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Quítese de ahí, que molesta

Escrito por Javier Becerra
8 de junio de 2010 a las 9:35h

Una plaga se ha instaurado en el periodismo y bloguerismo musical: el mira-que-guay-soy, el cómo-controlo-y-que-background-tengo, el yo-estaba-allí-y-tú-no y demás mutaciones de un mismo mal: el autobombo. Se supone que todos los que le dan a la tecla pecan de vanidosos de una u otra manera, pero de verdad hay veces que la cosa se convierte en un verdadero estorbo. Como una sombra que se proyecta sobre lo que en verdad importa -la información, la profundidad y la reflexión- viene a ser el equivalente periodístico al tipo que se pasa todo el concierto hablando y no deja escuchar a los demás.

No nos referimos a las plumas que desde su experiencia personal -que puede ser relevante y oportuna- establecen un kilómetro cero sobre el cual tirarse sobre la obra de un artista, la crónica de un festival o lo que sea. Tampoco al uso de la primera persona como recurso para lograr complicidad y vehicular la información. No, hablamos de esos textos cada vez más frecuentes plagados de cuñas publicitarias al ego del escriba y llenos de sonrojantes auto homenajes del tipo mira cómo-domino-la-situación-y-que-metido-estoy-en-el-mundillo. Textos a los que, si se le somete a una poda de lo superfluo, se quedan en nada, absolutamente nada que no sea ombliguismo y pseudoejercios de literatura autobiográfica.

El fenómeno es atemporal y todos, o casi todos, hemos pecado de ello en algún momento de nuestra vida. Pero da la sensación que el fenómeno blog lo ha elevado hasta límites insoportables. Por ejemplo, ahora, en época festivalera resulta toda una epidemia. Muchas de las crónicas que se pueden ver por aquí incluyen cosas tan fantásticas e interesantísimas como el modo en el que el tipo que las redacta logró una acreditación o sus reflexiones mientras hizo la cola. También, cómo no, una enumeración de las otras veces que allí estuvo previamente o un recordatorio detallado de todas las ocasiones que con anterioridad vio en vivo a los artistas del cartel, con especial acento si existe un precedente en el extranjero. Todo ello para afirmar cosas del tipo “Para alguien como yo, que era la quinta vez que veía a Cocorosie en directo, incluyendo un maravilloso recital en Londres, este concierto supo a poco” que casi piden a gritos ser acompañadas de la mejor de sus fotos, para ver si alguien le da al chico/chica un abrazo cuando se lo encuentre por la calle.

De verdad. ¿A alguien le interesa un pito la vida del tío que va a cubrir un festival o hacer la crítica de un disco? ¿Será que el criterio hay que solidificarlo adjuntando subliminalmene el curriculum en el texto? ¿Qué queda si se quita toda esa rayada personal?

Pues eso, generalmente nada. Y, si lo hay, por favor, quítese de ahí, que con tanto yo no deja verlo.