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Entradas para la categoría ‘Discos (novedades)’

El desamor de Coldplay solo provoca bostezos

Viernes, Mayo 30th, 2014

Chris Martin ha querido con su nuevo trabajo crear su particular Blood On The Tracks, aquel disco con el que Bob Dylan exorcizó su divorcio en 1975. Pero le ha salido fallido. Melifluo y sin chispa, Ghost Stories se queda en las antípodas de ese álbum catártico con el que se expulsan en público los demonios de una ruptura conmocionando al oyente. Todo lo contrario. En vez de despertar la sensación de acceder a las entrañas de un persona hecha pedazos por los vaivenes del amor, se enreda en texturas cristalinas que no van a ninguna parte y termina por erigirse en el peor disco de la irregular trayectoria de Coldplay.

Inspirado en la separación con su esposa, la actriz Gwyneth Paltrow, Ghost Stories patina en todos los frentes. Primero, no tiene ni un solo tema para el recuerdo. Segundo, exhibe unas letras dignas de David Bisbal («Dime que me quieres / y si no lo haces, entonces miénteme», «No puedo superarlo, no puedo olvidarme de ti / y aun así lo llamo magia», ¿hace falta seguir?). Y tercero, y más importante, aburre hasta a las ovejas. Cuando puntualmente el grupo parece tirar de oficio, como en ese subidón a medio gas de A Sky Full Of Stars o amagando un himno que no llega nunca en True Love, no tarda ni treinta segundos en confirmar el uso de pólvora mojada. Si en la primera parte del álbum la desgana se sucede tema a tema, en la segunda llegar hasta el final se convierte en toda una prueba de resistencia.

El barniz electrónico de Magic, sencillo de adelanto y posiblemente lo menos malo de esta desgraciada colección, parecían sugerir el particular Zooropa de unos Coldplay desviando el sonido. Algo de eso hay, amplificado por las constantes guitarras ambientales a lo The Edge y su renuncia a hinchar el pecho en baladas de terciopelo. Pero lejos de un desvío formal que tampoco asume excesivos riesgos, este trabajo empuja a Coldplay de lleno al pozo del vacío más absoluto. Si el mediocre Mylo Xyloto (2011) había dado la luz de alarma tras el notable Viva la Vida or Death and All His Friends (2008), Ghost Stories certifica todos los temores: no hay por donde cogerlo.

Por aquello de la marca, quizá hubiera sido mejor que quedarse firmado solo por Chris Martin. Porque Coldplay no deja de ser el grupo de Yellow, In My Place y Viva La Vida, hitos pop a años luz de este batacazo que deja su futuro en puntos suspensivos. ¿Será la de Martin y Paltrow la única separación?

Jake Bugg, ni tanto ni tan poco

Lunes, Febrero 24th, 2014

Hay dos modos de acercarse a Jake Bugg. Una, embelesado con esa pirotecnia mediática que lo presentó como -¡hala!- el Bob Dylan inglés. Y otra, con la curiosidad de quien desea incorporar buenos discos de pop atemporal a la estantería. Existe una tercera, la de desterrarlo en su condición de hype británico. Pero no sería la justa. Porque lo cierto es que en Jake Bugg se encuentra un hábil compositor y un versátil interprete con un puñado de canciones notables sobresaliendo dentro de un conjunto irregular. Lo demostró en el homónimo Jake Bugg (2012), su laureado álbum de debut (imposible olvidar aquel sensacional Lighting Bolt que lo inauguraba), y lo corrobora con Shangri La, su segundo paso.

Continuista del primero, en general. Algo menos inspirado, en particular. Y un con ligero ensanchamiento del registro de cuanto en cuando. Esa podría ser la lectura inicial de un Shangri La que, de nuevo, empieza nervioso apelando al Dylan del periodo 64-66 con la punzante fuerza electroacústica de There’s A Beast And We All Feed It. No es Lighting Bolt, no. Pero sí un buen arranque en un trabajo en el que Bugg destapa un registro vocal puntiagudo que, más allá de Dylan, lo emparenta en ocasiones con los Arctic Monkeys u Oasis. Sí, la trepidante What Doesn’t Kill You remite directamente a ese pop guitarrero y entrecortado de los primeros tiempos de la banda de Alex Turner. Y la empalagosa A Song About Love recuerda a aquel Liam Gallaguer inflado de modorra en la segunda mitad de los noventa.

Es ahí, en los terrenos más delicados, donde patina el disco invitando en ocasiones al bostezo. All Your Reasons, por ejemplo, se hace eterna en sus plomizos solos de guitarra. Menos mal que temas como Kingpin ofrecen la otra cara de un disco fluctuante en calidad, pero aprovechable, en su una de cal y otra de arena. Desecharlo resulta tan equivocado como ensalzarlo a lo superlativo.

Un Bruce Springsteen de trámite

Lunes, Enero 13th, 2014

Esta semana sale a la venta oficialmente High Places. Sí, pero no hay fan del Boss que no tenga el disco en su ordenador desde hace semanas. Un error de la cadena Amazon propició su filtración del en Internet poco antes de fin de año, frustrando toda la operación de marketing. Aunque haya quien piense que, en realidad, fue una cínica operación promocional, cuesta mucho creer que Sony haya optado por colocar en las estanterías de las tiendas un disco sobre el que ya se ha escuchado todo. Y, en consecuencia, se ha dicho de todo. Si tenemos en cuenta que respecto lo segundo los comentarios apuntan a una obra menor, el resultado es claro: la caja registradora se resentirá.

El 18ª disco de estudio de Bruce Springsteen se presenta, desde su propia configuración, más como algo complementario en su corpus discográfico que como un álbum esencial. Grabado aquí y allá (Nueva Jersey, Los Angeles, Atlanta, Australia y Nueva York), combinan versiones, revisiones de temas antiguos y descartes de otros discos. Además suma varias colaboraciones, entre ellas la estelar de Tom Morello (Rage Against The Machine). Todo apunta a un cajón de sastre de escasa consistencia hecho para salir del paso. Por desgracia, algo de eso hay. Aunque también destellos de la grandeza del Boss. Y, sobre todo, mucho de su oficio. Que no es poco

Por partes. El caso Morello, muy discutido por sus fans tradicionales, deja momentos interesantes y otros de espanto. Aunque el estilo rap-funk-metal del guitarra -efectista, pirotécnico y reclamando siempre protagonismo- pudiera chocar, lo cierto es que, a veces solidifica perfectamente. En Harry’s Place, por ejemplo. Su wha-wha suena tenso, misterioso y siempre en su sitio. En Heaven’s Wall aporta un agradable toque metálico en medio del alma gospel de la pieza. Sin embargo, en American Skin la cosa arranca bien pero pronto se abraza peligrosamente al AOR. Nada comparable a la prescindible versión de The Ghost Of Tom Joad, con un Morello plomizo y totalmente pasado de rosca en sus punteos. Cuesta llegar hasta el final sin cambiar de tema.

En el apartado de las versiones, resulta muy plausible su acercamiento al Just Like Fire Would de los australianos The Saints con un agradabilísimo toque pop y acertados vientos beatelianos. También la inaugural High Hopes de The Havalinas, con Morello dibujando serpenteantes y acertados contornos de fondo. Pero la la palma de la lleva la ya conocida Dream Baby Dream, vuelta de tuerca total al tema de Suicide convertido en un nuevo (y emotivo) himno. Escucharlo con su correspondiente videoclip, en esa especia de experiencia religiosa que recoge, pone el vello de punta. Lo mejor del disco, sin duda alguna.

Del resto cabe destacar, de manera especial, Down in the Hole, un tema completa arquitectura que acoge otra historia de perdedores marca de la casa  (“El sol llega cada mañana, pero no es ningún amigo / me visto y me voy de nuevo). También quizá, The Wall, una balada dedicaba a su amigo Walter Chichon. Y poco más. Sí, porque This Is Your Sword, suena a olvidable descarte de su periplo folkie en la década pasado y Frankie Fell In Love promete una bola de emoción épica que no termina de llegar. 

Trabajo irregular por tanto, con algunos pellizcos que recuerdan a quien se está escuchando, pero también con bastantes dosis de una autocomplaciencia que el Boss debería corregir. Servirá, en todo caso, para su vuelta a los escenarios, que es donde la mayoría de la gente lo quiere ver, agrandado el mito una gira más. Ojalá retornase a Galicia de nuevo.

El mejor disco posible de The Killers

Lunes, Diciembre 9th, 2013

Su condición de banda mainstream con toque alternativo ha echado a muchos para atrás. Pero si algo no se le puede negar a The Killers en su primera década de existencia es su facilidad para crear hits instantáneos. Otra cosa es la carencia de álbumes sólidos en su discografía, más allá de los dos o tres singles de cada uno. O el naufragio AOR de sus últimos movimientos, totalmente sumidos en el bostezo. Pero cuando la banda de Brandon Flowers se centra y mira a su audiencia con autoridad, logra un efecto similar al que en el pasado conseguían U2, Coldplay o Radiohead. Sí, su música, al hacer diana, genera en el oyente esa sacudida interna que llamamos emoción, la que anula todo tipo de prejuicios.

Por ello, un recopilatorio como Direct Hits 2003- 2013 termina siendo lo más parecido al disco ideal de The Killers. Pocas diferencias hay entre ellos y, por ejemplo, Kylie Minogue o Beyoncé: deslumbran con los sencillos, aburren con los discos completos. De todos modos, esta compilación se queda lejos de la perfección porque los inevitables temas inéditos que justificarían su compra —Shot At The Night y Just Another Girl— constatan la descendente curva creativa del cuarteto de Las Vegas desde que tocaran techo con los picos de Day & Age (2008). También afean la situación los singles extraídos de Battle Born (2012), con ese horripilante toque a rock de banda sonora cutre ochentera. Y, bueno, la versión demo de Mr. Brightside y la remezcla a cargo de Calvin Harris de When You Were Young no logran ir más allá de la curiosidad.

Apartado eso, el resto viene a constatar, paso a paso, lo proclamado en el primer párrafo. Canciones como Somebody Told Me, When You Were Young o, por supuesto, esa siempre maravillosa Human no solo suenan a clásicos contemporáneos. También logran anidar en el oyente una euforia muy particular. Esta va in crescendo hasta explotar en estribillos que suenan con la misma fuerza y maleabilidad de una bandera de juventud ondeando al viento. Ahí, pese haber sido puestos en duda mil y una vez, The Killers difícilmente encuentran rival. Sus canciones para todos los públicos -sumemos a las anteriores Mr. Brightside, Read My Mind o Spacemen– se suceden en ese disco como himnos de una generación que aún un ápice de su pegada.

Pero, eso sí, a la vista de la situación dejan una sensación agridulce: la sospecha de representar un pasado que jamás volverá a ser presente si no enderezan el rumbo. Y todo pinta a que no. Ojalá haya que rectificar estas palabras.

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Vídeo de “Shot At The Night”, uno de los temas inéditos de la compilación

El “Acthung Baby!” de Arcade Fire al final se quedó a medio camino

Lunes, Noviembre 25th, 2013

Puede molestar la comparación a ciertos fans alérgicos a Bono & cia que nunca quisieron ver la obvia conexión entre ambas bandas, pero la escena evoca en su espíritu a los U2 de Acthung Baby! (1990). Las burbujeantes mentes de Arcade Fire han visto la necesidad de reinventarse para su nuevo disco, Reflektor. El revelador y ya clásico discurso de pop épico de Funeral (2004) se había ensanchado a lo grandioso con Neon Bible (2007) y comprimido lo más posible en The Suburbs (2010). Semeja que quedaba más por moldear sin repetirse y optaron por no hacerlo, buscando inspiración en la escena alternativa del momento. Si en 1990 los irlandeses miraron a los sonidos industriales y la burbujeante escena de aquel Manchester que exigía el mad, desde Montreal se han dirijido los ojos al baile a lo LCD Soundsystem (de hecho, produce James Murphy) o la revisión indie del afro-pop, todo ello quitando lastre solemne y dejándose llevar por cierta ligereza discotequera.

Nada malo en ello, en principio. El problema llega cuando el disco transcurre y el oyente tiene la sensación de que a Win Butler y sus muchachos les ha cegado el brillo de la bola de espejos, bajando de manera notable el listón de calidad acostumbrado. Sí, pese a los flashes que emitía la inicial Reflektor en su condición de adelanto -los mismos escalofríos, la misma fuerza, otro lenguaje, subidón, ¡fiesta!- lo cierto es que este excesivo doble álbum deja una cierto regusto a aventura fallida o, cuando menos, a trabajo que se queda a medio camino de su destino. Lo típico: en manos de otro sería un disco notable, pero en el currículo del que para muchos es el mejor grupo del momento surge más bien como un paso en falso. Cuestión de grandeza.

Ahogadas en un envoltorio mate y una producción quizá demasiado densa, las canciones se debaten entre mostrar sus virtudes melódicas o sus soluciones estilísticas. Y rara vez convencen plenamente en ninguno de los dos frentes. Al menos no como solían. Ahí está la pirotécnica Here Comes The Night Time subiendo y bajando velocidad en su evidente guiño a Diplo, la barroca Flashbulb Eyes al modo de un juguetón aleidoscopio caribeño o It’s Never Over buscando inspiración en la eterna modernidad de Bowie. Casi todo entretiene, pero nada se acerca a los (emocionantísimos) logros del pasado. Tampoco los temas más continuistas de su sonido como You Already Know o We Exist, dejando claro que, en efecto, la cosa puede recordar a aquellos U2 que fueron a renacer Berlin. Pero, lo dicho, solo en espíritu.

Porque seguimos sin encontrar aquí un The Fly. Tampoco un One. Ni mucho menos un Ultraviolet. La cosa más bien recuerda a aquellos Suede que quisieron hacer lo mismo con Head Music (1999) y a lo más que llegaron fue a dejar tres singles para el greatest hits junto a alguna pieza aislada. Así que queda disfrutar de ese ramillete (hay que sumar el nuevo sencillo, el potente Afterlife) y ponerle unas velas al santo favorito para que el siguiente paso de Arcade Fire no sea un A New Morning (2002) y todo se vaya al traste.


Vídeo de Reflektor, la pieza que abre el álbum

Los nuevos álbumes de Air, Mark Lanegan y The Black Keys

Sábado, Febrero 18th, 2012

AIR “Le voyage dans la lune” (Universal)
Como mínimo Air han conseguido un logro en este álbum: la mejor portada de su trayectoria. La imágen del cochete estampado en el rostro de la luna extraída de un fotograma de Le voyage dans la lune”, el filme mudo de Geroges Méliès de 1902 que ahora musican, es de deleitarse mirándola y mirándola. El disco nace como un capítulo aparte en la trayectoria del dúo, pero ellos sin embargo lo asumen como otro capítulo en una discografía algo renquetante de inspiración en los últimos tiempos. No será “Le Voyage Dans la Lune” lo que les devuelva a la primera línea del pop. Su carácter mayoritariamente instrumental y su falta de singles claros lo impide, pero ello ni quita que se trate de un trabajo atractivo e interesante. Bajo un discurso de pop progresivo con ecos de Mike Oldfield y uso indiscriminado de sintetizadores, el dúo plantea un recorrido voluptuoso en sonoridades que van desde el envoltorio lírico de “Moon Fever”, que parece sacada de Tubular Bells, a lo mecánico  en ese “Parade”, con ligero aroma kraut-rock. Mientras, pasa por el puntillismo sintético de “Cosmic Trip  y llega al clímax  pinkfloydiano de un “Lava” que cierra un disco que se puede calificar de menor, pero que resulta perfectamente disfrutable (Puntuación: 7/10)

MARK LANEGAN  “Blues Funeral” (4AD-Everlasting)
Decir en febrero que Blues Funeral va a ser el mejor disco del año, podría tomarse como una temeridad. Pero lo cierto es que su escucha completa invita, entre sacudidas de emoción, a dejarse llevar por esa idea. Aparcadas sus aventuras paralelas con Isobell Campbell y The Gutter Twins, Mark Lanegan recupera su carrera en donde lo dejó con el soberbio Bublegum (2004) y supera todas las expectativas. Blues Funeral es un álbum de rock tremendo. Con un sonido, poderoso y, en cierto modo, recordatorio de aquel To Bring You My Love de Pj Harvey, el álbum extiende un manto en el oyente totalmente cautivador. Lo encoge en su lamento, lo golpea con su músculo guitarrero y lo eleva a un estado de enajenación total cuando se aventura en unos territorios electrónicos que recuerdan poderosamente a ciertas producciones de Flood (Pj Harvey, U2, Depeche Mode). Todo sin un segundo de respiro, sin un minuto de desperdicio y obligando de continuo a contener la respiración. ¿El 0,5 que le falta para llegar al 10? Simple prudencia respecto a cómo aguantará el paso de los días. Imprescindible. (9,5/10)

THE BLACK KEYS “El Camino” (Nonesuch / Warner)
Son el grupo grupo alternativo masivo del momento. Igual que ocurrió en su día con Arcade Fire o Wilco, el público no especializado pero que quiere ir más allá de lo que propone la lista de ventas los ha acogido con los brazos abiertos. La culpa la tiene fundamentalmente The Lonely Boy, una irresistible pieza de rock n’ roll garagero que reúne todo lo bueno del dúo de Ohio: pegada, inmeditadez y ritmo contagioso. Escucharla y que se le vayan a uno los pies resulta algo inevitable. Se trata e la apertura de El camino, el álbum que está llevando al éxito a The Black Keys, colocándolos en la vacante que quedó libre con la disolución de The White Stripes. Como ellos apuestas por los riffs infecciosos, los riegan con chorros de música negra, miran de cuando en cuando a Led Zeppelin, le pasan la lija del garage sesentero y le dan un empaque totalmente contemporáneo. Hit tras hit, cuando llega el final del disco el oyente solo deseará una cosa: !Más!. (8/10)

El brillo eterno de una estrella

Martes, Diciembre 6th, 2011

La muerte temprana de un artista cambia radicalmente la perspectiva que se tiene de él al escucharlo. Ponerse ante la gran lectura que Amy Winehouse hace del Our Day Will Come, que en los primeros sesenta popularizaron Ruby and The Romantics, lo deja bien claro. No solo porque canta sobre un futuro que jamás existirá ya, sino porque el dulce toque jamaicano con el que la afronta deja en primer plano su voz y convierte el tema en pura miel. Imaginársela en una suerte de nebulosa irradiando luz como la estrella que fue resulta inevitable. Estremecerse, también. Y es solo el principio del disco.

Sí, el mundo pop todavía sigue alterado por la desaparición de Amy. Por ello esta recopilación de retales englobada bajo el título Lioness: Hidden Treasures -compuesta de canciones raras e inéditas que van desde el 2002 hasta el 2011-, pone las emociones a flor de piel. Tanto por sus buenos momentos que contiene, como por los no tan buenos. En todos planea la sensación de la pérdida de alguien cercano: esa amiga alocada que terminó cayendo de la cuerda floja por la que caminaba a diario, pero que aún sigue sonriendo desde algún lado, desprendiendo ese carisma que la hizo especial.

Entre lo excelso, resulta obligada la mención a Between The Cheats, una preciosa balada de aires doo wop pensada para el que iba ser su tercer álbum y que embarca al oyente en una ensoñadora atmósfera retro. También la versión desnuda de Tears Dry (toma original de Tears Dry On Their Own, exenta de los samplers con la que se editó en Back To Black) o su apoteósico dueto con Tony Bennett en el estándar jazz Body & Soul. Igualmente se debe aplaudir a la trepidante cópula de personalidades y estilos con el rapero Nas en Like Smoke o la cruda versión de Valerie, un clásico de los Zutons repescado sin aditivos ni colorantes.

No alcanza el mismo nivel, sin embargo, su interpretación del Will You Still Love Me Tomorrow? de The Shirelles, a trompicones, evitando la seda del original y optando por una atmósfera monumental imposible. Tampoco, el clásico de la bossa-nova The Girl From Ipanema, correcta, pero muy lejos del carisma que le imprimió Astrud Gilberto en su día y con una exhibición vocal final innecesaria.

Son los puntos más flojos de un buen álbum que tiene todos los visos de convertirse en uno de los fijos en las quinielas de regalos de la inminente Navidad. Unas fechas en las que su estrella, como se puede ver, seguirá brillando con gran intensidad.

Coldplay chocan contra las expectativas

Viernes, Octubre 28th, 2011

Está claro que a Coldplay le sientan mal las expectativas creadas. Sus canciones, a veces, los colocan como aspirantes a ese título de Gran Banda del Momento. Pero llegados ahí, parece que les pueda la presión. Incapaces de firmar su álbum definitivo, terminan instalándose en una suerte de duermevela creativa en la que la inspiración se sustituye por el piloto automático sin solución. Y los anhelos de los esperanzados mutan en una frustración total.

Ya les sucedió en el apagado X&Y (2005), tras haber dejado boquiabierto al planeta con aquellas incuestionables In My Place o Clocks de su disco precedente, A Rush of Blood to the Head (2003). Y les ha vuelto a pasar ahora, una vez que el notable Viva La Vida or Death and All His friends (2008) miraba a esa zona noble del rock en la que las bandas se convierten en faros que iluminan un momento. Efectivamente, Mylo Xyloto deja el regusto de lo que pudo haber sido y no fue. Se trata de la misma insatisfacción que produce ver a una persona querida tras un tiempo sin verla y comprobar que ha perdido aquella chispa que la hacía especial.

Relegado Brian Eno a un segundo plano (a hacer “enoxificación” tal y como reza la nota promocional), los mandos los toman unos Markuzs Dravs, Daniel Green y Rick Simpson que pretenden dotar de un barniz sintético al sonido de siempre. La banda aporta ahí, como principal novedad, algún coqueteo con la discoteca y el acabado brillante. En ese sentido se podría tomar Mylo Wyloto como su particular Pop (U2): un abrazo al hedonismo de la bola de espejos (en Princess Of China canta la súper estrella del r&b Rihana) sin dejar de tener los pies en la épica de medio tiempo que los hizo célebres. La idea en sí no está mal. El problema es que, trasladada al disco, no llega a cuajar.

Un disco de Coldplay sin himnos es como un árbol de Navidad sin bolas. Y Mylo Wyloto posee más bien pocos. Si acaso el discutido Everything Teardrop Is A Waterfall servirá para ondear la bandera de la euforia y poco más. En el resto del álbum predomina el perfil medio (ese Paradise que no logra despegar), el deja vu (Charlie Brown, descendiente directa de Viva la vida) y la levadura para estadios (Don´t Let It Break Your Heart). También hay baladas acústicas marca de la casa que no llegan a generar emoción, constantes homenajes a las atmósferas guitarreras de U2 y pequeñas cortinas ambientales que difícilmente serán recordadas en el futuro. A ver si ahora, de nuevo en la liga de las bandas normales, cogen impulso y nos sorprenden a todos con su sexto disco. Todo ello, siempre y cuando, los rumores de separación que flotaron en los meses previos a la edición del álbum no lleguen a materializarse.

Lo nuevo de Björk, Wilco y Kasabian

Sábado, Octubre 15th, 2011

Minicríticas de tres discos alumbrados en los últimos días:

BJÖRK | «BIOPHILIA» (Universal) Ensimismada en su universo particular, Björk se ha propuesto crear el punto de encuentro entre la naturaleza, la música y la tecnología, grabando el que pueda que sea su álbum más difícil. El lado pop se encuentra en Crystalline, el single de adelanto. Se inspira, al parecer, en la estructura atómica de un cristal. Ahí inserta a unos amantes («Igualamos el flujo con nuestros corazones / besamos nuestros cuarzos para alcanzar el amor») y con un desarrollo circular, obsesivo y caleidoscópico contagia el nerviosismo al oyente hasta explotar totalmente. Esa, la idea de insertar los latidos del corazón dentro de los de la naturaleza, es la guía de un disco arisco a primera escucha, pero cautivador en el corto plazo. Ahí, dentro de sus ritmos quebrados, el minimalismo instrumental y las pinceladas electrónicas, abren las alas maravillas como Virus, que alude al amor que mata a las personas (células aquí) o Cosmogony, que lo relaciona con las erupciones volcánicas. Calificación: 8/10

WILCO | «THE WHOLE LOVE» (DBPM-Pias) Fiesta en Wilcoland. Desde A Ghost Is Born (2004) la banda de Jeff Tweddy no volaba tan alto. The Whole Love no solo resulta un disco notable, sino que aporta la variedad suficiente como para remitir a la todos los hitos de su discografía generando una placentera sensación de reencuentro. Así, Art Of Almost evoca su lado más experimental de Yankee Hotel Foxtrot; I Might y Standin O trasladan al brío power-pop de Summerteeth; y piezas como Opend Mind y Rising Red Lung reconcilian a los seguidores de su nunca bien ponderada faceta acústica. Si todo ello se concluye con broche tan bonito como One Sunday Morning (doce minutos de delicadeza y masaje auricular) pocos peros se pueden poner a esta nueva entrega de uno de los grupos fetiche de la década pasada. Por lo que se ve, también lo será en la presente. (7/10)

KASABIAN | «VELOCIRAPTOR!» (Columbia) Las canciones de Kasabian están llenas de falsas promesas. Poseen brillo y referencias familiares, algo que ayuda a que entren con gran facilidad. Pero, en cuanto la rueda empieza a girar, difícilmente se puede encontrar en ellas algo que no las haga olvidables. En este caso asistimos a un batiburrillo de vocales estiradas a la Gallagher, melodías de querencia sixtie pasadas por el filtro brit-pop, ritmos pretendidamente bailables, fugaces viajes en busca de la inspiración oriental y coqueteos con los sintetizadores analógicos. Pero, aunque en algún caso agraden de entrada, a los pocos segundos se desinflan al llegar a estribillos totalmente ramplones o tropiezan con su incapacidad de mantener el nervio. Toda una oda al vacío en el cuarto trabajo de un grupo cuyo éxito continúa siendo para algunos un absoluto misterio. (2/10)

Mucho oficio pero poca alma en el nuevo álbum de Lenny Kravitz

Sábado, Octubre 8th, 2011

(Dos cosas al margen: 1) Paul Di’Anno, el cantante original de Iron maiden, actuará en A Coruña y 2) ¿Quieres “meterte” en la portada del “Nevermind” de Nirvana?)

Lenny Kravitz nunca fue un músico sobresaliente. Se quiso vender, en los primeros noventa, como el relevo de Prince como gran embajador de la música negra, pero su privilegiada posición en la lista de ventas jamás encontró un lugar paralelo en la escala artística. Vale que sus tres primeros álbumes aguantan todavía una escucha libre de prejuicios. Y no cabe duda que el punch de singles como Mr. Cab Driver, Allways On the Run o Are You Gonna Go My Way aún incitan a empuñar la guitarra imaginaria si surgen en un pub. Pero si, ya entonces, costaba encontrar muestras de genialidad verdadera en su trabajo, la evolución posterior no hizo más que confirmar que se trataba de un artista que rara vez traspasaba la línea de la corrección.

Black & White America, su noveno álbum, reafirma esa impresión. Más setentero que sesentero, el disco deambula entre el rock de riffs marcados y los cortes de formas barrocas y pretensiones envolventes. En lo primero, Come On Get It advierte pronto el cansancio: suena a híbrido de Allways On the Run y Are You Gonna Go My Way resuelto con mucho oficio pero poca alma. Rock Star City Life, In the Black o Everything tampoco logran libertarse del plomo y volar. En el segundo grupo, existe algo más de variedad. Desde una aceptable apelación a Isaac Hayes en la titular Black America al notable soul de terciopelo y falsete de Liquid Jesus, pasando por el cansino funk de trazo grueso en Superlove. Y, para que no se le tache de retro, ahí está un (olvidable) dueto con la estrella del rap Jay-Z en Boogie Drop.

Todo ello reafirma la imagen que muchos tienen de Kravitz: un estudioso de la música negra, que edita álbumes formalmente aceptables, pero de escasa sustancia. Como las baguettes precocidas que se hornean en los supermercados, saben como el pan, pero, mmm, ¿alguien es capaz de deleita en su sabor? Pues morder en este Black & White America genera la misma insípida esa sensación.

Imagen de previsualización de YouTube“Liquid Jesus”, uno de los mejores cortes del disco