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Archivo para enero, 2015

Apenino: «Uso el gallego por algo personal, no porque haya unas ayudas, como pasó en su momento»

viernes, enero 30th, 2015

Es un placer tener en Los conciertos de Retroalimentación a Apenino. Ya en los tiempos del Feedback-zine, Dar Ful Ful, el anterior grupo de Marco Maril, se convirtió en una de las formaciones de referencia de la web. Intentando de todas las maneras que tocasen en A Coruña. Pero no pudo ser: se disolvieron antes de llevar a cabo este recital. Nos desquitamos luego con Apenino, el proyecto en solitario de Marco. Con la edición de Bumerán, bumerán le organizamos una pequeña gira en A Coruña y Ourense. Por ello es toda una alegría recuperarlo con un disco tan bonito como Viravolta, una especie de «todo sigue siendo lo mismo pero muy diferente» con el que Marco sigue instalado en esa estrella de la constelación del pop tan especial. Mañana estará con nosotros (sábado 31, Casa Tomada, 20.30 horas, 5 euros) en el doble cartel que lo trae con A Veces Ciclón. Y va a ser una noche deliciosa.


-Se estrena con el gallego. ¿Le pregunto por el motivo o mejor por qué ha tardado tanto en hacerlo?

-Surgió de forma natural, pero sí, la pregunta que me hago ahora es por qué no lo utilicé antes. Veo que el resultado me gusta mucho y supongo que había muchos prejuicios en general con el uso del idioma gallego en el pop. Aparte de ser un idioma muy musical y poético, está el hecho de que emplear un idioma propio le da un componente más personalizado a lo que haces. Yo uso el gallego. En mi casa mis padres hablan en gallego, aunque luego con nosotros hablaban en castellano. Soy de esa generación un poco extraña. Luego ves que lo hablan tus padres y tus abuelos y empiezas tú a utilizarlo.

-No es el único. Por ejemplo, el último caso es el de Chicharrón, que también van a cambiarse de idioma. Parece una tendencia más natural que otros intentos anteriores, más promovidos políticamente.

-Cada uno tendrá las intenciones que tenga. Yo lo desconozco. Políticamente, siempre resalto que yo no me considero una persona nacionalista. El uso que hago yo del gallego no es político, aunque sí que parte del sentido de que, en estos momentos en los que hay un poco de oscuridad del idioma por el poco cuidado que se está teniendo por parte de los gobernantes, sí que quería poner mi granito de arena. Pero eso no tienen nada que ver con una ideología nacionalista, ni española ni gallega. Yo creo que la libertad de los pueblos, en la libertad de fronteras.

-No me refería a eso. Pensaba en cosas como la TVG en los noventa con la música

-Sí, son movimiento que parte de darle un contenido nacionalista a la cultura.

-Bueno, nacionalista, nacionalista, no creo. Gobernaba el PP…

-Sí, pero los argumentos que se usan buscan ese tipo de intenciones. A mí no me gustan.

-De todos modos, la suya me sigue pareciendo una postura política aunque no la haga un político. ¿No cree?

-Sí, pero mi uso del gallego es algo personal, no porque haya unas ayudas, como pasó en su momento. Yo cuando tuve el sello Splat me ocurrió. Me decían “¿Por qué no pones una canción en gallego y así podéis conseguir que os subvencionen el disco?”. Y yo pensaba: no voy hacer nunca una canción en gallego por eso. Y sí que había muchos grupos que hacían canciones en gallego por ese motivo. Por ejemplo, en las grabaciones que se hacían en la Radio Galega te exigían tener como mínimo un tema en gallego y te graban el disco gratis. En su día a mí, por ejemplo, me llamaron para tocar en el Curturgal. Cuando estaba todo cerrado me llaman y me dicen “Mira, es que nos dimos cuenta de que no tienes repertorio en gallego”. Curiosamente, en ese mismo Curturgal tocaba Nacho Vegas que, que yo sepa, no canta en gallego. Cuando era la época del Bipartito se daba esa paradoja: se promocionaba un grupo de fuera pero de dentro, si no cantabas en gallego, no te contrataban ni te daban bola. Son cosas que no tienen sentido.

-Llevaba mucho tiempo sin sacar un disco grande. Seguro que hubo gente que pensó que Apenino era ya parte del pasado. ¿Estuvo en riesgo en algún momento el proyecto?

-No, la verdad es que no. En estos años en los que parece que no he hecho nada la verdad es que he hecho un montón de cosas. Lo que sucede es que no han trascendido tanto como la salida de un disco. Saqué varios singles, hice colaboraciones con Rafael Romero y Mónica Vacas, hice cosas de diseño sonoro… Lo que pasaba es que no tocaba en directo, porque el trabajo no me lo permitía. Ahora soy más activo, pero siempre estaba en mi estudio trabajando.

-Pese a que supuestamente Internet lo había cambiado todo, lo cierto es que los ciclos de los músicos pop los continúa marcando los elepés.

-Sí, es sorprendente, en eso no ha cambiado nada. Yo no estuve desaparecido, lo que pasa es que aparecía de otro modo.

-Si hacemos un puente desde “Un rayo de sol” hasta “Viravolta” lo cierto es que continúa ese sonido electrónico marca de la casa. ¿Hay un canon ya definido en Apenino?

-Bueno, en los singles hubo canciones más acústicas, con ukeleles y esas cosas, pero ahora tiendo cada vez más a lo electrónico. En este disco esa huida hacia lo artificial es muy evidente y premeditada. Prácticamente, no hay elementos acústicos. Los ukeleles que hay son eléctricos y no llevan el peso de las canciones. Estoy muy cómodo en ese formato.

-Antes usaba una mandolina eléctrica, ahora un ukelele. ¿Tendencia a lo pequeñito?

-[risas] Sí, siempre me gustan las cosas pequeñas. Tiendo siempre a ello. Si encuentro un aparato más pequeños siempre acabo por ahí. En lo analógico, especialmente. El sonido de las cosas pequeñas me atrae mucho más.

-Es un poco paradójico que haga este disco pensando en que va a tener un apoyo amplio de directo y que, al mismo tiempo, sea tan de estudio.

-Sí, en directo cambia mucho. En general me interesa que varíe bastante. Cuando voy con el proyecto de banda, con Linda Guilala aún tiene algo de relación con el disco. Pero cuando hago yo conciertos solo, cambia mucho más. Pienso que antes existía un poco de ese complejo de ir a un concierto y, si no te encontrabas lo mismo que en el disco, protestabas. Ahora veo que es diferente. Vas a un concierto y casi esperas que la persona haga algo distinto. Creo que es bonito.

-Usted con el directo siempre mantuvo una relación incómoda, ya desde la época de Dar Ful Ful. Le vi en el Festival Microscopico mucho más feliz. ¿Ya ha encontrado su sitio?

-Sí, esa evolución la noto. En su día llegaba a ponerme físicamente enfermo cada vez que tenía que tocar. En unos conciertos que tuve de la época de Bumerán, bumerán llegué incluso a perder la capacidad de caminar. Todo estaba asociado al estrés. Tenía muchos problemas, me emparanoyaba mucho. Para mí era casi enfrentarme a un abismo. Con los años he aprendido a quitarme un poco ese miedo y ahora puedo incluso decir que lo disfruto. Lo paso bien.

-El disco arranca con una mirada a Lois Pereiro y un guiño a Alan Vega y Suicide.

-Sí, escuchaba mucho a Suicide en esa época. Y sí que hay un guiño a ese sonido, no tanto en lo estructural, pero sí en la sencillez de arreglos y sonidos que se utilizan. Quizá tenga más que ver con Alan Vega, cuyo trabajos en solitario también me gustan mucho. Quería casar esos dos mundos.

-Me cuesta “casarlo” con esos dos personajes de vidas tan oscuras, al límite y roqueros. Le veo más amable, más pop, más reposado.

-También tengo mi lado oscuro. En mis gustos el espectro es súper amplio. No lo veo tan alejado. De hecho, Lois sí que era un poeta oscuro, pero yo tengo coincidido con él en conciertos de lo más variado. Muchos de mis artistas favoritos tienen ese punto trágico. Siempre me ha atraído eso, aunque yo sea de otro modo.

-Alguna vez he pensado como fan que “uso” a los artistas, como que ellos viven las experiencias que yo no puedo vivir. Moralmente me ha hecho pensar alguna vez sobre la perversión que se puede tener como oyente.

-Al final todo es jugar con la fantasía. Tanto la música como la literatura o cualquier tío de arte, muchas veces es acercarte a espacios o ambientes en los que tú nunca entrarías por tu rutina diaria o por ciertas formas de vida. Pero, a lo mejor, las disfrutas porque te son ajenas y muchas veces lo ajeno te hace sentirte atraído. Yo siempre digo que en aquella generación de Lois, donde tantos cayeron en la droga, no sé hasta qué punto si hubiéramos vivido ahí hubiéramos también caído en ese tipo de mundo. Seguramente. Eran gente como nosotros, inquieta en los musical, lo poético y lo cultural.

-El periodista David Saavedra escribió una nota promocional del disco en la que destaca como una característica global suya “el nudismo a la ahora de afrontar la canción”, en referencia a lo mucho que se expone en las canciones. Esta vez, sin embargo, da la sensación de que está buscando más fuera que dentro. ¿Hay un cambio?

-Pues sí, es mi disco menos autobiográfico. Hablo poco de mí y luego acudo a Lois, a Xulia Alonso,… Acudo a cosas ajenas. De todos modos, quizá hablo menos de mí, pero creo que se me puede conocer mejor a través de este disco porque doy mi punto de vista sobre esos temas. Por ejemplo, en las canciones más sociales, tocaba otro tipo de exploración, no tan íntima y sí más colectiva.

-En ese sentido hay un impulso generalizado en el indie de afrontar esas temáticas que si salían en el heavy, en el hip-hop o en la música de autor.

-Es que antes estábamos adormecidos. La situación era mejor que ahora.

-Entonces la gente estaba intentando no ser mileurista.

-Tampoco era para echar cohetes, pero lo de ahora es dramática en lo económico, en lo social, en todo. Hay muy poca visión de futuro. Son años muy oscuros. Antes no lo vivíamos de esta forma. Ahora está tan latente en tu vida y en la de los demás que resulta imposible no hablar de eso.

¿En ese sentido no hay, como en el caso del gallego, la pregunta de por qué no se hizo antes? Se lo pregunto en particular y en general.

-En mi caso no me pedía hablar de eso, pese a ser una persona muy crítica, muy de izquierdas y muy interesado en la política. De hecho, estudié Ciencias Políticas. Sin embargo, ese tipo de temas nunca me atrajeron para la música.

-¿Cuándo se rompe esa separación?

-La situación. Si de repente aquí todo el mundo viviera bien y existiera un respeto a la dignidad social de cada uno, pues probablemente habría que tratar distintos temas. Pero, por ejemplo, La estafa social responde a ese sensación de vivir en un momento de estafa total, de caradura de la gente que gobierna. En su día no la viví. Ahora sí, y no puedo evitar hablar y denunciar ese tipo de coas.

-Luego hay otra, titulada “Opresión” en la que no sé si juega con la metáfora de una mujer maltratada o acentúa la crisis en la mujer. ¿A qué juega ahí?

-Ese tema es parte de un trabajo que hice con la artista Mónica Mura, que iba sobre la opresión social en el mundo de la mujer y de su papel en esta crisis. Se habla de violencia de género, de desahucios, de la violencia infantil… Pretendía hacer una pieza pop de una pieza larga instrumental que daba juego a las imágenes de Mónica. Me parece otro de los temas importantes que nunca somos capaces de superar socialmente. Por mucho que se hable del tema y por muchas medidas que se tomen, siguen apareciendo mujeres maltratadas y mujeres asesinadas.

-Una de las mejores noticias del disco es reencontrarse con la voz de Mónica Vacas (Mus). ¿Cómo logró incorporarla a Apenino?

-Fueron cosas del destino. Trabajé mucho con ella, por cosas que estaba haciendo con Rafael Romero y proyectos para Sinsal. Poco a poco fuimos entablando una conexión y, cuando preparaba la versión de La leyenda del tiempo de Camarón, veía que mi voz no funcionaba. Pensé en ella. Se lo propuse y, curiosamente, para ella esa era una canción muy especial porque le recordaba a su padre. Entonces, fue como una casualidad. Luego surgió Opresión y la cosa esta abierta a nuevas colaboraciones.

-¿Era usted fan de Mus?

-Sí, mucho. Me encanta su voz. Cuando empezó a cantar en los discos de Árbore que hicimos Rafa y yo, veíamos como las canciones que tú hacías las cantaba ella y adquirían un salto cualitativo impresionante. Escuchabas eso y te preguntabas: ¿pero cómo puede ser que esta mujer no esté cantando?

-¿Y qué tal hacer un disco completo cantado por ella?

-¡Ojalá! A mí cantar es lo que menos me gusta, y me encantaría. Ya veremos qué pasa.

-¿No da un poco de coraje versionear a Camarón de la Isla del modo que lo hace usted?

-Bueno, como todo lo que hago surge de una manera natural. Esa era una de mis canciones favoritas de todos los tiempos. Entre en el mundo de Camarón a través de Paco de Lucía, por el tema de la guitarra, que me interesaba mucho. Esta canción era como sagrada. Todo el mundo me decía ¿pero te vas a atrever? Pero a mí me gustan los retos. Y cuando haces algo sobre el que no buscas el rendimiento económico y el qué pensará la gente, te puedes permitir este tipo de lujos.

-Pues si a los puristas del flamenco ya no les gustó lo de Los Planetas, no quiero pensar qué pasará con este.

-Bueno, cada cual lo ve cómo lo ve. No está hecho con la intención de herir a nadie ni provocar, sino todo lo contrario: es respeto absoluto y admiración total.

A Veces Ciclón: «Ojalá me saliera música como la de Delorean, rular por el mundo y poder vivir de ello»

miércoles, enero 28th, 2015

Se nos habían escurrido en anteriores ocasiones, pero esta vez A Veces Ciclón actuarán dentro de Los conciertos de Retroalimentación. Vienen con las sensaciones frescas de la grabación de su segundo disco, registrado esta misma semana a las órdenes de Rafa de Jr. Una vez más Óscar Vilariño, Xavi Muñoz y Marcos Junquera se perderán en la quietud de esas canciones que están ahí, en uno de los caminos secundarios del pop español que apenas tiene señalizaciones en el mapa global. Se trata de piezas circulares, que se recrean en sensaciones y logran la misma complicidad de un susurro. Herederos de grupos como Viva La Vegas, Mus o Jr, A Veces Ciclón insisten en la rareza, rechazan la obviedad y enamoran en cuando menos te lo esperas. Pruébalos este sábado en el concierto que darán junto a Apenino (Casa Tomada, 20.30 horas, 5 euros).

-¿Es cierto que el nombre del grupo tiene relación con Juan Pardo?

-[se ríe] Sí, es una frase que usa en la canción Bravo por la música, que es una canción bastante guay. Cuando estaba formando el grupo, escuchaba esa canción, porque periódicamente regreso a Juan Pardo y me dije “Hay que hacer eso”. Se lo propuse a Marcos y adelante.

-O sea, que es fan de Juan Pardo.

-Juan Pardo tiene temazos. A mí me gusta toda la música. Me gustan las canciones buenas y Juan Pardo tiene muchas.

-Empezamos bien. Supongo que un fan de A Veces Ciclón le constaría hacer algún tipo de relación con Juan Pardo.

-Bueno, a mí no me gusta la palabra ecléctico, porque es que un poco pedante, pero lo cierto es que yo escucho desde copla hasta doom. Me gusta la música, sin más.

-Al margen de ese eclecticismo, sí que se ve claramente una línea que les conecta con el sello en el que están. ¿Son hijos de lo que fue Acuarela en los noventa?

-Sí, aunque yo llegué tarde a esa música. Antes escuchaba cosas ruidosas, tipo Sonic Youth, que es mi grupo favorito. A raíz de descubrir a Mus, Viva Las Vegas o Jr me quedé atrapado. Coincidió que también empecé a escuchar americana, cosas de Giant Sand y me dio por una música más tranquila. Descubrí todo eso de golpe y sí que me considero muy influenciado por esa música. En los inicios me inspiraba mucho, por ejemplo, con Sr. Chinarro por esas letras surrealistas.

-Uno de los grupos que más les toca es Jr, una de las anomalías más inexplicables del pop patrio. Yo era muy fan de “127”. La primera persona que conocí que también le gustaba fue a usted. Para mis compañeros de piso en la universidad ese disco era lo peor.

-[se ríe] Yo también se lo ponían a todos mis amigos y todos ponían cara rara. A mí me parece una obra maestra. Me ha influido mucho. Soy bajista en origen y empecé a tocar la guitarra sin saber. Me inspiré en ese rollo super minimalista y el estilo me marco mucho. Aprendes a tocar con los discos que escuchas. Y ese lo escuché muchísimo

-Sus canciones giran y giran sobre esas estructuras sin que lleguen nunca a explotar. ¿No hay un momento en el que el cuerpo les pida una estampida?

-Sí, yo escucho música épica y todo lo que compongo me suena muy épico. Por ello, siempre tiendo a recortar. A veces sí que puede ser que peque de eso, pero estoy contento de cómo son las canciones y Xavi y Marcos siempre dicen que así están guays.

-No lo digo como un defecto, sino como una seña de identidad.

-Cuando empecé fue una limitación, lo reconozco. Pero luego me acomodé en eso, lo pulí un poco y ya no le di más vueltas. Me encuentro muy cómodo ahí.

-En sus letras no se percibe una intención de lanzar un mensaje muy nítido, sino recrearse en sensaciones. ¿Es así?

-Para mí sí que tienen mensaje, pero está oculto. Yo me tomo las letras de A Veces Ciclón como poemas. Muchos ya los tenía escritos antes y simplemente les puse música. Por ejemplo, Primavera es un poema que significa lo que significa. Otras tienen más intención. Pero la verdad es que no tengo un método para escribir. Yo no soy como Nacho vegas, que escribe y escribe y luego hace la música. Lo mío es mas de encajar sonidos y palabras, como una obra de ingeniería.

-Su hit entre comillas ha sido “Mi mejor”. ¿Es cierto que hubo censura en una cadena de televisión con él?

-Sí, aunque ellos lo niegan. Cuando Acuarela les mandó el vídeo a Sol Música les mandaron un mensaje de vuelta diciendo que no lo veían apropiado para emitirse. Luego dijeron que no, que era mentira. Pero bueno, no tengo ninguna noticia de que lo hayan emitido. Normalmente esos canales tienen programas especializados y ponen todo lo que se les manda. Supongo que lo censuraron por violento.

-Bueno, pasar de videoclip de Bustamante a esto le podría dar un shock al espectador, ¿no?

-No lo sé. A mí me parece mucho más violento cualquier vídeo de un rapero con joyas, coches y tías en bolas que lo que pueda transmitir nuestro videoclip. Pero bueno, cada uno tiene sus valores morales. Es como si no quieres poner en la tele El Padrino, porque hay muertes en ella. Es ficción. No lo pillé bien.

-Su otro “hit” es “No”, para mí su mejor canción. La han dejado fuera del disco. ¿Por qué?

-Si, pero es que la grabación de este disco fue un poco rara. El grupo lo empezamos Marcos y yo. Luego se juntó Xavi, que era amigo de Marcos. Los tres fuimos a grabar unas maquetas a la Radio Galega. Xavi se sacó en un día y medio todos los bajos y teclados. La grabamos. Sonó tan bien que Xavi decidió quedarse en el grupo y los tres editarlo como disco. No fue planteado como tal, sino que queríamos registrar unos temas en una maqueta.

-Uno en A Coruña, otro en Valencia y otro en Castellón. ¿Cómo logran trabajar?

-Normalmente, yo compongo los temas enteros. Les mando cosas por Internet, para que me digan si las gusta y si seguimos por ahí. Luego, me cojo un avión me pongo en Valencia, estoy una semana y ensayamos. El problema es que no podemos hacer conciertos aislados, solo podemos hacer giras. Cuando toca una, le damos una vuelta a las cancione sy salimos a tocar. Las canciones son muy sencillitas, no necesitan muchos ensayos.

-Lleva en grupos indie la tira de tiempo. ¿No sabe vivir sin estar metido en algún tinglado musical?

-No, es así totalmente [risas]. Ahora estoy solo en dos grupos. Este y Musel, que sacará el disco esta primavera.

-¿Esa relación con la música es algo vital?

-Sí, creo que no pasa ni un solo día en el que no escuche música, no toque la guitarra o piense algo en música. La verdad es que estoy un poco obsesionado. Por lo menos, escucho música una o dos días al día. Es lo que más me gusta. Me encanta descubrir nuevos grupos, siempre estoy preguntando a la gente a ver qué está escuchando y explorando en Spotify que me encanta la opción de “grupos musicales”.

-Siempre tira hacia el underground. ¿Es una inclinación natural o responde a algún tipo de motivación política?

-No lo considero político, en absoluto, es solo estético. Es la música que me gusta y la que me sale. Ojalá me saliera música como pueden hacer Delorean y poder rular por el mundo y vivir de ello. Esos grupos me gustan, pero lo que más me gustan son otras cosas y, de ahí, sale lo que hago yo: cosas raras que no le gustan a casi nadie [risas]. Mi premisa es disfrutarla, no sacrificar ese disfrute.

-Y en un mundo perfecto en el que grupos como A Veces Ciclón tuviesen acceso masivo a los medios, ¿piensa que un tema como “Mi mejor” sería un hit?

-Yo tengo la teoría de que si a la gente le das lo mismo repetidas veces le acaba gustando. Mira la radiofórmula, por ejemplo. Hay cosas que están muy bien, pero hay otras que son basura. Tú escuchas a Melendi y es que no me entra en la cabeza que le pueda gustar a nadie. Son canciones feistas, totalmente desagradables de escuchar. Pero como están sonando todo el día acaban por gustarle a la gente. Yo creo que si los medios, los festivales y todos se preocuparan un poco más por diversificar sí que creo que grupos como el mío tendrían un poco más de posibilidades.

-No me refiero a “un poco más”, sino a triunfar. Yo pienso que un grupo como A Veces Ciclón aunque sea número 1 de los 40 Principales 24 horas al día no va a ser un grupo masivo como Bustamante.

-Bueno, eso es la metáfora más fácil. Yo me pienso en Rockedelux, Mondo Sonoro…

-Ya pero los grupos que son portada de esas revistas tampoco suenan en todas partes. Yo pienso en un hit como Nirvana. Sí que hay grupos como Lori Meyers que podrían, pero ustedes creo que necesitan un esfuerzo extra del oyente porque son más extraños y más inaccesibles.

-Yo creo que si los festivales programaran más grupos undergound a la gente le gustaría más. Los festivales de tamaño medio usan el mismo cartel en todos los sitios. Se reproduce el mismo cartel en todos los pueblos de España. Es imposible que la gente menos especializada pueda conocerte. Luego hay honrosas excepciones como, por ejemplo, el festival Wos Inc que salió genial. Pero, por desgracia, la mayoría de los festivales no apuestan por otras cosas.

-Se refiere a ese indie-mainstream de Dorian, Lori Meyers, Love Of Lesbian…

-Hay grupos que tienen buenas canciones, pero otros están ahí a golpe de talonario. Es una cosa rara: la metodología más mainstream aplicada al undergound.

-Es tendencia ahora. Por ejemplo: Amaral, un grupo que viene del mainstream puro y duro y que se pretenden adaptar a la estética del undeground para colarse en el ese público. De todos modos yo pienso que a la gente le gustan esos grupos. A Supersubmarina la gente no va a verlos obligada y, por ejemplo, en A Coruña llenan una sala con entradas a más de 20 euros.

-Yo no digo obligación. Es otro mundo y otro tipo de público. El FIV de Villalba empezó siendo un festival que arriesgaba más y se ha convertido en lo mismo: Supersubmarina, Lori Meyers… el patrón de festival español. Es una pena que todo tienda hacia eso y que la gente no arriesgue. No tienes porque perder dinero, si no lo haces bien. Mira el WOS INC: arriesgó y petó. Había conciertos en los que la gente se quedaba fuera. Si crees en algo, lo trabajas y ese algo tiene calidad, va a funcionar. Pero si quieres tirar a lo fácil, pues tiras a lo fácil. Depende de los valores que tenga cada uno.

-Colabora en La Casa Tomada, un ejemplo más de una tendencia que existe ahora en Galicia: que el fan toma las riendas generando pequeños estallidos en toda Galicia. ¿Por qué está pasando eso?

-La gente se hartó. Hay una cosa muy extraña. Es muy difícil salir a tocar porque las salas, incluso las pequeñas, te cobran un alquiler por tocar. Yo no puedo entenderlo. Te dicen. “Es que es para pagar al técnico”. Y no, el técnico lo tiene que pagar la sala, no el grupo. Igual que le pagan al camarero, ni más ni menos. ¿Qué pasa? Que así se ahorran el trabajar el concierto. A nosotros nos pasó: hacer la promoción, mandar los carteles y llegar al concierto y ver que no había salido en prensa, que no se había puesto ni un cartel en la sala. No fue ni el tato y el de la sala nos decía que teníamos que pagar 50 euros por el técnico. Nos negamos a ello. Pero es que, por ahí adelante, hay salas que te piden 200 o 250 euros. ¿Como va a pagar un grupo de A Coruña a Vigo y tiene que pagar eso con qué vuelve? La gente harta de eso, se puso a crear una red de apoyo. El Liceo Mutante o la Casa Tomada están inspirados en Arrebato de Zaragoza o La Faena de Madrid. Es un circuito de garantía. Sabes que puedes ir a tocar por ahí, con gente que te va a tratar bien, que van a ser profesionales y que vas a ahorrar dinero. En Lugo hacía eso. Programaba a las bandas que me gustaban. Los metía a dormir en mi casa, les daba de cenar y ellos agradecidos. En la Casa Tomada es aún mejor, porque no hay que buscar sala.

-El problema es que todo eso depende de una especie de voluntariado. Que cuando la gente se canse de estar trabajando por amor al arte el proyecto corre peligro.

-Claro, por eso se busca que haya relevo. Mira yo. Llegué de Lugo y me ofrecí a colaborar. Me dijeron que sí y aquí estoy. A ver si se puede mantener en el tiempo.

-A Veces Ciclón están ya con la grabación de su segundo disco.

-Sí, en el concierto caerá alguna. El nuevo disco, en general, es bastante parecido al anterior. Incluirá ocho temas, lo sacaremos en vinilo y será muy similar. Quizá menos críptico, algo más arreglado, pero sin grandes variaciones.

-Lo que me da a entender es que son un grupo con fórmula, condenados a sonar siempre parecidos.

-No sé, somos tan pequeñitos que aún no lo sé. A ver el tercero que sale, a lo mejor nos planteamos un giro estilístico.

-Hablaba antes de que era un tipo muy abierto musicalmente. ¿Qué grupo del mainstream le atrae?

-Del actual no estoy nada puesto. No pongo la radio ni veo la tele. Pero de antes, yo muy de Ace Of Base. Fue mi grupo favorito. Sigo volviendo a él de vez en cuando. Fue el primer cedé que me compré, por supuesto en Portobello, y sigo volviendo a él de vez en cuando.

Diez discos que evidencian una edad de oro en el pop gallego

lunes, enero 19th, 2015

Galicia brilla. No son pocas las publicaciones especializadas a nivel nacional que ya han dedicado reportajes sobre ello. Pero más allá de la palabrería, están los hechos. Aquí se encuentran: diez grandes discos editados en el 2014 (el orden no significa que unos sean mejores que otros), que podrían ser al menos otros diez más. Algunos, ya salieron en el resumen de lo mejor del año de este blog. Otros, al tratarse de minielepés, se habían quedado excluidos pese a su gran calidad. Y, ojo, que en el 2015 sacan disco Xoel López, Triángulo de Amor Bizarro, Disco Las Palmeras! y Os Amigos dos Músicos, entre otros.

1. CHICHARRÓN «Chicharrón». De las cenizas de Franc3s y Telephones Rouges surgió esta banda que ha grabado uno de los mejores discos del año. Tomando el punto hipnótico de Franc3s y dándole cuerpo acústico, el trío se embarca en un álbum conceptual sobre la muerte de Alberto Gende, diseñador carballés hermano de Diego Gende (guitarrista del grupo) y alma gemela de Alberto Martínez (cantante). El resultado pone la piel de gallina.

2. LUIS MORO «Cielo color Burdeos». Abrazado de igual modo a Bob Dylan que a Mark Lanegan, este escondido músico coruñés ha entregado con este minielepé su mejor trabajo hasta la fecha. Crujiente, frágil y atmosférico, su blues oscuro y humeante se extiende como una telaraña que atrapa al oyente. Una maravilla de un veterano en la sombra a descubrir más allá de su parroquia de fieles.

3. ARIES «Mermelada dorada». Aunque Isabel Fernández, la persona que trabaja tras este proyecto, sea vasca, ha desarrollado la totalidad de la carrera de Aries en Vigo. Desde allí gira y gira sobre círculos de psicodelia, trenza melodías de ensueño y logra enamorar con un puñado de canciones mágicas. Destacado en la mayoría de los listados del 2014 de la prensa especializada, este disco es una joya a sumar a su predecesor La magia bruta (2012).

4. SRASRSRA «Magia de muerte». En su segundo disco los coruñeses repiten fórmula: punk-pop hiperveloz servido en pequeñas cápsulas de, como mucho, un minuto y pico. Sin poder ya sorprender como hicieron en Puchao (2012), donde emergieron como una polémica bomba musical, sí que mantienen la tensión con otra nueva remesa de ese sonido bautizado en su día como un cruce entre Lightning Bolt y Eskorbuto. Ensuciándolo aún más, proclaman en C8 «No dejaría este sonido por ti». Es la declaración de principios de un grupo que continúa apostando por el minimalismo, la crudeza y la inmediatez.

5. ELVIS NEGRO «Estaba en llamas (El salvaje abandono». El nuevo proyecto del hiperactivo Edu Poch (Nouvelle Cuisine, Ocre) se sitúa en algún lugar intermedio entre Disco Inferno, El Desván del Macho, The Cure, Jesus and Mary Chain y Slowdive. Eso se traduce en un pop desapasionado sobre fondo ruidista, bases programadas y tendencia a la oscuridad. Mejorando a cada escucha, se trata de un disco que crecerá durante este año.

6. WILD BALBINA «Sisters Before Misters». Ya habían pinchado en los corazones indie-pop con el single Eat Tacos (2012) y el año pasado revalidaron el impacto con este minielepé. La receta es fácil: pop servido en fase primitiva al estilo de The Vaselines y Vivian Girls, con mucho desaliño e imagen reforzada. Entre retazos de surf-rock, garage y melodías hurtadas de los grupos de chicas de los sesenta, el conjunto propuesto por el trío vigués vence y convence.

7. APENINO «Viravolta». El ya veterano Marco Maril (integrante de Dar Ful Ful, para muchos el kilómetro cero del indie en Galicia) deja el formato single en el que se venía moviendo desde el 2007 y entrega un conmovedor minielepé. Con su pop electrónico y puntillista marca de la casa, se abraza ahora el gallego, introduce la desazón social en su discurso y hace una ocasional alianza de ensueño con la voz de Mónica Vacas (Mus) en dos de sus canciones. Una, la sorprendente versión de La Leyenda del tiempo de Camarón de la Isla, hace pensar en un proyecto mayor.

8. PUMA PUMKU «Is It In You?». El último tesoro de la burbujeante escena compostelana se encuentra en este trabajo. Recién editado por el sello Matapadre tras una exitosa campaña previa de crowfunding, en él se puede encontrar todo un paseo por la psicodelia de ascendencia sesentera, con el espíritu de Pink Floyd siempre presente y ocasionales guiños al kraut-rock. Con un material así, asombrarán en sus directos del 2015.

9. LINDA GUILALA «Xeristar». Una de las mejores canciones del año es Lo siento mucho. Insanamente adictiva, logra quedarse instalada en bucle en la mente del oyente que recrea sus estampidas guitarreras como quien siente un calambre. Es la bandera del decidido paso shoegazer de este trío vigués que le ha dado un afortunado baño de ruido al pop de Bucles infinitos (2009). Que tuviese continuidad este año en formato elepé sería una estupenda noticia.

10. DAVID QUINZÁN «El maestro de teatro». Músico de la banda de Xoel López durante la presentación de Atlántico (2012), David Quinzán se ha quedado con muchos de los efluvios de aquella pequeña obra maestra. Ya se notó en El vino de las despedidas (2013), que produjo el propio Xoel, y ahora lo refleja en un segundo disco delicioso. Sereno, como quien no quiere llamar la atención, deja un puñado de buenas canciones de un tipo normal cantando de cosas normales.

El último aliento de la vieja crítica musical

viernes, enero 9th, 2015

Difícil lo tiene la crítica musical en los tiempos del trending topic y los lectores que, si ya les cuesta escuchar una canción entera, difícilmente pasarán de la tercera línea de una reseña. Ya ni siquiera se presta atención a las críticas de cinco líneas de suplemento de ocio. Hoy se estila la puntuación global del disco, tres pistas indicando «suena a…» y dos canciones recomendadas. No vaya a ser que alguien pierda un poco de su preciado tiempo degustando un álbum completo acompañado de un reportaje más o menos extenso.

En ese clima, una figura como Ignacio Juliá (Barcelona, 1956) aparece casi como bendita rareza llegada de otro tiempo. Sus textos —sabrosos, con sustancia e intermitentes tics literarios— invitan a abrazarse a otro modo de concebir este antipático oficio de escribir (no siempre bien) de la obra de otros. Quienes así lo deseen tienen aquí un recomendable volumen que recopila textos de su última etapa. Muchos son columnas de opinión de Ruta 66, la revista que fundó en los ochenta y que fue guía para muchos de los críticos actuales. También hay textos de Babelia, La Vanguardia, colaboraciones puntuales en libros o Rockdelux.

Arranca con el artículo con el que anunció en 2006 su medio siglo de vida. Y luego, deja que se sucedan Derribos Arias, Tom Waits, The Who, David Bowie, Suicide, Wilco y un amplio etcétera de héroes de la canción, que también incluye reseñas sobre cine y libros. Concluye con una preciosa semblanza de Lou Reed, realizada días después de su muerte en clave confesional. Antes de replantearse el sentido de su trabajo con una columna titulada sintomáticamente “Se acabó el chollo”. Deja así un poso melancólico y la certeza de que una era se termina sin remisión.

Todo invita a cambiar el título. Sí, quizá podría ser La crítica musical ya no es lo que era. En todo momento, el libro transmite la sensación de participar en el último aliento de una labor que se deshace ante la indiferencia y el rodillo del progreso. Como un copista observando cómo será apisonado por la imprenta, Juliá escribe de un modo de acercarse a la música, con sabor a tinta e intención de perdurabilidad, estrangulado por lo efímero y lo digital. Un digna derrota, en todo caso.