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Archivo para marzo, 2009

Al final de todo siempre quedan las canciones

viernes, marzo 13th, 2009

«Cuántas veces me han jodido y me han puteado y he ido a hablar con mis mejores amigos y había algo dentro de mí que… Mira, de verdad que no hay compasión posible. Entonces me quedo ahí sentada y, de pronto, se oye una canción en la radio, y es como un clic. De pronto, lo ligas todo, absolutamente todo, es pura emoción en abstracto, y tú piensas: “Sí, eso es lo que siento. Y es esa canción de la radio. Es la única cosa que me comprende”. Creo que eso es muy importante»

Björk (*)

(*) en una entrevista publicada en 1995 en la revista Ajoblanco

!Qué “sobredosís” de amor!

jueves, marzo 12th, 2009

Algún día alguien debería explicar por qué en este país en los noventa se escuchaba a Manolo Tena, Revolver y los Presuntos Implicados y no maravillas como esta:

Rock carnal sobre tacones de aguja

martes, marzo 10th, 2009

Hablábamos ayer de lo sublime.

Aunque luego sería un concepto que se iría maleando con el tiempo, originalmente por sublime se entendía aquella categoría en la que el espectador sufre una pérdida de la racionalidad, logra una identificación total con el proceso creativo del artista y también siente un gran placer estético. Un placer que, en ocasiones, de tan puro puede llegar incluso a desembocar en dolor y confundir las sensaciones. Podría ser la definición exacta de una artista como Pj Harvey, pero sobre todo de lo ocurrido aquel día. Fue en la última jornada del Festival de Benicassim del 2001, un domingo. El sábado, Belle & Sebastian habían convertido la carpa secundaria en un estallido de júbilo pop. No había duda entonces: el suyo era el concierto del año. Pues tenía que haberla. La duda, y las dudas. Muchas. Porque faltaba Pj Harvey. Y la Harvey sobre un escenario es otra cosa. Pero ese día fue algo más, mucho más: un meteorito de rock incandescente que dejó claro, para siempre ya, que nadie, absolutamente nadie estaba a su nivel. Ni, seguramente, lo está salvo casos contados.

Hablábamos de identificación total con el proceso creativo. Tardó apenas unos segundos. Subida sobre unos vertiginosos tacones, con apenas una falda y un sujetador, salió a escena dejando a todo el Fib boquiabierto. A partir de ahí, la metralla rock no dejó solo respiro. Una bola de energía que crecía canción a canción, como si la misión fuera conquistar el éxtasis. Como moscas atrapadas por la luz, nos quedamos abducidos, completamente embobados por una mujer que sobre las tablas se convierte en un animal bellísimo y salvaje, el más fascinante del planeta rock.

Hablábamos de metralla rock. El disco que había que presentar, Stories From The City Stories From The Sea, suponía una vuelta a las guitarras por la vía luminosa. Con la artista más atractiva que nunca y exhibiendo todo su poderío escénico, ellas (Big Exit, This is Love, The Whores Hustle And The Hustlers Whore…) eran el pretexto perfecto para que Pj extendiera sus hilos y nos manejase a su antojo, como marionetas. Margaret de Laika a la guitarra las elevaba a golpe de ruido las canciones y ella desafiante, miraba a 30.000 personas desde lo alto consciente de que las tenía a todas en el bolsillo. Solo era pulsar allí donde la gloria estaba asegurada. Rid Of Me, solo ella y una guitarra, aullando versos de amor, desesperación y deseo. Man Size sacando uñas, guitarras con filo y grandilocuencia. Down By the Water, con esa imagen grabada para siempre en la retina: espalda recta, una pierna adelante, otra atrás frente al micro y las maracas agitándose como el cascabel de una serpiente.

Hablábamos de pulsar en el botón de la gloria. Fue una hora y pico de rock total. Una de esas experiencias que te devuelve la fe en la música, barre las listas imaginarias que uno tiene contruidas en la cabeza y fija un pico. Sí, sí. Ni Neil Young, ni Bob Dylan, ni Sonic Youth, ni Diabologum, ni Primal Scream por citar algunos de los mejores conciertos de rock que he visto en mi vida, me han hecho sentir algo tan intenso como lo de aquel día. Realmente, nadie lo ha logrado superar. Ni si quiera la propia PJ.

Hablábamos, eso, de lo sublime. Es decir, de esto:

Otra experiencia pjharveyana

La más grande

lunes, marzo 9th, 2009

Conviene, de cuando en cuando, acercarse a lo sublime para recordar qué es lo importante y qué es lo prescindible. El problema es que una artista como Pj Harvey hace que el 99% de lo que se puede oír por ahí parezca totalmente insignificante. Ella maneja a su antojo los resortes clásicos del rock y los expulsa enervando al oyente, que siente el rock hecho carne en la suya. Lo hace de tal modo, que se puede sentir toda esa sacudida de violencia, sexo y pasión de una música impresionante. El 30 vuelve con un nuevo álbum A Woman A Man Walked By grabado junto a su eterno colega John Parish. Nos tememos que, una vez más, nos tendrá a sus pies.

El pop según Nick Cohn

viernes, marzo 6th, 2009

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“El pop ha sido como un western continuo, ha tenido su misma clásica sencillez, el mismo poder de convertir un cliché en mito. No tiene una mentalidad definida. Lo único que ha hecho ha sido adoptar corrientes, maneras, obsesiones adolescentes y plasmarlas en imágenes. Ha hecho caricaturas gigantes de la ambición, de la violencia, del amor y del inconformismo que han resultado ser las ficciones más poderosas y más precisas de este tiempo; y siempre, a parte de los héroes, aparte de cualquier cosa, ha estado el sonido, el ritmo perfecto, invariable e interminable. El sonido lo ha sido todo”

Este, entre muchos otros párrafos memorables, los incluyó Nick Cohn en 1968 en el capítulo final del primer ensayo realizado sobre la música pop en la historia: Awopbopaloobop Alopbamboom

Foto: The Who en la segunda mitad de los sesenta haciendo de altavoz de la frustración juvenil

U2 “No Line On The Horizon” (Universal, 2009)

martes, marzo 3rd, 2009

u21La producción de U2 en el siglo XXI daba a entender que los avances en su discurso pertenecían ya definitivamente a la región de las utopías. Tanto All That You Can´t Leave Behind como How To Dismantle An Atomic Bomb , sus dos discos de esta década, mostraban a una banda cuyos recursos pasaban por mirar exclusivamente atrás y regodearse en su propio sonido. Las noticias que precedieron a No Line On The Horizon apuntaban a un resultado similar. Pero ya desde el single adelanto, el roquero Get On Your Boots, algo decía que en esta ocasión se iba a ir más allá. Aunque solo fuera por el desconcierto generado por su sinuosidad arábica (especialmente si se compara con hits rotundos como Vértigo o Beautiful Day con los que se presentaron sus discos precedentes), la idea de que aquí se pudiera esconder un nuevo Acthung Baby! tomaba forma.

Algo de eso hay. Más allá de Get On Your Boots (el supuesto The Fly de este álbum), las analogías entre ambos trabajos son evidentes. Lo cual no deja de ser una paradoja: en su ansia de avanzar, U2 se ha inspirado en el que fue su disco más rompedor, dejando un buen puñado de huellas de ese viaje al pasado. Hay una apertura extraña como No Line On The Horizon que puede recordar al sentido que en su día tuvo Zoo Station. También se incluyen baladones souleros como Moment of Surrender que trasladan la mente de inmediato a One y las invocaciones al riff de rock clásico con barniz posmoderno Stand Up Comedy que podrían ocupar el papel que en su día tuvo Even Better and The Real Thing. Y en el tramo final, la oscuridad con vapor atmosférico de ese White Snow alentada en delays rememora al espíritu de Love is Blindness.

Pero, cuidado, porque en esta ocasión la inspiración no se posó en el hombro de Bono y sus chicos con la misma intensidad que entonces. Esos parecidos, que bien puede ayudar a enganchar al oyente a golpe de familiaridad dentro de una obra con pocos ganchos, también pueden volverse en contra de los irlandeses en cuanto se pongan frente a frente: pese a tratarse de composiciones correctas en ningún caso superan o igualan sus plantillas originales. Al mismo tiempo se debe destacar que, a lo largo del trayecto del álbum, se coquetea con lo prescindible en piezas como Unknown Caller y I´ll Go Crazy If i Don´t Go Crazy Tonight en las que Bono rellena el vacío a golpe de plúmbeos “oh, oh, oh” rescatados de la era The Unforgettable Fire. Funcionarán en los estadios, pero desde luego no en el disco donde piden a gritos que el oyente pase a la siguiente canción. Esos patinazos bien pueden compensarse con Fez-Being Born, probablemente el mejor tema del disco y otra pieza que hace genuflexión ante el legado del 84, pero con unas ínfulas totalmente renovadoras: tirarse por su tobogán supone disfrutar de un carrusel de sensaciones.

Lo cierto es que No Line On The Horizon es un trabajo apreciable que merece una oportunidad. Tras una primera escucha anodina, poco a poco, se va ganando al oyente. Pero en ningún momento deja ese sabor agridulce de lo que podría haber sido y finalmente no fue. Es decir, ir más allá de coronar la producción de la banda en la década presente y situarse al lado de Boy, The Unforgettable Fire, The Joshua Tree y Acthung Baby!, las obras mayores de un grupo que –fíjense- lleva desde 1991 sin alcanzar esos honores.