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Archivo para Enero, 2014

TAB, Wolrus y Pardo en Los conciertos de Retroalimentación

Miércoles, Enero 29th, 2014

Tras el arranque del año con Combo Dinamo, Los conciertos de Retroalimentación siguen con dos nuevas fechas. Apunten en la agenda porque ambas merecerán la pena. Como siempre los conciertos serán en la sala Mardi Gras de A Coruña a las 22 horas y contarán con la producción de Argonauta. Ya avisaremos por las redes sociales cuando se pongan las entradas a la venta. Mientras, seguimos trabajando en el calendario de lo que queda de temporada.

-WOLRUS + PARDO (28 febrero, entradas: 6 euros anticipada y 8 en taquilla). Con el puente entre finales de los sesenta y principios de los setenta siempre en el punto de mira, Wolrus se asientan en el country-rock con ocasionales miras a la psicodelia o la explosión pop. De Gram Parsons a The Byrds, pasando, cómo no, por The Beatles el sexteto formado por veteranos de la causa en A Coruña, entregó el año pasado un epé, Chasin’ The Light, que reforzó su apuesta. Ahora, antes de meterse a grabar su tercer trabajo hacen parada en este ciclo tras un anterior intento frustrado. Se traen a un amigo, Néstor Pardo, al servicio del folk-rock.

-TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO (7 marzo, 10 euros anticipada y 12 en taquilla). Casi un año después de su pase por el ciclo junto a Jorge Ilegal, Triángulo de Amor Bizarro vuelven con Victoria mística, su tercer trabajo, ya editado. Como era de esperar su particular aleación de ruido, melodía, hipnosis y cabreo triunfó en las listas de lo mejor del año. Para este blog han firmado el mejor disco nacional del año y es un honor volverles a abrir las puertas, tras aplazar una actuación que inicialmente iba a tener lugar en diciembre del 2013. Vienen con Elvis Negro.

Los Grammy 2014 en diez fogonazos

Lunes, Enero 27th, 2014

Igual que el año pasado, hoy tocó trasnochar. Ahí van diez pinceladas, escritas a toda velocidad una vez finalizada la gala, sobre la 55º edición de los premios Grammy que se celebró esta madrugada en Los Ángeles. Varios bluffs, alguna actuación para el recuerdo, una estrella emergente y otra que se consagra.

1. DAFT PUNK.Sin ningún género de dudas, el grupo de esta edición de los Grammys. Además de otros cuatro, los franceses se hicieron con el gramófono al disco del año, la categoría estrella.Get Lucky, la canción, se paseó durante toda la noche de manera imponente. La interpretación que de ella hicieron con Stevie Wonder y Pharrell Williams pasará a la historia de las grandes actuaciones de los premios. Dándole groove al tema, e incorporando tics de clásicos como Freak Out de Chic o el propio Around The World de los galos, lograron que todo el teatro se pusiera a bailar. También que disfrutásemos de toda una galería de coreografías imposibles entre las celebridades. El gran tema del 2013 volvió a demostrar sus cualidades.

http://youtu.be/o00pgGRvXnU

2. LORDE. La otra triunfadora de la noche. Su revisión tempranera de Royals avisó y, luego, alcanzó el reconocimiento a la mejor canción del año. Una pieza interesante, que se sale de los estándares de la canción de pop comercial, por parte de esta jovencísima neozelandesa (apenas 17 años) con aspecto de inadaptada, ligero aire gótico y muchas posibilidades de convertirse en la artista favorita de muchas (más) adolescentes. A su lado, la gran derrotada: Taylor Swift.

http://youtu.be/vda2L08Z2xE

3. BEYONCÉ. Su disco salió demasiado tarde como para entrar en las nominaciones, pero brilló igualmente gracias a su apoteósica intervención. Una vez más, se presentó como la artista perfecta para las presentaciones espectaculares. Su irrupción con Drunk In Love supuso el mejor inicio posible de la gala. En una silla, de espaldas en la penumbra, en plan cabaret. Poderío, manejo de la situación y ojos como platos de la audiencia. La interpretó, cómo no, con un maridísimo Jay- Z y dejó un listo demasiado algo para lo que vendría luego. Cada día más grande.

http://youtu.be/-IE7P8AJRxw

4. PAUL McCARTNEY. Todas las cámaras lo miraban y lo buscaban. A él y a Ringo Starr, claro. Pero también a Yoko Ono, que acudió con Sean Lennon. El morbo estaba servido y el realizador de la gala lo explotó, intercalando planos. Así se pudo ver a la nipona bailando con la interpretación de la pareja de Queenie Eye, un tema del último disco de Paul McCartney. Antes Starr hizo Photograph. Pero no se produjo la invocación conjunta a The Beatles que todos esperábamos. Primer bluff.

5. BALADITAS. La primera hora de la gala resultó realmente soporífera. Primero, con el soul almibarado de John Legend a piano. Luego con Taylor Swift, que optó por ir de profunda y grandiosa generando bostezos. Y, también con Keith Urban dándole al AOR con guitarra virtuosa digna de un telefilme americano de los años ochenta. Más de uno dijo: “Este es el momento de irse a la cama”. Terrible.

6. PIROTECNIA A FALTA DE CANCIONES.
Lamentablemente, Katy Perry ha perdido una buena parte de esa puntería que otrora rara vez fallaba a la hora de dar con singles perfectos. Y ahora lo suple con fuegos de artificio. Su actuación con Dark Horse resulto eso: mucho empaque y prácticamente nada de contenido. Peor aún resultó de Pink, que apareció en plan El Circo del Sol haciendo acrobacias sobre las cabezas de los asistentes. En fin…

7. METALLICA. El experimento de reinterpretar One con el pianista clásico mediático del momento, el chino Lang Lang, resultó fallida. El tema aguanta lo que le echen, pero hubiese sonado mucho mejor sin esa aportación extra totalmente contra natura. También sin los intentos de James Hetfield de darle fuelle vocal en su parte inicial. Segundo bluff.

8. DIVERSIDAD. El momento socio-musical de la gala. En la recta final fueron casadas en directo 34 parejas de diferentes nacionalidades y tendencias sexuales en un alegato en favor de la diversidad. De fondo, la artista inevitable: Madonna de traje y bastón cantando Open Your Heart con Macklemore, Ryan Lewis y Queen Latifah. Todo el auditorio en pie, emocionado. Y Twitter rindiéndose al gesto.

9 HISTORIA. Como es habitual, en las actuaciones se dieron algunas lecciones de historia. La primera, una reunión de leyendas del country con Merle Haggard, Kris Kristofferson y Willie Nelson junto a Blake Shelton, interpretando clásicos como Highwayman. La segunda, Carole King cantando su celebérrimo Beautiful con Sara Bareilles. Emotivos ambos.

10. ROCK MIXTO. Dos de los mejores tramos de la gala vinieron de la mano de la mezcolanza. El mix de Kendrick Lamar e Imagine Dragons despertó a la audiencia. Hasta Taylor Swift terminó rapeando en primera fila. Para el final, quedó un conglomerado formado por Nine Inch Nails, Queens of the Stone Age, Dave Grohl y Lindsey Buckingham. Primero tocaron una tremenda lectura Copy Of A de NIN. Luego le dieron al My God Is The Sun QOTSA, pero se cortó la emisión. Sí, tal cual. Hasta en eso, también hubo bluffs.

Fotos de la gala aquí.

Xoel López se redescubre en vinilo

Martes, Enero 21st, 2014

Hoy sale a la venta la versión en vinilo de “Atlántico”, el disco que Xoel López editó en el 2012. Fue el primer álbum a su nombre y, lejos del pastiche de estilos que pueden sugerir las críticas, se mostró como un trabajo mestizo y fascinante, que recogió toda la aventura americana de su autor con inusitado acierto. Esta revisión sirve de excusa para recordar un disco francamente delicioso.

Hay escapadas que esconden bendiciones para un hombre y un creador. La que hizo Xoel López en el 2009 con rumbo incierto a Sudamérica, se reveló como tal. Vagando aquí y allá, la persona descubrió otra forma de ver la vida -pausada, anónima, siempre cambiante- y el artista se empapó de mil y una músicas -milonga, cumbia, bossanova- que poco o nada tenían que ver con el molde anglosajón por el que se había movido hasta entonces. Todo caló. Nada volvió a ser lo mismo. El músico se había criollizado definitivamente. Y, tres años después, legaría la confirmación. Atlántico(2012) se mostraba como una suerte álbum de fotos musical de ese periodo y una obra que cristalizó todo ese batiburrillo de sensaciones de una manera formidable. Sí, porque ese disco funde sentimiento y forma, pulsión y definición, como pocas veces ocurre.

Así lo dejaba entrever en el 2012 y así lo confirma, dos años después, en su merecido paso al formato noble del disco de vinilo. No hay extras. Tampoco libreto que glose su gestación. Quedan para el décimo aniversario. O el vigésimo. Lo habrá. Seguramente se valore más entonces que ahora. Porque este trabajo ha crecido -mucho, muchísimo- con el tiempo. Todo apunta a que crecerá todavía más. Derribando los prejuicios de los fans que le dieron la espalda por el giro estilístico. Sumando nuevos seguidores que jamás habían encontrado nada en el Xoel de otros proyectos. Aumentando la devoción de quienes sintieron el clic de magia original. Ahora todos pueden repetir e incrementarlo todo dejando caer la aguja en el surco del elepé.

Quien decida hacerlo se encontrará, de primeras, con Hombre de ninguna parte. Necesita solo 30 segundos, justo cuando surge ese verso de “la luna tiene un rostro diferente a este lado del mundo”, para atrapar. El vaivén de bossanova que mece la canción, poco a poco, va sumando capas y más capas. Contagia la fascinación del autor por su nuevo mundo lleno de estímulos y belleza virgen. Nada hay aquí de esa tristeza oscura de Deluxe. Tampoco aquellas letras que no terminaban de cuajar. Todo lo contrario. El lápiz de Xoel traza con precisión una poesía visual que se dibuja en la mente del oyente como realismo mágico (“sombras, el pasado se viste de sábana blanca / rayos, esparcen su polvo plateado sobre mi cabeza”). Cuando entran las cuerdas, los coros enredadores y las trompetas mariachis, la pieza despega y se eleva en una suerte de borrachera de puro bienestar. Felicidad. Si en ese momento le ofrecen al oyente coger un vuelo y cruzar el Atlántico lo haría sin rechistar.

Esa canción inaugural supuso, en su momento, el adelanto de un disco extrañamente plural dentro de su carácter unitario. Las sensaciones de esos años de vida nómada entre Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Venezuela o EE.UU son el hilo conductor. También el tono mayoritariamente electroacústico, el acento en unas percusiones riquísimas que se descubren en cada nueva escucha y, también, el constante recurso a unas segundas y terceras voces de un color inédito en un disco europeo. El resto, no es más que un suceder de tema en tema, de forma en forma y de sorpresa en sorpresa. Cuando se espera otro tema luminoso, llega la oscuridad. Cuando se aguarda por una miniatura folk, surge la psicodelia. Cuando se pide más acento americano, aparecen los ecos de A Coruña entre sus versos. Y, como en los grandes álbumes-puzzle, al final el artista demuestra que ha sido mucho mejor el camino propuesto por él que el que aguardaba el oyente.

Hay varias cimas en el disco. Pero una resulta clave. La canción que seguramente pasará a la historia es Tierra, una preciosa balada folkie a lo Simon & Gartfunkel con ribetes psicodélicos finales. Como si el artista hubiese interiorizado la pausa musical y la suavidad total de la bosanova sin tener que apelar a su molde, logra una pieza perfecta, sin aristas, ma-ra-vi-llo-sa. De nuevo, emerge la sensación de embriagarse con el momento (“no me da la gana de pensar que nada es para siempre / si esta canción se acaba, que acabe el mundo para todos”) y unas imágenes (“yo soñaba cada día poder alcanzar la playa”) que trasladan inevitablemente a aquella preciosa escena final de Los 400 golpes de Truffaut. Cuando se estrenó ese delicioso videoclip a lo Forest Gump, todo parecía indicar en un viaje a la inversa de aquella. No se debe olvidar las maravillosas y mareantes espirales que colorean la canción a su término. Algo así como las que emplea Damien Jurado. Es decir, de fábula.

También resulta particularmente bonita Por el viejo barrio, con deje de milonga, acertada estructura circular y una guitarra breve pero decidida marcándole el pulso. O esa evocación del idealismo de la infancia de un De piedra y arena mojada (¿no está pensando en el colegio Eusebio da Guarda con ese cuadro de “poemas indescifrables / monotonía tras los cristales”?) que se rinde ante el fraseo de Dylan y lo latiniza de un modo excepcional. Y, cómo no, La boca del volcán, deliciosa miniatura folkie sobre la necesidad de creer y las diferentes formas de hacerlo. Son las compañeras de reparto del luminoso estallido pop de un Descafeinado amor que se mueve con habilidad por las deslumbrantes metáforas del “esplendor dorado” y los coros pizpiretos que piden protagonismo; la rumbera con arrebatos de piano de Caballero; y la final El asaltante de estaciones, una orgía de psicodelia y tropicalismo a lomos de un riff hurtado a The Who.

Quedan Buenos Aires y Postal de Nueva York, quizá las más flojas, pero imprescindibles dentro del concepto que Atlántico pretende ser. La primera, con nada disimulado aire a Piano Man y alguna que otra línea atropellada, supone una declaración de amor a la capital argentina y una reafirmación de la apuesta que en su día llevó a cruzar el Atlántico a Xoel. La otra, una estampa melancólica de una tarde con el pintor coruñés Jorge Cabezas al lado el puente de Brooklyn. No llegan al nivel general del resto del disco que rellenan, sin duda, unos huecos que no podían quedar vacíos. Dicho de otro modo: mejor así, pese a la pendiente, que sin ellas.

Se dice que la vida de un disco hoy en día es corta. Es cierto. Dos meses, tres,… seis a lo sumo. Pensar en enero del 2014 un trabajo editado en el 2013 obliga a viajar en el tiempo como quien cambia de siglo. Muchas joyas se quedan en el camino, apenas mostrando una pequeña parte de su brillo. Son esos trabajos que nunca se acaban de escuchar del todo, porque cada escucha revela algo que justifica seguir con el oído pegado al altavoz. Más allá de su valentía o audacia, que la tiene, Atlántico pertenece a ese elenco de obras inagotables. Dos años después continúa diciendo cosas que resultan un poco diferentes a las que decía hace tres meses o hace un año. Por ello, el volcado al acetato no deja de ser una mera excusa para lo importante: (re)descubrirlo. Escoja usted si borra o no el paréntesis, según caso, y disfrútelo.

Prometimos no olvidarte

Martes, Enero 14th, 2014

Hace tres años que nos dejaba Trish Keenan, la cantante de Broadcast. Escuchar su música sigue conmoviendo y dejando una enorme sensación de tristeza. Esto es lo que se escribió en su día aquí. Hoy me apetecía mucho recordarlo. Hay artistas que nos han dado tanto que es justo no olvidarlas. Pulsa el play. Derrítete. Y échala de menos. Una vez más. Luego, vive todo el día abrazado a su discografía. Saborea una vez más la belleza convertida en el vaho de una voz maravillosa.

Un Bruce Springsteen de trámite

Lunes, Enero 13th, 2014

Esta semana sale a la venta oficialmente High Places. Sí, pero no hay fan del Boss que no tenga el disco en su ordenador desde hace semanas. Un error de la cadena Amazon propició su filtración del en Internet poco antes de fin de año, frustrando toda la operación de marketing. Aunque haya quien piense que, en realidad, fue una cínica operación promocional, cuesta mucho creer que Sony haya optado por colocar en las estanterías de las tiendas un disco sobre el que ya se ha escuchado todo. Y, en consecuencia, se ha dicho de todo. Si tenemos en cuenta que respecto lo segundo los comentarios apuntan a una obra menor, el resultado es claro: la caja registradora se resentirá.

El 18ª disco de estudio de Bruce Springsteen se presenta, desde su propia configuración, más como algo complementario en su corpus discográfico que como un álbum esencial. Grabado aquí y allá (Nueva Jersey, Los Angeles, Atlanta, Australia y Nueva York), combinan versiones, revisiones de temas antiguos y descartes de otros discos. Además suma varias colaboraciones, entre ellas la estelar de Tom Morello (Rage Against The Machine). Todo apunta a un cajón de sastre de escasa consistencia hecho para salir del paso. Por desgracia, algo de eso hay. Aunque también destellos de la grandeza del Boss. Y, sobre todo, mucho de su oficio. Que no es poco

Por partes. El caso Morello, muy discutido por sus fans tradicionales, deja momentos interesantes y otros de espanto. Aunque el estilo rap-funk-metal del guitarra -efectista, pirotécnico y reclamando siempre protagonismo- pudiera chocar, lo cierto es que, a veces solidifica perfectamente. En Harry’s Place, por ejemplo. Su wha-wha suena tenso, misterioso y siempre en su sitio. En Heaven’s Wall aporta un agradable toque metálico en medio del alma gospel de la pieza. Sin embargo, en American Skin la cosa arranca bien pero pronto se abraza peligrosamente al AOR. Nada comparable a la prescindible versión de The Ghost Of Tom Joad, con un Morello plomizo y totalmente pasado de rosca en sus punteos. Cuesta llegar hasta el final sin cambiar de tema.

En el apartado de las versiones, resulta muy plausible su acercamiento al Just Like Fire Would de los australianos The Saints con un agradabilísimo toque pop y acertados vientos beatelianos. También la inaugural High Hopes de The Havalinas, con Morello dibujando serpenteantes y acertados contornos de fondo. Pero la la palma de la lleva la ya conocida Dream Baby Dream, vuelta de tuerca total al tema de Suicide convertido en un nuevo (y emotivo) himno. Escucharlo con su correspondiente videoclip, en esa especia de experiencia religiosa que recoge, pone el vello de punta. Lo mejor del disco, sin duda alguna.

Del resto cabe destacar, de manera especial, Down in the Hole, un tema completa arquitectura que acoge otra historia de perdedores marca de la casa  (“El sol llega cada mañana, pero no es ningún amigo / me visto y me voy de nuevo). También quizá, The Wall, una balada dedicaba a su amigo Walter Chichon. Y poco más. Sí, porque This Is Your Sword, suena a olvidable descarte de su periplo folkie en la década pasado y Frankie Fell In Love promete una bola de emoción épica que no termina de llegar. 

Trabajo irregular por tanto, con algunos pellizcos que recuerdan a quien se está escuchando, pero también con bastantes dosis de una autocomplaciencia que el Boss debería corregir. Servirá, en todo caso, para su vuelta a los escenarios, que es donde la mayoría de la gente lo quiere ver, agrandado el mito una gira más. Ojalá retornase a Galicia de nuevo.

Para decir “Yo estuve ahí” hay que decir antes “Yo estoy ahí”

Sábado, Enero 11th, 2014

Esta semana se ha lanzado a Internet el documental Galicia Hi-Fi. Según indican los créditos, se trata de un trabajo de la Facultad de Ciencias Sociais e da Comunicación da Universidade de Vigo a cargo de Bruno Vence y Fátima Santiago. En él se pretende hablar del momento musical gallego y su relación con las nuevas tecnologías. Desfilan una pléyade de músicos de bandas como Unicornibot, Triángulo de Amor Bizarro, Cro!, Telephones Rouges, Maryland, Travesti Afgano, Novedades Carminha, Disco Las Palmeras! o Guerrera. Exponen su visión sobre el particular ecosistema musical creado en los últimos años. Bañado de hermosísimas imágenes y alguna mínima aportación de no músicos -como la del crítico Fernando F. Rego o Pancho Suárez del estudio Planta Sónica-, se dibuja algo realmente fantástico. Y, en cierto modo, lo es. Aunque podría serlo muchísimo más.

Muchas cosas resultan innegables. O casi innegables, vaya. Que Galicia vive el gran momento de su historia musical dentro del rock (en mi opinión, por encima de la mítica movida viguesa, la era del rock bravú o el bum del garage en los noventa). Que, aunque a nivel nacional se hayan hecho algunas aproximaciones bienintencionadas, los grandes medios españoles siguen sin valorar en su justa medida lo que se cuece aquí, bien por dejadez, bien por desconocimiento o bien porque, comercialmente, no les sale a cuenta. Que los proyectos pelean por marcar diferencias unos de los otros, dando pie a una riqueza insólita que incluso llega a artistas de la clase media como el Xoel López del personalísimo Atlántico. Que la sensación de creación permanente genera cada trimestre un nuevo nombre a sumar al carro de los proyectos a seguir con devoción (vean aquí 14 nuevos ejemplos). Y que, hoy por hoy, estar al tanto de lo que ocurre en Galicia merece -mucho, muchísimo- la pena. Por hechos, no por patrioterismo chusco.

Pero, al margen de todo ello, existe un lastre. El que impide el despegue de todo: la falta de público. Hay motivos para la euforia si se mira la calidad y cantidad de las bandas. Pero luego eso rara vez se refleja en el público. Quizá, cuando dentro de 15 o 20 años se mire lo que ocurrió durante todo este tiempo, se mitificará, se le pondrá un nombre rimbombante y dará pie a mil y un “yo estuve allí”. Ocurrió con La Movida. Alaska siempre dice que al Rock-Ola iban cuatro gatos. Pero la imagen que hoy se da de aquello viene a decir que hordas de jóvenes daban la espalda a Miguel Ríos y Mecano en favor de Golpes Bajos o Parálisis Permanente. Y, por supuesto, todos los medios de comunicación iban a una en su apoyo. Hasta Carlitos, el de la serie Cuéntame, era fan de Eduardo Benavente.

Aquí sucede lo mismo. En el documental, el cantante de Novedades Carminha habla de reunir a 150 o 200 personas en Valencia, que se sepan tus letras y que todo sea fantástico. Ocurrirá allí y ocurrirá con su grupo. Pero en Galicia, y con otras formaciones, dista mucho de lo normal. En A Coruña, por ejemplo, eso resultaría una quimera para la gran mayoría de las bandas. En los conciertos insertos en el ciclo que impulsa este blog -basado solo en grupos gallegos del ámbito independiente- lo comprobamos mes a mes. Triángulo de Amor Bizarro, actualmente la gran bandera del rock independiente gallego, no logró pasar de las 160 personas pagando entrada, que son las que cuentan y permiten que esto funcione. Y de ahí, hacia abajo. Cuando, por ejemplo, un bolo como el de Franc3s y Jijiji apenas despacha 30 tiques la euforia se diluye hasta golpear con la (dura) realidad. “Bueno, a ver si nos da al menos para pagarle al técnico”, recuerdo escucharle a Alberto, cantante del finiquitado trío carballés, al hacer las cuentas. Eso sí que te deja tiritando.

Efectivamente, a toda esa gente que se gasta un pastón en ir al Primavera Sound en la otra esquina de España la envuelve una pereza enorme a la hora caminar unos metros a un local al lado de su casa y soltar 5 euros. Ello impide el cierre del círculo. El que desde la iniciativa privada se hagan más cosas y que estas se rentabilicen. Que, por ejemplo, se pueda traer a Coruña a algunos de los excitantes proyectos que pululan por Vigo y que, con lo recaudado, dé para pagar los gastos del viaje, su cena y alojamiento, que se lleven algo en el bolsillo y que la sala en la que se celebre haga barra suficiente para que todo le compense, si es que no te está cobrando un alquiler a descontar con la taquilla final. Hagan cuentas y multipliquen por 5/6 euros de entrada (quitando IVA y el 10% de la SGAE) para ver el público que hace falta. ¿Lo hay? Mucho nos tememos que no. Forzar la máquina perdiendo dinero o tirando de la maltrecha teta pública para compensar la falta de asistentes, solo permite parchear la situación creando una sensación ilusoria. Pero no convertirla en algo real. A veces da la impresión de que si pones juntos a todos los músicos que están generando este estado de excitación permanente duplican o triplican al público que los quiere ver. Y, lamentablemente, al menos por aquí, tampoco es muy frecuente ver a músicos en los conciertos de otros.

Esto es lo que hay. A buen seguro, con el tiempo, surgirán los mentados “yo estuve ahí”. Ojalá se prefiriera decirlo en directo: “Yo estoy ahí”.

Noche de pop afilado y exultante

Domingo, Enero 5th, 2014

Son una de esas bandas escondidas sobre las que no se ha hecho justicia. Combo Dinamo se mostraron ayer en Los conciertos de Retroalimentación como una notable formación de pop afilado y nuevaolero. Con un nuevo epé bajo el brazo, dieron cuerpo a canciones formidables como Planetas o Causa Perdida en una actuación cuya recta final resultó ser exultante. Posiblemente, jamás se percate la crítica general de su valía, pero las más de cien personas que acudieron ayer a verlos a la sala Mardi Gras, lo tienen muy claro: gran grupo, grandes de canciones y gran bolo. Abajo podéis ver el final de su recital. Gracias a todos -grupo, sala, público- los que hacéis posible que este ciclo pueda existir pese a lo complicado que, a veces, está siendo llevarlo a cabo este año. Noches como la de ayer no hacen más que recargar energías para continuar.

¿La próxima parada? Se desvelará en los próximos días.

Beyoncé, más allá del hit de temporada

Jueves, Enero 2nd, 2014

El nuevo álbum de Beyoncé Giselle Knowles (Houston, 1981), el homónimo Beyoncé, arranca con una pregunta: ¿Cuál es tu aspiración en la vida? Ella, después de un suspiro, responde: «Ser feliz». Una buena parte de la felicidad de una pop-star pasa por estar ahí, deslumbrando, haciendo sentir a los fans que siguen a alguien muy especial. Y, aunque muchos la daban por caída en la guerra de los charts mundiales con la irrupción de Miley Cyrus sobre una bola de derribo, lo cierto es que Beyoncé está muy viva. En un abrir y cerrar de ojos ha dado el golpe de autoridad exigible a su nivel: generar números vertiginosos de ventas.

Para ello se ha diseñado una estrategia comercial nada común en el mundo mainstream: editar su nuevo disco por sorpresa, sin ningún tipo de avance ni calentamiento previo, directamente en formato digital. Ocurrió a mediados de diciembre. En tres días lo había reventado todo. Según datos de Sony Music, su casa discográfica, despachó en ese período 827.773 copias a través de la tienda on line iTunes, convirtiéndose en el álbum más rápidamente vendido por este medio de la historia. Además, se hizo con el número uno de ventas digitales en 104 países, entre ellos España. No hay que fantasear mucho para ver la sonrisa de la artista confirmando que sí, que esa aspiración en la vida de ser feliz por ahora se está cumpliendo.

Todo ha sido una sorpresa, una gran sorpresa. El pasado 25 de noviembre salía a la venta el deuvedé Life Is But A Dream, un documental sobre la artista que incluía un concierto y un tema nuevo. El cupo navideño parecía totalmente cubierto con este producto. Perfecto para regalar, con gancho para los devotos y sin necesidad de apostar por la novedad. No tenía sentido lanzar un mes después un álbum de estudio, el quinto ya de su carrera. Cualquier esquema promocional vislumbraría esto como un callejón sin salida. Pero ocurrió, dejando claro una vez más que la verdadera innovación en la música pop actual pasa más por el modo de llegar al público que por avanzar en el contenido de lo que se hace llegar.

En la nota promocional, Beyoncé apela al contacto directo con los fans «sin ningún filtro». Y así ha llegado al público, ajeno a interferencias previas de la crítica, en su estado puro. Para ello se han tomado todo tipo de precauciones, evitando filtraciones y rumores. Un auténtico milagro viendo el interminable listado de colaboraciones, que incluye a personajes clave de la música negra actual como Timbaland, Justin Timberlake, Pharrell Williams, Frank Ocean o su maridísimo Jay-Z, entre muchos otros.

Además de la música, la obra se complementa con 17 videoclips que rematan la definición de álbum visual con la que parte. «Yo veo la música», afirma la artista en su explicación. «Cuando estoy conectada a algo —sigue—, inmediatamente veo una imagen o una serie de imágenes que están conectadas a un sentimiento o a una emoción, un recuerdo de cuando era pequeña, pensamientos sobre la vida, mis sueños y fantasías. Y todos se conectan a la música».

Afortunadamente, la cosa no se queda solo en el envoltorio. Aunque puede que toda esta parafernalia haya eclipsado al disco, este podría considerarse como el paso más sólido de la cantante hasta la fecha. Igual que ocurriera en su álbum precedente, 4 (2011), se deja atrás la idea de la artista-de-un-hit-por-temporada y se sitúa en una región mucho más interesante. No, no hay singles claros como Crazy In Love o Single Ladies, pero sí una sucesión de temas sugerentes con varios momentos para el deleite verdadero, más de una sorpresa y un regusto final de ligera satisfacción.

El título da a entender que se trata de su obra más personal. Y puede que así sea. En un cóctel imposible de feminismo, sexo recalentado, sentimentalismo de princesa, álbum de fotos infantiles y garra con ínfulas supuestamente revolucionarias, Beyoncé traza un paseo que arranca luminosa con la ascensión melódica de una Pretty Hurts en plan Rihanna. Sigue con un oscurísimo Haunted, que coquetea con el dubstep. Continúa el temblor electrónico de Drunk In Love. Y llega hasta el paraíso sensual de una Blow subida de tono, apelando a los placeres del sexo oral con gemidos a lo Donna Summer y todo.

Este cuarteto indica que estamos ante algo más que un producto comercial al uso. Parte del resto del disco se encarga de confirmar el salto de madurez. Ello se evidencia en maravillas como ese Superpower de dibujos animados cantado alimón con Frank Ocean, la eufórica XO con madera de himno o ese Partition que parece sacado de aquella Nelly Furtado de Promiscuous Boy. Hay patinazos (Rocket o Heaven, por ejemplo), pero la media obliga a alzar el pulgar. Sí, Beyoncé ha vuelto. Y a lo grande.

Imagen de previsualización de YouTube“Blow”, uno de los mejores temas del album