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Los rascacielos tienen buena salud

Escrito por Javier Armesto
20 de Agosto de 2008 a las 0:53h

gensler.jpgHubo un momento, tras el 11-S, que parecía que iban a desaparecer. Nada más lejos de la realidad: la construcción de rascacielos se ha multiplicado al calor de las emergentes economías asiáticas. China y los Emiratos Árabes son los países que más apuestan por este tipo de construcciones, unos como símbolo de su incipiente poderío y otros como reclamo turístico. En China, precisamente, se acaba de anunciar el segundo edificio más alto del mundo, el Shanghai Center, con 632 metros de altura y 127 pisos. Con un diseño vagamente inspirado en la Turning Torso de Calatrava, mirará por encima a los otros 300 rascacielos que se han levantado en los últimos años en esta pujante urbe. El proyecto está firmado por Gensler una “compañía global de arquitectura, diseño, planeamiento y consultoría”, como se autodefine en su web. Son americanos y tienen 3.000 empleados repartidos por una treintena de sedes. Cada vez proliferan más este tipo de multinacionales, prestas y dispuestas a vender sueños de acero y cristal por todo el mundo. El poder del dinero contra la arquitectura de autor y los ideales de Le Corbusier de construir “a la medida del hombre”.

A mí siempre me fascinaron los rascacielos (a pesar de que tengo un poco de vértigo). Mi favorito era la torre Sears de Chicago, con su retícula perfecta 3×3. El World Trade Center, las Petronas de César Pelli, incluso el Jim Mao Building (que se ve en la recreación de arriba, a la izquierda) tenían y tienen algo más que altura, no son solo una cifra de tres dígitos. El récord actual lo tiene la inacabada Burj Dubai, que va por los 636 metros y se espera que alcance otros 200. Pero, si hay que elegir, prefiero otros edificios más humanos, como laTorre Swiss Re (el “pepinillo” de Foster, en Londres) o la citada Turning Torso, en Malmoe.

Bibliotecas públicas en Santiago

Escrito por Javier Armesto
19 de Agosto de 2008 a las 12:45h

perea1_1.jpgComo siempre llego tarde a todo, hoy me he enterado de que en el 2007 se inauguró en Santiago la Biblioteca Pública del Estado, un proyecto de Andrés Perea que ha costado oficialmente más de 5 millones de euros (yo sospecho que más). No tendría nada de particular si no fuera porque dentro del complejo de la Ciudad de la Cultura se está levantando otra biblioteca de 120.000 metros cuadrados de superficie y con capacidad para “un millón de libros expuestos”, según la visionaria descripción que le hizo en su día el conselleiro Pérez Varela a Peter Eisenman. En la foto de arriba pueden contemplarse la Biblioteca del Estado, en primer plano, y las obras faraónicas del monte Gaiás asomando por detrás.

perea2.jpgSe da la circunstancia de que Andrés Perea es el autor también de los proyectos ejecutivos de la Ciudad de la Cultura; dicho en plata, que se encarga de trasladar al terreno los experimentos topográficos que Eisenman (o su ordenador) dibujó en un papel. En Galicia ha firmado otras obras, como la sede coruñesa de Red Eléctrica Española y edificios para la Xunta en Santiago y Lugo. A mí, personalmente, su arquitectura me parece demasiado institucional, sobra cristal y falta frescura (pero, probablemente, eso es lo que le piden las administraciones). Volviendo a la biblioteca, se trata de un proyecto muy ceñido al programa, con unos usos muy definidos por planta y caracterizado por un muro cortina de vidrio en la fachada principal. Como todo lo que se hace en Santiago es delicada su relación con la ciudad histórica, aunque aquí, gracias a su emplazamiento en la moderna avenida Juan XXIII, creo que no afecta tanto.

Cabaña solar

Escrito por Javier Armesto
19 de Agosto de 2008 a las 0:28h

pastor2.jpgLa foto está sacada de aquí (un post del foro montañero de la web Nevasport). Se trata de una cabaña de pastores en las faldas del collado de Pandebano, en los Picos de Europa. ¿Y qué vemos en el centro, junto a la puerta? Exactamente, una placa solar. La gente del campo es sabia y los urbanitas, que nos creemos muy listos, andamos todavía con reticencias hacia la única energía inagotable y que no contamina ni ambiental, ni visualmente. ¿Cuántos chalés con placas solares hay en Galicia? ¿Cuántas placas solares se pueden poner con lo que cuesta uno de esos cierres de piedra que amurallan nuestras mansiones rurales? ¿Por qué el Gobierno no obliga a que todas las nuevas construcciones dispongan de instalaciones fotovoltáicas? ¿Hasta cuándo vamos a seguir quemando petróleo, secando ríos, plantando molinos de 50 metros en los montes, produciendo residuos nucleares que permanecen activos decenas de miles de años?

Por cierto, el post del que tomé prestada la imagen cuenta la ascensión de un escalador aficionado al Urriellu, más conocido como Naranjo de Bulnes. Texto divertido y fotos majas. Yo soy más de montaña que de playa, que quede claro.

Deconstruyendo el Palexco

Escrito por Javier Armesto
18 de Agosto de 2008 a las 18:44h

María, desde Venezuela, me ha pedido que cuelgue algunas fotos más sobre el Palexco. Supongo que le ha entrado curiosidad, después de las críticas que le dediqué a esta “maravilla” coruñesa en mi segundo post. Vamos a ver si explicamos algunas ideas. Aquí se puede apreciar la privilegiada situación del complejo en el área triangular que queda entre el muelle de trasatlánticos y la ciudad. La disposición de los dos edificios (el centro de ocio es el triangular y el adyacente es el palacio de congresos) crea una barrera hacia el puerto y ocupa además toda la superficie disponible, no dejando entre ellos más que una calle sombría por la que nadie quiere pasear.

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Hay que decir que antes de la construcción de este complejo, el muelle de trasatlánticos era uno de los lugares de paseo favoritos de los coruñeses; ahora está vetado su acceso. Las autoridades portuarias esgrimieron motivos de seguridad y de facilitar la entrada y salida de los turistas que llegan en los cruceros. Me encanta el argumento, porque entonces puedo poner un enlace a la Terminal de Trasatlánticos de Yokohama (Japón), del estudio Foreign Office Architects, liderado por el español Alejandro Zaera. Un proyecto que integra el tráfico portuario, la entrada y salida de vehículos y donde la gente puede seguir paseando por las terrazas de madera y ajardinadas de la cubierta, que ofrecen unas vistas espléndidas de la ciudad y su entorno. Y un proyecto singular que ha dado la vuelta al mundo y ha sido aclamado en los círculos arquitectónicos.

Precisamente, singularidad es lo que no tiene el Palexco. Dos edificios anodinos que no destacan por nada, como se aprecia en la siguiente fotografía. Bofill y Portela intentaron vender el diseño haciendo hincapié en la supuestamente innovadora cubierta “alas de gaviota”. Luego se supo que era un calco casi literal de otro proyecto realizado por el arquitecto catalán en Barcelona. Pero bueno, lo peor es que si uno mira la cubierta desde abajo puede ver claramente que la lámina está pésimamente construida; en vez de describir una suave “uve”, va alabeando u ondulando de un extremo a otro. Aprovecho para poner un enlace al Auditorio y Centro de Congresos de Lucerna (Suiza), de Jean Nouvel: éso es una cubierta espectacular.

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La fachada que da al bonito velero de tres palos que se ve en la foto es la única que tiene vistas de todo el complejo (en sus extremos están los dos restaurantes de los que hablaba en mi anterior post). La mayor parte del recinto está ocupado por comercios y cines, que evidentemente no pueden tener ventanas…

En la siguiente imagen se puede ver la valla de la antigua estación marítima, que no ha sido retirada, lo que impide una continuidad entre la calle y el centro de ocio. Ello incrementa el efecto barrera y desanima a los visitantes, que tienen que dar largos rodeos para llegar a la entrada del centro. La citada valla es un elemento histórico: en ella, los emigrantes se hacían fotos con sus familiares antes de partir hacia Sudamérica. Pero arquitectónicamente no tiene ningún valor. Se podía haber dejado una parte, como justo homenaje, pero no todo el muro.

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Siguiente foto. La entrada principal al recinto no podía ser más cutre, casi oculta tras una falsa fachada de cristal. Insisto: detrás de esa cortina de vídrio hay un muro ciego, desaprovechando lo que podían ser unas espectaculares vistas hacia los Cantones, la zona noble de la ciudad (elevando el edificio, tal y como proponía Nouvel en su proyecto).

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Como todo el conjunto es tan gris, el año pasado se hizo una remodelación interior y exterior. Por fuera, la solución fue añadirle a la fachada unas banderas fijas de colores y cubrir las entradas con una marquesina roja. Ahora parece un puticlub, con perdón. En la foto de abajo se aprecia también el adoquín irregular con el que decidieron pavimentar parte de los alrededores. Algún día hablaremos de este tipo de empedrado, que hace las delicias de la gente que va con tacones, sillitas de bebé o de los minusválidos…

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El interior original, aparte de unos acabados penosos, era de una frialdad absoluta.

pal-interior-1.jpg

Con la reforma se hicieron unos falsos techos para cubrir los anteriores paneles de viruta (no sé su nombre técnico, solo que eran muy feos) y se llenó de tiendas un espacio que originalmente no estaba pensado para ello, por lo que han quedado unos pasillos estrechos.

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Y así podría estar días y días, pero por hoy ya es suficiente, ¿verdad María?

Minimalismo esloveno

Escrito por Javier Armesto
15 de Agosto de 2008 a las 1:51h

01-house_bs.jpgBevk Perovic. Nunca había oído hablar de este estudio esloveno, pero creo que habrá que seguirlo atentamente. Merece la pena visitar su web (http://www.bevkperovic.com/), donde se pueden ver proyectos de vivienda (unifamiliar y colectiva), obra pública (un centro de congresos, una escuela de primaria, una facultad…) e incluso algún diseño de interiores y de mobiliario urbano. Detrás están los arquitectos Matija Bevk y Vasa Perovic.

La palabra clave es limpieza. Sus edificios son diáfanos, linealmente puros y depurados; minimalistas, pero no solo para salir en las revistas: en sus casas se podría vivir confortablemente. No hay frialdad, utilizan mucho la madera y la interacción con la naturaleza en las viviendas pequeñas. En los grandes proyectos siempre introducen alguna sorpresa y los rodean de un espacio urbano de diseño exquisito. En todo se aprecia mimo y cuidado, acabados perfectos, alta tecnología que no se ve (lo opuesto al exhibicionista high-tech).

Habría que analizar las plantas, por supuesto, pero hay proyectos que se explican por lo que se ve desde el exterior, por los volúmenes, por las fachadas, por la serenidad que transmiten…

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Vivimos en el Jurásico

Escrito por Javier Armesto
14 de Agosto de 2008 a las 1:26h

2.jpgArquitectónicamente hablando. Es lo que me ha venido a la cabeza tras hojear una revista sobre vivienda social, que muestra proyectos de este tipo repartidos por toda Europa. Varios de ellos son en Eslovenia y demuestran una madurez constructiva y de planeamiento de la que estamos muy lejos en Galicia.

La foto corresponde a unos apartamentos de bajo coste firmados por Ofis Arhitekti en Izola, destinados a familias jóvenes y que no superan los 600 euros por metro cuadrado útil. Hay desde estudios a pisos de tres dormitorios y el espacio interior está libre de elementos estructurales, lo que permite una organización flexible. Cada vivienda tiene una pequeña terraza protegida de las miradas de los vecinos por un toldo semitransparente, al tiempo que los paneles perforados laterales dejan pasar la brisa y proporcionan ventilación natural.

Es solo una muestra de lo que se puede hacer con imaginación, audacia y lógica. Aquí sería imposible: al político de turno le parecería horroroso, el arquitecto no se atrevería a hacerlo (ni el constructor a edificarlo) y la gente no querría vivir allí. Preferimos los bodrios seriados que durante años nos ha endosado nuestra llorada Fadesa*

* Vease el poligono coruñés de Los Rosales

El Gaiás, ¿centro de alto rendimiento para deportistas?

Escrito por Javier Armesto
13 de Agosto de 2008 a las 18:46h

gaias_1.jpgSe me acaba de ocurrir (tengo el copyright, que nadie intente aprovecharse), después de leer una entrevista al nadador español (ejem…) Aschwin Wildeboer, quien se plantea irse a entrenar al extranjero, nada menos que a Australia, porque está harto de nadar “junto a señoras de 60 años y niños de cursillo”. Quiero decir que comprendo perfectamente a Aschwin, yo también soy nadador aficionado y no hay nada que más me moleste que esas marsopas que ocupan las calles de la piscina a ritmo de balneario de Mondariz. Pero me estoy yendo del tema.

Dado que todavía no está muy claro qué hacer con la mayor parte del complejo de la Ciudad de la Cultura (recordemos que la Xunta incluso puso a pensar a un comité de sabios pero sus neuronas no soportaron el envite) y que lo único decidido es acabar las obras cueste lo que cueste, ¿por qué no reconvertir el Gaiás es un centro de alto rendimiento deportivo?

Está claro que no vamos a plantar allí una pista de piragüismo o un canal de aguas bravas (era lo que faltaba), pero incluso a David Cal le vendría bien un sitio donde ponerse en forma “en seco”, con instalaciones de primera categoría y los mejores especialistas a su servicio. Gimnasia, natación, esgrima, judo… Quizá el próximo Gervasio Deferr podría ser gallego y quién sabe, hasta los récords de Michael Phelps temblarían ante el nuevo “torpedo de Boimorto”.

Bien, una vez fuera del país de las maravillas, la verdad es que la idea (que ya esbozó anteriomente un lector de La Voz) no parece tan descabellada. Por lo menos los edificios de Eisenman atenderían a una necesidad real, no se duplicarían instalaciones que ya existen en Santiago ciudad y todo el proyecto cobraría por fin sentido. Incluso podrían mantenerse algunas dependencias como la biblioteca, para que los deportistas, además del cuerpo, cultiven también el espíritu.

Alguien me dirá que no se puede cambiar así como así los usos previstos de un edificio, pero lo cierto es que en Galicia todo es posible. Un ejemplo: el cubo diseñado por Acebo y Alonso como centro de las artes y de danza en A Coruña, que finalmente va a albergar el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Pero bueno, mientras algunos desbarramos sobre el futuro de la Ciudad de la Cultura, las autoridades competentes están muy ocupadas en idear un sistema de transporte que permita conectar el Guggenheim gallego con el corazón de Compostela. Se habla de un teleférico, que sin duda se integrará maravillosamente con las torres de la catedral (¿por qué no hacer la estación en los tejados?). En fin…

Farolas coruñesas (1)

Escrito por Javier Armesto
11 de Agosto de 2008 a las 9:15h

farolaparra_1.jpg¿Las recuerdan? Son las famosas farolas-parra de la Ronda de Outeiro, en A Coruña. Creí que su rastro se había perdido para siempre, pero el archivo de La Voz me ha dado una gran alegría. Cuando las vi por primera vez no daba crédito; no sabía qué era peor, si esa pantalla estilo preservativo o el racimo de uvas colgante. Bueno, sí, esto último. Ignoro qué pasó por la mente del (o de la) concejal de Urbanismo de turno para seleccionar este modelo. ¿Fue un arrebato etílico? ¿Un homenaje al universo del vino? En cualquier caso no duraron mucho, creo que las retiraron porque la gente las rompía a pedradas.

Seamos serios: el mobiliario urbano de una ciudad, al igual que la arquitectura, tiene que tener una unidad, un denominador común. En el estilo, en el color, en la forma… Lo primero es la función, y después elegir un diseño acorde con los tiempos y que no esté trasnochado. Si uno va a Londres, los bancos que hay en los parques son prácticamente todos el mismo modelo de madera. Amplios, discretos y robustos, con la deliciosa costumbre de que cualquier ciudadano puede “comprarlo” y colocar una pequeña placa que recuerde a algún familiar o amigo que se sentaba siempre en ese banco. A lo que íbamos: las farolas tienen que iluminar adecuadamente, ser eficientes y ahorrar energía, tener un diseño moderno y duradero… No son adornos, el problema de muchos políticos es que confunden la arquitectura con la escultura y el urbanismo, con la mala decoración.

Las jardineras de Hércules

Escrito por Javier Armesto
10 de Agosto de 2008 a las 21:13h

image1.jpgOtra de mobiliario urbano. Esta vez en la ciudad de A Coruña, que siempre me proporciona momentos de diversión. La foto está tomada en la Ronda de Outeiro, esquina con la Avenida de Arteixo. Obsérvese el apelotonamiento de jardineras, esos pétreos e historiados maceteros con la torre de Hércules como motivo central. Bien, el racionalismo y la funcionalidad nunca han sido el fuerte de este ayuntamiento, pero estas jardineras con las bolas colgando… Especialmente ridícula me parece la vertical.

Mención especial merece también la unión de la farola con la acera, en plan levitación trascendental. Es un modelo que sustituyó a las famosas farolas… Pero no. Esto se merece un post aparte. O mejor, una serie. Atentos.

Una marquesina de 60 millones

Escrito por Javier Armesto
8 de Agosto de 2008 a las 19:16h

image13-1.jpgDe las antiguas pesetas, para que nos entendamos. A veces nos preguntamos dónde entierran el dinero nuestros políticos, y aquí tenemos una respuesta. Exactamente 359.870,28 euros. La cifra aparece en un cartel informativo situado junto a una de las nuevas marquesinas de autobús de Fonteculler (Culleredo). La obra, impulsada por la Xunta, se terminó en mayo del 2007, pero ya sabemos como funcionan estas cosas, siempre queda algún resto (carteles, escombros, tubos de plástico y otros materiales…) sin recoger. Pero de eso hablaremos otro día.

¿Era necesaria una obra de esta envergadura para que cuatro personas (no suele haber más) esperen el autobús? Pues no. Falso high-tech de acero y cristal para un barrio de clase media que hasta hace poco vertía sus detritus directamente a la ría del Burgo (de esto también hablaremos otro día). Claro que quien paga es Europa (fondos Feder), así que no hay problema.

Lo mejor de todo es que la marquesina de Fonteculler no cumple su función: al ser tan grande y abierta no protege de la lluvia y el viento; y como la cubierta es de cristal tampoco quita los rayos del sol, más bien actúa como una lupa (la foto engaña, porque el pavimento de debajo es de pizarra oscura y parece que hay sombra, pero no). O sea, que o te mojas o te asas. Chapeau.

Durante un viaje que hice a los países nórdicos me fijé en las paradas de autobús que había en todo el sur de Finlandia. Eran muy simples, prácticamente una chapa de metal curvada, pequeñas y casi se podría decir que hasta feas. Pero eran todas iguales y, desde luego, no tenían pinta de que las arcas públicas se hubieran hipotecado por ellas. En Noruega es todavía mejor: en la mayoría de los pueblos la gente espera en un ensanchamiento de la carretera, sin ningún tipo de instalación, solo con su paraguas. Pero ya se sabe que el clima de Escandinavia es tropical comparado con el de Galicia…