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Archivo para agosto, 2011

Réquiem por el Rock Club

viernes, agosto 19th, 2011

ACTUALIZACIÓN: Reportaje al hilo del cierre del Rock Club de las otras salas de Galicia

Todos los garitos de rock deberían ser así: oscuros, subterráneos, incorruptibles, con una filosofía clara de o lo tomas o lo dejas. Este, quizá por sublimarlo todo, se llamaba Rock Club. Funcionaba en Ourense desde 1997 con un ideario rabiosamente independiente. Allí se honraba al rock-r&b-garage-punk-rock-power-pop-soul. Nada más, pero tampoco nada menos. Su programación de conciertos rara vez se salía de ahí. En la cabina del pincha lucía un rótulo en el que se podía leer “No se admiten peticiones”. Lo pretendía decir era “Chico no marees pidiéndome cosas que no van ni con cola”.

Hace casi dos años anunciaba el fin de las actuaciones en vivo. Los problemas con el vecindario y el Ayuntamiento les llevaron a ello, aunque luego hicieran más de una excepción. Ahora la persiana se bajará definitivamente. No solo con los conciertos, sino con el club en general. Sí, a partir de septiembre el Rock Club pasará a ser pasto de lo mítico, del “yo estuve allí” y de las mil una batallitas, exageradas,tal y como es norma en estos casos, con esa máquina de moldear momentos que es la nostalgia.

Sabemos los varios porqués del cierre. Sus propios responsables lo explican en una nota publicada en su blog. Lo que cuesta creer es que hayan llegado tan lejos. Que esto no se malinterprete. Un planteamiento tan radical, honesto y comprometido con lo que defendían resultaba, de entrada, una empresa suicida. Y si se hace en una ciudad tan pequeña como Ourense aún más. Pero funcionó, y en muchos tramos de su trayectoria con notable éxito en medio del monopolio de la pachanga que reinaba en esa ciudad después de las cuatro de la mañana.

El Rock Club era EL OASIS en ese tramo de la noche ourensana. El sitio en el que, una vez que se bajaba su mítica escalera, se accedía a un mundo paralelo. Allí se escuchaba el Reverence de los Jesus and Mary Chain a volumen ensordecedor, se empalma como si nada con el Makin’ Time de The Creation, para pasarlo luego por el filtro de The Lyres y terminar, volviendo loco al personal, con Psycho de los Sonics. Esta última podía ser su himno oficial. No había noche en la que no sonase allá por 1998. Y tanto daba si había 5 tipos o 300. Allí se bailaba siempre como si fuese la última canción que se iba a escuchar en la tierra.

Galicia se queda sin uno de sus grandes paraisos roqueros. El club que, de operar en Nueva York o Londres, sería una leyenda venerada a nivel internacional. De hecho, ya lo ha sido. Los discos en los que sale su logo lo acreditan. Y, por si fuera poco, The Cynics, han titulado en su último trabajo una de sus canciones Rock Club, en un claro homenaje al local en el que se vivió y se sintió el rock.

Se cierra una etapa. Y debería abrirse otra. Con que sea la mitad de comprometida y especial que esta, la generación del Iphone y los festivales-de-200-grupos-en-tres-días se pueden dar con un canto en los dientes. “Nos gustaría que alguien cogiera la antorcha y que prosiguiera la lucha”, dicen en su nota de despedida. “Pero por desgracia lo mas probable es que Rock Club acabe convertido en un local de ambiente latino o pachangueo”, continúan.

Es el momento de que alguien se ocupe de llevarles la contraria. Y haga que esta canción vuelva a hacer temblar el suelo.

Imagen de previsualización de YouTubeThe Sonics “Psycho”, la canción-emblema del local. Escúchese a todo volumen

Triunfar desde la ciudad de uno

lunes, agosto 15th, 2011

La semana pasada, con motivo de su actuación en el Noroeste Pop Rock en A Coruña, entrevistamos en La Voz a Charly Domínguez, bajista de Los Suaves. Debido a la restricción del espacio no se pudo publicar más que un par de declaraciones. En un momento le pregunté sobre la decisión del grupo de operar desde Ourense. Esta fue la contestación:

«En el año 93/94, cuando sacamos Malas noticias con Polygram nos plantearon irnos a vivir a Madrid. Nos decían que nos iba a ir mucho mejor, ya que todo el negocio estaba allí. Pero nosotros nos negamos. Dijimos que íbamos a seguir en Ourense. Evidentemente, somos emigrantes de fin de semana pero, en mi caso particular, la verdad es que estoy cansado de que toda Galicia haya sido durante casi todo el siglo pasado un país sin tierra. En todas las familias si no son abuelos, son bisabuelos; y si no, padres o primos, todo el mundo tienen enterrado por ahí fuera, en algún lugar del mundo, a un familiar. Mi abuelo, por ejemplo, está muerto en Estados Unidos. Ando tras sus huellas, pero a día de hoy no sé nada. Otro abuelo lo tuve en Cuba, aunque este sí que volvió.

En el caso de Los Suaves la actitud era la de “Ahora le toca a otros pueblos emigrar, que sepan lo que es eso”. Alguien tiene que empezar a quedarse. Ourense continúa siendo una ciudad de gente que hace oposiciones y se va fuera. Eso se tiene que acabar. Necesitamos descanso. Necesitamos aferrarnos a nuestra tierra. Nuestra opción fue quedarnos, porque también se puede vivir sin estar en Madrid. En alguna entrevista nos preguntan cómo salimos de aquí y te dan ganas de decir “pues perdonad por no haber nacido en Madrid, lo sentimos mucho” [risas]. Estamos aquí, en Ourense, y no pasa nada. Puede que las noticias lleguen con un minuto o treinta segundos de retraso, pero no pasa nada. Nosotros decidimos que iríamos a buscar dinero fuera, que lo traeríamos y que lo gastaríamos aquí, en la cafetería en donde como en mi barrio. Y los demás del grupo en la de los suyos. En definitiva, es eso: que estamos cansados de ser emigrantes como pueblo. Es que, coño, es generación tras generación. Primeros los que fueron a Cuba y Sudamérica, luego los de los años sesenta y setenta, a Alemania, Suiza y Bélgica. Ya está bien. Necesitamos estar aquí. A nosotros nos empezaban en aquel entonces a ir un poco bien las cosas. En esa situación la mayoría de la gente se va. Pasa lo mismo en Inglaterra. Todos se van a Londres, piensan que es la panacea. Pues ¿qué quieres que te diga? Hay gente que ha triunfado desde otro punto de vista. Y si no hay triunfo, no pasa nada. Pero no hay porque siempre estar en el epicentro de algo. También puedes tener una vida holgada desde tu tierra, tus piedras y tus calles».

El homenaje de Triángulo de Amor Bizarro a Julio Iglesias

martes, agosto 9th, 2011

Triángulo de Amor Bizarro vuelven a sorprender con una versión bastante bizarra, nunca mejor dicho. Cuando no hace mucho empalmaban el Lento de Julieta Venegas con el Sister Ray de The Velvet Undeground, ahora han puesto sus ojos en Julio Iglesias. Adelantándose a Emilio José (fan declarado del interprete de Un canto a Galicia) se han apropiado del clásico Soy un truhán, soy un señor de Iglesias, sometiéndolo a su habitual baño noise. La versión la tocaron en directo en intervención dentro del festival Contempopranea de Alberquerque dejando al público boquiabierto. El resultado se puede escuchar pinchando abajo, en un video grabado por Hangtheguille. Como suele ser habitual en TAB, no dejarán indiferente a nadie.

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The Sea Urchins: languidez británica tras el vaho del cristal

lunes, agosto 8th, 2011

Un puñado de singles y un álbum-resumen. Todos ellos, además, sin crear revuelo alguno. Esa es la herencia para el archivo de la música pop que han dejado The Sea Urchins. A mayores, una pequeña entrada en la Wikipedia, menciones aisladas entre los seguidores de Sarah Records (el sello que editó su minúscula discografía) y un número indeterminado de suspiros privados de fans que, al escucharlos, sienten el indescriptible placer furtivo que todavía genera ese indie británico de la segunda mitad de los ochenta.

Quien desee unirse a la cadena, tiene pululando por el ciberespacio Stardust, el disco que reúne lo mejor de este sexteto de West Bromwich. Editado en 1992, recopila todo el material anterior lanzado en flexi-discs y singles de vinilo. Y eso se traduce en una fantástica colección de canciones que reúnen fragilidad, desaliño y pequeñas estampidas pop. En este último apartado sobresale su hit particular Pristine Christine que, ya en 1987, avanzaba parte de ese sonido de arpegios cristalinos que luego explotarían los Stone Roses. En el mundo de los justos debería figurar en cualquier recopilatorio de “lo mejor de los ochenta” entre Emma’s House de Field Mice y Velocity Girl de Primal Scream.

Pero, contra lo que se pudiera pensar, The Sea Urchins no fueron un grupo-de-una-sola-canción. Es más, cuando rebajan el tempo se vuelven, si cabe, más interesantes. Su corta carrera se reboza en la pereza y la melancolía, en piezas parsimoniosas dueñas de una belleza muy particular. Comandados por James Roberts, cuyos bucles parecen sugerir un cruce entre Bob Dylan y Morrisey regado con una cucharadita de miel, el grupo dejó para la posteridad maravillas como Cling Film -velvetiana e hipnótica con su guitarra bizarra-, Please Rain Fall-afectada, haciendo equilibrios sobre lo cursi pero sin caer en él- o A Morning Odyssey -sublime, probablemente su mejor tema-.

Son apenas tres ejemplos de un repertorio cortísimo pero delicioso. Otra joya más de esa bisagra -finales de los ochenta, principios de los noventa- repleta de tesoros a reivindicar. Y, ojalá, a reeditar.

Imagen de previsualización de YouTube “Pristine Christine” en un montaje en el que se repasa la iconografía del grupo

Imagen de previsualización de YouTube“A Morning Odyssey” con la portada del single

The Black Angels: oscuridad, poderío y psicodelia

viernes, agosto 5th, 2011

Rock granítico y poderoso a lo Spiritualized, rítmica a piñón fijo puramente velvetiana y briznas de psicodelia sesentera a lo 13th Floor Elevators. Esos tres ejes, que seguramente harán salivar al aficionado a la oscuridad lisérgica, son los que guían a The Black Angels. Este sexteto de Austin (Texas) apenas ha tenido repercusión en España. Se les conoce por haber sido banda de acompañamiento de Roky Erikson y se les asocia a The Warlocks y Black Mountain, pero las excelencias de su obra continúan en muchos casos inéditas para un público que, de conocerlos, seguramente los adoraría.

Un buen modo de deslizarse por su tobogán sonoro es hacerse con Phosphene Dream (2010), su último trabajo. Diez excelentes temas que responden al triángulo anteriormente citado y que encuentran su punto de inflexión en la poderosa River of Blood. Situada justo en el centro del álbum, sugiere a una suerte de The Doors abducidos por la rítmica tribal y las explosiones guitarreras que persiguen el clímax ruidista total. Es su particular todo o nada. O te encantan o, adiós, búscate otra cosa, que este no es tu grupo. Para los de la primera opción, queda un bufé libre de mantras roqueros, atmósferas envolventes y música de la buena. Entrance Song, extendiendo el poderío de River Of Blood; True Belivers, tirando hacia el folk-rock de la Costa Oeste; Telephone, remitiendo el garage rock; o The Sniper emulando a Led Zeppelin. Todo sin tacha. Todo sonando como una bomba. Todo procediendo del tenebroso undergound americano. Sí, como aquellas bandas que, en los primeros noventa, desembarcaban en España como un tesoro en las páginas de Ruta 66. Las que se escuchaban con las gafas sol puestas.

Bendita sensación. Recuperémosla pinchando abajo.

Imagen de previsualización de YouTube“Bad Vibrations”, el tema que abre el disco en una sensacional versión en directo

Imagen de previsualización de YouTube Versión en vivo de la demoledora “Entrance Song”

Gloria pop para días de verano

martes, agosto 2nd, 2011

Noticia al margen: Lemmy de Motörhead perdió cuatro sombreros en A Coruña y pide la ayuda de sus fans
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A veces surgen canciones totalmente perfectas, como The Weakest Shade Of Blue de The Pernice Brothers. Son esos temas en los que todo fluye con una insultante armonía. Dueña de un arranque-fogonazo directo al corazón pop, avanza en sus primeras estrofas como un pedazo de gloria, gracias a una melodía irresistible que se repite en círculos buscando un estallido de placer. El sonido, nítido y suave pero contundente, resulta idílico; la dicción del cantante, ligeramente difumina, deliciosa; y esa segunda voz que emerge del Libro de Trucos de las Grandes Canciones Pop adelanta que ese corazón, ya impresionado y conquistado, se va a derretir completamente. 

“But don’t cry baby / please don’t cry baby / I’ll be tender til the day I die” cantaba Jason Pernice en esta pieza del 2003, perdida en el olvido. El catador de canciones intuye aromas de fragilidad, briznas de melancolía y una emoción contenida a flor de piel que se destapa totalmente al llegar a un estribillo ma-ra-vi-llo-so: “This love I have for you is terrible and true / how this sheltered loveless life / fades into the weakest shade of blue” (“Este amor que siento por ti es terrible y verdadero / como esta vida abrigada y sin amor / se funde hacia el más debil tono de azul). Ahí el plumilla deja de escribir y se sorprende a sí mismo, eufórico y con el pecho en suspensión, haciendo air guitar. Encara la segunda parte del estribillo. Y en ella que se repiten esos preciosos versos en una pequeña obra de arte pop, en la que el músico se deshace en poesía para explicar los terremotos interiores que la causa ese capricho llamado amor.

De ahí al final, un minuto dedicado a mantener el placer, entre arpegios magistrales y una voz que se apaga, segundo a segundo, hasta llegar a un final que solo pide una cosa: volverla a escuchar. Si después de cinco veces seguidas tienen ganas de escucharla una sexta, no se preocupen: ya le ha pasado a muchas personas con anterioridad.