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Archivo para Diciembre, 2011

Los 10 mejores discos nacionales del 2011

Viernes, Diciembre 30th, 2011

Cuando todo apuntaba a que el 2011 iba a finalizar sin trabajos excepcionales en el terreno nacional aparecieron Lisabö. Y nos dejaron sin habla. Los vascos llevan desde los primeros años de la década pasada ofreciendo algunos de los momentos más intensos del rock de por aquí. Pero no por ello Animalia Lotsatuen Putzua deja de impactar. Aislados de todo, demuestran que el talento y la autosuficiencia sirven para llevar una propuesta a donde sea. Desde Irún, en su caso, al mundo. Que se preparen para quedarse boquiabiertos en todos los rincones de este. Por cierto, los discos de Za!, Cooper, Nudozurdo, Christina Rosenvinge, Nacho Umbert, Josele Santiago, El Columpio Asesino, Sr. Chinarro o Fasenouva no entraron en la lista por los pelos.

1. LISABÖ “Animalia Lotsatuen Putzua” (Bidehuts). Cantar (gritar) como si fuese la última vez. Tocar (machacar) las guitarras como si estas se tratasen de una extensión de la rabia mimsma. Golpear (destrozar) la batería con ritmos que parecen un ataque bélico. Crear (prender) bolas incandescentes de sonido. Eso es algo de lo que acoge el cuarto álbum de Lisabö, una demostración de poderío sin parangón en el panorama nacional. Volcándose a su lado más crudo, expresivo e intenso han trenzado una obra de rock total que deja sin palabras. Muy probablemente, se podrá ver en Galicia cómo se portan en el escenario la próxima primavera.

2. FERNANDO ALFARO “La vida es extraña y rara” (Marxophone). Desde aquel Los diarios del petróleo de Chucho no estaba tan inspirado el músico que en los ochenta creó los Surfin’ Bichos. Su nuevo trabajo reúne muchas de sus claves de siempre -el surrealismo, la muerte, el amor-, busca un eficaz aliado en la producción en dos planos de Raül Fernández y termina por ofrecer canciones tan atinadas como Camisa hawaiana de fuerza, El último crooner santo o El caminante kamikaze. Estas, piezas de autor que revelan su origen en cuestión de segundos, han llegado a sus fans como agua de mayo.

3. LÜGER “Concrete Light” (Marxophone). Igual que en su primer álbum, los madrileños Lüger ofrecen un batiburrillo de kraut-rock y psicodelia realmente nutritivo. Sus bucles sonoros enredan y embaucan al oyente en viaje sonoro de altos vuelos. Sin lograr reflejar en los surcos la (apabullante) intensidad de esos directos que ganan adeptos día a día, ofrecen la visión más sintética y controlada de su sonido. Lo que en su día fueron Manta Ray o Schwarz se encuentra hoy en ellos.El disco se puede escuchar y descargar gratuitamente aquí.

4. MANOS DE TOPO “Escapar al anticiclón” (Strange Ones). Continúan siendo un grupo de amor u odio. Este tercer trabajo no servirá para cambiar las opiniones de aquellos que no soportan el tono grandilocuente de Miguel Blanca, un títere llorón en manos de unas mujeres que no puede dejar de adorar. Pero sí que encantará a los que fueron fans de su primer álbum y los habían apartado poco a poco, porque estos Manos de Topo presentan un nuevo brillo estético (más consistente, menos lo-fi), versos tan geniales como “solo destacas por tus zapatos / no por tu forma de andar” y temas como para seguir queriéndolos como el primer día.

5. FRANC3S “Franc3s” (Los Enanos Gigantes). Motivo de orgullo para este blog, ya que ellos fueron protagonistas de la fiesta de aniversario del 2010. El trío de Carballo (A Coruña) ha volcado en un elepé su propuesta esquelética y ruidosa con la que le quieren mostrar al oyente ese otro mundo en la que apelan sus canciones. Mucho más radicales en sus planteamientos que sus hermanos espirituales de Triángulo de Amor Bizarro, con los que se les ha comparado mil y una vez, Franc3s desechan las melodías y los estribillos y ofrecen un chorreo de imágenes apabullantes, ritmos minimalistas y ambientes enrarecidos. Ya preparan su segundo trabajo. Por cierto, sus compañeros de aquel concierto, Telephone Rouges, acaban de sacar también un excelente epé. A ver si Mano de Obra y Srasrsra (que tocaron en la fiesta del 2011) dan el salto en breve.

6. MANEL “10 Miles per veure una bona armadura” (Universal). Tanto análisis sociológico sobre el hecho de que un grupo que canta en catalán venda discos como churros y tanto afán de trazar paralelismos en las otras comunidades con lengua propia al margen del castellano, conlleva un grave riesgo para Manel: minimizar los logros de su disco maximizando la coyuntura. Y es que estos, al margen del idioma en el que se expresen, son el trenzar un personalísimo folk-pop con cuño personal, arreglarlo con un gusto exquisito y ponerlo al servicio de una colección de canciones realmente notable. Sus últimos conciertos en Galicia sirvieron para demostrarlo una vez más.

7. VV. AA. “Galician Bizarre” (Autoedición). El excelente estado de salud del rock actual que se hace en Galicia se puede testar en este revelador recopilatorio que recoge muchos de los ecos del underground de la tierra. Desde el vómito guitarrero de Telephone Rouges a la hipnosis punk de los ya disueltos Indómitos, pasando por el ruido envolvente de The el disco (disponible en vinilo en en descarga digital gratuita aquí) ofrece muchos y variados motivos para sentir que vivimos una época de esplendor.

8. RUSSIAN RED “Fuerteventura” (Sony). Lourdes Hernández ha entregado un buen disco de pop en su segundo paso. De hechuras clásicas, ocasional tono retro y sin más intención que el de acoger buenas canciones, cumple de sobra con su papel. Suena tremendamente bien (el hombre de confianza de Belle & Sebastian, Tony Doogan, estuvo a los mandos), acoge piezas deliciosas (The Sun The Trees, Tarantino, I Hate But I Love You…) y no contiene ningún patizado. ¿Debería entonces pedir perdón la autora por haber triunfado para que el ala indie la acepte de nuevo en su corral? ¿Son objetivamente superiores los discos patrios de pop que se loan día sí y día también en la prensa a este?

9. NACHO VEGAS “La zona sucia” (Marxophone). No es el mejor disco de Nacho Vegas, pero contiene bastante razones como para no dejarlo a un lado. La principal se llama La gran broma final, una de las diez mejores canciones de la historia del asturiano. Pero también la deliciosa Lo que comen las brujas, elevada a la categoría de himno con voces infantiles, la cabaretera Cosas que no hay que contar o esa oda al al ahogar las penas en alcohol de Taberneros son otras nada despreciables.

10. DISCO LAS PALMERAS! “Nihil Obstat”(Matapadre). Agradabilísima sorpresa la proporcionada por este trío de Lugo abonado al ruido, las voces somnolientas y las baterías explosivas. Prescindiendo del bajo, Disco Las Palmeras! se presentan como outsiders sociales que buscan reafirmarse en un clima hostil, unas veces enfrentándose de cara y otras veces escapándose lo más lejos posible. Gran primer paso.

Los 10 mejores discos internacionales del 2011

Jueves, Diciembre 29th, 2011

Ha vuelto. Se llama Polly Jean Harvey, derrocha talento y convierte en oro casi todo lo que toca. Su Let England Shake es una nueva lección de cómo llevar una carrera hacía la excelencia, dejando a la crítica boquiabierta. De manera casi unánime, la prensa especializada ha considerado que es la autora del disco del año. Y aquí, en este blog devoto siempre de la británica, se piensa exactamente lo mismo. Ella encabeza una lista en la que se quedaron a las puertas grandes discos como los de Bon Iver, Fleet Foxes, Girls, Arctic Monkeys, Björk, Bill Callahan, Radiohead o Eilen Jewell.

1. PJ HARVEY “Let England Shake” (Island). Difícil lo tenía Pj Harvey para superar a White Chalk (2007), aquella joya de folk gótico y fantasmagórico con la que había reinventado su carrera. Pero lo hizo. Tirando de sus hallazgos formales mucho más allá y dando una vuelta de tuerca total en el contenido (de la radiografía emocional personal al retrato del carácter bélico de su país, ahí es nada), Polly ofreció un nuevo golpe de autoridad, exigiendo por enésima vez un sitio en la gloria rock. A estas alturas decir que estamos ante su figura más importante de las últimos 20 años no supone ninguna exageración.

2. THE VACCINES “What Did You Expect From The Vaccines?” (Sony). El debut pop del año. Directo, poderoso e infalible. Como los primeros álbumes de Oasis, The Arctic Monkeys o The Strokes este trallazo va al corazón del oyente a por todas, sin coartadas artísticas, afán de innovación ni nada parecido. No, lo que se incluyen aquí son 12 himnos de juventud para llevar a todo volumen en el Iphone, sintiéndose el protagonista de algo. Y eso, a veces, es lo más trascendente del mundo.

3. JOSH T. PEARSON “The Last Of The Country Gentelmen” (Mute). El subgénero de los discos de ruptura ya cuenta con un nuevo clásico. Diez años después de formar parte de Lift To Experience, Josh T. Pearson ofrece su primer álbum en solitario: una desgarradora sucesión de confesiones sobre el amor roto y la imposibilidad de rehacerlo. Adioses, aullidos, cuernos, adicciones, perdones, infiernos y lágrimas se suceden en un verdadero tour de force expresivo. Con la ayuda de una guitarra y ocasionales arreglos de cuerda, esta especie de Jeff Buckley cayendo en picado ha dejado una pequeña obra maestra.

4. LOW “C’mon” (Sub Pop). Aunque algún fan los acuse de no mirar hacia delante y de regodearse en logros pasados, lo cierto es que el nuevo disco de Low conmueve desde el minuto uno. Todo suena familiar, todo entra a la perfección, todo invita a dejarse arrastrar por su corriente. Primero, a modo de canción de cuna con Try To Sleep. Luego, sacando las uñas con Witches. Más tarde, pintando ambientes circulares con Especially Me. Y, ya casi al final, llegando a una extensa pieza de repetición y emoción a flor de piel con Nothing But Heart. Cuando Something’s Turning Over cierra el álbum, como si de R.E.M. se tratase, el enamoramiento resulta total. Otra vez más.

5. TOM WAITS “Bad As Me” (Anti). Llevaba sin grabar nada nuevo desde el 2004 y para su retorno no se ha complicado la vida. Nada de piruetas formales en pos de una nueva vía en su trayectoria. Vuelta a Nueva Orleáns y las canciones de blues sinuoso y arrastrado. En ese sentido Bad As Me es toda una lección de estilo, ese en el que su voz cavernosa comanda ambientes oscuros de guitarras espesas, vientos que sacuden las piernas y percusiones que ejemplifican a la perfección el misterio que el rock aún tiene. Despreciar esta joya porque “no aporta nada nuevo” es, como en el caso de Low, dejar a un lado un trabajo de muchísimos quilates.

6. ANNA CALVI “Rider To The Sea” (Domino). Hay que confiar en Anna Calvi. Ahora que Pj Harvey dejó a un lado las guitarras a fuego lento este debut se presenta como el recambio idoneo. Como PJ, Calvi camina por los claroscuros del rock, se entrega a la pasión y al drama sin mirar atrás y crea verdaderas bolas de ardiente emoción. Canciones como Desire, No More Words o Blackout son de lo mejorcito que se ha podido escuchar este año y auguran vida más allá de un afortunado primer paso. Por eso, aunque no estemos ante el nivel de PJ (¿alguien lo está?), hay que confiar.

7. JAMES BLAKE “James Blake” (Atlas). El disco electrónico del año junto al de Nicolas Jaar. Tras llamar a atención y reclamar foco con los epés previos la puerta de largo en formato elepé de James Blake se ha convertido en un acontecimiento. Tirando de los hallazgos del dubsteep lo que en realidad hace Blake es un disco de soul, suave e íntimo que funciona a la perfección con auriculares, luces apagadas y nada de prisa. Quien lo haya escuchado, ya sabrá de lo que hablamos. Quien no, se está perdiendo una experiencia única.

8. EMA “Ema” (Souterrain Transmissions). Otro debut espectacular. Comparada con Cat Power o la Liz Phair de Exile in Guyville, EMA ofrece en su saludo al mundo una ración de baja fidelidad en el que, bajo un manto de niebla espesa, surgen pequeñas miniaturas de folk-rock que acogen desde historias de góticos que juguetean con al suicido (Butterfly Knife) a confesiones sobre el otro lado de las drogas (Marked), pasando por exabruptos contra la ciudad odiada (California). Todo, arañando, incomodando, haciendo que, escucha a escucha, el disco revele nuevos matices.

9. THE HORRORS “Skying” (XL). Si con Primary Colours dejaron claro que eran muchísimo más que un look afortunado, en su tercer álbum confirman que su idilio con la inspiración tiene continuidad. Tirando ahora hacia la psicodelia densa, con ecos de los grupos afterpunk de los primeros ochenta (Echo & The Bunnymen o The Chamaleons, pero también Simple Minds) y del Manchester más espacial, ofrecen un trabajo sólido y compacto lleno de grandes momentos y con una recta final espectacular. La dupla de Moving Futher Away y Oceans Burning es toda una invitación al gozo auricular.

10. VERONICA FALLS “Veronica Falls” (Slumberland). Este cuarteto británico es la quitaesencia del indie-pop. Adoradores del sonido c-86, sirven en su álbum homónimo una colección de canciones entre las que se encuentran ecos de The Pastels, Heavenly, Lush o The Vaselines, perfectamente encajados en canciones maravillosas. Como ocurrió hace dos temporadas como The Pains Of a Being Pure At Heart abren el baúl de sonidos olvidados y se los presentan a las nuevas generaciones con singles tan perfectos como Bad Feeling o Beachy Head.

Feliz Navidad

Viernes, Diciembre 23rd, 2011

Como todos los años por estas fechas, este blog le desea a sus lectores que tengan una feliz Navidad, que lo pasen lo mejor posible, que sean muy pero que muy buenos y que, a poder ser, contagien su felicidad a los que detestan estas fiestas.

Imagen de previsualización de YouTube Dean Martin & Scarlett Johansson juntos en el clásico “I’ll Be Home For Christmas”

La sonrisa de Brian Wilson

Miércoles, Diciembre 21st, 2011

En 1966 Brian Wilson era un genio con una obsesión: plasmar en un disco el sonido mágico que bullía en su cabeza. Al frente de The Beach Boys acaba de entregar Pet Sounds, el álbum que sus contemporáneos —entre ellos The Beatles— observaban maravillados como la Capilla Sixtina del pop. Pero quería ir mas allá. Quería llevar esa música juvenil a un estado superior y se embarcó en un proyecto tan ambicioso como suicida. Lo definió como «la sinfonía adolescente para Dios», lo tituló Smile y lo desarrolló en intempestivas sesiones de grabación. Al final, roto psíquicamente, lo abandonó. Y empezó la leyenda.

La reciente edición de The Smile Sessions permite a los fans acercarse 44 años después a aquella obra inconclusa. Antes se conocían muchas de sus canciones, tras ser repescadas en posteriores álbumes como Smiley Smile. También por el Smile que Brian Wilson grabó en 2004 ya como solista, retomando el proyecto primigenio. Y, claro, el inevitable pirateo. Pero hasta la fecha jamás se había podido acceder de manera oficial a los archivos originales de un modo tan amplio y cercano a cómo se ideó el álbum no editado más famoso de la historia.

El punto de partida de Smile se encontraba en Good Vibrations, el single en el que Wilson condensaría toda su creatividad estableciendo la gran cima de su carrera. Entonces, el compositor del grupo no salía de gira con The Beach Boys. Dos años antes había tenido una crisis nerviosa, abandonando los conciertos. Mientras sus compañeros se daban baños de masas, Wilson pasaba horas y horas en el estudio, maquinando nuevos retos en solitario. Tras el hito artístico de Pet Sounds, la nueva aventura pasaría por «un sonido espiritual blanco» con el que «transmitir vibraciones amorosas a la gente», según Wilson. Todo ello lo enmarcaría en una atmósfera de humor, ensalzando el poder curativo de la risa.

Sin embargo, la travesía no fue precisamente risueña. Presionado por el resto de la banda, que deseaba seguir tirando del éxito fácil, Wilson huyó hacia delante. Y emprendió un viaje en pos de la grandeza en la que abrazaba el pop con la pureza y dulzura de un niño que está descubriendo el mundo. Había que superar al Revolver de The Beatles y recurrió a Van Dyke Parks como letrista, los mejores músicos de Los Ángeles y los grandes estudios para desarrollar el método modular de construir canciones: hacer pequeñas piezas por separado, que luego encajaba con una complicadísima arquitectura.

Pero Wilson, que acompañó toda esta exploración con drogas, perdió el control y dejó aparcada la grabación. Poco después The Beatles editaron Sgt. Peppers reclamando el foco de la atención. La gran obra maestra de los sesenta se quedaba en un cajón.

Un puzzle a medio cerrar

En las sesiones de Smile Brian Wilson ordenó a los músicos ponerse cascos de bomberos. Quería darle el mayor realismo a la interpretación de una canción. En California se registraron varios incendios y pensó que él tenía la culpa. La cinta se creía perdida, pero ahora The Elements: Fire suena como el escalofriante reflejo de un autor coqueteando con la locura en pos de la creación. Sus mareantes dos minutos y medio elevan al oyente a algo tan imposible como la recreación musical del fuego. Se trata de vertiginosa bola de sonido que deja sin aliento y demuestra, una vez más, que sí, que Smile es un disco mítico por su gestación. Pero, sobre todo, por sus maravillosas canciones.

El paso por ellas no deja lugar a dudas. Las preciosas melodías de Wonderful y Wind Chimes, la ensoñación de Love To Say Dada y Child is The Father Of The Man o los cortes más accesibles como Heroes and Villains o Vegetables poseen una belleza fantasmagórica que conmueve totalmente. Perderse luego en las mil y una tomas de cada corte en la versión box-set (5 cedés que documentan una buena parte del proceso) será, a buen seguro, la siguiente parada del fan. ¿ A nadie de la apetece perderse por los mil y un capítulos de Good Vibrations?

Imagen de previsualización de YouTube Presentación del disco en California con el propio Brian Wilson y los fans deshaciéndose en elogios y agradecimientos hacia él

Los Blows le plantan cara al cáncer

Lunes, Diciembre 19th, 2011

El próximo jueves 22 de diciembre se celebrará en Vigo un concierto muy especial. Comandados por The Blows, se reunirán en la sala Mondo a partir de las 21 horas un sinfín de artistas del panorama gallego (Iván Ferreiro, Triángulo de Amor Bizarro, Silvia Superstar, Eladio y los Seres Queridos, Nicolás Pastoriza, Thee Tumbitas, etc…) que compartirán sucesivamente tablas con ellos.

Pero esta vez lo más importante no será lo que acontezca sobre el escenario, sino el destino que se le va a dar a la recaudación. Todo ese dinero contribuirá a financiar un tratamiento con el que Álex Lago (bajista de The Blows) le plantará cara al cáncer que le persigue desde hace ya un año sin tregua. Tal y como cuentan sus compañeros, el músico se encuentra en estos momentos en Pamplona realizando unas pruebas que le cuestan 5.000 euros. Se trata de un estudio genético previo a una posterior intervención que ronda los 40.000 euros.

Difícilmente se puede enfrentar un joven a unas cifras como esas, máxime si este no proviene de un entorno pudiente, como parece que es el caso. “Como sabréis, ninguno de los miembros de nuestro grupo venimos de una familia adinerada, ni tenemos los bolsillos llenos”, dicen los integrantes de The Blows en el texto mentado. “Nunca os hemos pedido ayuda económica para la grabación de un disco o similar, esta vez os pedimos que os unáis a nosotros en esta fiesta para ayudar a Álex a seguir con su batalla y poder ganar la guerra”.

En base a ello, el recital será de carácter solidario, sin lista de invitados y con una entrada de 10 euros. Además, para todos los que no puedan asistir o deseen hacer una aportación más allá de esa cifra existe una cuenta corriente. Y todo ello se complementará con una subasta de objetos aportados por los artistas participantes.

En la página de Facebook del grupo se pueden ver los objetos a subasta y la buenísima reacción de la gente hasta el momento. Ojalá sea el recital sea un éxito y sirva para que Álex le gane el pulso a la enfermedad.

Datos del concierto:

Sala Mondo (Vigo) Jueves 22, 21 horas.

Entrada 10 euros

Cuenta bancaria: La Caixa: 2100 8091 09 0100001494. Titular: Alejandro Lago

Noticia en La Voz

ACTUALIZACIÓN: Vendidas todas las entradas

El último gran disco de los Stones

Domingo, Diciembre 18th, 2011


La reciente reedición de “Some Girls” cargada de extras y temas inéditos devuelve a la actualidad a uno de los grandes discos de The Rolling Stones

En 1977 dos grandes focos alumbraban el mundo musical. Uno era el punk, que pretendía recuperar la esencia original del rock n’ roll, canalizando a través de ella la rebeldía juvenil del momento. El otro se encontraba en la música disco, un sonido que perseguía la liberación hedonista a través del escapismo del baile. Las dos escenas suponían una reacción ante la sofisticación, la decadencia y el aburrimiento en el que habían caído muchos de los grupos de los años sesenta.

Uno de esos nombres denostados eran los Rolling Stones, cuya producción posterior al Exile On Main Street (1972) había perdido una buena parte del punch del pasado. Los punk-rockers, desde luego, no les tenían el más mínimo respeto. Es más, los consideraban unos dinosaurios tan acabados como los Pink Floyd, The Eagles o Yes contra los que escupían su malestar. Bajo la bola de espejos, el panorama no resultaba más favorable: a nadie le importaban lo más mínimo lo que hicieran los Stones mientras la música disco siguiera sonando. Sin embargo, he ahí la paradoja, ambas corrientes sirvieron de empujón para que la banda de Mick Jagger entregase un año después una de sus obras más inspiradas: Some Girls.

El grupo fotografiado por Helmut Newton en las sesiones de grabación del disco

Considerado por muchos de sus fans como su último gran disco, la reedición que acaba de salir a la venta lo devuelve a la actualidad como el testimonio de un momento mágico. Grabado en París a caballo entre 1977 y 1978, refleja de manera fidedigna las dos direcciones de la banda. Por un lado, un Keith Richards absorto en su nube narcótica, ajeno al mundo e insistiendo en su sonido tradicional. Por otro, Mick Jagger en papel de super-star, dejándose ver por las discotecas, absorbiendo los sonidos que surgían en la pista de baile e imponiendo su dirección artística en esta batalla desigual.

El batería Charlie Watts lo resume perfectamente en unas declaraciones recogidas en el libro According to the Rolling Stones: «Muchas de las canciones del álbum fueron producto de la influencia de las discotecas. Se puede ver en los ritmos four on the floor y en el estilo de tocar la batería de Filadelfia. Recuerdo una ocasión en la que estamos en Múnich y Mick y yo volvíamos de un club cantando una de las canciones de Village People, Y.M.C.A., creo que era. Keith no la soportaba, pero lo cierto es que sonaba genial en la pista de baile».

De ese tira y afloja surgió Miss You la canción más famosa del álbum y, en cierto modo, su avance formal más significativo. Todo sin renunciar a la esencia. Y es que pese a los bajos marcadísimos, las guitarras abiertamente funk, el sinuoso manejo del tempo y el falsete intermitente, se trataba de una pieza 100% stoniana. Mick Jagger se había salido con la suya, logrado que los Stones pudieran sonar en la pista de Studio 54. Y no como unos segundones, sino por la puerta grande, junto a los iconos del sonido disco que estaba reinando en las discotecas de medio mundo.

Respecto al punk, su reflejo se puede apreciar en la interpretación de Lies o Respectable, que devolvía a la banda una energía y un mordiente que parecía perdido para siempre. Junto a ello, Keith Richards continuaba haciendo de las suyas. La sensacional Before They Make Me Run es suya. Se trata otro himno pendenciero a sumar a la celebérrima Happy. Narra las aventuras del guitarrista en los bajos fondos y cómo termina largándose a la carrera antes de que unos camellos den con él.

Novedades con la esencia de siempre

Pese a todas las novedades (la entrada de Ron Wood en la banda, el contagio de las influencias del momento, el trabajo del ingeniero Chris Kimsey en Paris…) lo mejor de Some Girls es que suena a Rolling Stones. Y del mejor nivel. Piezas como When The Whip Comes Down (en clave roquera), Far Away Eyes (con mezcla de blues y country) o Beast Of Burden (en el terreno del medio tiempo) muestran diferentes prismas del sonido que había perfilado la banda entre finales de los sesenta y principios de los setenta. Cambia el barniz y poco más. El resultado es un disco sin tacha surgido en un momento particularmente prolífico que ahora se despliega,

En las sesiones de París se llegaron a grabar hasta 45 temas. Unos se recuperaron en discos posteriores. Otros, eran pasto del pirateo o permanecían inéditos. Los extras de esta reedición permiten acercarse a ese jugoso archivo en el que se encuentran los momentos más enraizados en la tradición. Desde un Keith Richards abonado a la balada en We Had It All a un Jagger pletórico en los meandros del blues de When You’re Gone, se trata de una docena de canciones que, por sí solas, conformarían un álbum excelente.

Imagen de previsualización de YouTubeVideoclip original de “Miss You”

The Smiths y el legado eterno

Lunes, Diciembre 12th, 2011

La edición de Rhino de una caja recopilatoria con todos los discos de The Smiths sirve de excusa para volver a hablar de una de las formaciones básicas del pop de los ochenta

No existe mejor imagen sobre el romanticismo pop que la de un quinceañero abrazado a una canción en su habitación. En esos años a veces una colección de estribillos resultan vitales. ¿Por qué? Pues porque contienen todo aquello que la vida real pone ante sus ojos, pero al tiempo se lo arrebata: el amor, la compresión, un lugar en el que sentirse bien…. En la Inglaterra de 1983 apareció un grupo con sede en Manchester que se dirigía precisamente a ese fan apocado, al que se sentaba en los asientos traseros de la clase y parecía no existir dentro de la dictadura de la adolescencia alocada y en technicolor. Se llamaban The Smiths y los lideraba uno de los personajes más cautivadores de la cultura pop: Morrissey.

El hombre del tupé exagerado, los gladiolos en los bolsillos y las camisas talla XXL se convirtió en la materialización del amigo invisible de miles de jóvenes melómanos británicos. Mirándolos a los ojos les ofreció ternura y (auto)compasión. Les dijo que, al igual que ellos, buscaba desesperadamente el amor. Y que este también lo esquivaba de continuo. Se presentaba en How Soon Is Now? como «el hijo de una timidez criminalmente vulgar» y, casi suplicando, proclamaba: «Soy humano y necesito ser amado como todos los demás». En la magistral There Is a Light That Never Goes Out lo sublimaría. Confesaba que incluso daría la vida, si fuera en compañía: «Si un camión de diez toneladas nos mata a los dos / morir a tu lado sería un placer y un honor para mí». Y en Hand In Glove aseguraba luchar «hasta el último aliento» por su amor, aunque luego anunciaba: «Conozco demasiado bien mi destino y es probable que nunca te vuelva a ver».

Ahí es donde The Smiths marcaron la diferencia. Bandas contemporáneas como Go-Betweens, The Housemartins o James también poseían grandes, enormes, canciones. Pero carecían del aura mítica que convirtió a los apóstoles (término con el que se denominaban sus seguidores) en un ejército de voces silenciosas que habían encontrado así su grito. Lo emitía Morrissey, un cantante mitómano obsesionado por Oscar Wilde y James Dean, que halló en el guitarrista Johnny Marr su complemento perfecto. Cuando de su instrumento salieron los arpegios de This Charming Man, su segundo single, quedó claro que aquel no iba a ser un grupo más. Andy Rouke (bajo) y Mike Joyce (batería) se encargaron de completar la banda que nunca dejó la vigencia. ¿Un ejemplo? En el 2009 Joseph Gordon Leviit pretendía demostrar escuchándolos su sensibilidad oculta a Zooey Deschanel en el filme 500 Días juntos.

Pero no todo fueron lamentos románticos. The Smiths también mostraron uñas, conciencia de clase, apuesta por el vegetarianismo y el odio a la monarquía. El punto máximo se encuentra en The Queen Is Dead, un furibundo ataque a la corona británica al modo punk de Morrissey, ese que tiene más que ver con la biblioteca municipal que con la casa okupa. Era 1986. Los apóstoles no sabían que en breve todo saltaría por los aires cuando los enfrentamientos entre Morrissey y Marr pasaron a ser insostenibles. Empezaba entonces uno de los escasos mitos que todavía siguen impolutos, sin una reunión forzada que lo amenace. Por ahora.

Una colección imprescindible

Fetichismo y brillo digital. Eso es lo que encontrará el fan de The Smiths en esta caja. Al igual que lo acontecido en el 2009 respecto a los singles, Rhino replica ahora en cedé los ocho elepés que el grupo editó en vida. Se trata de una revisión que respeta las carpetas originales y las sirve en una coqueta caja. Dentro se escode el testamento discográfico de una banda tan irregular y excesiva, como brillante y conmovedora: una colección memorable remasterizada ahora por Johnny Marr.

Se trata de los cuatro discos de estudio, el directo Rank y los recopilatorios Hatful Of Hollow, The World Won’t Listen y Louder Than Bombs. Eso supone un apasionante recorrido desde los primeros tiempos del homónimo The Smiths -maravillosamente abrupto, lleno de falsetes y afectación vocal- a la perfección total del estilo con su obra magna, The Queen Is Dead, mezcla de melodrama pop y latigazo político con un lugar privilegiado entre los mejores discos de la historia. La caja cuenta con una edición limitada a 4.000 unidades que adjunta además singles, portadas de vinilos y numerosos extras. Eso sí, el precio resulta prohibitivo: 499 dólares (unos 375 euros).

Imagen de previsualización de YouTubeThe Smiths tocando “The Queen Is Dead” en directo poco antes de su separación

¿John Lennon y Salvador Dalí en el Camino de Santiago?

Domingo, Diciembre 11th, 2011

Pues casi. A mediados de los años setenta, Salvador Dalí y John Lennon planearon hacer la peregrinación a Compostela juntos, tal y como afirma el periodista y escritor Antonio D. Olano. El pintor catalán pretendía así abrir la puerta de la religión a los hippies y, de paso, contestar a Buñuel por su atrevimiento en su película La vía lactea, en la que ridiculizaba la peregrinación a Santiago. La muerte de Lennon en 1980 echó todo por tierra. Hoy en La Voz rescatamos este delirante y poco conocido episodio, digno de las dos personas que lo protagonizaron.

El artículo se puede leer íntegro aquí.

La herencia musical del Xacobeo empieza a tambalearse

Viernes, Diciembre 9th, 2011

La crisis económica empieza a hacer trizas el renovador mapa musical que se estableció en Galicia en el 2010 con el Xacobeo. Se buscaban entonces eventos proporcionados a la realidad gallega y que tuviesen continuidad en el tiempo. Sin embargo, antes de cumplirse dos años de aquello llegan las malas noticias. Una de sus apuestas más fuertes, el Sónar Galicia, se viene abajo y surgen dudas razonables respecto otros festivales. Hoy en La Voz radiografiamos la situación:

La herencia musical del Xacobeo se resiente a causa de la crisis

Análisis: Un giro moderno que deja muchas dudas

*ACTUALIZACIÓN: La Xunta busca un evento que supla el vacío de la cancelación

El chico solitario que arrasa en Internet

Jueves, Diciembre 8th, 2011

The Black Keys fueron al grano para ilustrar su último single The Lonely Boy. Nada de despliegues ni de comerse la cabeza. Simplemente una toma fija de un hombre gozando la canción en toda su intensidad. Y nada más. El resultado es uno de los clips más contagiosos de la temporada. Ver a Derrick T. Tuggle (así se llama este actor y guarda de seguridad de 48 años) bailando e interpretando la canción genera un indescriptible placer y unas ganas locas de sumarse a la fiesta. Al parecer, su estilo pretende mezclar Pulp Fiction, El Príncipe de Bel Air y Michael Jackson.
Imagen de previsualización de YouTube

Se como sea tanto los fans de la banda como los curiosos que se han tropezado con él han caído rendidos a los encantos de este simpático personaje, que en EE.UU. se está convirtiendo en un celebridad. Recientemente, incluso ha terminado siendo entrevistado en el programa de Ellen DeGeneres, con la inevitable demostración del bailecito.

http://www.youtube.com/watch?v=j0rZnYlhxJs