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Archivo para Enero, 2012

Lo excepcional convertido en normal

Martes, Enero 31st, 2012

Christina Rosenvinge & Refree
Auditorio del Ágora, A Coruña
29-1-2011

Hay que tocar. Si no puede ser con grupo completo, pues se hace cómo se pueda. Esa máxima se ha instalado de un modo tal que ver a una formación de cantante, doble guitarra, bajo y batería empieza a ser, en algunos ámbitos, algo extraño. Y, concretamente, en el mundo de ese pop que mira al folk desde la madurez, totalmente excepcional.

Sirva como ejemplo Christina Rosenvinge. En A Coruña la vimos en formato trío presentando Continental 62. Luego en su aventura con Nacho Vegas a lo grande, pero no dentro de un concierto exclusivamente suyo. Y hace menos de un año en acústico con Charlie Bautista. El domingo lo hizo junto a su nuevo compañero de aventuras, Raúl Fernández (Refree), y una chelista. Resultó bonito, en ocasiones apelando incluso a la piel de gallina. Pero, al final, dejó esa agridulce sensación de haber sido, otra vez más, un concierto de circunstancias y no ese repaso a su carrera con banda por el que muchos de sus fans aún suspiran

Ello no quita que la velada resultase interesante. Y, para muchos, especialmente reveladora. Sí, porque el aperitivo inicial de Raúl Fernández sirvió para engatusar al público no familiarizado con Refree. También para constatar, delante de sus seguidores, que esas canciones en versión esquelética resultan más bonitas que con toda la parafernalia de arreglos. Dedicándose él a la producción, llevará el defecto profesional de serie pero, visto lo visto, debería atreverse a prescindir del aderezo. Canciones como Un buen tío o Al Senyor Beltran, interpretadas solo con voz y guitarra, lo piden a gritos. Una nueva escucha del Pink Moon de Nick Drake podría ser el empujón definitivo.  

Esta rara cualidad no la posee, sin embargo, Christina Rosenvinge. A ese nivel su repertorio rara vez gana. Como mucho se mantiene y, en ocasciones puntuales, lo peor: chirría. Fue el caso de Anoche, que dejó ver demasiados espacios en su ejecución. En la otra cara de la moneda, se situó la caleidoscópica Tok, Tok, que se benefició de ese chelo bizarro revelándose como uno de los mejores momento de la noche. También sonaron joyas de la última cosecha como La distancia adecuada o La canción del Eco, que aguantan lo que les echen. Y del pasado llegaron, oportunas, 1000 pedazos y Tú por mí. Mientras que el cierre lo puso el Hallelujah de Leonard Cohen dedicada a los héroes a del Orzán. «El mundo es un lugar hermoso gracias a gente como vosotros», dijo.

Para el bis tiró del mismo recurso que en su anterior visita a la ciudad, la preciosa No lloro por ti. Y entre los aplausos se coló un deseo: que retorne a lo grande. Como se merece, como nos merecemos, como debe ser. A ver si el anhelo se hace realidad.

Imagen de previsualización de YouTubeInterpretación de “Jorge y yo”

Un secreto a punto de romper

Domingo, Enero 29th, 2012

Emmy The Great
Café Pop Torgal, Ourense
27-1-2012

Así da gusto. En un sótano, con un centenar de personas suspirando en el interior una burbuja pop ajena al discurrir del mundo. El recital de Emmy The Great fue un pequeño secreto que el boca a boca convirtió en un lleno. Son esos pequeños milagros que ocurre, de cuando en cuando. ¿La excusa? Presentar Virtue, el álbum editado para España por el sello vigués Coconut en el que la artista se reboza en los porqués de una ruptura sentimental, articulándola en diez canciones. Ahora la bella Emmy sonríe. Todo es agua pasada. Su corazón pertenece a Tim Wheeler (el cantante de Ash) y, aliviada, recuerda cantando el día en el que su ex pareja la dejó para convertirse en misionero. Lo recuerda como quien evoca un mal trago, al tiempo que saborea una cucharada de miel.

Ello se refleja en el escenario de un modo bastante diferente al planteado disco. Lejos del barroquismo de aquél, de sus coros solemnes y su parafernalia instrumental, en las tablas del coqueto Café Pop Torgal apeló casi a lo básico: a su voz prodigiosa, a un excepcional guitarrista capaz de hacer bruma ambiental con las seis cuerdas y al resto del traje creado por una multinstrumentista que tiró de bajo y teclados. Con esas armas, el tono folk se incrementó y el aroma a Tanya Donelly (!esas inflexiones vocales!) se hizo evidente. Pero, además, optó por homenajear a Leonard Cohen citando su Hallelujah en la preciosa First Love de su primer álbum. Y quiso evocar a la hipnosis de Velvet Undergound con un A Woman, A Woman, A Century Of Sleep que, pese a encantar, dejó en evidencia el mayor vacío del concierto: un batería que completase el cuadro.

Quizá en la próxima vez, cuando el secreto se rompa, mute en clamor y, quién sabe, algún diseñador se fije en ella. Porque, sí, aquí hay una estrella en ciernes.  

Imagen de previsualización de YouTubeInterpretación de “First Love” poco antes de terminar el concierto

La “pureza” del oyente

Jueves, Enero 26th, 2012

Existe un público al que no le importa nada las influencias que existen en la música que escucha. Le da exactamente igual si el grupo que le entusiasma copia o deja de copiar a este o aquel. No le presta la más mínima atención al hecho de que la canción que le ha embelesado aporte algo a la historia de la música o sea un fenómeno de temporada a evaporarse en un par de meses. Por supuesto, su identidad como persona la proyecta en decenas de cosas antes que un disco, desde el coche que usa a la ropa que compra, pasando por el tipo de programa de televisión que ve. Ni de lejos se plantea dedicarle un solo segundo a leer lo que un crítico musical tenga que decir al respecto de esa melodía que canturrea de continuo. Ese público concibe la música como algo instrumental en su vida, como un caramelo que les endulza el paladar, un masajeador intangible que les genera placer auricular y nada más. Si le gusta algo pues le gusta y si no, pues no. Sin más historias, sin más lecturas.

No se da aquí esa sensación de militancia de los que van más allá, de quienes plantean su personalidad en base a lo que escuchan o repelen y van estableciendo barreras, caminos y cánones de lo válido e inválido. Todo hasta llegar a perfilar, en algún momento de su vida, lo que se denomina criterio, lo que delimita al gusto supuestamente ilustrado del popular. Ello hace generalmente al entendido impermeable a los fenómenos masivos. Es entonces cuando llega una de esas canciones virales que entusiasman a casi todo el mundo como el Ay si eu te pego de Michel Teló, el tema que está arrasando en estos momentos. El entendido la rechaza de plano o, bien, la aprecia desde la ironía, metiendo humor de por medio. Ya se sabe, hay que marcar una distancia: “Está bien para echarse unas risas”, se precisa siempre. Jamás la podrá disfrutar o rechazar con la franqueza de esa masa de la que se pretende diferenciar, como la gente que, lejos de ataduras, criterios y demás historias, se acerca a la música con ojos de niño.

Solo cuando el entendido ha dado la vuelta completa, desprendiéndose ya cansado del equipaje de prejuicios y normas que ha acumulado por el camino, podrá aproximarse a ella de ese modo. Entonces es cuando podrá decir me gusta / no me gusta con la misma pureza que lo hace con el resto de las cosas que le pasan en la vida.

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Otra visión del retorno del vinilo

Viernes, Enero 20th, 2012

Al hilo del último post sobre los vinilos, comenta el miembro de un grupo indie nacional de la zona media (es decir, de los que tienen nombre, pero aún no pueden permitirse vivir de la música) un error de percepción de la situación. Una de esas cosas que solo se ven desde dentro, cuando las sufres y las padeces. Considera que se está dando una imagen distorsionada del auge del vinilo. En lo que reflejan a veces los medios y en las conversaciones entre aficionados da la sensación que se despachan muchas copias, pero que la realidad es otra. En su caso, lo ejemplificaba con cifras. De su último disco, que lleva más de un año en el mercado, han venido unas 900 unidades en CD. De la versión vinilo, sin embargo las facturadas no llegan ni a 200. Y, por supuesto, el artista es consciente de que la mayoría la gente que escuchaba el disco lo hace a través de descargas ilegales en MP3 o mediante Spotify.

Puede que se trate de un caso aislado, pero quizá en el tema del vinilo esté ocurriendo otra de esas inercias de pensamiento, como la de que el lujo va viento en popa en los tiempos de crisis o que las webs de los medios de comunicación se forran a base de banners dando gratis lo que antes se cobraba. Una cosa es que se vendan vinilos, que los grupos editen de nuevo en ese formato y que haya resurgido del semi olvido en el que permanecía. Otra, que esas ventas puedan hacer sombra a las del cedé, un formato ya de por sí alicaído. Pero, como se puede ver, aún no tanto.

Pero hay una segunda lectura a todo. El mismo grupo despachaba hace un lustro 2.500 copias de su CD, cuando solo lo editaba así. Hoy, entre ambos formatos, apenas rebasa los mil. Por mucho ruido que los aficionados hagan de ese amor por el formato original del elepé, los datos son los datos. Y, por ejemplo, las estanterías de la Fnac de cedés ocupan 5 ó 6 veces más espacio las de los vinilos. Dudo que sea por llevar la contraria.

La otra cara de “Acthung Baby!”

Miércoles, Enero 11th, 2012

Resulta insólito ver a un músico admitir abiertamente que las críticas recibidas por su trabajo le han hecho darse cuenta de su propia decadencia. Los reproches de los periodistas escuecen, en ocasiones, en el amor propio del artista. Y muchas veces se instalan en bucle en sus mentes martirizándolos. Pero, de puertas hacia fuera, rara vez se reconoce. Todo se suele arreglar con frases del tipo «nosotros hacemos discos para los fans, no para los críticos», cuando no se apela la manoseada frustración de los plumillas musicales: al no haber podido darle a la guitarra, se tienen que conformar con la tecla.

Ver a una figura tan entronizada y por encima de todo como Bono reconocer abiertamente el daño que le hicieron a U2 esas críticas a finales de los ochenta resulta, cuando menos, impactante. «Empiezas a creer lo que la gente dice de ti y empiezas a pensar que puede ser el final del camino», dice el irlandés en From The Sky Down, el documental que escarba en la génesis y desarrollo de Acthung Baby! (1991), considerado como el mejor disco de la carrera de los irlandeses. Es justo en ese momento en el que la pieza, inicialmente anodina, se convierte en una honda y reveladora mirada hacia un momento clave en la historia del grupo.

Dirigido por Davis Guggenheim, retrata el viaje mental y, sobre todo, emocional de unos músicos veteranos hacia los porqués de aquel álbum. Curiosamente, lo hacen desde una situación semejante a la de entonces, cuando en 1990 los rumores de separación corrían como la pólvora y el grupo parecía perdido en un galaxia que no les pertenecía. La calidad de los temas que fluyen a medida que pasa el metraje no hace más que ponerlo en evidencia.

El punto de partida es junio de 2011. Reunidos en el estudio berlinés en el que grabaron Acthung Baby!, los U2 actuales abren el desván para preparar una actuación en el festival de Glastonbury. Se conmemora el 20º aniversario del elepé y brotan los fantasmas del pasado. Primero, la asunción de la decadencia de aquel Rattle & Hum (1988) lleno de guiños a la tradición roquera americana y al que la crítica le dio la espalda. Luego, la búsqueda desesperada de una huella europea que les devolviese a sus raíces, algo que que encontraron en Alemania. Y, finalmente, con el apartamiento del halo trascendente que siempre tuvieron sus discos en favor de algo más lúdico.

Así, tras hablar de bandas como Happy Mondays, Kraftwerk o Einstürzende Neubauten, The Edge rescata una cinta y muestra aquellas primeras sesiones registradas en los Hansa Studios. Como una masterclass en creación musical, el guitarrista desvela el riff de Misterious Ways dando sus primeros balbuceos dentro de un tema titulado provisionalmente Sick Puppy. Más impactante aún, resulta el momento en que surgen los acordes de One, la canción que salvó a U2. Y muy ilustrativos, los motivos que Bono dice sobre The Fly y su elección como single: deseaba crear un personaje exageradamente roquero para resguardarse de las criticas.

Precisamente ahí, en la diversión, el cinismo y la sensación de reírse de todo, U2 encontraron un valioso escudo para progresar. Travestidos, vacilando a los policías de Berlín o participando en los carnavales de Santa Cruz de Tenerife, el giro de su actitud fue radical. Y de ello da fe Anton Corbijn, el fotógrafo que los retrató en The Joshua Tree y que entonces no daba crédito a lo que estaba sucediendo ante sus ojos. Todo había cambiado.

Una confesión
From The Sky Down se podría definir como la filmación de una confesión. La de un Bono admitiendo que ya visualizaba el día en el que emitiesen un comunicado indicado que U2 se habían disuelto por «diferencias musicales». También explicando cuando su mujer Ali le decía «Te has vuelto muy serio». O recordando el trauma de la separación de The Edge, plasmado en la canción Love Is Blidness. Todo está aceptado por la banda, lógicamente, pero da la sensación de que el director llegó al corazón del cuartero, trazando un retrato sincero de luces y sombras.

Todos los que intervinieron en aquellos días de Berlín están ahí. Los cuatro músicos, la tripleta de productores (Brian Eno, Daniel Lanois y Flood), el eterno mánager Paul McGuinnes… Reflexivos, orgullosos, con ganas de hablar y honrar a un álbum apreciado incluso por muchos de los que no son fans del cuarteto irlandés. Y ese tono de verdad, de acercarse a un mito con la perspectiva del tiempo, le da un valor muy especial que trasciende al disco y al grupo. Tal es así, que incluso alguien no interesado en la banda seguramente lo disfrute.

Trailer del documental

La paradoja del retorno del vinilo

Lunes, Enero 9th, 2012

Uno de los motivos del repentino éxito del vinilo radica en la sensación de autenticidad que proporciona. Tendencias y modas pasajeras aparte, muchos de los que compran elepés en el viejo formato lo hacen con un fin principal: poder escuchar las grandes obras maestras de la historia del rock del modo en el que originalmente fueron concebidas. Cuando un chaval de 20 años hoy en día desea escuchar el Revolver de The Beatles sabe, a poco que reflexione, que ese álbum se grabó en sonido analógico, que la distribución de los temas tuvo en cuenta que existía una cara a y una cara b, que la portada se hizo pensando en esas dimensiones y que, incluso, la duración de la obra respondía a la capacidad del elepé. Valorado todo eso, resulta bastante comprensible que el oyente que busque lo genuino opte por un vinilo.

Dicho esto, ¿hasta qué punto resulta lógico acercarse un álbum como Ok Computer de Radiohead en su versión de vinilo? Realmente, se trata del camino descrito antes, pero a la inversa. Es decir, un trabajo grabado en digital, pensado para ser escuchado en un reproductor de cedés de un tirón y con la cubierta diseñada para un libreto de compact-disc. ¿Tener la experiencia con giradiscos, aguja y vinilo no es “desnaturalizar” su concepción original? Lo cierto es que, desde este punto de vista, semeja como si le quisiese dar un falso pasado a un disco que es reflejo de un momento: unos años en el que lo analógico se había desterrado y el cedé se había erigido en el formato estrella.

Eso nos lleva a una situación como la actual. Los álbumes se graban con mentalidad “digital” y, luego, los fans en muchas ocasiones los digieren readaptados en “analógico”, dándose una paradójica vuelta de tuerca. Pero, a veces, el rizo se riza todavía más. Pongamos, por ejemplo, uno de los últimos discos emblemáticos del rock: The Suburbs de Arcade Fire. Se trata de una obra conceptual que gira alrededor de las sensaciones de unos jóvenes que nacieron en los suburbios de una gran ciudad. El trabajo responde a una secuencia, las canciones están conectadas entre sí y forman parte de un todo inseparable. El cedé (o el mp3, en su caso) permite la escucha entera, sin más pausas que los espacios existente entre corte y corte. El vinilo, sin embargo, es doble y obliga a hacer hasta cuatro cambios de cara. Es como si una película la tuviésemos que ver en cuatro partes en vez de hacerlo todo seguido.

Quienes lo compraron así, sin embargo, lo hicieron en aras de adquirir algo “con más valor que un cedé”, apuntando a ese condición intangible de fetiche auténtico. Pero, en muchos casos, todo se quedó en una primera escucha emocionada, un posterior archivo en la estantería y a descansar. Ante la perspectiva de degustar dos temas, parar, cambiar la cara del disco, volver a escuchar otros dos y así hasta cuatro veces da una pereza taaaaaan grande… que, al final, rara vez sale el artefacto de la funda.

La incredulidad y el Sónar Galicia

Viernes, Enero 6th, 2012

Cuidado con lo que se promete. Puede que quien se lo crea se sienta defraudado si se incumple. En octubre del 2009 a muchos les costó confiar en la noticia de que el festival Sónar iba a contar con una edición paralela en Galicia que se celebraría en A Coruña. Confirmada, la comunidad musical tuvo que hacer un esfuerzo extra para asimilar la segunda parte de la historia: ese Sónar-Galicia no iba a ser algo efímero del Xacobeo, sino que aspiraba a consolidarse en el tiempo. Así lo dijeron mil y una vez desde la Xunta y la dirección del festival. Las palabras «bicapitalidad» y «continuidad» se repetían en las ruedas de prensa, casi tanto como el vocablo fetiche: «vanguardia». Pero, visto lo visto en anteriores años santos, resultaba inevitable el escepticismo.

El evento fue un éxito rotundo. Para el recuerdo queda la imagen del abarrotado atrio central de Expocoruña vibrando con los 2 Many Dj’s, la ciudad plagada de fans de la electrónica llegados de Portugal y los hoteles coruñeses prácticamente llenos. Incluso el entonces candidato a la alcaldía de la ciudad, Carlos Negreira, pidió la continuidad del festival, algo que se confirmó a finales de año con el anuncio del Sónar Galicia 2011. Y eso sí que fue una noticia: por primera vez el Xacobeo dejaba algo tras de sí, en lo musical, que no fuese un recuerdo.

La gente apartó la incredulidad. Creyó que Galicia iba a contar con un evento de primer nivel y proyección internacional. Artistas como Richie Hawtin, Underworld, M.I.A. o Cut Copy confirmaban su presencia. Todo auguraba el impulso definitivo. Pero no. En la primera de las dos jornadas el público falló y, aunque, en caliente, la dirección del festival insistía en la continuidad, poco a poco esas palabras se fueron diluyendo en el silencio. El mes pasado se confirmaba el fin. A nadie le interesaba seguir. El desinterés fue tal que, desde el Sónar, admitían que las partes ni siquiera se sentaron a hablar. La Xunta, para amortiguar el golpe, lanzó una nueva promesa: un nuevo evento que supla ese vacío en A Coruña. Pero va a ser difícil que la gente se lo vuelva a creer. Máxime si el que la hizo, el ex conselleiro de Cultura Roberto Varela, ya no está en el gobierno. En fin, todo vuelve a la normalidad.

A Veces Ciclón, la insólita simpatía por JR.

Martes, Enero 3rd, 2012

A finales de los noventa salió a la venta uno de los discos mas enigmáticos del indie nacional. Se trata de 127 de los gijoneses JR. Lo editó Acuarela y suponía la tercera reinvención de un proyecto alumbrado en la explosión noise del arranque de década como Eliminator Jr, que en 1997 había vuelto tirando a lo acústico y que en 1999 dejaba a los pocos críticos que le hicieron caso sin recursos. No se trataba de algo convencional o al uso. El álbum, totalmente suicida en sus planteamientos, lo componía una sucesión de susurros extrañamente melódicos, instrumentaciones troceadas, ladridos de perros, percusiones venidas de otro planeta y letras sin sentido aparente. La prensa del momento, aunque estuviese entusiasmda glosando las gestas el post-rock, se desentendió del tema. La mezcla de todo invitaba primero al rechazo. Luego, a la curiosidad. Un poquito más tarde, al enamoramiento total. Y, tras 15 o 20 escuchas, al descubrimiento entusiasmado de que allí latía una joya absoluta.

A ese último estadio llegaron poquísimas personas.Uno de ellos es Óscar Vilariño, un ya veterano músico de la escena indie gallega con un pie en A Coruña y otro en Lugo. Integrante, entre muchas otras, de formaciones como Devalo, Valetudo, Mullet o Triángulo de Amor Bizarro siempre mostró una devoción insólita por aquella radical célula musical que había alumbrado 127. Ese amor llegó a impulsar recitales en Galicia de AAtrige (el grupo paralelo de Rafa de Jr), se dejó ver en varios de sus proyectos y ahora llega a su máximo apogeo en A Veces Ciclón, su ultimísimo grupo. Impulsado junto a Marcos Junquera, parece un cierre de círculo: saldrá a la luz con -!claro!- Acuarela. Se trata de un artefacto sonoro claramente derivativo de los postulados de Jr. Pero también de otro de los grandes nombres ocultos de entonces, Viva Las Vegas (que contaban con Frank Rudow a la batería, integrante también de Jr). Lo mejor, es que apunta hacia su propio lugar. Y hace diana.

Por ahora, tres canciones grabadas en agosto del 2011 cuelgan en su Bandcamp. Una (No), que gira y gira en de modo obsesivo y encuentra su catarsis en una explosión controlada de platillos. Otra (Es el sol), que camina abrupta esquivando la melodía. Y una final (Curtis), que sintetiza ambos mundos. Si a todo ello le sumamos una portada-homenaje a las fotos promocionales del La Jr. (el álbum con el que JR. se volvieron a rebautizar) cambiando caballos por vacas, tenemos algo casi más insólito que la existencia de aquel 127:un grupo que surge bajo su misterioso halo de influencia. Los 50 fans originales del disco y los 25 que se sumaron a él con el tiempo están de enhorabuena.

Nota: Quien desee escuchar 127 lo puede hacer aquí . Eso sí, si puede adquirir una copia original que no lo dude: es uno de los diseños más sencillos y bonitos que que hayan editado jamás en España.