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Archivo para julio, 2011

Clase magistral de heavy clásico

domingo, julio 31st, 2011

Epitaph Tour
Judas Priest, Motörhead, Saxon
Coliseo, A Coruña, 29-julio-2011

Ver en vivo a una banda como Judas Priest, cuyo líder Rob Halford roza los 60 años, lógicamente plantea sus dudas. ¿Valdrá la pena desembolsar 55 euros (65 en taquilla) para contemplar el final de una banda cuyos días de gloria quedan ya muy lejanos? ¿Estarán a la altura de las circunstancias, máxime con la ausencia de su mítico guitarrero K.K. Downing que se apeó del barco meses antes al ver cuál iba a ser el futuro de la banda? ¿Se empañará para siempre el recuerdo viendo a un icono del heavy poner un pie en el supuesto retiro (que si gira final, que si solo el último gran tour…)?

El viernes, en A Coruña, esas dudas tardaron unos segundos en disiparse. Los que transcurrieron entre los primeros rugidos ambientales del concierto hasta las guitarras de Rapid Fire sonando como tienen que sonar: afiladas, agresivas y avasalladoras. Con el jovencísimo Richie Faulkner haciendo olvidar a Downing gracias a su solvencia instrumental y su contagiosa actitud de guitar-hero en ciernes, y Haldford dirigiendo con autoridad el escuadrón metálico, obligaron a los escépticos a guardar sus peros en el bolsillo. Todo ante un delirio colectivo que presagiaba una noche memorable.

Lo fue. Como un viaje a lo largo de la trayectoria del grupo, Judas Priest saltaron de clásico en clásico celebrando no solo existir sino, sobre todo, haber existido. Sacando jugo a su iconografía, el fondo del escenario lucía cada una de las portadas del disco del que rescataban los temas. Y eso hacía más emocional, si cabe, el impacto de Metal Gods (ilustrado con la cuchilla del British Steel, el álbum definitivo de la banda al que acudieron hasta en cuatro ocasiones) , Starbreaker (con el templo de Sin After Sin) o la celebradísima Turbolover (apelando a la ochentera mano femenina de Turbo).

Imagen de previsualización de YouTube“Breaking The Law” en plan karaoke colectivo y aderezada de llamaradas

La guinda la puso en el tramo final Breaking The Law, en la que Halford optó por quedarse en silencio, cediendo el micro al público; y Painkiller, único momento del concierto en el que, incapaz de llegar a sus agudos imposibles, le flojeó la voz. No importó, durante el resto del bolo estuvo soberbio (mucho mejor que en su anterior visita a la ciudad, según los que los vieron en el 2005) y aquello, para entonces, era una fiesta total que terminó con todo un emblema: Living After Midnight. Y, sí, también con la moto en el escenario en una actuación que mezcló artificio (llamaradas de fuego real, telones, luces láser, cañones de humo…) y chicha (parece que dijeran “¿os acordais de esas canciones, de lo BUENAS que eran?”) a partes iguales.

La gran actuación de Judas, no debe hacer olvidar las de sus teloneros. Previamente, Motörhead ofrecieron lo que se esperaba: una apabullante ración de su rock n’ roll acelerado y metalizado, con un Ace Of Spades tremendo. Pero también con Iron Fist, Stay Clean y otros tantos trallazos hechos a base de bajos aporreados sin piedad y guitarras puntiagudas. Por su parte Saxon, los primeros en salir, actualizaron su excelencia del período 1979-1981 con un doble bombo, que si bien dotaba de contemporaneidad al asunto, echaba a perder, en opinión de algunos, el encanto ya retro de clásicos, como el Wheels Of Steel que cerró su pase.

Foto: Eduardo Pérez

Beyoncé buscando su madurez

viernes, julio 29th, 2011

Puede que Beyoncé edite un disco excelente algún día. Nos referimos a un elepé compacto, donde todos los temas funcionen y respondan a una arquitectura con sentido. Es decir, que no sean el simple acompañamiento de un single deslumbrante tipo Crazy in Love o Single Ladies. Todavía falta, pero lo más cerca que ha llegado a ese punto se encuentra en 4, su último trabajo. No incluye ningún rompepistas claro y arrollador, pero sí la que probablemente sea su mejor colección de canciones hasta la fecha. Falsamente suave y aterciopelado, se ha vendido como el disco de baladas de Beyoncé. También como el paso de madurez y de reafirmación de una artista que, a estas alturas, se puede permitir avanzar obviando las listas de ventas.

Por partes. Es cierto que el amor muestra sus múltiples caras en baladas de todo tipo y condición a lo largo del disco. Que este empieza con una bonita 1+1 , derivativa del Purple Rain de Prince; que apela al do de pecho y alma en piezas como Best Thing I Never Had o I Was Here, algo insulsas y perfectas aspirantes a clímax musical de una película romántica; que arrulla en las sensuales ondas de I Miss You; y que busca el estremecimiento soulero en I Care. Totalmente cierto, pero no menos que que en 4 existe más que eso, mucho más.

Solo hay que avanzar hasta la segunda mitad del álbum. Ahí nos encontramos con las deliciosas reminiscencias ochenteras de Love On The Top. También con la rítmica acelerada Countdown, recordatoria de Single Ladies y guiada por un sampler de trompeta que alberga versos como «Matándome suavemente, todavía estoy cayendo/Todavía eres lo único que necesito, solo quiero estar contigo». Y, por supuesto, con esa End Of Time, vitalista y de querencia africana.

Todo para llegar al gran tema del disco. Run The World, situado al final, semeja inspirarse directamente en el primer álbum de M.I.A. Muestra a una Beyoncé pletórica y pirotécnica, entregada a la rítmica del funk carioca, alternándolo con seda pop, y dejando un hit maravilloso pero imposible. Se trata del particular «porque yo lo valgo» de una artista que, en su contraportada, parece mandar un mensaje: una fotografía de espaldas luciendo su ya célebre trasero. Y no, no faltará quien diga que hay Photoshop.

Imagen de previsualización de YouTubeBeyoncé interpretando “Run The World” en el festival de Glastombury

El gran secreto de los cachés

jueves, julio 28th, 2011

Todos los años ocurre lo mismo. Cuando en las ruedas de prensa se pregunta por el caché de los artistas de las fiestas, se alude a que son datos que no se pueden decir por exigencia del propio artista o su promotor. Ayer incluso se habló de la Ley de Protección de Datos en la presentación del Noroeste Pop Rock de A Coruña. Se supone que si se hace público que el artista X cobra una determinada cantidad en un sitio concreto nunca podrá subir esa cifra en una negociación posterior. Y, claro, el negocio es el negocio.

Ello resulta comprensible dentro del ámbito privado. Sin embargo resulta muy chirriante cuando al citado artista se le está pagando con dinero público, es decir del de todos los ciudadanos de un ayuntamiento concreto. No parece lógico que, si alguien está cobrando de la caja común por un concierto, los vecinos de ese pueblo o ciudad no puedan conocer cuánto cuesta lo que van a ver sobre el escenario. Si se hacen públicas las cifras de las carreteras, los centros cívicos o los contenedores de basura, ¿por qué no las de aquellos cuyo trabajo consiste en entretener “gratis” al pueblo?

A lo mejor, sabiendo los cachés de uno y otro y lo que pagaron los del ayuntamiento de al lado, se mejoraba la eficacia de los que contratan. También puede que así se eliminasen algunos abusos de promotores, que cuando oyen las campanas de lo público suben y suben los precios con una ligereza pasmosa. Y todo, sin entrar, en lo mal que sonarían algunas “letras sociales” cuando al final el cantante-con-conciencia llegase al hotel tras cobrar una cifra de más de cuatro ceros pagada con el dinero de todos los curritos y no tan curritos que salen en sus versos.

¿A alguno de los tres -administración, promotores y artistas- les interesa esa transparencia? A los ciudadanos desde luego sí.

El pop inglés levanta el mentón y muestra sus uñas

viernes, julio 22nd, 2011

En este mundo hipercomunicado resulta estupendo girar la vista a Montreal y ver su escena rock en ebullición liderada por Arcade Fire. También perderse por el colorido neoyorkino de Vampire Weekend y sus secuaces. O estirar el oído hasta Melbourne y encontrar joyas como Cut Copy. Sin embargo cuando se piensa en pop, la mente viaje por inercia a una ciudad: Londres. Y allí, en la gran capital de las melodías y los estribillos, hacía ya tiempo, al menos desde The Libertines, que no surgía un grupo tan prometedor como The Vaccines.

Las excelencias de su álbum de debut, What Did You Expect From The Vaccines?, han servido para que la prensa británica los considere «la banda inglesa más excitante desde los Arctic Monkeys». Se trataba de un secreto a voces. La colección de singles que lanzaron en el año pasado — Wreckin’ Bar (Ra Ra Ra), Post Break-Up Sex e If You Wanna — reunía todo lo que se le puede pedir a una banda de pop primeriza: descaro juvenil, nervio eléctrico y, sobre todo, canciones enormes. Estas trataban temas como la espiral de culpabilidad del sexo pos ruptura o esa eterna sensación de «bueno, ya sé que estás con otro, pero que sepas que la puerta está abierta». Todo con el ritmo y el tempo justo, en un cruce de caminos entre las melodías de los grupos de chicas de los sesenta, los Ramones y los Jesus and Mary Chain. Todo con la solvencia precisa como para que cientos de fans terminasen frente a ellas como quien le pide a su espejo que se convierta en pura música.

Imagen de previsualización de YouTubeClip de “Post Break-Up Sex” de The Vaccines

!Voilá! Los chicos volvieron a tener así banda sonora, ese alimento espiritual que ha convertido al pop en el mejor psicólogo-amigo-confesor de la juventud desde los cincuenta a esta parte. Este disco, que aquí en España ha llegado con retraso, dejándose en un discreto segundo plano —no innova, no rompe, no abre caminos… solo emociona—, supone para muchos el repuesto a la caída irremisible de The Strokes y un motivo para ondear la alicaída bandera inglesa.

Algunos medios sostienen, en efecto, que no se recordaban tanta excitación desde el debut de los Arctic Monkeys. Pero, ni por asomo, se debe interpretar eso como un codazo a la banda de Alex Turner. No, porque el cuarto trabajo de los monos árticos, Suck It And See, demuestra que atraviesan también un particular momento dorado.

Imagen de previsualización de YouTubeClip de “Brick By Brick” de The Arctic Monkeys

Definitivamente, hay vida más allá de Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not, su impactante disco de debut. Los Arctic Monkeys dibujan así un contundente gesto de silencio hacia quienes los trataron como un perecedero producto de temporada. Mucho más relajados, contenidos y melódicos, en su nueva obra los de Sheffield desprenden aromas de clásico británico por los cuatro costados. The Kinks, Pretenders, Stone Roses o Echo & The Bunnymen, por citar algunos de los referentes, flotan en el aire, pero la vigencia del discurso resulta totalmente contemporánea y personal. Los Arctic Monkeys son ya una referencia en sí misma, que a su brillante pasado suma maravillas como Suck It And See, Reckless Serenade o Love Is A Laser. Estas se enmarcan entre lo más dulce que hayan compuesto nunca y cuentan con su contrapunto roquero en Brick By Brick, Don´t Sit Down ‘Cause I’ve Moved Your Chair y Library Pictures.

El triángulo de este particular semestre de ensueño lo cierran The Horrors, cuyo tercer paso los confirma como una de las bandas más solventes del momento. Tras el sobresaliente Primary Colours grabado con Geoff Barrow (Portishead), ofrecen ahora un Skying con el que quieren llevar la contraria a quienes atribuían la excelencia del álbum exclusivamente a la labor del productor. Menos incisivo y roquero, más psicodélico y oscuro, los chicos de Faris Rotter proponen un viaje sensorial a través de un disco que atrapa al oyente como arenas movedizas. Lo hacen desde el enredador single, Still Life, con sus claroscuros y sus espirales a cámara lenta, y lo continúan mirando al kraut-rock en Moving Futher Away, a la gloria pop manchesteriana de Dive In o la neblina gótica de Wild Eyed, dejando entrever un largo recorrido para este elepé con plaza fija entre lo mejor del año. Ah, y atención a los sensacionales videoclips que nos tienen acostumbrados.

Imagen de previsualización de YouTubeEl delicioso clip de “Still Life” de The Horrors

Sí, la Inglaterra pop —sus bandas y todas las sensaciones que estas emiten en ondas concéntricas— reclama una atención que parecía perdida. El sismógrafo vuelve a registrar excitación y eso siempre son buenas noticias. Celebrémoslo subiendo el volumen al máximo.

El regalo inesperado de The High Llamas

miércoles, julio 6th, 2011

The High Llamas
Expocoruña, A Coruña
4-julio-2011

La inesperada visita coruñesa de The High Llamas se tomó como un regalo. No estaba prevista. El recital iba a celebrarse en Ferrol, pero la suspensión del bolo por parte del Ayuntamiento con las entradas vendidas, obligó a los responsables de Sinsal a buscar una solución de emergencia. Y a la parroquia pop herculina un hueco en la agenda bastante insólito. ¿Qué tal terminar un lunes de pleno verano en el auditorio de un recinto ferial situado a las afueras de la ciudad disfrutando de un grupo de culto británico mientras fuera aún luce el sol?

Unas cien personas contestaron afirmativamente con su presencia. Al salir, resultaba casi imposible encontrar alguna cara que no tuviese dibujada la sonrisa, esa que genera el pop familiar-pero-voluble-y-sorprendente que se pudo escuchar durante una hora y pico en todo su esplendor. Ayudó y mucho el marco, el auditorio de Expocoruña, lugar idílico para este tipo de conciertos y que ojalá se explote aún más la temporada que viene. Lo fastidió, un poco, lo de siempre: cuatro o cinco tipos con sus risas, sus conversaciones en voz alta y sus retrasmisiones de concierto. Ahg!!!

Al margen de ello (mal endémico de esta ciudad donde los haya), la armonía reinó en Expocoruña. Sean O’ Hagan se mostró como un hombre feliz encantado de contagiar esa felicidad a su público. Con un discurso que apela al pop sesentereo con neblina –sí, esa sinuosa melancolía de los Beach Boys entremezclada con el fluir melódico de los Zombies sobre colchón bossa/easy listeing- engatusó desde el minuto uno. Fue con Berry Adams, el tema que abre su delicioso Talahomi Way recién editado. Abrió la puerta y venga: voces de ensueño, pop que gira en enredadores bucles, líneas delicadas que-parece-que-se-van-a-romper-pero-¡ay!-no-lo-hacen-si-no-que-te-desarman y mucho, mucho placer auricular.

Podrían tocar Talahomi Way enterecito, que no hubiera pasado nada. Pero los británicos prefirieron picotear por el resto de su trayectoria. Por allí desfilaron, entre otras, caramelos deliciosos Three Point Scrabble, muestra de esplendor pop como Rollin o el Janet Jangle que, ya en los bises, enseñó aquel lado de Stereolab que aún lleva en la sangre O’Hagan. Alguno reclamaba veinte minutitos más de actuación. Otros se daban por satisfechos con lo presenciado. Pero el regalo, ese inesperado regalo, hizo su cometido: sorprender, entusiasmar y agitar suavemente al corazón. Ojalá haya muchos más en el futuro ( y que los que no sepan estar, desistan y se queden en casa)

Foto: Xavier Valiño

Bob Dylan por encargo desde A Coruña para el mundo

martes, julio 5th, 2011

(Hace un par de semanas dimos en La Voz una curiosísima noticia: la de que un empresario americano había contratado a The Highlights para reinterpretar un tema de Bob Dylan. Aprovechando la que la canción ya está lista, revisamos el reportaje en una versión ampliada)

«Es la cosa más rara que nos ha ocurrido en nuestra vida», confiesa Eduardo Herrero, cantante y guitarrista de los coruñeses The Highlights. Se refiere a la propuesta de Jimmy Walter, un empresario americano. Se puso en contacto con ellos hace unos meses. Buscaba un grupo que reinterpretase una canción de Bob Dylan, Everything Is Broken, con una nueva letra. Él asumiría los gastos. Buscando en Internet dio con la formación de Herrero, la que desde hace años se dedica a tocar el repertorio del autor de Like a Rolling Stone. Se intercambiaron varios e-mails y todo terminó en un encuentro en A Coruña.

«Al principio pensé que la cosa era una broma», admite Herrero, mientras Walter sonríe. El americano, conocido en EE.UU. por su intento de reabrir la investigación sobre el 11-S, viajó desde Viena, su actual residencia, para presenciar los pormenores de la grabación del tema en los estudios Bonham de Riazor. «Desde hace un año buscaba el grupo perfecto para interpretar esa canción. Busqué en Youtube un montón de grupos tributo que no me interesaba para nada. Escuché a The Highlights y en particular Things Have Change y !me gustó incluso más que la de Dylan! Se la puse junto a la original a mi novia, que no es nada fan de Dylan, y le dije cuál prefería. Eligió la de The Highlights. Me pareció la banda perfecta para lo que yo buscaba. Les propuse y aceptaron. Son unos tipos encantadores», dice.

¿Pero qué buscaba exactamente? «He estado estudiando mucho tiempo la economía mundial y veo que los bancos le están diciendo a la gente que tienen que ahorrar -reflexiona el americano-. Eso significa que la gente tiene que trabajar menos, y yo pregunto: ¿por qué vamos a trabajar menos si necesitamos más?». En base a eso, Walter recuperó ese tema que editó Bob Dylan en 1989 de corte apocalíptico. E introdujo unos cambios: «La canción decía que todo estaba roto, pero yo pienso que no, porque la gente quiere trabajar, las máquinas todavía funcionan y la gente quiere comer. Lo único que repele a la gente de ello son los bancos. Mi cabeza funciona mirando cómo pueden encajar las cosas y, como soy un gran fan de Bob Dylan, pensé en cómo expresar mis pensamientos en una de sus canciones. La escuché y le di la vuelta y dije “Todo funciona, por qué nosotros no?».

Imagen de previsualización de YouTubeEverything Is Workin’ con subtítulos en inglés

Esa reflexión la ha plasmado en el tema, que apenas conserva dos versos originales. Ni siquiera el título es el mismo. Ahora se titula Everything Is Working y la interpretan unos The Highlights que advierten que nada tienen que ver con el mensaje: «Nos lo propusieron y nos pareció divertido, pero nosotros estamos al margen de la filosofía del tema, simplemente somos la expresión de su pensamiento», señala Herrero. Respecto a los posibles problemas legales que pudiera traer esta operación, Walter los descarta. «Si fuera un gran hit e hiciésemos grandes cantidades de dinero, los abogados quizá nos pedirían que les pagásemos algo -dice entre risas-. Pero incluso, si eso fuese así, haría que la gente quisiera descubrir el original, lo que incluso podría ser beneficioso para Dylan».

Walter, además de estas ocurrencias tiene negocios de informática, energía solar y se dedica a labores benéficas: «He ayudado a personas que estaban en prisión y tengo una corriente de pensamiento que se llama pensamiento racional con otro doctor que ha escrito 70 libros». ¿Es de los que piensa quizá que se pueden cambiar las cosas con una canción? «No, no puedo hacerlos cambiar, pero puedo hablar con ellos. Esta es mi manera de hablar con la gente joven. El mensaje es muy fuerte pero, por supuesto, ni los bancos ni el poder lo escucharán. Dirán que es otra de mis conspiraciones. Pero si no hablo, seguro que nada va a cambiar. Mi padre tenía un dicho: “Sé que el juego está podrido, pero es el único que hay en toda la ciudad”.

Ya con el tema finalizado, Jimmy Walter lo convertirá en una pieza de YouTube. «Voy a comprar anuncios en Yahoo para promocionarla, para que cuando alguien busque algo de Dylan le salga el anuncio», adelanta. ¿Y llevar al grupo a expandirla por el mundo? «Ya veremos cómo funciona, pero creo que los voy a llevar a Viena». De producirse ese recital, lógicamente el tema formará parte del set-list. «La hemos tocado una vez en directo, pero a partir de ahora seguro que va a ser fija en nuestros directos», adelanta Herrero.

La foto de Jimmy Walter con The Highlights es de Kopa