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Archivo para Mayo, 2017

Una excitante excursión por el subsuelo musical gallego

Sábado, Mayo 13th, 2017

Normalmente Los conciertos de Retroalimentación se mueven por el subsuelo musical gallego, pero ayer quizá bajamos un poquito más. Fue una exploración fascinante por las sombras de un movimiento sonoro que, lejos de agotarse en un bum de temporada, sigue entregando fascinantes proyectos. Merecen esfuerzos, dolores de cabeza y aliento de sus seguidores.


Al menos eso es lo que pensábamos viendo a Pantis. El proyecto de oscuro pop electrónico de Rubén Domínguez ya nos había dejado K.O. cuando lo presentó junto a Triángulo de Amor Bizarro en el Playa Club el año pasado. Ayer no existía ese factor sorpresa ni el impacto de lo imprevisto. Pero sí los efluvios sintéticos de una música hipnótica, arrebatada y seductora. Gustó. Y mucho.


Continuó Sr. Anido, longeva y rara avis de este ecosistema musical. Aulló, soltó guitarrazos punk-surf-pop y agitó al personal con la única ayuda de su voz, seis cuerdas y una caja de ritmos. Más de la mitad de su actuación la basó en “18”, el disco editado junto a Sr. Álvarez. En el escenario le dio brío a su carácter insólito y reclamó, una vez más, su lugar en en todo este embrolló de la Galicia sónica.

Jay cerraron la noche apabullando. Adiós al noise gris y gritón. Hola a un carrusel impactante de formas que abarcan desde el flamenco al hip-hop, pasando por el funk o el tropicalismo. Todo ello macerado en psicodelia, formó una actuación in crescendo cuyo último tramo resultó sencillamente en una maravilla. Cuando cerraron con “Que me cuen” los rostros de la audiencia decían claramente: “¡Más!”. Una delicia.

Muchísimas gracias a los que acudisteis respaldando con vuestra entrada experiencias como esta, que caminan por la cuerda floja de la sostenibilidad económica. Gracias a los grupos, especialmente por su generosidad ante los problemas surgidos en la organización del bolo, y a la Nave 1839 por las facilidades dadas. Una vez más, nos acostamos contentos, satisfechos y, ¿por qué no decirlo?, un poco (bastante) orgullosos de lo realizado. Este año Los conciertos de Retroalimentación están siendo especialmente bonitos. Próxima parada: True Mountains, 3 de junio en el Playa Club. Nos vemos.

Jay: “Queremos hacer música, olvidando todos los límites y las barreras”

Jueves, Mayo 11th, 2017

Los vigueses Jay adoraban el gris, el ruido y la saturación. Así lo dejaron de manifiesto en sus dosprimeros álbumes. Pero algo ha ocurrido en su interior. Fuimos nosotros, su tercer trabajo propone a un grupo nuevo, que juega con la música, la pinta de mil colores y se divierte con ella. Este viernes 12 de mayo lo presentan en Los conciertos de Retroalimentación (Nave 1839, 20.30 horas). Estarán junto a Sr. Anido y Pantis en una noche que promete ser muy especial. Antes Brais Rodríguez, su cantante y bajista, explica qué ha pasado en una banda que parece haber renacido

-Decían en una vieja entrevista que su música era afín al plano urbanístico de Vigo. ¿A qué es afín ahora?
-Igual es el mismo plano, pero visto con otros ojos, porque han pasado cinco años desde nuestro primer disco. Seguramente, siga presente en las estructuras. Vigo es una ciudad muy industrial, con muchas máquinas por todos lados y da una imagen de desorden. Puede ser. Antes se trasmitía eso con oscuridad y ahora con estructuras un poco locas. Pero tampoco es que pensemos mucho en el plano urbanístico de Vigo cuando componemos [risas]

-En este disco existe una renuncia clara al ruido que les caracterizaba. ¿Les saturó tanto noise?
-No es una decisión premeditada, en plan reunirse y decir: “Se acabó el ruido”. Simplemente, ya habíamos sacado dos discos y una maqueta bastante ruidosos. Han cambiado las cosas. Cuando hacíamos ruido todo era ruido. Escuchábamos ruido constantemente, mucho Sonic Youth del Bad Moon Rising y Confusión Is Sex. Ahora escuchamos música mucho más colorista y más alegre, que aparta un poco toda esa oscuridad. Fue algo natural. Escuchamos mucho pop, electrónica y hip-hop. A la hora de componer sale lo que sale. Han pasado muchos años y hemos evolucionado. Seguimos siendo Jay, pero podríamos ser otro grupo.

-Al ver el video de “Menos corpóreo, más real” tuve esa sensación: la de estar ante otra banda.
-Sí, el grupo plasma nuestra evolución y, como ahora estamos muy lejos de poder comer de la música, tenemos esa libertad de tirar para donde nos dé la gana. Nos apetecía hacer algo así. Hacer más noise y caña nos aburriría.

-Habla de libertad y el disco la trasmite. Aunque no se trate de lo mismo, escuchándolos me viene a la cabeza bandas como Za!, desafiando las formas y estilos de la música con una actitud muy vitalista. ¿Están de acuerdo?
-No los escuchamos mucho, pero sí que los puedo relacionar con temas como El gris. Queremos hacer música, olvidando todos los límites y las barreras, porque al final es muy fácil caer en que te gusta mucho un grupo, lo escuchas mucho y terminar pareciéndote demasiado. Queremos, en la medida de lo posible, hacer música que carezca de esas barreras. Las influencias siempre están ahí, porque todos escuchamos música, pero intentamos que sea lo más nuestro posible.

-El disco es caleodoscópico y las canciones muchas veces circulares. Parece que giran sobre sí mismas intentando capturar al oyente. ¿Ha cambiado la manera de componer en ese sentido?
-Ha cambiado un poco, pero ya había cambiado antes. El primer disco fue un álbum de canciones enteras, con un riff, un verso, un estribillo. En este disco las cosas surgen de sesiones en las que improvisamos. También grabamos samplers de hip-hop. Luego, uno viene y dice “Se me ocurrió esta parte”. Entonces miramos a ver si encaja con el sampler previo. Fue como hacer un collage, muy divertido para encajarlo todo. Fue muy diferente a los otros.

-Imagino que tiene que ser muy diferente también ejecutarlo. Jay antes invitaban a la enajenación. ¿Ahora se necesita más concentración?
-Jay al principio era sudor, saltos y gritos. Ahora estamos cambiando. Veníamos de tocar muy alto. Tú antes venías a vernos y sabías que te iban a pitar los oídos del resto de la noche. Ahora, tenemos que bajar los amplis porque si no se formaría una bola de sonido que no es lo que buscamos. El problema del tránsito es asimilar que suena guay a la mitad del volumen con el que tocábamos antes [risas]. Luego está la electrónica. Tenemos un sampler y el batería ya toca con cascos y lo sigue. Nos tenemos que adaptar todos a la electrónica, porque no hay posibilidad de fallo.

-Flamenco, hip-hop, tropicalismo, rock sinfónico… ¿Han metido en este disco todo lo que os gustaba como oyentes?
-Intentamos hacer el disco que nos gustaría escuchar si lo sacase otro grupo. Que recoja partes de hip-hop, partes de flamenco,… todo. Al hacerlo, tuvimos la duda de si era adecuado meter tantos estilos remezclados. Pero pensamos en un disco de los Beastie Boys, el Ill Communication. Tiene 20 canciones que mezclan el funk, el hip-hop, el hardccore, la cumbia… Nuestro disco no tiene nada que ver con ello, pero sí que sirvió de inspiración para atrevernos. Aunque los temas sean diferentes yo creo que al final sí que hemos logrado un nexo.

-Lo que parece es un especie de safari musical.
-Un amigo lo definió como un parque temático en el que van pasando cosas.

-El problema es poderlo escuchar del tirón para encontrarle ese sentido, ¿no creen?
-Es un disco de escucharlo entero. Y varias veces Óscar, la persona que hace al artwork fue de los primeros en escucharlo. Al terminarlo le pregunté. Me dijo que no podía decir nada. Y ahora le gusta mucho. Decía que teníamos que avisar a los oyentes de que es necesario escucharlo varias veces. Yo creo que también que no es un disco de hits, sino un disco de unidad.

-Bueno, hablaba antes de Beastie Boys. “Que me caen”, a mí me recuerda a ellos. Sería un buen single.
-Sí, de hecho es la canción con las que cerramos los conciertos. Funciona muy bien. La gente baila y salta. Es la más cañera del disco.

-En el disco llama la atención muchísimo. Igual que la siguiente, “La portera”, esa especie de flamenco fronterizo extraño. Me parece un hallazgo sonoro.
-Es como Slint haciendo flamenco o algo así. Es la primera o segunda canción que hicimos para este disco, es un tema de tránsito, sin samplers ni nada.

-Y siguen haciendo versiones de Indómitos, aquel gran grupo vigués semidesconocido. ¿Un amor incondicional?
-Sí, las hacemos en todos nuestros discos. Teníamos 18 o 19 años cuando salieron y filmamos. Es el típico grupo que, de repente, hace que dé la vuelta a todo lo que crees de la música y empiezas a pensarlo de otra forma. Desde entonces decidimos que todos los discos que sacásemos llevarían una versión de Indómitos.

-Los veremos ahora en directo. ¿Concilian pasado y presente o ya solo son los Jay del 2017 haciendo este sonido?
-Hacemos lo que nos apetece hacer ahora, este sonido. No va a haber ni gritos, ni ruido. Vamos a tocar temas del disco y adaptaciones de temas anteriores, trayéndolos al momento presente. No van a pitarle los odios a la gente.

Un grande reducido a lo mínimo

Lunes, Mayo 1st, 2017

PALACIO DE LA OPERA CONCIERTO DE CATEANO VELOSO

Caetano Veloso & Teresa Cristina
Palacio de la Ópera, A Coruña
30-abril-2017

Lleno total en el Palacio de la Ópera en la segunda visita de Caetano Veloso a la ciudad. La anterior tuvo lugar en el 2007, en el aniversario de la Fundación Barrie y en clave experimental y noise. La de ayer tampoco resultó del todo convencional. Acudía con la cantante Teresa Cristina -a quien le cedió la parte inicial del recital y la sumó al tramo final- y en un formato mínimo -él solo y su guitarra-. Es decir, canciones expuestas como árboles de invierno, sin hojas y sin flor. Esencia más absoluta. Simplicidad máxima. O gusta o disgusta, sin término medio. Apenas su voz tersa-suave-y-embaucadora, la guitarra rítmica-pero-aterciopelada y, por supuesto, un repertorio mí-ti-co.

Fue su inagotable catálogo de canciones quien sustentó un concierto que en manos de otro sería un suicidio y en el que, sí, de cuando en cuando se echó en falta el cuerpo de una banda. No en O Leazozinho, por supuesto, o su celebérrima versión de Cucurrucucú Paloma, paridas ambas en esa precariedad instrumental y despertando anoche las primeras ovaciones por su espléndida interpretación. Pero sí, desde luego, en esa visita a la imprescindible A luz de Tieta o en los rescates de la época tropicalista. Hubieran ganado con el abrigo de un puñado de músicos, sin duda. Se sabía y, por tanto, no decepcionó a nadie. Aunque la mente tendía, en más de una ocasión, a buscar en el aire sonidos que definitivamente no estaban pero que aparecían como fantasmas.

De todos modos, Veloso es un grande y, como tal, se bastó de esas armas para trenzar una actuación notable. Le precedió su invitada particular, quien llevó a las tablas las canciones de Santa Cartola, acompañada del guitarrista Carlinhos Sete Cordas. Supuso una agradable media hora previa que se empalmó con la aparición de la estrella del cartel. Arrancó con Luz do Sol. Delicadeza, líneas que apuntan alto y, de pronto, se encogen. Una garganta finísima que la guía y la sensación de asistir al concierto de, insistimos, un grande.

Desfilaron Os Passistas, Um índio y un Reconvexo en el que, ante la ausencia del temblor rítmico original, reclamó palmas. En contraste, se marcó una versión del Love For Sale de Cole Porter a capela. No hay trampas. No hay boutade posible. Sonó tal cual la grabó en el 2004 en el excepcional Foreing Sound. Sí, antes de que a Dylan se le diera por revisar los clásicos de la canción americana previa al rock, ya andaba Caetano Veloso por ahí. Ayer la definió, ensimismado, como “a mellor canción americana”. Y encantó la audiencia.

Se trataba tan solo del ecuador de un concierto que fue creciendo y que encontró sus picos más altos en la unión de los tres músicos final. Ahí entre Odara y Desde que o samba é samba, Cateano, Teresa y Carlinhos mandaban un mensaje a los que, apurados, ya estaban en los pasillos buscando la salida. Aguarden, bajen el ritmo de su vida y disfruten de ella sin prisas. Sí, con esa suave cadencia de esas canciones tan rematadamente bonitas que hacen que esa vida, muchas veces acelerada, sea mucho mejor que sin ellas. Aunque, en ocasiones, echemos de menos la banda.

Foto: Eduardo Pérez