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Archivo para Septiembre, 2010

Sweet nostalgia

Jueves, Septiembre 30th, 2010

Esperemos un momento antes de darle a la nostalgia con la puerta en las narices. Como se indicaba en la entrevista con Nadadora, en el lustro que va entre 1987 y 1992 (o 1988 y 1993, si se prefiere) existen tantas maravillas ocultas que es como para plantearse coger el casco de minero y trasladarse allá una temporada. Alguna vez por aquí se dijo algo así como que Interpol o Bloc Party serían claros segundones entonces. Pero si se cogen a los supuesto grupos menores de esos años, casi entran ganas de bajarlos a la tercera división.

¿Alguien necesita una prueba? Pues aquí va una entre cientos de las que existen. Ultra Vivid Scene fue el proyecto que lideró Kurt Ralske entre 1988 y 1993, un músico conocido en España fundamentalmente por ser el productor de Pop y Una semana en el motor del autobús de Los Planetas. Los más avezados recordarán también su magistral intervención en el primer (y mejor) álbum de IVY(nyc), Realistic, pero seguramente pocos de los que anden por debajo de la treintena habrán estado expuestos a los placenteros efectos secundarios de Ultra Vivid Scene.

Fueron una de las joyitas incluidas en el catálogo de 4AD, cuando eso significaba algo, y grabaron tres discos muy recomendables de un elegantísimo pop de tintes oscuros y clara devoción velvetiana. Mucha gente se queda con el homónimo Ultra Vivid Scene, su debut, pero por milímetros gana Joy 1967-1990, un trabajo que en su día algunos tomamos como el complemento perfecto para el Darklands de Jesus and Mary Chain. Staring At The Sun es el single y, la verdad, cuesta encontrar temazos así de redondos en los grandes (o pequeños) grupos pititillistas de la actualidad.

Denle a play. Descubran, redescubran, disfruten.

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Recuerdos del pelo largo (y con rastas)

Miércoles, Septiembre 29th, 2010

(Lady Gaga será objeto de una conferencia este sábado en A Coruña. Más aquí)

Hubo en día en que en España nos quedábamos boquiabiertos al ver los festivales que se hacían en Europa y EE.UU. Eran vídeos grabados generalmente de la MTV que pasaban de mano en mano y que hacían pensar lo impresionante que sería estar allí, haciendo pogo en las primeras filas. Aquí, por no haber, no había ni FIB, ni Festimad ni nada; viajar no era tan barato como ahora y en el Xacobeo no eran tan modernos todavía como para ir más allá de los mega-clásicos. Uno de esos vídeos era este, el que recogía la actuación de Rage Against The Machine en el Pinkpop Festival en 1993, cuando aún eran un grupo vibrante y demoledor. En ese momento lo tenían todo: eran tan originales como arrolladores y poseían un disco plagado de himnos de principio a fin. Uno de ellos era Bullet In The Head, una de esas canciones que, tras malearte de placer, te llevan al clímax total en su recta final (sí, sí, a partir del minuto 3.08)

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Con el tiempo, a fuerza de repetirse (e inspirar a grupos horrorosos), terminaron por ser lo más anti-cool del mundo, pero una simple mirada atrás debería servir para recordar a un grupo tremendo que, luego, se podría ver en España en mil y un festival. Al ritmo que va el revival, no sería de extrañar que las nuevas generaciones se fijasen en ellos en breve.

Single: “Oigo cantar a Amaia Montero y veo un estilo antitético al que yo quiero para mí”

Viernes, Septiembre 24th, 2010

Hoy arranca en A Coruña la segunda edición de Daisy Market, un showroom de moda que, tal y como ocurrió el año pasado, lleva varias golosinas pop adjuntas en forma de conciertos. En el auditorio de Expocoruña se podrían disfrutar esta noche de las actuaciones de Single, Patricia Moon, Robots In Disguise y mañana de Lonely Drifter Karen, Southern Arts Society y Chew Lips. Los primeros presentan Monólogo interior, un segundo álbum que los reafirma como una rareza total dentro del pop nacional. La ex Le Mans Teresa Iturrioz, que junto a Ibón Errazkin forma Single, atiende la llamada del suplemento Fugas de La Voz.

-Van a tocar esta noche en showroom de moda con actuaciones. ¿Les interesa el mundo de la moda?

-A mí la moda me gusta, porque me parece divertida, aunque tampoco no soy una gran seguidora de las tendencias. Me gusta mucho cuando veo creatividad en la ropa pero, bueno, nosotros musicalmente no nos vemos vinculado a la moda. Nosotros hacemos música porque nos gusta, sin más.

-Observando sus fotografías promocionales y las portadas usted sí que parece una modelo. La particular de Javier Aramburu.

-[se ríe] Pues puedes tener razón, pero todo eso es cosa suya. Él hace lo que quiere. Yo no hago ninguna cosa más que poner mi careto. Él luego me pone bigote, me lo quita, me pone un gorrito art-deco,… él sabrá. Yo siempre me quedo muy contenta.

-¿En cuál de todas ellas se ha quedado más sorprendida?

-¿Sorprenderme? Pues igual en la de los bigotes de chino, porque me hace mucha gracia, ya que me veo con una cara de folclórica tremenda, que nunca me había visto así, y con un bigote plantado. Ahí sí que me quedé un poco shockeada.

En esas portadas se trasmite una sensación muy clara: la de divertirse con la música. ¿Para ustedes hacer disco es algo divertido o un sacrificio?

-Pues un poco las dos cosas. Nosotros hacemos música para poder hacer lo que nos de la gana. En la vida ya hay muchas obligaciones y en la música no tenemos que rendir cuentas a nadie, si acaso a la compañía de discos y esta nos lo permite todo, de momento. Por eso aprovechamos para hacer lo que queremos. Ello a veces conlleva un poco de sufrimiento. A veces hay que dedicarse a ensayar y preparar cosas, y eso implica quitarte de cosas que te gustaría hacer, porque nosotros también trabajamos para vivir. Esto es un hobbie, nos gustaría que lo fuera menos, pero hay que dedicarle tiempo. Por eso, cuando a lo mejor en Semana Santa te gustaría irte de vacaciones, pues te vas a grabar y cosas de esas. Ahí sí que dices, “jo que latazo”, pero por ahora nos está compensando.

-En la época de Le Mans ya decían que no eran nada amigos de la dinámica de grabar-local de ensayo-gira.

-Sobre todo el local de ensayo, más que grabar. A nosotros grabar disco nos gustaba pero tocar en directo no, no nos gustaba nada. Y eso es lo que ha cambiado. Ahora con Single nos hemos acostumbardo a tocar, es como si hubiéramos descubierto esto a una edad un poco ya avanzada [risas], pero esto es lo que hay.

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-En todos sus trabajos parecen exploradores sonoros dentro de un eclecticismo casi compulsivo, como si se sumergieran en el pop en busca de tesoros. ¿Se sienten así?

-Pues igual un poco sí. A nosotros la verdad es que nos gustan muchas cosas variadas. Claro que nos gusta el reggae, el pop, el jazz y la música negra de todos los tiempos y, cuando hacemos canciones, me imagino que, de alguna manera, vamos congiendo cosas de todo lo que nos gusta. No salimos de la nada, sino que echamos mano de las cosas que nos gustan y eso puede hacer que, como dices, parezca que vayamos dando bandazos y que, de hecho, los demos. Pero es que creo que es lo que nos divierte: eso sumergirnos en todo aquello que nos gusta, que es un océano muy basto y, a partir de ahí, cumplir nuestras pequeñas cosas.

-¿Son grandes consumidores de música?

-Ibón sí, él es un gran consumidor de música, se pasa 24 horas al día escuchando música. Yo no, yo escucho música, pero mucho menos. Yo cuando leo o trabajo no tengo música puesta.

-Bueno, sería algo agobiante, ¿no?

-Mucha gente lo hace, pero yo no puedo. Si estoy haciendo cosas triviales o escribo una carta a un amigo pues tengo música de fondo, pero si hago cosas que me requieren más atención me despista. Ibón es un musicólogo, yo a eso no llego.

-En una entrevista para el programa “Mapa Sonoro” de TVE2 hablaban, usted e Ibon, sobre lo que es comercial y lo que no. Llegaban a la conclusión de que Single era un grupo comercial, pero en el sentido de hace 40 años. Yo pensé que, a lo mejor, en España para triunfar comercialmente hay que hacer todo lo contrario a lo que hacen ustedes, es decir cantar con feeling y de un modo apasionado. ¿Piensan que ese modo de cantar líneal y sin desagarro es un obstáculo insalvable para triunfar en España?

-Creo que lo que dices es muy acertado. Realmente, parece que para que algo sea comercial el cantante esté dando la vida en la canción. A mí eso no creo que me guste. Pienso que hay muy pocos cantantes que puedan cantar así y que, al tiempo, sean bonitos y elegantes. Yo, por ejemplo, oigo cantar a Amaia Montero y, sinceramente, veo que es un estilo antitético al que yo quiero. No me gusta nada y, sin embargo, ella vende muchos discos, le va muy bien y ojalá que le siga yendo bien. Pero yo no quería para mí eso nunca.

-Es exclusivo de España y los paises latinos. Por ejemplo, Kylie Minogue canta de manera líneal y tiene un gran éxito.

-Sí, es verdad, pero ahora que lo dices creo que se ha enmonstruoecido la forma de cantar que la gente considera normal. Antes existían voces tremebundas que cantaban con unos vozarrones estupendos, pero no eran tan exageradas, sino que eran mucho más sobrias y sabían mantenerse más en su sito. En esos ultimos años se ha considerado cantar normal una manera que a mí me parece monstruosa. No sé, yo creo que Marvin Gaye o Curtis Mayfield son grandes cantantes pero ¿alguien que cantase como ellos tendría exito hoy en día? Ahora requerirían que hiciese muchos más tirabuzones con la voz y eso rizados de ououououou que no sé que necesidad tenemos de eso. A mí me estorban, pero también es cierto que a otros parece que no. 

-El disco da la sensación de que ha sido concebido como un álbum unitario, no como “Pío Pío” que parecía más una colección de canciones sin mucha conexión entre sí. ¿Es así?

-Sí, es una de las diferencias más grande con Pío, pío. El anterior era como una colección de canciones sueltas que fuimos haciendo a lo largo del tiempo y en este hay más canciones que tienen que ver unas con ottras, incluso en cuanto a sonido.

-¿Podría ser el “Saudade” de Single?

-Pues no lo sé, no lo había yo pensado. Pues igual sí, podría parecer. No lo sé. Dependerá de lo que hagamos después. De momento, no lo sé.

-Es un disco menos recargado. Lei una frase en Love of 74 que me gustó mucho. Hablaba del barroquismo de single y decían que en este disco el barroquismo estaba en la ausencias. No sé si es una frase bonita sin más o tiene un contenido real para ustedes. ¿Cómo lo ve?

-!Toma! La frase me encanta. No sé si se adapta o no. Yo creo que el disco este en algún caso ha quedado un poco barroco, con mucho arreglos pero a un volumen un poco imperceptible. Pero [se lo piensa un rato] pero jo, me encantaría que fuera cierto. Sí que creo que es un disco que no es tan sencillo como puede parecer en cuanto a su producción… Jo, me he quedado un poco alucinada.

-¿A qué es una frase muy chula?

-Pues sí, ojalá que sea cierta. Es que es tan bonita…  

-Los arreglos de Genís a veces están “ausentes”. Hay que hacer una tercera o una cuarta escucha para apreciarlos.

-Sí, yo también creo eso. Algunos solo dan ambiente a la canción, no son arreglos muy melódicos.

-¿Qué le decimos a la gente que busque “El perrito librepensador” de este disco?

-Jo, pues que en ese disco no lo va a encontrar, que esto es lo que hemos hecho y lo que nos apetecía hacer. El que ande buscando El perrito seguro que encuentra algo parecido en muchos otros grupos que andan por ahí haciendo canciones estupendas con ritmo bailable. Por falta de oferta no va a ser.

-¿La canción emblemática del disco va a ser “Posponías”?  

-Pues no lo sé, fíjate que a mí es de las canciones que menos me gusta del disco. Igual sí que puede ser la que entre primero, porque es quizá más fácil que otras.

-Tiene una letra genial. Inmediatamente le pones ojos y cara a la persona.

-¿A qué sí? O te pones a ti mismo y dices “Vaya esto me recuerda a mí misma”. Yo también creo que Fotos puede ser una canción que la gente en cuanto la escuche la gente le puede coger el gusto.

Imagen de previsualización de YouTubeVideoclip de “Posponías” de Miguel Gutiérrez

-Teniendo en cuenta el precedente de “Mr Shoji” lo cierto es que este giro ha sido bastante sorprendente. ¿Jugaron al despiste con aquel single sabiendo lo que iba a venir luego?

-No, surgió así, simplemente. Queríamos que fuera un single de vinilo y lo hicimos. Luego, nos pusimos a preparar el disco y nada más. Es cierto que, a veces, existe esa sensación, que la gente piensa que jugamos a despistar y no es eso. Nosotros lo que buscamos es hacer en cada momento lo que nos apetece hacer. Monólogo interior era el disco que teníamos que hacer en este momento, pero que nadie se sorprenda si luego hacemos un disco discotequero, porque podía suceder. Parace que la gente quiere saber cuál es tu línea y lo que vas a hacer siempre, y a nosotros lo que nos apetece es divertirnos y, a veces, eso incluye hacer todo lo contrario a lo que habías hecho antes. Al menos, eso me pasa, que cuando hago algo blanco, luego lo quiero negro y ¿qué le voy a hacer? [risas] Pero entiendo que no fuera lo que te esperases.

-Sí, hubo que darle unas tres o cuatro escuchas para adaptar las expectativas al contenido.

-Sí, creo que es un disco más difícil de lo que pensábamos nosotros e imagino que, de entrada, puede dejar un poco desconcertado, pero sin embargo pienso que es el mejor disco que hemos hecho en nuestra vida. Estoy tan contenta con él… Pero lo pienso y, claro, me digo “las canciones no tienen estribillo”. Es un poco poner las cosas más difíciles, pero no hay una intención de decir “venga, vamos a ponerlo todo difícil”. La intención nuestra es más bien “Vamos a hacer las canciones que nos encantan”. Yo creo que el disco, si le das una serie de oportunidades, se puede convertir en un trabajo que se disfrute mucho.

-Algo difícil en estos momentos, en los que no hay tiempo para nada.

-Eso es, hay tanta música y todo pasa tan rápido… En ese sentido no es un disco muy de este tiempo en lo que todo tiene que entrar a la primera.

-En la hoja promocional del álbum se juega con varias contradicciones. Se habla de carácter retro pero innovador, de un punto de vista adulto pero al tiempo juvenil. ¿Qué reflexión hace usted de estos contrastes?

-Lo de innovador me lo tomaría como un piropo. Sí que creo que somos un grupo un poco retro. No somos muy de este tiempo, pero sí nos gustaría que fuera algo innovador, es decir que mezclando todas esas cosas antiguas saliera algo nuevo. Estas contradicciones son propias de la naturaleza humana, eso de ser adultos y juveniles, yo creo que mucha gente es así.

-Bueno, particularmente en ese zig-zag me siento bastante identificado.

-Yo creo que mucha gente se identificaría con ello. Por edad somos adultos, pero tenemos ese punto de divertirnos. Si le quitamos ese objetivo nada tendría sentido.

-Insiste en la diversión. Da la sensación de que hay una vida adulta y “de semana” y luego una válvula de escape pop fuera de ese tiempo.

-Quizá sí. En esto hablo por mí, no por Ibón, que a lo mejor no piensa lo mismo. Para mí el pop es una forma de divertirme y hacer cosas que sueño con hacer. Es decir, poder meter a los pitufos en una canción y quedarme tan contenta. No lo hago por fastidiar a nadie, sino porque me hace mucha ilusión. Quizá, de alguna manera usamos el pop y la música para dar rienda suelta a deseos que en otro ámbito de la vida no podemos.

-A lo mejor en esto que acaba de decir se encontraría la explicación a ese zig-zag entre adulto y juvenil

-Pues podía ser, podía ser.

¿Alguien podía imaginar un cierre mejor para este año de ensueño?

Miércoles, Septiembre 22nd, 2010

Los escoceses se podrán quitar la espina de su flojísima actuación del Santi Rock del 2000. El Xacobeo Importa cerrará el 3 de diciembre el ciclo con el pop de Teenage Fanclub en Santiago .

(En cuanto tenga un momento más…)
(al final, como se puede ver, no hubo ese momento)

Nadadora: «Los singles están sobrevalorados, te aúpan pero también te matan»

Lunes, Septiembre 20th, 2010

nadadora_01En el título capicúa de Luz, oscuridad, luz se refleja la vuelta a los orígenes que la banda de O Grove ha experimentado en su ya tercer álbum. Superado el drama del predecesor, Hablemos del miedo, se trata de la madurez total —musical, pero también espiritual— de una banda que ha encontrado su camino buscando dentro de sí misma. «Yo tengo la sensación de que siempre trabajamos por oposición en los discos. Hablaremos del miedo era un trabajo de reacción a Todo el frío del mundo, donde queríamos escapar de ahí y explorar hasta dónde podíamos llegar. A partir de eso, el grupo necesitaba volver al principio y a las raíces. Se podría decir que el nuevo disco supone una reinterpretación de nosotros mismos», explica Gonzalo Abalo, voz y guitarra de Nadadora.

—Ello coincide con una reivindicación de la estética del sonido shoegazer a nivel internacional, que se está produciendo desde hace unos cinco años. ¿En ese giro que indica se ven conectados con la escena neo-shoegazer de The Pains Of A Pure Being Heart o The Radio Dept?

—No, de hecho el término shoegazer se acuñó para definir parte de nuestro sonido desde el principio y para mí, de alguna manera, no es una etiqueta. Es parte de nuestra estructura musical. Es decir, no puedo pensar en el shoagazer en algo aislado como un revival, sino que forma parte de mí como músico, unas veces más, otras menos, pero es una base para mí. Sobre todo Slowdive, que es algo que siempre estuvo ahí, con lo que ya nació Nadadora. Por eso no puedo sentir que formo parte de una escena nueva, porque hace siete años ya estaba presente en nuestra estructura.

—De todos modos, en momentos puntuales, ese sonido de pop emborronado está más presente que nunca. Por ejemplo, el tramo central del disco contiene canciones como “Una nueva vida” o “Siempre” que son, probablemente, sus mayores acercamientos a My Bloody Valentine.

—Sí, pero surgió dentro del estudio. Fino, de alguna manera, explotó eso claramente en esas canciones a partir de una idea deliberada nuestra. Él lo magnificó y lo llevó a más de lo que ya estaba premeditado, por eso se nota mucho más. Pero sí, se puede decir que fue premeditado.
Imagen de previsualización de YouTubeVídeo de “Una nueva vida” de Pedro Corredoira

—Flotan por el disco los The Cure del «Disintigration», también del lustro 1987-1992. ¿Piensa que esa fue la última gran era del pop?

—No, ni mucho menos. Yo lo que creo es que fue la última gran era de maduración de la música. Tengo la sensación de que la música necesita unos veinte años para plasmarse en el consciente colectivo. Estoy totalmente convencido. Existen teorías que dicen que tendemos a magnificar la música que escuchamos en la infancia. Esa es la que nos marcar y la que nos va a marcar siempre y siempre volveremos a ella, por eso el revival. No sé si es verdad, pero sí que creo que dentro de 20 años se apreciará la música de hoy en día de la misma manera que la de los primeros noventa.

—Siempre se les asoció al trauma posadolescente, pero el «Luz, oscuridad, luz» semeja el fin de todo ello. ¿Es así?

—Sin duda alguna. En el disco hay un trasfondo de aceptación de toda la imaginería que habitó los textos de Nadadora a lo largo de estos años de un modo más crudo, poético y, al tiempo, a veces con la mala leche que dan los años. Sí, creo que es totalmente un fin y, de hecho, me atrevería decir que hay una ruptura total con el proceso compositivo. El disco tiene una serie de referencias circulares que indican eso. Y termina en una canción, Coge mi mano, este es el camino, que pretende abrir una nueva vía. Si hay un cuarto disco de Nadadora seguro que va a ser muy distinto.

—Ese nuevo camino tiene un tono escapista. La letra de esa canción dice “Vámonos, iremos hacia el sol”, muy al estilo de Los Planetas.

—Sí, va en esa línea. No sé qué nos deparará el futuro. La gente nos pregunta por un cuarto disco, pero cada vez nos resulta más complicado compaginar el trabajo con la música. Todo esto tiene que ver un poco con lo que decía de aceptar las cosas. Creo que ya se acabó esa ilusión que movía montañas y comienza el periodo de aceptación, sobre todo yo, que soy más mayor. Nos encontramos en un momento en el que el futuro de Nadadora es incierto. No sé que va a pasar pero, sea lo que sea, va a ser un camino optimista.

—El disco no tiene singles claros. ¿Han perdido el ansia de tener un éxito que podían tener al principio?

—Bueno, no sé si el resto del grupo compartiría lo que te voy a decir, pero yo lo tengo muy claro. A medida que estoy en este mundillo y veo cómo funciona, vuelvo a cómo yo creo que debería ser el indie y pienso que me gustaría renunciar a muchas de esas cosas para encontrarnos única y exclusivamente con la música que nos gusta, sin la necesidad ni la presión de hacer singles. Son canciones pop, los singles está sobrevalorados tío, los singles te aúpan, pero también te matan. Dorian es un ejemplo: sacó un disco sin una canción tan potente como A cualquier otra parte y pasó desapercibido. Y no creo que sea un disco peor que el anterior ni mucho menos, simplemente que carecía de ese single de masas.

—¿Tienen la sensación de que cuando tocaron en el Festival de Benicassim del 2006 y el mismo día les robaron los instrumentos tocaron un techo desde el cual nada volvería a ser lo mismo?

—Aquello desestabilizó totalmente al grupo y recuperarse de eso fue tremendamente complicado. A todo ello se unieron determinadas circunstancias personales que hicieron que el grupo se perdiese. Nosotros, pero también el público, que dio la sensación de que nos perdió. Creo que las dos cosas van unidas. Pero también tengo que decir que si yo reescucho Hablaremos del miedo es el disco que me entran más ganas de volver a grabar. Pienso que nos equivocamos a la hora de llevarlo adelante, pero también creo que 3 o 4 de las mejores canciones de Nadadora están en ese disco.

—Me refería también a lo que rodeaba al grupo. Es decir, esa efervescencia de que cada paso superaba al anterior hasta llegar a un punto, tras ese concierto y ese robo, en el que se podía decir que el grupo perdió un poco la dirección.

—Puede ser, la verdad es que nunca lo pensé así y debería reflexionar sobre eso más. Pero es posible que haya un momento en el que quizás nos perdimos, en el que quizás las expectativas que había sobre le grupo y lo que el grupo quería hacer no encontraron un punto de unión. Lo que sí te podría decir es que todo es necesario y sin el disco anterior no existiría este.

—¿En qué lugar está Nadadora hoy en día?

—Nadadora está donde nosotros queremos estar: contentos y orgullosos del trabajo hecho. El resto nos da igual.

—En las letras del disco aparecen muchos mensajes contradictorios, en plan me quiero escapar / me quiero quedar, vete /quédate. ¿Qué persiguen?

—No creas que es tan fácil ni tampoco que yo analizo las cosas de esa manera. Yo creo imágenes contradictorias porque nosotros somos contradictorios. Igual yo soy algo inestable, pero mi día a día es un poco contradictorio y, en ese sentido, yo plasmo lo que vivo y mis experiencias. Hay momentos en los que quiero la soledad más absoluta y momentos en los que espero socializar. Eso se tiene que reflejar y, además, al existir toda esa temática en forma de círculos en las canciones nos lleva a otro lugar. Tal y como está estructurado el track-list del disco, y eso es algo que hice muy cuidadosamente, se están mandando continuos mensajes que dicen: Estamos en el futuro, pero al tiempo estamos en la principio, quiero que estés cerca, pero al mismo tiempo quiero que estés lejos. Tengo la sensación de que cuando pasas los treinta eso es un poco la guía de tu vida.

—¿Qué fue peor, haber pasado los 30 o los 35?

—Los 30. Ahora aprendes a canalizar la decepción con rabia y eso te vuelve más cínico e irónico, y te protege contra todo eso.

—Les produce este álbum Fino Oyonarte, el responsable de un álbum histórico, el “Super 8” de Los Planetas. Inevitablemente tuvieron que pensar en ello

—Sí y no. No solo el Super 8, ya que de hecho la producción de este disco no es la que más me gusta de Los Planetas, sino que yo al contrario que el 98% de los mortales prefiero el sonido del Pop. No pensé solo en Los Planetas, sino que pensé en Mercromina o Clovis, su propio proyecto. También pensé en algo importantísimo que no se suele valorar cuando se habla de productores, que es el factor humano. Me explico; a la hora de elegir productores dentro de lo que podíamos aspirar a que entendiera lo que quería hacer Nadadora lo tuve realmente claro. Sabía que Fino a nivel personal se implicaba a un nivel brutal. Yo hablé con él y el proceso fue muy largo. No me dijo que sí hasta que no escuchó las demos. Él necesitaba vincularse, entender y admirar las canciones antes de producirlas. Luego se metió en el grupo totalmente.

—Una de las cosas que logró Fino es que su voz y la de Sara suenen como una sola.

—Hay un poco de todo. Quisimos hacer un tratamiento de voz diferente al anterior. Queríamos solapar las voces a un nivel intuído en Todo el frío del mundo y luego perdido en Hablaremos del miedo. Fino lo logró.

—El álbum también tienen un aroma a los Yo La tengo de los primeros noventa, muy típico de Clovis, el grupo de Fino.

—Sí, claro, son sus referentes. Para también te digo que había arreglos aún más Yo La Tengo de los que él se desprendió para evitar precisamente eso. Lo escogimos porque es un experto en ese tipo de sonido.

—Ahora llega lo complicado: trasladar ese sonido el escenario. Semeja que va a ser difícil

—Se va a conseguir. La falta de guitarras se va a suplir con actitud encima del escenario. No estoy asustado, pero sí que creo que nos va costar conseguirlo. Será un proceso, un proceso que estamos buscando. Me consta que en el último concierto que dimos la gente ya nos decía que íbamos por el camino. Además te podría hablar de muchísimas cosas técnicas que estamos utilizando, como que yo tengo 30.000 pedales derivados a dos amplis y, bueno, ahora Sara está tocando la guitarra también.

—¿Tiene la sensación cuando escucha el disco o toca esas canciones de que ha llegado a algo que perseguía desde el principio?

—Sí. Quería reencontrarme con mis referentes y estar cómodo y lo he logrado, pero también tengo la sensación de que se puede aún hacer mejor.

Una nueva lección de grandeza

Martes, Septiembre 14th, 2010

Leonard Cohen
Ourense, Pabellón Paco Paz
12 septiembre 2010

leonard-cohen-ourense El mejor concierto del año en Galicia permanecía escondido. Arrinconado a un lado, oculto tras los Sonar, MTV Day o Xacobeo 10, el pase ourensano de Leonard Cohen parecía una cita menor. Sin repercusión mediática, sin aura de recital histórico, sin ese magnetismo de no-te-lo-puedes-perder-por-nada-del-mundo que convierte ciertos directos en acontecimientos sociales. Todo porque el año pasado el canadiense ya había tocado en Vigo con un concierto condenado a repetirse. La cruz ya se había marcado en la casilla. Estaba visto. Ya se había cumplido con Cohen.

Y, efectivamente, salvando alguna variación, lo que ofreció el artista en Ourense el domingo fue el mismo recital. Las mismas canciones, la misma puesta en escena, los mismos gestos, la misma complicidad… y también la misma magia. O más aún, concentrada en 3.900 personas totalmente entregadas desde los primeros segundos de Dance Me To The End Of Love. La pieza con la que abrió la noche dejó clara para los debutantes y los que repetían una cosa: estaban ante un mito capaz de demostrar con un puñado de canciones la diferencia entre lo bueno y lo sublime.

Sonaron las previstas en la primera parte. Ain’t Not Cure For Love, Everybody Knows, Chelsea Hotel n.º 2… Todo según el guión, con la excepcional interpretación de Cohen respaldado por una banda magnífica y un sonido perfecto. Tal y como ocurrió en Vigo, las coristas brillaron con luz propia y, clásico a clásico, mecieron al público en un placentero vaivén, de esos que convierten la sonrisa tonta en el común denominador de la platea.

Tras el descanso, todo fue a más. Inaugurada la segunda parte con un Tower Of Song, en la que Cohen se estrenó como teclista, las flechas se lanzaron directas al corazón de la audiencia. Suzanne, Sisters Of Mercy, Feels So Good entre palmas, The Partisan y un momento que derivó en puro delirio: Take This Waltz con un mano a mano vocal entre Cohen y las hermanas Webb.

Tres bises después, cuando la actuación ya superaba la dos horas y media, al público exhausto le dolían las manos de tanto aplaudir. Y en el ambiente flotaba una sensación parecida a la de ver la Capilla Sixtina por segunda vez. Igual de impresionante. Igual de subyugante. Igual de grandiosa. Sí, como lo de Cohen el domingo, el mejor concierto del año en Galicia. Igual que en el 2009. Y, no lo duden, también lo será si en el 2011 alguien tiene la feliz idea de traerlo de nuevo.

Foto: Miguel Villar

La celebración colectiva de la grandeza de la música pop

Martes, Septiembre 7th, 2010

(Entrevista con el grupo concedida a La Voz aquí)

Arcade Fire, MTV Day,
Santiago, Monte do Gozo
5-9-2010

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Como ocurrió en el Xacobeo 10 con Muse, el domingo era el día de Arcade Fire. Se le llamó MTV Day, pero en los corazones de la audiencia se rebautizó como Arcade Fire Day. ¿El resto? Meros personajes secundarios de su película. Algunos merecidos —el insufrible Johan, por ejemplo—, otros no tanto —unos muy dignos Echo & The Bunnymen revisando un repertorio impecable—, pero la realidad es la realidad. Y esta indicaba que la inmensa mayoría de las 15.000 personas que se desplazaron hasta el Monte do Gozo lo habían hecho con un único fin: ver en directo a la mejor banda de la década pasada.

No defraudaron. O casi. Los dos fantasmas que flotaban en el ambiente se disiparon sobre el terreno. Primero, no hubo ni caos, ni avalanchas, ni ninguna de esas desgracias que se llegaron a predecir. Y segundo, el grupo desechó la idea de tocar solo temas de The Suburbs, el último álbum, y se plantó en Santiago con un completo grandes éxitos diseñado a la medida del un público que, totalmente, entregado de antemano, los recibió con los coros de Wake Up.

Pronto dejaron claro que venían a morir. Tras arrancar con Ready To Star, invocaron pronto y sin contemplaciones a Neighborhood #2 (Laika) y No Cars Go. Todo en su mano para arrollar, pero, de pronto, surgió un problema inexplicable. Y ahí llega el casi. En zonas concretas del recinto —por ejemplo, el foso justo delante de la mesa de sonido—, el público suspirada por más volumen. Todo ello mientras que en los laterales o en la grada se recibía la potencia suficiente. Luego, la mezcla en esa parte inicial del concierto tapaba instrumentos —¿alguien escuchaba las cuerdas? ¿y el xilófono?—. Pero lo peor, lo que parecía irremediable, estaba en otro lado: No Cars Go evidenció que algunos temas no lograban la tensión que exigía el guión y hacía temer lo peor: que las visitas al pasado se hiciesen desganadas y de manera rutinaria.

Afortunadamente, todo se fue resolviendo sobre la marcha y, únicamente, la inmensa Intervention dio muestras de flaqueza con una revisión plácida que no hizo sino empequeñecerla. Justo después de ella, Crown Of Love ponía todo en su sitio y, acompañada de una mejora en el sonido, hizo rodar, ya de verdad, la noria de la ensoñación. A partir de ahí, cada cual tuvo que abrir su caja de suspiros particular y dejarse llevar por los encantos de una banda que se reafirmó como la mezcla perfecta entre grandiosidad e  intimismo, oscuridad y luz. Neighborhood #1 hizo que Santiago trotase, eufórico y al unísono, en busca de un mismo destino: ese placer turbador, que eleva el alma y ensancha el espíritu.

Sí, hablamos de la grandeza de la música pop en todo su esplendor, sin cinismo ni cartón piedra, eso en lo que Arcade Fire nos han hecho creer cuando algunos ya estaban dispuestos a no creer en nada. Como una fuerza viva y arrolladora Neighborhood #3 se entregó al paroxismo y, al fundirse con la inmensa Rebelion (Lies), creó posiblemente los diez minutos más intensos que se hayan podido ver en vivo en Galicia este año. Todo ello antes de despedirse, volver, recuperar Keep The Car Running y terminar tal y como empezó la audiencia: celebrando con Wake Up el habernos conocido. Nosotros a ellos y ellos a nosotros. Todo fundidos en un abrazo que decía !Ooo, oooooo, oooooo, ooooo!. Exactamente esto que se puede ver en este vídeo.
 
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Y aquí un adelanto de la grabación del concierto que MTV va a emitir el próximo 18 de septiembre coincidiendo con su debut en TDT

El momento justo

Domingo, Septiembre 5th, 2010

Existe un pensamiento perfeccionista entre algunos fans abocado, generalmente, a la frustración. Consiste en el deseo de contemplar en vivo a los grupos en el momento justo. Sí, no es lo mismo, por ejemplo, haber disfrutado del David Bowie de los setenta o los Pixies de los ochenta que haberlo hecho años después. Aquel era su momento, cuando generaban todo ese cúmulo de sensaciones afiladas que desprende un grupo cuando está en su máximo apogeo.

Este año el Xacobeo ha hecho un especial hincapié en ese aspecto, algo inusual en el sector público, más pendiente de los nombres históricos y los récords de asistencia que de los escalofríos que estos pueden generar. Dos ejemplos. El rock: LCD Soundsystem en el Sonar-Galicia, pasando un rodillo de baile, músculo y sudor. Y el pop: Jónsi, el líder de Sigur Rós, trenzando en el Xacobeo 10 un sonido ensoñador con el que logró cientos de altas en su club de fans. Ambas fueron dos actuaciones para el recuerdo. Dos conciertos en los que se capturó a los artistas en su momento.

Hoy engordará la lista. Nadie puede asegurar a ciencia cierta que Arcade Fire continuará en la brecha dentro de diez años o si, de hacerlo, se habrá convertido en un dinosaurio sin la mitad de sus miembros originales, esa variedad tan apreciada en las concejalías gallegas del ramo. Sí sabemos que, probablemente, sea la mejor banda de pop de la actualidad y que en el Monte do Gozo invocarán esa indescriptible mezcla de vértigo, euforia y conmoción típica de sus conciertos, la que seguramente perderán con el paso del tiempo.

Y todo ello en exclusiva, solo en Santiago. En Madrid y Barcelona habrá que esperar a noviembre para ver al grupo. Definitivamente, algo ha cambiado este año en Galicia. Semeja que, como Arcade Fire, este sea también nuestro momento. Ahora bien, ¿seremos en el 2011 unos dinosaurios nostálgicos?

Arcade Fire, el fuego y la gloria que llega desde Montreal

Viernes, Septiembre 3rd, 2010

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El mundo pop gallego sufrió una sacudida el 5 de julio. Ese fue el día en el que el Xacobeo confirmó que Arcade Fire iba a actuar en Santiago. Hasta entonces se habían sucedido muchos rumores. Que si Vampire Weekend, que si Thom Yorke, que si Paul McCartney. Los canadienses Arcade Fire también figuraban en las quinielas. Pero algo presagiaba que existía más ilusión que otra cosa, que al final el debut gallego de los autores de Funeral no iba a ir mas allá de un deseo pendiente de volatilizarse frente a la realidad. Por ello, cuando en rueda de prensa se confirmó que iban a coronar el MTV Day la particular escala de Ritcher de los aficionados apuntó hacia el infinito.

Allí, en la comparecencia, pudo sonar como un nombre más, de esos que se pierden en las notas de agencias y que los políticos repiten mecánicamente sin especial emoción, suspirando quizá por unos Rolling Stones. Pero en cuando se difundió la noticia, los Facebook, Tuenti, Twitter y demás artilugios de comunicación moderna estallaron en una suerte de abrazo colectivo. Aún no sabíamos si la selección ganaría el mundial, pero sí que Arcade Fire iban a tocar en Galicia.

Sin remilgos: el próximo domingo actuará en Santiago la mejor banda de pop surgida en los últimos diez años. Porque Arcade Fire no solo posee tres discos soberbios, una excelencia en vivo y cientos de formaciones en todo el mundo siguiendo sus pasos. Además, los canadienses son ya todo un símbolo. Suponen ese asidero sólido y real al que se pueden agarrar muchos de los desencantados que buscan a los REM, los Smiths o los The Cure de esta era. La banda creada por Win Butler y Régine Chassagne juega en esa división, la de los históricos. En la barra libre musical de Internet, en la que los referentes claros escasean y donde se eleva a la categoría de mitos a bandas como Interpol, Kasabian o Bloc Party que en los ochenta serían claros segundones, ellos se erigieron en verdaderos héroes. Tal y como le ocurrió a Belle & Sebastian en los noventa, el boca a boca los convirtió en el grupo-bandera de la década sin nombre.

Todo empezó con Funeral, su disco de debut. Editado en el 2004 en Merge, uno de los sellos indie americanos de mayor prestigio, el septeto de Montreal lograba con él engatusar a toda una generación desbordando calidad, emoción e intensidad. Como si el minuto dos tuviera que ser obligatoriamente mejor que el uno, cada tema de ese álbum supone un particular y glorioso tour de force en pos de afectar al oyente hasta dejarlo totalmente k.o. La crítica se embarulló, buscándoles conexiones con el entonces pujante revival post-punk, pero lo suyo tenía mucho más que ver con una especie de mezcladillo entre la Tamla Motown, los Dexys Midnight Runners del Too Rye Ay, el David Bowie más teatral, el Bruce Springsteen épico y el toque oscuro-pero-a-la-vez-grandioso de bandas como The Cure, Echo & The Bunnymen y —sí, también— U2. Todo ello con una máxima: crear las mejores canciones posibles del arranque de siglo.

Lo lograron. No solo enamoraron a David Bowie, Bono o David Byrne, sino que Wake Up, Rebelion (Lies) o Neighborhood #1 fueron auténticos incendios de vida en el corazón de sus fans convertidos en uno solo en cada uno de sus directos. Ahí, entre versos como «La gente dice que tus sueños serán lo único que te salven / Ven, en sueños cariño, podemos vivir al límite» brotó todo el potencial de una formación que, de festival en festival, devolvió la fe en los poderes terapéuticos de la música pop. La euforia y la plenitud que generaban en el oyente carecían de rival entre sus contemporáneos.

Neon Bible, su segundo álbum de 2007, obligó a renovar la batería de piropos. Dando brillo al sonido mate del debut, el grupo giró el mando de la grandiosidad y los escalofríos se multiplicaron en los fans. Ante temas como Intervention o No Cars Go, grabados en diferentes iglesias de Montreal, no quedó más remedio que dejarse llevar por su oleaje sonoro y abandonarse completamente a esas mini sinfonías que obligaban a activar todas las alarmas. ¿Podría un equipo de música albergar tanta grandeza sin saltar todo por los aires? El tramo final de No Cars Go aún incita a formular la misma pregunta tres años después en medio de sus coros operísticos.

Las dudas se disiparon. No valían ya las pocas miradas escépticas que veían a los canadienses como un hype de temporada. Definitivamente, Funeral no había sido un accidente. Neon Bible confirmaba que, en efecto, Arcade Fire iba mucho más allá de una afortunada colección de buenas influencias, hits con levadura épica y una estética apocalíptico-rural con cierto toque amish. En el 2007 ya eran el grupo de la vida de miles de personas y sus directos los lugares de peregrinación obligados en la religión indie.

Contención 
Para The Suburbs, el disco que presentan el domingo editado hace apenas un mes, la banda optó por rebajar la pirotecnia y adoptar un tono más narrativo. Más springstianos que nunca y con alguna pincelada electrónica reminiscente de OMD, se trata de una mirada conceptual sobre los años de juventud en los suburbios de las grandes ciudades hecha desde la frustración del mundo moderno. Al contrario que las entregas anteriores, este álbum no se abalanza sobre el oyente sino que demanda inmersión, complicidad y varias escuchas para llegar a sus entrañas y comprobar ahí que, pese al cambio, Arcade Fire continua siendo si no la mejor, una de las mejores bandas de pop del planeta.