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Archivo para Junio, 2012

La republica independiente de Björk

Domingo, Junio 24th, 2012

Björk
Santiago, Cidade da Cultura
30-6-2012

“Esto es el momento karaoke”, gritaba Björk con su inglés de acero antes de enfilar la recta final de su actuación. Daba paso a Declare Independence, ramalazo electro-punk y guerrero con el que alentaba la independencia de las Islas Feroe y Groelandia frente a Dinamarca. Ajena a su sentido real, sirvió aquí de explosión final a toda la contención anterior de su discurso. Machacón, eufórico y agresivo convirtió aquello, entre rayos, coristas desmadradas y la propia Bjork agitando a las masas, en la celebración de otra independencia: la artística, la de la individualidad, la de seguir el camino propio guiado por el talento. La artista islandesa volvió a demostrar que anda sobrada de todo ello. También que, aunque la modernidad ya no la mime como antes y parte de la crítica le haya retirado el saludo, su propuesta permanece (muy, pero que muy) vigente.

Un apunte. El concierto del viernes puede tomarse como el último resquicio de la política cultural que trazó la Xunta allá por 2010. ¿Recuerdan? El Xacobeo de Arcade Fire, los festivales de nuevo cuño, las propuestas refinadas para teatros y salas, el Sónar-Galicia que iba a continuar… Sí, todo lo que se esfumó dos años después sin dejar apenas rastro. El último era este. Contratada por el entonces gerente de la Cidade da Cultura, Ignacio Santos, el recital de Björk aventuraba, en su día, una especie de trasvase de todo aquel maremagnum de propuestas al Gaiás. Con Santos y su valedor, el ex conselleiro Roberto Varela fuera de la Xunta, hoy suena a epílogo de un paréntesis cerrado mucho más temprano de lo esperado. Ni siquiera la respuesta de público, unas 4.000 personas para un aforo de 7.000, sirve para justificar el tirar por ahí. Eso, siempre y cuando exista alguien en el cotarro que sepa cuál es la cuerda a la que agarrarse.

Política al margen, el recital resultó ser una maravilla en la que Björk demostró su habilidad en convertir accesible un trabajo tan extraño y alambicado como Biophilia. Ese álbum, en el que la artista pretendía fundir tecnología, música y naturaleza en una pieza, guió un concierto que podría tomarse como una clase de ciencias naturales en clave pop. En efecto, amplificadas por excelentes audiovisuales, piezas como Moon, Cosmogony o Virus tomaron una nueva y fascinante dimensión. Arropada por dos músicos (uno ocupándose de las percusiones y otro de los samplers, tablets y mil cachivaches más) y una decena de coristas que parecían hadas venidas de un mundo irreal, se pudo ver a Björk dirigiéndose a luna y sincronizando la secuencia del recorrido del satelite con el sonido. También cantándole a la inmensidad del universo, mientras este se dibujaba y las voces de acompañamiento trasladaban la canción a unas cotas de belleza impensables en disco. O al amor vírico y microscópico, conquistando las células bajo la lupa de la gran pantalla en medio de esa suave melodía oculta.

Imagen de previsualización de YouTube“Crystalline”, en directo en Santiago

Lo más espectacular llegó a mitad de concierto con Crystalline, el particular hit del disco, con las coristas desmadradas contagiando felicidad dentro de esa pieza angulosa y caleidoscópica. Y, ya al final, Mutual Core, un volcán musical en erupción fundido con Náttúra y aderezado con trazos de pirotecnia que hizo, por un momento, olvidar el frío insoportable que reinó toda la noche en el Gaiás. De su obra anterior escogió con esmero las piezas que mejor se adecuaban a su propuesta, sin salirse del guión ya conocido de sus últimos conciertos. Temprana sonó Hunter, lastrada por unos bajos desfasados que se comían la canción e hicieron temer lo peor. Poco después Hidden Place, la sensacional apertura de Vespertine, puso todo en su sitio con finura y estrellas de mar, queriéndose de fondo e integrándola en el concepto de la gira. Preciosa estuvo la repesca de Pagan Poetry y muy excitante ese Isobel, que al final resultó lo más pop de toda la noche.

Al final, en el bis, llegó una curiosa repesca del One Day proveniente de su primer álbum. Interpretada solo con un hang y la voz mesurada de Björk, sorprendió por su vuelta de tuerca. Dicen, quienes estaban detrás, que ya entonces había gente yéndose del recinto. No se sabe si decepcionados por el concierto, helados por el frío u ambas cosas a la vez. Se quedaron sin ese final espectacular que abre estas líneas: emoción pura que trasciende a los caprichos del público de tendencia, las manoseadas metáforas del hielo y, por supuesto, la dictadura de la innovación y el futuro de algún sector de la crítica. En cierto modo, si la artista se sacude ese lastre de encima saldrá ganando. Y los fans que siguen de su parte también. El viernes parece que se demostró que ambas cosas se han logrado. O que, cuando menos, van por el buen camino.

Beach House y las sensaciones olvidadas

Lunes, Junio 11th, 2012

Bloom es un disco magnífico. El cuarto álbum de Beach House pertenece a esa clase de trabajos que mecen al oyente al sonar. Sus canciones, saliendo de los auriculares de un Iphone por la calle, generan la ilusión de caminar dentro una burbuja invisible. Llegan ahí, a ese surtidor de placer interno que parecía olvidado, el que traslada la mente a regiones lejanas llenas de nubes melódicas de un pop con rostro lánguido y tez blanca. Aunque coja divisando ya los cuarenta, suena a veintitantos: a descubrimiento del mundo, a noches interminables al amparo de la música, a momentos al margen en los que todo, absolutamente todo, podría esperar. Había una misión que resolver: acercarse lo más posible a ese lugar llamado Belleza usando la música como medio de transporte.

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Escúchenlo, por favor. Póngalo en su reproductor y que suene Myth, el primer tema. Que arranque con esos ritmos modelo Sarah Records. Que siga con la guitarra limpia llegada del pop inglés de finales de los ochenta y principios de los noventa. Que crezca dentro esa rueda envolvente de fondo que dibuja espirales de tenue psicodelia. Que coja brío con un bajo de querencia after-punk que da la bandera de salida. Y que tome forma con voz, asexuada (¿es un hombre? ¿es una mujer? ¿son quizá dos voces fundidas?) y contenida que, de pronto, se diluye en un falsete de vapor de agua. Vuelta a empezar y a girar, y a girar, ya tomando el sonido todo su cuerpo. Acuden a la mente Slowdive, Field Mice, The Cure, Cocteau Twins y un puñado más de nombres míticos de entonces. Cuando se pretende abrazar la canción, de pronto se eleva en guitarras poderosas. Y termina dejando una suave conmoción. Sin arrebato, sin estridencias, únicamente instalado en la frágil seguridad de caminar de la mano del pop. Sí, sí, como entonces, cuando todo, absolutamente todo, podía esperar.

Myth simplemente invita a adentrarse en un disco con el que el dúo de Baltimore ha llegado al cielo. Victoria Legrand y Alex Scally ya habían tocado la fibra con Zebra (2010), pero ahora lo han llevado todo un poco más allá. Perfeccionando el discurso y acariciando los resortes de un modo de concebir la música que permanecía guardado en el desván juvenil. ¿Recuerdan? This Is Our Music, Souvlaki, Heaven Or Las Vegas, Ultra Vivid Scene, Loveless, En cielo de océano… los títulos de una música que agotó metáforas en fanzines y pilas de walkmans en habitaciones de estudiantes. Luego llegarían las milicias del Brit-Pop para hacer borrón y cuenta nueva, la electrónica se llevaría a los oídos más sedientos de novedad y desdén se instalaría hacia una música “que no decía nada” y que solo “era estética vacía de contenido”. Había caído todo en desgracia. Algunos fans, sin embargo, continuaron persiguiendo esa sensibilidad allá en donde estuviera. Recurriendo a las fuentes originales y rastreando, luego, ecos de todo ello en los sitios más variopintos: los pliegues ambientales de Yo La Tengo, la magia encaracolada de Broadcast, los vaivenes melódicos de los Mercury Rev que se sacaron de la manga Deserter’s Songs, los maravillosos crescendos de Piano Magic, el puntillismo electrónico-psicodélico de Trembling Blue Stars y decenas y decenas de bandas que, de cuando en cuando, circulaban cerca de aquellas coordenadas.

Para ellos, para los fans de entonces, parece haber sido creado especialmente Bloom, diez estampas de un modo de hacer música muy especial. Es de suponer que al grupo del momento no le guste que se les tome como el recuerdo de algo que pasó hace tanto tiempo. Tampoco a la crítica entusiasta, que da vueltas y vueltas para evitar con todas las fórmulas posibles -!ays!- la palabra revival en sus reseñas. ¿Cómo hacerlo sin que el castillo de naipes creado durante todos estos años se venga abajo? Pero los corazones súbitamente reblandecidos ante la magia de The Hours, Laluzi, Wishes y sus deliciosas compañeras se sienten como si un disco les hubiera hecho viajar al pasado para colocarse, frente a frente de nuevo, con algo que bien pudiera ser el gran amor de su juventud. No piensan pedir perdón por ello. Tampoco justificarse. Son emociones incontrolables y tozudas que vencen a la inercia. Latidos que se empeñan, de repente, en mirar atrás. Y un bienestar que difícilmente se puede compartir. Sí, como en aquellos años, como aquellas sensaciones olvidadas, que estos alquimistas de la ensoñación han resucitado de un modo esplendoroso.

Por cierto, un millón de gracias por ello.

Imagen de previsualización de YouTubeEl grupo interpretando en directo “Wishes”, uno de los mejores temas del disco

El éxito de la música en directo según Sr. Chinarro

Sábado, Junio 9th, 2012

Con motivo de la visita de Sr. Chinarro a Pontevedra, ayer publicamos en el suplemento Fugas de La Voz una entrevista con Antonio Luque. Una de las preguntas iba referida a si era cierto el mito de que el dinero de la música está ahora en el directo. Esta fue la respuesta íntegra:

“Bueno, más que a directos, la gente lo que va es cada vez más a festivales, diría yo. Los festivales son como una especie de feria, como la Feria de Abril de Sevilla, pero que en vez de tocar grupos pachangueros y de sevillanas malas lo hacen grupos molones. Se le ofrece a la gente la oportunidad de acampar y ver a personas de otros países, lo que facilita colmar los deseos de los españoles. Porque ¿quién no se ha querido cepillar a un extranjero o una extranjera? Es un poco lo que se llama el sexo interracial, que lo facilitan los festivales. A todo ello se le suma el consumo de drogas, ¿por qué no decirlo? Está casi como bien visto en ese contexto de feria, igual que está bien visto en la Feria de Sevilla acabar todas la noches vomitando manzanilla, ¿no? Pues dentro de ese producto llamado festival, los músicos entramos como trabajadores, del mismo modo que el que está repartiendo la cerveza San Miguel en el Primavera Sound. Trabajamos y tenemos nuestro sueldo, pero mucho menos de lo que se puede pensar. Por lo menos en el caso de los grupos españoles, y muchos extranjeros también. Los grandes cachés son para unos poquillos, para 100 o 200 grupos que tienen cartel de estrella en un festival como este. Ahí está el éxito. Pero es un éxito para la música secundario y un poco triste, como siempre. En los festivales los músicos seguimos siendo el pianista de los bares del Oeste”.

Lenny Kravitz flotó entre la adoración popular

Sábado, Junio 2nd, 2012

Lenny Kravitz
A Coruña, Coliseo
31-5-2012

¿Cómo le dice un crítico a las 8.500 personas que llenaron el Coliseo de A Coruña que Lenny Kravitz está totalmente sobrevalorado? ¿Cómo le explica a esa pléyade de gente entusiasmada que el músico no pasa de ser un correcto alumno de The Beatles, Jimi Hendrix, Stevie Wonder y tantos otros? ¿Cómo se puede apuntar, en ese clima y sobre todo en esos clímax, que su pastiche jamás ha ido más allá de un intrascendente círculo de recreación hacia la nada? La respuesta resulta obvia: de ninguna manera. Todo caería en saco roto.

Lo vivido el jueves en A Coruña se puede resumir en una palabra que se hace necesario deletrear: a-do-ra-ci-ón. Ese público ama a Lenny Kravitz. Suspira porque se quite las gafas de sol. Aplaude ante cualquier movimiento supuestamente imprevisto que haga. Enloquece si ve que se apea el chaleco. Y se derrite cuando el cantante se queda impertérrito durante un buen rato, dejándose querer por el aplauso popular. Como las folclóricas, Lenny se echa la pasión de sus fans como quien se lava la cara. A cambio les ofrece exactamente lo que buscan: hits, hits y más hits.

Sí, no se complica la vida. Tras abrir con Come On Get It ,del album que venía a presentan, Black & White America, disparó un Always On The Run algo agarrotado. Luego, un American Woman crecido en vivo. Y, un poco después, Mr.Cab Driver emprendiendo la carretera hacia el éxtasis. Para entonces ya no había nada que hacer. Pese al mal sonido inicial –metálico y embarullado, al menos desde la zona de prensa- Lenny estaba arrasando a golpe de rock negro, carisma, aura de estrella y un repertorio bastante apañado y muy pero que muy efectivo. En el traslado del greatest hits a las tablas destacó muy especialmente la sección de vientos, excepcional en todo el concierto propulsando los temas.

Tras el paseo por el relax y el terciopelo de Stand By My Woman y Belive, llegó la traca final. Fusionando Fly Away y la celebérrima Are You Gonna go My Way? puso el Coliseo patas arriba. Y cuando el bis anunciaba paz y sosiego de la mano de I’ll Be Waiting, llegó la locura. Un Let Love Rule extendido a más de 15 minutos sirvió para que Lenny bajase al foso y lo recorriese de lado a lado. Todo normal, pero ya puesto y contra lo previsto, subió a la grada, se paseó por los pasillos de medio Coliseo, saltó desde ella a la mesa de sonido y, poniendo de los nervios al personal de seguridad del recinto, emprendió camino hacia el escenario en medio de un público. Este, en estado de delirio total, no se lo podía creer.

Ante tal júbilo colectivo, soltar cualquier tipo de reproche solamente evidencia una cosa: que una buena parte de la crítica y el gran público van por caminos (muy, pero que muy) diferentes. Y ya se sabe lo que se dice en estos casos: el cliente siempre tiene razón. Máxime cuando en un momento como el actual es capaz de soltar entre 36 y 46 euros por una entrada. Eso sí, con la comprensión de su ídolo que les agradeció el esfuerzo de gastar ese dinero en los tiempos que corren.

Foto: César Quian

Álbum de fotos del concierto aquí