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John Lennon en diez canciones

Escrito por Javier Becerra
9 de octubre de 2015 a las 7:30h

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De no haber sido asesinado en diciembre de 1980, John Lennon cumpliría hoy 75 años. La efeméride servirá para recordar, una vez más, su papel fundamental en la cultura del siglo XX, su condición de icono social universal y, sobre todo, su capacidad de hacer canciones eternas que se encuentran entre los mayores hitos de la música pop. Es en este tercer vértice en el que se van a recrear estas letras. Estas son (algunas de) las 10 mejores canciones de un músico fundamental.

1. I’M THE WALRUS (1967). ¿Una canción protesta teñida de surrealismo? ¿El abandono de Lennon a las sensaciones experimentadas con el LSD? ¿Una ruptura total de su fantasía para liberar la pena de la muerte de Brian Epstein? I’m The Walrus continúa hoy en día siendo un fascinante dilema. Iniciada con ese dulce vaivén re-que-te-i-mi-ta-do-has-ta-la-ca-cie-dad, continuada por un arreglo orquestal magnífico y puesta en funcionamiento por esa (infravalorada siempre) batería perezosa de Ringo Starr, abre el telón para un autor en estado de gracia. Estirando vocales y rascando ligeramente la garganta invita: «Yo soy él y tú eres yo y todos somos a la vez / Mira como corren como cerdos ante un rifle, mira como vuelan / Estoy llorando». Como una tormenta lírica llega al oyente, que no entiende nada pero lo entiende todo. Se ha llegado a decir que dentro de ese maremagnum pop se reparte estopa a los profesores que soportó Lennon de niño, a la policía e, incluso, a la idea misma de Inglaterra. También que ironizaba sobre la corriente psicodelia en general. Sea como sea, casi medio siglo después continúa trasmitiendo la sensación de entrar en un mundo pop de colores distorsionados, en los que la alegría nace de la tristeza y busca una vía de escape. ¿A dónde?

2. STRAWBERRY FIELDS FOREVER (1967). Otra introducción para enmarcar abre el sinuoso camino hacia un mundo ideal, esta vez conectado con la infancia. «Déjame llevarte a allá / porque voy a los campos de fresa / nada es real y no hay nada para perder el tiempo / campos de fresa por siempre», canta con una profunda melancolía hacia el paraíso infantil que una vez se fue para echarlo siempre de menos. De hecho, el Strawberry Fiel es el nombre del orfanato que había junto a casa de Lennon y en cuyo jardín jugaba de niño. Con una atmósfera muy especial la canción, de belleza legañosa, juega con las velocidades, las cintas al revés y los arreglos imposibles en una explosión de creatividad liberada de todas las cadenas. Una vez más, The Beatles estaban dibujando el futuro del pop con trazo maestro.

3. A DAY IN THE LIFE (1967). Considerada por algunos estudiosos como la mejor canción pop de la historia, A Day In The Life supone el cierre apoteósico de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, seguramente el disco beatle que se grabó con la mayor conciencia de revolución de todos los suyos. Surgida de ideas captadas de una lectura del periódico de Lennon, en la que se hablaba de la muerte de una amiga para unas páginas más adelante hacer una media de los agujeros por habitante de una carretera, bien podría tomarse como una crítica a los medios. A falta de paralelismo mejor, lo fácil es catalogarla como una mini sinfonía pop. Diferentes melodías, voces que parecen perderse, instrumentos que surgen de manera inconexa, una tormenta orquestal que lo precipita todo, una melodía que surge clara y nítida en labios de McCartney… Lo difícil es desentrañar toda la riqueza condensada en 7 minutos que parecen 70. Pero lo mejor de todo, es tumbarse, escucharla con cascos y dejarse impresionar una vez más.

4. TOMORROW NEVER KNOWS (1966). El sonido de The Chemical Brothers tres décadas antes. Si Revolver (1996) era la respuesta a Pet Sounds, con este tema The Beatles avanzaron un puñado de pasos más allá. Posiblemente, se trate de representación musical de un viaje de ácido más lograda de la historia. Se compuso en una época en la que Lennon estaba totalmente inmerso en la cultura psicodélica y, hoy por hoy, supone la mejor banda sonora posible del cambio que se produjo en la cultura occidental en los años sesenta. Así lo vieron en la serie Mad Men, cuando Don Drapper la escucha mientras busca una explicación sobre el cambio que estaba tomando EE.UU. a finales de los sesenta. Hipnótica gracias a ese loop que recoge la batería de Starr, caleodocópica debido a su anárquica arquitectura sonora y sensitiva por la infinidad de estímulos que genera, se trata de la pérfecta síntestis entre emoción y sorpresa, ente placer y trascendencia. Una obra de arte totalmente rupturista que se adelantó, ya lo ven, treinta años.

5. TICKET TO RIDE (1965). Definida por Lennon como la primera canción heavy metal de la historia, lo cierto es que Ticket To Ride surge como toda una oda melódica a la Rickembaker de 12 cuerdas. Todo ello con el inestimable apoyo de un ritmo pesado de (infravalorado una vez más) Starr. Parece ralentizar su fluidez. Y la convierte en algo realmente delicioso. Entre ambos contrastes se logra una pieza definitiva que parece adelantar la revolución a la que se iba a someter en los próximos años. La canción ya supera los tres minutos, la melodía fluctúa de manera ondulante y se advierte una clara intención de retorcer conceptos. Un año después The Who entregarían The Kids Are Allright, que parece continuarla.

6. YOU’VE GOT TO HIDE YOUR LOVE AWAY (1965). Canción claramente influenciada por Bob Dylan, se trata de una genialidad que deslumbra por su sencillez, su capacidad de emocionar y la facilidad para aprehender las enseñanzas de otro músico ofreciendo algo totalmente personal. Muchos de los estudiosos en The Beatles la relacionan con Brian Epstein, el mítico manager que gestionó la beatlemanía. Homosexual, supuestamente estaba enamorado de John Lennon y la leyenda reza que esta canción (tienes que esconder tu amor) en realidad habla de él.

7. JEALOUS GUY (1971). Persona de extremos, ya en solitario John Lennon enterneció al planeta con esta preciosa canción en la que abría su corazón, pidiéndole perdón a Yoko Ono. Aunque el autor haya dicho que no es autobiográfica, sino que responde a una declaración de principios, lo cierto es que biográficamente parece ser la respuesta a la espiral autodestructiva en la que se embarcó tras la separación de los The Beatles y la posterior búsqueda de redención. «Yo nunca quise herirte / siento haberte hecho llorar / oh no, no quise herirte / soy solo un hombre celoso», dice con una delicadeza inmaculada. Se torna en puro delirio cuando el artista termina por silbarla.

8. COME TOGETHER (1969). Un blues modernizado, con pausas precisas, tensión sabiamente mantenida y pequeñas explosiones guitarreras. Aquí sí que se está cocinando el sonido hard-blues que derivaría en el hard-rock. También una invitación a abrazarse a la libertad, con reminiscencias de I’m The Walrus. Y unos últimos guitarrazos en la carrera de un grupo que empezaba ahí a despedirse.

9. IMAGINE (1971). Eternamente vilipendiada por ñoña, utópica e infantilmente idealista. Sí, pero lo cierto es que Imagine logra durante sus tres minutos y pico inyectar en el oyente un espíritu de pureza muy particular. Semeja que lo empuja a ser mejor. Sustentada por un piano que, poco a poco, se enriquece, esta pieza pacifista en la que un millonario nos habla de un mundo sin posesiones custodiado por su mujer. Al margen de las contradicciones, el tema resulta formalmente irreprochable y todo un icono de una época. Para muchos, supone el mejor retrato de su autor.

10. WOMAN (1980). Posiblemente, su última gran canción. Tan buena era que, en los nombres provisionales antes de editarlo, la llamaban “la beatle”. Pese a la plasticosa producción víctima de la época, su melodía engatusa. «Mujer por favor déjame explicar / Nunca quise causarte pena o dolor / pues déjame una y otra y una y otra vez decirte / te amo, si, si / Ahora y por siempre». Por supuesto la destinataria de esos versos era Yoko Ono.

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