veces se duda de un grupo por el hecho de salir en las listas de ventas y solamente por eso. Entonces sí que es cierto de que, a veces, podemos estar a la defensiva ante compañeros tuyos periodistas, como diciendo “vamos a ver, nosotros no somos un producto comercial premeditado”. Es obvio que hemos llegado a un público masivo y estamos encantados por ello, porque para nosotros todo esto era un sueño. Si nosotros fuéramos un grupo pretendidamente comercial habríamos hecho otro tipo de cosas, habríamos seguido las modas. Y nunca hemos sido un grupo que siguiera las tendencias del momento.

-Pese a sus explicaciones, cuesta creer que, cuando tuvieron terminadas canciones como “El mundo sobre mí” o “Toda la noche en la calle”, no se planteasen que podrían ser número uno en un país como España.

-En el caso de Toda la noche en la calle comenzó con una frase que decía “Es que este mundo no lo entiendo”. Era una frase que Eva cantaba con un riff de guitarra y no había letra, ese fue el principio. Fue una canción que surgió intentando comunicar un sentimiento y, luego, se convirtió en un himno de gran auditorio. En el caso de El universo sobre mí recuerdo que habíamos terminado la gira de Estrella de mar, en la que habíamos hecho 180 conciertos en dos años sin parar. Yo me había roto, tras mucho tiempo sin dormir en una época bastante loca, y tuve una lesión que me impedía tocar la guitarra. En esos dos años la percepción de la gente sobre nosotros había cambiado. Éramos dos tíos bastante anónimos de Zaragoza que, de pronto, salías en tu ciudad y era una especie de cosa desorbitada. Eva me mandó un arpegio de guitarra y, luego, yo lo toqué con el melotrón porque estaba lesionado. La única frase que estaba terminada es la que dice “necesito que comprendas que estoy sola en medio de un montón de gente” y yo le llamé porque flipé con su capacidad de síntesis. Pensé que ahí teníamos el germen de una gran canción. Pero pensábamos en la música que necesitábamos oír, no en los parámetros exteriores, sinceramente. En este momento que estamos planteando el futuro, es decir el nuevo disco, lo entendemos más como el principio, como si fuera el primero. Nos imaginamos que Amaral empieza y lo que va a salir de ahí tiene que ser algo nuevo. Tenemos un latido en ese sentido. Nada de lo que hemos hecho antes nos sirve cuando estamos ante una hoja en blanco y una grabadora. No sé cómo ocurre en otros grupo, pero nosotros no somos de “Oh, hemos vendido tanto y hemos llenado tanto que tenemos que seguir en esa escena”. De hecho, con Gato Negro, Dragón Rojo nos equivocamos, porque pensamos que era un disco para tocar en aforos pequeños, pero no: ha sido la gira más larga y más multitudinaria que hemos hecho. No sé, Concorde no es una canción que esté hecha con la idea que tú me comentas.

-Habla de “Gato Negro, Dragón Rojo”. En ese disco el primer single fue “Kamikaze”. Han dicho que era un single arriesgado. Yo veo una canción de aires after-punk muy en la línea de los primeros U2, con un pianito a lo “New Years Day”. ¿Dónde está el supuesto riesgo?

-Yo creo que nos referíamos más al conjunto del disco más que a Kamikaze en particular. Desde luego, cuando hablábamos de eso nos referíamos a la temática, porque es una temática muy personal. En el fondo, hay algunas canciones nuestras que la gente las puede hacer suyas. En ese momento, cuando empezamos a trabajar en el disco, estábamos en un punto bastante introspectivo, sobre todo en el lado de Eva, que había viviendo una serie de cosas duras. Entonces, Kamikaze, más allá de las sonoridades que te puedan recordar a cierto tipo de rock inglés, para nosotros es como una auto declaración de principios tras el camino recorrido en cuatro discos. A nosotros el éxito nos afecta: nos permite que viajemos, nos permite comprar los instrumentos que queremos, pero también tiene un lado que te desestabiliza. Es cierto, y lo hemos reconocido muchas veces. Si no tuviese a mi lado un ser humano excepcional, me hubiera vuelto más loco. Cuando hablábamos de riesgo, nos referíamos a que el disco a mucha gente le podría resultar hermético en su conjunto o con mensajes demasiado crípticos y personales. Respecto a la sonoridad, es una música que hemos mamado. Joy Division, The Church, toda esa onda oscura que tiene un punto entre épico y melancólico nos ha marcado mucho. El sonido de bajo, de guitarras y el piano nos recordaba más a eso que a estadium rock. Es la sensación que nosotros tenemos. Obviamente, cuando escuché la melodía de la parte más alta, cuando Eva dice “dime si estás conmigo o contra mí” se me puso la carne de gallina.

-Menciono a U2 no como algo despectivo, sino porque es la referencia más identificable.

-Sí, cuando se escuchan guitarras así la gente piensa en eso, pero cuando yo me interesé por guitarras que no tienen nada que ver con el blues o con los exhibicionismos gimnásticos fue cuando escuché a Tom Verlaine de Television. Recuerdo una noche estudiando que en una emisora de Zaragoza sonó Marquee Moon y me volví loco. Cuando llega la frase esta famosa, el riff, no sabía qué hacer, me quedé absolutamente petrificado. Cuando tocaron en el Azkena nosotros estábamos en la gira Estrella de Mar y me plantee suspender un concierto para ir a verlos. Pero, claro, pronto me di cuenta de que no estaba tocando en una banda de barrio y que detrás de nosotros estaba una infraestructura, unos técnicos y una gente. Ese día me di cuenta de que todo había cambiado. Cuando se lo dije a Eva me dijo “¿pero tú estás loco, en qué mundo vives?”. Y sí, me di cuenta de que estaba agilipoyado.

-Cita a Televisión. Para muchos de los seguidores de los sonidos independientes la primera noticia que tuvieron de “unos tales Amaral” fue con la letra de la canción Moriría por vos, la que decía “Será que suena Marquee Moon, pero está noche moriría por vos”. De pronto, un grupo estaba desde el número uno de los 40 principales hablando de Television. Muchos sintieron lo mismo que cuando La Oreja de Van Gogh citaron a La Buena Vida, que un grupo que no tenía nada que ver con lo que se considera buena música había usurpado una referencia sagrada.

-Me alegro de que me saques este tema porque no estábamos usurpando nada, porque es absolutamente nuestro. Television es absolutamente mío y de Eva. De hecho, no solo Television, sino todas las cosas que luego ha hecho Tom Verlaine y Richard Lloyd. Cuando tocaron en el Arena en Madrid, yo me llevé un montón de vinilos y de cosas así, y recuerdo cuando pasaron al lado no le puede decir nada. Yo le hubiera dicho a Verlaine “Mira tío en las pruebas de sonido toco cosas vuestras e intento hacer un solo en mis canciones que sea tan perfecto como los tuyos”. Me parece impresionante a nivel de sensibilidad, de economía de notas, de todo. Le hubiera dado tanto la chapa, que no le dije nada. Concretamente, esta canción surgió cuando se acabó una fiesta en Santiago en una habitación de un hotel. En aquella época, era un disco que poníamos siempre en las habitaciones de hotel, entero, vuelta y vuelta. Puede que el Marquee Moon sea para mí como para ti el de los Stone Roses. Hay cosas tuyas que si las firmase yo y sustituyera el primero de los Stone Roses por Marquee Moon las podría haber escrito yo. Pienso que se distorsiona todo. Todos mis amigos de Zaragoza saben que hemos dado el coñazo con eso y con Husker Dü y muchas cosas. amaral2Cuando pinchábamos en bares poníamos a Sugar. Es así, es nuestra música. Una vez un periodista en Barcelona, cuando nos dieron un premio de la MTV, nos dijo que poníamos cosas como cool en las canciones y yo le contesté “¿qué voy hacer si a mí lo que me gusta es Television y la Velvet?”. Puedes decir que mi música es una mierda, y lo respetaré porque las reglas del juego son así, pero no me pidas que hable de cosas que no me gustan. Esto es mi música. Yo creo que sí, que hemos estado un tiempo a la defensiva por todo esto. Hemos intentado respetar a toda la prensa, porque antes del estallido masivo éramos muy respetuosos y muy aficionados a la prensa musical, el Ruta 66, el Rockdelux, el Mojo, el Uncut,… lo devorábamos todo. En Zaragoza había un ambientillo en el que había bares en las que las podías leer, igual que cuando nos preguntaban por el P2P y nosotros recordábamos cuando nos grabábamos casetes en los bares. Es nuestra cultura, no estamos usurpando nada. Yo usurparía si ahora me pusiera a hacer funky y pretendiera sonar como Sly and The Family Stone, pero solo hacemos canciones pop, que a veces son más rock o más fiolk. Lo que nunca hemos hecho es rock AOR estándar. Eva siempre dice que le gusta la música muy suave o el punk. El folk lo introduje yo, que estaba más colgado de grupos como Pentangle. Ya hemos aprendido que todas las situaciones en la vida tienen su cara y su cruz. La cara es que tocamos en sitios grandes delante de mucha gente, y la cruz es que a veces la gente te pone contra una esquina y tú te tienes que defender. No entiendo mucho por qué, pero en este país sucede así. Tampoco me quejo, simplemente lo constato.

-Ha sacado su lado de fan, así que es el momento de preguntarle por el grupo con el que usted dijo eso de “yo quiero tener uno como el de esos”. ¿Cuál fue?

-The Beatles. A los once años.

-Tras escuchar su discografía, se desprende que uno de sus héroes musicales es Peter Buck que llegó incluso a colaborar en “Gato Negro Dragón Rojo”.

-Sí, es un héroe absoluto.

-Presiento que una de sus canciones favoritas es “The One I love”.

-The One I Love me gusta mucho, pero no más que muchas de Neil Young en las que creo que está el espíritu de esa canción. De todos modos, la primera vez que escuche The One I Love y, sobre todo cuando vi el video, tuve también una sensación de electricidad. Cuando le enviamos Doce palabras a Peter Buck fue una manera de pagar deudas. Yo creo que en la música hay que ser agradecido. Cuando la música que te dado tanto hay que serlo. En el caso de Omega quisimos pagar una deuda de fan y de agradecimiento. En este caso lo mismo. A Peter Buck le enviamos la canción sin mucha fe, pero con esa intención.

-Usted tiene una predilección por el sonido Rickembacker. ¿No se plantea que es un sonido que le limita por lo característico?

-Sí, estoy completamente de acuerdo. Lo he pensado muchas veces, de hecho en este último disco he usado muy poco la Rick de 12 cuerdas y en el siguiente no la voy a usar nada. También me pasa con los amplificadores Vox AC-30. Creo que hay una especie de pequeño club, donde podría estar gente como The La´s, Peter Buck o The Church. Sí que es un sonido que tiene algo de folk. Johnny Marr sería como el súper maestro. Pero es un sonido que te limita.

-Retomemos las letras. Hablábamos antes de frases concretas de las canciones. Existen varias en su discográfica que los seguidores las usan como proclamas. ¿Después del tiempo que llevan, cuando están componiendo llega un momento en el que dicen “Este es el verso que va a cantar la gente a voz en grito”?

-Ni idea. Eso es algo que me gustaría saber. Hombre, en una estructura de canción pop tienes una intro, un verso, un cambio y un estribillo, eso es así. Pero, por ejemplo, cuando tocas en directo hay canciones que de pronto oyes una especie de aullido generalizado y te tienes que pegar a la batería, porque te cuesta seguir el ritmo. No sabes por qué la gente ha hecho eso con esa frase. No lo sé. No nos han preguntando nunca esto así, pero me recuerda cuando nos preguntan por la clave de nuestro éxito. No lo sé.

-Me refiero a lograr que una frase se convierta en una proclama como decir “I´m the resurection” de los Stone Roses o el “Hoy no voy a ser yo” de Los Planetas. Independientemente de calidades y estilos, creo que Amaral ha logrado tener al menos cinco de esos aforismos que los fans los gritan como propios. Eso es muy complicado de lograr.

-Yo no creo que la gente que lo logra se lo plantee. Es una pena que no esté Eva, porque digamos que es la front-woman del grupo. Yo muchas veces la he visto, cuando jugamos en torno a un riff, que de pronto empieza a gritar algo porque le sale. Componemos de una forma muy impulsiva. Es decir, no nos paramos a pensar si es bueno o es malo. En ese momento ha salido así y lo dejamos; si nos sigue gustando con el paso de los días se queda. Yo recuerdo estar tocando y escuchar a la gente pidiéndonos a gritos canciones que eran la parte más introspectiva del disco.

-He pensado muchas veces en el porqué del éxito de Amaral y llegué a la conclusión de que, además de la música, viene porque transmiten unos mensajes muy sencillos, bastante asumibles por cualquiera. Me explico: eso de “Y dime si estás conmigo o contra mí” se puede convertir en un himno personal adaptable a todo tipo de situaciones. Además, tienen cierta carga de cotidianeidad, un poco hablando del día a día de la gente. A ese respecto, y un poco contradiciéndolo, Ignacio Juliá, uno de directores de la revista Ruta 66 reconoció la calidad del grupo en un articulo de opinión, pero también dijo que esas penurias cotidianas perdían su razón de ser sobre amplificadas a través de su exposición de las radios, televisiones, etcétera. Es decir, que se desnaturalizaban por el éxito que conllevaban. ¿Qué piensan de todo ello?

-Bueno, el comentario de Ignacio Julia te diré que para mí fue como 20 Grammys y 15 premios de la música todos juntos. Ese día no te voy a decir que fue el más feliz de mi vida, pero fue un impacto tremendo y un reconocimiento increíble. Me sentí como un niño. Yo recuerdo una vez en el pueblo de mis padres cuando tenía 17 años o así, un verano cogí en bici y bajé a Tudela a 18 kilómetros para comprar una revista porque me aburría. No conocía a nadie y solo tenía una guitarra. En la revista salía un artículo que se llamaba “Telepresión” y era Juliá hablando de Televisión. Cuando yo leí eso supe que tenía que oírlo. Me acordaré siempre de aquella firma. Yo no podía creer que, con el paso de los años, el tipo que escribió aquellas cosas de lo que para mí fue una especie de terremoto sonoro, estuviese escribiendo algo sobre mi grupo. Respondiendo más concretamente a tu pregunta, te diré que me he pegado tres años sin televisión y sin radio en mi casa. Cuando empezamos a sonar en la radio no soportaba escucharnos, porque no me gustaba cómo había quedado la masterización, los planos de las guitarras y no lo soportaba. Cuando en un bar ponían una canción nuestra mis amigos ya sabían que me piraba. No conseguía escucharme. Los escuchaba para recordar qué grabamos y para el directo. Para mí no pierden por eso. ¿Cuántas veces he escuchado yo I´m The Walrus? Para mí la letra no ha perdido sentido por ello. Yo creo que en este país cuando algo suena mucho se desconfía de ese algo. No sé de dónde viene, ni en qué momento se produjo esta especie de ruptura entre la música que le llega a la gente a un nivel bestia y la falta de realidad o de verdad sobre eso, pero es obvio que ocurre. Te puedo poner ejemplos. Yo la primera vez que vi a Russian Red lo que había escuchado de ella era que era una chica que robaba niños de las cunas y se los comía crudos, que era una cosa horrible. Y cuando la vi tocar, descubrí a una chica que cantaba muy bien, con algunas canciones muy buenas y un guitarrista fuera de lo común que es el de Havalina, que me encantó. Y ya vale, punto. ¿Que no te gusta? No la escuches. Pero no puedes machacar a una persona porque ha roto el techo de cristal de la sala Sirocco. En el caso de Vetusta Morla ocurre lo mismo. Yo los fui a ver y flipé. Era una banda que se notaba que no llevaban cinco meses currando. Y no les ha pasado nada que no nos haya pasado antes a nosotros. Te lo digo con un poco de tristeza, no de una forma rencorosa. Toda esta especie de humo se desvanecerá probablemente cuando Eva y yo no estemos como banda. Eso es lo que pienso, sinceramente.

-Me interesa su origen social. ¿Proviene de la clase trabajadora?

-Soy hijo de emigrantes. Mis padres se marcharon de Aragón a trabajar al País Vasco donde yo nací por casualidad. Mi padre quiso ser músico. Tocaba el clarinete en una banda municipal y su ilusión era la de tocar el saxo, pero era una familia extensa y no pudo ser. A mí me tuvieron bastante jóvenes. Siempre nos hemos considerado un grupo de barrio de Zaragoza, siempre hemos pensado que a los chavales de la working class se les negaban las oportunidades de grabar pop-music en España. Nosotros nos sentíamos bastante en sintonía con algunos grupos ingleses que vienen de los suburbios y petan. Escapan de unos curros asquerosos a través del rock y las guitarras eléctricas.

-Las canciones suyas tienen referencias a personas que les hacen perrerías en los trabajos. ¿Son reales?

-Sí, la canción esa que dices no es autobiográfica, pero habla de gente que tiene nombre y apellidos y de historias reales. Es la canción más explícita que hemos escrito en ese sentido.

-Esta pregunta realmente se la quería hacer a Bruce Springsteen, pero mientras que llega el momento se la haré a ustedes. ¿Alguna vez se han planteado si están legitimados para hablar de ese tipo de historias de la clase trabajadora, como algo cercano, cuando ustedes cobran por un concierto lo que cobran?

-Sí, me lo he planteado muchas veces. Muchas veces, cuando he llegado y me he visto en un hotel de cinco estrellas, me he sentido raro… Es una contradicción que todavía no he resuelto.

-¿Le resulta una pregunta incómoda?

-No, no me resulta incómoda, porque no somos un grupo que rehusemos a ese tipo de contradicciones. Al contrario, creo que en las contradicciones te aclaras un poco. No lo sé, nosotros no hemos grabado nunca nada con el dinero ajeno. Si vamos a un sitio, si un disco funciona tocaremos delante de mucha gente y, si funciona menos, tocaremos delante de menos gente. Nos hemos pasamos más tiempo de nuestra vida en el anonimato absoluto, tocando en bares por nada que cobrando cachés potentes y pudieron llevar un buen equipo de sonido. No sé, no hemos especulado con nada ni nos hemos dedicado a invertir en inmobiliarias, ni cosas así. Yo creo que por mucho que lo quisiera disimular, mis orígenes de barrio de Zaragoza siempre estarán ahí. El hecho de que nuestros padres no fueran de una clase social potente lo único que hizo es que fuese mucho más difícil para nosotros el acceder a instrumentos buenos. Pero no nos da la sensación de que nos hayamos desclasado o algo así. No sé si quieres que lo precisemos más.

-Sí, claro. Yo gano un sueldo normal, trabajo una serie de horas al día y tengo la visión de la vida que tengo, en parte obligada por mis circunstancias. A lo mejor, si me pagasen 6.000 euros por ir a una tertulia de televisión una noche y luego otra y otra, vería el mundo de otra manera y pensaría que realmente me merezco ese dinero. En su caso, hacen conciertos pagados por Ayuntamientos donde se abona en una sola noche más de lo que gana en un año un trabajador normal y la bola de nieve que genera ese modo de vida – los buenos hoteles, las zonas vip, el mundo del famoseo,… - a veces puede dar que pensar, “vaya me estoy desarraigando, estoy perdiendo el contacto con la calle y vivo en una burbuja que no es la vida de la gente normal de la que hablo en mis canciones”. ¿Qué me dicen?

-Bueno, por partes. Odiamos las zonas VIP. Cuando vamos a los conciertos, si vamos, nos vamos a la primera fila. Respecto al mundo de la farándula, yo creo que seguimos teniendo los mismos amigos que hemos tenido de siempre y ellos no tienen mucho que ver con el mundo del rock y la farándula. amaral-2Lo de ir a unos hoteles u otros, cuando podemos vamos todo el equipo a los mismo hoteles, porque nosotros consideramos que dentro de un show es igual de importante el batería, la cantante o el técnico de sonido. Son gente que llevan con nosotros mucho tiempo y lo vemos así. Yo, a veces, estoy más a gusto con los técnicos que con las estrellas del rock. No creo que nos hayamos desarraigado. Tampoco creo que sea un franciscano o algo así, pero miro a mi compañera y veo a la persona que yo conocí trabajando de camarera en un bar y es la misma persona. Obviamente, hemos sido muy afortunados en el lado material, pero eso se puede terminar mañana. Tampoco le tengo ningún miedo a que esto acabe. Creo que la música nos ha dado mucho más de lo que esperábamos y que pase lo que tenga que pasar. A mí no me ha hecho más feliz ese tipo de cosas. Yo recuerdo cuando tocábamos en los garitos de Santiago de Compostela con una guitarra, un fuzz y una voz, que éramos igual de felices, porque para nosotros ya era una pasada que vinieran a vernos un grupo de personas que no llegaba a cien. Es así como lo veo, no es el fundamento de nuestra vida, no elegimos hacer música por el dinero. Lo nuestro es una necesidad mucho más profunda. Siempre hicimos lo mismo, lo que sucede es que ahora nos pagan por ello. Nosotros estudiábamos, teníamos curros, yo trabajaba en una gran superficie de dependiente y descargando camiones. La primera guitarra que tuve me la compré descargando camiones en Zaragoza y tenía que entrar a las 5 de la mañana, luego iba a la facultad y luego ensayaba. Y terminaba molido. No estoy intentando demostrar nada con ello, sino contando la verdad.

-Al hilo de ello, en muchas letras suyas se percibe un poco la celebración de la vida del rock n´roll, de haber llegado ahí, de salir de la vida convencionales a través de la música pero aún sorprendiéndose de ello. Como si fuera un camino que escoges, que la gente te dice que vas mal por ello y que, al final, llegas al lugar deseado y lo celebras. ¿Existen algo de eso?

-A veces sí, pero tal y como te lo escucho me resulta un poco banal. No hay ninguna canción que hable del carpe diem del rock n´roll star, porque huimos del concepto clásico del rock n´roll star. Nos parece muy incómodo y muy difícil de llevar en el día a día.

-Una precisión. No me refiero a eso. Me refiero a letras como “Creímos en el rock n´roll”, como el haber tomado un camino lejos de una vida convencional, es decir del de trabajar ocho horas al día en una oficina, por ejemplo.

-Esa canción habla de las sensaciones que tienes cuando una banda llega a tu ciudad y la ves en una carpa. La primera vez que vi a Elliot Murphy con miembros de Violent Femmes en las fiestas de Zaragoza, por ejemplo. Hablábamos de ese tipo de cosas. En el 2006 fue un año en el que volvimos a Zaragoza, después de estar mucho tiempo fuera. Esa letra tiene que ver con una especie de sensación de una cierta ingenuidad, que tiene que ver con los años de Zaragoza. Tú date cuenta que nosotros salimos de Zaragoza y no paramos de viajar. Luego, tuvimos que retornar y nos encontrábamos con unas calles que nosotros recorrimos siendo anónimos y con unas salas en las que estuvimos, con un sentimiento de reencuentro con la ciudad. Ahí surgió esa canción, que es más una especie de recuerdo motivado por el espacio geográfico.

-Entonces el reproche que tenía pensado, el que es idea de rock n´roll de la que hablar resulta un tanto naíf, es plenamente aceptado, ¿no?

-Sí, era la intención. Te hablo de la típica banda de barrio de gente mayor que tú, que flipas al verlos. O, yo qué sé, la primera vez que vi a Paul Collins en Zaragoza. Fue una pasada.

-Amaral desprende una imagen, desde fuera, de grupo muy “oficialista”. Me los encuentro en la Expo, me los encuentro en la Moncloa hablando con Zapatero, me los encuentro en el Laboratorio Ñ subvencionado con dinero de la SGAE , en los 40 Principales… Para mucha gente ese es el primer contacto. ¿Piensan en eso?

-Nosotros nos consideramos a nosotros mismos un grupo situado bastante en la periferia de la cultura oficial. Yo, personalmente, estoy evolucionando cada vez a posiciones más libertarias, anarquistas y descreídas, filosóficamente hablando. Te comento, punto por punto, lo que dices. En el caso de las radio fórmulas, yo no tengo ningún problema en que pongan mis canciones en la radio. Me gustaría que pusieran a muchos otros grupos que también me gustan, pero estoy encantado que la gente nos escuche. En el tema de la Expo, he de decirte que cuando llegó alguien con un portátil y nos habían dicho que habían involucrado a Dylan yo no daba crédito. Nosotros lo único que hicimos en la Expo fue intentar adaptar al castellano y que sonase de la forma mejor posible un texto que para nosotros es increíble y que se hizo cuando todavía no habíamos nacido. Ni tocamos en la Expo ni nada. Nosotros solo fuimos un puente entre “A Hard Rain’s A-Gonna Fall” y la Expo, no pintamos nada más.

-¿Cómo terminaron y qué pintaron en la Moncloa?

-Sobre el tema de Zapatero te diré nos llamaron porque nos comentaron que había una reunión de músicos. La verdad es que fuimos muy ingenuos, porque no preguntamos de qué iba la cosa y, cuando llegamos, la verdad es que había gente de todo tipo: cantantes melódicos, cantantes latinos, había algún grupo de folk, otros más undeground y nosotros. ¿Por qué fuimos nosotros? Era una época en la que estábamos como muy de subidón, porque había cumplido Zapatero ipso facto su promesa de retirar las tropas de la guerra. Todo lo que le dijimos era algo que para nosotros es muy importante, que en Madrid y en el resto de ciudades no se cerrasen las salas de conciertos, que eso era muy importante para los músicos de base, porque si no no habría Amaral ni nada parecido, y que la música de base saldría por otros conductos muy respetables y que no son los nuestros. Eso fue todo lo que le dijimos.

-¿Qué pasó en el caso del Laboratorio Ñ?

-Nosotros no participamos en el Laboratorio Ñ. Nosotros teníamos una gira en Argentina, tocando en Mendoza y Buenos Aires por primera vez, algo que fue todo un subidón de adrenalina. El Laboratorio Ñ nos propuso participar y nosotros dijimos que sí, sin darnos cuenta de que coincidía con nuestra gira. Era un período de viajes tan loco, que bueno ya ves, por un momento te ha sido más difícil entrevistarnos a nosotros que a Obama. Si te enseño mi agenda alucinas. Fue un poco fruto del momento. Yo por el laboratorio Ñ, creo que hay que preguntarle a Iván Ferreiro, que fue quien lo ideó. A mí me parecía una idea brillante, pero luego me dio una sensación… De hecho, una vez un chico me escribió y me dijo que él también era compositor y que por qué no tenía derecho a participar en el Laboratorio Ñ y si eso era algo restringido a unos pocos. Yo le dije: “Estoy completamente de acuerdo contigo, de hecho te digo que yo no he participado, que se ha utilizado nuestro nombre, pero nosotros no estuvimos allí ”. Y, cuando estuvimos, fue de visita y ni grabamos nada, ni nada. No es la cosa de la que más orgulloso me siento.

-Sea como sea, se habla del Laboratorio Ñ como una escena en la que están ustedes y representa algo así como la dignidad del pop y el rock en España. Muchos medios lo proponen como la música de calidad frente a la música que habitualmente se escucha en radio fórmulas. En la época de OT, se creó el bando de los buenos y de los malos. Los malos eran Bisbal y Chenoa y los buenos eran los que componían sus canciones, no sonaban latinos y hacían pop o rock. Con esa idea banal, superficial y nada profunda, se forma una escena en torno a ese laboratorio como “música de calidad” e incluyen a todos los grupos participantes, entre ellos ustedes. Los mejores grupos que hay en ese momento en España nada tienen que ver con esa historia. Que eso me lo quieren proponer como la única alternativa a Bisbal es duro de digerir.

-Entiendo, pero nosotros aunque se anunció que estábamos allí, no intervenimos. Nosotros fuimos de gira. Nuestra gira hubiese sido con o sin esa iniciativa. No tengo mucho más que decir.

-Todas estas intervenciones que le señalo, son bastante próximas a la izquierda oficialista. De hecho cuando escuché la canción esta de “Revolución” la veía ya sonando en los mítines del PSOE. A lo mejor es el resultado de esa alegría que me dice de cuando Zapatero retiró las tropas de Irak.

-No, no tiene nada que ver. Esa canción no recuerdo al año, pero estaba inspirara en una historia que leyó sobre Miguel Ángel y Leonardo da Vinci. Nosotros no hemos cedido nunca a ningún partido una canción nuestra, ni hemos compuesto nada para ello.

-¿Nunca cayeron en la cuenta de que todas estas historias tiran hacia posiciones de mismo partido político?

-La verdad es que no pensamos en ese tipo de cosas. Lo de la Expo quizá habría que preguntarle más a Dylan, que fue quien cedió A Hard Rain’s A-Gonna Fall.

-Ahí no hay nada que hacer. Con Dylan las motivaciones políticas siempre son ambiguas. Además dudo que sepa lo que es el PSOE.

-Nosotros lo hicimos con eso. Lo del Laboratorio Ñ te repito lo mismo, nosotros pasamos por allí. No es algo que nos preocupe, no hay ninguna intencionalidad en esa línea. Al contrario, creo que somos bastante individualistas y no creemos en las tribus, ni en los rollos generaciones. Lo más parecido que hemos tenido al rollo no individualista es haber participado en algún festival de onda modernista.

-Un grupo muy cercano, en lo geográfico, a ustedes son los Héroes del Silencio. También a ellos siempre se les ponía en duda su supuesta autenticidad y comercialidad. Allá por el año 93 ¿ustedes a qué se sentían más próximos como fans, a Los Héroes del Silencio o a Los Planetas?

-A Los Planetas, a los Smiths, a los Chruch, a un grupo de Zaragoza que se llamaba Lágrimas de Mermelada que era muy velvetiano y que luego se convirtió en El Club Eléctrico. Había canciones de los Héroes del Silencio que nos parecían bien, pero nuestro mundo tenía más que ver con las canciones de El Regalo de Silvia o los grupos que luego sacó el sello Grabaciones en el Mar.

-A Los Planetas los versionaron recientemente. Mucha gente interpretó su lectura de “Si está bien” como algo hecho a modo reafirmación. ¿Querían demostrar algo?

-(se ríe) No, hombre no. La canción es brutal.

-Cuando decidieron hacer esa versión dentro del epé dedicado a los grupos de Granada tenían que saber que necesariamente iban a revolver las sensaciones de muchos fans de Los Planetas, y no siempre para bien. Un amigo me dijo: “Pregúntales si la hicieron solo por joder”.

-Buff, nosotros tenemos una especie de burbuja formada por la banda. Ahí se crea un microcosmos aislado de ese tipo de debates, que son más de fans y de la prensa. A mí la canción me parece impresionante, me parece buenísima y da la casualidad que, desde el principio, nosotros tocábamos muchísimo en Granada. En nuestro primer disco sobrevivimos en base a Galicia, algunas zonas de Murcia y Granada. Fue de las zonas en las que tocamos más. Cuando yo conocí a Eva ella era muy fan de Lagartija Nick. De hecho, cuando tocábamos mucho antes de llamarnos Amaral, hacíamos una versión de “Universal”. Recuerdo cuando se presentó “Omega” en Zaragoza y, cuando salía la banda, le regalamos una cassete con nuestra versión a Antonio Arias. En aquel momento nosotros no teníamos ni idea de que íbamos a grabar discos, de que íbamos a vivir en Madrid, de que saldríamos de gira. En el caso de 091, estuvimos en la concierto de despedida de la banda en Zaragoza y, en el caso de Lori Meyers, nos parece probablemente el mejor grupo español que hay ahora. Cuando la revista Efeme nos propuso algo, ceder unos temas en directo o algo, nosotros ya habíamos grabado el concierto objeto de esta entrevista. Nos parecía que pasar dos veces por el mismo lugar no era bueno. Por ello, nos planteamos ir al estudio y hacer un epé virtual y empezamos con Universal, porque Eva había tocado con Antonio Arias en los conciertos de la reedición de “Inercia”. Para ella fue como para mí ver a Verlaine. La segunda canción que cayó fue la de 091, porque normalmente la gente cuando hace versiones tira de cosas clásicas. Llegado a ese momento, nos dijimos “Joder, los grupos siempre hacen versiones de grupos viejos y no de los nuevos, ¿por qué no hacemos una versión de los Lori?”. Y nos pusimos a ello. Yo en aquella época había perdido un Ipod y en uno que me regaló Eva metí bastantes discos, entre ellos un recopilatorio de Los Planetas. No paraba de escuchar “Si está bien”. Le dije a Eva “La podíamos tocar en acústico”. Y nos dimos cuenta de que todo eran grupos de Granada y de ahí salió el hilo conductor. Son cuatro temazos. No quisimos ni mejorarlos, ni nada. Tuvimos una mañana y una tarde, porque había que entregárselos a la revista y lo hicimos en nuestro local de ensayo a toda la velocidad.

-Se metieron con usted por unas declaraciones respecto a Los Planetas y My Bloody Valentine, ¿no?.

-Sí, a mí se me ocurrió decir que la versión de Los Planetas queríamos hacer una especie de muro sonoro, porque yo soy muy fan de My Bloody Valentine. Quería grabar un millón de guitarras con e-bow y efectos intentando darle ese punto entre épico y triste y se me ocurrió decir en una entrevista “Quería que sonase como My Bloody Valentine pero no tenía tiempo”. Imagínate, visto desde fuera, oír decir eso al guitarrista de Amaral. La gente me puso a parir, “jaja, pues yo quiero ser no se qué pero no no tengo tiempo”. Yo la verdad es que vivo muy ocupado y no tengo mucho tiempo libre para escribir cosas con nicks en Internet.

-¿Les afectan las críticas?

-Sí, claro. Sí que afectan. Yo distinguiría de las críticas que yo considero inteligentes y fundamentadas de las que son simplemente son una manera de rellenar papel. De la misma manera que no todos los grupos son iguales, no todos los periodistas son iguales.

-¿Se sienten incomprendidos?

-No, en general no.

-¿Y en particular? Yo noto esa sensación de incomprensión en sus comentarios.

-Si, por ejemplo en tu caso considero que hay una parte de nuestro universo que no es comprendida, pero me parece bien. Tu postura me parece estimulante. Las críticas sí que me influyen mucho. A veces me hacen pensar, otras veces me hacen plantear cosas y otras reafirmarme en mis principios. Las críticas son interesantes. Tú has hecho algo, has hecho eso porque tu mente no ha podido hacer otra cosa. Luego llega un tío y lo analiza. Entonces, o te sientes que te han dado una palmada en la espalda y estás muy contento, o te sientes confuso y raro. Rara vez me cabreo. Las críticas que son así de ataque y destrucción me dan igual, las entiendo como parte del juego. Pero una crítica sesuda, que te hace pensar es fantástica. Yo con mis amigos discuto y hablo mucho de música, forma parte todo de lo mismo.

Manos de Topo: “Surgimos como una forma de dar voz a estas otras historias que hay en una relación amorosa”

Viernes, Mayo 1st, 2009

El primero era mejor. Así se presenta el nuevo álbum de los catalanes Manos de Topo uno de esos grupos que ha generado multitud de discusiones en los últimos dos años. Su discurso, que parece remover todos los traumas del hombre heterosexual contemporáneo con una transparencia tal que a veces repele, suma adeptos y detractores a cada paso. Para unos estamos ante la plausible continuación de la línea que va de Golpes Bajos a Sr. Chinarro previo paso por El Niño Gusano. Para otros con un tocomocho que no debería haber salido del ámbito maquetero. Ellos lo asumen, apenas le dan importancia y continúan una trayectoria por la que es inevitable sentir complicidad.

Su batería Rafael de los Arcos, vigués (“y de Churrucha”, precisa), hace de interlocutor para esta entrevista que hoy sale publicada en el Fugas de La Voz de Galicia dentro de un amplio especial que le dedicamos al Festival Do Norte. Lo hace, claro, en formato comprimido. He aquí la conversación en versión extended play.

-Antes que nada hay que resolver el dilema. La mitad del grupo es de Vigo, pero están afincados en Barcelona. ¿Manos de Topo es un grupo gallego o catalán?

-Manos de Topo es un grupo de todos los lados. Catalán solo tenemos un miembro y no es de Barcelona. De todas maneras es lo típico, la gente sale de Galicia para estudiar o trabajar y encuentra su vida en otro sitio. En nuestro caso fue así. Alejandro y yo salimos de Vigo, nos vinimos a estudiar y conocimos a Miguel Ángel que era catalán y a Pau de Menorca, que también estaba estudiando. Y pasó lo que pasó, pero es una historia bastante común.

-Quizá por ser de Vigo son tan frecuentes sus conciertos en Galicia.

-Bueno, no te creas. Nuestra vez al año no nos la quita nadie. Pero desde que tenemos el disco solo hemos ido una vez. Antes estuvimos en alguna fiesta invitados, porque nos iban saliendo cosillas a un nivel mini underground. Desde que sacamos el disco estuvimos una vez en A Coruña y otra en Vigo. Y, bueno, ahora en o Festival Do Norte. Si no me falla la memoria, creo que no hemos estado más.

-Pues sí que le falla la memoria, me temo. Estuvieron el año pasado en el Lolapop, con una actuación un tanto accidentada.

- Ah, sí (risas), pero esa no la cuento porque eso fue un coitus interruptus total. Fue como un desastre mágico. Se abrió el cielo y lo que parecía una catástrofe, al final, se terminó convirtiendo en algo irrepetible. Yo creo que no hay una persona en Galicia que esté metida en el pop que no se acuerde de lo que pasó allí. Fue una cosa muy especial, aunque para los organizadores fuera un caos. Son de esos pequeños milagros musicales que hacen que, de alguna manera, se recupera la esencia de la música que es algo muy tribal en el fondo. Aquel día solo faltaba la hoguera, para ser unos tíos sentados al lado de un fuego con unas guitarras. Fue una cosa muy primitiva y muy bonita.

-Ese día se pudo comprobar in situ algo que choca a muchos. Me explico: la referencia era un disco, “Ortopedias Bonitas” que, con grandilocuencia se rebozaba en una serie de sentimientos un tanto patéticos de desamor, de que te vacilan las mujeres, etc… Y luego vas a un concierto y todo eso se convierte en una fiesta. El contraste es total.

-Nosotros siempre intentamos que sea una fiesta. Sí que es cierto que nuestra temática es melodramática, pero siempre la hemos tratado con mucho humor, es decir no es una película en la que hay enfermedades terminales ni nada de eso. En directo ese humor nos gusta llevarlo hasta donde podamos. Es una cosa que tenemos muy clara: en directo es donde hay que demostrar que todo esto tiene un sentido y que, de alguna manera, la obra de teatro tiene que llegar a la gente. Lo otro es como un guión que puedes comprar en una tienda, que lo puedes leer y hacerte una idea de lo que es, así como disfrutar de otros matices como los arreglos. Hay mucha gente que escucha el disco y no entiende nada en plan “esto es infumable, no hay quien lo aguante” y, luego, va a un concierto y realmente lo entiende todo, porque ahí coge sentido. Igual teatro es una palabra un poco extrema, pero la cosa va por ahí.

-Acaban de sacar un disco, “El primero era mejor” y la temática es la misma. Hablan de estas cosas que, dentro de la vida particular de uno, dan un poco de repelús y vergüenza admitirlas en voz alta como eso de “me gusta ir a cenar a tu casa en Navidad, hablar con tu papá, poder llamarle suegro”. ¿No siente pudor?

-No, la verdad es que nunca nos lo hemos planteado a ese nivel. Nosotros surgimos como una forma de dar voz a estas otras historias que hay en el trasfondo de una relación amorosa. Es poco sincero hacer cierto tipo de canciones de amor, porque la cosa está totalmente trillada, sobre todo a nivel anglosajón donde ya hay unos iconos y unas frases hechas tipo “I need you” que se repiten constantemente. Eso está muy bien y tal, pero también hay un subtexto interesante. Sobre la película Olvídate de mí de Jim Carrey decían que era una película de amor que empezaba donde acababan las demás películas de amor. De algún modo era ¿y después qué ocurre? Pues lo nuestro puede ser una cosa parecía: ¿Una vez que ya tienes a la chica no será que te estás autoengañando por la cultura pop? Hay mucho más que tienes que sacar adelante. De ahí surgen nuestras metáforas, de la cruda realidad. Por ejemplo, hay una frase que se nos ocurrió al final del disco, que decía “nuestro amor es un concurso de televisión local”. Decías: “claro, es que es así, los concursos de televisión local con una farsa y, sin embargo, siguen ahí, sin que se sepa muy bien si la gente los ve, si son rentables”. Entonces nos pareció una metáfora muy gráfica.

-¿Qué piensan de estas metáforas sus madres y sus novias?

-(risas) Esa pregunta sí que es buena. Mi madre está tan orgullosa que creo que tiene un tupido velo delante que solo escucha los arreglos míos. Pero está muy contenta ya que, gracias a Dios, es una persona muy abierta y no tiene ningún tipo de vergüenza de su hijo. De hecho, los conocía a todos antes de empezar y siempre le parecieron gente muy graciosa. Y mi novia es un caso especial, ya que es la violinista que viene con nosotros muchas veces y entonces le tiene que gustar eso sí o sí (risas). Ella es violinista profesional, le gusta mucho y no se siente atacaba. A veces le hacen bromas pero, por ahora, sigue ahí.

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-Hacen en directo una versión de “Bailar pegados” de Sergio Dalma. Surge la duda de si lo hacen por lo patética que resulta la canción en sí, encajando con el discurso un poco humillante de estar vacilado por las mujeres, o, por el contrario, si lo hacen porque la canción les gusta de verdad.

-Un poco de las dos cosas. Yo creo que siempre es una canción que nos gustó y creo que le gusta a muchísima gente. Lo que sucede es que decías antes respecto al pudor. Hay cosas que parece que esté mal pensarlas o decirlas, que nadie lo reconoce. Todos los del grupo coincidimos que uno de los momentos más emocionantes de nuestra infancia había sido ese día en Eurovisión cuando salió este hombre a cantar esa canción con la que nos había machado Televisión Española en los meses previos. Fue como una comunión, porque todos teníamos la misma edad. Visto hoy en día la canción es tan hortera y está tan fuera de lugar que tiene un toque kitch que, bueno, puede que nos riamos un poco de ella. Pero sí que creemos que es una gran canción y muy sincera. Sincera por cursi, no tiene ningún problema en decir estas horteradas. De todos modos, no creo que volvamos a tocarla más. Hemos hecho otra versión para sustituirla, porque no queríamos volver a una ciudad tocando la misma canción. Ahora hacemos una de Camela que nos gusta mucho y que, tocada en casa con la acústica, cambia totalmente.

-¿Cuál es?

-Cuando Zarpa el amor, una muy famosa de ellos.

-Eso es un hit total.

-Sí, pero la tocas con otra cadencia y se convierte en una balada estupenda. Hay muchos prejuicios

-Bueno, a mí personalmente la de Camela me gusta, pero la de Sergio Dalma me resulta espantosa. Para los que tenemos treinta y tantos esa canción tiene un punto extra: se trataba del particular clímax en las discotecas de tarde cuando llegaban las canciones lentas y había como 20 o 25 minutos para sacar a las chicas a bailar. Esta era el punto fuerte de la tarde.

-(risas) A nosotros eso no nos cogió por edad. Yo recuerdo las discotecas de tarde en Vigo, el Rivelinos, pero yo no iba mucho, no me gustaba. A veces iba pero a dinamitar la fiesta y hacer el gamberro. Pero, mira, un nuevo matriz generacional. Nuestro recuerdo es el de la gala de Eurovision. Yo creo que fue una de las primeras veces en mi vida que se me puso la carne de gallina sin saber de qué iba el tema.

-¿Cómo sienta cuando, unas veces con ánimo descriptivo, pero otras también con ánimo despectivo, hablan de Shakira al referirse a ustedes?

-A nosotros nos parece estupendo que la gente critique lo que quiera, es normal. Esa forma de cantar es algo que da que hablar, porque no es estándar y, cuando te sales de la línea, te van a llover por todos lados. Sabíamos que podía pasar y nada, lo aceptamos sin ningún problema. Por otra parte, tampoco entendemos la gente que pierde tanto tiempo en criticar a nadie. Me parece que es síntoma de otra cosa. Hay gente que su vida gira en torno a putear y criticar y te dan ganas de decirle “Vale, ya sabemos lo que opinas, no hace falta que lo digas todos los días” (risas). Pero siempre hay todo tipo de comparativas. Una vez en Gijón estábamos en una fiesta y estaba por allí Eva H, la presentadora, y se acercó a Miguel Ángel a hablarle y le dijo que, ni Shakira, ni Robert Smith ni nada, que él cantaba como el gallo Claudio de la Warner Bros . De repente, lo pensamos y dijimos “!Tiene razón!” (risas).

-El éxito relativo de Manos de Topo obliga a seguir teniendo fe en el ámbito indie. Ustedes son de Strange Ones, un sello muy pequeño, y han funcionado de boca a boca y de blog en blog.

-Bueno, es que ahora está todo cambiando mucho y se ha vuelto más democrático. Tenemos ejemplos de gente que empezó con nosotros en Barcelona, es decir de la nada, y que le ha ido súper bien. Mira, por ejemplo, el caso de Pablo, El Guincho, que era amigo nuestro del barrio y sin discográfica ni nada mira a dónde ha llegado con sus cd-r. Sin ningún tipo de complejos, haciendo lo que le pedía el cuerpo. En los noventa y a principios de los dos mil no era posible, porque no había tantas formas de difusión.

-Resulta curioso el caso de Barcelona. En los noventa era la ciudad de la pose, donde todo estaba sujeto a un control de clichés, donde nada parecía espontáneo. En esta década, pero de manera especial en los últimos cinco años, parece desde la distancia como que se ha producido un estallido de alegría general, que los grupos salen con una actitud muy desenfada. ¿Lo ven ustedes así?

-Sí, los complejos fuera. En Barcelona se está muy harto del escaparatismo y toda esa historia. Eso ha petado hace unos años porque la gente es que ya no podía más. De pronto, ha surgido un undergound del underground en el que pasan muchas cosas y donde hay un gran movimiento cultural en todos los sentidos. Todo gira en torno a bares y ambientes, pero hay muchas cosas. Si escarbas, hay galerías y túneles donde la gente hace cosas muy interesantes. No todo el mundo es modelo, ni fotógrafo de moda ni esas cosas.

-El lo-fi es una marca en Manos de Topo que repele a los oídos convencionales. ¿A estas alturas de la jugaba es buscado o es que no se puede ir más allá?

-(risas) Ahora es buscado, pero se ha rebajado bastante. El primer disco eraducho más austeros, nos animamos a dar una vuelta de tuerca. Es nuestros sonido, coger ese lo-fi y meterle por encima arreglos más grandilocuentes que hagan contraste, meter toda esa violinada, trompetas, metales, etcétera… Pero tampoco nos queremos traicionar a nosotros mismos para, luego, en directo no dar la talla. Pero bueno no descarto hacer algo más importante con una producción más grande.

-Viniendo de donde vienen, ¿cuál es una situación a día de hoy?

-Es como un segundo trabajo. Es como si tú al salir del periódico trabajas en un bar. Esto tiene una doble lectura, porque la gente te ve sobre un escenario y hay gente a la que le mola lo que haces, piensan que hay una recompensa económica que no es lo que se imagina la gente. Quintando tres o cuatro grupos de España, es como un sobresueldo. Viajar gratis y ganar algo de dinero.

-¿Y qué pasa con Golpes Bajos y el Niño Gusano? ¿No dirán que son grupos que no conocían de nada y que han escuchado luego cuando los fans les decían que se parecían?

-Todos esos grupos forman parte de tu subconsciente aunque no lo quieras, pero te puedo asegurar que nunca cuendo empezamos con Manos de Topo se habló de un referente de ese estilo, es decir nadie dijo “Ostiá, molaba hacerlo como Golpes Bajos”. Todo salió natural, nos gusta la música en español y arrancamos sin ninguna pretensión de nada. Cuando se hizo el homenaje a Los Planetas también nos preguntaban que qué habían sido para nosotros y Miguel Angel decía: “A mí, mucho mucho nunca me gustaron”.Pero hay que reconocer que lo hemos escuchado y todos los grupos que cantan en español le deben algo. Y con los Golpes Bajos ocurre que ellos abrieron la puerta a otro modo de hacer las cosas, por lo que aunque sea indirectamente nos influencias, pero vamos yo no tengo ningún disco de ellos ni nada.

-Pues de los Golpes Bajos los debería tener. Ser de Vigo, dedicarse al pop y no tener ningún disco de los Golpes Bajos roza el delito.

-(risas) Bueno, seguro que mi hermano tiene alguno por ahí. Sí que están guays, con eso no quiero decir que no han sido un buen grupo y un gran proyecto, lo que pasa es que no forma parte del imaginario musical general nuestro.

Dorian: “Planteábamos los conciertos como si fuera una gran fiesta de cumpleaños”

Viernes, Noviembre 28th, 2008

El último concierto de la gira de El Futuro no es de nadie de los catalanes Dorian tendrá lugar dentro del festival Mulleres Arte+Parte en A Coruña. Realmente se trata de un parón en la grabación de su tercer álbum, en el que subirán al escenario con el repertorio con el que llevan girando dos intensos años por todos los rincones del país. Una nueva oportunidad para disfrutar de canciones como Te echamos de menos, A cualquier otra parte y tantas otras que los han convertido en un referente del nuevo pop español.

Como la cosa va de reivindicación de la mujer en la música, es Belly, la teclista, quien contesta la entrevista. Empezando por el sentido mismo del propio festival

-Participan en el festival Mulleres Arte+Parte, un evento que revindica el papel activo de la mujer dentro de la creación, frente a la cosificación de esta. ¿Se siente identificada con esta idea?

-Yo, personalmente, nunca me he sentido discriminada en el mundo de la música, pero sí que creo que el rol de la mujer está muy determinado y que se tienen animar las chicas a hacer arte. Porque sí que es cierto que en el mundo de la música somos pocas chicas y no creo que sea porque tengamos menos cualidades para hacerla, sino porque culturalmente las mujeres se encaminaron a otro tipo de cosas. Pienso que para muchos la idea de lo que puede hacer una mujer está muy limitada. Todavía se ven muchas actitudes en las que se prefieren a las mujeres para ir guapas, para ser preciosas y para ese tipo de cosas para los que se supone que son buenas como, por ejemplo, la decoración o el gusto estético. Muchas veces se olvidan que una mujer puede escribir, puede hacer música, puede hacer muchas otras cosas. No está mal insistir un poco en esto, aunque a mí no me gusta mucho hacer separaciones, porque lo que se hace con ello es incidir más en esta diferencia.

-Cuando editaron “10.000 Metrópolis”, su primer álbum, Marc, el cantante, decía que su deseo era situar a Dorian en una división intermedia entre la escena independiente y lo comercial, en donde se pudiera acceder a todo tipo de público, pero preservando los planteamientos del indie, para manejar totalmente la obra sin interferencias. Si no están en este punto, parece que les falta poco. ¿Cómo lo ven ustedes?

-Yo creo que estamos en el punto intermedio perfecto. La verdad es que estoy muy contenta porque estamos demostrando que nuestra música puede llegar a mucha gente, no solo al círculo de gente que escucha buena música. Y es que la buena música debería de ser capaz de llegar a todo el mundo y nosotros lo hemos conseguido. Nuestro público no se reduce solo a la gente que va a los festivales y a mí eso me parece súper bonito. Por otro lado, somos independientes, porque podemos hacer lo que nos de la gana, porque estamos en un sello discográfico donde podemos elegir la música que queremos hacer, la portada que deseamos… Tenemos un equipo de gente a la que les importa la música por encima de todo y no nos trata como un producto. Es algo que a priori puede parecer muy sensato y lógico, pero no lo es. Hemos tenido contacto con las multinacionales por ejemplo y hemos visto que esa es una parte de la música a la que no queremos pertenecer. No queremos nada que ver con ese mundo en el que te tratan como si fueras un número más. Ahora creo que nos encontramos en una posición de sueño: podemos hacer lo que queremos y, al tiempo, tenemos un público que nos sigue, un público fiel, que espera nuestras canciones y todo lo que hacemos. Es brutal y estamos súper contentos.

-En ese sentido, el salto de calidad lo dio una canción, “A Cualquier otra parte”. Se trata de un tema al que difícilmente se le puede criticar, porque es una canción prácticamente perfecta. ¿Qué significa para ustedes?

-Fue una sorpresa. La verdad es que fue una canción que salió casi sin querer y, cuando presentamos el disco y teníamos que anunciar un single, la elegimos entre muchas otras. Nadie pensó que esta canción iba a destacar de esa manera. Era un tema muy bonito, pero no sabíamos lo que luego iba a pasar con ella. Fue algo alucinante y muy bonito, porque ha significado la posibilidad de llegar a otra gente diferente a la que escuchan este tipo de música e, incluso, introducir a esas personas que no escuchan estas cosas dentro de una escena de grupos que ni imaginaban. Nos ha pasado con Fly Music cuando ponían nuestro video. Gracias a esa canal llegamos a un público joven que no sabía ni que existía este tipo de música, porque no hay medios de difusión para ello. Gracias a esta canción supieron luego de otros grupos como, yo qué sé, Vetusta Morla, Sidonie o La Habitación Roja, y luego se enganchan a ellos, van a conciertos… Es brutal.

-La canción es muy emotiva y se ha convertido en un himno para mucha gente. Imagino que les habrán llegado mil historias relacionadas con ella y lo que significa para sus seguidores.

-Sí, es una avalancha la de mensajes que hemos recibo. Son cosas de echarse a llorar. Personas que se han enamorado, madres que se la cantan a sus hijos, hemos llegado a ver a gente llorar en los conciertos, que luego han venido a nosotros. Es muy fuerte ver como una canción puede penetrar dentro de la vida de una persona así, y ser tan importante. Te puedo asegurar que ya nos podemos morir tranquilos tras haber hecho esta canción [risas]. De todos modos reconozco que, últimamente, ya me cabrea un poco, porque sobre todo en los últimos conciertos se nota que cuando llega esta canción es exagerada la reacción de la gente en comparación con las demás. Que queda claro que no somos un grupo de una sola canción, tenemos muchas otras y que están muy bien.

-Es una canción que suena muy fresca novedosa, totalmente del 2008. ¿No les sigue sonando rara al público de pongamos Pignoise o El Canto del Loco?

-Bueno, tampoco tocamos ese ámbito. No pertenecemos a ese público, siempre nos ve raros y nos verá raros toda su vida. Nosotros no vamos a cambiar.


Dorian en el Fib 07

-Conciben los directos de un modo muy marcado, con su puesta en escena y los tempos muy calculados, como una sesión de un DJ. ¿Cuándo vieron que había que tirar por ese camino?

-Nos planteamos cambiar el directo a media de que hacíamos conciertos. La gente venía como mucha marcha, muy a darlo todo y nosotros empezamos a meter canciones más intensas, más pensadas en poder colaborar con el público, para que fuera todo más interactivo. Planteábamos los conciertos como si fuera una gran fiesta de cumpleaños, en la que la gente lo pasara bien. Los directos tienen que ser así, muy emocionantes.

-En ese aspecto, se nota un cierto cambio en muchos grupos venidos del indie, como Facto Delafé o ustedes, en esa actitud de conectar con el público. En el indie eso no estaba muy bien visto, considerándose algo populista y que no venía a cuento. ¿Lo perciben?

-La comunidad indie se ha ampliado y ya no es tan especializada. Antes eran cuatro personas que sabían mucho de música, muy entendidas. Ahora hay gente a la que le gusta Facto Delafé, por ejemplo, que tiene un público muy heterogéneo y muy parecido al nuestro, en el que hay gente que entiende mucho y otra no tanto. La actitud la verdad es que es más popular, más de pasárselo bien. Sí que es verdad.

-Mezclan una música muy vitalista con unas letras de contenido social y, en ocasiones, muy duras. ¿Han pensado en este contraste?

-Sí, es algo que existe desde nuestros inicios. Es algo que no podemos explicar, pero no queremos cambiar de ninguna manera. Marc escribe canciones tristes, pero luego las envolvemos de otra manera. Supongo que esa mezcla se hace extraña porque la música de baile y electrónica se asocia a algo festivo y de pasarlo bien y le introducimos un discurso que no termina de encajar dentro del género. Pero no podemos remediarlo [risas]

-Mañana tocan en A Coruña. ¿Seguirá la actuación lo visto en la gira o cambiará?

-No, desgraciadamente, será muy parecido porque estamos terminando nuestro tercer disco. No hemos tenido tiempo para hacer nada. Todavía sigue muy en la línea de los conciertos de la gira. Habíamos planteado algún intento de una nueva canción.

-¿Por dónde tira el disco?

-En términos generales es parecido al anterior. Base pop con canciones tarareables con sus estribillos, pero le hemos prestado mucha atención al sonido trabajando con un productor de música electrónica para las bases para hacerlo más redondo. También hemos trabajado mucho las voces, que es algo que no hemos hecho nunca. Empezamos a trabajar en el en mayo y saldrá en abril

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