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Archivo para abril, 2012

Lori Meyers deslumbran en el Festival do Norte

domingo, abril 29th, 2012

Este año solo he podido ir a la segunda jornada de un Festival do Norte que celebraba su 11ª edición. Pese a la ausencia de nombres internacionales, demostró una vez más su poder de convocatoria. Gran ambiente en un día en el que brilló, por encima de todo, el pop de Lori Meyers.

Festival do Norte (2º jornada)
Vilagarcía de Arousa, Fexdega 28-5-2012

Lori Meyers lo tienen. Tienen eso que hace que pasen de ser un simple grupo a escribir la BSO de la vida de cientos de personas. Sus canciones proporcionan bienestar en el corazón y calor en las mejillas. Se trata de pequeñas pildoritas musicales que versan sobre ese capricho llamado amor, transformadas desde su sencillez en himnos y elevadas a un estatus que pocos, poquísimos grupos en España han alcanzado. Si a finales de los ochenta fueron Los Flechazos los que nos hicieron sentir súper héroes mods y en los noventa Los Planetas nos convirtieron en protagonistas de una película llamada vida, en los dosmiles Lori Meyers se revelaron como los maestros del estrofa-estribillo-estrofa con efecto de eternidad. Cientos de álbumes de fotos digitales los tendrán a ellos sonando en el futuro, despertando la nostalgia de aquello que fue, que no volverá, pero que resulta maravilloso recordar.

Su actuación ayer en el Festival do Norte fue sencillamente memorable. No importó el sonido, algo apelotonado. Tampoco que se dejasen en el tintero maravillas como L.A. El grupo engatusó desde el primer acorde. Este correspondió a Nuevos tiempos. Abrió el tarro de la euforia, colocó las barbillas prominentes y guió a esas gargantas que escupían versos como “Ahora vienen nuevos tiempos, el amor está en el aire, es momento de escribirle y con más pasión que antes”. Sí, el pop desplegando todas sus armas: melodías irresistibles, letras-sencillas-pero-que-calan y electricidad llevándolo todo a un más allá de ceremonia, de comunión, de estamos-aquí-mejor-que-en-ninguna-parte.

Aunque los que vivieron en sus carnes a Los Flechazos o los primeros Planetas, sigan viendo a Lori Meyers como el talentoso hermano pequeño de un amigo, los granadinos demostraron en el escenario haber crecido muchísimo. Y poseer un repertorio de hits lo suficientemente amplio como para tener a la gente una hora y pico comiendo de su mano y haciendo del hecho de conocerse una fiesta multitudinaria. Cayeron joyas a pares. Algunas explotando en el público como granadas pop (Mi realidad, Alta fidelidad). Otras emergiendo como una pura caricia (Luciérnagas y mariposas, Sus zapatos). Pero todas dejaron a la chavalada embobada. Y afónica.

Se cantó mucho en la carpa grande el Festival do Norte. Y se botó, alzando los brazos al aire, conjurando una atmósfera embriagadora. En el lateral del escenario, miraba al público Carlos Mariño, el mánager gallego del grupo. Mientras, Noni, el cantante, se quedaba sin camisa (y casi sin pantalones) ante las fans enloquecidas, su gesto delataba la satisfacción de tener algo grande, muy grande, entre manos. Sonaba Luces de neón. Entre “parapapapá”, “tendría que reconocer que o llevo razón” y trallazos de batería aquello se venía abajo. Final. Y sí, ya está. La sonrisa, de oreja a oreja, petrificada. Al menos, hasta el día siguiente.

No fueron los únicos Lori Meyers, aunque sí los más importantes. Disco Las Palmeras abrieron la tarde, pero los problemas surgidos en la AP-9 hicieron que muchos de los que venían en coche del norte se quedasen sin su actuación. Apenas dio tiempo a ver algo de Los Pilotos, la nave dirigida por Banin y Florent de Los Planetas dedicada a explorar el rock electrónico espacial. Se acompañaron de un batería y sonaron graníticos, mejor que en disco, pero quizá a una hora demasiado temprana para su propuesta, y más en un escenario pequeño que aguardaba a las Nancys Rubias. Ver a varios fans de estos, bailando el kraut rock de Los Pilotos en plan nos-vamos-de-fiesta-a-Ibiza, reflejaba perfectamente el estado de ánimo.

Las Nancys dejaron en minúsculo el escenario pequeño. Cazando al vuelo alguna de sus letras, se escuchaban cosas del estilo “Somos las Nancys Rubias y hacemos playback” o “somos un derroche de actitud” que se correspondían perfectamente con lo que hacían en el escenario: el fraude expuesto con toda transparencia. Así que fingieron que tocaban esas canciones medio Ramones-medio Sigue Sigue Sputnik y encantaron a los cientos de personas que transmitían la sensación de ir al festival solo para ver en el escenario a los protagonistas del reality de la MTV. Horas después su esposa, Alaska, cerraba los conciertos repasando clásicos de los ochenta (y de décadas posteriores) dentro de un formato cabaretero lleno de vedettes, plumas y, !sorpresa!, la stripper Susana Reche.

Mucho antes, Pollock habían inaugurado los pases del escenario grande son su pop-requeteinfluenciado por Phoneix y, luego, El Columpio Asesino cumplían con solvencia su papel de discípulos del rock pixiano sección oscura. Como era de esperar, Toro se cantó como el himno que es y los más mayores del lugar certificaron que eso sigue siendo todo un milagro. Las carpas de baile acogieron a los dj’s Sandra Dinamita y Hangtheguille. La primera pinchó muchas piezas cincuenteras. El segundo, pop indie. Dicen que muy bien ambos. Un servidor llevaba ya entonces unas cuantas horas de sueño, borracho de pop y con una certeza: en el 2013 hay que repetir.

Paul Weller, por encima de lo extraño y lo convencional

jueves, abril 26th, 2012

La excepcional acogida que ha brindado la prensa y el público indie a “Sonic Kicks”, el último disco de Paul Weller, lleva a trazar una reflexión sobre la sustancia de los discos, su envoltorio y la importancia de adjetivos como experimental o conservador

En los noventa aún existía fe en el futuro de la música pop. Muchos rechazaban el revival de plano. Entonces se criticaba (a veces, con toda la razón el mundo) que en las escenas retro se solía valorar a los artistas solo por el estilo que ejecutan. Es decir, todo gravitaba en torno a que el músico se adscribiese a los postulados de un género determinado, fuera este surf instrumental, r&b, garage-punk o rockabilly. De la calidad del material, ya se hablaría (y, por lo general, con el listón por los suelos). Al lado de eso estaba el brit-pop, apadrinado por Paul Weller e invocando claramente a los gloriosos años sesenta ingleses. Lo mismo pero con barniz de actualidad, opinaban una parte de la crítica y el público entonces. Eso sí, haciendo todo tipo de excepciones ante la contagiosa euforia que generaban los himnos de Oasis, Blur o Suede. Y olvidando, quizá, que en Weller hay un autor que, al igual que Bob Dylan, Pj Harvey o Elvis Costello, va mucho más allá de una corriente.

Se suponía que en el mundo indie, el de verdad, el de la cuerda floja, la cosa iba por otros derroteros. Se valoraba el riesgo, la experimentación y los triples saltos mortales. Todo para visualizar el rock del siglo XXI, que un día llegaba en forma de trip-hop, otro en modo post-rock y al tercero tiraba la toalla, declarando su muerte en favor del intelligent techno. Tanto daba que, en muchas ocasiones, se hiciera trampa y que, bajo la apariencia de un avance real, se producían hurtos del artista de grupos pretéritos semi olvidados con un mínimo toque personal. Vamos, que se trataba de algo similar al denostado brit-pop, solo que mucho menos sincero y con ínfulas visionarias.

La cuestión es que esas líneas genéticas selectas que apuntaban a grupos raros (Can, Silver Apples, Suicide, Nick Drake, Brian Eno, Kraftwerk, United States Of America, Neu!…) ya no generan, hoy en día, la misma extrañeza. Son moneda de cambio habitual entre los aficionados más o menos interesados, pero la sensación de “ohhhhhhhhhhh!” continúa vigente. Si un músico apunta ahí, enrareciendo un poco al discurso metiéndole un ritmo motorik, llegan los aplausos. Si apunta a otros parámetros más “normales”, dibujando por ejemplo pulcras melodías a lo Credence Clearwater Revival, los bostezos. Le ocurrió a Wilco, que habían pasado bastante desapercibidos para el universo Primavera Sound hasta maravillar al personal con las dobleces de Yankee Hotel Foxtrot (2002) y A Ghost Is Born (2004). Sin embargo, resulta difícil afirmar que estos trabajos resulten mejores que Being There (1996) o Summerteeth (1999). Se muestran, sí, más insólitos al oído pop convencional… pero ¿superiores? ¿Y se supone que por ello se debe dejar a un lado un disco como Sky Blue Sky (2007) por tirarse al sonido soft-rock?

Algo similar ocurre actualmente con Paul Weller. Se le quiere y se le adora. Lógico, lleva unos años tremendos, caminando por la línea del notable y, en ocasiones, llegando al sobresaliente. Pero cuidado, eso ya ocurría antes de que descubriera el kraut-rock con el apreciable Sonik Kicks (2012) o que ofreciese el magistral discurso posmoderno de Wake Up Nation (2011). Si acudimos a su pasado reciente, ahí está As Is Now (2005), mucho menos atractivo en su formulación teórica para según que crítica (rock con ramalazo soulero y algo de folk), pero realmente tremendo en su corazón musical. Cualquier fan de Animal Collective que se tire a él sin prejuicios se topará con un álbum espléndido sin un solo segundo de relleno y, !sorpresa!, mucho más sólido que el recientemente laureado Sonik Kicks.

Todo ello nos lleva a pensar que, años después, todo sigue igual. Dependiendo el hilo del que se tire, se logrará un aplauso u otro. Así, desde esa óptica, en los noventa The Black Crowes eran un grupo retrógrado y deleznable por inspirarse en las bandas de rock sureño; Teenage Fanclub resultaban para muchos los más frescos del barrio por hacer lo mismo fotografiando los pentagramas de The Byrds; y Stereolab, el no va más por tirar de la rítmica Neu! y fundirla con lounge. En realidad los tres eran grandes grupos que elaboraban grandísimas canciones y grandísimos discos. Igual que los que venía haciendo Weller hasta ahora, punto en el que está demostrando, para quien no lo supiese ya, ser un autor total. El ex líder de The Jam y Style Council logra integrar todo tipo de influencias al tronco principal de su obra: esa personalidad de fan, recia y honesta, que muestra las costuras sin ocultarse. Sabe que, al final, lo suyo resulta único. Y en momentos de crisis de ideas, como el actual, imprescindible.

No queda ninguna duda de que Sonic Kicks se trata de un disco estimulante, panorámico y colorista. Que arranca con un Green explosivo que promete subidas y bajadas efectistas, pero que realmente llega al corazón en su lado más pop. Ahí, en el aeroplano melódico de The Attic, la ambrosia musical de That Dangerous Age y la maravillosa caricia psicodélica de When Your Garden’s Overgound es donde Weller desarma por completo. En lo otro, en el lado “experimental”, cosecha luces y sombras, dando menos de lo que inicialmente promete. Canciones algo agarrotadas como Kling I Klang y pasajes instrumentales totalmente prescindibles como Sleep Of The Serene van de la mano del el rock-con-efectos-espaciales de Arround The Lake o el sonido cuasi sinfónico de Drifters.

Todo ello, sitúa el álbum en la lista de los recomendables de la temporada. Pero no llega a cumbres de su pasado más heterodoxo –22 Dreams (2008), Wake Up Nation (2011)– ni tampoco del supuestamente conservador –Wild Wood(1993), Illumination (2002), As Is Now (2005)-. Ahí descansan verdaderos tesoros pero, eso sí, hay que dejar los dogmas en el bolsillo para poder disfrutar de ellos en toda su plenitud. Y lo dice uno que menospreció a Weller en el pasado, un artista por encima de lo extraño y lo convencional. Sonik Kicks lo vuelve a demostrar. Pero también deja claro ciertas inercias del público y la crítica que piden una urgente revisión.

Imagen de previsualización de YouTube“When Your Garden’s Overgound”, una de las grandes maravillas de “Sonic Kicks”

La música convertida en algo físico

lunes, abril 23rd, 2012

Lisabö
Pontevedra, Sala Karma 21 abril 2012
Aniversario de Desconcierto Cultural

A Lisabö los conocíamos por sus fotografías. Seriedad, mirada profunda, pupilas clavadas en el objetivo, tensión latiendo en el bolsillo. El sábado se transformaron en carne y hueso. La imagen se hizo persona y la tensión guardada halló la vía de salida. Se convirtió en músculo, sudor y alarido. Espasmos, descargas de furia y descontrol. Sí, era cierto. Todo podía ir un poco más allá. Y golpear, noquear, dejarte totalmente exhausto. Al final, tras felicitar y agradecer a los responsables de Desconcierto Cultural, impulsores del bolo, surgía la pregunta: ¿Y para el próximo aniversario de vuestra asociación a quién vais a traer? ¿Quién demonios puede superar esto? No hubo respuesta. De haberla, habría que mirar más allá de la Península. Sí, era cierto. Lisabö poseen posiblemente el mejor directo que en la actualidad se puede ver a nivel nacional.

Lo dejaron claro desde el minuto uno. Salieron a escena y se hizo el silencio. Todos miraban a Eneko Aranzasti, uno de los dos baterías de la banda. Este permanecía concentrado, como esperando a que la mística le trajese la energía para arrancar. Impaciencia en el público. “!Dalle, carallo, dalle!”, se escuchaba abajo. Guiño de Eneko. Adelante. Y explosión. Una masa de sonido incandescente se hizo con la sala Karma. Se trataba de Oroimenick Gabeko Filma, el tema que abre Animalia Lotsatuen Putzua, su último disco. El batería transformaba su semblante amable en el gesto mismo de la fuerza. Pómulos enrojecidos, mandíbula desencajada, dientes amenazantes. Ibán, su compañero a las baquetas, veía como volaba uno de sus platos a los pocos segundos. Carlos Osinaga, el cantante y guitarrista, se retorcía en gritos, sacando los versos del estómago y expulsándolos como veneno. Javi Manterola le secundaba con la voz y el nervio recorriéndole el cuerpo. Puro calambre. Los pies y los micros no se tenían en pie. La dupla de bajistas, espléndida, llevaba la descarga más allá. Aún más allá. Como un latigazo, como una sacudida de guitarras salidas a presión de la tubería de la rabia y transformada en electricidad.

Imposible enumerar todas las canciones. Aquello era demasiado potente como para sacar una libreta y tomar notas. Cayeron por ahí Gordintasunaren Otrdu Luzea, con un bajo poderoso haciendo algo así como el cruce imposible entre Massive Attack, Sonic Youth y Slint. También Ez Zaitut Somatu Isisten, con la voz de su letrista Marxtel sampleada antes de abrir la caja de los truenos. Y la impresionante Alderantzizko Magia, con toda la rigidez de su bajo y la pirotécnia de sus baterías. O un apoteósico Hazi Eskukada I, elevado al infinito con la sincronización de ambas. Fue la pieza que cerró un concierto que dejó al público sin habla. Casi nadie pidió el bis. Casi nadie era incapaz de corear el “otra, otra, otra”. Todo ello, tras una hora y media de una intensidad tal que cualquiera de los titulares que suelen coronar las entrevistas de la banda se quedan en nada. Absolutamente nada. Aun así, el grupo volvió a salir y extendió el placer veinte minutos más.

A nivel nacional habría que remontarse a los mejores Manta Ray, los de finales de los noventa, para encontrar con algo equiparable. Lisabö, sin embargo, se alejan de los ambientes y paisajes que los de Gijón invocaban en los escenarios entonces. También de la rítmica envolvente y los guiños de fan erudito. Los vascos son pura víscera que brota de las cajas y los bombos. Tiene mucho más que ver con lo que luego fue Estratexa. Eneko guía al grupo. Él es brazo, fuerza bruta, poderío. Ibán aporta muñeca, sutileza, complemento. Más allá de lo exótico, en la doble batería se asienta el edificio de Lisabö. Si ello va, el resto funciona. Y va, vaya si va. Tanto da que, embargados por la emoción, los guitarristas se desentiendan de su instrumento. O que sus gargantas no encuentren el micrófono y tengan que cantar a pelo. Al contrario, la vena palpitante y el rostro alterado le otorga más sentimiento y un plus, el de la música convertida en algo físico.

Lo del sábado figura, desde ya, dentro de los momentos míticos de la música independiente en Galicia. Lisabö, con sus climax y anticlimax, con sus momentos de ruidismo desbocado y sus pasajes de calma tensa, demostraron que habitan otro nivel. Quien tenga la oportunidad de atraparlos en uno de los escasísimos conciertos que ofrecen fuera del País Vasco, que no lo dude. Esto hay que vivirlo.

Imagen de previsualización de YouTubeLa banda interpretando “Gordintasunaren Otrdu Luzea”

NOTA: Aquí se puede ver el concierto íntegro. La calidad no es muy buena, pero seguro que será interesante para los que estuvieron en la sala Karma.

Youtube resucita la movida coruñesa de los años ochenta

sábado, abril 21st, 2012

A quienes no lo vivieron en carne propia, el que en los ochenta hubo movida en A Coruña había quedado claro con la exposición Desembarco dos 80 o la revelación del documental sobre el festival Cidade da Coruña 1982. Ahora una joya divulgada en Youtube lo lleva más allá. Se trata de un pequeño reportaje sobre la movida nocturna de la ciudad en la que “los ciudadanos toman la calle como si fuese suya”. Fue emitido en su día en el programa La Tarde que Pepe Navarro dirigía en TVE. En él se puede ver una ciudad vibrante y con ambiente colorista dándole rienda suelta al carácter festivo local en su versión posmoderna. Por ahí se pasean punks y rockers, establecimientos legendarios como O Patacón o el ZYX, peinados a lo Vicky Larraz y litronas y bandas como Viuda Gómez e Hijos o Diarrea. Pero, sobre todo, se desprende una sensación de diversión hasta a el amanecer, ese que se celebraba en Las Agujas del Reloj. A buen seguro, revolverá todo tipo de emociones a quien lo haya vivido y dejará los ojos como platos a los que simplemente lo han imaginado.

Imagen de previsualización de YouTube

Lisabö: “Nuestra música consiste en sacar fuerza de dentro y, luego, llevarla al extremo”

sábado, abril 21st, 2012

La excepcional acogida que ha tenido Animalia lotsatuen putzua (2011) ha llevado a Lisabö más allá del secreto. Portadas en Rockdelux o Mondo Sonoro, primeros puestos en las listas de mejor disco del año en diferentes revistas, portales y blogs (entre otros, Retroalimentación) y elogios a chorro refrendan una propuesta que lleva proporcionando placer furtivo desde hace más de diez años. Hoy, sábado 21 de abril, debutarán en Galicia. Será en Pontevedra (sala Karma, 23 horas, 10 euros anticipada y 13 en taquilla), dentro de la fiesta de aniversario de la asociación Desconcierto Cultural. Una feliz noticia por partida doble. Primero, el público gallego podrá ver en vivo a una de las mejores bandas del planeta (sí, lo de Lisabö trasciende a lo nacional). Segundo, más allá de las instituciones y los agentes culturales habituales, la fuerza y la capacidad organizativa de los fans demuestra que las cosas se pueden lograr bajo el “háztelo tú mismo”. Y, en algunos casos, como este, con muchísimo más tino y conocimiento de causa.

Ibán Zabalegui, batería del grupo de Irún, atendió esta semana la llamada de La Voz. Esta es la versión íntegra de la entrevista que se publicó ayer en el suplemento Fugas.

-Este sábado el público gallego verá a Lisabö por primera vez. Sus discos son intensos y vibrantes, casi al límite de lo expresivo. ¿Hay sitio para más fuerza en el escenario?
-Una de las bazas que tenemos como banda es el directo. Yo creo que en este terreno todavía ensalzamos el sonido de Lisabö, todo eso de jugar con los silencios y con partes de gran intensidad. En vivo va a más. Pienso que es bonito ver el juego de las dos baterías. En los discos se pierde un poco, ya que no sabes quién toca qué, mientras que en el escenario resulta muy dinámico y muy estético.

-Su música empuja a dejarse levar. Me refiero a eso de ir por la calle con auriculares y sorprenderte a ti mismo apretando la mandíbula. ¿Hasta qué punto tocándola pasa lo mismo cuando, al doblar instrumentos, imagino que necesitan una gran concentración?
-Sí, es así, pero estamos muy acostumbrados a tocar juntos y ya nos sale de una forma natural. En realidad, lo que hacemos cada uno no tiene demasiada dificultad, pero el juego entre los dos queda curioso y sí que es verdad que logramos una gran intensidad, nos desfogamos totalmente y trasmitimos las canciones con toda su intensidad.

-Con el tema de la doble batería hay momentos en los que cada una va por un lado, pero que poco después se doblan y dan un poderío mayor. Esa sensación tiene que ser tremenda.
-Claro. El juego consiste en eso, en ir haciendo cosas diferentes y, en el momento en el que nos juntamos los dos, coger más fuerza y llevar la canción mucho más allá.

-¿Cómo terminan tras dar un concierto?
-En una entrevista Javi dijo que era una terapia, un modo de soltar la presión adquirida en el día a día. Cuando tocas expulsas esa rabia y es tremendo. Los primeros conciertos de cada disco suelen ser de terminar físicamente cansadísimos. Hacemos un esfuerzo físico y emocional tan grande que, al final, quedamos totalmente vacíos. Y muy relajados [risas].

-¿Podría tocar en Lisabö un músico de sesión?

-La verdad es que sería difícil. Nosotros hemos cambiado miembros del grupo y siempre hemos optamos por mirar más la amistad que al músico. Las composiciones que hacemos no entrañan demasiada dificultad técnica y queremos que quien esté ahí sea alguien muy cercano. Todo para que, a la hora de transmitir emociones y de vivir la canción, le guste esta música y la filosofía del grupo, para estar todos mejor y que todo eso se plasme.

-Trasmiten la imagen de trascendencia, de busca la profundidad total. ¿No hay momentos en los que le pide el cuerpo relajar el mensaje y ser más livianos?
-Nosotros hacemos esta música porque es lo que nos sale, tampoco le encuentro una explicación absoluta más allá. A la hora de ponernos a tocar con Lisabö afloran ese tipo de emociones. En todos estos años hemos usado la música para expulsar esas cosas y, al final, se ha convertido un poco en eso, en una manera de expresarnos, siempre tendente a esa línea. Nunca nos ha dado a hacer otro tipo de canción o por relajar el discurso. Quizá con otros proyectos que podamos tener sí, pero con Lisabö siempre tiramos hacia ese camino. Nuestra música consise+te en sacar fuerza de dentro y, luego, llevarla al extremo.

-Tienen siempre punto metálico y algo chirriante. De hecho en “Ezlekuak” ponían una notita en la que instaban al oyente a que subieran los agudos para lograr aún más ese punto metálico. ¿Por qué?
-Eso fue porque grabamos con Carlos Osinaga, que es guitarra, cantante y productor. Él es muy perfeccionista en las mezclas. Vio que para el vinilo, si se subían un poco más los agudos, igual todo podía sonar mejor. Puso esa nota porque le dio por ahí, para que el oyente lo apreciara mejor.

-En algunos vídeos de Youtbe se ve que alguno toca incluso una chapa metálica, reforzando esa intención.
-Sí, porque buscamos algo un poco diferente. El otro batería, en vez de platos normales, lleva unos cuantos platos rotos en uno de los pies para hacer un efecto distinto al de plato normal. Se busca un sonido más abrupto, más sucio, más chirritante. Yo también llevo cosas en la batería para hacer otro tipo de sonidos también, en un plan casi industrial.

-Ya con “Ezarian” (2001) Lisabö obtuvo muy buenas críticas, pero fuera del País Vasco no dejaron de ser siempre un grupo de culto, el típico secreto de melómanos, de gente que lee las revistas musicales de cabo a rabo. Este año da la sensación de que explotó todo cuando, desde mi punto de vista, no creo que el último disco sea excesivamente mejor que los anteriores. ¿Qué ha pasado?
-Yo creo que todo eso son más cosas relacionadas con la crítica que con el propio grupo. Nosotros hemos funcionado igual que siempre, con la misma tranquilidad y con mucho espacio de tiempo entre un disco y otro. Hacemos la música que nos sale y, al igual que tú, yo también pienso que, en calidad, este álbum no se diferencia mucho de los demás. Simplemente ha habido un bum, que le ha dado a la gente y le ha parecido mejor. La verdad es que hemos tenido buenas críticas desde el principio, pero, no sé por qué, esta vez todo se ha magnificado y es algo que a nosotros nos gusta, y es maravilloso [risas]. Pero, insisto, estoy contigo: no creo que el disco sea mucho mejor que los demás, ni tampoco demasiado diferente. Nosotros trabajamos en el local, haciendo canciones. La que nos hace sentir algo va para adelante y la que no queda para atrás. Al final, no sé si nos ha cogido un periodo más dulce, no sé… Si a la crítica le parece fantástico, ello nos abre puertas a tocar en otros sitios, o sitios con mejores condiciones. Todo es para bien.

Imagen de previsualización de YouTube“Oinazearen intimitatea”, uno de los temas del último álbum

-Le planteo una percepción personal. Les conocí con epé “Egun Bat Nonahi”. Me parecieron un proyecto artístico muy definido, sólido y convincente. Y esa percepción se trasladó a todo lo que han editado. Al tiempo, encontré una despreocupación en el modo de llegar a la gente. Parece que Lisabö es un grupo al que tú te tienes que acercar, que no va a hacer nada por acercarse a ti. Por ejemplo, pese a dedicarme a la crítica musical desde hace años, nunca me llegó ningún disco suyo, ninguna hoja de promoción, ni ninguna propuesta de entrevista. Toda mi relación con Lisabö nace exclusivamente de mi inquietud como fan. Me pregunto si existe, por su parte, ese desinterés y si es buscado para preservar, de algún modo, la independencia del grupo y no estar tan pendiente de lo comercial.
-Bueno, nunca le hemos dado mucha importancia al tema de ventas y todo lo demás. Antes de sacar Ezarian habíamos editado una maqueta en la que hicimos todo nosotros, desde grabar a las portadas, cuidando mucho todo lo que es la estética. Luego estuvimos en otros sellos como Esan Ozenki, en los que la promoción se hacía tal y como en ellos era habitual, más a nivel de Euskadi y algo hacia fuera, pero tampoco demasiado. En Bidehuts se hace una promoción normal. Nosotros no invertimos mucho en eso, porque seguimos, paso a paso, haciendo nuestra carrera y es algo que no nos ha preocupado demasiado. Sí que nos puede molestar eso que dices tú, que has tenido que acercarte al grupo y te ha interesado. Sí que nos hubiese gustado haber llegado a gente como tú antes, en plan “este sé que le interesa el grupo, entonces cada vez que saquemos algo hay que mandarle la hoja de promo y demás”. Como no podemos abarcarlo todo y siempre trabajamos a un nivel pequeñito, al hacerlo todo nosotros siempre se nos queda en el tintero un montón de sitios a los que no llegamos.

-Siempre pensé que era algo deliberado, de darle la espalda a la industria. Algo más ideológico, vamos.
-No, tampoco es eso. Nosotros hacemos las cosas poco a poco, muy a nuestra manera, y no tenemos capacidad de llegar a todos los sitios. Entonces te dices: “El que le vaya interesando más o menos puede llegar a conocer el grupo”. No ponemos demasiado énfasis en la promoción, pero tampoco creo que sea algo buscado.

-En Spotity, a excepción el epé de Acuarela, no hay nada de Lisabö. Si se acude a los cedés físicos se ve que están editados al margen de la SGAE. ¿No hay ahí un posicionamiento?
-Sí, en eso sí. Nosotros hicimos con SGAE algunos de los discos que editamos con alguna discográfica al uso, porque prácticamente lo exigían para fabricar. Pero cuando hemos tenido la sartén por el mango nos hemos querido posicionar al margen de ellos. Nos dedicamos a la música porque nos gusta y queremos que la escuche la gente por ese mismo motivo. Cuanto más fácil sea llegar a esa gente y esta pueda, con una licencia copyleft, acceder a la música y usarla sin tener que pagar a ningún tercero nada, creemos que es mucho mejor. Respecto a lo del Spotity no nos hemos preocupado por colgarlas. No sé muy bien cómo funciona, no sé si lo tenemos que hacer a través de alguien o lo podemos hacer nosotros directamente. De todos modos, en nuestra página web suelen estar todas las canciones colgadas para que la gente las pueda escuchar.

-Se habla de que “Animalia lotsatuen putzua” es su disco más crudo, el más urgente y el que tiene más aristas. ¿A ese punto se ha llegado perdiendo las cuerdas por el camino que daban un toque poético?
-En parte sí. Esta vez no hemos sentido la necesidad de incorporar el chelo. Siempre hacemos todo corriendo y deprisa. Tanto da cómo nos lo planteemos, aunque lo pensemos con dos años de antelación el disco lo hacemos corriendo y deprisa. En parte, no hemos metido cuerdas porque no hemos recapacitamos mucho en ello [risas]. Este nos ha salido así, el siguiente a lo mejor está repleto de cuerdas, quién sabe.

-Muchas críticas insisten en que Lisabö trasciende a lo nacional, que está a un nivel internacional. ¿Qué referentes manejaban ustedes cuando hicieron los primeros discos?
-Desde el principio siempre nos ha influido mucho Fugazi, Shellac y Sonic Youth. Yo creo que todo eso se palpa claramente. Luego, hemos odio un poco de todo. Nos gustan cosas mucho más tranquilas, tipo Giant Sand o Calexico, que igual luego no se plasman en nuestro trabajo. Esas influencias están desde el principio y son cosas que seguimos escuchando. Yo creo que, al final, lo que sí que hemos conseguido es, tocando nosotros juntos, llegar a tener un sonido propio en el que también se pueden ver esos referentes. De hecho, cuando estamos trabajando con las canciones y aún no tienen título, a veces le ponemos el nombre de un grupo que te gusta porque hay una parte que te recuerda a ese grupo. Nos pasa con Slint, Fugazi, cosas así…

-Hablando de Slint, en “Ezarian” tienen un tema, “Zer Egiteko Gai Gara”, que siempre pensé que en su letra era un homenaje a ellos. ¿Está inspirada en la portada de “Spiderland”?
-No, en realidad es una canción que la letra la hizo Ander Izaguirre, que era el batería de Dut. Hizo esa frase tan corta, “¿Qué somos capaces de hacer? El agua nos llega hasta el cuello y está a punto de llover”, y luego la primera parte es un fragmento de un monólogo de una película.

-Pues yo la escuchaba y me venía a la cabeza esa portada tan enigmática.
-Claro [risas]. Sí, aparecen todos ahí, con el agua al cuello y sí tiene sentido. Podíamos hacer un single para esa canción con esa portada, pero con nuestras cabezas [risas].

-Comenta que han logrado un sonido propio. Hace poco, un crítico de Mondo Sonoro reconocía que era incapaz de diferenciar unos temas de otros, que todos le sonaban a “canción de Lisabö”. ¿Se lo toman como un piropo?
-Sí, porque al final quiere decir que hemos logrado sonar a nosotros mismos, que nuestro sonido es característico y que, al escuchar una canción, sabes que es nuestra independientemente de que sea de un disco u otro. Es decir, que suene un poco y digas “Ah, esto es Lisabö”. Algo hemos conseguido [risas].

-Un compañero suyo que decía en una entrevista que deseaba que, al ser el grupo una reunión de amigos, seguir así para estar a los 65 de la misma manera. ¿Se ven con esa edad sonando con esta tralla?
-Sí, yo creo que sí. Si hemos llegado casi hasta los 40 no creo que se nos cure [risas]. Igual nos tranquilizamos un poco, pero lo de hacer música lo llevamos muy dentro y me veo perfectamente a los 65 tocando. Hay mucha gente de Irún que empezó hace 15 años y ves que algunos siguen, aunque sea en solitario, y otros están desvinculados. Yo creo que al que le gusta de verdad, que es nuestro caso, sigue haciendo música para toda la vida, que estará ahí para siempre.

-Esta es la primera vez que tocáis en Galicia, tras varios intentos anteriores fallidos. ¿Por qué es tan difícil contratar a Lisabö?
-El mayor problema es porque nos resulta bastante difícil compaginar el trabajo con con los conciertos. Podemos tocar los fines de semana y hay uno que trabaja el sábado por la mañana. Resulta bastante complicado. Tenemos que aprovechar que el que trabaja el sábado pueda librar para, por ejemplo, movernos hasta Galicia, que está bastante lejos.

-¿No podrían hacer nunca una gira convencional?
-Bueno, ahora en semana Santa hemos aprovechado para ir a Francia. Allí hemos hecho tres fechas seguidas porque nos coincidía bien el calendario. Ha sido la única vez que hemos hecho tres fechas seguidas. Normalmente hacemos, como mucho, dos. Y que no sean demasiado lejos.

-La doble batería dificultará todo un poco más.
-No solemos tener mayor problema. Ahora que somos seis en el escenario sí que tenemos algún problemas más. Llevamos un ampli más. Entonces, para las dos baterías necesitamos unos seis metros de escenario a lo ancho.

El cumpleaños que celebra un momento único

sábado, abril 14th, 2012

De oreja a oreja. Así teníamos ayer la sonrisa todos los implicados en la fiesta de aniversario de este blog. Fue una gran noche, con dos bandas demostrando sobre las tablas que aún tienen mejor futuro que presente. Y una audiencia, encantada, testigo de un momento único en la música independiente hecha en Galicia. Fueron Lendrone y Fantasmage, pero podían haber sido otros. Sí, hoy hay muuuuucho donde elegir. Al final del concierto, en un corrillo de críticos musicales se planteó la siguiente afirmación: “Actualmente hay en Galicia, dentro del indie, al menos 10 bandas de nivel”. Uno retó al otro a que las enumerase. Tras hacerlo e ir ya por la 12, subió la apuesta: “Hay, al menos, 15”. Y luego dejó la pregunta en el aire: ¿Conocéis 15 bandas catalanas, andaluzas o asturianas que molen a ese nivel?

Patrioterismos al margen, en Le Club se ofició una demostración práctica de esa excitante realidad. Primero con Lendrone, que envolvieron en humo sonoro a la audiencia a modo de enredador saludo. Su concierto fue sensacional, con largos instrumentales preñados de psicodelia densa, math-rock anguloso y atmósferas adictivas. Mil veces mejor que en la demo que tuvieron colgada en su bandcamp en los meses previos, el trío elevó su propuesta y se mostró como un proyecto de largo recorrido. Finalizaron a gritos, como queriendo decir: “Aquí estamos y hemos entrado en los oídos de todos vosotros”. El epé que tienen previsto editar en verano será uno de los lanzamientos de la temporada.

Y Fantasmage, ojo con Fantasmage. No se puede tener como referencia el (notable) disco que sale el 18 de este mes para Discos Humeantes y que se pudo escuchar en la web de Rockdelux. Resulta tan solo un pálido reflejo de lo que Andrés y Nico son capaces de hacer en el escenario. Imagínense a Parálisis Permanente mezclados con aquellos grupos de garage que salían en los recopilatorios Pebbles tipo The Outsiders. Pues algo parecido a ello, a tope de volumen, energía e intensidad, es lo que ofrece esta apasionante formación. Ayer hizo vibrar, sudar y, al final, loquear. En breve empezarán a tocar por toda España y reventarán el club de fans. Esta vez no ocurrirá lo que aconteció con Indómitos, la ex banda de Nico, que apenas cuatro gatos se enteraron de su existencia. Esta vez, arrasarán

Era este ya el tercer año que este blog soplaba sus velas de esta manera (en el pasado fueron Franc3s, Telephones Rouges, Mano de Obra y Srasrsra los protagonistas). Y, mientras se reserva plaza para repetir la jugada en abril del 2013, se masculla de fondo un nuevo proyecto ligado a la música en directo. Todavía se está perfilando. En los próximos meses se desvelará, pero seguro que gustará a todos los que ayer convirtieron un simple concierto en una toda celebración de un momento mágico. Mil millones de gracias y hasta la próxima.

Un momento de la actuación de Fantasmage tocando “Huesos”

Fantasmage y Lendrone soplarán mañana las velas del 4º aniversario de Retroalimentación

jueves, abril 12th, 2012

Mañana, viernes 13 de abril, es el día. Los coruñeses Lendrone y los vigueses Fantasmage se subirán al escenario de la sala Le Club (A Coruña) para mostrar en directo la excelencia del material que llevan moldeando en los últimos meses en su local de ensayo. Será con entrada gratuita y las puertas se abrirán a las 22.30 horas. El marco, el aniversario de este blog, que inició su andadura en abril del 2008 y que, yendo un poco más allá de la tecla, ha querido llevar a la práctica algunos de los sonidos que loa en sus entradas en cada cumpleaños. El contexto, una de las mejores épocas de la música independiente hecha en Galicia. Nunca hubo tanto y tan bueno en estos lares.

Ambas formaciones han presentado novedades en la última semana. Fantasmage no solo ha anunciado la salida de su primer elepé para el sello Discos Humeantes el 18 de abril, sino que lo ha colgado para la escucha gratuita en la revista Rockdelux. Pinchando aquí el lector podrá degustar doce dentelladas de rock oscuro y minimalista que darán mucho que hablar en los próximos meses a nivel nacional. Como unos Parálisis Permanente con un pie en el garage, sus canciones golpean, enganchan, excitan y enamorar. Su trasvase al directo promete doblar el impacto.

Por su parte, Lendrone también han estrenado material. Aquí se puede escuchar Uno, corte que se incluirá en su primer epé que, si todo va según las previsiones del grupo, verá la luz el próximo verano verano. Grabado en los estudios Círculo Polar de O Grove, actualizará cuatro de las canciones de su primer demo y un tema nuevo. En todos ellos siguen su particular senda por el rock instrumental, psicodélico y analógico que ya los ha convertido en uno de los favoritos de la escena local.

NOTA: Mañana actúa Novedades Carminha en A Coruña. Su concierto será a las 22 horas en el Ágora, a unos 15 minutos andando de la sala Le Club. Hemos hablado con ellos y, con el objeto de no pisar ambos bolos, su pase arrancará con máxima puntualidad. Por nuestra parte, retrasaremos la salida a escena de Lendrone. Así, quien lo desee, podrá asistir a los dos conciertos, algo que por supuesto recomendamos. Si, además, os pasáis por la tarde a las 19.30 a ver a Ulrica en la Fnac, haréis un buen triplete musical.

El oficio pop de Madonna

miércoles, abril 11th, 2012

Madonna representa de manera fidedigna la idea de que el pop trasciende a un mero puñado de canciones. Cada uno de sus lanzamientos tiene bastante más de todo aquello que rodea a la música que de música en sí. Y MDNA, su duodécimo álbum, no es una excepción. A su alrededor bulle la provocación calculada, florece humo mediático y se constatan, en nada, los resultados. Una semana después de salir a la venta, la Ambición Rubia ya lideraba la lista de ventas en España. También lo hace en la de más de una decena de países, incluyendo Reino Unido y Japón, junto a EE.UU. los faros de la industria musical. Todo, a sus 53 años, demostrando un aguante único en la pasarela pop. 

Para ello, la cantante ha recurrido a toda su artillería. Sabe de que en el 2012 la chavalada se pirra por una Lady Gaga que, a su pesar, la ha reemplazado como estrella global. También que en la pista manda el ritmo tórrido de Rihanna y demás divas del r&b. Y ve que discípulas suyas como Britney Speards mantienen el tipo sin arrugarse en el canon mainstream. Así las cosas, MDNA suena a golpe en la mesa. Parece decir: “!Hey, aquí estoy yo y ya estaba mucho antes que todas vosotras!”. Todo en él aspira a llamar la atención. 

Primero, el título que juega deliberadamente con las siglas del MDMA, la droga ligada a la noche, la pista de baile y el hedonismo. Luego, la forma de presentarse, en la Superbowl con un Give Me All Your Luvin’ en el que pone a dos de las figuras del momento, M.I.A. y Nicki Minaj, ejerciendo de animadoras suyas. Y, cómo no, prendiendo fuego en formato videoclip, una de sus armas favoritas. Girl Gone Wild, sumergida en el barreño del homoerotismo, ya ha conseguido el fin perseguido: ser censurado en Youtube, doblando así su impacto. En la manga aún queda el as de I’m a Sinner para generar polémica. Una letra en la que celebra su condición (“Soy una pecadora, me gusta de esta manera”) y se mofa de la religión (“Jesucristo, colgado en la cruz / 
Murió por nuestros pecados, es una pérdida) reúne todos los ingredientes para ello.

Sin embargo, toda esta exhibición de oficio y manejo de los resortes del marketing no sirve para camuflar el aroma a quiero y no puedo de MDMA. Se trata de una escena con algo de deja vu a lo ocurrido con su antepenúltimo disco. En el 2005 Madonna perseguía contraatacar a la entonces pujante Kylie Minogue con Confessions On A Dance Floor. Y lo hizo con un ramillete de singles incontestables. Hung Up, Get Together y Sorry con su toque retro apabullaban, pedían sitio bajo la bola de espejos y miraban, de igual a igual (cuando no por encima del hombro), a los singles de la australiana.

Eso no ocurre ahora. En cuando a resultados, MDNA se parece más a Hard Candy (2008) que a aquel. Aunque su laboratorio haya diseñado una perfecta estrategia comercial, las canciones no logran sobresalir. Difícilmente se instalarán en la memoria colectiva  Girl Gone Wild o Give Me All Your Lovin, los dos sencillos editados. Resultan agradables y tendrán (de hecho, están teniendo) su lugar en las discotecas, pero carecen de la fuerza arrebatadora exigible a un hit de Madonna. Mucho más próximo a ello está Turn Up The Radio, un eufórico y contagioso himno de escapismo (“Voy a dejar el pasado atrás / Nada es lo que parece / Incluyendo el momento y esta loca escena”). Junto a la juguetona I’m A Sinner, se perfila como la mejor opción de continuidad de un álbum que, resumiendo, muestra mucha corrección, algo de relleno y nada realmente memorable.

Versos justicieros y sonidos de taberna

domingo, abril 8th, 2012

Vuelve el Jefe. Y vuelve apuntando con su dedo a todas las injusticias sociales. Wrecking Ball, su nuevo disco, contiene guitarrazos y versos para una buena parte de las penurias de este momento. Los gobiernos que dejan de lado a sus ciudadanos, las personas que guardan la moral en el mismo bolsillo que el dinero, las ciudades sepultadas en nombre del supuesto progreso y los ejércitos de magnates que las arrasan cuando los cimientos de estas tambalean.

Para todos hay canciones. A todos se dirige el músculo justiciero de Bruce Springsteen. Y muchas de ellas terminarán siendo parte de la liturgia de sus fans, cuando toque interpretarlas en directo. Luego, los precios de sus entradas (74 euros en Santiago, en el 2010), servirán para disuadir de sus conciertos a muchos de esos currantes que giran en los círculos de la nada. A ellos se dirige ahora en Jack Of All Trades. «Cortaré tu césped, limpiaré de hojas el desagüe / arreglaré tu tejado para evitar la lluvia / Tomaré el trabajo que Dios provea / Soy aprendiz de todo, cariño, estaremos bien», dice en ella.

Eso forma parte de las contradicciones de Springsteen. Solo él es capaz de levantar más de un millón de euros en una sola jornada de trabajo cantándoles a los oprimidos, poner la piel de gallina a 40.000 personas y, durante dos o tres horas, pasear sobre lo divino y lo humano con un discurso que se recibe como si se tratase de la verdad absoluta. Wrecking Ball contiene munición fresca para esa guerra.

Heredero, en cierto modo, del espíritu de We Shall Overcome, The Peter Seeger Sessions (2006), su nuevo trabajo se puede considerar, en esencia, un álbum de folk. Sí, hay rock de bíceps contraídos y épica ardiente marca de la casa (la patriótica We Take Care Of Our Town), alguna sorprendente pincelada tex-mex (el acertado final de la mentada Jack Of All Trades) e incluso un coqueteo con el terciopelo del R&B negro actual (Rocky Ground, que ha despertado recelos). Pero si se trata de encontrar un nexo, hay que buscarlo en ese jubiloso modo de evaporar las penas dentro de una canción, el que Springsteen heredó de sus ancestros.

Easy Money es la primera muestra clara. Melodía en vaivén, violines brillantes, palmas ceremoniosas y coros de góspel al servicio de una pieza que apunta a los desalmados que surgen en la crisis económica. «Nos vamos a la ciudad ahora, en busca del dinero fácil», canta el Boss. Más poético se muestra en Shackled and Drawn en una línea instrumental similar («La libertad, hijo, es una sucia camiseta») y alcanza el paroxismo en la vibrante Death To My Hometown. Reclama tratamiento de himno y mira a Wall Street con la metáfora de la guerra: «Destruyeron las fábricas de nuestras familias / Y se llevaron nuestras casas / Abandonaron nuestros cuerpos en las llanuras / los buitres picotearon nuestros huesos». Magnífica.

Cabe hacer una mención especial a la titular Wrecking Ball, con traje rock pero un alma próxima a las anteriores. Ahí descansan las mejores líneas («Cuando los momentos difíciles lleguen / trae tu bola de demolición») y acaba en unos coros que trasladan a un estadio. También se debe subrayar Land Of Hope and Dreams, en la que aparece el saxo del fallecido Clarence Clemons. Apela a esa «tierra de sueños y esperanzas» en la que hallar la tranquilidad La que hoy, más que nunca, ansía tiritante medio mundo.