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Toundra: “Hacemos punk rock, con efectos pero punk-rock”

Viernes, mayo 3rd, 2013

Son uno de los grupos del momento. También una de esas historias independientes con final feliz que otorgan aura de autenticidad. Toundra han hecho del boca a boca entre fans su correa de transmisión. Sus poderosos directos han entusiasmado tanto que ese entusiasmo se ha multiplicado en redes sociales y conversaciones de colegas. Ese fue su marketing. El resto, el sonido. Con un pie en el post-rock y otro en el post-metal poseen uno realmente estremecedor. Hoy lo subirán al escenario de la sala Capitol de Santiago. Forman parte del TriCiclo, tercer capítulo de la singular iniciativa de la promotora Work On Sunday. Poco a poco, están trayendo a Galicia algunas de las mejores bandas del planeta. A Toundra le acompañarán esta noche Pony Bravo y Guerrera. Mientras tanto hablamos con Esteban Girón, guitarrista de un grupo en estado de gracia. Entre otras coas, nos explica cómo llegaron ahí.

-Si uno escucha “III” se les puede relacionar con tanto con grupos post-rock como Mogwai como con bandas de post-metal como Isis. ¿Cuáles son sus orígenes para llegar ahí?
-El factor común que tenemos los cuatro es el punk-rock. Todos crecimos escuchando bandas de punk-rock, sobre todo americanas. Lo natural, cuando te tira eso, es evolucionar hacia el hardcore. Tocábamos en bandas de las diferentes ramas del hardcore y, bueno, nos conocimos compartiendo local, yendo a conciertos, esas cosas… En un momento decidimos hacer un grupo, pero sin cantante. De la gente que íbamos a tocar juntos ninguno sabía cantar y todo fluyó de manera natural. No pretendíamos ni hacer post-rock ni post-metal. Nos gusta mucho experimentar, pero también grupos metal como Mastodon o Neurosis. Pero, en el fondo, todo conduce al mismo lugar Si nos ves tocar la guitarra te darás cuenta que hacemos punk-rock, con efectos pero punk-rock [risas].

-En vivo sorprende su actitud. Parece como si la música penetrase dentro de ustedes como una descarga de electricidad. ¿Hay momentos en los que se enajenan?
-Bueno, es algo que nos comentan mucho. Creo que somos un grupo que se ve que lo estamos pasando bien en el escenario, que se mueve y sonríe. Muchas veces cuando íbamos por Europa llamábamos la atención porque las bandas con las que tocábamos solían ser muy estáticas. A nosotros lo que más nos gusta del mundo es tocar en directo, así que ¿por qué no vamos a ir al escenario a pasarlo bien y a dejar toda nuestra energía? En cuanto subimos a las tablas nos concentramos en una cosa: dar el 100% de nosotros y transmitir al público toda esa energía. La música nos lleva totalmente. A mí, por ejemplo, me dejaban flipado los directos de bandas como At The Drive In y, bueno, creo que eso es lo que un grupo tiene que hacer. Darlo todo y dejarse hasta la última gota de sudor.

-Creo que eran Lisabö los que decían que se sentían como si hubiesen tenido una pelea. ¿Cómo se quedan ustedes tras un concierto?
-A mí la verdad es que al termina un concierto me duele todo. Incluso, si damos concierto el viernes y el sábado el domingo te levantas con agujetas. Es como si acabásemos de jugar un partido de fútbol. Yo hice karate muchos años y esto me recuerda a cómo me sentía después de un entrenamiento de kárate [risas].

-Tienen fama de tocar muy alto. Incluso han tenido problemas en el extranjero por ello. ¿Qué ocurrió?
-Bueno, en la primera gira europea no tuvimos nunca ningún problema. Sin embargo, cuando volvimos por segunda vez en Bélgica, nos encontramos con que existía en el lugar que tocábamos una ley municipal al respecto. En la mesa había un medidor de decibelios y, al terminar el concierto, se hacía una media. De ahí, se se redactaba un informe. Los promotores del festival lo tenían que llevar al Ayuntamiento. Si se pasaban de x decibelios, creo recordar que eran 104, los multaban. El motivo era la salud de la audiencia, no los vecinos. Y, claro, nosotros al probar veíamos que solo la batería iba a 101 decibelios [risas]. Tuvimos que hacer cosas como poner los amplis de espaldas al público para poder sacar nuestro sonido. En el caso de Toundra el volumen es importante. Una de nuestras características es precisamente ese volumen. Más bajo no tiene sentido.

-¿Me recomienda entonces que lleve tapones al concierto de Santiago?
-Sí, te recomiendo que lleves tapones y que te los quites dentro del concierto para poder sentir toda la fuerza [risas]. Nuestro batería, por ejemplo, tiene que tocar ahora con cascos de obra porque se estaba quedando sordo. Yo voy a tener que tomar medidas al respecto. Noto que después de tocar durante un día tengo un pitido constante en el oído. Si tu vienes a un concierto no pasa nada pero nosotros, entre ensayos y conciertos, estamos sometidos a un volumen muy fuerte varios días a la semana. Y eso pasa factura. Pero tampoco no es nada que no se haya hecho antes.

-Dicen que “III” es un disco oscuro y refleja el estado actual de las cosas a nivel social. Cuesta verlo en un disco instrumental sin el apoyo de las letras. ¿Cómo le dan la “temática” a lo instrumental?
-En cuando empezamos a componer para este disco vimos que podíamos generar la sensación de nausea y de asfixia, por el tipo de armonías que utilizábamos y la presión de frecuencias. Pretendíamos un disco más oscuro porque es lo que la gente nos decía de nuestro directo en relación a “II”. Aquel era más luminoso, pero en directo se transformaba en todo un puñetazo en la cara. Queríamos reflejar ese sonido. Además de ello, hay una gran influencia en nosotros que es Led Zeppelin. Ellos jugaban mucho con el oscurantismo y las ciencias ocultas y era un pequeño homenaje que les queríamos volver a rendir. De hecho, los discos se llaman I, II y III como un pequeño guiño a esa gran influencia que ha sido Led Zeppelin para nosotros. Luego, cuando ya lo pusimos en descarga, la gente nos decía que había mucha rabia en las canciones. A posterori, lo piensas y te das cuenta de que estuvimos yendo al local puteados por la situación global que estamos viviendo. Muchos hemos perdido nuestro trabajo y nuestras familias han sido víctimas de todo ello. Por ejemplo, mi hermana ha tenido que emigrar fuera del país y a mis padres les han privatizado el hospital en el que trabajan. Es por ello que estamos más cabreados y eso se terminó plasmando en la música. Esa reflexión la hice y la solté en una entrevista. Cuando se este totalmente feliz la creación artística es más difícil de llevar a cabo. Es mejor centrarse en el descontento. Y yo, particularmente, estoy muy en descontento con el sinsentido que tenemos ahora mismo en nuestro país.

-Me llama poderosamente la atención en Toundra su batería. Es mucho más que el 25% del grupo. ¿Piensa lo mismo?
-Es el motor. De hecho, en el primer disco Alex no estaba. Entró para hacer unos conciertos y se quedó. Muchas veces nos preguntan por cuál ha sido nuestro punto de inflexión y decimos que ha sido la entrada de Alex, un batería como yo nunca he visto. Nunca he tocado con alguien tan bueno, con tan buenas ideas y, sobre todo, con una mente tan abierta a comentarios y proposiciones. Eso es algo fundamental para componer. Nosotros llegamos con la idea de la canción en plan “esto va así y esto asá”. Luego llega Alex y le da la vuelta a todo. Somos conscientes de que es el mejor instrumentista de todos nosotros.

-Comparten cartel con Pony Bravo. ¿Son fans?
-Los he visto ya cinco veces en directo y, sí, soy muy fan de ellos, de su música y de su modo de ir adelante. Tal y como he visto cómo han canalizado su música, su manera de llevarla casi do it yourself, es un grupo que no solo admiro sino que respeto. Creo que son muy necesarios en la escena actual. Aparte, los he conocido personalmente y he visto que son gente super maja.

-Un cartel como este, con Pony Bravo y Toundra, ha logrado mucha atención. Parece el triunfo de una nueva generación de bandas en España que usan unos canales diferentes a los habituales. Y no me refiero solo a “regalar” la música en Internet, sino sacar la cabeza al margen de la prensa oficial, a través de las correas de transmisión entre fans.
-A lo mejor me gano algún enemigo con esto. Yo trabajo en la industria de la música, si se le puede llamar así a lo que existe en este país. Quizá sería mejor decir artesanía de la música. Tengo 25 años, empecé con 19 tanto a trabajar en esto como a tocar en mi grupo. Siempre fue ignorado, un grupo que todo el mundo de tomaba como “el grupo de hardcoretas que tiene Esteban el que trabaja en X sitio”. Poco a poco, con trabajo y con sacrificio de todos los miembros del grupo y de la gente que nos apoya como nuestro sello, vemos que estamos llegando incluso más lejos que otros grupos que usan otro tipo de herramientas para conseguir ese éxito entre comillas mediático, que nosotros o Pony Bravo no alcanzamos. Y lo siento mucho, pero a mí se me dibuja una sonrisa en la boca cuando grupos así crecen constantemente y la gente, al final, tiene que darse la vuelta al cuello sorprendida de que estemos creciendo. A veces lo pienso: la generación que estábamos tocando toda la puta vida en salas sin licencia con aforo de 100 personas al final nos estamos llevamos el gato al agua. Me hace muy feliz, porque es la constatación del triunfo de la honradez, de la honestidad y del trabajo.

-¿Y como se sienten cuando esos medios que les ignoraban ahora muestran interés en ustedes?
-Bueno, lo veo lógico. Yo soy periodista y entiendo a la prensa. Con toda la saturación que hay de bandas, de festivales y de conciertos sea difícil focalizar la atención y atender a todos. Ahí está la gracia: no todo vale. Lo que pasa es que nosotros, al ser propuestas que, en principio, podrían ser más minoritarias, costaba más conseguir esa atención. Al final, se ha demostrado que el oído del público español es súper abierto. En Santiago se podrá ver la mayor manifestación de ello: ir a ver a Pony Bravo y a Toundra a la vez y que te gusten los dos grupos, tampoco es fácil. Creo que el hecho de que la prensa nos haga caso ahora es bueno, en el sentido de que se produzca una comunicación a dos bandas: desde la prensa al público y desde el público a la prensa. Eso está genial. Yo no tengo rabia hacia nadie, no tengo tiempo que perder.

-Usted es más joven. Yo vengo de una época en la que había Ruta 66 o Rockdelux. A nivel independiente o salías ahí o no te comías nada. De repende, esas revistas y las que vinieron luego continúan con su inercia de señalar los grupos que valen o no, pero se producen unos movimientos subterráneos que desmotan totalmente esa dinámica. Desde ustedes o Pony Bravo a Los Punsetes o Vetusta Morla, parece que la prensa ha perdido ese monopolio. Creo que ello resulta saludable.
-Si estudias lo que ha pasado en los últimos años parece que la prensa ha perdido prescripción respecto a los gustos de la audiencia. Pero eso resulta demasiado superficial, porque a lo mejor lo que X redactor opina en X revista no va a misa, pero luego lo que dice en su Twitter sí. Es peligroso que se tome a la prensa como algo que ya no vale. Debe haber un filtro para todo. Igual que yo no hablo de medicina porque no tengo ni idea y no me puedo atrever, la opinión que pueda tener mi padre sobre la actualidad musical de este país no puede tener la misma legitimidad que un periodista que lleva años trabajando, que se ha documentado durante todo este tiempo y que sabe escribir. Creo que la figura del público y de la prensa han de convivir y han de ser tomadas de forma diferente. Quizá debería pasar como lo que sería necesario en el Congreso, que el pueblo llano controlase a los diputados siendo estos los periodistas, siempre vigilados por su audiencia. Pienso que esto es un triunfo de los gustos musicales frente a las marcas. Muchas veces ocurría que marcas como Sony, Warner y esas a veces provenían de grupos empresariales que nada tenían que ver con la música pero metían mucha publicidad porque tenían dinero y lograban que salieran sus contenidos. El que ahora la audiencia tenga tanta prescripción puede servir como un sistema de control a la prensa, pero la prense sigue siendo muy necesaria.

Niño y Pistola: “Este disco alienta a una revolución que es necesaria”

Viernes, abril 26th, 2013

Nada es casual. Ni los chalecos, ni los sombreros, ni los lazos. Son simples pistas visuales de lo que el oyente se puede encontrar en There’s A Man With Gun Over There. Se trata del cuarto trabajo de unos NIÑO y PISTOLA totalmente enganchados al imaginario del folk-rock americano de finales de los sesenta y principios de los setenta. En ese album se han puesto lo más cerca posible de sus héroes musicales, les han rendido pleitesía con sus canciones y han firmando un disco de género que el grupo conecta, en su espíritu, con el decadente momento actual. Manolito Portolés, cantante y guitarrista de la banda, lo explica. Hoy viernes 26 de abril lo presentan en la sala Le Club de A Coruña. Mañana, 27 de abril, lo harán en La Iguana de Vigo.

-Leo en Mondo Sonoro un titular que dice “Este disco es una apología del rock”. ¿Me lo puede explicar?
-Bueno, lo decimos en el texto que va dentro del propio disco. Señala que algo así no podía existir sin los discos de Neil Young, The Band, The Beatles o Fairport Convention. Un poco es eso, nos declaramos abiertamente fans de esos grupos y proclamamos, de alguna manera, que el disco sale de ahí, de intentar emular a esos favoritos. De hecho, en el álbum hay frases musicales y melodías robadas de otras canciones, cosas como The Weight de The Band, alguna cosa de Fairport Convention o George Harrison. Se trata de hacer un homenaje a todos estos grupos y compositores. Por eso nos gusta ese término de apología del rock.

-Vamos, que no habrá ningún problema si os comparan con otros grupos.
-Nunca lo ha habido. Nosotros hemos reconocido nuestras influencias e inspiraciones desde el primer momento. Creo que todo el mundo las tiene. El que dice que no está mintiendo. Inventar algo nuevo sin ninguna influencia evidente está al alcance de muy pocos. 

-Un parte del rock independiente español busca raíces autóctonas, inspirándose en el flamenco, la música mediterránea o el folclore asturiano. Su caso es todo lo contrario: se abrazan al imaginario del folk-rock americano. ¿Es quizá una reacción? 
-Tiene que ver con lo que te decía antes. Antes de nada somos melómanos y nos gusta la música. Vamos a todos los conciertos que podemos, compramos discos, vemos documentales de música, etcétera. Entonces intentamos, de alguna manera, formar parte de lo que nos gusta. El 90% de la música que escuchamos ahora mismo es música americana y de esos tintes clásicos de folk-rock. Sé que no somos los únicos y puede que suene un poquito a tendencia.

-Sí, del mismo modo que le hablo de las raíces autóctonas, también es cierto que dentro del indie se apela a estos sonidos de folk-rock.
-Nosotros lo hacemos porque es la música que escuchamos. Yo no sería honesto haciendo un disco de flamenco o de noise, porque no es lo que escucho. Si lo que escucho es folk-rock americano y los discos que tengo son de ese palo, es ahí en donde me siento cómodo. Por eso quiero emularlo, parece sentirme más cerca de Neil Young, Robbie Robertson o Bob Dylan.

-El disco es conceptual, un termino que se asocia al rock progresivo y sobre el que hay muchos prejuicios. ¿No les dio reparo?
-No, para nada. De hecho, el disco es conceptual en varios niveles. Las canciones surgieron enlazadas, lo que creaba dos bloques de música ininterrumpida de veinte minutos, con sus diferentes pasajes. Nosotros siempre trabajamos la música primero y después las letras. Por ello, una vez que teníamos toda la música, con todas sus partes y sus cambios, nos pusimos a escribir las letras. Tenían que ir acordes, narrando una historia. Esta es la un jornalero americano en los años cincuenta, que está cansado de su vida y de su trabajo. Entonces decide comprar un arma, matar a su jefe y empezar una especie de revolución personal individual. Aquí hay una segunda profundidad dentro de lo conceptual, que es relacionarlo con la situación actual de crisis del sistema y de los valores. Con ello, este disco alienta un poco a a la revolución, que hoy en día es necesaria. Es nuestra forma de aportar algo. Tampoco es que seamos una gente súper activa ni revolucionarios, pero de esta manera mostramos nuestro descontento. Pero, además de ello, hay una reivindicación del consumo de la música, tal y como se hacía antes. En la actualidad parece que la música se está convirtiendo en comida basura, en el sentido de que se consume rápido y sin prestar atención. Lo importante es bajarse el disco antes que nadie, escucharlo y a la semana siguiente, cuando ya pasó de moda, dejar de escucharlo. Nosotros buscamos hacer una obra más pausada y más tranquila, que la gente pueda profundizar en ella todo lo que quiera. De hecho, creo que tiene muchas capas a las que puedes llegar. Puedes escuchar las canciones por separado. Puedes escucharlas todas seguidas, que es como nosotros recomendamos que se haga. Puedes, incluso, penetrar en la historia que cuenta las letras. E ir más lejos, metiéndose en los guiños que hacemos a la música folk-rock clásica de los setenta y ver cómo pensamos. Esto va más allá de una colección de canciones rápidas, de hits que se consuman en una semana y luego se olviden. Nuestra idea es esa, otra cosa es que la gente llegue a ello.

-Hay críticas respecto a su planteamiento. Dicen que si lo que pretendían era llamar la atención sobre la crisis actual resulta un tanto enrevesado hacerlo en inglés, ubicando la historia en un jornalero de los años cincuenta y situándolo todo en Estados Unidos. ¿Se lo han planteado?
-Sí, pero creo que es mejor hacerlo de esta manera que no hacerlo. ¿Por qué vas a hacer una metáfora en vez de decir las cosas tal cual? Pues porque decides hacer una metáfora. El disco está ahí y es lo que es porque es lo que nos apetecía hacer. Es la música que nosotros escuchamos, algo totalmente sincero. Si la gente quiere criticar o protestar porque lo hacemos en América pues, bueno, que proteste. A nosotros francamente eso nos da igual, porque estamos contentos con lo que hacemos. Si a lo mejor hubiéramos situado la historia en Galicia y fuera un paisano y no se qué la gente podría decir “¿Y por qué no sitúas la historia en tu pueblo?”. Si la sitúas en tu pueblo te podrían decir “¿Y por qué no la sitúas en tu casa y eres tú?”. Son niveles de profundidad a los que uno puede decidir acogerse o no. La historia de un jornalero americano que decide cargarse a su jefe nos parecía que encajaba más con el ámbito musical en el que estábamos trabajando, que también tiene mucho de jugar con los clichés. Nosotros nos apoyamos en eso en la música, ¿por qué no apoyarse también en el plano lírico-estético? Esa es la razón. Lo que hicimos está ahí y si lo hicimos así es porque decidimos darle ese nivel de profundidad a esa protesta.

-De su trayectoria es el disco más roquero y el que más cuerpo tiene. ¿Es quizá con el que más contentos han quedado?
-Sí, al terminar de grabar un disco y en las presentaciones siempre piensas es el disco con el que más contento estás. Nosotros notamos una evolución total a la hora de trabajar. Esta es la primera vez que sentimos que hemos hecho un disco, con sus desarrollos y su estructura. El hecho de que las canciones estén en bloques hace que en directo nos metamos más en la música y que la gente lo disfrute más. Los conciertos están funcionando mucho mejor, estamos vendiendo muchos discos y creo que es un buen síntoma.

-¿En directo va el disco del tirón? 
-Lo tocamos entero, pero no exactamente en el mismo orden. Primero tocamos lo que sería la cara b y antes la cara a  y, claro, temas de disco anteriores. Los desarrollos los tocamos como en el disco. De todos modos, al disco le quisimos dar un carácter muy de estudio con muchos arreglos y cosas que no respetamos al 100% en el directo. Por otro lado, en directo tenemos mucha más potencia. Nadie nos ha dicho que desmerezca al disco sino todo lo contrario.

-Destacaron en el pasado por los videoclips. ¿Alguna idea flotando para este?
-Lo hemos pensado. Hacer un corto o un mediometraje, pero el problema es el tiempo, el presupuesto, todo. Nosotros al final no vivimos de la música y el tiempo es limitado. Pero sí que le hemos dado vueltas, incluso a la idea de hacer un cómic.

-Una curiosidad:¿sus jefes han escuchado el disco?
-Yo no tengo jefes, soy autónomo, pero deberían desaparecer todos [risas].  

Foto: Luis Diaz

Xabi Zirikiain: “En la escena del Donosti Sound están nuestras raíces”

Domingo, diciembre 16th, 2012


Tranquilidad. Esto no se ha convertido en un blog de tendencias. Si se hace una desviación al universo de la marca de ropa vasca Loreak Mendian es debido a las infinitas conexiones de esta con la música. Si a todo ello le sumamos que hace un par de semanas abrió su primera tienda en Galicia, concretamente en A Coruña, encontramos el cruce perfecto para que terminen por aquí. La entrevista con su diseñador y fundador Xabi Zirikiain se publicó extractada en las páginas de la edición de A Coruña la semana pasada. Esta es la versión ampliada.

-La marca Loreak Mendian se dio a conocer los noventa a través de la música indie. Muchos recordamos las fotos de Le Mans con su ropa. ¿Son esos sus orígenes?
-Sí, claro. Nosotros veníamos más de la música que de la moda. En aquella escena, que luego se llamó Donosti Sound, están nuestras raíces. Totalmente. Era una escena con inquietudes musicales y culturales, porque la cosa iba más allá de la música, también llegaba al cine, el diseño y muchas otras cosas. Gente muy curiosa.

-Y de ahí a la famosa margarita que se convirtió en su logo.¿Cómo surgió la idea?
-Bueno, en ese contexto del pop de los noventa yo empecé a hacer grafiti. Firmaba por los baños con la margarita de Loreak Mendian. No pretendía crear una marca de ropa con ella, sino que era un grafiti que hacía sin más. Más adelante fue cuando nos planteamos que podían quedar bien en camisetas. Pero, de entrada, era una simple firma de un grafitero. Más que influenciada por el hip-hop era por Keith Haring, que era lo que más me molaba entonces.

-La marca, sin embargo, pegó el estallido a través del surf, ¿no?
-Siempre hemos tenido esas dos vertientes, lo cual es algo curioso. El mundo del surf rara vez se cruza con la música. Ni los surferos suelen ser muy musiqueros, ni los musiqueros tiran mucho por el surf, al menos en Donosti. Pero nosotros siempre hemos estado entre los dos mundos. Nunca hemos cambiado.

-Con la explosión de las sudaderas y las camisetas de la margarita llegaron a los adolescentes con gran éxito. ¿Cómo lo vivieron?
-Sí, la margarita nos vino muy vien, porque se vendía mucho, pero nosotros ya estábamos haciendo otra cosa, con otro estado mental. Quizá Keith Haring ya no era tan importante y nos gustaban mucho más cosas más limpias. Ahí cambiamos el logo y empezamos a usar los quesos. Todo esto mientras la margarita era un súper éxito y nosotros, lo dicho, estábamos en otra cosa. Pero creo hemos seguido de una manera coherente. Quizá el salto más grande ha sido ese, el de pasar de la margarita a los quesos, pero luego los hemos seguido manteniendo.

-Su tienda de A Coruña y la ropa que tienen en ella transmite un poco de nostalgia. ¿Es la intención?
-¿Lo ves así? Pues la verdad es que no lo había pensado. Lo que no somos, y eso es algo que lo tengo muy claro, es una tendencia. Estar a la última no es nuestra guerra. Nosotros intentamos hacer una ropa más atemporal, pero de todos modos creo que la tienda es bastante contemporánea. Los vinilos son algo viejunos [se ríe], pero…

-…también la música que suena. No es muy habitual poner pop de Sarah Records en una tienda de ropa.
-Bueno, es que la música que suena en las tiendas para nosotros es súper importante. La selección la hace Ibon Errazkin de Le Mans. De hecho, Ibon y Teresa tuvieron la tienda de Madrid durante años. Luego él se metió en temas de traducción y trabaja con nosotros en ese terreno y haciendo la selección musical.

-Han abierto establecimientos en Francia y Australia. Además, parece que han tenido cierto éxito en el mercado asiático. ¿Es así?
-Bueno, bueno…[risas] Hemos venido en Japón, pero nuestro éxito principalmente es España, aunque tal y como van las cosas, en menos de dos años, yo creo que vamos a vender más en Francia que aquí.

-¿Tan bien funcionan las tiendas suyas allí?
-No solo eso, también vendemos en tiendas multimarca, donde funcionamos muy bien. Nuestra idea es centrarnos en Francia y también en Alemania. Esos dos son los mercados en los que podemos crecer ahora mismo.

-Son una firma pequeña, pero grande al mismo tiempo. ¿Es difícil mantenerse con ese tamaño?
-Somos los grandes de lo pequeño y los pequeños de los grandes [risas]. Son tamaños muy complicados, aunque creo que todos lo son hoy en día. De todas maneras, independientemente del tamaño real, yo creo que nuestro estado mental es pequeño. Para mí es súper importante estar en las tiendas, elegir dónde va todo, colocar los vinilos con mucho cuidado… son detalles que no me gustaría nunca que me dejasen de importar. Creo que son clave.

-¿Cuántas personas trabajan en Loreak Mendian?
-Entre la central y las tiendas, alrededor de 60 personas. Para Inditex, que están celebrando su tienda número 6.000, somos algo anecdótico [risas].

-Ustedes son fabricantes. ¿Cómo se plantean lo de hacerlo en China o acercarlo más a España?
-Nosotros no tenemos una cosa ética de hacer las cosas solo en Europa. Al principio, lo hacíamos todo en España pero ahora resulta prácticamente imposible. En este momento estamos mucho en Portugal. La situación es extraña. Hace unos años que sí, que todo el mundo se iba a China, pero ahora no está tan claro, porque se ha encarecido mucho. Luego, nosotros de cada referencia no hacemos muchas unidades y eso en China no entra. Nosotros hacemos encajes para la producción, pero ahora en China no hacemos nada.

-Es curioso porque en los ochenta el “Made in Portugal” estaba visto como algo de baja calidad y ahora, sin embargo, se usa precisamente como reclamo de esta.
-Sí. Lo que está claro es que han cerrado los talleres que iban a precio. Porque ahí no pueden competir. Ahora lo que ha quedado es la calidad. En España y Portugal hay esa calidad. Tú antes ibas a Mataró y estaba lleno de talleres que hacían todo muy barato. Eso se ha terminado.

-¿Piensa que la línea pasa porque las marcas pequeñas tiren hacia la calidad.
-Nosotros en la guerra del precio no podemos entrar, eso está claro. Es imposible competir con H&M o Inditex. Eso está perdido. Pero tenemos sitio para desarrollarnos, aunque hay que crearlo. Nuestras tiendas tienen que ser bonitas, con el trato al cliente perfecto, la música muy cuidada… y, luego, trabajar y ofrecer la mayor calidad posible, para que no nos lleve este huracán actual.

-Me habló antes del grafiti. Luego también hicieron guiños al diseño gráfico…
-…y cosas para grupos. Le hicimos el merchandising al FIB, cosas para el Sónar, para sellos discográficos como Elefant Records, para Sigur Rós. Un montón de cosas.

-Se lo decía porque con su trayectoria Loreak Mendian semeja que han creado todo un universo estético que engancha a la gente a la que no le interesa mucho la moda pero sí esas referencias.
-Me encantaría que eso fuese así, vamos. Llevamos tantos años y siempre hemos intentado ir a nuestra bola. Si se llevaban una cosa, nosotros no nos metíamos, porque las tendencias no es nuestro mundo. Lo que nos gusta es lo de siempre: practicamos surf, escuchamos música, disfrutamos con el arte, tenemos muy presentes nuestras raíces vacas …No porque algo se ponga de moda vamos a cambiar.

-Marcas como la suya, que tienen un bum repentino entre público juvenil, luego acusan la falta de recambio. ¿Qué edad tiene su público ahora? ¿Es ese treintañero indie de gustos refinados?
-Nosotros lo que vemos que es nos vamos haciendo viejos con los clientes [risas]. A este ritmo terminaremos haciendo prótesis para jubilados. Pero sí, nuestro público mayoritario son gente entre 30 y 40 años, quizá con un nivel cultural un poco alto y que puedan ser sensibles a nuestro mundo.

-La primera prenda que me compré de Loreak Mendian fue una sudadera en 1999 que guardo con especial cariño. A lo mejor, en unos años, esos modelos darían para hacer una serie vintage en plan “indie de los noventa”
-Todavía somos muy jóvenes para ello [se ríe], pero nunca se sabe. El otro día hablábamos con Ibon que, cuando éramos jóvenes, veíamos las música de los sesenta como de otra era. Para los chavales de ahora nuestros años sesenta son los primeros noventa. Y para nosotros fue como antes de ayer.

-Sí, lo que fue David Bowie para nosotros para estos chicos lo es Blur.
-Totalmente. Eso te hace pensar.

Foto: Paco Rodríguez

Ana Curra: “Parálisis Permanente sigue siendo un grupo de culto”

Viernes, septiembre 14th, 2012

Se trata de una de las giras del año: la vuelta del repertorio mítico de Parálisis Permanente, uno de los grandes grupos de los ochenta cuya oscuridad se tiñó de tragedia con la muerte de su líder Eduardo Benavente en accidente de tráfico en 1983. Apenas quedaron un elepé, varios singles, algunos directos mitificados y el deseo de que alguien invocase su espíritu. La que entonces era su novia y compañera en la banda, Ana Curra, ha dado un decidido paso al frente llevando a los escenarios El acto. Madrid, Barcelona, Zarratón (La Rioja) y Bilbao han sido los lugares que han podido disfrutar del espectáculo. Hoy sábado 15 de septiembre se suma Santiago a la lista. Hemos entrevistado a Ana para el suplemento Fugas. Esta es la versión completa de esa charla.

-Emocionalmente tuvo ser muy fuerte para usted volver a llevar al escenario esas canciones. ¿Tuvo muchas dudas a la hora de ponerlo en marcha?

-Realmente no. Sabía que tenía que hacer algo. llevaba muchos años con esa carga en la mochila. La idea de que yo tenía era la reivindicar mi propio pasado, mi historia y la figura de Eduardo Bevavente dentro de Parálisis Permanente, que su fue grupo más personal. Era una deuda que yo tenía para conmigo para con Eduardo, el grupo y todos los fans que me lo han pedido siempre. A mí me costaba mucho. Por eso no utilicé el nombre de Parálisis Permanente nunca después de que se fuese Eduardo. No me parecía honesto. De hecho, cambiamos a Seres Vacíos cuando murió, luego como Ana Curra y, posteriormente, me aparté. Más tarde ha habido cantidad de grupos que lo han versioneado. Mucha gente que me había pedido que hicera algo así. Era una deuda. Ahora ha llegado el momento de reivindicar esas canciones, que también eran mías.

-Cuando anunció que iba a salir esta gira hubo muchos fans que se lo tomaron muy mal. Sin embargo, las críticas por ahora han sido excelentes.¿Qué balance hace de todo ello?

-Sí, la verdad es que, por ahora, no he leído ni una sola mala crítica y sí que escuché algunas voces contrarias al proyecto. Por un lado es normal. Yo lo entiendo. Entiendo perfectamente que haya gente que lo vea así. Parálisis Permanente es un grupo muy especial. Las del disco y los singles son canciones que todo el mundo tiene en su memoria. Y las tiene escuchadas con una formación mítica, que con el fallecimiento de Eduardo se hizo aún más mítica. Comprendo el enfado de esos fans pero, al mismo tiempo, creo que no hay nadie más indicada que yo para esto. Lo conozco todo perfectamente. Él era mi pareja musical, sentimental y vital. Soy la persona que está más legitimada para hacerlo. En ese sentido, siempre van a haber críticas. Pero es cierto que, después de ver el concierto, la verdad es que el público sale con buen sabor de boca. Estamos tratando todo con el máximo respeto y sin perder la esencia.

-¿En ese primer concierto en Madrid hubo muchos escalofríos en el escenario?

-Muchos, muchísimos. Y sigue habiéndolos. Cada vez que subo al escenario me transformo. Me lo paso muy bien. Lo vivo intensamente y vuelvo a afrontar las letras como si tuviese 20 años. Creo que no ha pasado el tiempo por ellas, que son canciones totalmente atemporales. Está siendo una fiesta cada concierto. Resulta todo muy intenso. Hay muchas emociones flotando en el ambiente.

-Escuchando ahora Parálisis Permanente y, teniendo en cuenta lo jovencísimos que eran entonces, llama la atención que el concepto de grupo fuese tan perfecto y elaborado. ¿Era muy pensado?

-No creas que era algo tan premeditado y pensado. No había marketing en nuestras cabezas. Aunque hubiésemos querido no sabríamos hacerlo. La verdad es que yo también me sorprendo un poco de que siendo tan jóvenes pudiéramos hacer algo así. De todos modos, la juventud puede con todo. Nosotros teníamos muchísimas ganas. Siempre hemos buscando una coherencia en todo: la imagen, la música, todo lo que se proyecta a la gente. Es básico para hacerte entender como quieres. Cuando miro las fotos y las portadas ahora me doy cuenta de que la verdad es que estaba todo muy bien acabado para la época.

-En mi opinión, Parálisis Permanente era el mejor grupo de la Movida en esa suma de estética, actitud, imagen, sonido y letras. Si se quisiera hacer en un laboratorio no hubiese salido tan bien.

-Sí, se hizo así y eso le daba mucha credibilidad. Se conjugaban todas esas cosas con la frescura y la visceralidad. Eso ha permitido que el tiempo lo haya soportado tan bien. Yo creo que cuando transmites algo, tan importante es la forma como el fondo. Creo que lo emocional y lo estético es igual de importante, si no todo se quiebra.

-Llama la atención por oposición que, mientras se estaba apostando por la España en colorines, vitalista e incluso un poco frívola, ustedes tiraron hacia la oscuridad. ¿Qué les hizo ir por ahí?

-Eso es una tendencia mía, que creo que es común a mucha gente de esa edad en la aún no has conocido el lado oscuro de la vida pero te atrae: quieres informarte, quieres entenderlo todo y quieres. Te hace muchas preguntas. Primero es el sexo, que está muy presente: cómo lo vives, cómo lo sientes. Libros como La historia de O o El Marques de Sade me atraían muchísimo. Luego, está la muerte, que es la vida. Son los dos lados de la misma moneda. En Parálisis Permanente hicimos reflexiones, no muy razonadas porque éramos demasiado jóvenes como para racionalizarlas mucho, pero sí que dimos mucha rienda suelta a preocupaciones que eran motivos de inspiración.

-Habla del sexo. Esa imagen fetichista con elementos del sado dio mucho que hablar. ¿Había un ánimo de escandalizar o era algo más profundo?

-No había ningún ánimo de escandalizar. Absolutamente ninguno. Era lo que sentíamos y lo que nos movilizaba, de hecho es lo que sigue movilizando a todo el mundo [risas]. Es una parte fundamental de nuestras vidas y, en esas edades, lo vives muy intensamente. El sexo es una preocupación que se hace cotidiana en tu vida, un descubrimiento total que te atrae. Para nada queríamos epatar ni teníamos pensamientos tipo “Voy a hacer esto para llamar la atención”. Eso no existió nunca en nosotros.

-Leí recientemente una crítica que decía que la suya era una estética infantil y forzada, producto de la juventud. Después de lo que me ha dicho, imagino que usted haría lo mismo si pudiera volver atrás.

-Pues supongo que sí. El tema es que eso ya lo hice, pero me doy cuenta de que sigue siendo algo de actualidad, porque es algo que nos mueve a todos. Creo que si a los 17 o 20 años no te preocupa eso pues apaga y vamos [risas].

-El sonido de Parálisis Permanente era y sigue siendo apoteósico. En su momento tuvo que ser algo rompedor. ¿Qué discos tenían ustedes en casas que usaban como modelos?

-Por un lado teníamos todas las influencias de los años setenta y anteriores. Elvis, el principio del rock n’ roll, pero sobre todo el glam y lo que se estaba gestando casi contemporáneamente en el Reino Unido, Nueva York y Detroit. Hablo de los Stogoes, New York Dolls, Ramones, Television, Patti Smith, Sex Pistols, Generacion X, Siuoxie, Bauhaus, Joy Division… Fuimos contemporáneos de todos estos grupos. Nos retroalimentábamos.

-Esa música en la España de los primeros ochenta era totalmente underground. Había que estar muy “metido” para conocerla. ¿Cómo llegaban a ella?

-Sí, en eso creo que también ha sido importante Parálisis Permanente, porque ha quedado como un grupo mítico que abrió una puerta a una serie de grupos que eran desconocidos en Madrid. Yo recuerdo el primer viaje que hicimos Eduardo, Nacho, Olvido y yo a Londres. Vimos a Bauhaus y a Killing Joke en directo. Vinimos de allí con los singles y fuimos a Radio 3 para que los pusieran. Nosotros los descubríamos en la propia emisora. Los poníamos y los dábamos a conocer. Era algo totalmente diferente a lo que sonaba en España. Aquí no podías conseguir esa música. Nosotros ahorrábamos todo el dinero para poder ir a Londres a comprar discos porque aquí no tenías nada. Nos íbamos una semana y estábamos de concierto en concierto descubriendo grupos y recogiendo influencias. Tal cual.

-El mito agrandó los años ochenta y abrió la puerta al “Yo estuve ahí”. Alaska siempre dice que en los concierto estaban cuatro gatos, que todo se magnificó. ¿Cuanta gente iba a ver a Parálisis Permanente?

-En los conciertos de Rockcola más o menos podría haber 250 personas. Eso es así, Olvido tiene razón: no éramos tantos como se dice ahora. Gente que vio a Parálisis Permanente en directo yo te digo que es escasísima. Lo que pasa es que luego cuando llega el año 85-86, surgió el bum de la Movida, su politización, el lema aquel de “De Madrid al cielo”, el uso de este por los políticos para dar a conocer Madrid, etc… Los inicios, cuando estábamos en el Marquee y en Rockola no había tanta gente. Luego sí, muchos grupos saltaron a nivel ayuntamientos a las fiestas de los pueblos y todo cobró una nueva dimensión. Pero en el nacimiento no, éramos unos pocos.

-¿Esa otra dimensión mató la pureza de todo?

-Sí, en cierto modo sí. Pero es algo lógico en cualquier movimiento. Todo nace, tiene su apogeo y muere. En este caso fue utilizado, muy mal utilizado. Pero también sirvió para que hoy en día queden unos grupos de ahí. Yo creo que la gente sabe perfectamente decir quién realmente innovó, quién transgredió, quién se dejó la carne en el asador y quiénes fueron fruto de ese bum. El tiempo permite discernirlo todo perfectamente.

-Cuando se apela a la época en televisión o se hacen recopilatorios, Parálisis Permanente no suelen estar entre los fijos.¿Por qué?

-Bueno, sigue siendo un grupo de culto. Además, por las circunstancias, al morir Eduardo tampoco ha ido más allá de aquello. Pero bueno, tampoco veo yo a Eduardo como Alaska. Su trayectoria era otra, mucho más de parroquia, de culto. Nunca podemos saber lo que habría ocurrido, pero no creo que hubiera estado nunca en un reallity show. Dudo mucho que le hubiera interesado. Todos esos personajes que han traspasado fronteras, como Olvido o Almodóvar, son los que ahora quedan. Pero es un tema tan largo, para desglosar, que no me veo capacitada para explicarme.

-¿Cuando la muerte de Eduardo truncó todo había ya material para un segundo disco?

-Había algunas canciones, pero date cuenta que acabábamos de sacar el primero. Había un par de canciones más en el tintero, pero poco más.

-¿Y puede quedar algún material inédito que se pueda publicar algún día?

-No, nada.

-Para “El Acto” ha reclutado a músicos de la época. ¿Es algo intencionado?

-Totalmente. Para mí lo más importante a nivel personal es que esté satisfecha, que yo sienta que estoy haciendo algo con muchísimo respeto. Para ello era importante rodearme de gente que, o bien conoció a Eduardo, o bien vivió aquel momento o que me conocían a mí y sabían lo importante que para mí era hacer esto. Son excelentes músicos y están escogidos de manera muy meditada.

-¿Puede tener continuidad o es algo con principio y final?

-Va a tener principio y final evidentemente porque la vida sigue y esto es algo que yo me he planteado ahora, porque me encontraba muy fuerte. Vi que era el momento adecuado. Estamos en crisis y eso es algo que me motiva. Así la gente no puede decir que he montado esto para hacer dinero, porque es imposible [risas]. Esto tendrá un cierre, pero como todas las cosas en la vida. Ese cierre llegará cuando toda la gente que lo tiene que ver ya lo haya visto. A partir de ahí, todo el repertorio quedará normalizado en mis actuaciones como parte de mi historia.

Sex Museum: “El rock ha perdido el peligro y la seriedad para convertirse en un eterno anuncio de vaqueros”

Viernes, agosto 17th, 2012

Sex Museum son un clásico básico de la escena underground nacional. Le plantaron cara al degradado pop-rock español de la segunda mitad de los ochenta con garage y hard-rock cantado en inglés. Y más de 20 años después continúan con la misma actitud de siempre. Ninguna de las mil transformaciones de la música independiente nacional ha podido con ellos. Con motivo de su presencia en el festival V de Valarés de Ponteceso hemos entrevistado a su guitarrista Fernando Pardo para el suplemento Fugas. He aquí la versión completa de esta charla en la que, una vez más, se demuestra que el músico fan es el mejor entrevistado posible.

-Les llamo de A Coruña. Aquí en los primeros noventa la visita de Sex Museum era todo un acontecimiento a nivel undeground. ¿Recuerda aquellos excitantes conciertos que daban con Los Eskizos?

-Sí, claro. A finales de los ochenta, cuando conocimos a Los Eskizos y toda ese generación de bandas de A Coruña, fue cuando empezamos a conectar y ver que había gente con una visión parecida a la nuestra de la música. Hasta ese entonces, sobre todo a mediados de los ochenta, éramos como una rara avis en bastante sentidos. Por una parte, estabas dedicándote a la música como una especie de cruzada personal para sacar adelante no solo una cuestión de gustos, sino de desarrollo como músico. Pero, luego, elegíamos unas referencias tan contrarias a lo que se podía dar en España, que tuvimos que esperar unos años para que surgieran otras escenas para que la cosa se consolidase. De hecho, pienso que mucho del indie que está consolidado hoy en día, aunque ahora esté más orientado hacia el pop, nació en ese momento. Era el do it yourself: hazlo tú mismo, encuentra una escena en la que apoyarte, siembra para que luego crezca, cultívala y riégala. Todo eso me recuerda a aquella sensación, un momento muy excitante para nosotros.

-Como público recuerdo el impacto de encontrarme algo totalmente diferente a los grupos de rock nacionales que un chaval de 16 años podía conocer por la radio y la tele. De repente ver a una gente manejando unos códigos estéticos y sonoros tan diferentes fue un todo un shock. Visto en perspectiva, ¿cuánto había de romanticismo y de tirarse al vacío en los Sex Museum de “Independence”?

-Es eso, justo, has dado en la palabra. El romanticismo entonces se daba en un porcentaje altísimo y creo que sigue siendo muy importante. Es cierto que la realidad te obliga a ser más práctico y a tener un enfoque algo diferente, pero el motor de Sex Museum continúa siendo ese romanticismo. Nosotros decidimos ir por este camino, por un amor a cierta música, por una actitud frente al arte y por una estética que nos emocionaba. Nos preguntábamos a ver hasta qué punto podíamos durar. Y hemos descubierto que dedicándose a esto con el motor del romanticismo se desarrollan cosas que, a veces, van un poco cruzadas con los tiempos, pero a la vez hacen que el camino sea mucho más disfrutable.

-Tuvieron una etapa de plenitud total como banda con “Nature’s Way” y “The Fabulous & Furry” Luego llegó la explosión indie mucho más orientada hacia el pop. ¿Pensaron entonces que su momento se podría haber terminado?

-En ese momento no. En la explosión inicial era todo como muy cercano. Estábamos juntos un montón de grupos que, más allá de gustos musicales y el tipo de música que hacíamos, teníamos en común una visión de hacer algo totalmente diferente a lo que se había hecho en España hasta entonces. No era necesario que te sacase adelante una gran compañía, podías hacerlo tú. Ahí coincidimos gente como Sexy Sadie, Los Planetas o Australian Blonde. Éramos un montón de bandas en un nivel bastante parecido haciendo la primera grieta respecto al poder enorme que habían podido tener las grandes compañías. En aquel momento nos daba la sensación de que la música independiente se estaba desarrollando y creciendo. Luego sí que se dio una diferencia, pero ahora con el tiempo veo que la marcó básicamente la prensa musical. Radio 3, cierta prensa como Rockdelux o Mondo Sonoro, tuvieron clarísima cuál era su apuesta. Su apuesta era el pop. Llegó un momento en el que nos quedamos fuera de ese juego. Hubo un giro y la música independiente se convirtió en una marca que apoyaba una orientación musical, aunque los grupos no fueran independientes y estuvieran con multinacionales, que es a lo que derivó con el tiempo.

-A mediados de los noventa en algunas revistas se empezó a ver mal a los grupos que, como ustedes, se nutrían de referencias antiguas y roqueras. Llegado ya los dosmiles se produjo como una tregua, volviendo a admitiros. ¿Lo notaron?

-Sí, puede ser, pero no es un tema al que le haya dado muchas vueltas. Pero puede ser cierto. La verdad es que es una de las primeras veces que repaso este tipo de cosas, así en plan debate. Yo, en su momento, vi que todo se orientaba a ciertos movimientos de la prensa inglesa, que nosotros repetíamos de alguna manera. Era como si se pretendiese inventar una escena independiente española realmente personal y, claro, hasta llegar a ese punto hubo mucha búsqueda y muchas pruebas a ver si funcionaba o no. Con el tiempo se ha llegado a un punto en el que todo es mucho más abierto. Es más, está abierto porque ha desaparecido el poder de muchas compañías y, con ello, el poder que tenía mucha prensa musical. Ha habido un cambio de balance. Ahora es posible que cualquiera pueda trascender, pero es mucho más complicado. Se produce una extraña paradoja. El tener la posibilidad de tener el foco encima es más complicado y dura mucho menos tiempo, pero eso también viene bien a las bandas, porque les obliga a tener un compromiso con su música mucho más allá de lo que se podría tener en los setenta u ochenta, que podría ser algo como “bueno, lo voy a intentar y si la cosa funciona pues me forro y si no a otra cosa”. Ahora es muy diferente. Llega un momento en el que, si uno quiere hacer de la música un proyecto de vida, tiene que vencer el vértigo de llevar una vida relativamente bohemia. Es algo muy complicado. No hay dinero, hay muy pocas posibilidades y te tienes salir del camino que pudiera ser más cómodo. En épocas de crisis, mucha gente tira a lo fácil. Estoy viendo como muchas grandes bandas y con buenas ideas dicen: “Si en las épocas en las que era posible nos fue tan mal, ahora lo dejamos”. Yo, sin embargo, pienso que debería ser al revés: ya que en épocas complicadas no tienes nada que perder, trata al menos de desarrollar de tu visión personal de la vida y el arte.

-Una huida hacia delante, ¿no?

-Sí, de hecho en países como España las épocas más florecientes para la cultura han sido periodos de crisis absoluta. Yo creo que, como país, España ha quebrado como 15 veces y cinco o seis de esas quiebras han coincidido con grandes momentos de creación. Esto podía dar una visión especial y diferente de ver la música. Ahora, además, hay una cosa. Cuando antes tocabas en festivales con grupos extranjeros de mucho nombre y salían al escenario te daban un repaso que decías: “!Madre mía, que ciclón ha pasado por aquí!”. Últimamente ha cambiado. Puedes salir por ahí fuera, tocar en vivo y la gente decir: “¿Estos de dónde son? ¿Españoles? ¡Ahí va!”. Te lo digo por experiencia. Cuando Sex Museum empezamos a tocar fuera era un exotismo como ver a un grupo libanés en un festival inglés. ¿Un grupo español de rock? ¿Y eso cómo es posible? ¿En España, nuestro país vacacional para ingleses, se hace rock mejor que nosotros?. Si entonces le preguntabas a cien ingleses, los cien te dirían que imposible. Hoy en día, es diferente.

-En la nota de prensa del “Alone & Alone” su último disco, se definían como “afortunados perdedores”. ¿Siguen viéndose así?

-Sí, yo creo que sí. Hubo un momento en el que vimos que nuestra apuesta había que tomársela en serio y fuimos a saco con ella. Es el punto este en el que ya sabes que se llevan las faldas rosas y vas tú y dices “vale, ya lo sé pero no, yo este año las voy a hacer marrones”. Y resulta que no te comes un colín, porque es el año del rosa. Pero al año siguiente insistes. Ese es básicamente el resumen de Sex Museum: apostar por una cosa que está fuera de lugar y de tiempo. La diferencia es que uno es consciente de ello, retirándose de la puja. Sin embargo, nosotros siempre hemos tenido el orgullo suficiente para decir “¿Y qué? Vamos a seguir y correremos la Fórmula Uno con un Seat Panda”. La gente pasa de lado y te dice “nunca lo vas a conseguir”. Yo recuerdo que, al principio, nos decían que en inglés no íbamos a ningún lado. Luego, cuando ya se empezó a extender lo de cantar en inglés, ibas a la misma prensa y te decían “Buah, es que el rock tal y como lo hacéis vosotros no se lleva nada”. Volvías años después, y ya había un nueva pega. Pero bueno, nosotros siempre hemos tenido el punto ese de “¿Ah no? Pues lo voy a conseguir por mis huevos”. Con un poco de perspectiva te das cuenta de que hay pocos grupos con nuestro estilo y actitud que hayan perseverado como nosotros. Y, luego, te acabas dando cuenta de que es posible. ¿Qué somos los perdedores de todo esto? Vale, pero somos unos perdedores felices. Estás fuera de plano. Eres como el hombro ese que está en las fotos fuera de plano. Estás, pero nunca se te acaba de ver bien.

—¿Alguna ventaja tendrá?

—Sí, claro. Si no eres el centro de atención, tampoco se te exige nada y puedes mantenerte más años con cierta estabilidad. Tu tu carrera no tiene las subidas y bajadas que pudieron tener Ronaldos o Gabinete Caligari en los ochenta o Australian Blonde y Sexy Sadie en los noventa. En cada década ha habido grupos que han tenido la gran subida, pero luego la gran bajada que hace que se retiren. Nosotros tratamos de mantener le movimiento constante.

-Decían en alguna ocasión que se sentían en los festivales como si se colasen en una boda a la que no habían invitados.

-Totalmente. Podríamos decir que somos unos farsantes pero no, porque hace tiempo que hemos puesto las cartas boca arriba dejando claro de qué vamos. Sí que hay entregas de premios en los que, de repente, sale Sex Museum que es como una visión bastante indómita del rock y un rollo muy personal, que un día reivindicas tu parte más basada en la nueva ola inglesa y luego al siguiente disco decides que quieres hacer un disco como Todd Rundgren. Reconozco que despista un poco. Eso hace que, por temporadas, nos quedemos fuera de foco como te decía antes, pero algo hemos desarrollado para continuar eternamente. De repente triunfa el brit pop, el indie más pop o el metal tipo Rage Against The Machine y siempre estamos nosotros en algún lugar de la foto. Entonces hay un momento en el que piensas: “Joder, nos hemos quedado en todas”. Ninguna ha sido perfecta, pero siempre hemos estado por ahí

-Durante todo este tiempo han creado un sonido Sex Museum fácilmente identificable. En el último, sin embargo, da la sensación de que han ido a por un discurso un poco más relajado que recuerda a esas producciones densas y expansivas de los años setenta, tipo T. Rex o David Bowie. ¿Perseguían eso?

-Sí, buscábamos hacer las cosas de otra manera. Antes los discos se orientaban desde el punto de vista de un guitarrista, con mucha urgencia alrededor de su instrumento. Esta vez quisimos darle más protagonismo al resto colocando las guitarras un poco más abajo. Gana la voz, el bajo y la batería, acercándonos a una forma más clásica de grabar rock, lo que nosotros consideramos el punto óptimo. En ese aspecto somos algo friquis. Nosotros pensamos que desde mediados de los ochenta los bajos no suenan bien en los discos, salvo excepciones. También que, desde ese momento, se repiten los mismos esquemas y estás oyendo la misma canción. Que las baterías y los propios baterías ni tocan ni suenan como antes, que o se pasan de virgueros o de cutres. Nosotros, por admiración de otros artistas, hemos llegado a ese punto en el que, bajando las guitarras, hemos logrado ese momento de “Joder, ya lo hacemos bien”. Y eso tiene que ver con nuestra parte de fans, que somos muy fans. Hay un momento en el que escuchas a los grupos con la lupa del creador y del fan. Hemos llegado a escuchar nuestros discos y decir “Vaya mierda, no hemos sido capaces de llegar a donde teníamos que llegar”. Últimamente, ya hemos llegado a ese grupo que no tiene tanta explosión, pero tiene un impacto más amplio.

-Me habla de su condición de fan ¿A quién admirada usted de adolescente como para coger una guitarra y montar su propia banda?

-Lo mío es una mezcla de los Who y los Jam por un lado, y el rock n’ roll antiguo por el otro, que era lo que escuchaban mis padres en casa. Imagínate los Shadows, Ventures, la banda sonora de American Graffiti y mucho pop inglés: Bowie, The Clash, muchas cosas. Siempre tuve mucha mezcla. A la vez que todo esto, cuando estámos entrando en el tema mod, mi grupo favorito eran los Beach Boys. Pero, al tiempo, uno de mis guitarristas favoritos era Rory Gallaguer. Se producía una mezcla un tanto curiosa. Yo escuchaba discos de los Beach Boys y los Kinks, pero luego como guitarrista me flipaban Ted Nugent, Jeff Beck o Rory Gallaguer. Todo sigue igual, necesito seguir alimentándome de música. Compro miles de discos. Yo soy de la parte de que podría ser tanto músico, como crítico musical, como un fan loco de esos de comprar rarezas. Por ejemplo, me encantan los singles y tengo todos los singles de los Jam, incluidos picture disc y los flexis, o todos los primeros singles de los Black Crowes. Igual con Nirvana, Screaming Trees y los grupos que en algún momento me han llegado. Aún me meto en e-bay habitualmente a buscar cosas.

-Pues allí puede encontrar alguna joyita de su grupo. En las ferias de coleccionismo una primera edición de “Fuzz Face” o “Independence” se cotiza muy alta.

-Sí, el primero original y algunos singles ya cuestan una pasta. No sabes qué pensar, en plan ¿me he convertido en un grupo de culto para friquis o qué? Al final parece que nos hemos ido en la balanza en ese sentido.

-Lo que sí que tenía pinta de terminar como “grupo de culto para friquis” eran Los Coronas y, al final, la repercusión que ha tenido eclipsa incluso a Sex Museum. ¿Cómo llevan esta tensión?

-Bueno, la parte que combina ambos grupos lo llevamos muy bien. La parte que está solo en Sex Museum dice “Me cago en vuestra madre” [se ríe]. La verdad es que ha sido una cosa algo rara y atípica. Hemos tenido mucha más repercusión fuera al ser un grupo instrumental. Yo a veces pienso en qué fue lo que ha convertido a Los Coronas en un grupo que se va a grabar a Estados Unidos y, luego, va y se hace una gira por Australia de casi un mes. ¿Qué es lo que ha llevado a este punto? No puedes explicarlo. Ha sido todo un poco extraño. En el libro del rock te deja muy claro que un grupo instrumental derivado de un sonido antiguo o reto no tienes opción ninguna. Y nosotros, va y la hemos tenido. Dentro del rollo surfero la gente se pregunta que qué pasa, pero incluso con grupos americanos que no dan crédito. Habría que hacer un análisis largo.

-En una entrevista Marta se lamentaba de que veía a pocos adolescentes en los conciertos, que el rock había perdido ese punto de celebración juvenil. ¿Lo ve usted de la misma manera?

-Sí, todo es diferente. El mundo está cambiado. Nuestra generación, los nacidos en los sesenta, somos el principio del mundo moderno. Los anteriores tienen fotos en blanco y negro. Tú ves las fotos de Lenny de Motörhead cuando era pequeño y ves que aquello era el mundo antiguo, aquel en el que no había televisión y en el que iba con esas pintas que parecen de otro siglo. Nosotros somos el principio de otro mundo. En España los setenta eran el principio de todo. Los mayores estaban tan ocupados con sus cosas que dejaban que los niños y jóvenes se dedicaran a lo que quisieran. Hacia el 73 tú ibas al bar y un chaval de 10 años podía comprar tabaco o pedirse una caña. Era un enfoque distinto. Por lo que fuera, hasta mediados de los noventa cualquiera que quisiera sentir la explosión del rock podía hacerlo. Ahora ha desaparecido. La gente joven no puede ir a los conciertos. Los menores no pueden ir a bares, no pueden ir a conciertos, casi no pueden hacer nada. Ahora lo que pasa es que, cuando una persona tiene 18 años, en vez de empezar a hacer lo que le tocaba con 14 o 15, que era empezar a ir a conciertos y esas cosas, sigue con lo que estaba: esa mezcla de Play Station con el inicio de la universidad o el empezar a trabajar. Toda la etapa de formación anterior, esa en la que eres un chaval y vas a vibrar a un concierto con los de tu clase, a sudar como un pollo en un garito y flipar con esa música rugiente, te la saltas. Luego, más tarde, a lo mejor ya no te apetece hacer eso y se enfoca de otra manera.

-¿Puede sentir hoy un chaval de 17 años un latigazo con los Stooges como el que sintieron ustedes en su día?

-No, es muy difícil, ya no hay bandas así. Quien ha tenido la suerte de disfrutarlo bien, pero esto es como a quien le gustaría haber vivido la época de los piratas. Pues le dices “Vale, muy bien, pero eso ya ha pasado”. En general, la opción que tienes para ver grupos es ir a un festival gigante, verlos a varios metros de distancia y eso, si eres amante del grupo, te puede llenar. Pero el impacto, el ir a un garito pequeño y poder disfrutar con la gente que has quedado no es lo mismo. Luego, tal y como están las cosas, es muy complicado. Tocar un instrumento es como hacer zuecos, es algo artesano a lo que hay que dedicar mucho tiempo. Hoy en día resulta más fácil dedicarse al guitar hero y a vacilar con los colegas con la play. El rock n’ roll se ha convertido en algo kitch, ha perdido el peligro y la seriedad para convertirse en un eterno anuncio de vaqueros. Ahora incluso Tom Cruise va a ser roquero en una película.Eso muestra lo kitch que se ha convertido todo esto. En menos de nada, el rock será la música del anuncio del próximo Colacao.

Lisabö: “Nuestra música consiste en sacar fuerza de dentro y, luego, llevarla al extremo”

Sábado, abril 21st, 2012

La excepcional acogida que ha tenido Animalia lotsatuen putzua (2011) ha llevado a Lisabö más allá del secreto. Portadas en Rockdelux o Mondo Sonoro, primeros puestos en las listas de mejor disco del año en diferentes revistas, portales y blogs (entre otros, Retroalimentación) y elogios a chorro refrendan una propuesta que lleva proporcionando placer furtivo desde hace más de diez años. Hoy, sábado 21 de abril, debutarán en Galicia. Será en Pontevedra (sala Karma, 23 horas, 10 euros anticipada y 13 en taquilla), dentro de la fiesta de aniversario de la asociación Desconcierto Cultural. Una feliz noticia por partida doble. Primero, el público gallego podrá ver en vivo a una de las mejores bandas del planeta (sí, lo de Lisabö trasciende a lo nacional). Segundo, más allá de las instituciones y los agentes culturales habituales, la fuerza y la capacidad organizativa de los fans demuestra que las cosas se pueden lograr bajo el “háztelo tú mismo”. Y, en algunos casos, como este, con muchísimo más tino y conocimiento de causa.

Ibán Zabalegui, batería del grupo de Irún, atendió esta semana la llamada de La Voz. Esta es la versión íntegra de la entrevista que se publicó ayer en el suplemento Fugas.

-Este sábado el público gallego verá a Lisabö por primera vez. Sus discos son intensos y vibrantes, casi al límite de lo expresivo. ¿Hay sitio para más fuerza en el escenario?
-Una de las bazas que tenemos como banda es el directo. Yo creo que en este terreno todavía ensalzamos el sonido de Lisabö, todo eso de jugar con los silencios y con partes de gran intensidad. En vivo va a más. Pienso que es bonito ver el juego de las dos baterías. En los discos se pierde un poco, ya que no sabes quién toca qué, mientras que en el escenario resulta muy dinámico y muy estético.

-Su música empuja a dejarse levar. Me refiero a eso de ir por la calle con auriculares y sorprenderte a ti mismo apretando la mandíbula. ¿Hasta qué punto tocándola pasa lo mismo cuando, al doblar instrumentos, imagino que necesitan una gran concentración?
-Sí, es así, pero estamos muy acostumbrados a tocar juntos y ya nos sale de una forma natural. En realidad, lo que hacemos cada uno no tiene demasiada dificultad, pero el juego entre los dos queda curioso y sí que es verdad que logramos una gran intensidad, nos desfogamos totalmente y trasmitimos las canciones con toda su intensidad.

-Con el tema de la doble batería hay momentos en los que cada una va por un lado, pero que poco después se doblan y dan un poderío mayor. Esa sensación tiene que ser tremenda.
-Claro. El juego consiste en eso, en ir haciendo cosas diferentes y, en el momento en el que nos juntamos los dos, coger más fuerza y llevar la canción mucho más allá.

-¿Cómo terminan tras dar un concierto?
-En una entrevista Javi dijo que era una terapia, un modo de soltar la presión adquirida en el día a día. Cuando tocas expulsas esa rabia y es tremendo. Los primeros conciertos de cada disco suelen ser de terminar físicamente cansadísimos. Hacemos un esfuerzo físico y emocional tan grande que, al final, quedamos totalmente vacíos. Y muy relajados [risas].

-¿Podría tocar en Lisabö un músico de sesión?

-La verdad es que sería difícil. Nosotros hemos cambiado miembros del grupo y siempre hemos optamos por mirar más la amistad que al músico. Las composiciones que hacemos no entrañan demasiada dificultad técnica y queremos que quien esté ahí sea alguien muy cercano. Todo para que, a la hora de transmitir emociones y de vivir la canción, le guste esta música y la filosofía del grupo, para estar todos mejor y que todo eso se plasme.

-Trasmiten la imagen de trascendencia, de busca la profundidad total. ¿No hay momentos en los que le pide el cuerpo relajar el mensaje y ser más livianos?
-Nosotros hacemos esta música porque es lo que nos sale, tampoco le encuentro una explicación absoluta más allá. A la hora de ponernos a tocar con Lisabö afloran ese tipo de emociones. En todos estos años hemos usado la música para expulsar esas cosas y, al final, se ha convertido un poco en eso, en una manera de expresarnos, siempre tendente a esa línea. Nunca nos ha dado a hacer otro tipo de canción o por relajar el discurso. Quizá con otros proyectos que podamos tener sí, pero con Lisabö siempre tiramos hacia ese camino. Nuestra música consise+te en sacar fuerza de dentro y, luego, llevarla al extremo.

-Tienen siempre punto metálico y algo chirriante. De hecho en “Ezlekuak” ponían una notita en la que instaban al oyente a que subieran los agudos para lograr aún más ese punto metálico. ¿Por qué?
-Eso fue porque grabamos con Carlos Osinaga, que es guitarra, cantante y productor. Él es muy perfeccionista en las mezclas. Vio que para el vinilo, si se subían un poco más los agudos, igual todo podía sonar mejor. Puso esa nota porque le dio por ahí, para que el oyente lo apreciara mejor.

-En algunos vídeos de Youtbe se ve que alguno toca incluso una chapa metálica, reforzando esa intención.
-Sí, porque buscamos algo un poco diferente. El otro batería, en vez de platos normales, lleva unos cuantos platos rotos en uno de los pies para hacer un efecto distinto al de plato normal. Se busca un sonido más abrupto, más sucio, más chirritante. Yo también llevo cosas en la batería para hacer otro tipo de sonidos también, en un plan casi industrial.

-Ya con “Ezarian” (2001) Lisabö obtuvo muy buenas críticas, pero fuera del País Vasco no dejaron de ser siempre un grupo de culto, el típico secreto de melómanos, de gente que lee las revistas musicales de cabo a rabo. Este año da la sensación de que explotó todo cuando, desde mi punto de vista, no creo que el último disco sea excesivamente mejor que los anteriores. ¿Qué ha pasado?
-Yo creo que todo eso son más cosas relacionadas con la crítica que con el propio grupo. Nosotros hemos funcionado igual que siempre, con la misma tranquilidad y con mucho espacio de tiempo entre un disco y otro. Hacemos la música que nos sale y, al igual que tú, yo también pienso que, en calidad, este álbum no se diferencia mucho de los demás. Simplemente ha habido un bum, que le ha dado a la gente y le ha parecido mejor. La verdad es que hemos tenido buenas críticas desde el principio, pero, no sé por qué, esta vez todo se ha magnificado y es algo que a nosotros nos gusta, y es maravilloso [risas]. Pero, insisto, estoy contigo: no creo que el disco sea mucho mejor que los demás, ni tampoco demasiado diferente. Nosotros trabajamos en el local, haciendo canciones. La que nos hace sentir algo va para adelante y la que no queda para atrás. Al final, no sé si nos ha cogido un periodo más dulce, no sé… Si a la crítica le parece fantástico, ello nos abre puertas a tocar en otros sitios, o sitios con mejores condiciones. Todo es para bien.

Imagen de previsualización de YouTube“Oinazearen intimitatea”, uno de los temas del último álbum

-Le planteo una percepción personal. Les conocí con epé “Egun Bat Nonahi”. Me parecieron un proyecto artístico muy definido, sólido y convincente. Y esa percepción se trasladó a todo lo que han editado. Al tiempo, encontré una despreocupación en el modo de llegar a la gente. Parece que Lisabö es un grupo al que tú te tienes que acercar, que no va a hacer nada por acercarse a ti. Por ejemplo, pese a dedicarme a la crítica musical desde hace años, nunca me llegó ningún disco suyo, ninguna hoja de promoción, ni ninguna propuesta de entrevista. Toda mi relación con Lisabö nace exclusivamente de mi inquietud como fan. Me pregunto si existe, por su parte, ese desinterés y si es buscado para preservar, de algún modo, la independencia del grupo y no estar tan pendiente de lo comercial.
-Bueno, nunca le hemos dado mucha importancia al tema de ventas y todo lo demás. Antes de sacar Ezarian habíamos editado una maqueta en la que hicimos todo nosotros, desde grabar a las portadas, cuidando mucho todo lo que es la estética. Luego estuvimos en otros sellos como Esan Ozenki, en los que la promoción se hacía tal y como en ellos era habitual, más a nivel de Euskadi y algo hacia fuera, pero tampoco demasiado. En Bidehuts se hace una promoción normal. Nosotros no invertimos mucho en eso, porque seguimos, paso a paso, haciendo nuestra carrera y es algo que no nos ha preocupado demasiado. Sí que nos puede molestar eso que dices tú, que has tenido que acercarte al grupo y te ha interesado. Sí que nos hubiese gustado haber llegado a gente como tú antes, en plan “este sé que le interesa el grupo, entonces cada vez que saquemos algo hay que mandarle la hoja de promo y demás”. Como no podemos abarcarlo todo y siempre trabajamos a un nivel pequeñito, al hacerlo todo nosotros siempre se nos queda en el tintero un montón de sitios a los que no llegamos.

-Siempre pensé que era algo deliberado, de darle la espalda a la industria. Algo más ideológico, vamos.
-No, tampoco es eso. Nosotros hacemos las cosas poco a poco, muy a nuestra manera, y no tenemos capacidad de llegar a todos los sitios. Entonces te dices: “El que le vaya interesando más o menos puede llegar a conocer el grupo”. No ponemos demasiado énfasis en la promoción, pero tampoco creo que sea algo buscado.

-En Spotity, a excepción el epé de Acuarela, no hay nada de Lisabö. Si se acude a los cedés físicos se ve que están editados al margen de la SGAE. ¿No hay ahí un posicionamiento?
-Sí, en eso sí. Nosotros hicimos con SGAE algunos de los discos que editamos con alguna discográfica al uso, porque prácticamente lo exigían para fabricar. Pero cuando hemos tenido la sartén por el mango nos hemos querido posicionar al margen de ellos. Nos dedicamos a la música porque nos gusta y queremos que la escuche la gente por ese mismo motivo. Cuanto más fácil sea llegar a esa gente y esta pueda, con una licencia copyleft, acceder a la música y usarla sin tener que pagar a ningún tercero nada, creemos que es mucho mejor. Respecto a lo del Spotity no nos hemos preocupado por colgarlas. No sé muy bien cómo funciona, no sé si lo tenemos que hacer a través de alguien o lo podemos hacer nosotros directamente. De todos modos, en nuestra página web suelen estar todas las canciones colgadas para que la gente las pueda escuchar.

-Se habla de que “Animalia lotsatuen putzua” es su disco más crudo, el más urgente y el que tiene más aristas. ¿A ese punto se ha llegado perdiendo las cuerdas por el camino que daban un toque poético?
-En parte sí. Esta vez no hemos sentido la necesidad de incorporar el chelo. Siempre hacemos todo corriendo y deprisa. Tanto da cómo nos lo planteemos, aunque lo pensemos con dos años de antelación el disco lo hacemos corriendo y deprisa. En parte, no hemos metido cuerdas porque no hemos recapacitamos mucho en ello [risas]. Este nos ha salido así, el siguiente a lo mejor está repleto de cuerdas, quién sabe.

-Muchas críticas insisten en que Lisabö trasciende a lo nacional, que está a un nivel internacional. ¿Qué referentes manejaban ustedes cuando hicieron los primeros discos?
-Desde el principio siempre nos ha influido mucho Fugazi, Shellac y Sonic Youth. Yo creo que todo eso se palpa claramente. Luego, hemos odio un poco de todo. Nos gustan cosas mucho más tranquilas, tipo Giant Sand o Calexico, que igual luego no se plasman en nuestro trabajo. Esas influencias están desde el principio y son cosas que seguimos escuchando. Yo creo que, al final, lo que sí que hemos conseguido es, tocando nosotros juntos, llegar a tener un sonido propio en el que también se pueden ver esos referentes. De hecho, cuando estamos trabajando con las canciones y aún no tienen título, a veces le ponemos el nombre de un grupo que te gusta porque hay una parte que te recuerda a ese grupo. Nos pasa con Slint, Fugazi, cosas así…

-Hablando de Slint, en “Ezarian” tienen un tema, “Zer Egiteko Gai Gara”, que siempre pensé que en su letra era un homenaje a ellos. ¿Está inspirada en la portada de “Spiderland”?
-No, en realidad es una canción que la letra la hizo Ander Izaguirre, que era el batería de Dut. Hizo esa frase tan corta, “¿Qué somos capaces de hacer? El agua nos llega hasta el cuello y está a punto de llover”, y luego la primera parte es un fragmento de un monólogo de una película.

-Pues yo la escuchaba y me venía a la cabeza esa portada tan enigmática.
-Claro [risas]. Sí, aparecen todos ahí, con el agua al cuello y sí tiene sentido. Podíamos hacer un single para esa canción con esa portada, pero con nuestras cabezas [risas].

-Comenta que han logrado un sonido propio. Hace poco, un crítico de Mondo Sonoro reconocía que era incapaz de diferenciar unos temas de otros, que todos le sonaban a “canción de Lisabö”. ¿Se lo toman como un piropo?
-Sí, porque al final quiere decir que hemos logrado sonar a nosotros mismos, que nuestro sonido es característico y que, al escuchar una canción, sabes que es nuestra independientemente de que sea de un disco u otro. Es decir, que suene un poco y digas “Ah, esto es Lisabö”. Algo hemos conseguido [risas].

-Un compañero suyo que decía en una entrevista que deseaba que, al ser el grupo una reunión de amigos, seguir así para estar a los 65 de la misma manera. ¿Se ven con esa edad sonando con esta tralla?
-Sí, yo creo que sí. Si hemos llegado casi hasta los 40 no creo que se nos cure [risas]. Igual nos tranquilizamos un poco, pero lo de hacer música lo llevamos muy dentro y me veo perfectamente a los 65 tocando. Hay mucha gente de Irún que empezó hace 15 años y ves que algunos siguen, aunque sea en solitario, y otros están desvinculados. Yo creo que al que le gusta de verdad, que es nuestro caso, sigue haciendo música para toda la vida, que estará ahí para siempre.

-Esta es la primera vez que tocáis en Galicia, tras varios intentos anteriores fallidos. ¿Por qué es tan difícil contratar a Lisabö?
-El mayor problema es porque nos resulta bastante difícil compaginar el trabajo con con los conciertos. Podemos tocar los fines de semana y hay uno que trabaja el sábado por la mañana. Resulta bastante complicado. Tenemos que aprovechar que el que trabaja el sábado pueda librar para, por ejemplo, movernos hasta Galicia, que está bastante lejos.

-¿No podrían hacer nunca una gira convencional?
-Bueno, ahora en semana Santa hemos aprovechado para ir a Francia. Allí hemos hecho tres fechas seguidas porque nos coincidía bien el calendario. Ha sido la única vez que hemos hecho tres fechas seguidas. Normalmente hacemos, como mucho, dos. Y que no sean demasiado lejos.

-La doble batería dificultará todo un poco más.
-No solemos tener mayor problema. Ahora que somos seis en el escenario sí que tenemos algún problemas más. Llevamos un ampli más. Entonces, para las dos baterías necesitamos unos seis metros de escenario a lo ancho.

El viaje en el tiempo de JD McPherson

Lunes, noviembre 14th, 2011

El norteamericano JD McPherson se ha convertido en uno de los fenómenos musicales retro del año. Proveniente de Oklahoma, ha logrado con su disco de debut, “Signs & Signifiers”, el aplauso en masa de todos los fans del rock n’ roll de los cincuenta. Mañana estará en Santiago, en su primera actuación en Galicia. Aprovechando la coyuntura lo entrevistamos en el Fugas el viernes que viene, un texto que recuperamos (y ampliamos) hoy en Retroalimentación.

JD McPherson ha asomado la cabeza en el momento justo. Con la adoración por los cincuenta flotando en el ambiente -Madmen, la estética pin up, el bum del burlesque, la vuelta de los tupés, el sonido vintage-, su disco de debut, Sins & Signifiers (Histyle Records, 2010), resulta como un irrechazable caramelo caído del cielo. Alabado por la crítica especializada por su sincera aprehensión de la esencias del rock n’roll clásico, ha logrado trascender más allá de la escena rockabilly. Eso significa calar en ese público general que se ha rendido en los últimos años a los encantos de artistas como Amy Whinehouse o Eli Paperboy Reed, el que tiene aquí otro artista al que hacer un sitio en su discoteca.

«Estoy muy contento de que los sonidos de rock y la música soul de los años cincuenta y sesenta estén encontrando su camino en la música comercial», dice sonriente McPherson. Ve en ello la resurrección de la pureza de la música: «Después de años de música homogeneizada y estéril con voces automatizadas, me alegro de que los cantantes de verdad como Adele vuelvan a triunfar y obtengan la atención del público». Porque para McPherson, lejos de tendencias y viajes al pasado, la clave está ahí, en la ética de lo humano: «Nosotros grabamos en el Chicago HiStyle Studio con un material que tienen allí, original de los años cincuenta que resulta fantástico. Todo eso ayuda mucho para encontrar lo que buscamos, pero el sonido realmente viene de los músicos y lo que tocas cuando se registra».

Para ello, McPherson se ha rodeado de dos astros, el batería e ingeniero Alex Hall y el contrabajista y productor Jimmy Sutton, a quien denomina «el mejor bajista vivo». Un par de contactos vía Myspace fueron el enlace. El resto, tirarse a la piscina: «Realmente no los conocía bien cuando entramos a grabar, pero una vez que empezamos es como si llevásemos toda la vida juntos». Entre los tres invocaron a los grandes mitos del rock n’roll. En sus canciones se detectan, con total nitidez, ecos de Bo Diddley, Chuck Berry o Little Richard. «Los adoro a todos -afirma-. Chuck era el mejor compositor, Bo hizo la música más interesante y única y Little Richard posee la mejor voz jamás registrada en rock n’roll. Todos ellos, incluyendo a muchos otros, han tenido una profunda influencia en mí».

Imagen de previsualización de YouTubeVideoclip de “North Side Gal”, el single del disco

En su concierto en Santiago exhibirá sobre el escenario todas sus facetas. Primero, el punch demoledor de trallazos como el single North Side Gal. «Desde que la escuché terminada supe que tenía algo especial. Es simple, tiene un gran ritmo, y me siento muy orgulloso de la letra» explica el músico que, cuando la interpreta, fuerza la garganta de un modo tal que semeja la última vez que alguien cantase sobre la tierra: «Cuando estoy de gira tengo que cuidar mucho la voz. Beber agua en abundancia y dormir mucho es mi receta», confiesa.

Segundo, la vertiente más hipnótica y envolvente de cortes como Signs & Singfiers: «Me encanta tocar esas canciones en vivo, porque creo que muchas veces cambia la perspectiva del público sobre lo que estamos haciendo. Muchas personas acuden a nuestros conciertos a escuchar los singles y se encuentran con estos temas más atmosféricos hechos con material antiguo y se sorprende. Alguien dijo que ese tema era como mezclar a Bo Diddley y Coldplay. Me hizo mucha gracia. En realidad a nosotros lo que nos gusta es yuxtaponer ideas antiguas con cosas nuevas, usar instrumentos de época y ponernos yo y los chicos a cavar en ese sonido a ver lo qué podemos sacar».

Y tercero, la reivindicación de la estética de la época: «Para mí es muy importante, es algo básico. Recuerdo cuando empecé a seguir bandas de adolescente, que no lo hacía sólo por la buena música. Me atraía su aspecto tribal, el hecho de ir uniformados. Bad Brains es un buen ejemplo. O los Clash, con aquel look político, con las prendas militares mezclada con su ropa punk raro. Me gusta la ropa vintage, pero yo soy más fan de la ropa de trabajo a partir de la década de 1920 hasta la década de 1950. Pana, botas grandes, ese tipo de cosas. Me gusta mucho un tipo de look agradable de chaqueta Levis y algunos pantalones de caza de los años 40. Hay empresas que ahora mismo están haciendo ropa en ese estilo que me gusta mucho. Los Pink Brothers en Alemania, por ejemplo. Son buenísimos».

Triángulo de Amor Bizarro: “Tener a una ministra y Anne Igartiburu en la misma sala mientras tocamos no era una cosa que entrase en nuestro planes”

Miércoles, junio 22nd, 2011

Los boirenses Triángulo de Amor Bizarro han sido los grandes vencedores de los Premios de la Música Independiente. En la gala celebrada el lunes presentada por Anne Igartiburu y a a que asistió la ministra de Cultura Ángeles González-Sinde se hicieron con los premios a mejor artista, al mejor álbum, mejor álbum de rock y mejor directo del 2010. Su cantante y guitarrista, Rodrigo Caamaño, atendió a trompicones al día siguiente la llamada express de La Voz, en la carretera, entre interrupciones, pasos por túneles y risas.

—¿Cómo se siente un grupo como ustedes, de salas y festivales “indies” recibiendo premios ya institucionalizados?
—La verdad es que fue bastante psicodélico. Seguimos aún sin vernos mucho en saraos y todo eso pero, tomándoselo así con humor, siempre te lo pasas bien. Allí, realmente, hicimos un poco el hooligan mientras daban premios, vimos a amigos como Pablo El Guincho, que hacía mucho que no lo veíamos y también tocamos.

—¿Ha sido su particular “momento Grammy” a escala?
—Bueno, tener a una ministra y Anne Igartiburu en la misma sala mientras tocamos no era una cosa que entrase así en nuestro planes [risas]. La verdad es que fue un poco surrealista. Tocamos y los técnicos se estaban mosqueando. Nos decían que nos iban a contar el sonido. Hicimos un montón de ruido. Yo tiraba para adelante. Miraba la cara de la ministra y no sabía muy bien qué estaba pasando ni dónde estábamos.

—Vamos, que hicieron lo de siempre: tocar a todo volumen y hacer un ruido de mil demonios.
—Sí, decidimos tocar la más guarra del disco, La malicia de las especies protegidas, un poco para eso, para mostrarnos como somos. Resultó muy curioso. Muy psicodélico todo, Anne Igartiburu por ahí, todo muy extraño, pero tremendamente divertido.

—Y después de tanto reconocimiento, ¿cuándo habrá nuevo material?
—Ya tenemos cosas, pero aún estamos mirando cómo enfocarlas, hay que organizarse un poco. Probamos muchas cosas, hacemos canciones, usamos cacharros, sin presión y sin agobios.

—Parece que han tocado el techo del público “indie” ¿Hay vida más allá para Triángulo de Amor Bizarro?
—Nosotros vamos a seguir haciendo las cosas como siempre, sin preocuparnos demasiado. Pero sí que notamos que este año dimos un salto muy importante de público. Hacemos canciones pop de tres minutos y eso, en teoría, tiene un público objetivo muy grande, aunque en España siempre ha sido sota, caballo, rey. Si te sales un poco de lo que es más básico, es como si fueras el perro verde del asunto. Yo veo que mucha gente de la que estaba allí, en la gala, se estaría preguntando “¿pero a estos le dieron el premio al mejor directo?” al ver el ruido que estábamos montando, pero bueno es algo que a nosotros nos parece fantástico.

—Les lan oportunidad de seducir y van ustedes y sacan las uñas.
—No, es mostrarnos como somos, no tendría sentido cambiar ahora.

—¿Se mira hacia el «indie» gallego desde allí?
—Aún tienen muchos el punto de lejanía, de sitio remoto al que la gente viene porque no hace tanto calor como en otros lugares. Lo de la música está todo centralizado en Madrid y Barcelona y hace que se fijen más en lo que hay alrededor. Esa percepción bloquea muchas de las cosas buenas que hay aquí.

—Habían conquistado México y ahora tocaron también en Suecia.
—Sí, fuimos por un tema de la embajada y estuvo bien, fue mucha gente. Allí, la barrera del idioma es grandísima, con completamente anglosajones, están completamente colonizados. Un idioma como el español allí no tiene nada que hacer.

Ricard Robles: “Esto es una especie de año uno para el Sónar-Galicia”

Jueves, junio 9th, 2011

Los próximos 17 y 18 de junio se celebrará en A Coruña la segunda edición del Sónar-Galicia. Se trata de uno de los brotes más estimulantes de las varias semillas de futuro que plantó el año pasado la organización del Xacobeo 2010. Dos jornadas que reúnen a algunas de las figuras más importantes de la música electrónica internacional y, no solo sitúan la ciudad en una particular línea de lugares escogidos en los que el Sónar ha extendido sus tentáculos (Barcelona, Tokyo, Londres y Chicago…. casi nada), sino que se asientan como uno de los principales referentes culturales del Noroeste peninsular. Para conocer los detalles de esta edición, hemos entrevistado al director del evento, Ricard Robles. Una parte de esta entrevista se publicó ayer en la sección de cultura. Recogemos ahora aquí la versión ampliada.


-Solo quedan unos días para la celebración del Sónar-Galicia. ¿Qué sensaciones se tienen desde la organización?

-Estamos, sobre todo, trabajando con el referente del año pasado, el de esa extraordinaria acogida que tuvimos. En cuanto a la venta de entradas, en el 2010 fue todo un poco particular porque se trató de un año especial en Galicia. Eran tres días y con otro tipo de horario, más extenso, pero por ahora yo creo que está yendo bien la venta, aunque, honestamente, no puedo decir si estará lleno. El año pasado tuvimos un gran público que nos acogió fenomenalmente y ese es el aval que tenemos. Lo que me comentan es que hay muchas ganas y yo creo que hemos hecho una buena programación, incluso diría que superior a la del año pasado.

-El funcionamiento del Sónar en Galicia el año pasado era toda una incógnita. ¿Qué fue lo que le sorprendió del éxito?

-Más que sorprender, me complació mucho como organizador llegar a una ciudad como la vuestra, en la que por primera vez que se hacía un evento así, y ver como todo se desarrollaba estupendamente. La gente disfrutó mucho, desde lo más experimental, al pop más generalista como Air. Eso te anima mucho. Se logró una muy buena sintonía, con el público el espacio y los artistas. Fue un trabajo bien hecho.

-El año pasado le dieron una vuelta total al recinto de Expocoruña. ¿Habrá novedades?

-Vamos a cambiar cosas. Utilizaremos únicamente la planta baja en esta ocasión. Hemos pasado de tres escenarios a dos. El escenario principal será un poco más grande y el stage estará ubicado en el otro lado de la sala. Y el Sonar Village, que el año pasado era en el vestíbulo, lo hemos trasladado a la galería lateral, es decir al espacio en la que estaba la zona multimedia. Serán dos escenarios en paralelos, lo que permitirá ampliar las capacidad hasta casi 9.000 personas. En medio, habrá una zona para restauración, igual que el año pasado. Mejoramos notablemente la calidad de sonido del segundo escenario, que era muy complicado de sonorizar y, aunque se hizo un gran esfuerzo, reconozco que era mejorable. También es cierto que el festival predispone el mejor equipamiento y los mejores técnicos posibles, pero ese sonido ideal se va modificando y no todo el mundo no es capaz de hacer sonar el equipo al mejor rendimiento posible. Ahora el estándar se mejorará bastante. Además de todo ello, habilitaremos una zona de fumadores en el exterior. Sabemos como es la ley y hemos adaptado un área para que quien tenga la necesidad de fumar lo pueda hacer.

-Ese sonido al que hace mención fue el reproche general del público en la primera edición. Sin embargo, se valoraron las excelentes prestaciones del auditorio. ¿Por qué se ha prescindido de él en esta ocasión?

-Se trata de un ejercicio de responsabilidad por parte nuestra. El año pasado fue extraordinario por el Xacobeo y, en consecuencia, pudimos hacer un evento extraordinario a todos los niveles. El compromiso nuestro con el Xacobeo y la Xunta era hacer el festival, extraer las conclusiones e intentar continuar con el proyecto. Así se hizo, pero ahora el Sónar-Galicia es una actividad que se gestiona desde una empresa privada con patrocinios y ayudas públicas, pero con una gestión 100% privada y unos riesgos también privados. El año pasado fue el cero, esto es ya una especie de año uno para el Sónar Galicia, un año para arrancar el festival y ver cómo se defiende y cómo puede arraigar en Galicia. Por ello hay un ejercicio de prudencia, porque se trata de una inversión muy grande y sabemos cómo está el mercado, cómo está el país… Es el riesgo más importante que hemos corrido nunca, al margen del festival de Barcelona. Queremos dar un buen paso y, para el año que viene, intentar recuperar el auditorio e incluir cosas de corte más intimista. Hay que ir poco a poco.

-La falta del auditorio y el hecho de que se haya desplazado el horario hacia la noche, sugiere un festival más orientado al baile. ¿Es así?

-Hasta cierto punto. Sí que es cierto que para algún tipo de concierto ese auditorio es idóneo. Pienso en las actuaciones de Broadcast o Blixa Bargeld el año pasado, por ejemplo. Pero eso no va a significar que se recorte el grado de ambición y la perspectiva del festival hacia propuestas solo de baile. Hay artistas como Shackelton, The Gaslamp Killer o Four Tet que no son estrictamente de baile, sino que abarcar con las infinitas posibilidades de la electrónica. Queremos dar una perspectiva lo más amplia posible. Hay discursos más reposados y que miran más hacia un espacio como el auditorio que, si todo va bien, queremos recuperar para el 2012. Aun así, creo que la variedad artística está muy representada.

-¿Cuál puede ser el “tapado” de esta edición? Me refiero al artista desconocido que va a dejar boquiabierta a la audiencia.

-Varios, depende de los gustos. Hay una figura, que creo que es el DJ más interesante que hay ahora mismo en el mundo, que se llama The Gaslamp Killer. Es un tipo de discurso que no es solo musical, sino perfomántico. Tiene la conciencia de que está delante de un público y que ha de generar espectáculo con la música de los demás. Es capaz de coger temas insólitos y mezclarlos de un modo absolutamente original. El buen amante de la música lo apreciará. Es una figura clave en la actualidad, aunque no sea muy conocido. Luego hay otros como artistas, como Shackelton y Four Tet, que también sorprenderán a quien no los conozca. Son dos figuras con un peso específico y una relevancia muy particular. Trascienden a los géneros y se convierten en un género en sí mismo: futurista, innovador y con una capacidad de atraer eso que persigue el Sónar, el interés y el disfrute con la música de hoy en día. No sabría decirte cuál me gusta más. Serán dos shows magníficos.

-El año pasado brillaron de manera especial Lcd Soundsystem y Broadcast. ¿Qué concierto del Sonar Galicia se convertirá en el símbolo de esta edición?

-A nivel de gran show estarán compitiendo seguramente Underwold, Magnetic Man y M.I.A.. Undeworld tienen muchos años de rodaje y la conciencia de que encima del escenario tienen que pasar cosas. Trabajan con visuales, iluminación y la capacidad de emocionar con el discurso. Todos los shows que he visto de ellos me parecen ejemplos perfecto de cómo llevar un discurso de pop electrónico al directo. Entremezclan sus grandes clásicos con otros temas menos conocidos y siempre funciona. Respecto a Magnetic Man me parece fascinante. Me encanta su disco y creo que es estupendo que la generación dubstep no se haya querido quedar en un submundo, defendiendo su etiqueta de undergound y hayan decidido que hay muchos caminos y que uno de ellos es el mainstream. Ese disco escuchado a todo volumen y con el show que llevan es tremendo: es el dubstep para las masas. Y, ya por último, M.I.A. que tiene un carácter bestial y se trata de un personaje avasallador sobre el escenario. Abruma, impacta… será, sin duda, uno de los platos fuertes.

-Aunque la gran estrella para el público que demanda baile será Richie Hawtin, ¿no?

-Sí, es el gran conocido y, como dices, una estrella totalmente asentada. No sé en qué condiciones ha actuado en Galicia con anterioridad, pero todos los fans lo verán con un equipo y unas prestaciones audiovisuales estupendas. Sin ninguna duda, el sitio en el que más a vas disfrutar de Richie Hawtin este año será en Galicia.

-¿Si se repite la respuesta de público del año pasado, podemos asegurar que existirá el Sonar-Galicia 2012?

-Incluso con algo menos que el año pasado, que como he dicho antes fue un tanto especial. El año pasado acudieron 14.000 personas y este año estaríamos muy satisfechos quedándonos cerca de esa cifra. Si logramos una respuesta de público óptima sería una satisfacción que nos animaría a seguir.

Brighton 64: “Al tener este nombre mucha gente pensó que éramos un grupo de revival y no lo éramos en absoluto”

Sábado, mayo 21st, 2011

(Aprovechando la visita del grupo a la ciudad, hoy en La Voz hacemos un repaso a la historia de lo mod en A Coruña)

Era una de las reuniones más esperadas del pop nacional. Brighton 64, pioneros del movimiento mod en España, se han reunido para celebrar su 30º aniversario. Debido al su concierto en la sala Le Club de A Coruña (hoy a partir de las 23.45) hemos entrevistado en el suplemento Fugas a Ricky Gil, cantante y miembro fundador del grupo. En la versión impresa publicada ayer apenas se reprodujo una breve muestra de la conversación que rescatamos ahora íntegra.

-En los vídeos que en Youtube de vuestro concierto en la sala Sol de Madrid se ve un gran ambiente. ¿Se pone la gente más loca ahora o en los ochenta?

-Yo creo que ahora [risas]. En los ochenta nosotros teníamos bastantes seguidores, pero siempre que tocábamos había mucha gente que no sabía de qué iba nuestro rollo. Ahora es mucho más fácil, porque la gente que nos viene a ver lo hace totalmente entregada.

Imagen de previsualización de YouTube“La casa de la bomba” en la sala Sol

-Ustedes se hicieron legendarios con el tiempo. ¿Existe la sensación de “Yo estuve ahí” entre sus fans?

-Es posible. Nos viene mucha gente a saludar que te dice “yo soy tal que estaba en tal sitio” y tú tienes un recuerdo algo vago. En Barcelona, por ejemplo, sí que tuvimos la sensación de que mucha gente que nos venía a ver solo salía de casa ese día. Es decir, gente que ya tiene su familia y un modo de vida más sedentario, que no suele ir a conciertos, ni están al día de lo que pasa a nivel musical. Ese día no, salen y se reencuentran, no solo con el grupo sino también entre ellos.

-Escuchando su música sigue llamando la sensación de urgencia que desprendían. Hay veces que ni siquiera las letras encajaban bien. Me cuesta encontrar un grupo actual así.

-Hoy en día un grupo aunque esté empezando ya tiene las cosas más pensadas y las hace con más seriedad. Mucha gente graba en su casa durante meses hasta que lo tiene todo perfeccionado y, luego, cuando van a un estudio existe un grado de profesionalidad mucho mayor. Nuestro primer disco fue del año 82. Había un montón de grupos que, como nosotros, llevaba unos meses tocando y ya se metían en un estudio muy rudimentario, con un productor que no tenía ni idea. Hacías una canción con un resultado así: una cosa muy urgente y precipitada, pero que al tiempo tiene mucha frescura. Una cosa suple a la otra [risas]. La verdad es que, en la actualidad, me hubiera gustado que el día que grabamos esas canciones hubiese cantando mejor y que hubiésemos tocado mejor.

-¿Qué grupos tenían ustedes como referencia? ¿Los del revival mod?

-Las referencias eran esos grupos pero, sobre todo, los grupos de los sesenta como The Who, The Kinks, Small Faces, The Action, etcétera que conocíamos por discos o por películas. De manera especial, hubo dos películas de The Who que nos marcaron muchísimo, porque vimos a un grupo al que nos queríamos parecer. Lo que pasa es que no podíamos, porque The Who eran unos músicos alucinantes y nosotros unos principiantes totales. También nos apasionaba el blues, el r&b y el soul, pero al tiempo estaban nuestros contemporáneos como Nacha Pop o, por ejemplo, en Barcelona, Loquillo y Los Rebeldes. Aunque en principio no tuvieran nada que ver con nosotros estéticamente, eran lo mismo: un rock y un pop con las letras muy inmediatas y juveniles. En el fondo era una combinación estética de las referencias británicas y, luego, de las cosas que teníamos a nuestro lado.

-Aunque se tratase cosas diferentes sí que es cierto que se podían conectar. La verdad es que entre el primer disco de Loquillo y el suyo hay cierta conexión.

-Empezando porque hubo un guitarrista que participó en los dos [risas]. El guitarrista que tocó en Barcelona Blues estuvo pocos meses en el grupo, pero había tocado en una canción del primer disco de Loquillo. Eso también se notaba. Ahora eso puede parecer raro, porque cada escena está compartimentada y cada cual hace lo suyo. Entonces no había tanta gente haciendo música y todo lo que salía en esa escena independiente iba por esos canales.

-Un grupo como Brighton 64 y lo que pretendía trasladar a España tendría que producir cierto shock en vivo. ¿Qué gente iba a sus conciertos?

-Había un grupo de mods en Barcelona que nos acogió desde el principio. Serían un grupo de unas 20 personas que nos dieron una dirección y nos proporcionaron a nuestro primer batería. Pronto empezamos a hacer unos ensayos que parecían conciertos, porque venían y llenaban todo el local. Toda esta gente, que fue aumentando con el tiempo, nos seguían mucho. Pero, a medida que empezamos a tocar en salas de mayor aforo, todo esto se mezcló con el público general. Era una mezcla un tanto curiosa, porque podía haber gente con pinta rocker, siniestros, punks, gente más normal sin aspecto raro… de todo.

-¿Cómo eran ustedes en directo? ¿Eran un grupo tipo de The Jam?

-Sí, la actitud de The Jam y otros grupos de la época punk era lo que nos inspiraba.

-¿Eran muy anfetamínimos?

-Sí [risas], hasta el punto que nos costaba dominar los instrumentos porque estábamos todo el tiempo dando botes. Eso ahora ha cambiado, porque ha pasado el tiempo. Somos más tranquilos en el escenario, hemos tocado mucho y no podemos estar arriba y abajo. A mí siempre me ha gustado un poco de movimiento en el escenario, me aburren los grupos que están muy parados. Siempre me ha gustado transmitir fuerza y actitud.

-Su asimilación de la música negra fue un tanto peculiar. Semeja como si se quisieran inspirar en el soul, pero con un resultado muy diferente a la fuente original. ¿Sentían que se habían quedado a medio camino?

-Bueno, no lo pensábamos mucho. Hubo intentos de hacer algunos temas con ritmos soul que no acabaron de cuajar, pero es cierto que de ahí surgieron cosas con una mezcla bastante interesante. Ahora mismo hay muchísimos grupos que están calcando el soul en ritmos y en sonidos. A mí eso no me interesa demasiado, porque prefiero escuchar a los originales. Es algo que me pasa con muchos estilos. Cuando hicimos El mejor cocktail lo explicábamos. Estábamos hablando de Otis Reeding, de Sam Cooke, de artistas que escuchábamos continuamente, pero la canción no dejaba de ser un rock n’ roll aceleradísimo con una sección de vientos soulera. No era un tema soul propiamente dicho y esa mezcla tenía su gracia.

Imagen de previsualización de YouTubeVídeo de “El mejor cocktail”

-Pese a tener una inspiración muy directa en los clásicos no eran muy miméticos. ¿Existia en Brighton 64 una actitud de querer hacer algo nuevo?

-Si, nosotros estábamos haciendo una música nueva. No sé si lo llegamos a conseguir, pero sí tengo muy claro que lo buscábamos. Brighton 64 queríamos ser rompedores y originales. Hubo gente que no lo entendió, porque se fijó solo en nuestra estética y nuestro nombre. Eso nos marcó mucho en lo bueno y lo malo porque, claro, un grupo con un nombre así podía parecer un simple grupo de revival o retro y no lo éramos en absoluto. Se generaba una contradicción flagrante porque ese nombre estaba provocando una situación extraña. Pero, bueno, nos fue bien porque dejó claras algunas cosas, como esa manera de pensar tan juvenil y rompedora, pero al tiempo queriendo ser constructivos.

-Hablando del nombre, en “Barcelona Blues” dice con una voz terriblemente adolescente “Quiero viajar, conocer Brighton / Playas de guerra, souvenirs”. ¿Cuando escucha eso qué sensaciones le trasmite?

-Bueno, más que cuando lo escucho, cuando lo canto. Es genial cantarlo. Luego tienes otras estrofas que, a lo mejor, te sientes mucho más identificado. Cuando cantas eso es una especie de chiste, pero al mismo tiempo no, porque tenía mucho sentido entonces y mucha gente se lo tomaba en serio.

-Por supuesto, el impacto que tiene eso a los 17 años es tremendo. Ahora resulta tan naif…

-Sí, muchas partes de las canciones son naif. Y no solo las letras, sino las canciones. Pero eso está bien.

-A mediados de los ochenta apareció “La casa de la bomba”, su mayor éxito. ¿Se lo esperaban?

-No puedo decir que nos lo esperásemos. Si yo sacase ahora un disco en solitario y tuviese ese éxito no me lo creería. Entonces, parecía algo más natural. Tocabas música y veías que había otros grupos que estaban triunfando, ganando muchísimo dinero, vendiendo muchos discos y decías “Igual ahora me toca a mí, porque estoy haciendo las cosas bien, una discográfica que me apoya, un buen productor, las canciones son buenas, ¿por qué no?”. Lo que pasa es que fue una cosa muy efímera, que duró muy poco. Pronto vimos que no iba a ser así y que nos íbamos a hundir. Pero ese momento de pensar que igual el grupo iba a tener éxito sí que existió, pero nos lo tomamos con mucha tranquilidad. Actuábamos mucho en directo y hacíamos mucha promoción en las teles y las radios, y veías que no era lo mismo que con los otros grupos que dominaban las listas. La gente nos trataba como personas un poco raras, no encajábamos en ningún sitio.

-Y como suele pasar en estas escenas, en cuanto alguien asoma la cabeza más allá del guetto y tiene cierta presencia, se empieza a renegar de ellos. Ustedes no pudieron escapar a eso

-Sí, nos pasó. Había gente que nos había seguido hasta entonces y dijeron la famosa frase de “Se han vendido”. El grupo no tenía mucha opción. Si estás grabando discos a nivel independiente y te sale la posibilidad de grabar en mejores condiciones y mayor distribución no lo dudas. Quizá ahora puede haber artistas que opten por un camino diferente, pero entonces era impensable: si te salía esa oportunidad la tenías que coger. Hubiese sido un poco tonto no hacerlo. Pero sí, había gente que nos decía que éramos unos vendidos y que el grupo ya no era lo que había sido, cuando en realidad yo creo que era exactamente lo mismo. Lo que a esa gente le molestaba es que desde ese momento todo el mundo tenía acceso al grupo, mientras que hasta entonces solo nos apoyaban una especie de elegidos.

-¿Aprovechando el 30 aniversario no hay opción de reeditar toda la discografía o hacer una buena caja recopilatoria?

-Bueno, los discos se han reeditado a lo largo de estos años, pero ahora coincide con un momento de crisis discográfica. Sería una buena oportunidad. Ese recopilatorio definitivo es algo que se tendría que hacer en colaboración con la discográfica que sacó los últimos temas, y eso ha sido imposible, no ha habido manera. Ellos sacaron una recopilación muy mal hecha en cedé, con una portada muy fea, sin comunicarnos nada. Yo creo que se perdió la oportunidad de hacer una buena edición con fotos buenas, un buen libreto, etcétera… pero, bueno, eso se escapa de nuestras manos.

-A ver si con el 40 aniversario.

-A ver [risas]

-En esos vídeos de Youtube que le mencioné sale con la diana mod en el bajo. ¿Sigue siendo el icono a reivindicar?

-Sí, el bajo Rickembaker con el que salía siempre en las fotos ahora lo tengo algo hecho polvo y no lo estoy llevando en esta gira, pero esa diana aunque no la haya puestop yo estoy muy orgulloso de llevarla [risas]. Es una simbología que nunca pasa de moda. Es más, a veces se pone de moda en sitios que jamás de lo esperarías y dices “Buff, esta gente no sabe lo que está haciendo”.

-Claro, ¿qué cara se le queda a uno cuando ve la diana mod y las invocaciones a los disturbios de Brighton 1964 en los diseños de Pull & Bear?

-Me hace gracia. Ya se sabe que todas esa cosa del rock o el punk como algo revolucionario se lo ha comido la industria. Queda mucha gente trabajando desde sitios alternativos, pero digamos que el rock como música contestataria ha desaparecido, creo que estamos en una época mucho más light, que en años anteriores.  

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