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Archivo para enero, 2009

Retratos pop: 25 años de entrevista en entrevista

jueves, enero 29th, 2009

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Lo de Xavier Valiño (Cospeito, 1965) tiene mucho de heroicidad. Sobrevivir en un país como España (y, más aún, desde Galicia) informando y rebuscando en las dobleces de la música pop no deja de ser un pequeño milagro. Mientras en EE.UU. o Inglaterra, The Kinks o Prince son vistos con la misma entidad cultural que Julio Cortázar o Francis Ford Coppola, aquí, salvo honrosas excepciones, el pop posee en los medios un papel totalmente irrelevante y secundario, por no decir de puro relleno. Y en ese contexto, la heroicidad adquiere también tintes de cabezonería cuando, pasado el sarampión juvenil, se sigue erre que erre pretendiendo divulgar contra viento y marea las excelencias de Sr. Chinarro, Matt Ward o Drive By Truckers.

En Retratos Pop, el tercer libro de Valiño tras Rock Bravú y El gran circo del rock, se recogen hasta 47 entrevistas realizadas en los últimos 25 años por el autor en diferentes medios. El panorama destaca por su eclecticismo. De Nacha Pop (de quienes rescata una entrevista inédita realizada en 1983) a Calexico (cronológicamente la última de las conversaciones reproducidas)-, predomina el pop indie, aunque también ha lugar a agradecidas salidas de tono como Buika, Marizia o Sinnead O’ Connor.

Valiño, que considera que «la buena entrevista tiene que ver exclusivamente con la predisposición y los recursos del entrevistado», aclara en la introducción que la mayoría de los interviús compilados en Retratos pop, se enmarcan en ruedas promocionales de presentaciones de discos. Es decir, entrevistas de poco más de 15 minutos hechas a toda prisa días después de editado el disco y, a veces, ni eso. Quizá por ello, descargue el mérito del éxito en el entrevistado, aunque ello sea una relativa verdad que ningún director aceptaría.

Y es que, al margen de lograr un buen interlocutor, es necesaria agudeza y manejar muy bien los tempos de un cuestionario, para lograr que una artista como PJ Harvey abra, sin más, su corazón y se ponga a hablar sin tapujos de su anorexia o su relación sentimental con Nick Cave. También para plantarle a Sinnead O ‘ Connor una pregunta como: «Además, ahora que has declarado ser lesbiana. ¿Cuál de las tres Corrs, por ejemplo, te gusta?».

Claridad

El autor encaja más en el concepto de periodista quirúrgico que en el de crítico con pretensiones literarias. Ajeno al yo, mi, me, conmigo que tanto abunda en la profesión, en su caso cede el protagonismo total al artista. Introducciones mínimas y preguntas directas son, por lo general, las claves. De este modo, cuando surgen, personajes como Robert Smith (el líder de The Cure quien en 1996 le confesaba no estar a gusto con su cuerpo y que ello es lo que le hace beber) o Jarvis Cocker de Pulp (en 1998 ya aventuraba el bum de la pornografía en Internet y su anonimato) la lectura se torna altamente interesante.

De entre todos los textos, cabe señalar el dedicado a Prefab Sprout, capturados en su regreso de 1997 y precedidos de un extensa semblanza de su obra, la única del libro. También reconforta toparse con un excitante Bobby Gillespie resucitando a Primal Scream en 1997 o a Norman Blake de Teenage Fanclub echando la vista atrás a su obra en el 2005.

¿Springsteen a costa de dinero público?

martes, enero 27th, 2009

Detalla hoy Manuel Cheda en La Voz, cómo serán las condiciones económicas del concierto Bruce Springsteen en Santiago el próximo 2 de agosto:

“Inicialmente, el Boss ingresará la taquilla íntegra más los beneficios derivados de la explotación de bares y puestos de mercadotecnia, así como un complemento económico fijo que, vía patrocinio, aportarán la Administración autonómica y varias empresas privadas. Salvo cambio de planes, saldrán a la venta de 29.000 a 30.000 entradas en un momento aún indeterminado y a precios no fijados todavía, si bien está previsto que ronden los 50-60 euros”

Es decir, que los 1.800.000 euros que se sacarán con las entradas (presuponiendo 30.000 personas a 60 euros) se le ha de sumar otra serie de (más que presumiblemente altos) beneficios, entre los cuales figura un extra de dinero público –del mío, del tuyo- aún por determinar.

En un momento como el actual, en el que medio país se tambalea sin saber muy bien a dónde irá, en el que mil cosas básicas (desde la justicia o la sanidad a servicios elementales) no funcionan como deberían por falta de presupuesto, ¿no tiene un punto de inmoralidad el hecho de inflar con dinero público los honorarios de un artista multimillonario que no logra por sí solo lo que pide? ¿No sería más lógico, por ejemplo, que el artista cobre una entrada acorde a lo que aspira ganar (100, 150 euros lo que él crea conveniente… tal y como hizo Tom Waits en su día ) y, quien piense que merece la pena, lo pague sin esa aportación pública?

Porque lo que las estrellas con conciencia bajen sus cachés multimillonarios, eso sí que ya sería un verdadero dream.

Tercera edición de Vangardas Sonoras

martes, enero 27th, 2009

Josh Rouse tocará en Vigo y The Wave Pictures en A Coruña, entre otros

Franz Ferdinand “Tonight” (Domino, 2009)

lunes, enero 26th, 2009

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Una nueva entrega de los escoceses y, explícita o veladamente, se deja caer de continuo la misma idea: Franz Ferdinand es la mejor banda británica de la década. A muchos de los que poseen una visión de la jugada un-poco-más-allá-del-brit-pop, seguramente se les dibuje una sonrisa. Aunque no se sepa muy bien si va por lo sobrevalorado de esa apreciación -más o menos general- sobre los autores de Take Me Out o, bien, el hecho de que la competencia que hay a su alrededor tampoco sea para echar cohetes. Ahí esta, por ejemplo, el último gran bombazo de las Islas, Glasvegas: una banda (muy) menor inflada con levadura épica y barniz ruidista que no alberga en su interior más que vacío.

Ese panorama puede ser el que propicie que los chicos de Alex Kapranos destaquen. Sacan singles inmediatos, son divertidos y a las 5 de la mañana funcionan tan bien como los Dandy Warhols o Kula Shaker. Pero, difícilmente, han llegado a más de eso. Porque otra cosa supone que un álbum suyo entero sea digerible, que su obra posea la entidad que en su día pudieron tener Jesus and Mary Chain, Stone Roses o Pulp y que el tipo citado arriba (aquel para quien el mundo del pop no nació con Definitively Maybe) pueda contagiarse de algún tipo de apasionamiento con una banda tan, tan… Correcta, esa es la palabra

Estas impresiones no cambian en su tercer álbum, Tonight, la supuesta vuelta de tuerca dance del cuartero. A efectos prácticos, lo que ofrece esta entrega es un descenso de las guitarras suplido por sintetizadores analógicos, una (agradecida) rebaja de la dicción martilleante de Alex Kapranos y un endeudamiento con cierto sonido semi-discotequero de finales de los 70 (David Bowie se repite, con razón, en todas las reseñas). Esas son las principales novedades formales añadidas a su sonido de siempre, esa suerte de nervioso mod/post-punk requeteimitado hasta la saciedad.

En lo material, se percibe una menor puntería en su primer single. Esa oda a la excitación de la noche que es Ulysses, no llega al nivel de lo que fueron en sus respectivos discos predecesores Take Me Out o Do You Want To. Sin embargo, en los temas secundarios como No You Girls o Live Alone el nuevo barniz retrofuturista les otorga unos matices que sortean la monotonía que atascaba a su pasado, ese al que remiten (y ahí llega su eterno deja vu) en cortes como What She Came For ( ¿no es Take Me Out con suplemento de ruido y final explosivo?). Otra agradable sorpresa la ofrece Can´t Stop Feeling, con esa robusta línea de bajo y esos arreglos a lo Timbaland (igual que hicieron, ejem, Bloc Party). Y para finalizar dos cortes relajados, perfectamente prescindibles: Dream Again a lo ambient y Katherine Kiss Me en plan trenzado acústico.

¿Un nueva joya en el currículum del mejor grupo de la década? Pues nos remitimos a la idea sugerida en el primer párrafo. Hubo un tiempo en el que para tener una consideración tal se hacía necesario entregar una obra como The Queen Is Dead, Disintigration, The Stone Roses o Different Class. Y de eso, por aquí, nada de nada. Vamos, que ni rozarlo. Eso sí, mejor que Kasabian o los Kaiser Chiefs sí que te son.

Crítica de Franz Ferdinand (2004)
Crítica de You Could Have It So Much Better (2005)

Videoclip de “Ulysses”

Dos caras del pop en Galicia: lo underground y lo institucionalizado

viernes, enero 23rd, 2009

Dos noticias publicadas hoy en La Voz que bien podrían ser la cara y la cruz:

Cuatro ruidosos grupos gallegos se han colado entre los semifinalistas del concurso de maquetas del Festival de Benicasim.

-Xoel López (Deluxe) se abraza públicamente al PSOE.

(Al margen de ello, un par de noticias. Por un lado, Françoise Breut tocará en A Coruña en marzo. Por otra, la visita de Wilco a Santiago en junio, con entradas ya a la venta -y, ojo, que se van a agotar en un abrir y cerrar de ojos-. A todas ellas hay que sumar el Vangardas Sonoras que destapará su cartel a lo largo de esta semana)

Chicas que viven en un videoclip

jueves, enero 22nd, 2009

Existe una cosa muy especial que poseen las estrellas de pop diseñadas para fascinar a las adolescentes. Nos referimos esa capacidad para mostrar a una chica un universo propio a partir de una simple canción y abducirla por completo. Se lanza el gancho y, si engancha, a partir de ahí no hay vuelta atrás: ya han atrapado. La fan -de trece, catorce años- empieza entonces a vestirse como ella, coleccionar sus recortes, imitar sus gestos, forrar las carpetas con sus fotos y a tomar todo lo que dice como la verdad cuasi divina. Y es que ver un videoclip suyo y todo parece de ensueño: la ropa perfecta, la actitud desenfadada y una vida multicolor en la que todo parece posible. Ahí el chocolate no engorda ni provoca acné y una persona puede sentirse caminando iluminada por focos que la siguen, como si fuera una estrella que pisa el escenario y el mundo girase sobre ella.

Pocas actitudes existen más tiernas en un adolescente que pasarle el pestillo a la habitación y pensar que sí, que se vive dentro de unos videoclips donde las sensaciones se disparan como una montaña rusa. Donde los pasos siempre cuadran, la ropa siempre combina, el peinado es el correcto y uno se siente capaz de todo… justo hasta que unos nudillos golpean la puerta a gritos: “!Quieres bajar esa música del demonio!”. Y se vuelve al mundo real, ese en el que las familias no desayunan juntas por las mañanas y los padres se ven una vez a la semana para pasarse la hija como un paquete; en el que se acude al colegio todos los días cabizbaja con mil inseguridades a las espaldas y en el que, poco a poco, la chica, se dará cuenta de que su vida queda muy lejana a la de aquel videoclip y mucho más próxima a la serie Aída, pero sin pizca de humor.

Y luego aún hay quién se pregunta por qué tiene éxito Gran Hermano o el Diario de Patricia.


Hilary Duff, “Wake Up”

(“La ciudad agitada está alrededor de mí / Gente en conmoción y enfermos por las mismas rutinas / Y ellos necesitan irse,tienen que salir esta noche (esta noche) / Me puse mi maquillaje en sábado por la noche / Traté de hacer que ello ocurriera, de hacerlo todo bien /Sé que cometí algunos unos errores, pero estoy viviendo la vida día a día /Eso es nunca realmente fácil”)

Belleza pop en la tristeza folk

miércoles, enero 21st, 2009

Damon & Naomi
20-1-09, Vigo, Sala Vademecwm

Existe un momento en las canciones de Damon & Naomi que explica mejor que nada por qué son una de las maravillas ocultas del planeta pop. Nos referimos a ese instante en el que sobre una cantinela de folk acústico se funden las voces de ambos. La de Naomi Yang, lírica y etérea, un poco entre Cocteau Twins y la Incredible String Band; y la de Damon Krukowski, fina y aguda, recordatoria de Tim Buckley. Cuando ello sucede ambos cierran los ojos y trasmiten la sensación de entregarse a algo místico. El espectador, que tiene ahí todo ese amasijo de emoción a un palmo de distancia, se siente un poco como en los besos primerizos y adolescentes. No sabe si cerrar también los ojos y entregarse a la magia o, por el contrario, seguir observando como la belleza fluye a borbotones en sus rostros. Lo que sí es que, al final, entre suspiros y medias sonrisas dan ganas de esperarlos a que bajen del escenario y decirles: “!Gracias!”

Eso lo piensa, claro, un pequeño puñado de seguidores acérrimos que, en Galicia, tomaron la noche del domingo como algo histórico. Histórico, claro está, dentro de la microhistoria de una banda como Damon & Naomi, una de las escisiones de los fundamentales Galaxie 500 y una anécdota sin importancia para la historia oficial del rock. Debutaban en los escenarios gallegos y lo hacían ante apenas unas cuarenta personas. Los dos solos, sin banda de acompañamiento, en un formato mínimo de guitarra acústica + teclado que condicionó la elección del repertorio hacia el ala más folk de su extensa colección.

Destacó, como no podría ser de otra manera, Naomi Yang cuya voz acarició el cielo en piezas como Stars Never Fade. Sorprendió el rescate de joyitas primerizas de su segundo álbum como Tour Of The World o New York City. Decepcionó el que apenas revisasen Memories de More Sad Hits, su disco debut, sobre todo teniendo en cuenta que su reedición fue la excusa de esa gira. Y se agradecieron las versiones de Song of the Siren de Tim Buckley y The World’s Strongest Man de Scott Walker, esta todavía inédita en su discografía. Todas fueron cortadas por el mismo clima de complicidad, con un público tremendamente respetuoso que, sentado en su mayoría, se dejó llevar por su enredadora tristeza. Y, al menos por una hora, no pensó en la cochina crisis, esa que nos persigue y nos aprieta con sus dedos pegajosos.

Pasión y rankings

lunes, enero 19th, 2009

“Siempre me han fascinado las conversaciones de los chicos de música y fútbol. Nunca me he enterado de nada, pero me quedo embobada oyéndoos hablar de una cosa y la otra en los mismo términos de ranking y pasión”

Lo dice una chica en los comentarios de un post sobre el resbaladizo disco de Glasvegas en el blog Música en la Mochila.

Damon & Naomi: los ingenieros anónimos de la tristeza (2ª parte)

sábado, enero 17th, 2009

Los tres primeros álbumes de Damon & Naomi pasaron prácticamente desapercibidos en España. Mientras Luna eran reclamados para tocar en festivales grandes (Pradejón, Fib…) y coqueteaban ya con la condición de banda consolidada fuera del ambiente indie (es decir, ya no solo se hablaba de ellos en el Ruta 66 o Rockdelux, sino que Rolling Stone o en el Pais de las Tentaciones también les hacían caso), la célula comandada por Damon Krukowski y Naomi Yang permanecia en el más absoluto underground. Y, aunque con un poco más de presencia, lo cierto es que no variaría mucho la situación con su siguiente paso, Damon & Naomi with Ghost (2000).

Editado en España por Elefant Records, en él la sensibilidad del dúo se empasta con los aires psicodélicos de los japoneses Ghost. ¿El resultado? Una verdadera joya, así como clara candidata a erigirse en la mejor obra del dúo. Aunque parte de sus hallazgos, este álbum se sitúa lejos del carácter disperso y a medio hacer que se podría apreciar en Playback Singers. Todo lo contrario: aquí todas las piezas encajan con precisión. Destaca de manera especial el apartado vocal, en el que Damon & Naomi dan muestras de haber encontrado un registro cómodo en el que navegan como pez en el agua. Aparte de sus preciosas composiciones,todas ellas a gran nivel, es un verdadero placer toparse por el trayecto con lecturas como el Blue Moon de Big Star o Eulogy to Lenny Bruce de Nico.

La simbiosis con Ghost no se quedará solo en Damon & Naomi with Ghost, sino que la sociedad la trasladarán también a los escenarios. Como testimonio quedará Song To The Siren (2002), un álbum que recoge una actuación del dúo junto al guitarrista de Ghost, Michio Kurihara. El título lo toma prestado de una canción de Tim Buckley que incluyen en el disco. Con toda probabilidad, se trata de su tema más conocido.


Damon & Naomi con Michio Kurihara interpretando “Song of a Siren” de Tim Buckley

Continuando con su ritmo pausado y doméstico, en el 2005 Kurihara vuelve a cruzar el Pacífico para acompañarles en su nueva entrega The Earth Is Blue, el disco en el que se encuentran los registros más pop y luminosos de toda su trayectoria. Autoeditado en su sello 20/20/20, contiene versos como «Hagamos el mismo error una vez más / nosotros somos lo que somos hasta el final» que parecen decirlo todo sobre su postura de anónimos ingenieros de la tristeza. Nueva ración de folk con tendencia a la psicodélica marca de la casa pero – ojo – con novedades. Aparte de esa luz que lo impregna (prueben, si tienen la oportunidad, a escucharlo en un avión sobre las nubes), el jazz ejerce una notoria influencia. Y también la música brasileña, ahí está Araça Azul de Caetano Veloso revisado. A mayores, la edición española, que corrió a cargo de Acuarela, trajo caramelo extra: un segundo cedé con la lectura del A Song For You de Gram Parsons.

Y llegamos a la última parada, con Within These Walls (2007), un trabajo que pasó casi inédito y en el que semejan hacer un stop en los logros alcanzados y, desde ahí, mirar a la luna sin apenas levantar la voz. Ellos lo definen como un disco de baladas solitarias y, efectivamente, así es. Nocturno y encogido, destaca el trabajo de cuerdas de Bhob Rainey, un ropaje perfecto para la voz de Naomi en maravillas como A Silver Thread o la inicial Lillac Land, que empieza el disco exactamente donde cerró The Earth Is Blue. En Cruel Queen, una pieza tradicional de folk, la cosa se aproxima a los primeros trabajos de Marianne Faithfull.


Videoclip de “Within These Walls”

Pese a que la calidad fluye a borbotones en Within These Walls, algunos fans se han sentido defraudados, tachándolo de plano y rutinario. Si a ello le sumamos que el oyente ocasional ni siquiera se ha enterado de su existencia, quizá entre una cosa y la otra, el rescate de More Sad Hits con gira incluida se presente de lo más oportuno. Desde la promotora avisan que el dúo (que viene solo, sin Kurihana) se centrará en ese trabajo seminal, pero que también tocará canciones de sus otros discos. Si la magia acude a la sala Vademecwm, todo tiene pinta de que va a ser una de esas noches para el recuerdo. Al menos en el de esos 50 fans para los que Damon & Naomi son parte de su santuario pop. Por su presente, por su pasado y es de esperar que también por su futuro.

Que la melancólica rutina de sus discos se repita como siempre, cada dos o tres años.

Damon & Naomi, los ingenieros anónimos de la tristeza (1ª parte)

miércoles, enero 14th, 2009

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(Este domingo que viene Damon & Naomi ofrecerán un concierto en Vigo en la sala Vademecwm. Aprovechamos para servir en dos tandas unas cuantas líneas sobre una de las pequeñas joyas del undeground americano)

Da la sensación de que Damon & Naomi se encuentran a las mil maravillas dentro de su papel de músicos de culto. Ya lo fueron cuando formaron junto a Dean Wareham Galaxie 500, en uno de los más ensoñadores proyectos de la edad de oro del indie americano, es decir, la bisagra entre los 80 y los 90. Pero desde que arrancaron su trayectoria como dúo lo son aún más.

Los conciertos del duo, generalmente ante audiencias reducidas, toman forma de pequeños regalos de brumoso folk-pop cantado cara a cara, con toda su belleza empapando al espectador que no deja de sentirse un privilegiado. Privilegiado por conocerlos en un mundo lleno de vacuidades sonando a todas horas en todas partes. Privilegiado por entender que requieren mimo y, sobre todo, ausencia de prisas para sentirlos de verdad. Privilegiados, en definitiva, por poderlos disfrutar, así, casi en secreto, sin chirridos que distraigan la atención a algo que no sea su música. Una música ansiolítica, siempre tan bonita, delicada y embaucadora que semeja transportar al oyente a un mundo ideal.

La cosa no es nueva, viene de atrás. De muy atrás. No pocos de los fans españoles de Galaxie 500 conocieron al grupo, viendo a horas intempestivas en televisión el clip de Fourth Of July, allá por 1990. En él, aparecía una misteriosa mujer en la sombra haciendo dibujos en la penumbra con unas bengalas. Una mujer de rasgos duros, una mujer que luego, un par de minutos después, surgía en el mismo clip tocando su enorme bajo con unas alas de ángel. La mujer en cuestión era, lógicamente, Naomi Yang. Y el bajo aquel, su modo de tocarlo, la mayor seña de identidad de la banda. Lo otro, su intangible aroma mágico. Así, los que creen en conceptos indeterminados como la magia o el espíritu aplicados a la creación no dudaron en adjudicarle a Naomi el papel estelar del grupo, como portadora de todo ese amasijo de cuestiones inexplicables que hace que una banda enamore totalmente frente a otras que, objetivamente, puede que tengan la misma calidad. ¿Por qué todos los miraron a ellos y no a, por ejemplo Ultra Vivid Scene, Beat Happening o los Pale Saints? Mmm…

Así pues, cuando llegó la ruptura de Galaxie 500, una pequeña minoría tomó el camino seguido por la pareja como el verdadero. Sobra decir que Luna (la escisión comandada por Dean Wareham) fueron una banda notable. Sin embargo, el resorte ese que reblandecía la fibra, el que generaba los escalofríos, el que desarmaba por completo, pertenecía en exclusiva al proyecto de Damon Krukowski y Naomi Yang. Ambos se llevaron la magia consigo.

Pronto lo dejaron claro en 1992 con un álbum como More Sad Hits, un debut de ensueño que ahora vuelve a la actualidad con su reciente remasterización, excusa para la gira que los trae a España. En él, como ya ocurría en el ep Pierre Étoile previo, se podía apreciar la enorme sombra de Galaxie 500 (Kramer, su productor de siempre, estaba con ellos en la nueva aventura), pero anunciaba una inclinación cada vez mayor hacia el folk que se fue materializando disco a disco.

La primera señal llegaría en 1995 con The Wondrous World of Damon and Naomi todavía con Kramer, pero gravitando sobre la guitarra acústica y alejándose de los claroscuros eléctricos. Luego, en 1998, con Playback Singers, grabado en su casa por su cuenta y riesgo. Aunque a priori pueda parecer uno de los discos más oscuros y menos logrados de su discografía, se podría decir que ahí quedó patentado el sonido de Damon & Naomi tal y como lo conocemos en la actualidad: esa suerte de folk-pop espacioso y delicado que mece al oyente, invitándolo a pulsar stop a la vida real y abandonarse a su suerte.