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Archivo para febrero, 2016

Los Grammy 2016 en diez fogonazos

martes, febrero 16th, 2016

kendrikz buena
Afortunadamente la 58ª edición de los premios Grammys superó el tedio de la edición del año pasado. Sin un triunfador único (podría serlo Kendrik Lamar, pero le faltó imponerse en las categorías generales y podría serlo Taylor Swift pero solo conquistó tres gramófonos, así que lo dejamos en empate) y con mucha emotividad en el ambiente honrando a ilustres fallecidos, la noche arrancó aburrida. Pero fue mejorando poco a poco. Estos son algunos flashes.

1. EL ARTISTA EN ESTADO DE GRACIA. Está en racha y todo le sale a Kendrick Lamar. Más allá de los premios (cinco en categorías ligadas al rap), su actuación en la gala de anoche será de las que se recuerde en tiempo. Desfiante, espectacular y dejando pegada, se presentó en una escenario carcelario y entre rejas, fuego y energía interpretó The Blacker the Berry, Alright y un nuevo tema que augura una brillante continuación a To Pimp a Butterfly. Tras esto, ya hay quien le dice a Kayne West que se espabile. Y con razón

2. UNA ESTRELLA QUE SE MANTIENE. Siempre simpática, Taylor Swift parace haberse convertido en la gran estrella blanca del pop contemporáneo. La elección de 1989 como disco del año no parecía ser la favorita de la crítica, teniendo en cuenta que competía con Kendrick Lamar. El pueblo, sin embargo, no pensaba igual. Las encuestas que circulaban por Internet ya advertían que el público sí creían en ella. Al final, logró el premio al mejor disco del año por segunda vez en su trayectoria. En su discurso se dirigió a las personas que se está iniciando en la música. En lo que parecía un recado a Kayne West, les recordó que siempre iba quien intentaría meterles zancadillas, pero que no se dejasen avasallar.

3. ESA CONTAGIOSA CANCIÓN. Sí, Can’t Feel My Face de The Weeknd es un temazo. Y Blank Space de Taylor Swift, otro. Pero lo de Uptown Funk de Bruno Mars y Marc Ronson es para morirse. Su efecto resulta instantáneo: te atrapa, te empuja y te incita a bailar. Merecidísima grabación del año, debería haber sido también la canción del año. Esta correspondió al sobrevaloradísimo Ed Sheeran. Hay quien habla de Van Morrison al referirse a él y todo.

4. EL GRUPO ROCK. Sin lugar a dudas, Alabama Shakes concluyeron la gala como la banda de rock del año. A los premios de mejor disco de rock y mejor canción de rock, sumaron una esplendida actuación con Don’t Wanna Fight. Soul, funk y rock grasiento. Guitarras tensas, falsetes prodigiosos y ritmo contenido. Flechazos lanzados a una audiencia masiva que, seguramente, los acogerá con los brazos abiertos.

5. DAVID BOWIE QUE ESTÁS EN LOS CIELOS. Lady Gaga fue una de las protagonistas de la gala, rindiendo tributo a David Bowie. Ya se dejó ver en la alfombra roja a lo Ziggy Stardust y, en el tramo central del espectáculo, hizo una una suerte de greatest hits del Duque Blanco comprimido en poco más de cinco minutos. Muy logrado en los estético, en lo musical resultó un tanto agobiante. Demasiado fragmentado, demasiado cambio, demasiado axfisiante.

6. TAMBIÉN LEMMY. En un emotivo discurso, Dave Grohl se dirigió al público para valorar la figura d Lemmy Kilsmister como una de esas figuras clave en su vida y que le enseñó el camino a seguir. A posteriori Hollywood Vampire (el supergrupo formado por Alice Cooper, Johnny Deep y Joe Perry) interpretó el celebérrimo Ace of Spades, llevando el concepto de banda tributo mucho más allá de lo imaginable.

7. MÁS HOMENAJES A ESTRELLAS FALLECIDAS. Lamentablemente, el cupo de artistas muertos recientemente hizo que los tributos póstumos de los Grammys no se quedasen solo en David Bowie. Jackson Browne comandando a The Eagles interpretó un emotivo Take It Easy dedicado al malogrado Glenn Frey. Steve Wonder, por su parte, dirigiuió el homenaje a Maurice White de Earth, Wind & Fire. Y Bonnie Raitt se sumó a Chris Stapleton y Gary Clark Jr para recordar a BB King.

8. EL NIÑO QUE QUIERE SER ADULTO. Justin Bieber se plantó en escena con una guitarra acústica, su “Love Yourself” y toneladas de candidez. Pero, en nada, cambió de escenario, pulsó el botón de los fuegos de artificio y se alió con Skrillex y Diplo para interpretar Where Are Ü Now, con bailes imposibles y un Bieber pasado de vueltas. El chico se emocionó tanto que terminó aplaudiendo con el micro entre manos (y generando el ruido consecuente). Extravagante y divertido

9 ELLA ES LA REINA DEL POP. Sí, unos la tildarán de vacía, otros de ñoña y otros de poseer “tan solo” una portentosa voz. De acuerdo. Pero la gran artista global de este momento se llama Adele. Y ayer lo ha vuelto a demostrar con uan soberbia interpretación de All I Ask con voz, piano y elegancia. Como si todos los pasos de su carrera fueran encaminados a terminar ahí, bajo el foco, la cantante británica se reivindicó como una estrella rutilante.

10. PODER LATINO. Pitbull protagonizó el sorprendente telón final de la gala de los Grammys. Con la versión británica de “El Taxi” asaltó el escario, llenándolo de una inusitada alegría y vitalidad. Dentro de uno de esos taxis había sorpresa. Su pasajera era nada más y nada menos que Sofía Vergara, que exhibió su dotes de baile, dejando a la audiencia boquiabie

Fotografía: Kendrick Lamar (AFP PHOTO/ROBYN BECK)

Sí, Triángulo de Amor Bizarro vuelven a arrear en Retroalimentación

lunes, febrero 15th, 2016

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En abril este blog cumple ocho años en activo y lo vamos a celebrar con una de sus bandas fetiche: Triángulo de Amor Bizarro. Sí, como viene siendo habitual en los últimos años, el grupo presentará su trabajo con nosotros (Playa Club, 22 de abril, 23 horas). Es algo que me hace sentir tremendamente orgulloso porque, además de disfrutarlos en tiempo real, sé que en el futuro serán uno de los grupos de referencia cuando se mire a este momento.

Triángulo de Amor Bizarro
participaron en el festival Retroalimentacion 06, cuando era una extensión del feedback-zine y este blog ni siquiera existía. Desde ahí se estableció una conexión que se ha mantenido constante en el tiempo. Son una de las mis bandas favoritas y tenerlos en el ciclo un placer. Aquí tocaron por primera vez en directo con Jorge Ilegal en un concierto memorable. También presentaron el flamante Victoria Mística. Y ahora llega este maravilloso Salve discordia, que suena a cuarto y mitad de gloria.

Atentos, porque el concierto parte con una OFERTA inicial de entradas a 8 euros. Luego constarán 10 en venta anticipada y 14 en taquilla. Como telonero estará Pantis, el proyecto de Rubén Dómiguez (Chicharrón, ex Telephones Rouges). Será una fiesta macanuda.

(Re)viviendo la era pop

domingo, febrero 14th, 2016

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Alex Cooper
La Riviera, Madrid
13 febrero 2016

Hay canciones que trascienden a un tiempo, a una escena y a una coyuntura. Y hay otras que no. Hay canciones que se convierten en universales, que afectan a una inmensa pluralidad de personas y que encapsulan las emociones de estas en ella. Y hay otras que no. Hay canciones que mantienen intacta su pegada melódica, su agitación interior y su arrebato exterior 20 y 30 años después. Y hay otras que no. Las de Los Flechazos pertenecen al primer grupo. Las de muchos otros grupos al segundo.

Eso ya lo sabíamos. Cada vez que las pinchábamos. Cada vez que colgábamos un viejo vídeo del grupo en el Facebook. Cada vez que una de sus letras plagadas de fotografías sesenteras asaltaban la mente sin avisar y se quedaban a vivir ahí una temporada. Incluso conocíamos el poder “huracánico” de algún rescate de Cooper, como ese electrizante Atrapado en el tiempo con el que a veces aderezaba Alex Díez sus conciertos. No quedaba el menor atisbo de duda. Pero ¿un bolo entero con el cancionero de Los Flechazos más allá de la anécdota? Se desconocía el efecto.

Ocurrió ayer. Y ocurrió en una Riviera con entradas agotadas desde hacía semanas. Atmósfera de acontecimiento. Clima de “Aquel curso del 75”. Sensación de estar ante un momento único. Como no podría ser de otro modo, una canción lo cristalizó. “A toda velocidad”, sonando tersa, joven y emocionante, serviría para contestar la pregunta. Con Elena Iglesias, la teclista original de Los Flechazos, al Hammond y Alex cantándola con el mismo convencimiento que en 1992, invocó la magia. Y la espolvoreó por toda la sala. Puño en alto. Orgullo. Placer. Sí, esto sigue molando. Lo sabíamos. Pero ahora lo certificamos.

Fue el concierto de ayer la materialización de un deseo colectivo. Seguramente, habrá mejores actuaciones si el proyecto sigue adelante -que seguirá- este año. Seguramente, habrá ocasiones en las que estemos más apretujamos, más sudorosos y menos pendientes de inmortalizar el momento con el móvil. Seguramente, podremos liberarnos de la sensación de acontecimiento, mezclando recuerdos pasados de diferentes años como un puzzle. Pero anoche, en la Riviera mientras sonaban aquellas maravillosas canciones veíamos como todo se hacía realidad.

Petrificados algunos, tardamos en soltarnos. Como si de repente ponen ante tus ojos a esa mujer preciosa que has visto en revistas tanto tiempo y no supieras qué decirle, mirabas a un lado y a otro. Buscabas guiños en el escenario. Veías como “La reina del muelle” o “Suzette” pasaban ante ti sin poder explotar. Te sentías como el niño pequeño que lo sueltan en una tienda de juguetes, le dicen “Venga, escoge uno” y se queda paralizado. Piernas agarrotadas. Garganta fría. Corazón que aún no sabía muy bien cómo latir. Parálisis. Sonando “Hyde Park” o “Arizona” de Cooper casi resultaba más cómodo. Resultaban más comunes, más cercanas. Menos extraordinarias, menos míticas.

Quizá el primer zarandeo llegó con “Viviendo en la era pop”. ¡Espabila, tío, que esto son los temas de Los Flechazos otra vez aquí! Reforzada por una competente sección de viento, expandió su sonido por toda la sala como el himno que es. “¡Tu voz en coloooor uououou!”. Luego, “Callejear”, de músculo vibrante, tempo acelerado y efecto de despegue en la suela de los zapatos. Y más tarde “La chica de Mel” con la emotividad de la presencia de Héctor Escobar al bajo (“¡Héctor, Héctor, Héctor!”) y karaoke colectivo como respuesta.

El segundo golpe de gracia lo protagonizó “Chicas, chicas, chicas” y “En El club”. De nuevo, apelando a los muslos, a los pies, a la corriente de vibración que pone los cuerpos a bailar. Todo para llevarlos ahí, a ese “A toda velocidad” de gargantas desgañitándose y la intransferible sensación se vivir lo ya vivido y vivirlo maravillosamente. Entonces, la sensación cambió. Del no asimilar y no reaccionar ante lo que estaba ocurriendo se pasó al tener miedo que todo terminase demasiado pronto. Entre “Luces rojas “y “Lo conseguí” llegó ese final.

En los bises, tras la reafirmación de “Mi universo”, Alex atacó la iniciática “El bidón de gasolina” de aquel “Teloneros”, para al final volver a llamar a Elena y repetir un “A toda velocidad” de pálpito multiplicado y euforia contagiosa. Por mí, podría volver a empezar ahí el concierto. Seguramente lo hubiese disfrutado el doble, liberado ya de las sensaciones incontrolables que a veces te atenazan sin que logres muy bien quitártelas de encima. Al salir, viendo a la gente coreando las canciones del grupo en los pasillos de salida de la sala, terminé de confirmarlo todo.

Fue una gran noche. Pero necesitamos que se vuelva a repetir para terminarla de verdad. Porque esas canciones han de ir más allá de las excepcionalidad de un día y un lugar, dejándose querer durante todo el 2016. Qué así sea. Que así lo veamos. Que así lo disfrutemos. (Re)viviendo en la era pop.

Musel: «Para mí Galaxie 500 es una de las cosas más pop que existen»

jueves, febrero 11th, 2016

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Después de tener en el 2015 a A Veces Ciclón, este fin de semana disfrutaremos en Los conciertos de Retroalimentación del otro proyecto actual de Óscar Vilariño: Musel. Con Rabuña, un epé editado para Acuarela que se presentó en Retroalimentación, se muestran con una eléctrica propuesta entre el slowcore y el indie-rock de los noventa por el que pululan ecos de Galaaxie 500. Wedding Present, Yo La Tengo o Low. Todo ello interpretado en gallego e hilado a la perfección.

El recital será el próximo sábado 13 (A Coruña, Nave 1839, 20.30 horas, 5 euros) y estarán acompañarado de los coruñeses Mano de Obra, que ya actuaron hace años en una de las fiestas de aniversario de este blog. Es, por tanto, música pequeña hecha en la ciudad que se vuelve grande una vez que llega a tus oídos.

-Cambios de formación, un primer disco tras varios años de funcionamiento. ¿Está condenado a que sos proyectos funciones a trompicones?

-Claro. Cada uno se implica lo que puede y lo que le dejan, más en estos tiempos en los que la gente está sin trabajo o lo hace de manera temporal, con cambios de sitio. En un año puedes estar en varias situaciones que te permiten tocar o no.. Estar en un grupo es mucho compromiso y no siempre se puede.

-¿Es por eso que todo el mundo se hace cantautor a partir de los 30?

-Lo ven claro:«Así voy a a mi bola y no me faltan ocasiones para tocar, ya que solo respondo de mí». Está guay, pero a mí me gusta tocar con gente. Yo en el 2008 y 2009 tocaba solo por ahí. Pero no me compensaba, porque me agobiaba mucho y yo quiero tocar con más gente.

-¿Por qué empieza Musel?

-Empezó a hace muchos años, como en el 2011 o una cosa así, y lo hizo con la idea de escapar de lo que hice siempre, que era un poco más experimental. Yo aquí tenia ganas de a ver si era capaz de hacer canciones sencillas de pop, con estribillos y esas cosas. Me junté con unos amigos en Lugo, empecé a tocar y, bueno, luego llegó eso de los trabajos, las sustituciones de miembros y el no poder concretar. Eso hace que todo vaya lento. Esto es como la Seguridad Social [risas]. Pequeños retrasos que, al final, se hacen inmensos.

poster-15-¿Quería reaccionar a lo que hacía antes?

-Sí, cosas clásicas, con tres acordes. Yo tiraba hacia un rollo más ruidista y progresivo. Valetudo, pro ejemplo, eramos folk progresivo. Ahora no quería rayarme la cabeza

-Low o Galaxie 500 son algunas de sus referencias. No parecen muy pop, ¿no?

-Hombre, para mí Galaxie 500 es una de las cosas más pop que existen. No dejan de ser canciones muy sencillas, con coros y estribillos.

-Ya, pero cuando pienso en pop pienso en Teenage Fanclub no en Galaxie 500.

-También me gustan mucho ellos. La verdad es que Musel tiene varios tipos de canciones. Intentamos reflejarlo un poco en el disco, que cada una es de un rollo diferente. Pero tenemos más clases [risas]. Los últimos temas que hacemos son más en la onda de Yo La Tengo de los noventa.

-¿Su disco podría haber salido en los noventa en cuanto estilo?

-Sí, totalmente. La verdad es que es lo que más me influye. Sobre todo los grupos españoles, como Manta Ray. Ellos fueron mi referencia. Yo veía a Manta Ray y decia:«Quiero ser como ellos».

-Mucho Manta Ray no le veo, pero sí Sr. Chinarro o Paperhouse.

-Paperhouse no sabía ni que existían, hasta que salió el primer disco de Nacho Umbert y los escuché. Me gustaron. Pero Sr. Chinarro es otra cosa. Los discos de Acuarela son para mí una influencia vital, más que musical. Son muy grandes.

-De hecho, la portada de «Rabuña» es bastante «chinarra». ¿Es deliberado?

-No, la verdad es que no. Fue cosa de Iván y Eva, que lo hicieron todo. Teníamos una idea abstracta de hacer algo muy atlántico y gallego, pero sin caer en el tópico del cruceiro o el hórreo. Se nos ocurrió de los toxos con mar de fondo. Eva lo pasó todo por unos filtros y la verdad es que creo que quedó muy guay. Fue todo muy casual.

-Había un cuño gallego mayor: el idioma. ¿Una regla?

-Sí, es la única norma de Musel: todos los temas serán en gallego. Nació así y así seguirá, porque si no habría que hacer otro grupo. Ellos están encantados. De hecho me dicen que en A Veces Ciclón se les hace raro escucharme cantando en gallego.

-Canta sobre estados de ánimo, del amor que flota…

-Sí, amor, amistad, las relaciones humanas…

-También lo hace en A Veces Ciclón. Habla muy en abstracto, como si no quisiera concretizar. ¿Es así?

-Ummm… Yo canto de una sensación que tuve con una persona y los sentimientos están claros. Solo faltaría darle nombre, pero es algo que no voy a hacer. Son cosas que te pasan.

-Yo se lo decía porque ese ensimismamientos que ahora se critica del indie, de hablar mucho de uno mismo y no de lo que pasa fuera.

-Para lo bueno y lo malo paso totalmente de todo, de las corrientes de las modas y de lo que le pueda parecer a la gente las cosas. En mi día a día soy una persona muy comprometida, con mis ideas, pero en la música no lo demuestro de manera muy evidente. Una canción como Trebón habla de política, pero habla de ella a mi modo. Hago guiños, por ejemplo en la frase de hablo del sol, pero si lo explico pierde la gracia. Yo soy más de ambientes que de decir cosas, como hace Nacho Vegas. Me gusta más sugerir que explicar.

-¿No se ver haciendo algo como Nacho Vegas?

-No, ahora mismo no, desde luego. No es la manera en la que estoy acostumbrado a trabajar. Nacho supongo que escribirá mucho y luego hará música. Yo escribo primero la música y luego hago la letra, a veces con todo cerrado. Es como una ingeniería de encajar sílabas

-¿Cómo discrimina qué va para un proyecto musical y qué para para el otro?

-Ahora solo tengo dos grupos. En A Veces Ciclón el 90% de las canciones con con arpegios de guitarra y finger pinking. Musel es púa, tres acordes y melodía en la voz. Cuando estoy haciendo una canción ya tengo clarísimo si va para Musel o para A Veces Ciclón. La púa es la que marca la diferencia.

-¿Sabe en cuantos grupos ha estado?

-Creo que en 11. Y los que quedarán. Música siempre voy a hacer.

Linces Pop y Los Chavales estarán en Los conciertos de Retroalimentación

miércoles, febrero 10th, 2016
Autosave-File vom d-lab2/3 der AgfaPhoto GmbH

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La actuación de Musel + Mano de Obra del próximo sábado 13 de febrero, no será el único de Los conciertos de Retroalimentación de este mes de febrero. El próximo día 27 (Playa Club, 23 horas, entradas 6/8 euros) tendremos una cita muy especial y algo atípica dentro de la dinámica habitual. Viajaremos al pasado y lo traeremos al presente. Sí, Linces Pop, una formación de rock surgida a finales de los años sesenta en Santiago, se subirá al escenario del Playa Club con la misma intención de antaño: hacer música de garage con dulzor pop pero aristas roqueras.

Lo que el viento no se llevó, el disco que acaban de editar, es una demostración de lo que era el grupo entre 1967 y 1971. Versiones castellanizadas de Paint In Black, Baby Come Back, Somebody Help Me, o Massachussets (aquí retitulada como Compostela), al estilo de lo que hacían Los Salvajes. En su día estas canciones fueron difundidas en clubes, casinos, salas de fiesta y verbenas de muchos sitios de Galicia y alguno de León con una regularidad pasmosa. Incluso llegaron a salir en TVE interpretando el Whole Lotta Love de Led Zeppelin en un hilarante inglés inventado. Como ellos mismos dicen entonces lo fácil era tocar, lo complicado grabar. Justo al contrario que ahora.

Ahora Los conciertos de Retroalimentación los incluye en su programación como un acto de justicia. Y los coloca junto a Los Chavales, la banda compostelana empeñada en seguir tirando del hilo sesentero con la intención de hacer vibrar a todo.

El romanticismo al estilo Savages

jueves, febrero 4th, 2016

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Causaron impacto en 2013 con Silence Yourself, su notable debut. Pero, sobre todo, nos pusieron frenéticos con un directo arrollador. Las londinenses Savages lograban esa mezcla perfecta de impacto físico, visual y emocional que no admite resistencia. Por mucho que algunos quisieran poner el escudo de las influencias demasiado obvias (Siouxie an The Banshees), las inevitables (Joy Division) y las otras que no se resaltaron con la misma intensidad (Sleater-Kinney), su poderío resultaba total. Dentro, letras que invitaban a la acción como «Vivimos una época de muchos estímulos / Si estas concentrado eres más difícil de alcanzar / si estás distraído estas disponible (…) Tal vez lo deberíamos de desconstruir todo / Quizá deberíamos recolocar todo de nuevo» (Shut Up) Fuera, apretando puño, apretando los nervios del estomago, apretando la respiración misma. Y haciendo sentir en el oyente el placer de la catarsis.

Ahora llegan con un segundo álbum con menor sensación de rodillo, quizá. Menos incisivo en ocasiones. Y menos flamígero, en general. Pero igualmente emocionante. Adore Life resulta algo imprevisible si tenemos en cuenta Silence Yourself. Se trata, ni más ni menos, que el canto a la vida y al amor al estilo Savages. Un impulso que se abre camino entre la zozobra, los climas insanos y algún que otro clímax. «Entiendo la urgencia de la vida / a lo lejos hay una verdad que corta como un cuchillo / Tal vez voy a morir mañana, así que tengo que decir / Adoro la vida», canta Jenny Beth en el tema homónimo. Se trata de la cumbre expresiva del disco, una cristalización musical del «pese a todo -el entorno doloroso, el futuro complicado, mi tristeza congénita- quiero vivir y disfrutar de la vida». En el tramo final, con la cantante desdoblando su voz del tono más grave a la luz de un agudo infinito y arrebatador, se siente ese resplandor en su/nuestro rostro. Pellizco. Ummm… Sí, esta es la música que tanto echábamos de menos.

La tripleta inicial –Answer, Evil y Sad Person– podría hablar de continuismo sonoro con su álbum precedente. Hay post-punk. Hay sensación de avalancha sonora. Hay música directa-pero-enrarecida. Normal lo tercero. Los conflictos emocionales acuden a la cita. Primero con una viciada atmósfera sentimental ( “Si tú no me amas /entonces no amas a nadie»), en la que incluso se apela al mortificante «quédate a dormir conmigo, podemos ser amigos». Segundo, mostrando a la iglesia francesa sus uñas por su oposición al matrimonio homosexual («Solo hay una manera de formar la familia / Te aprieto el cerebro hasta que te olvides»). Y tercero, hablando de la revolución cerebral que causa el enamoramiento en las personas («El amor es una enfermedad / La adicción más fuerte que conozco / ¿Qué ocurre en el cerebro? / Es lo mismo que la urgencia de la cocaína / Cuanto más tienes, más quieres»). Sí, el amor, toda clase de amor, es la respuesta. Lo cantan. Lo tocan. Y lo exhiben sin pizca de dulzura. Al estilo Savages.

Pese a este arranque, Adore Life pronto se muestra como un álbum de claroscuros, de bajones y subidones, de ambientes viciados e intermitente chorro de ruido. La citada Adore Life abre esa otra puerta. Se habla de PJ Harvey, de Nick Cave & The Bad Seeds, de Swans, incluso de Scott Walker. Teniendo en cuenta que se trata de su segundo capítulo y que continúa-pero-contrasta un notable puñetazo inicial se podría decir que se trata de su Dog Man Star (Suede) particular. Paralelismos y filias al margen, lo cierto es que en este álbum Savages apelan al post-punk pero, de su mano, exploran meandros desconocidos. En ese sentido, el trabajo de las tres compañeras de Beth resulta excepcional. La inteligente bajista Ayse Hassan pasando de la geometría rítmica a la línea recta con solvencia; la eficaz batería Fay Milton siempre en su sitio, descartando el exhibicionismo; y la guitarrista Gemma Thompson brillando de manera muy especial, con muros de ruido, marañas de tensión y arpegios de lágrimas.

Hay calma tensa. Lo sugiere Slowing Down The World, con su bajo de tiralíneas. Y lo muestra Surrender, con su ritmo atascado en el ruido como una radiografía musical del miedo y la rendición «(¿Sentiste la presión de crecer dentro de su cerebro / Donde cada nervio está en llamas?»). Hay también tormenta, cuando muestra la voracidad del amor en la pjharveyana When I’m Love o en T.I.W.Y.G., donde vuelve a jugar con la metáfora de la droga: « No importa quién está bien o mal / Todo lo que quieres es esa sensación de nuevo / Cuando alguien se ha instalad en tu cabeza». Todo para terminar el disco bajo mínimos, entre rugidos, voces bajas y sensación de angustia. El amor es así, parece concluir en Mechanics, esa pieza oscura con brillos metálicos que cierra el disco diciendo que cuando el amante entra en la cama «dolor y placer tocarán mi mano». Al tiempo, pide «hacer todas las cosas que nunca he hecho». Así, de manera tenebrosa pero con luz, sin concesiones a la dulzura ni a lo que en el pop se entiende normalmente como un disco de amor.

Es el romanticismo al estilo Savages.

David Bowie calmando a adolescentes

miércoles, febrero 3rd, 2016

rebel

Me detengo ayer en un kiosko a comprar una revista de música. Portada, cómo no, David Bowie. ¡Este mes me las pillo todas! «Debe traer un especial dentro, todas lo traen este mes», advierte la dependienta. «Aproveche, porque dudo que venda tantas revistas de música este año», le digo. «¡Qué va! Estos chavales no conocen a David Bowie. Es como la política. Mucho Pablo Iglesias y mucha historia, pero le preguntas quién es Adolfo Suárez y no lo saben», contesta ella frustrada. Se le nota muy quemada. «No tienen cultura, ni tienen nada, solo saben molestar e incordiar. Si leyeran algo o escuchasen música al menos», añade.

La mujer tiene el kiosco situado en una zona en la que el pasado verano fueron frecuentes las reuniones de adolescentes que, a veces, terminaban en pelea. Me enseña cómo le destrozaron el techo de su habitáculo. También me relata otras fechorías de los niños. «Los políticos pasan de todo. ¿La ley del menor para qué sirve? ¡Para que hagan lo que les de la gana!», me espeta. Yo le digo, tirando de oficio pero también de (triste y pragmática) realidad, que la próxima vez llame el periódico. Desde que salió una información de una macropelea frustrada en esa zona, vaya, jamás se volvieron a registrar incidentes: «Los políticos son todos así: si no ven el follón en el periódico hacen como si no existiera. Mire el botellón, cuando los vecinos se echaron a la calle y empezaron a llamar a los periódicos en vez de al 092, terminaron por prohibirlo en los lugares conflictivos, después de estar años diciendo que no pasaba nada». Ella asiente.

Después de diez minutos de “raje ciudadano”, con el consabido «todos los políticos son iguales», nos despedimos. Camino hojeando el Popular 1 que me acabo de comprar: una doble portada con dos peligros públicos para las sociedades de su momento: Lemmy Kilmister y David Bowie. A mi cabeza acude el “Rebel, rebel” del segundo. Es algo muy común cuando camino por la calle: su riff vigoriza los músculos de las piernas. Y se entremezcla con la conversación de “vecinos quemados” de minutos antes. «Si leyeran o escuchasen música, al menos», decía ella. La frase se queda. No sé si se refería a que escuchando Ziggy Stardust los chavales no estarían incordiándola. Pero, una vez más, me ha hecho reflexionar del papel del rock en el 2016.